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17 de noviembre de 2015

  • 17.11.15
Tras ponerle la corona de Más guapa del Planeta y después de las lagrimitas de rigor, Miss Universo hace siempre un discurso, siempre el mismo, no vaya a salirse, la hermosa, del guión: que se acabe el hambre en el mundo, que los niños no sufran más, que se acaben las guerras y que reine por siempre y para siempre la paz.



Ese es el discurso de Miss Universo: un discurso que no tiene contestación. ¿Quién es el mal nacido que puede estar en contra? Es el discurso de la Miss, pero lo es también del buenismo mundial y viene a ser en nuestra España, en “Estepaís” el cuerpo de doctrina hegemónico, la consigna total, de los que por aquí se consideran a sí mismos los buenos, los progres, la luz y la verdad. Y quien no tenía rival, ni de lejos, en la interpretación del número musical era nuestro vocalista ZP. Ahora, sus discípulos con coleta le pretenden llegar, pero ¡quiá!

El terrorismo, el islamismo fanático y asesino, ha declarado la guerra, la yihad (guerra santa), a la humanidad, al hombre en su misma esencia y libertad, a sus Derechos Humanos que costaron siglos, sangre, sudor, lágrimas y hogueras conquistar para imponer en nombre de un Dios la teocracia.

Es un terrorismo que pretende imponer una teocracia, la supuesta voluntad de un Dios, revelada en un libro sagrado a los hombres y, ante la cual, éstos deben doblegarse, acatarla o ser esclavizados, degollados y exterminados. Tal cual. Sin tapujos.

Hemos sufrido y vamos a sufrir esa guerra, su yihad, sus estragos y su terror. Nadie se engañe. Nos tocó y nos tocará. No es cuestión de que nosotros no la deseemos, es que nos quieren matar. Y nos matan. Y nos matarán. Como matan a todos los musulmanes que se les oponen y a los que masacran sin piedad.

La expresión de duelo, la vela, el cántico, el abrazo, el minuto de silencio, el reunirse todos para honrar a los muertos son expresiones de pura humanidad, de dignidad y de entereza ante el terror. Pero no son la respuesta. No puede quedarse en ello, ni pretender que sea esto lo que vaya a detener a la bomba, al fusil ametrallador, al cuchillo de degollar ni al asesino que los empuña y solo tiene una intención: matar. Con quien viene a asesinarnos no cabe otra cosa que acabar con él antes de que sea él quien acabe con nosotros. Combatimos o nos matan, como a ganado. Entiéndase de una vez.

Francia parece haberlo hecho y su reacción es envidiable. Ponen velas a sus muertos, que son de todos y bien es, en este caso del París universal, verdad, pero se disponen a pelear, a combatir y a vencer. Aquí, tras el 11-M, la reacción de nuestra izquierda fue la de llamar "asesino" al Gobierno –aunque no es menos cierto que el primero en pretender hacer carne electoral con la matanza fue el propio Aznar– y acabar por, si no justificar, sí “comprender”, como hoy se sigue haciendo, a los asesinos.

En el fondo, lo que viene a decirse es que nosotros somos los culpables. Que el que nos asesinen es nuestra penitencia por nuestro pecado original. La perversa Europa, el perverso capital, el diabólico EE.UU. y, ahora, ¡qué cosas! ya también la satánica Rusia. Ya están los tuits preparados, los pareados y las consignas y la pancarta vieja que se sacará a pasear. No han tardado y a más irán, podemitas e islas adyacentes, en hacerlo y en salir con la monserga, con la pamema, en suma, con el discurso de la Miss.

Pero en esta ocasión, más allá de los para siempre abducidos, no parece que vaya a colar el sermón. Porque cada vez somos más conscientes de que en esto nos va la vida, y no es metáfora; nuestra civilización y nuestra libertad. El peligro es inminente porque amén de aquellos lugares donde el terrorismo ya es estado, como en parte de Siria y de Irak, aquí en nuestra propia casa europea, en la puerta de al lado de donde vivimos, tienen ya quienes, ahora mismo, su principal obsesión y misión es cómo pueden matarnos a más. Y, ante ello, no podemos responder con velitas ni con el simbolito hippie de la paz.

ANTONIO PÉREZ HENARES

10 de noviembre de 2015

  • 10.11.15
Contaban sobre un ministro alemán de Exteriores llamado Hans-Dietrich Genscher, que un día habían chocado dos aviones en el aire y en los dos iba Genscher. Tal era su continuo trasiego y el don de la ubicuidad del que parecía disfrutar. Pues bien, el alemán era un aprendiz. Usted ponga la televisión y la radio que quiera, a la hora que le dé la gana y en el programa más variopinto, aunque sea uno de montar en globo o de casquería sentimental, y en todos están Iglesias o Rivera. Y si tiene suerte, o mala, puede que los dos juntos.



Si van, desde luego, es porque los llaman. Porque dan share de ese, o sea, audiencia. Y a ellos les interesa ir para vender su mercancía, que por lo visto la saben vender mejor que otros o, por lo menos, despiertan más interés por el producto, así de primeras dadas.

Nada, pues, que objetar sobre el asunto. Me limito, como observador, a constatar el fenómeno. Aunque no deja de tener su gracia que uno, Pablo, se ha quejado de que el otro, Albert, no salga de las pantallas. Con cámara y micrófono delante, claro. Al de la coleta le escuece la competencia, porque antes el oligopolio lo tenía para él solo.

No las he tabulado todas, a tanto no llega mi perversión ni mi paranoia, pero estoy convencido de que pasarán de las mil entrevistas cada uno en lo que va de año y eso que no hemos ni empezado la campaña. Si se les minutara, nos encontraríamos que han batido todos los récords históricos.

Y, aunque sé que me van a linchar por ello, pues aquí el sentido del humor solo se les permite a unos cuantos que lo utilizan como excusa para su escarnio sectario, creo que es constatable una evidencia: que salen más que Franco en el NODO. El dictador jugaba con ventaja, pues tenía la televisión para él solo. Pero ahora, estos, aunque haya libertad de mercado, multiplican por todas las cadenas las oportunidades. O sea, que pueden hacerse unas cuantas diarias.

Pero, insisto, van porque los llaman. Si hacen tournés de una a otra cadena es porque los reclaman. Libertad se llama y razones tienen ambos, los que invitan y quienes aceptan. Solo me quedan en el tintero, constatados asépticamente los hechos, dos cuestiones.

Una: espero que no se les ocurra quejarse de que no les han dado cancha, espacio, terreno y altavoces. Que ya verán, de hecho Podemos lo ha hecho, cómo protestan. Dos: que puede que la cosa tenga a la larga deje a pares. El atracón de un día sí, al otros dos veces y el fin de semana triplete, puede producir un empacho monumental. Un entripado peor que el de un atracón de miel, que son los peores por si no lo saben, que acabe con el personal ahíto de escuchar siempre lo mismo, a los mismos con las mismas, aunque sea tocando la guitarra. Que quedan dos meses para la urna y puede ser muy, muy cansino.

¡Ojito con el “Efecto Carmona”! Así se define el fenómeno mediático mediante el cual, y alcanzado ya el punto de saturación televisivo, cada aparición en pantalla no solo no suma un escaño sino que lo resta al que sale.

Sé que los jefes, asesores y todos los tramoyistas del circo, perdón, de la campaña, ni de los unos –los que ahora están en la cresta– ni de los otros –los que están bajo la ola– harán de estas prevenciones caso alguno. Los de los emergentes porque creen que así arrasan y los sumergidos, verdes de envidia, porque lo único que están deseando es salir a flote y ser ellos quienes hagan gira por todos lados, espacios, momentos y programas.

Sánchez apuntaba maneras y tenía percha pero va camino de ser el “Actor secundario Bob”, el de los Simpsons . A Rajoy simplemente no le pega. Ni quiere. Y si estoy plenamente de acuerdo en algo con el presidente es en su rotunda negativa a ponerse a bailar ante las cámaras.

ANTONIO PÉREZ HENARES

3 de noviembre de 2015

  • 3.11.15
Quien manda ahora en Cataluña, quien dirige el proceso secesionista, quien ha adelantado y fijado la fecha del Golpe de Estado en diferido no es ya ni Convergencia, ni Mas. Quien dirige el barco y marca rumbo, deriva y boga es la ultraizquierda, son los extremistas de la CUP, con su ideología antisistema, antieuropa, antipropiedad privada y anti Sursum corda; con sus filias proetarras, su discurso anarcoide, sus marxismos-leninismos-maoistas-bolivarianos y todo lo que quepa en ese saco.



