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CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Diario de un Apóstata [Mario J. Hurtado]. Mostrar todas las entradas
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8 de diciembre de 2011

  • 8.12.11
Por más que queramos evitarlo, parece que Alemania y Francia –o, lo que es lo mismo, Merkel y Sarkozy- están más que decididos a poner en marcha una unificación de las políticas fiscales de la Unión Monetaria europea. La vieja aspiración de contar con una Europa unida no sólo en lo económico, sino también en lo político y en lo social, daría de este modo un paso de gigante si se llega a adoptar esta decisión.

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Sin embargo, insistiendo en mi argumentación de la semana pasada, creo sinceramente que esto no es viable; no sin grandes sacrificios por parte de unas cuantas economías (España, Italia, Irlanda, Portugal, Grecia y alguno más) cuyos sistemas fiscales están lejos de ser eficientes, en parte por causa de su deficiente diseño, en parte por causas sociológicas o estructurales.

En este sentido, quiero agradecer a los lectores de esta columna –especialmente a mi buen amigo Enrique G.- algunos comentarios que me han enviado a raíz de El problema de los eurobonos. Es cierto que el análisis realizado ahí es simple: no puede ser de otra manera en un espacio escrito tan reducido; sin embargo, el quid de la cuestión, en mi humilde opinión, está meridianamente claro: España o Italia, lo queramos o no, no son Alemania, ni Holanda, ni Austria.

El caso es que estas diferencias que comentaba, y en las que me reitero sin vacilación, pueden ser insalvables en cuanto al ámbito fiscal se refiere. Suena a tópico, lo sé, pero es que es la cruda realidad: un alemán medio jamás pensaría evadir impuestos. Un español medio busca cualquier posibilidad de hacerlo.

Un ciudadano centroeuropeo considera el impuesto como un pago por los servicios que nos ofrece el Estado. Un ciudadano sureuropeo considera el impuesto una carga, entre otras cosas porque probablemente los servicios que recibe a cambio no son de calidad.

Por cierto, en referencia a la cuestión del fraude fiscal quisiera hacer un breve aparte. Se oye en los medios hablar del fraude. Incluso los técnicos de Hacienda acaban de publicar hace muy poquito un informe en el que cuantifican ese fraude en el entorno de los 30.000 millones de euros en España.

Es inevitable pensar instantáneamente en grandes nombres: Botín, Ortega, Álvarez... Sin embargo, estos nombres, sencillamente, no defraudan a Hacienda. Está claro que tienen recursos más que suficientes para contratar a especialistas que planifiquen fiscalmente sus empresas y patrimonios, por lo que no tienen necesidad alguna de incurrir en ocultación fiscal –y, por favor, no me respondan a esto con el tema de las SICAV: es un instrumento legal y lícito, y hasta que nadie lo reforme, serguirá siendo legal y lícito-. ¿De dónde salen entonces los treinta mil millones del ala?

Párese un momento y mire a su alrededor: ¿a cuántos exempleados de la construcción conoce que están oficialmente en paro? ¿de cuánta gente sabe usted que están trabajando en una actividad sin dar de alta en Seguridad Social o Hacienda?

Y ahora respóndase a esta pregunta: ¿de verdad cree que el Estado perseguiría a esta gente que, sin posibilidades de tener un empleo, se está buscando la vida como puede? Es cierto que hay fraude en determinados sectores –profesionales, autónomos...- pero también lo es que siempre echamos la culpa a quien probablemente menos tiene.

En resumen, nuestra propia idiosincrasia puede limitar seriamente nuestras posibilidades de acceder a ese nuevo Tratado de la Unión. De esto son tan conscientes Sarkozy y Merkel como Monti y Rajoy, y por eso los jefes de la Unión Europea dijeron el otro día que el nuevo Tratado es necesario, sea con todos o no.

¿Tiene España posibilidades reales de incluirse en la Europa de categoría A? Sinceramente creo que sí, porque el potencial de crecimiento es considerablemente más grande que el de Italia, por ejemplo, y su ratio de endeudamiento mucho menor. Sin embargo, en la misma proporción están las papeletas para quedarnos fuera, precisamente por las razones que argumento y las posibilidades reales de poner en práctica una armonización fiscal completa.
MARIO J. HURTADO

30 de noviembre de 2011

  • 30.11.11
Miren, iba a empezar esta columna de hoy con un “Imagínense…”, pero al pensar el ejemplo que voy a poner de inicio, he visto que no hace falta ni siquiera imaginar. El ejemplo es un caso tan real que sólo hace falta irse a cualquier colegio para comprobarlo.

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En una clase de Primaria hay veinticinco alumnos. De éstos, apenan destacan dos o tres. La gran mayoría de los demás son lo que calificamos como normales: no sobresalen por arriba ni por abajo. Finalmente, hay cuatro o cinco que son los que, por distintas razones –algunos son más vagos, otros más gamberretes, otros simplemente no tan inteligentes-, no llegan a la media de la clase.

Si un inspector de los que realizan el informe PISA sobre niveles educativos visitara esta clase para hacerles las pruebas oportunas, daría una nota global a toda la clase. Evidentemente, esa nota global correspondería a una media más o menos ponderada de las notas de los alumnos.

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En el gráfico vemos cómo hay 4 alumnos con sobresaliente, 7 con notable, otros 7 con bien, 2 con suficiente y 5 con insuficiente. La calificación media de la clase es de 6,12. Resulta obvio, pues, que ante una evaluación conjunta, los malos de la clase empeoran considerablemente el resultado total.

Si estos alumnos hicieran un pequeño esfuerzo –los contenidos de Primaria son perfectamente asequibles para cualquier niño- la nota media, sin duda, subiría, y el informe PISA reflejaría una mejor situación de nuestro nivel educativo.

Trasladen esto ahora al mercado de deuda pública europea. De los veintisiete países de la Unión Europea, resulta que hay tres o cuatro de calificación sobresaliente –Alemania, Francia, Holanda, por ejemplo- y unos cuantos de calificación claramente insuficiente –Italia, Portugal, Grecia, España e Irlanda-.

El porqué de estas distintas calificaciones varía según los países, pero en general la calidad de una deuda soberana se mide por el concepto de riesgo -peligro de no recuperar lo invertido- íntimamente unido a un concepto muy extendido en la ciencia económica: la incertidumbre –o su antónimo, la certidumbre-.

En la situación actual, está claro que Grecia, por ejemplo, es absolutamente incapaz de pagar a sus acreedores. Es un caso de certidumbre: sabemos lo que pasará si no intervenimos. En el caso de Alemania es lo mismo, pero al contrario: sabemos que Alemania pagará su deuda.

En el caso de España, por el contrario, el problema es de incertidumbre; no sabemos si nuestra economía generará suficientes recursos como para pagar la deuda y sus intereses. Por eso nuestra prima de riesgo aumenta: lo peor que tiene el dinero es su cobardía.

Lo que no deja de estar claro es que la calidad del sistema total –léase aquí Zona Euro- empeora por culpa de las economías más débiles o peor gestionadas. Probablemente, pues, no es justo que un inversor extranjero diga: la deuda soberana de la Unión Europea es mala, porque contiene deuda de países como España –no sabemos qué le pasará- o Grecia –lamentablemente, sabemos qué pasará-. Pero no es ni más ni menos que lo que pasará si se emiten los dichosos eurobonos.

Un eurobono es –podría ser- un título de deuda pública emitido por el Banco Central, independientemente de qué déficit público se esté financiando. O sea, un eurobono está respaldado al mismo tiempo por la economía alemana y la griega, independientemente de las expectativas de crecimiento de cada uno de estos países.

Es lógico, por tanto, que los inversores quieran que se emitan eurobonos: esto les garantiza que, pase lo que pase con Grecia, ellos recuperarán su inversión gracias al respaldo alemán. Pero es lógico también, por esta misma razón, que Alemania diga aquello de Absolute nichts, que en román paladino viene a significar: naranjas de la china. No en vano, es la economía que más aporta y menos recibe de la UE.

Por otro lado, la imposibilidad –o la inconveniencia- de los eurobonos procede del mismo origen de la deuda pública. Ésta se emite para financiar, como hemos dicho, los déficits públicos de las economías nacionales. O sea, si gasto más de lo que ingreso, para pagar a mis acreedores y proveedores tengo que recurrir a préstamos –financiación- que conseguimos emitiendo los dichosos títulos de deuda.

Estos déficits se producen como consecuencia de las políticas fiscales de cada país, y éstas no son las mismas en todos los miembros de la Unión. Si en España hay un Impuesto de Sociedades distinto al de Alemania se debe a múltiples factores, tanto estructurales como coyunturales, entre los que se encuentra, por ejemplo, la climatología de cada país –no es lo mismo trabajar a las cinco de la tarde en agosto en Frankfurt que en Montilla-. Pero el caso es que ambos impuestos no son iguales, ni probablemente puedan serlo jamás.

Por tanto, por más que múltiples voces se alcen últimamente a favor de los famosos eurobonos, desde mi modesta opinión es bastante improbable que se emitan. Y si finalmente se adopta la decisión de crearlos, aunque el efecto inicial –a muy corto plazo- sea positivo para la estabilidad financiera de la UE, los resultados a largo plazo pueden contribuir a una desestabilización total –y quién sabe si definitiva- del sistema.
MARIO J. HURTADO

22 de noviembre de 2011

  • 22.11.11
Se confirmaron las encuestas, los sondeos y las opiniones de barra de bar: Mariano Rajoy y el Partido Popular (PP) han ganado muy de sobra las Elecciones Generales. Una buena noticia, a pesar –muy a su pesar, intuyo- de los mensajes apocalípticos de los asustaviejas del PSOE. Rajoy será presidente del Gobierno y acumulará la mayor cuota de poder institucional de la historia democrática española: la gran mayoría de ayuntamientos, diputaciones y el Gobierno central son ahora del PP.

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Entiendo que la severa paliza –electoral- propinada al PSOE escuece. Me sorprende incluso sentir cierta compasión por Alfredo Pérez Rubalcaba, ese hombre de partido que aceptó el papel de cordero pascual de la Pasión socialista.

Pero, sinceramente, el PSOE no ha obtenido ni más ni menos que lo que se merece: una derrota sin paliativos, precedentes ni excusas, debida fundamentalmente a dos razones: una pésima campaña electoral y una historia de ocho años de errores, mentiras, vaivenes y vacuidad tanto política como intelectual.

La izquierda ahora dirá lo que quiera. Hasta la misma Elena Valenciano tuvo la osadía de decir, en su aparición tras los sondeos, que el pueblo había otorgado un importante apoyo al PSOE. Eso es ser optimista y no lo del Alcoyano.

¿Qué resultado esperaba Valenciano entonces? El caso es que la vaciedad –necedad, sandez, simpleza- imprimida por Zapatero a sus sucesivos gobiernos ha determinado el hartazgo de una población cansada de ver cómo las cifras económicas, la calidad de la enseñanza y la fortaleza de las instituciones –entre otras muchas cosas- se han ido deteriorando sin cesar desde marzo de 2004.

Zapatero se va de forma muy distinta a como llegó. Se va sin hacer ruido, sin valor ni siquiera para aparecer junto a su candidato en la noche de los cuchillos largos del PSOE. Se va –mejor dicho, se fue, hace meses ya-, incapaz de hacer frente a nada, con las mismas ideas que siempre –ninguna- y sin el efecto inicial de encantador de serpientes que le hizo llegar a La Moncloa. Descanse en pazzzzzzzz –políticamente- el peor presidente de Gobierno de la democracia española, José Luis Rodríguez Zapatero, El Vaina.

Volviendo a la debacle, decía que parte de la culpa de la misma proviene de la horrorosa campaña que han llevado a cabo el candidato Rubalcaba y sus ayudantes. Una campaña basada en el miedo, en el manido "que viene la derecha", en la amenaza de que otros harán recortes, que nos quitarán los derechos básicos… Sólo faltó decir que fusilarían al amanecer a todo aquel que ose gastarse un euro de más en el café de la mañana.

Una campaña, según se ha demostrado, inútil y de mínima credibilidad, dados los resultados obtenidos. Para muestra, tres botones: en Cataluña, a pesar de las manifestaciones y las caceroladas por los recortes en Sanidad, victoria inédita de CiU; en Castilla-La Mancha, modelo de exposición sociata de los recortes en derechos, el PP ha arrasado literalmente al PSOE -¡casi el doble de votos!-; por último, en Madrid, otro de los objetivos prioritarios de los propagandistas del miedo de Ferraz, también el PP ha doblado en votos al PSOE.

Entiendo que estos resultados se deben a dos causas que se entremezclan: por un lado, está claro que el PSOE ha mentido con el fin de atemorizar al electorado; por otra parte, aunque el elector creyera los mensajes socialistas, ha aceptado expresamente que las soluciones a la crisis pasan por bajarnos los humos, renunciar a bastantes de los privilegios que tenemos y apretarse los machos para salir adelante.

Felicidades, por tanto, a Mariano Rajoy y al PP. Ahora toca ponerse a currar, cuanto antes mejor y cuanto mejor, antes saldremos de esta. Que no le tiemble el pulso al nuevo presidente cuando de adoptar medidas impopulares se trate. Porque como empecemos con pasos timoratos, entonces no habremos conseguido nada.

Aun así, servidor piensa que es posible salir de la crisis sin excesivos sacrificios en cuanto a nuestros derechos básicos. Eso sí, a lo mejor perdemos el derecho a tener el último televisor de plasma, el iPhone más moderno o la Tableta-PC más sofisticada. Pero estoy convencido de que el nuevo Gobierno nos canjeará esas cosas por un derecho aún más rentable: tener un trabajo.

En cualquier caso, no se crean que desde esta apostasía semanal seremos complacientes con Rajoy y su equipo. Habrá que darles una oportunidad, y desde luego que desde esta columna se la daremos. Pero no se equivoquen: si el PP falla, servidor de ustedes, que de tantas cosas se ha cansado, también apostatará de ellos.
MARIO J. HURTADO

15 de noviembre de 2011

  • 15.11.11
Querido lector, en medio de esta crisis inaguantable, en la que todo sector económico está viendo decrecer sus volúmenes de ventas y sus beneficios, hoy me atrevo a proponerle un negocio que, en este país de melindres y tonterías, es seguro que triunfa con todas las de la ley. Me refiero a la fabricación y venta de guantes hechos de papel de fumar, para que todo imbécil políticamente correcto –o sea, todo tonto con balcón a la avenida principal- se la pueda coger sin problemas en el mingitorio.

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Agradezco, una vez más, al maestro Pérez Reverte que me dé un leitmotiv para esta apostasía semanal. Su columna Patente de corso es una fuente inagotable de ideas y, en este caso, nos proporciona una noticia que, de otro modo, seguro que no hubiéramos conocido.

Resulta que el pasado mes de septiembre, un matrimonio francés fue secuestrado por piratas somalíes. Bueno, más exactamente hay que decir que el marido fue directamente asesinado y tirado por la borda, y la mujer secuestrada.

Algunos días después, el buque anfibio de la Armada Española Galicia se topó con el esquife de los piratas, a los que inmediatamente dio el preceptivo alto. Como los chicos no quisieron entregarse -pero sí que mostraron a la rehén- el capitán del Galicia solicitó órdenes al alto mando de la operación Atalanta. Una vez recibidas éstas, el capitán ordenó ir a por los malos.

En estas cosas suele pasar que lleva las de perder el malo. Y no es porque sea el malo, sino porque normalmente un malo con una metralleta es el doble de malo, aunque sea torpe. Las Fuerzas Armadas españolas tienen un excelente nivel operativo, y la prueba de ello es que redujeron a los siete piratas sin producir ningún cadáver.

Los piratas no acertaron ni a la pobre mujer francesa, a la que arrojaron al mar para después tirotearla. Como resultado final, algunos heridos en la tripulación corsaria, una mujer rescatada sana y salva y eternamente agradecida a unos infantes de Marina que le han salvado la vida, y –aquí es donde voy- una ignorancia prácticamente absoluta por parte de los medios de comunicación españoles.

Porque, dígame sinceramente: ¿usted se había enterado? Porque yo, desde luego, no. Y eso que miro la prensa a diario –a veces con mayor y otras con menor atención, pero todos los días-. La siguiente pregunta es obvia y evidente: ¿por qué no nos hemos enterado?

Parece ser que el Ministerio de Defensa ha dado órdenes de no propagar esta noticia a los medios de comunicación masivos. El prurito gili-pacifista de este Gobierno de colorines y recortables impide que la sociedad española tenga conocimiento de este tipo de operaciones, aunque sean un éxito total.

Parece que nos avergüence comunicar al mundo que tenemos unas Fuerzas Armadas excelentemente formadas y preparadas para la acción con garantías de éxito en cualquier momento. Extraña que las instrucciones fueran de ataque, en lugar de dirigirse al jefe de los malos con un megáfono y pedirle por favor que soltara a la rehén.

No sorprende –para nada- la impecable actuación de los infantes de Marina españoles. Repugna el desprecio de las autoridades políticas, manifestado es esa orden de ignorar el mérito y la valía de nuestros soldados.

El Ejército y las Fuerzas de Seguridad que quisieran Zapatero –por cierto, ¿sigue Zapatero como presidente del Gobierno? ¿Dónde está? ¿Ha participado en la campaña?- y Chacón siguen el modelo llamado telettubi: ¡Abrazo fuerte!

Si por ellos fuera, las balas serían de bombón de chocolate, las granadas piñatas llenas de chuches y los cascos y uniformes, de diseño vittorioluchino. España es un país tan moderno que no hace daño a nadie.

Nuestro ejército está formado por enfermeros y enfermeras y albañiles y albañilas. Y si alguna vez, a alguno de ellos se le escapa un tiro de verdad, primero ordenaremos que no se sepa, para que no piense nadie que nos estamos volviendo agresivos. Luego le meteremos en el calabozo hasta que la Barbie modelo “Jefe de Estado Mayor” diga.

Eso sí, en lugar de dar estas noticias en la tele, mejor les ponemos a los ignorantes estos las peleas diarias entre poligoneros, farloperos y medioputis de tres al cuarto de la plantilla de Telecinco.
MARIO J. HURTADO

10 de noviembre de 2011

  • 10.11.11
Hace escasos meses (en mayo), hubo en España elecciones municipales, es decir, éstas en las que se eligen alcalde y concejales de las localidades. O sea, que los Ayuntamientos actuales llevan, como quien dice, dos días en sus puestos, y dependiendo de la calidad personal de los elegidos, tanto como de la situación de partida de cada consistorio, algunos habrán hecho más cosas y otros, menos.

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En Jerez de la Frontera –y ésta es la noticia que me da pie a la apostasía de hoy- una concejal –cómo no- de Izquierda Unida ha presentado una propuesta para crear un concejal número veintiocho –en la actualidad son veintisiete-, de manera que un ciudadano cualquiera –ignoro si periódicamente, por qué tiempo, si siempre el mismo o cambiándolo- pueda acceder a los plenos del Ayuntamiento para acercar la gestión política del Consistorio a la ciudadanía.

La pregunta que se me ocurre de inmediato es obvia. Entonces, ¿para qué coño sirven los primeros veintisiete concejales? Y por ende: ¿para qué sirvieron las elecciones? A menos que la señora concejala jerezana tenga pensado colocar en el nuevo sillón a algún primo o vecino cercano, no se me ocurre ninguna razón para que tengamos que crear nuevas plazas de concejal.

Es más, estamos discutiendo a troche y moche sobre la necesidad de reducir el tamaño de la Administración –lo que incluye a concejales, diputados, parlamentarios autonómicos, etcétera- y a esta buena señora se le ocurre lo contrario.

Relacionando esta broma de mal gusto con el famoso debate del lunes, la conclusión a sacar está meridianamente clara, en mi opinión: la izquierda española, lejos de aprender, se empecina en sumar dos y dos y que le salgan siete.

Ya en la primera parte del debate electoral, Rubalcaba –ya desencajado, balbuceante y pálido a pesar de los tres kilos y medio de maquillaje que llevaba encima- insistía en la necesidad de hacer que fueran los poderes públicos quienes tiraran del carro de la actividad económica. Justo lo que se ha estado haciendo estos años en países como el nuestro, o en Italia, Grecia, Irlanda y Portugal. Justo lo que se ha hecho en países en vías de extinción –euromonetariamente hablando, claro-.

Por cierto, que si el candidato socialista hizo en el debate el papel de patético sparring canijo, no se vayan a creer que el otro me gustó más. No, Rajoy se quedó, como siempre, a medias. Era la oportunidad de su vida para destrozar, destruir y terminar de una vez por todas –políticamente se entiende- con la Amenaza Rubalcaba y lo dejó vivir. Lástima de oportunidad perdida para demostrar que cuando es necesario ser cruel y justiciero, se es y punto.

Todo esto demuestra, una vez más, el triste y mediocre nivel de nuestros políticos, consecuencia directa del triste y mediocre nivel de nuestro sistema electoral. Si en lugar de votar a una pandilla en la que todos los amiguetes van juntos, pudiéramos votar a éste de esta pandilla y a aquél de aquella otra; o si pudiéramos realmente elegir a personas por su capacidad de trabajo y por su capacidad intelectiva… otro gallo nos cantaría.
MARIO J. HURTADO

2 de noviembre de 2011

  • 2.11.11
No estaba el patio para muchos sustos, pero desde luego esta semana nos llevamos otros dos de órdago. Siendo objetivos, uno de ellos lo esperábamos, por más que desde las filas de soldados –fantasma del Gobierno y el Partido Socialista- nos prometieran el oro y el moro.