La derecha catalana, la burguesía convergente, los “hijos” de Pujol, los que un día presumían de sensatez y de representar el seny son hoy abducidos catecúmenos y delirantes comparsas de quienes los han tomado prisioneros. Unos exultantes, que los hay y muchos, con fe de conversos enamorados; otros inquietos y, también, los que sienten el vértigo y hasta el pánico de dónde han ido y dónde se han dejado llevar.

Porque eso es lo que ha conseguido el “astut” Artur. Convertir a su formación política en una marioneta de la extrema izquierda y a él mismo en un monigote mendicante. Lo que ahora sucede es, en primer lugar, producto de su desvarío, pero lo es también de su derrota en las urnas. Mas y Junqueras perdieron, otra vez, y en este último envite la mayoría absoluta de la que ambos disponían y en la que fijaban el poder efectuar el órdago con cierta solvencia contra España.

La perdieron en lo que al falseado plebiscito se refiere, ni sumando con la CUP alcanzaron al menos un exiguo 50 por ciento de los votos emitidos. Se quedaron en un 47 por ciento de los votos emitidos, que es un 35 por ciento del censo catalán completo. Muy pobre, muy falaz para declarar una independencia cuando no sirve ni para modificar un estatuto.

Pero es la única vía de escape, aunque sea hacia el abismo. Porque Mas, encollerado con Junqueras, maniatados ambos, y él, encima, cercado por la corrupción de familia, la de Pujol, que es la suya, y la de su partido, no tiene otra, aunque este sea el final de la escapada.

El anuncio del golpe de Estado contra la Constitución, el Estado, la soberanía nacional, todas sus leyes y la aberrante hoja de ruta de desobediencia, ruptura y sedición planteada ha colocado a todos en una situación límite y hasta final. Y eso es lo que, más que nadie, pretende la extrema izquierda. Un caos final y una hecatombe donde la vanguardia revolucionaria con audacia y sin escrúpulo alguno legal o democrático que valga se hace con el poder. Eso es lo que está sobre la mesa.

En realidad, casi hay que agradecérselo. Porque este episodio ya deja todo al descubierto, en cueros vivos y en descarnada violación de todo consenso y convivencia. Es una agresión en toda regla, una imposición por la vía de los hechos consumados que se lleva por delante a cualquiera que pretenda todavía seguir con juegos malabares o melifluas equidistancias.

Ya no queda sino retratarse. Todos. Sin posibilidad de hurtarse. A la extrema izquierda, a las CUP, hay que agradecerles que todo esté ya muy claro y en días veremos, ya estamos viendo, dónde está cada uno. Uno a uno, en Cataluña y en el resto España, vamos a pasar y posar de frente, que ya de perfil no vale, por el “retratero”.

ANTONIO PÉREZ HENARES

27 de octubre de 2015

  • 27.10.15
Cuando los datos del paro registrado a finales de agosto no fueron buenos –tampoco eran malos para la fecha–, la oposición, los sindicatos y el agitprop red-radio-televisivo se lanzaron en tromba a gritar que era la prueba evidente del derrumbe de la previsión gubernamental. Cuando los datos de septiembre fueron regulares, subía mínimamente el número de parados apuntados a las listas pero también ascendía el de afiliados a la Seguridad Social, a pesar de que estacionalmente eran cifras “buenas”, prosiguieron con su cantinela por tierra, mar y aire.



Cuando ahora la EPA del tercer trimestre bate cifras en positivo de toda la serie histórica ¿qué dicen? Pues, aparte de notárseles un montón el disgusto, que disimulan muy mal, acaban en que esto no es lo que parece, que es poco menos que mentira, que los datos según se mire y que todo precariedad. Y, además, tras pasarse una vida diciendo que lo que valía era la EPA, ahora resulta que al revés.

Por ello, es iluso suponer, en ciertas declaraciones, un mínimo ya no de objetividad sino, y ni siquiera, un ápice de credibilidad. La misma, más o menos, que tenían cuando, ya hasta el cuello en la crisis, no solo la negaban sino que hicieron un concurso de ocurrencias para bautizarla de cualquier otra manera, como si no mentando la bicha fuera a desaparecer.

Los datos serán fríos pero son los que son y dicen lo que dicen. Y lo que dicen es claro. Que este trimestre el paro ha bajado en casi 300.000 personas, un récord absoluto, y que se ha logrado por vez primera tras cuatro año descender de los cinco millones de parados (4.850.800). Y, además, y también por primera vez desde entonces, la cifra de ocupados ha vuelto a superar los 18 millones, al sumar 182.2000 más.

Total, que aunque estamos mal, porque esas cifras siguen siendo terribles, estamos mejor y la tasa de paro ha bajado al 21,18 por ciento, que sigue siendo una barbaridad, pero mejora aquella situación infernal cuando llegamos a estar, en el momento peor y más dramático, en unos dígitos de pánico (primer trimestre de 2013: 17 millones raspados de ocupación; 6,3 millones de parados: un 26,94 por ciento de tasa de desempleo). Hasta ahí llegamos a caer. Aunque ahora algunos hagan un enorme esfuerzo de desmemoria para no recordar.

Porque es bien cierto que el Gobierno actual recogió una situación no tan matemáticamente tremenda. En el último trimestre de 2011, última cifra zapateril, la ocupación era de 18,1 millones, aunque ya el paro era superior a 5,3 millones. Pero estábamos en caída libre y el siguiente trimestre, el primero del 2012, el primer recibo al cobro de “herencia” era ya de 5,7 millones de parados y de 17,8 millones de ocupados que hubo que ir frenando en medio de griteríos de "¡rescate, rescate!" y primas de riesgo desbocadas galopando por las pantallas televisivas durante mañana, tarde y noche. 300 profetas del Apocalipsis metidos a economistas las comentaban entusiasmados.

Un año después, el primero de Legislatura, se alcanzó el punto de máxima tensión, el antes citado del pánico casi total de aquel 2013. Pero desde entonces, negarlo es no querer ver, comenzó la mejora y esta ha sido continua, sostenida y, en los últimos tiempos, acelerada.

Desde aquel punto crítico, el número de ocupados ha aumentado en un millón y el paro ha descendido en 1,4 millones, pues en efecto, el número de población activa ha disminuido también, especialmente por emigración retornada a su países de origen y alguna nuestra que ha marchado a otros países, sobre todo de la UE. Y si nos atenemos al último año, encontramos incluso un dato mejor: que en estos últimos doce meses el empleo ha ascendido en números absolutos en más de medio millón (550.000) y el número de parados ha descendido en similar cantidad (577.000).

Es, pues, lógico que De Guindos, Báñez y Rajoy estuvieran satisfechos. Lo que ya no resulta tanto es que quienes hace tan solo unas semanas volvían a augurar la catástrofe con unos datos, ahora rechacen estos de mayor dimensión y contundencia. Acuñando, eso sí y de inmediato, el apelativo de "triunfalista" para quien hace ejercicio de una prudencia de la que ellos carecen al anunciar reiteradamente la catástrofe.

No es, aunque no se quieran enterar, por este lado donde está el flanco débil ni la herida sangrante de este Gobierno. Ese es otro y se llama corrupción. Pero del económico les puede llegar incluso un último disgusto añadido. Y es que el número de parados registrado descienda como ha descendido este de los cinco millones, de los cuatro, marcando por abajo uno de esos listones que hay que dejar atrás.

Estamos a tan solo 94.000 de conseguirlo y los meses por venir pueden lograrlo. Pero dará igual. Entonces serán esos datos los que habrá que ningunear. Como se intentó hacer con una EPA que es más ya que una esperanza. Por lo menos para 300.000 personas que tienen cara, ojos y trabajo.

La EPA. ¿Qué es la EPA? ¿A quién le importa el paro, hombre? La prioridad es denunciar el Concordato (que, por cierto, no existe desde hace lustros) y liarla con la Religión. Han ganado un voto por lo menos. El de Irene Lozano. ¿Alguno por ahí piensa en los que han podido perder?

CHANI PÉREZ HENARES

20 de octubre de 2015

  • 20.10.15
Dice Irene Lozano que lo suyo es una prueba de la regeneración del PSOE. Lo que parece es exactamente lo contrario. Lo que demuestra es que estos "regeneradores" no es que sean como aquellos que pretendían regenerar sino que son, incluso, más ávidos y hambrientos de escaño, poder y prebenda. También de sueldo.