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Me refiero al brutal resultado de la Encuesta de Población Activa (EPA), que ha significado el último disparo directo a la línea de flotación de las esperanzas electorales del PSOE. Tanto divagar sobre si la elección de la fecha del 20 de noviembre obedecía a razones de memoria histérica o a la posibilidad de recuperar crédito tras los resultados de la temporada alta en cuanto a empleo y, al final, ni una cosa ni otra: la debacle del zapaterismo y del rubalcabismo está más que cantada.

Una prueba más de ello es lo ocurrido con Valeriano Gómez, ministro de Trabajo de esta horrible pandilla que se hace llamar "Gobierno de España". Inmediatamente después de conocerse los resultados de la EPA, va el hombre y dice que la culpa es de la destrucción de empleo público debido a los recortes en las Comunidades gobernadas por el Partido Popular.

Pero ¿es que aún no han aprendido que se coge antes a un mentiroso que a un cojo? Sólo minutos después, el mismo autor de la encuesta, el Instituto Nacional de Estadística, le deja como un trapo cagao –que dicen en Cádiz- mostrando el aumento de empleo público en toda España en el trimestre considerado, por un lado, y el descenso del desempleo en bastantes de las Comunidades populares.

El otro susto, para muchos aún más gordo que el anterior, fue la temible exigencia de la Unión Europea de recapitalizar la banca patria, con el objeto de mejorar los índices de solvencia hasta un mínimo del 9 por ciento. Explicado rápido: los recursos propios de los bancos (capital social, reservas y beneficios no distribuidos) deben ser como mínimo el 9 por ciento del total de activos bancarios (préstamos, créditos y operaciones diversas de riesgo).

Digo que este ha sido mayor susto que el otro porque, a pesar de la terrible realidad que se esconde tras los números de la EPA, resulta que la exigencia de la UE a los bancos españoles puede devenir en una nueva contracción del flujo de crédito a las pequeñas, medianas y grandes empresas. O sea, insistiendo en el título de hoy, lo que nos faltaba. Éramos pocos y parieron Merkel, Sarkozy, y Papandreu.

Porque que a nadie se le despiste que esta nueva exigencia tiene mucho que ver con el trágico resultado de la crisis griega. Por cierto, que en una última exhibición de populismo inoportuno, al bueno del presidente heleno no se le ocurre más que decir que va a someter las medidas de ajuste a referéndum. Hay que fastidiarse: encima de que le hemos quitado la mitad de la deuda, ahora quiere pedirle a los paisanos que acepten en la urnas lo que nadie en su sano ejercicio del propio interés egoísta aceptaría. Vivir para ver.

Sin embargo, la cuestión para nosotros es otra. A ver si lo explico con claridad: sin posibilidad de recurrir a la emisión de monedas y billetes para sufragar gasto e inversión públicos –no tenemos acceso a la política monetaria-; sin posibilidad tampoco de facilitar el flujo sanguíneo que supone el crédito en el sistema económico; con una deuda pública cada vez menos interesante –es más, yo diría cada vez más temible-: ¿qué nos queda? ¿Qué herramientas podemos usar para estimular de una vez la economía y que esto arranque por fin?

La respuesta es tan obvia que ni siquiera el Partido Popular, en el avance de su ambiguo programa electoral, ha querido dejarlo patente. Ya sabíamos que la política monetaria está fuera de nuestras atribuciones, por lo que nos queda sólo la política fiscal. Y en este ámbito, ha quedado ya suficiente demostrado que el estímulo procedente del aumento de los gastos es tan ineficiente como inútil y peligroso. Lo que nos queda, por lo tanto, es la gestión de los ingresos públicos.

Aquí es donde viene la gran diatriba. Unos sostienen que es necesario aumentarlos para poder así cubrir mayores gastos. Pero, naturalmente, otros decimos: si está más que confirmado que gran parte del gasto no influye en el crecimiento de la actividad económica, lo que no podemos es asfixiar a los verdaderos creadores de riqueza: las empresas.

Por tanto, habrá que reducir la presión fiscal sobre las empresas, especialmente sobre las más pequeñas, que son a su vez las que más dificultades tienen para salir adelante. Y también hay que bajar la presión fiscal de los consumidores, vía reducciones del IVA, ya que este impuesto eleva el precio de los bienes y, por ende, reduce las cantidades consumidas de éstos.

Otra cosa que habrá que hacer, aunque nos disguste, enajene y ponga nerviosos, es facilitar la movilidad en el mercado de trabajo. Rubalcaba saltó el otro día con una sorprendente propuesta: abaratar la contratación, en lugar de abaratar el despido.

Muy bonito, sí, pero tan tonto y absurdo que ni siquiera merece la pena comentar que el contrato de trabajo no cuesta dinero. Lo que cuesta –y mucho- es el salario del trabajador, su Seguridad Social, y finalmente, su indemnización por despido en el caso de que se demuestre que no es válido para la empresa. ¿Está Rubalcaba, por tanto, proponiendo reducciones de los salarios y de las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social?

En definitiva, nos guste o no, lo que nos viene encima es duro, muy duro. Y habrá que conformarse o, de lo contrario, irnos todos al carajo. Ya sé que muchos de ustedes no estarán de acuerdo –algunos incluso me insultarán, pero qué le vamos a hacer-. Sin embargo, piensen que la situación es elegir entre dos opciones: o estar desempleado mucho, mucho tiempo, o tener un empleo, aunque sea con una indemnización de doce días.
MARIO J. HURTADO

25 de octubre de 2011

  • 25.10.11
Los buenos de la película ya no son los que eran. No es que me sorprenda esta degradación imparable de la dignidad de los hombres, reflejada en las noticias que son actualidad esta semana. No, no me sorprende, pero tampoco deja de dolerme y producirme un empeoramiento deplorable de mis estados físico y anímico.

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Yo no sé si el señor este, José Bretón, es culpable de la desaparición de sus pequeños. No sé si los perdió involuntariamente allá por mi hermoso barrio, el Parque Cruz Conde, o si lo hizo voluntariamente en cualquier descampado de mi tierra.

Lo que sí sé es que la frialdad que arroja su rostro me sacude las entrañas hasta sentir cómo me retuerce los intestinos. Lo que sé es que, si puede demostrarse que ha matado a sus dos hijos, no habrá poder de perdón en el mundo capaz de absolverle de este terrible pecado.

Al mismo tiempo, un caso parecido se juzga en Sevilla. El caso de Marta, esa chica delgadita y mona que un mal día desapareció para siempre sin dejar rastro. Me da pavor lo que está sucediendo con este asunto. Hoy mismo, en una emisora de radio, un señor abogado justificaba, por un lado, la actuación de los abogados de estos niñatos sin alma; y por otro, darle dos bofetadas a Miguel Carcaño para que revelara dónde está Marta.

Más allá de lo que sea política, jurídica y legalmente correcto, lo que está claro es que animales como Carcaño y sus compinches no pueden ser tratados como seres humanos normales. Sencillamente porque no lo son. Son buitres, bichos carroñeros que han aparcado los sentimientos humanos por una astucia aguda y destructora: destructora no sólo de un padre y una madre, sino de un barrio, una ciudad, una nación entera. No digo yo exactamente bofetadas, pero estoy convencido de que existen técnicas infalibles para que estos pájaros asesinos canten hasta confesar que fueron ellos quienes mataron a Laura Palmer, si hace falta.

Y por fin, el tema de ETA. De acuerdo, es una gran noticia eso de incluir el término "definitivo" en el pestilente comunicado de la semana pasada. Alegrémonos todos de que no van a matar más –otra cosa es que nos lo creamos, claro; que yo sepa, ETA sólo ha dicho la verdad cuando ha amenazó con que mataría a Miguel Angel Blanco si no se aceptaban sus condiciones-. Pero, desde luego, no nos podemos alegrar de que esto sea una derrota. Es más, la derrota, según se mire, es la del Estado de Derecho, la de las víctimas de los asesinos.

Basta con ver algunos de los comentarios que se vierten en medios de comunicación y redes sociales. El domingo, sin ir más lejos, un excelente Jordi Évole –alias El Follonero- nos obsequiaba una entrega especial de Salvados llamada “Reiniciando Euskadi”.

Entrevistando a todos, a los buenos, a los malos, a los medias tintas. Daba pavor escuchar a ese nazi director de un diario vasco; vergüenza de oír a Ignacio Anasagasti; dolor al escuchar a una víctima relatar cómo ETA había asesinado a su hermano por ser el funcionario que llevaba las nóminas de un centro penitenciario.

Una guapa vasca, en un momento de paseo por la calle, decía que había que hablar de todas las víctimas, refiriéndose a los torturados y a los exiliados. Otros decían que también había muertos del lado de los independistas.

Lo siento, pero no puedo con esto. Llamar "víctima", "torturado" o "exiliado" a alguien que ha muerto en un tiroteo con las Fuerzas de Seguridad del Estado, o que ha sido detenido, juzgado y condenado y, por tanto, metido en la cárcel, me parece que está más allá de cualquier justicia, de cualquier ética, de cualquier argumento racional. Llamar "víctima" a un tipo que está cumpliendo condena por haber matado a un señor que no le había hecho nada delante de su esposa y de su hija de seis meses… sencillamente es repugnante.

Y, sin embargo, no se me quita de la cabeza la sensación de que lo peor está por llegar. Ya el entorno de ETA cosechó un triunfo descarado sobre el Estado de Derecho con la marca de Bildu. Ahora quieren hablar. Ya saben que es más rentable acomodarse al sistema, cobrar sueldos y pensiones del erario y no arriesgarse a pasar la vida detrás de una reja. En las próximas elecciones conseguirán grupo parlamentario propio en un Congreso de los Diputados que rechazan de pleno.

Pero no que equivoquen ellos, ni dejen ustedes que les confundan. El mito de que cualquier idea es defendible mediante la palabra no es más que eso, un mito; y por lo tanto es absolutamente falso. No todas las ideas se pueden defender con la democracia. Que se lo cuenten, si no, a los judíos alemanes que vieron a Hitler y su Partido Nacional Socialista Obrero Alemán ganar las elecciones de julio de 1932.
MARIO J. HURTADO

18 de octubre de 2011

  • 18.10.11
Hay días, querido lector, en los que uno siente que realmente el Fin del Mundo debería estar cerca. Que debería existir un Yahvé justiciero y que debería bajar a este planeta sucio y corrupto para repartir llanto y crujir de dientes. Y es que uno lee los diarios y mira los informativos de televisión y pasa el día entre la náusea y la estupefacción más completa. El lunes 17 de octubre de 2011 -o sea, ayer- fue uno de esos días.

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Comprobar cómo un grupo de listos extranjeros viene a España a decirnos cómo acabar con el problema de ETA ya produce cierta desazón. Como si nosotros, que somos los que hemos tenido que caminar paseando entre policías armados hasta los dientes por amenazas de coches-bomba, no supiéramos a la perfección cómo se acaba con ETA. Vamos, que la situación terminal de la banda asesina se debe, fundamentalmente, al doble de Morgan Freeman en la ONU o al barbas irlandés que una vez fue un asesino.

Leer el documento redactado por estos lumbreras genera ya, directamente, fatigas epilépticas. "Confrontación armada", llama esta pandilla de gilipollas a cincuenta años de bombas, secuestros y disparos en la nuca y por la espalda, siempre por parte de los mismos.

A lo mejor les han contado a estos imbéciles que Ortega Lara intentó repeler a sus secuestradores armado con las llaves del coche. O que Irene Villa y su madre se abalanzaron alevosamente con su coche sobre la bomba de ETA. O que Ernest Lluch les apuntó con el mando a distancia de infrarrojos para evitar que le descerrejaran dos tiros en la cabeza.

Repugnante. Lo mismo que el aplauso del PSE a este teatrillo escrito, producido y dirigido por la misma ETA que nos tuvo en vilo aquel mes de julio en que Miguel Ángel Blanco intentó defenderse de la pistola que tenía en la nuca con una de las baquetas de su batería.

Lo mismo que el punto final de su repugnante documento, en el que se ofrecen –obvian decir "por un módico precio"- a formar un comité de seguimiento. Este es el remate de los tomates, y sólo se me ocurre decir, para terminar con esto, una cosa: menudos cabrones.

Aún con el tembleque resultante de la vomitona producida por estos impresentables y sus patrocinadores –sí, los hijos de puta de ETA-, lo que he visto en el Telediario algo más tarde, sinceramente, me ha sacado la bilis del cuerpo.

Les cuento brevemente. Yue Yuem, una pequeña china de dos años, está paseando por un mercado. Va despistada, como si fuera buscando a su madre. Una furgoneta, de repente, se abalanza sobre ella y la atropella, pasando literalmente sobre su pequeño cuerpo. Yue Yuem queda tendida en el suelo mientras el conductor, que ha parado para ver qué pasaba, vuelve a arrancar huyendo del lugar.

Seguramente ustedes han visto las imágenes en televisión o en Internet. Y seguramente les ha producido tanto asco como a mí el resto del vídeo. Hasta dieciocho personas pasan al lado de Yue, sin ni siquiera volverse a mirar; hasta dieciocho mierdas de seres vivientes –que no humanos-, incluyendo a otro hijo de puta con una furgoneta que vuelve a atropellar a la pequeña y ni siquiera se para.

Hemos oído hablar del desprecio que sienten los chinos hacia las mujeres, especialmente hacia las niñas. Hemos oído hablar del estrés que nos envuelve y nos agobia, y de la soledad ansiosa que nos torna máquinas sin sentimientos. Hemos visto mil veces cómo el rey de la Creación, el Hombre, no es –la mayoría de las veces- más digno que una simple cucaracha que habita la basura.

Pero eso a Yue Yuem le importará poco ahora. Su cerebro ha dejado de funcionar, lo que equivale a decir que Yue Yuem prácticamente no existe ya en este mundo. Seguro que, cuando llegue al Cielo, preguntará a alguien cuándo piensan arreglar esto.
MARIO J. HURTADO

11 de octubre de 2011

  • 11.10.11
Curiosamente, en estos días en que los dos principales candidatos se deshacen en promesas electorales hablando de la apremiante necesidad de emprendedores de nuestro país, resulta que servidor de ustedes anda liado con un modesto proyecto de inversión para abrir un pequeño negocio en una también pequeña localidad costera gaditana. Constato con una mezcla de indignación y decepción que el apoyo al emprendedor en nuestra tierra es poco menos que una leyenda urbana.

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La cosa es como sigue: en 2008, según las estadísticas publicadas por la Comisión Europea, de algo más de dos millones y medio de empresas en España, el 93,10 por ciento eran microempresas; esto es, de acuerdo con los criterios contables de la Unión Europea, empresas con un máximo de diez trabajadores, una facturación inferior a los dos millones de euros y un activo no superior al millón de euro. Un porcentaje, por cierto, bastante en la media de la Unión. Si ampliamos el tamaño hasta el concepto pyme –hasta 50 trabajadores de plantilla- el porcentaje llega al 99,2 por ciento.

Es evidente entonces que el empleo, en España –como en cualquier otro país de la UE- se crea gracias a las pequeñas empresas. Entonces ¿a qué esperamos para facilitar la creación y la vida de estas indispensables células en el cuerpo de la sociedad?

Fíjense: si uno quiere abrir un pequeño negocio, lo primero que tiene que hacer es armarse de valor y enfrentarse al Ayuntamiento de turno. Necesitamos Licencia de Obras para adecuar el local y Licencia de Apertura una vez que el local esté listo.

Pero claro, no es sólo el coste económico de estas tasas –al fin y al cabo, auténticos impuestos al emprendedor-, sino que probablemente en la documentación de la Licencia de Apertura nos encontraremos con que necesitamos un proyecto técnico firmado por un arquitecto colegiado. O sea, multiplicando el coste original por dos.

Si además tenemos en cuenta que entre que solicitamos las correspondientes licencias hasta que nos las dan pueden transcurrir dos, tres y hasta cinco meses –dependiendo, naturalmente, del grado de ineficiencia del correspondiente Ayuntamiento-, pues nos encontramos con que tenemos que disponer de un local –alquilado o comprado, me es lo mismo: generando coste- sin poder abrir el negocio y, por tanto, sin generar ingresos. Teoría económica de la lelocracia, o sea.

Ahora, váyase usted al banco, a ver si tiene suerte y al menos le dejan entrar. Está claro que el bancario local le va a pedir mucha pasta para poder asegurarse de que usted devolverá lo prestado. Y digo yo: si ya tengo la pasta que aseguraría la devolución del préstamo… ¿para qué diablos pido un préstamo?

Más aún, acuda a su Oficina de Fomento local para preguntar por las posibles subvenciones a que tiene derecho. Si tiene suerte, y se encuentra con que reúne los requisitos para alguna de estas ayudas, amárrese los machos cuando decida preparar la documentación para solicitarla.

Por supuesto, su proyecto tendrá más subvención cuanto más empleo neto cree. Así que se va usted a un asesor a enterarse de cómo puede contratar personal. Y cuando le diga el asesor que la normativa básica laboral española se basa en los mismos principios desde antes de que se muriera el general Franco, échese directamente a llorar.

Aunque a lo mejor piensa usted que, ya que ha llegado hasta aquí, no puede echarse atrás. Así que se decide y abre, por fin, su anhelado negocio, su oportunidad de oro de tener un trabajo rentable, por su cuenta, sin un jefe que le diga qué tiene que hacer y cómo lo ha de hacer.

Efectivamente, sin un jefe. Ahora tendrá tantos jefes como personas se relacionan con su empresa. Los clientes, los proveedores, los bancos, los trabajadores. Todos le mandarán continuamente mensajes sobre cómo debe usted gestionar su empresa. Algunos con más tacto y otros, por las malas. Y sobre todo, cada tres meses, la tita Agencia Tributaria llamará a su puerta para pedirle el diezmo que, de no pagar, le traerá no uno, sino cientos de problemas más.

Y todavía hay quien se extraña de que en España prefiramos el trabajo por cuenta ajena, y si no lo hay, el maravilloso y descansado funcionariado. ¿Emprender? Que emprendan ellos.
MARIO J. HURTADO

5 de octubre de 2011

  • 5.10.11
Ya les digo. En estos tiempos lúgubres, en los que ves continuamente cómo tus amigos, tus vecinos o tus mismos familiares se quedan sin curro, sin pasta y sin crédito, al menos hay quien realmente se preocupa de las cosas verdaderamente importantes. Es difícil de creer, en esta sociedad infectada por el mortal virus del capitalismo salvaje, del egoísmo personal e institucional, del quítate tú que me ponga yo. Pero se lo aseguro, mis queridos lectores: es cierto.

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Y si no se lo creen, por favor busquen el siguiente texto en Google: "Taller de supervivencia Zombi". Encontrarán un par de enlaces que demuestran lo que les digo: personas preocupadas sinceramente por nuestro futuro como especie, como raza. Y además lo hacen desinteresadamente, como debe ser: la matrícula es gratuita, y –salvo que alguien demuestre lo contrario- nadie cobra un euro por darnos tan valiosa información.

La cuestión es que no sólo debemos agradecer al organizador del evento que nos enseñe a “explorar momentos de incertidumbre –como la actual crisis económica- y escenarios apocalípticos, sin el miedo a no dormir por la noche”; la tranquilidad, pues, es absoluta: si usted no duerme por la noche será seguramente por otra causa -la hipoteca o el juicio por el despido- pero nunca por miedo a los efectos de una crisis zombi.

O que nos regale frases tan instructivas como la que califica a las Fuerzas de Seguridad del Estado como "panda de matones", aduciendo que no siente ningún respeto por Policía Local o Nacional, ya que cuando ha tenido algún conflicto, nunca han acudido. Normal, coño: ¿Qué diría usted si, al llamar a la policía y decirle que necesita socorro, que tiene a cinco cadáveres semiputrefactos dando golpes en su puerta, con la aviesa intención de comer su materia gris, ésta (la policía) le correspondiera con un sonoro cuelgue de teléfono?

Pues no, no sólo la cosa se debe a estos jóvenes expertos que nos ilustran sobre la conveniencia de llevar en nuestro leve equipaje de emergencia “una manta: en la Sierra hace fresco, amigos”. El mérito debe ser compartido, sin duda, por el Instituto Andaluz de la Juventud, que es quien pone a disposición del experto anti muertos vivientes los medios necesarios: local, publicidad, proyectores, etc.

En fin, lo dicho: menos mal que existen en nuestro entorno personas con las ideas tan clarísimas y con la sana intención de procurar nuestro bienestar. Lo de menos, evidentemente, ha de ser invertir dinero en crear empleo, en facilitar la apertura de empresas que puedan crear puestos de trabajo; ni siquiera la formación teórica y práctica en cuestiones tales como la Contabilidad, la fiscalidad de las empresas, las nuevas tecnologías o la atención al público –por cierto, tan deficiente en tantas empresas-.