La periodista metida a política ya tiene nueva "profesión" y si algo demuestra con este último salto es que mantenerse en ella, en la "casta", es lo que le mueve y le interesa. Lo demás son cuentos. Esas milongas de principios y grandes palabras que para nada se compadecen con los hechos. Si en vez del PSOE hubiera sido Podemos –o, aun mejor, Ciudadanos– quien le hubiera abierto un resquicio, sin dudarlo ni un instante, se hubiera colado.

A Irene Lozano se le ha visto ya definitivamente el plumero que quedaba por verle. Por lo que se metió en política y cómo la entiende. Y, por si fuera poco, ha aceptado y ha empleado para conseguirlo los modos, formas y maneras que se ha pasado cuatro años criticando. A eso, en mis tiempos, se le llamaba cooptación, pero es más fácil entenderlo a lo castizo: pillar cacho con el jefe y trincar escaño.

Lo de empezar desde abajo y currárselo queda para los pringadillos. Que es, me imagino, como deben empezar a sentirse los socialistas de a pie y hasta de a caballo, a los que Sánchez, con sus "fichajes", está haciendo caer del burro para aupar a lo que le parece.

El PSOE madrileño siempre tiene algún incendio pero es que ahora está por entero en llamas, aunque sería más preciso decir que en cenizas. Este último episodio se viene a sumar a toda la ristra desde la debacle de Carmona de un camino hacia el precipicio que puede estallarle al líder del partido entre las urnas y suponerle la peor de las costaladas.

Porque empieza a parecerme que lo de Lozano, lo de la catalana del PSC, Meritxell Batet, de número dos y algunas otras ocurrencias entre las que excluyo lo de la comandante Cantera –un acierto–, pueden pasarle factura. Y donde más le duela: en su propia candidatura y carne.

¿Y si con estas bromas en Madrid no solo no gana sino que no queda ni segundo? Porque hay mucho cabreo socialista y muchos militantes que se sienten pisoteados y hasta insultados. En Madrid, en Sevilla, en Badajoz, en Toledo y en Guadalajara, que es donde han tenido que recolocar a la que desplazó la ex UPyD, la secretaria de Empleo del partido, Luz Rodríguez, que ocupa el puesto al que ha tenido que renunciar el alcarreño Pablo Bellido, obligado también a renunciar porque el juzgado le notificó que no levanta su imputación en un presunto delito de estafa.

En fin, que en este fichaje la única que se lo lleva es Irene Lozano. Que ella gana pero que quien pierde es el PSOE y que, en vez de sumar, les puede restar votos. No es tan total la desmemoria de sus insultos tanto a sus antiguos compañeros de partido, al bueno de Sosa Wagner al que masacró vivo, como a los nuevos, a los que ayer mismo les llamaba de todo menos bonitos.

Ya se lo han recordado Susana Díaz y Fernández Vara. Como tienen fresco en la memoria los socialistas madrileños que tendrán que irla a votar mañana. Pero a Lozano qué le importa. Ella ha pillado el cuatro. Y de eso es de lo que se trata. ¡Mi escaño, mi escaño!

ANTONIO PÉREZ HENARES

13 de octubre de 2015

  • 13.10.15
Después del último fiasco electoral de Mas, la situación en Cataluña no es que camine hacia el abismo, que también, sino hacia un esperpento cada vez más grandioso. El disparate separatista, de por sí ya quimérico, está alcanzando cada día que pasa ribetes de tal calentura y alucinación que empieza a no haber palabras, ni siquiera en la psiquiatría, para describirlos.



La CUP, una organización más allá de la extrema izquierda, de noviazgos filoetarras, revolucionaria sin anestesia, presta a implantar un régimen soviético y establecer la anarquía como gran receta libertaria, es ahora quien conduce el vehículo del secesionismo. “Mejor imposible”. Ya solo falta Jack Nicholson, excepcional en su papel y en aquel otro de Alguien voló sobre el nido del cuco, para que de inmediato lo elijan para presidir la cosa.

Pero seguro que se negaba. Porque quizás para el momento ya solo quepa, y ya que una propuesta es de coralidad, El camarote de los hermanos Marx para hacerse cargo de la Generalitat y que Groucho comenzara su discurso de investidura con aquello de “la parte contratante de la primera parte”.

Porque es ahora el matrimonio con esa formación y esos postulados la propuesta, la situación surrealista a que se entrega la dirección política de la derecha catalana, de una burguesía que ayer presumía de “seny”, de las gentes del orden y el comercio. Ni Dalí ni Buñuel, disparatando genialmente juntos, hubieran llegado a imaginárselo.

El quilombo actual proviene del nuevo trastazo del “Astut” que se ha pegado en las urnas y de nuevo contra los alambres. Porque ha sido una costalada monumental por mucho que se camufle. La mayoría absoluta ya la tenían con la suma de la vieja CiU, que ha dinamitado, y ERC: 71. Pues bien, han perdido nueve escaños cuando se suponían que sumarían y que todos, en amor y compañía, iban a arrasar y más comenzando la campaña en la Diada y acabándola en el puente de la Merced para que no fueran a votar los “malos catalanes” que quieren seguir siendo, además, españoles y europeos.

El tercer batacazo de Mas, que van tres en los que ha pasado de los 51 diputados de su partido a los 30 de que dispone ahora, lo ha colocado a él, a su formación política y a todo ese estrato que fue mayoritario de la sociedad catalana ya no solo como subordinados a ERC sino como oferentes y mendicantes ante una formación que a su votantes, lo menos que les pone, es los pelos de punta. A sus votantes y a todos quienes no comparten sus recetas, que no ocultan y que vienen a ser un mix entre el chavismo y el régimen albanés comunista.

Si Europa había dicho por activa y por pasiva, aunque no quisieran oírlo, a viva voz y por escrito, lo que les parecía el invento independentista y la puerta que ellos mismos se daban de salida, imagínese cualquiera el alborozo de Bruselas y del mundo entero, en su vertiente democrática, desarrollada o simplemente sensata, con la CUP dirigiendo el Prucés, la procesión, vamos. Con ello, cualquier ribete de moderación, de europeismo, de normalidad queda ya no arramblada sino se que ha ido por la torrontera como esos coches arrastrados por la avenida cuando llega la gota fría.

Porque el problema en que se han metido los separatistas ha derivado de su obsesión y apuesta única. Todo a la independencia. Un potaje de todos juntos y revueltos con un único objetivo. Y van y fracasan. Porque para la mayoría en escaños se quedan colgados de la CUP y a la absoluta en votos emitidos no llegan. Un 47 por ciento fatídico que sobre el censo se queda en un 35 por ciento. Y hasta los de la CUP, que son muy revolucionarios pero algo más precisos con las Matemáticas, dicen que eso no llega a la mitad siquiera.

Ahora ese potaje es una olla hirviendo y me malicio que no tardará en devenir en “olla podrida”, en la que algunos habrán de empezar a buscar alguna salida antes de que estalle y lleguen los cachos a todas sus supuestas fronteras. Todo es un revolutum de cuestiones enfrentadas donde los intereses de cada cual se disparan.

El primero, ese de Arturo, cuyo pellejo presidencial peligra. Pero todo lo demás es aún peor. ¿Proclaman mañana la Republica Soviética y Libertaria de los Países Catalanes? ¿Acuñan moneda propia? ¿Se alían con Putin?

¿Qué parecen desvaríos lo que escribo? No. El desvarío es el suyo y cada vez más evidente. Y hoy a muchos catalanes les preocupa ya mucho. Incluso a una buena parte de los catalanes que el pasado día 27 votaron a Juntos por el Sí porque eran gentes de Convergencia, nacionalistas y hasta veían que se podía apretar con ese voto.

Lo lógico es que empiecen a estar asustados. Pero no de ese miedo que quieren inculcarles a España. Ni a delirantes invasiones ni a opresiones inventadas. El miedo de muchos catalanes es cada vez mayor a lo que dentro de Cataluña se ha incubado y les amenaza. El miedo de muchos catalanes no es a lo que diga o haga Madrid, ni a lo que haga Bruselas. El miedo de cada vez mayor y mayoritario número de catalanes es a lo que está pasando, a dónde les están llevando, los suyos y desde dentro. Y, visto lo visto, es para tenerlo.

ANTONIO PÉREZ HENARES

6 de octubre de 2015

  • 6.10.15
El largo partido llega a su fin. Pero es posible que cuando nos vayamos de Navidades solo sepamos los puntos ganados por cada cual, o sea, los escaños, pero no el resultado definitivo y quién levantará el trofeo del poder. Porque todo está cambiando y quien gane a los puntos acabe por sucumbir en los vestuarios. Y descuiden que nuestros políticos, maestros en considerar que la palabra dada en elecciones solo sirve hasta que se abren las urnas, nos vayan a aclarar nada.