Es justo reconocer lo que es bueno, y éste es uno de los casos. Lo importante es enseñarnos cómo sobrevivir a una más que probable crisis en la que nuestros cementerios queden vacíos y nuestras calles llenas de vísceras sanguinolentas, ojos redondos rodando sueltos por el suelo, o trozos de carne y dientes abandonados en las aceras –y ya saben que no me refiero a una excursión del Imserso a la que han servido café demasiado cargado o unas alubias en mal estado-.

Vaya por Dios. Se me está ocurriendo, a estas alturas del artículo, que ustedes podrían estar pensando que lo escribo desde cierto animus iocandi, o sea, desde la retranca, rechifla o cachondeo. No, por favor, no lo piensen así.

En serio, es un tema que me preocupa muy profundamente. Especialmente porque creo que es tan real como que esa situación la estamos viviendo ya, todos los días, en nuestras propias casas. ¿Qué es sino una invasión zombi, esta precampaña electoral de los dos muertos –políticamente hablando- vivientes que son Zapatero y Rubalcaba?
MARIO J. HURTADO

27 de septiembre de 2011

  • 27.9.11
Mariano Rajoy es un tipo peculiar. Con cierto aire de bobo, despistado y blando, de vez en cuando se deja caer con frases que sentencian y apuntalan realidades tan ciertas y gruesas como la vida misma. Habrá quien le quiera más y quien no le quiera nada; habrá quien diga que es tonto de remate, antipático, calzonazos, soso… Pero a mí, la verdad, se me antoja que en realidad es un tipo listo. Es más, bastante listo, diría yo. Muy listo.

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La semana pasada, en el Congreso de los Diputados, todo el mundo esperaba una despedida cortés y de guante blanco al presidente del Gobierno. Lejos de tal ilusión, Rajoy le recordó a Zapatero lo que es la realidad de su gestión: cinco millones de parados, una economía incapaz de reaccionar, funcionarios, pensionistas, empresarios y autónomos cabreados y sin aliento. Rajoy, sabedor de que el próximo presidente llevará sus mismos nombre y apellidos, calificó la cosa de "herencia envenada". Pues qué quieren que les diga, tiene toda la razón.

Uno lee después las redacciones en los medios de comunicación y los comentarios y opiniones que se escriben o dicen al respecto, y da la impresión de que casi todo el mundo se está quedando en la superficie del análisis. O sea, en lo que hemos comentado: el número de parados, el montante del déficit y la deuda, y ese sinfín de números rojos –claro, ¿cómo no me había dado cuenta? Números rojos, rojos como el mismo Zapatero y su corte de gastones-.

Y es cierto que cinco millones de parados son una mala herencia. Buscar los mecanismos para crear puestos de trabajo suficientes para acercarnos –aunque sea de muy lejos- a la tasa natural de desempleo es muy, pero que muy complicado. Y más aún en un país donde el espíritu emprendedor brilla por su ausencia, dadas las bicocas que disfrutan los empleados del sector público. Donde el nivel de formación de la media de la población es escaso –por no decir casi nulo-, por mucho título universitario que se tenga. Donde la gente está convencida que un niño de cinco años no tiene por qué aprender a leer y escribir.

La situación de las cuentas públicas no ayuda a la resolución de este problema del desempleo, principal objetivo de la política económica del país a corto plazo, sin duda alguna. Pero Rajoy no se refiere a los cientos de miles de facturas sin pagar que el próximo Gobierno va a encontrarse en los cajones.

Tampoco creo que se refiera al rescate del Impuesto sobre el Patrimonio, ese tributo tan técnicamente absurdo como económicamente injusto y electoralmente rentable. Absurdo técnicamente, porque la recaudación que se va a obtener es prácticamente mísera: algo más de mil millones de euros –sin contar el coste de volver a ponerlo en funcionamiento-; económicamente injusto, porque constituye probablemente el caso más claro y espeluznante de doble imposición, prohibida por la Constitución, de nuestro país –junto con los impuestos sobre bebidas, carburantes y tabaco, que tributan indirectamente dos veces: en una primera fase, por los Impuestos Especiales; en la fase última, por el IVA-.

De manera que me he pasado la vida ganando dinero que ha tributado en IRPF, y cuando lo convierto en ahorro o en inversión, tengo que volver a tributar. Lo inmediato sería pensar que lo mejor es gastárselo, pero claro, en este país de ignorantes de la ciencia económica muchos desconocen que un país sin ahorro ni inversión está condenado a la quiebra. Ahora bien, eso de decir que cobramos impuestos a los ricos (¿?) viste un montón. Queda estupendamente a dos meses de unas elecciones.

Sinceramente, creo que a lo que Rajoy se refiere es a lo que está por llegar como consecuencia de la desastrosa gestión de Zapatero. La fiera está dormida, y en cuanto empiecen a caer prebendas y se empiece a recortar gastos que no son necesarios, despertará. Ese es el veneno de la herencia de este desgobierno que ha ocupado La Moncloa los últimos siete años largos.

Funcionarios, pensionistas, trabajadores, sindicatos, autónomos, pequeños empresarios… el que no está hasta el cuello está más que cabreado. Y por supuesto, a partir de enero, se protestará absolutamente por todo.

¿Que hay restringir las prestaciones por desempleo a parados que efectivamente demuestren que están buscando trabajo? Caceroladas en la calle. ¿Que hay que buscar una fórmula para que mis padres o mis suegros no puedan sacar medicinas gratis para toda la familia y vecinos, incluídas mascotas animales? Acampadas, encierros, huelgas generales.

¿Que en lugar de comprar el material escolar en cooperativas formadas en el mismo aula tendremos que comprar nosotros mismos el estuche, los cuadernos y los rotuladores –menuda tontería, como si no fuera lo mismo-? Madres y padres encadenadas y encadenados a los árboles y árbolas del patio del colegio y colegia.

Confieso –porque en este país decir esto es como si tuviera que confesar uno que ha asesinado a Leon Trotsky- que me cae bien Mariano Rajoy. Creo que será un buen presidente del Gobierno –en todo caso, será mejor que este muñegote que tenemos aún, porque peor no se puede ser-. Eso sí, como se dice por la tierra donde vivo: "Mariano, no te quea ná…".
MARIO J. HURTADO

14 de septiembre de 2011

  • 14.9.11
Cuántos litros de demagogia barata se han vertido estas últimas semanas en torno al tema de la Educación en nuestro país es la incógnita que sólo se desvelará en el próximo informe PISA que nos vuelva a dejar a la altura de boñigas de vaca en comparación con el resto de países del mundo. Por un lado y por otro, todos intentando acusar al contrario –o los contrarios, que ya no se sabe cuántos bandos hay en esto- en medio de una rara mezcla entre precampaña electoral y situación crítica de las finanzas públicas.

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No es cierto, como desde algunas consejerías de Educación se ha dejado caer en una especie de "a ver si me entiendes" que los profesores españoles trabajen poco. Ciertamente, es un error grave de algunos políticos, como la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, confundir el culo con las témporas; o sea, decir que sólo trabajan 18 horas a la semana, cuando se sabe a ciencia cierta que éstas son sólo las horas lectivas.

Tampoco es cierto, y me ha parecido una reacción electoralista y exageradamente malintencionada, que pedir ese pequeño aumento de horas lectivas equivalga automáticamente a la manida expresión "recortes en Educación". Tan sólo se trata de pedir a un grupo de funcionarios muy bien pagados que hagan un pequeño esfuerzo suplementario de manera que no sea necesario contratar nuevo personal.

Claro, que en este país pedir un esfuerzo a alguien es como mentar la bicha. A todos se nos llena la boca de palabras bonitas –"solidaridad", "equidad", "justicia"- hasta que nos tocan nuestro bolsillo o nuestro tiempo libre. Entonces, mi solidaridad acaba justo donde empieza el horario de trabajo, O, mejor dicho, cuando acaba.

No es mi intención atacar al gremio de profesores. Conozco a muchos de ellos y, para ser justos, reconozco que hay buenísimos profesionales en el mundo de la enseñanza tanto desde Educación Infantil hasta la Universidad. Pero también es cierto que me preocupa profundamente el número de ellos que conozco que son prácticamente unos catetos integrales.

Por ponerles un ejemplo, el otro día asistía anonadado a una conversación entre una profesora de Educación Especial (licenciada en Psicopedagogía) española y una chica polaca que trabaja como cocinera en un colegio de mi localidad. La profesora estaba preguntando a la cocinera polaca sobre su hermana y el lugar en que trabaja. Al contestarle ésta que tanto su hermana como su marido trabajan el Ayuntamiento de la ciudad, la profesora española insistía preguntando: “¿en el Ayuntamiento? ¿pero del mismo Polonia?” (¿) Si además tuviera que enumerar la cantidad de anécdotas que me han ocurrido con los profesores que sucesivamente van teniendo mis hijos, no me daría suficiente con una columna ni dos a la semana.

O sea, que luego algunos van y se sorprenden de que los niños hoy día no tengan ni puñetera idea de nada. ¿Cómo la van a tener? Si les digo que mi hija de siete años habla y se expresa mejor que la mayoría de profesores que ha tenido, me llamarán "exagerado" –o incluso, mis queridos detractores acérrimos, "presuntuoso"- pero les aseguro que es rigurosamente cierto.

Si les cuento que en cinco años que lleva yendo al colegio he tenido que disfrazar de lapsus errores graves en conceptos que le han enseñado en clase... ¿No estarán conmigo en que algo está fallando? Si los alumnos que terminan ESO y Bachillerato son los peor formados de la historia de España, ¿cómo podemos creer que en la Universidad adquirirán los conocimientos necesarios para instruir a una nueva generación de españoles? Aún más ¿quién nos garantiza que nuestros hijos están aprendiendo las cosas correctamente?

El primer paso para arreglar el sistema educativo es, por tanto, un riguroso examen de conciencia: ¿de verdad nuestros profesores están bien preparados para enseñar? La respuesta, desde mi experiencia, es categórica: no. Arreglemos esto, pues, y luego ya discutiremos qué y cómo enseñar. Y si en lugar de dos meses de vacaciones, habrá que tener treinta días como todo hijo de vecino y los otros treinta dedicarlos a reciclarse.
MARIO J. HURTADO

2 de septiembre de 2011

  • 2.9.11
Me disculparán mis lectores, espero, si esta semana no les traigo un tema concreto. Esta actualidad que nos envuelve trae tantas cosas interesantes que es difícil escoger una sola para comentar. Se intuye que este curso 2011-2012 –y no sólo el académico- va a ser bien calentito, por lo que habrá que estar muy atentos.

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Esta semana me han llamado la atención muchas cosas, ya les digo. Empezando por una encuesta realizada –si no recuerdo mal- por el Instituto de Medio Ambiente, en la que al menos un 26 por ciento de los encuestados dicen no sentirse preocupados por el cambio climático.