Nadie hará otra cosa sobre lo fundamental y lo concreto que soltar una retahíla de eufemismos a la que nos tienen acostumbrado en esa prosa insufrible suya, engolada, mendaz, sinuosa y escurridiza en lo declarativo y de consignazo puro, dislate máximo y grito pelado en mitin, que ya no hay quien la aguante. ¡Qué tortura de fondos y formas! ¡Qué insulto continuo a la lengua de Cervantes!  –eso va por el "los" y el "las", que burla la inteligencia de las gentes–. Pues prepárense. Esta berrea dura hasta finales de diciembre y el único consuelo es que después puede que amainen los bramidos en los que llevamos todos estos años.

No hay pronósticos que valgan. Excepto que el juego será, como poco, a cuatro y a pactos. Así de primeras y de inicio, con el rescoldo catalán aun calentito, los de Ciudadanos están muy crecidos y los del PP preocupados. Los de Podemos se están poniendo más amarillos que morados y los del PSOE, que siguen perdiendo, piensan que de pérdida en pérdida y, como les pasó en las autonómicas, acabarán por llevarse el gato al agua, aunque para ello tengan que pactar con el lobo mismo. Les ha salido y, si pueden, les saldrá de nuevo. ¿Que quién será el lobo o el cordero? Les da igual, que les da lo mismo. El que se deje y, si hacen falta dos y unos cuantos independistas, pues también, que la Moncloa bien vale un principio y hasta un despeñadero.

Los socialistas pueden volver al poder. Es hasta la posibilidad más probable. Aunque dejaran como dejaron el país hace ahora cuatro años. Pelillos a la mar. Sánchez está limpio de aquello, aunque lo votara y defendiera. A aquello se ha pasado página y ya pagaron por ello. Ahora deben pagar los populares. ¿Y por qué si han salvado a España, eso es verdad, de la quiebra y de la ruina? Pues por la corrupción, señores.

Por ella en sí misma pero aún y más todavía por no haberle dado respuesta contundente, ejemplar y creíble. Por haber intentado sellar y tapar la fosa séptica en vez de proceder a limpiarla con lejía y estropajo. Por haber mantenido en sus filas a personajes impresentables. ¿Que otros también? Pues claro, pero ellos son el Gobierno.

Tenían todo el poder y eran el espejo. Hoy roto y que les pasará una enorme factura. ¿De cuánto? ¿De tanto que supere al haber de sus éxitos económicos, de conseguir la recuperación económica, salvarnos del precipicio y comenzar a crear a relativa velocidad empleo? Pues eso ni lo saben ellos ni lo sabe nadie. En la noche del 21, a boca de entrar el invierno, se lo cuento y ya les digo que quizás ni entonces podrá darse el pronóstico. Ni a urna pasada, vamos.

Así que mejor nos relajamos y nos ponemos a contemplar y escuchar con no demasiada pasión  –lleva uno muchos pases pegados y ya no tiene, ni aguanta, para un discurso más– el entrechocar de cuernas y los grandes bramidos reclamando la entrega de nuestro voto. Y ya, la verdad, es que la mayoría ni somos ciervas ingenuas ni mucho menos vírgenes vestales en política. Aunque en estas algunos vayan de ello. Pero eso es algo que se pasa pronto y ya se les está viendo, desde Madrid a Sevilla, a los unos y a los otros, bastante más que el plumero.

Rajoy, el hombre, es quien parece tenerlo peor. Aunque gane y aunque luego pacte, a lo mejor es su cabeza el precio del acuerdo. Contra él se concitan todos y, llegados a este punto, es cuando me da la gana salirme de la parva. A mí, a pesar de sus fallas, de su incapacidad de liderazgo, de saber generar ilusión y de su falta de empuje para conjuntar el país en defensa de nuestra unidad, principios y valores constitucionales, a pesar de todo ello y de más cosas, resulta que me sigue pareciendo en tantas ocasiones más sensato, cabal y prudente que muchos de los que le acosan, y de los que de nuevo y contumazmente ya andan cocinándole escándalos y cavando por enésima vez su tumba. Y, desde luego, mucho mejor que bastantes de su partido, que son algunos de los anteriores. Porque a mí, qué cosas, Rajoy siempre me ha parecido mejor que el PP, así por término medio.

ANTONIO PÉREZ HENARES

29 de septiembre de 2015

  • 29.9.15
El eclipse de luna alcanzó este domingo al separatismo. Mas y Junqueras no solo no han conseguido la mayoría absoluta que ya tenían (71 escaños), sino que la han perdido (62 escaños). Ahora, para sumar, dependen de la CUP –sin ley, sin UE, sin euro, anarquía y desobediencia como declaración de principios– para llegar a los 72 en total. Dos menos que los que tenían juntos en el actual Parlamento (74 escaños).



Las matemáticas son implacables con Mas. Comenzó con CIU y 72 escaños en 2010, perdió 12 en 2012, y ahora Convergencia solo tiene 30 escaños de los suyos en el Parlament. ¡Sendero triunfal! Pero los datos son igualmente crueles para los “sumados”, Convergencia y ERC. Nunca desde el 1984 (77 escaños) habían dejado conseguir entre ambos la absoluta, con el pico de los 81 en el año 1992. Con respecto a las pasadas elecciones, han perdido en conjunto nueve escaños y un 5 por ciento de los votos.

Pero si se cuentan los votos en vez de los escaños, es donde ya no cabe hablar de victoria pírrica sino de derrota sin paliativos. El separatismo ha perdido el plebiscito que pretendía como legitimación y que era su apuesta definitiva. Se ha quedado, a pesar de ventajismo, agitprop mediático del “régimen”, comienzo en Diada y finalización en “puente” en un 47,8 por ciento de los votos.

No ha conseguido ni siquiera la mayoría de votos emitidos. Ni siquiera ha llegado a los dos millones de votos sobre un total de 5,5 millones de catalanes con derecho a ejercerlo. O sea, un exiguo 36,50 por ciento del censo. Y un elemento añadido y trascendental: Barcelona, tanto provincia como ciudad (58-42/ 55/45), por un amplio margen, como Tarragona (51/49), han votado no a la independencia, mientras que las rurales Lérida y Gerona sí lo han hecho mayoritariamente por el sí.

¿Tiene cada cual también “derecho a decidir”? El voto urbano en general ha sido mayoritariamente antiseparatista. La participación récord ha sido la responsable. Sin ella, hoy el escenario sería verdaderamente endiablado y mucho más preocupante. Los amordazados por el independentismo han hablado en las urnas y han resultado ser más que los que gritan. El separatismo –después de tan desaforada parafernalia– no solo se estanca, sino que retrocede.

A los separatistas, está claro, se les dan mejor los desfiles y las encuestas que las urnas. Pretender proclamar una independencia con tales argumentos y sin mayoría de votos se antoja ahora aún más disparate que ayer y seguro que menor que mañana. Por carecer de legitimidad electoral, por las alianzas con la extrema izquierda antisistema, por el conglomerado de Juntos por el Sí que ni siquiera sabe ni cómo ni con quién podrá formar gobierno, que esa es la primera, ni quién habrá de encabezarlo.

No es nada descabellada, a corto plazo, la dimisión de Mas, pedida por Inés Arrimadas, ni que haya que ir a otras elecciones, éstas para hablar de programas y gobierno en Cataluña, tras unas generales donde ¿se volverán a presentar juntos Convergencia y ERC en vista del fiasco cosechado? Pues habrán de decidirlo ya mismo, porque están a la vuelta de la esquina.

El triunfo en estas elecciones ha sido el de Ciudadanos. Se ha convertido en segunda fuerza con 25 escaños, que aunque alejado del conglomerado JxSí en solitario, queda a un suspiro de Convergencia. Triplica resultados, se hace con la primacía de los constitucionalistas, superando tanto a PP como a PSC y da un paso trascendental como partido decisivo no solo para el futuro de Cataluña sino también para el de España, dentro de unos meses. Una garantía de estabilidad, lealtad constitucional y centralidad democrática.

El PSC ha seguido perdiendo muebles. De aquellos 50 escaños que un día llegó a tener ha pasado a 16, su peor resultado de siempre. Y aunque no tan mal en la serie histórica pero aún peor en lo inmediato le ha ido al PP, que se ha quedado con 11 escaños (y gracias, que aún eran más bajas sus expectativas con Camacho, mínimamente restañadas por Albiol) su más bajo resultado desde 1992.

Los dos saben muy bien dónde se han ido sus votos. A los populares, además y sin duda, esto les supone una complicación añadida para las generales, que además ha de cuidarse muy mucho de no agredir al único que puede ser su único y casi exclusivo aliado. La alegría de los socialistas y Sánchez solo se explica porque se lo esperaban peor y porque Podemos se ha pegado el más sonoro batacazo.

Lo de Pablo Iglesias ha sido de menos dos. Porque eso es lo que le ha restado a Iniciativa que sola, sin el “Coleta Morada” haciendo el indio, obtuvo la vez anterior 13 escaños y ahora se ha quedado en 11. O sea, que en vez de sumarle, le ha mermado. Un desastre podemita que incide en un declive cada vez más pronunciado y que alegra sobremanera a los socialistas.

Su hegemonía en la izquierda cada vez peligra menos. Lo que peligra es Podemos, sus pactos del embudo y la soberbia y fatuidad de su líder. Con un añadido: en su fiasco, además, está la verdadera clave de que el separatismo haya alcanzado mayoría de escaños. Porque los votos que no ha sumado son los que han engordado a la CUP.

De haber cumplido mínimamente sus expectativas y haber alcanzado al menos los 16 escaños, algo que se daba muy por superado hace tan solo semanas, esa mayoría parlamentaria ni siquiera existiría. Podemos no ha servido ni para ello en esta ocasión. De “Coleta Morada” ha pasado a Pablo “Menos dos escaños”. Tic-tac, tic-tac... “Macho Alfa”.

ANTONIO PÉREZ HENARES

22 de septiembre de 2015

  • 22.9.15
La tentación de enjuiciar sumariamente a los antecesores en el poder parece haberse apoderado del panorama político nacional y regional. En principio, levantar alfombras, revisar cuentas y poner al descubierto irregularidades, si las hubiera, no puede parecerle mal a nadie a no ser que tenga algo que ocultar. Nada, pues, que objetar al criterio.



Pero –y el pero es de tal envergadura que puede muy bien convertirse en tacha absoluta– ¿quién es el jurado y quié el juez? ¿Serán los que juzgan, los rivales y enemigos políticos? Pues si es así, eso no tiene, no puede tener, validez alguna. Se pueden además ahorrar la pantomima: los encausados del bando contrario son de antemano culpables.

En ningún jurado del mundo, en ningún Estado de derecho se admitiría en un juicio algo semejante. Los miembros del jurado serían de inmediato recusados y con toda razón. No se puede ser juez y parte. Y ellos son, por conveniencia política, exactamente eso: parte y juez. El resultado de la famosa comisión investigadora está ya redactado de antemano: la mayoría de votos partidistas declarará culpable a quien esté ahora en minoría.

Otra cosa es que por auditores externos, fuera de toda duda o encargo con objetivo ya marcado, se efectuara una revisión de acciones y cuentas. Y si al desbrozarlas aparece algo punible pues ¡a los tribunales! que para ello están. Y, además son ellos, y nadie más que ellos, quienes emiten en un Estado de derecho veredictos. Lo demás es simple y llanamente un intento torticero de suplantarlos para sacar réditos de opinión publica y electorales.

Sin embargo, es precisamente por ahí por donde parecen ir las cosas. Ha sucedido en el Ayuntamiento de Madrid, donde un sanedrín político compuesto por Podemos o como quieran llamarse en la plaza, PSOE y Ciudadanos, y a iniciativa de estos últimos, va a ponerse a juzgar a todos los alcaldes desde que la izquierda perdió el sillón, lejanos tiempos de Barranco, tras los años de Tierno, hasta ahora que ha recuperado el mando.

Y lo van a hacer no con gentes sin ataduras, intereses y por tanto tachas, sino políticos con todas ellas precisamente por serlo. La portavoz de Ciudadanos, Begoña Villacís, aseguraba que no era esa su intención, pero lo cierto es que en eso se ha convertido.

Pues algo idéntico pretenden hacer en la Diputación de Toledo y también con la necesaria colaboración de Ciudadanos que aquí, además, vulneró su “principio” de apoyar la lista más votada y entró de hoz y coz junto a IU y PSOE en un pacto contra ella, la del PP, a la que le faltaba un solo escaño para tener la mayoría absoluta.

Su coordinador general, Antonio López, un hombre que ha pasado por la totalidad del arco político pero siempre ha tenido obediencia “bonista” y parece seguir siendo el más eficaz chófer que el PSOE tiene para acarrearle votos que no son suyos, es el elemento clave en la operación que se pretende llevar a cabo. Juzgar y condenar a Arturo García Tizón. Un juicio político, sumarísimo y con el jurado que ya tiene, antes de empezar a mirar un papel, escrito su veredicto. Culpable. Se podían ahorrar los considerandos.

No resultan de recibo ni la intención ni, menos aún, las formas y las garantías. Pero además me parece que alguno puede acabar pegándose con ello el definitivo tiro ya no en el pie, sino en el codillo. Y ese alguno es la formación de Albert Rivera que con esto, unido a la personalidad, pasado y hechos de su coordinador, puede dejarles en próximos comicios reducidos a la irrelevancia.

ANTONIO PÉREZ HENARES

15 de septiembre de 2015

  • 15.9.15
En estos momentos, las siglas separatistas disponen de mayoría en el Parlamento catalán para consumar lo que perpetran para después del 27-S. CiU dispone de 50 diputados que, sumados a los 21 de ERC, ya les dan la mayoría, incluso sin necesidad de los tres de CUP: 74 sobre un total de 135. Todo indica, además, que ahora no alcanzarán esa criara. La lista conjunta de Mas con Junqueras e islas adyacentes puede perder hasta diez diputados, quedándose en los 60. Y la CUP solo recupera de ellos cinco, yéndose hasta los ocho.



En el filo, la suma de la mayoría. Que no lo es en ningún caso en votos, pues roza el 44 por ciento y ello no estimado sobre el censo sino sobre sufragios emitidos. Sobre el censo, en realidad ese 44 por ciento se queda en un exiguo 33 por ciento de la población.

Hago estas cuentas porque resultan muy relevantes en sus conclusiones. Mas y los separatistas, si consuman su golpe anticonstitucional, acabarán por ejecutarlo tan solo con el supuesto aval de una tercera parte de la población catalana. Y utilizando una trampa absoluta, esta sí que lo es, pues lo que ahora se vota son unas autonómicas que eligen un parlamento autonómico para que éste elija, a su vez, un presidente de una autonomía.

Para lo que pretenden, ni pueden ni tienen competencias, ni legitimidad, ni legalidad nacional ni internacional que les ampare. Pero lo harán. Y en este momento, pues el momento es la clave del plan para violar la ley, ciscarse en la Constitución y romper la Nación. Para dar un verdadero golpe contra el Estado y contra la España democrática.

Para ello, lo que maquinan es aprovechar, aunque sea con esa exigua mayoría parlamentaria, el momento en que suponen que el Estado Democrático se encuentra más indefenso ante esa agresión. O sea, desde el momento en que se disuelvan las Cortes, tanto Parlamento como Senado, se celebren elecciones, el Gobierno esté en funciones y no se hayan constituido las nuevas ni elegido nuevo Ejecutivo.

Por ejemplo, la posibilidad de poner en marcha el artículo 155 de la Constitución, que requiere la aprobación por mayoría absoluta del Senado. Suponen que en esas fechas la respuesta será más difícil a lo que, bien lo saben, es una traición a la Constitución que votaron y, se ha escrito negro sobre blanco en Europa, a un autentico Golpe de Estado. Porque eso y no otra cosa será la intentona.

Me resulta por ello verdaderamente grotesco que el líder de la oposición se haya puesto a barritar por la medida para cortar de raíz tal posibilidad que, en uno de sus flecos, lleva a que el Tribunal Constitucional se dote de los mecanismos para hacer cumplir sus sentencias de manera eficaz y contundente. O sea, que si en un momento y ante un golpe anticonstitucional ha de inhabilitar a quienes lo hayan perpetrado, esa resolución se cumpla. Quizás ahora sí lo entienda Sánchez. O quizás es que no lo quiere entender.