Un cierto número de ellos –no recuerdo exactamente, pero es lo suficientemente alto como para empezar a preocuparse-, cuando son preguntados por el porqué de su respuesta, contestan que porque les gusta el calor. Como les digo. Hay gente que piensa que el cambio climático son vacaciones en la playa durante todo el año. Siendo así… ¿están ustedes seguros de querer someter a referéndum lo de la limitación del déficit?

Otro tema interesante, este de la reforma constitucional para limitar el déficit. La limitación no parece en exceso severa: no se fijan cantidades, y sólo atañe al llamado "déficit estructural", esto es, la diferencia entre gastos en ingresos, una vez eliminados los efectos del ciclo económico. O dicho de otra forma, el déficit correspondiente a una situación de pleno empleo. Esta última definición les bastará para concluir que, en España, la limitación del déficit por mandato constitucional es completamente inoperativa.

Lo que llama poderosamente la atención es la actuación de algunos grupos políticos. En una suerte de poyaque parlamentario, van los tíos y dicen: "poyaque estamos, vamos a incluir el derecho de autodeterminación"; "poyaque nos metemos, cambiemos este de monarquía parlamentaria a República"; otros se ponen celosos porque dicen no haber sido consultados, y profieren barbaridades acerca del fin del consenso constitucional y esas cosas. O sea, como los nenes pequeños: o me compras la trompeta de pompitas, o ya no soy tu hijo.

Más cosas que tienen que ver con esto del déficit y la crisis económica: Lolita Manostijeras –en genial descripción de Antonio García Barbeito- y sus recortes del 20 por ciento del gasto en Castilla-La Mancha. ¿O era del déficit? No lo tengo claro, porque mezclan supresión de gastos gilipóllicos –coches oficiales, asesores, eventos, etc.- con incremento de los ingresos a través de ventas de bienes públicos.

Lo que sí es cierto es que si logra estabilizar el Presupuesto sin tocar en exceso todas esas cosas que la izquierda aprecia tanto como si fueran suyas –sanidad, educación, etc.- me rendiré a sus encantos ad eternum y proclamaré a los cuatro vientos mi amor y admiración por esta especie de Margaret Thatcher a la española (pero en fino y, desde luego, infinitamente más atractiva). Ah, y por supuesto que pediré a gritos que sea ella la candidata a la Presidencia del Gobierno.

Hablando de recortes, me pregunto cómo se puede tener valor de calificar así a lo que no es sino una reorganización de recursos. Me refiero a lo que está ocurriendo con la Enseñanza. Hacer trabajar un poco más a funcionarios cuyo puesto de trabajo –y, por lo tanto, su bienestar económico- está garantizado de por vida.

Ojo, que no soy de los que piensan que los profesores trabajan poco. Me consta que es cierto que el tema se está planteando de forma muy demagógica: no es cierto que sólo trabajen las 18 horas que tienen de clase. Pero esto es una cosa y otra distinta es que pedirles un poco de esfuerzo más sea tan grave. Es lo que yo digo siempre: en este país todo el mundo es muy solidario, hasta que nos tocan el bolsillo o la jornada de trabajo.

En fin. Muchas cosas que hay, y muchas otras que sin duda habrá –como decía la canción-. De aquí a la Feria del año que viene, lo vamos a pasar pipa, ya verán.

El que tenga un poco de sentido del humor, claro. El resto, vamos bien jodidos.
MARIO J. HURTADO

26 de agosto de 2011

  • 26.8.11
Que las aguas dentro del PSOE andan más que revueltas desde hace algún tiempo no es novedad, ni noticia. La catastrófica gestión del Gobierno –no hay porqué echarle siempre las culpas a uno solo, aunque este solo se lleve la mayor parte de las críticas- ha tenido cabreado a más de un socialista de pro, algunos por considerar demasiado liberalismo en las últimas decisiones de Zapatero y amigos, otros por creer que se han hecho las cosas mal y a destiempo.

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Sin embargo, la madre de todas las decisiones, aquella que puede convertir al Partido Socialista en una especie de masa gachosa tras las próximas elecciones ha sido la recientemente anunciada reforma constitucional con objeto de limitar en la más alta norma jurídica el déficit del Estado y de las Administraciones Públicas.

Con esta decisión, algunos miembros del partido han alzado ya la voz para proclamar que Zapatero y su Gobierno han traicionado "a lo bestia" los principios de toda política económica de izquierdas. No están, desde luego, exentos de razón: no sólo en España, sino en toda Europa, los partidos socialistas y socialdemócratas han preferido siempre el gasto público al privado. Por el contrario, los partidos conservadores y liberales siempre han apostado por la actividad privada más que por lo público.

La síntesis moderna de estas dos corrientes, el llamado "Estado del Bienestar", ha procurado conjugar la pujanza de la actividad económica del sector privado con un sector público de cierto tamaño y una regulación más o menos amplia de la economía general.

En cualquier caso, con esto del gasto público y del déficit debería ocurrir como ya nos advirtiera el bueno de Wittgenstein en su Tractatus Logicus-Philosohicus: sobre lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio.

Y es que uno escucha a la gente decir cosas como que es necesario limitar el déficit porque nadie puede gastar más de lo que ingresa. O que el principal problema es la deuda y que cómo es posible que un país como España tenga tanta deuda. En fin, el eterno problema de la ignorancia del Maestro Liendre: el que de nada sabe, pero de todo entiende.

El gasto público no sólo no es perjudicial para la economía, sino que es conveniente y necesario. De igual forma, el componente que hace crecer la actividad (a través de la renta nacional y el PIB) es el llamado "déficit público", que no es otra cosa que el resultado negativo de la operación Ingresos del Estado menos Gastos del Estado.

Como es natural, si el Estado tiene pérdidas (resultado negativo), alguien tendrá que financiar esa diferencia, y para eso se emite deuda que compran las empresas y las personas a cambio de una rentabilidad más o menos segura. De hecho, el mismo tratado de la Unión Europea permite hasta un 3 por ciento de déficit medido sobre el PIB de cada país.

Entonces ¿por qué fijar un techo, un límite insalvable para el gasto? ¿Qué mosca le ha picado a nuestro veleta presidente para cambiar tan radicalmente de opinión? La hipótesis de que Zapatero aprueba esta medida por convicción propia es, sencillamente, desechable.

Primero, porque la mentalidad zapateril es izquierdista hasta las trancas; y segundo, porque el presidente no tiene ni puñetera idea de Economía, por lo que es impensable que llegue a una conclusión acertada en el terreno económico por sí solo.

Además, la historia económica de Zapatero pasa por ser la de mayor gasto público de toda la historia económica española: desde los 2.500 euros por bebé hasta los tristemente famosos 400 euritos del IRPF; las ingentes cantidades de dinero concedidas como subvenciones a proyectos ineficientes o simplemente inútiles, pero de alto rédito propagandístico; en fin, una corriente de gasto que consiguió en tiempo récord acabar con la estabilidad económica heredada de los gobiernos del PP –que, pese a quien pese, gobernó el sistema económico de forma magistralmente eficaz-.

Por otra parte, la política económica fiscal no cuenta sólo con el componente del gasto como variable objetivo. Está claro que por el lado de los ingresos se pueden hacer también muchas cosas. De hecho, en la situación actual va a ser pronto imperiosa la necesidad de actuar con decisión: si limitamos el gasto, ¿por qué no limitar también los ingresos?

No hay falacia mayor que aquella que niega la posibilidad de aumentar la recaudación mediante la disminución de los tipos impositivos –para mis adorables detractores: antes de ponerse manos al teclado para llamarme "iluso" y apelativos del estilo, por favor búsquense en Wikipedia el concepto de la Curva de Laffer; a lo mejor se sorprenden-.

Resumiendo: ni el gasto es completamente pernicioso, ni la deuda es el cáncer de la economía. La deuda excesiva, procedente de gastos no productivos, sí es perniciosa. Sin embargo, el poder político del gasto público es inmenso: imagínense cuántas conciencias se pueden comprar, cuántas bocas se pueden tapar, cuántas quejas se pueden silenciar...

A lo mejor es por eso por lo que la decisión de Zapatero y su Gobierno tiene tan mosqueado a algún compañero de partido. A lo mejor, aprobando el techo de gasto, le estamos cortando el rollo a más de uno.
MARIO J. HURTADO

21 de agosto de 2011

  • 21.8.11
Reconozco que la frase no es mía, sino de un tertuliano televisivo llamado Carlos Esteban. Pero es tan cierta y veraz que no me resisto a usarla como título de este artículo que me sirve para retornar a este espacio tras unas –quizá demasiado- largas vacaciones. El caso es que, en este angustioso y deprimente país llamado España, prácticamente todos vamos así, o con palos o con cirios, detrás de un cura o una imagen religiosa. No es objeto de mi opinión de hoy criticar ni alabar la visita de Benedicto XVI a nuestro país con ocasión de la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

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Razones –y datos- hay de sobra para pensar que es una visita beneficiosa para creyentes, comerciantes y ciudadanos, y tanto así espiritualmente como económicamente, por más que ciertos sectores disconformes hayan elevado sus gritos al cielo de los laicos. Laicos españoles que más bien son anti-clericales y muy especialmente anti-católicos, pero eso es harina de otro costal, ya digo, y cada cual que piense lo que le venga en gana.

A lo que voy es que –a pesar de que a menudo encuentro razones para no creer en él- el mito de las dos Españas se hace más vivo y real cada día que pasa. En suelo patrio, todos somos del Madrid o del Barça –o del Sevilla o del Betis-; de Bisbal o Chenoa; de la Esteban o de Jesulín; del PSOE o del PP.

Lo cual no es ni negativo ni antinatural: cada cual tiene unas preferencias, normalmente aceptables en mayor o menor grado. Lo malo es cuando se hace realidad la máxima sartriana: el infierno son siempre los otros, llevándose al extremo de generar el odio al contrario.

En el caso de católicos –o cristianos en general- y laicistas, la saña es especialmente sangrienta. He leído estos días auténticas barbaridades de un lado y otro, pero es justo reconocer que más desde el lado contrario a la religión católica.

Burradas tales como llamar "asesinos", "fascistas" y "violadores" a todos los estamentos del catolicismo. Idioteces como decir que el dinero de la visita del Papa se destinara a Somalia –como si no estuviera demostrado por activa y por pasiva que enviar dinero a países pobres en guerra o sometidos a crueles dictaduras sólo sirve para incrementar el dolor de los pueblos y el patrimonio de sus gobernantes-.

Soy católico, más por creencia y convicciones interiores que por cumplimiento de obligaciones que, al fin y al cabo, son requisitos formales. Nunca he asesinado a nadie, ni he violado a nadie, ni he robado a nadie. Tengo buenos amigos que son religiosos. Y admiro la capacidad que tienen de hacer el bien.