Es política no solo es conveniente, sino estrictamente necesario, prever todos los escenarios. Y este es uno de los posibles. Además, reiterado como amenaza de continuo. Otra cosa es que ni siquiera puedan consumarlo, pues las encuestas se quedan en el filo de la navaja ante esa posibilidad. Una probabilidad ante la que cualquier gobernante con un mínimo de responsabilidad ha de estar preparado y pertrechado de argumentos, pero también de instrumentos legales, jurídicos y por supuesto coercitivos, si quien debe acatar las sentencias se niega a hacerlo.

Es esta una reflexión al calor de la encuesta del CIS publicada hace unos días. Quisiera hacer otra desde una muy diferente perspectiva y ante la que no dejo de mostrarme cada vez más perplejo: es la sensación que tengo, la creciente impresión, de que esto que se está viviendo es algo como un poco broma, un asunto que se puede resolver en un pis pas, que declaramos independencia y ¡hala! ni pasa nada, si sucede nada, ni se produce reacción alguna. Un jauja vamos. Supone no querer ni ver la realidad, ni valorar la terrible gravedad del hecho y lo que acarrea.

Salen inmediatamente con la del miedo. Que, por lo visto, decir la verdad, señalar las consecuencias, es meter miedo. No. El miedo es real. El miedo es la consecuencia de la verdad, de la realidad. Lo otro, lo que ellos, los separatistas pretenden es que prosiga la alucinación, el éxtasis emocional de que simplemente se camina hacia el país de la leche y de la miel. El separatismo como una droga que nubla la razón y traslada a mundos de ensueño.

Hay una buena parte, esencialmente en Cataluña, pero también en el resto de España que aún no es consciente del todo de lo que el disparate, aunque ni siquiera se consume y quede intentona puede conllevar. De hecho, ya nos está afectando. ¿O creen que el constipado de nuestra prima de riesgo y la desconfianza en nuestro futuro no tiene nada que ver con ello?

Pero si se da un paso más allá estaremos en una situación en verdad de riesgo, en verdad traumática, en verdad de imprevisibles y nefastas consecuencias. Para todos. Para los catalanes y no solo al despertar en la verdad internacional y económica (noqueado Romeva ante la BBC cuando le dijeron llanamente que fuera de España es fuera de Europa y que deje de decir mentiras), no solo el drama humano, no solo la secesión, la segregación, la confrontación de una sociedad, no solo en todo ello, que es ya en sí una tragedia.

Es que, además, no existe ni ha existido jamás un Estado y una Nación en el mundo que, de manera impune y sin más, se deje pisotear, hacer trizas, violar su leyes y su integridad territorial. No existe tal en el mundo ni en Europa. No va a pasar. Por fortuna, aunque mi creencia pueda estar muy motivada por el deseo ferviente de que así sea, me parece que no va a pasar. Pero claro que tengo miedo. Por todos nosotros: puede pasar.

ANTONIO PÉREZ HENARES

8 de septiembre de 2015

  • 8.9.15
A partir de ya, y en menos de cuatro meses, España y los españoles, todos –y más incluidos que nunca los catalanes– nos jugamos asuntos de tal calado y trascendencia como en ocasiones hace siglos que no nos hemos jugado. Y quizás aún no somo conscientes de ello. Oyendo hablar a algunos políticos, a ciertos opinadores y escuchando tanto a gentes de concisión y gobierno como a las del común de la gente, a uno le asalta –y no deja de sobrecogerle un tanto–y que en muchas de ellas perciba que no se está midiendo ni aquilatando en su dimensión el trance por el que a nada vamos a estar pasando. Creo, sinceramente, que no somos en la gran mayoría conscientes de lo que puede suceder y de lo que puede sucedernos. Y ello me preocupa más que nada.



La sociedad española parece afectada por un extenso y profundo síndrome de superficialidad, de frivolidad y de una completa falta de responsabilidad. Me malicio qué nos ha podido llegar hasta aquí: educación, pérdida de valores, principios, éticas y de cultura de trabajo y esfuerzo arrumbado por aquello de "más me des que más me merezco" y "todo han de resolvérmelo porque ahí están mis derechos mientras que mis deberes se perdieron". Eso y más cosas pero, en cualquier caso, por ahí andamos.

Mi impresión creciente, que galopa a nada que se me ocurre poner la televisión, es que la sociedad española, en ciertos asuntos y fondos, ha sufrido un retroceso y un daño neuronal no sé si irreparable pero, ciertamente, muy dañino. La sociedad española no parece entender que es responsabilidad suya, en primer lugar, lo que aquí vaya a suceder. Y reitero, aunque no se lo crean, lo que vaya a sucedernos.

Ya sé lo malos y perversos que son los políticos; ya sé que se han convertido en los apestados y que tienen toda la culpa. Desde luego, se han ganado muy a pulso el “cartel” que tienen. Pero no solo son los políticos. Lo que sucede nos incumbe, nos afecta, somos arte y parte: todos. Y la irresponsablidad es soberana. Como el pueblo soberano.

Ante nosotros y en este corto espacio de tiempo se abren tales incógnitas que más bien parecen despeñaderos y precipicios y a los que nos asomamos como si la caída posible no tuviera que ver con nosotros. Estamos a menos de tres semanas de que pueda producirse una ruptura de la propia nación o, al menos, de que algunos trastornados –porque racionalmente lo son– lo intenten.

Pues bien, ante ello, algunos –muchos– dirigentes políticos y quienes incluso aspiran a gobernarnos, juegan con ello, andan por ahí declarativos, sopesando cómo ello puede beneficiarlos en este u otro sentido. Todos lo hacen un poco, pero resulta desolador que la palma se la lleve el jefe de la oposición, Pedro Sánchez, que flirtea y equidista con la hoguera. Y no será porque no le advierten sus “mayores”.

Porque Felipe Gónzalez, Alfonso Guerra o José Borrell más claros y más precisos no han podido decírselo. Pues ni caso. Y muchos, jugando. El nuevo partido izquierdista –en esto hay que decir que quien siempre ha estado en su sitio y lugar, sin complejo alguno, ha sido Ciudadanos– los podemitas, acompañando en el jueguecito, haciendo fintas y declarando derechos a decidir en exclusiva y troceados para algunos, que es lo mismo que decir que nos lo expropian a todos los demás.

Ese primer punto, que pudiera ser de muy difícil retorno y que, en cualquier caso, va a acabar en frustración, trauma y heridas de muy dolorosa cura, lo tenemos ya encima. A la vuelta misma de la esquina. Pero ese solo es uno, porque en diciembre llega el set definitivo, donde lo que se haya dilucidado en parte ya en septiembre puede tener remedio o complicarlo aún mas: saber estar en sitio y forma o entrar en enjuagues que sean, simplemente, rendiciones. En suma, tener responsabilidad de Estado o, para que se me entienda y acuño, ponerse a hacer el ZP, que es una hipótesis que cada vez se acerca más a lo que nos puede alumbrar el año nuevo.

Porque esto y ese año no solo va a ser un cambio de Gobierno. En esta ocasión hay tales y tan diferentes ingredientes que nos jugamos todo. Y cuando lo digo es porque hasta la propia Constitución –que fue y es lo que ha hecho de España lo que es desde que salimos de la dictadura–, hasta nuestro propio sistema –y no exagero–, hasta incluso una forma de vivir y de sentir la vida, puede cambiarnos a partir de ese momento. Aunque ahora nos parezca a todo punto imposible. Pues he de decirles que es posible. Tan posible que, en ocasiones y visto lo que está pasando y por dónde respira la peña, hasta lo veo probable.

ANTONIO PÉREZ HENARES

1 de septiembre de 2015

  • 1.9.15
Felipe González, en una memorable carta publicada el domingo en El País, llama al voto y al combate ideológico contra la secesión, por la Constitución y por la España democrática. Pedro Sánchez, ese mismo día, afirma que lo único que promete es no pactar con el PP y hacerlo con “otros”. Y, en efecto, pacta con otros. Ha corrido como un jovenzuelo alborozado hacia los brazos de la ultraizquierda y de cuanto separatista se los ha abierto. Y esa es su hoja de ruta para alcanzar Moncloa.



En Cataluña, el 40 por ciento de los ayuntamientos gobernados por los socialistas se han adherido a la plataforma secesionista Municipios por la Independencia. En la Comunidad Valenciana, Ximo Puig es una marioneta entregada a podemitas, Compromis y el pancatalanismo que exhibe con descaro sus intenciones y a quienes ya ha entregado todo y más para comenzar el adoctrinamiento desde la infancia. A imagen y semejanza del pujolismo.

En Baleares, un paso más, aquí añadidos al puzzle los de Mes, quienes avanzan y repiten la doctrina, proclamando el presidente de Consell de Mallorca –con el voto socialista, claro– el capitulo primero del manual de consignas: "España nos roba". Ni Artur Mas lo declama mejor, oiga.

En su escrito, el expresidente González critica políticamente al actual Gobierno para manifestar de inmediato que ello no quiere decir bajo ningún concepto que exista equidistancia y que no puede haberla jamás entre quienes pretenden violar la ley y la Constitución y quienes no solo la defienden sino que tienen el deber de hacerla cumplir.

Pedro Sánchez, por su parte, vendajes preventivos de banderas aparte, no solo se instala en la sistemática equidistancia sino, y sin que le aprienten ni un poquito, manifiesta que, en el fondo, la culpa de que haya tanto separatista viene a ser de este Gobierno: de Rajoy, para ser más exactos. O sea, el rancio mantra de separadores y separatistas, el infame cuento, jaleado por quienes no se rectan de explicitar a cada momento el odio que les alienta hacia todo lo que sea comun, de lengua a historia pasando por económica, de que quienes no quieren que España se haga trizas, los defensores de su unidad, son los culpables de su ruptura.

Pues en ello, en el manido discursito, es en lo que anda Sánchez que ya ha solemnizado que si él hubiera estado en el Gobierno de España esto lo hubiera arreglado con dos palabritas. Vamos, que verle en Moncloa y convenciditos.

Lo dicho y afirmado por González son las palabras de alguien que fue presidente de España durante 13 años y que supo serlo. Mira con honda preocupación lo que sucede y lo que puede acaecer y actúa con responsabilidad de Estado. Tanto él, como luego Aznar, cometieron al respecto, por interés partidista o engañados por la doblez nacionalista que entonces decía buscar mejor encaje en España, o por las dos cosas, errores garrafales que han derivado en estas funestas consecuencias. Pero en lo sustancial actuaron con lealtad a España, con sentido de Nación y entendiendo que, ante todo, eran los garantes, como sus presidentes, de cumplir con las leyes democráticas a las que se debían.

Zapatero no lo hizo. Al contrario. Como poco, actúo con una insensatez suicida o peor, con una deslealtad tracionera a la propia nación que gobernaba a la que consideró “discutible” y a cuya soberanía, la de todos los ciudadanos españoles, se manifestó dispuesto a trocear y malbaratar en almoneda. Esa, esta que ahora afrontamos, es la peor de las herencias, la más catastrófica de cuantas nos ha dejado el inefable ZP, el sonriente aprendiz de brujo que hizo estallar todas las calderas y reventar la alquimia entera de España.

Y ZP redivivo, encantado de sí mismo y de sus obras, reaparece euforizado en un futuro donde se ve reivindicado y enaltecido. Él mismo con su misma mismidad, pero además trasmutado en ZPedro. Porque Sánchez es ahora más de aquello mismo. La reencarnación de su milonga. Porque sus hechos, y los del PSOE que dirige, son exacta y meridianamente lo contrario a lo que ha expuesto negro sobre blanco Felipe González. Son todo menos principios, claridad, responsabilidad y sentido de Estado.

Porque él, por llegar a Moncloa, ya lo ha dicho, y lo está haciendo, pactará con todos menos con el PP. Con separatistas, con la extrema izquierda y si hace falta hasta con Bildu, que ya estuvo en ensayo en Vitoria. ¿Y en Cataluña? Si les sale, pues un tripartito o a cuatro o a cinco, que uno más qué importa. Si suma poder, qué demonios importa España. Solo importa La Moncloa.

CHANI PÉREZ HENARES

25 de agosto de 2015

  • 25.8.15
Este verano ha sido muy malo para los huertos. Ha sido más difícil sacar un tomate que un político responda con claridad a lo que se le pregunta. Aquellas calores, porque llegaron a esa dimensión popular, cuando no tocaba y venía la flor, dejaron muy perjudicadas las hortalizas. Y lo dicho, excepciones hay, claro, y quien milagrosamente alardea de sacarlos a cubos, mal año de huertos, de tomates, de pepinos, de pimientos, de lechugas, de calabacines y de todo. Yo reconozco que me ha ido peor que a los griegos con Tsipras o que a Tsipras con su propio partido.



Las calores fueron precísamente por entonces. Varufakis era el héroe de nuestros asaltacielos que acababan de descolgarse sobre ayuntamientos y comunidades. Sobre todo de ellas, que lo convirtieron en algo así como el sex-simbol motero de la izquierda arrasadora. He sido testigo de desmayos intelectuales, y de los otros, ante su chupa negra y su cabeza marfileña.

Tsypras era la cara más sonriente y amable de la moneda. Pero se suponía que eran broncíneos, roca viva, pueblo unido jamás será vencido contra el resto del mundo, sobre todo la Europa pagana –en todos los sentidos lo de “pagana”–; un enemigo vil, avariento (con el judío Shylock –nuestra izquierda siempre con el antisemitismo a cuestas– la oí comparar en las tertulias), feroz y asaltacunas con la Merkel como la gran madrastra del cuento.

Los termómetros estaban que explotaban y reventaron cuando el adalid heleno se fue a las Termópilas de un referéndum para pedir a sus gentes que no aceptaran lo que les pedían los malos y que con la victoria él negociaría y les salvaría de sus garras. Y ganó el referéndum, claro.

Pero una cosa son las calenturas y otra las verdades. Y la verdad era que Grecia no solo no pagaba sus deudas sino que necesitaba para seguir viviendo (o sea, pagando pensiones, sanidad y todo) que se le prestara muchísimo más dinero. Y que eran los insultados, tachados de nazis, inmundos e indecentes, quienes debían prestarlos. Todos los europeos.

La verdad cayó sobre Tsipras y este llegó al final de la escapada. La pantomima tocó a su fin y este resultó ser mucho más amargo de lo que antes rechazaba. Porque nadie se fiaba de él, porque nadie podía fiarse después de tanta farsa y tantas traiciones. El líder de Syriza hubo de vender entonces como necesario algo mucho peor de lo que antes rechazaba como inútil y repulsivo.

Un viaje en el que, como daños colaterales, Grecia ha seguido ahondando en su desastre, con corralito incluido, han deshecho lo poco que habían avanzado y ahora han de partir otra vez desde por debajo, muy por debajo de cero, con la recesión y la destrucción de empleo galopando de nuevo.

Y como paradoja final, Tsipras hubo de sacar adelante sus acuerdos con los votos de sus opositores y la enemiga de los más cercanos de su propio partido, entre ellos el aquilineo Varukafis, que le hacía sentadas en el Parlamento. Y los parlamentos europeos hubieron de votar, entre ellos el español, la ingente ayuda y el préstamo al ya te veré, con los votos en contra de los más encendidos partidarios presentes de los populistas helenos. Así vimos al inefable Garzón llamar de todo al Gobierno español por aceptar lo que Tsipras y su Gobierno nos pedían que votáramos.

Tsipras al fin ha dimitido. Pero es otra finta. Convoca elecciones y piensa ganarlas. Y la izquierda española, en un nuevo dilema de los que les quitan el sueño. Su pregunta más trascendental se resume en: "¿Vamos con Tsipras o con los que se han escindido de su partido, los auténticos, los irreductibles?".

Iglesias lo tiene claro. Él con Tsipras, pero contándolo al revés, que fue mentira todo lo que vimos y vivimos y hasta lo que él mismo proclamaba. Su olfato le dice que es quien gana. Y en eso, reconozco, coincido. Creo que tras todo este destructivo tumulto que han montado, es muy probable que sigan ganando. Aunque, eso sí, el líder ultraizquierdista griego haya hecho exactamente lo contrario de la proclama con la que ganó en las pasadas elecciones. No importa nada. El poder es lo único importante, el único camino.

¿Y en España?. Pues puede que pase algo muy parecido. Oigan ustedes a Zapatero redivivo que pronostica triunfos para 15 o 20 años. Porque es el zapaterismo rampante el que vuelve envuelto en ZPedro, al igual que él se envuelve en la bandera para pactar luego con cuanto separatista se ponga a tiro.

Y tiene ZP razones para la euforia. Aquí la única memoria que nos persigue y atenaza es la de una guerra de hace 80 años. De las otras memorias, hasta la de su propio gobierno y sus catástrofes, aquí no se acuerda nadie. Ya puestos, que ZPedro lo nombre ministro portavoz de su próximo Gobierno y que Bono vuelva a Defensa. ¡Viva Grecia! Yo solo advierto que las calenturas no dan tomates.