Por supuesto que no negaré jamás que la Iglesia Católica –como la Protestante, la Anglicana o la Ortodoxa- no son más que instituciones humanas y han caído –y caen- en las mayores atrocidades que pueda cometer cualquier ser humano. Pero eso es una cosa y otra cosa es leer a un individuo que no le cabe en la cabeza que personas con dos dedos de frente crean en patrañas. Aun así, le compadezco por su ignorancia y por su pobreza de espíritu –claro, si no cree en él, ¿cómo lo va a enriquecer?-.

España ha sido tradicionalmente un país católico –de ahí los de los cirios-. Pero la reacción de los laicistas –otra vez, mejor dicho "anti-católicos"- es probablemente la más cruenta del mundo. Un síntoma más de que en este país en el que se mezclan canallas, beatos, corruptos, sinvergüenzas e ignorantes, la objetividad y la ecuanimidad son virtudes imposibles. Que Dios nos ayude.
MARIO J. HURTADO

10 de junio de 2011

  • 10.6.11
No lo puedo evitar, aún me sorprende. Miren que llevo años escribiendo –en este medio y en otros sitios, anteriormente- y charlando con gente en la calle, en el trabajo, en los bares y en casi todos los sitios a los que voy. Pues aún me sorprende, y dependiendo del estado de ánimo con que me levante ese día, a veces me irrita y a veces me produce sonoras carcajadas el hilo argumental con que responde el personal a mis opiniones, vertidas con franqueza y sin ánimo de ofender. La colección de comentarios al artículo de la semana pasada, por poner, es un claro ejemplo de lo que les digo.

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En alguna parte debo reconocer que es culpa mía -y así pido disculpas a los lectores, al diario Montilla Digital y al mismo D. Alfredo- como por ejemplo cuando llamo (sin explicar por qué) “Goebbels” a Sr. Pérez Rubalcaba. Los lectores lo han tomado por la tremenda, acusándome de llamar "nazi" al vicepresidente. Nada más lejos de mi intención, pero como realmente no expliqué la razón del apodo, asumo el castigo.

Y después, lo explico: Joseph Goebbels era el ministro de propaganda del Gobierno nazi. O sea, el responsable de la actitud inconsciente y borrega de millones de alemanes excitados por continuos mensajes manipulando sus conciencias y sus éticas personales.

La comparación de Rubalcaba con este siniestro personaje no es casual: el vicepresidente y candidato a candidato es el tipo que mejor ha manejado, gestionado y enviado ese complicado concepto que es la “información” en los últimos años en España.

No lo digo en sentido peyorativo en absoluto, sino más bien al contrario: mi admiración por esa capacidad de manipulación –en sentido positivo, una vez más; es decir, gestión de la información- es inmensa en el caso de Rubalcaba, capaz de concentrar a miles de personas en una calle madrileña con un solo mensaje SMS.

Una vez aclarado esto, prosigo con lo que decía. Resumiendo: se nota que la derrota electoral del PSOE tiene más que cabreados a muchos de sus afiliados y simpatizantes. Si no tenemos en cuenta este piadoso atenuante, resultaría difícil de tragar algunos de los epítetos que se nos dedican a algún lector y a servidor de ustedes.

Insisto, no sólo la forma, sino el mismo fondo argumental resultan deplorables. Llamar jilipollas –mal escrito, además: se escribe "gilipollas", muchacho- a un lector por defender una opinión me parece un ejemplo práctico de la tolerancia y el talante del que presume la progresía.

Resulta asimismo curioso el mensaje que van dejando caer los comentarios de los detractores del artículo. En seguida deja de comentarse el asunto principal –una propuesta de acontecimientos futuros a raíz de la propuesta de Rubalcaba como candidato- para empezar con la retahíla de amenazas del tipo ¡que viene la derecha!.

Está claro que la consigna ahora es meter miedo: si llega el PP al Gobierno privatizará la educación, la sanidad y el sursum corda. Como si eso de privatizar fuera la panacea de los partidos liberales o de centro-derecha o de derecha –a propósito de esto, confundir (como pretenden hacer los representantes del PSOE e Izquierda Unida) al PP con la extrema derecha es una memez absoluta, del tamaño de la catedral de Burgos; es lo mismo que pretender que en el PSOE la corriente principal de pensamiento fuera el marxismo-leninismo-.

Otro día les hablaré de cuáles creo que son las soluciones a los sistemas públicos sanitario y educativo, y a algunos otros más; de momento me parece un atrevimiento malintencionado y marrullero esta campaña de invención de programas ocultos.

Por último, otro lector –ignoro si el mismo de antes, porque además no firma con nombre alguno, sintomático, ya ven- se permite el lujo de llamar "hijo de puta" a un conocido seguidor de este espacio y, por generalización, a todos los votantes del Partido Popular.

No haré demasiado comentario acerca de esto: este individuo se califica solo, sobre todo teniendo en cuenta los rasgos característicos del pensamiento progre: talante y tolerancia. Gracias, estimado Anónimo, por describir mejor que yo quiénes son y cómo piensan los animales como usted.
MARIO J. HURTADO

3 de junio de 2011

  • 3.6.11
Ya está visto para sentencia, con el permiso de esos siete valientes afiliados –a día de hoy- que pretenden enfrentarse a la temible maquinaria del Partido Socialista. Más aún si tenemos en cuenta que el candidato elegido por el aparato es el mismo que lo maneja y conoce a la perfección todos los botones y resortes de esa maquinaria: Alfredo “Goebbels” Rubalcaba será el candidato del PSOE a las próximas elecciones generales.

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Mucho se ha especulado sobre las razones y el procedimiento de elección que ha seguido el secretario general, Rodríguez Zapatero, para concluir en lo que ya sabía casi todo el mundo iba a ocurrir.

Cierto es que la intención de Carmen Chacón de participar en las elecciones primarias produjo al principio cierta confusión e incertidumbre, mas a toro pasado parece que la chica no tenía opción alguna.

De hecho, la carita –como diría mi buen amigo Eduardo Maestre- de indefensión de alumna teresiana de Carmen el día del anuncio de su retirada del proceso de Primarias era todo un poema a la desolación y a la decepción.

Bien está que no quiera hablar más de ello, porque podría escapársele la verdad: el mismo presidente le dijo que se quitara de en medio, eso sí, adornándolo con bonitas palabras sobre el bien del partido: “Carmen, el partido no nos pertenece a nosotros, sino al viento…”; veremos a ver si no les llega una levantera y se va todo el partido a tomar… viento.

Con todo, dándole vueltas a todo esto que está sucediendo en el seno del PSOE, se me antoja que, como siempre, esta gente lo tiene todo atado y bien pensado. A alguna conclusión interesante han debido llegar para proceder de esta manera –frenazo a Chacón y dedazo a Rubalcaba-. De hecho, se me ocurre que la secuencia futura de acontecimientos puede ser la paranoia que les paso a describir.

Las Elecciones Primarias se va a celebrar con toda normalidad, y probablemente con un solo candidato, Rubalcaba; algunos de los otros candidatos renunciarán a cambio de algún que otro premio. Otros, simplemente, no conseguirán los 22.000 avales exigidos para poder ser precandidato. Así, a mediados o finales de junio –no tengo muy claro los plazos-, D. Alfredo será proclamado candidato a la Presidencia del Gobierno por parte del Partido Socialista.

Ahora bien, en el PSOE saben que las próximas elecciones, sean cuando sean, están perdidas. El objetivo prioritario, pues, es minimizar esa derrota, si es posible impidiendo que el Partido Popular pueda formar gobierno fácilmente. Dicho en román paladino, hay que impedir a toda costa la mayoría absoluta del PP.

Para eso, el PSOE debe haberse planteado una estrategia que contemple a partes iguales el control de los tiempos y los resultados económicos del tercer trimestre –la temporada alta para el sector que genera mayor porcentaje del PIB, especialmente en el granero de votos del socialismo: Andalucía-.

Por si fuera poco, en el PSOE nunca han sido muy amigos de mantener durante mucho tiempo a dos personas distintas en los dos puestos principales del aparato: candidato a presidente y secretario general. Y con más razón cuando éste último ni siquiera existe o, al menos, no se le tiene en cuenta para nada.

Escuchando estos últimos días a Zapatero –en las pocas ocasiones en que se deja escuchar- se le nota triste, o más bien consciente de que está totalmente acabado. Es un zombie, un cadáver viviente políticamente hablando. Parece que incluso su inacabable soberbia ha terminado por agotarse: razón por la cual creo que lo que está deseando es quitarse de en medio cuanto antes.

Sumando a esto la necesidad que tiene el partido de un revulsivo fuerte, y que aún con éste lo más probable es que el candidato sea de tipo bonzo –alguien totalmente dispuesto a quemarse por el partido- no me queda más remedio que pensar que, una vez celebradas las Elecciones Primarias, y dado el puesto que Rubalcaba ocupa en el Gobierno, Zapatero dimitirá dejando al candidato como Presidente del Gobierno interino para que convoque elecciones anticipadas a celebrar probablemente a primeros de octubre –sin datos de desempleo de septiembre, aún-.

El margen de maniobra de Rubalcaba, en estas condiciones, será muy escaso, pero al menos conseguirá algún espacio de tiempo para demostrar a los españoles que él no es lo mismo que Zapatero. Y así podrá salvar, quizás, parte del objetivo, obligando al PP a currárselo muy mucho para obtener las mayorías absolutas que desea en Madrid y en Andalucía.
MARIO J. HURTADO

20 de mayo de 2011

  • 20.5.11
Hace justo dos semanas, en mi última exposición pública en este foro de opiniones y debates, les contaba algunas razones por las que considero seriamente que el sistema democrático en España es algo más que falible: aproximadamente un desastre. Ustedes, lectores ávidos de argumentos, me devolvieron respuestas de distintos tamaños y formas, evidenciando que siguen esta humilde columna personas con un alto grado de comprensión lectora, coeficiente intelectual y madurez –también los hay que no pasan del argumento manido y fallido de calificar como "fascista" o "franquista" a quien sólo expresa la necesidad de cambiar tanto las leyes electorales como los propios conceptos ya digeridos, asimilados y excretados por la inmensa mayoría de la ciudadanía; de todo hay en la viña del Señor-.

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FOTO: SAMUEL SÁNCHEZ

Ayer mismo, mi compañero en estos espacios Daniel Guerrero escribía un artículo que yo calificaría como exuberante y magnífico. Manteniendo posturas, por lo general, bastante distantes de este servidor de ustedes, sin embargo dio en el clavo del mensaje –para nada oculto- de mi columna anterior: la imperiosa necesidad de exigir responsabilidades a la clase política y cambiar de una vez por todas el modelo de concejal, parlamentario o diputado encolado al sillón sin peligro de despido por ineficiente. Felicidades, querido Daniel.

No hay más que ver las noticias en televisión, escuchar la radio o leer los diarios para comprobar cómo ambos artículos reflejan una realidad dura y sonora: la noticia de moda esta semana es la concentración en varias ciudades de España de grupos de descontentos, indignados se hacen llamar siguiendo las pautas de ese librito de Stephan Hessel. Y, por supuesto, esta columna de hoy hablará, sobre todo, de ellos.

Me parece que la reacción de grupos civiles, personas que no están en modo alguno vinculadas con la vida política no es solamente una cuestión de salud democrática, sino que como las antiguas purgas con hierbas del campo, es claramente necesaria y conveniente.

El pueblo puede ser –de hecho, lo es- ignorante, pero no es tonto, y siente cómo sus expectativas de futuro van cayendo por momentos como en aquellas terribles imágenes del transbordador Challenger: sube, sube y sube y de repente estalla en mil pedazos desintegrándose en el aire. Esta concentración de jóvenes, adultos y jubilados sin esperanza, profetas revolucionarios de un cambio que necesariamente ha de llegar, es sin duda el síntoma de que algo no funciona bien en nuestro sistema democrático.

Que no quede ninguna duda de que estoy convencido de que, en su origen, estas concentraciones se formaron por ciudadanos sin ningún tipo de vinculación con partidos o agrupaciones políticas. Cosa diferente es que las medidas que proponen sean absolutamente descabelladas, inútiles y más antiguas que los balcones de palo. Pero de eso se trata: de proponer cosas y discutir entre todos cuáles se llevan a cabo y cuáles no.

Lo que sí que da realmente pena y vergüenza ajena es la aparición de los bufones de siempre. Todos los partidos políticos han querido, exactamente igual que hacen los buitres, apropiarse de la oveja –la idea- y comérsela de un bocado. El Partido Popular aconsejándoles que les voten porque la culpa de todo es de Zapatero, una vez más. Y el PSOE queriendo hacer amiguitos dentro de las filas de estos indignados. "Papá PSOE está con vosotros, hijos míos; lo que venimos haciendo hasta ahora es mentira, en realidad nosotros queremos hacer lo que vosotros pedís, y lo haremos".

Qué lamentable. Me recuerda a esas promociones que se hacen de vez en cuando, a las que van todos los catetos a que les regalen una botellita de aceite y un mollete, y se pegan codazos, patadas y hay hasta broncas por conseguir un simple desayuno. Hala, todos a mojar pan a ver qué sacamos de bueno de esto.

Ojalá, entonces, que estos concentrados, indignados, descontentos o como quieran llamarse, no terminen siendo los títeres de los grandes partidos, sentados y apoltronados en sus sillones de concejal, parlamentario o presidente del Gobierno.
MARIO J. HURTADO

6 de mayo de 2011

  • 6.5.11
Pues bien, ya empezó oficialmente la cosa. Desde anoche estamos en campaña electoral, y durante quince larguísimos días tendremos que escuchar miles de mensajes tan ilusionantes como falsos: pocos son los que cumplen lo que antes prometieron. Además, este inicio de la campaña ha coincidido –menos mal, imagínense que hubieran tardado más- con la sentencia del Tribunal Constitucional admitiendo las listas de candidatos de la agrupación Bildu a las elecciones municipales.

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No quiero que piensen que soy contrario a la democracia como sistema político. Soy de los que creen que la voluntad del pueblo debe ser la que rija sus destinos, si bien es cierto que, al menos en España –que es lo mejor que conozco- el sistema democrático dista mucho de ser ideal, eficiente y reflejo exacto de esa voluntad. Por eso, el acto políticamente sagrado de depositar la papeleta –estampita- en la urna se convierte aquí en un auténtico fraude, timo y engañabobos.

Para empezar, podríamos seriamente cuestionar la justa proporcionalidad del sistema que rige en España la asignación de escaños o concejalías, el famoso Sistema D´Hondt. Técnicamente bastante complejo como para explicarlo aquí –por lo largo, no por la capacidad de comprensión de los lectores: pueden conocer cómo funciona aquí- resulta cierto que favorece a ciertas minorías de corte regionalista que acumulan votos en determinadas circunscripciones.

Deberíamos continuar por criticar abiertamente el sistema de listas existente en España: listas cerradas en las que no es posible escoger un menú variado, sino lo que un partido en concreto te ofrezca, lo que no siempre significa la mejor combinación posible, especialmente en elecciones como las municipales, donde la cercanía de los candidatos nos ofrece el conocimiento suficiente para tener que decidirnos por una lista que no es de nuestro agrado en su integridad.

Sin embargo, lo peor de este sistema nuestro no es la cuestión puramente técnica, sino la parte puramente propagandística de la cuestión. Hemos visto ya algunos videos de campaña en los que los dos grandes partidos recurren a los temas más manidos.

El Partido Popular, poniendo de inútil a Zapatero, cuando usted ahora no tiene que elegir a Zapatero para nada; es más, a lo mejor la alcaldesa socialista de su ciudad es la mejor que han tenido en años. Por su parte, el Partido Socialista comete la inmoralidad de comparar a Rajoy con Camps recurriendo al asunto de la corrupción. El partido que ha generado más pelotazos de la historia democrática de España, el que ha enchufado a cientos de amiguetes y familiares –y no sólo en los dichosos ERE-, el que se ha dedicado a destruir una economía real boyante mientras tapaba la boca a los sindicatos con dinero público... ¡criticando la corrupción! Para mear y no echar gota, o sea.

Y finalmente, el asunto Bildu. El Tribunal Constitucional, compuesto por jueces con claro corte político, enmendando la plana al Tribunal Supremo, máximo órgano jurisdiccional técnico y jurídico. La prueba irrefutable de que el Constitucional es un tribunal completamente politizado es que se divida su composición en jueces progresistas y jueces conservadores.

Digo yo: ¿la ley no está escrita? ¿No hay informes periciales de las Fuerzas de Seguridad que relacionan directamente a los candidatos de Bildu con la antigua Batasuna y, por ende, con ETA? Entonces, ¿qué tiene que interpretar el Constitucional? ¿A qué viene autorizar las listas electorales de una agrupación de gentes que defienden el tiro en la nuca, el secuestro y la extorsión como modo democrático de conseguir sus objetivos? Lo que yo les diga: a pesar de que la democracia es el sistema ideal, en nuestro país deja mucho, pero mucho que desear.

Aun así, la decisión del voto de cada persona es –o debería ser- una cuestión muy íntima. No seré yo quien les diga si tienen que votar o no, y mucho menos a quién deben hacerlo –faltaría más-. Lo que sí les digo es que, cuando se encuentren delante de la urna, papeleta en mano y el presidente les solicite su DNI, recuerden por un instante aquella imagen entrañable de Lina Morgan y Tony Leblanc engañando a un bobo mediante el consabido timo de la estampita. Y luego, decidan por sí mismos.
MARIO J. HURTADO

29 de abril de 2011

  • 29.4.11
La cosa ya era preocupante, pero los dos datos económicos anunciados esta misma mañana ya resultan espeluznantes. Nada menos que 213.000 parados más, y una tasa de inflación del 3,8 por ciento. Annus horribilis este 2011, porque aún quedan tres tristes trimestres más.

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La diferencia entre EPA y datos del INEM estriba fundamentalmente en que éstos últimos son datos oficiales de personas inscritas en los servicios públicos de empleo, mientras que EPA es una mera encuesta. La fiabilidad de los datos es la misma en ambos casos, pero mientras EPA hace una estimación estadística con márgenes de error relativamente bajos a nivel nacional, los datos del INEM son claramente insuficientes: no tienen en cuenta a desempleados inscritos en programas de formación, ni a personas que buscan empleos a tiempo parcial. Por lo tanto, la realidad del empleo en España está mejor reflejada por la EPA que por los datos del INEM.

De todas formas, quizás el dato más preocupante de la encuesta conocida esta mañana es el que se refiere al total de la población activa, que ha disminuido en el primer trimestre del año. Si hubiese aumentado, sería lógico que el número total de desempleados hubiese aumentado, porque sencillamente ahora es muy difícil encontrar un trabajo. Sin embargo, el dato es aterrador: menos población activa y mayor número de desempleados significa, simplemente, que no sólo no se está creando empleo en España; ni siquiera es que se destruya a ritmos normales.

La desaparición de esos puestos de trabajo se acelera con respecto a encuestas anteriores, lo que quiere decir que de recuperación, nada; los brotes verdes fueron una ilusión, o quizás una mentira más. España no crece, no crea empleo y por lo tanto no va a salir de este desastre ni este año ni el que viene. Y, a lo peor, tampoco en 2013 o 2014.

Por otra parte, el dato de inflación de marzo, con una subida del 0,2 por ciento, confirma también varios augurios negativos: la crisis energética va en aumento, los precios de los combustibles suben, los costes de las empresas siguen ese ritmo, y los empresarios no tienen más remedio que subir precios para compensar pérdidas. A mayores precios, menor demanda de consumo y, finalmente, menor demanda agregada y menor PIB. Apocalipsis económico, más o menos.

Aun con todo esto, lo peor es que no es posible vislumbrar ninguna solución práctica. Es un hecho evidente para casi todo el mundo –siempre quedan los acérrimos creyentes de la secta o los acomodados en el sillón que dirían "puta" a su madre con tal de conservar el estatus- que el Gobierno actual, a pesar de haber cambiado (aparentemente) radicalmente de credo económico, es absolutamente incapaz de arreglar la situación.

Llega a parecer, incluso, que el Gobierno en pleno se ha rendido, que ha optado por no hacer nada para no estropear más las cosas. Pero, en el caso de unas elecciones que cambiaran al Gobierno de la nación para darlo al Partido Popular ¿qué van a hacer? ¿Se arriesgarán a tomar todas las medidas estructurales necesarias para arreglar este caos?

La situación económica de España se asemeja a una casa en ruinas. En una pared hay decenas de agujeros, y si tapamos uno, saldrá agua por otro. Como no tenemos nada más que dos manos y dos piernas –obvio usar otros apéndices corporales- sólo podremos tapar unos cuantos agujeros, pero la pared seguirá vertiendo agua. La solución más sencilla y eficaz no puede ser otra que tirar la pared entera y volverla a construir, esta vez con buen cemento, buenos ladrillos y tuberías resistentes.

Traducido a lenguaje económico, esa solución pasa, básicamente, por cambiar la mentalidad de los españoles. Se acabó el "todo gratis" en Educación y en Sanidad. Se acabó el trabajar con salarios para nada relacionados con la productividad. Se acabó el acceder a un puesto de trabajo por ser más guapo o más amigo o familiar del empresario.

¿Seremos capaces los españoles de asumir este reto? ¿Se atreverá un eventual Gobierno del Partido Popular a obligarnos a terminar la fiesta? Permítanme dudarlo.
MARIO J. HURTADO

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