ANTONIO PÉREZ HENARES

18 de agosto de 2015

  • 18.8.15
El ministro del Interior, señor Fernández, ha sido durante estos tres años largos un problema añadido para el Gobierno Rajoy. Fue y es un error continuado y mantenido. Desde aquello de Bolinaga a esto ahora de Rato. El ministro con una cartera tan sensible ha demostrado de continuo ser un incontinente reconocido y un metepatas de notoriedad contrastada. Lo que se dice vulgarmente un bocachanclas que ha desaprovechado cuanta oportunidad tenía de haberse quedado callado antes de soltar ante micrófono cualquier desatino que luego había que estar varios días matizando.



Esto de Rato se inscribe más que nada en esa facultad de Fernandez de la inconveniencia y la falta absoluta de reflexionar sobre las consecuencias. Recibir siendo ministro del Interior a un imputado de la dimensión de Rato y suponer que aquello pasará desapercibido es simplemente ser tonto de capirote, con balcones a la calle que dirían en Sevilla. Y esa es mi conclusión esencial sobre el asunto. No es que se juntaran para nada ilegal, para ninguna conjura ni para hacer nada que conculcara la ley.

Es muy plausible la explicación ofrecida. Pero es que la cuestión es otra. Simplemente es que, independientemente de lo tratado, tal reunión y en sede oficial no debía haberse producido por ser lo más exactamente contraindicada que pudiera imaginarse. Algo así como: “¿Es ahí donde esta el nido de avispas?”. “Pues espera un instante que ya meto yo el pie y lo revuelvo un poco que verás cómo nos ponen a todos de picotazos”.

Sobre todo a Mariano, como si no tuviera bastante con los suyos y que debe estar contentísimo con la ocurrencia de su amigo, que parece llevar al extremo pero en sentido contrario la máxima de la mujer del César de no solo buena sino parecerlo. O sea, parecer malo aunque se sea inocente.

Porque un ministro del Interior puede ser muchas cosas y hasta se le puede no solo perdonar si no aplaudir un cierto grado de malevolencia y maquiavelismo. Pero lo que no puede ser un ministro del Interior es tonto. Ni parecerlo. Y puede que Fernández no lo sea, que seguro que no, pero lo parece totalmente.

Dicho lo cual, la pajarraca sobredimensionada de la oposición, aunque les haya ofrecido munición a granel para que le disparan a él y al presidente del Gobierno, comienza a adquirir tal grado de exageración que cada vez da más la sensación de impostación absoluta y, por tanto, ni creíble y sí provocadora de cierto hastío y hasta rechazo.

Acudir a la Fiscalía señalando delitos antes de oír siquiera la explicación parlamentaria –antes solicitada con grandes clamores– hace que se vea en exceso el plumero de la intención que, para nada, es aclarar lo sucedido sino sacarle la tajada más gorda que se pueda. Porque error, desde luego, ha habido, pero la explicación del motivo, cientos de tuits amenazantes contra Rato y su entorno familiar es bastante plausible.

Pero para afrontarlo no era necesario hacer lo de Fernández: meterse de hoz y coz en semejante embrollo. Eso se encarga a un comisario de Policía, se ponen en marcha las medidas oportunas y no se lía que se ha liado. Pero eso es demasiado pedir a Jorge Fernández Díaz.

CHANI PÉREZ HENARES

11 de agosto de 2015

  • 11.8.15
El sentimiento independentista es muy fuerte en Cataluña. No mayoritario en términos absolutos y puede que ahora levemente decreciente. Pero, sin duda, potente. Mucho más que en los tiempos de la dictadura y, desde luego, que en el momento en que la democracia y la Constitución de las libertades, que votaron con el mayor entusiasmo, pues le supuso en su caso y, además, el autogobierno y un reconocimiento a sus señas de identidad, a sus hechos diferenciales como no habían tenido jamás en su historia. Porque la realidad histórica es esa: nunca ha existido en aquel territorio un mayor grado de autonomía y unas competencias propias tan impresionantes y sin parangón en toda Europa.



Es, pues, una inmensa mentira que esta España actual y democrática haya oprimido en nada a Cataluña, cuando lo que ha hecho ha sido exactamente lo contrario. Por mucho griterío, por mucha consigna y por mucha tergiversación histórica, esta verdad es un evidencia tan absoluta como imposible de negar para nadie, excepto cuando el fanatismo ya nubla cualquier raciocinio.

Hay, pues, además de una traición a la Constitución que rubricaron con su voto, un ingratitud brutal y una estafa a la generosa confianza a la ciudadanía y a sus instituciones democráticas que creyeron que, en verdad, lo que se quería, era un encaje en el Estado y una convivencia armónica con el resto de España.

Simple y llanamente mintieron, nos engañaron. Tenían su plan a corto, medio y largo plazo. Y un exclusivo objetivo. Ir no encajando ni vertebrando sino desencajando y sembrando agravios, victimismo y todo lo que fuera preciso para que se creara, desde la escuela al campo de futbol –la educación como lavado de cerebro ha sido un ejemplo palmario de adoctrinamiento masivo– un sentimiento de odio con todas las letras a todo lo que significa España, y cualquier cosa que suponga lazos en común y convivencia.

Empezando por la lengua, cuando de defender a la propia se pasó al ataque e intento de extirpar la común. Diciendo además que cuando prohíben –porque prohíben– estudiarla, escribirla y hasta hablarla, resulta que dicen que no, que los prohibidos se quejan de vicio. Que no pasa nada hombre, que se exagera.

Y para ello, además, contando con el asentimiento de ese progresismo español, genuflexo ante el nacionalismo, que ha sido y sigue siendo su mejor coartada y sus aliados o mejor dicho, los imprescindibles tontos útiles para llegar a acariciar la quimera que suponen la llegada al país de la leche y de la miel y que cualquiera que se detenga a pensar un instante sabe que donde lleva es a un disparate de pesadilla y desierto.

Mas ha convocado elecciones. En un acto que ha sido un nuevo y cínico engaño. Sabe que lo que convoca son unas elecciones autonómicas y eso es lo que ha firmado y hecho. Porque no tiene competencias, ni autoridad ni legitimidad para convocar otra cosa. Pero luego aplicará, si puede, el resultado como si hubiera convocado una muy diferente cosa. Y pretenderá ponernos ante el hecho consumado. Un hecho que ya puede ser tan irreversible como traumático y definitivo y que obligue a una respuesta indeseable como insoslayable.

No sé cuál es ahora mismo el estado de ánimo de la sociedad catalana. Conozco mejor el del resto de España. Y en este lo que observo es que predomina el más creciente de los hastíos. Hay un hartazgo ya tan inmenso con el que quizás apenas nadie está contando. Porque hemos sido tantas veces engañados, tantas veces insultados encima, que la paciencia ya está más que agotada. Y esa situación puede dar lugar a consecuencias verdaderamente penosas para todos. Una especie de que se arregle de una vez o que de una vez se rompa del todo. Pero de una vez ya y para siempre.

No es lo que escribo lo prudente y lo racional y es indudable que es ahí donde hay que estar y huir de provocaciones y estallidos. Pero el riesgo es cada vez mayor. Y no contribuye en nada a calmarlo la monserga repetida que ahora vuelve a hacer suya ZPedro. Que en el fondo la culpa de que haya separatismo galopante viene a ser de España: de Rajoy, para ser preciso.

Ese pretender quedarse siempre en medio y que ha sido en realidad transitar siempre en el lado que no era para nada el suyo y, finalmente, acabar por no estar en ninguno. Consciente o inconscientemente. Los Maragall, con nocturnidad y alevosía, pues su única intención ha quedado clara y era pasar las tropas socialistas a la orilla separatista. Lo de Montilla y su estúpida ambición de gobernar al precio que fuera y el precio fue ser el tonto útil mas útil de todos y con mayúsculas del secesionismo. Y, sobre todos Zapatero, el más letal gobernante de España contra la propia integridad de la Nación que gobernaba.

Pues a aquel ZP le ha salido continuador este ZPedro que anda en las mismas y que proclama que el problema si él hubiera estado al mando no hubiera existido. Esa equidistancia entre la Constitución, la ley de todos, el voto de todos los españoles y quienes pretenden sin tapujos violarlos y expropiarlos que es imposible y ahora más que nunca.

Porque hay asuntos en que ya no hay termino medio, porque una parte hace mucho que solo admite y pretende la claudicación absoluta de la otra. Pero Sánchez, con tal de asestar lanzadas al PP y a Rajoy, a quien las asesta una vez más es a los españoles todos. O tal vez supone que tiene dotes mágicas y una pócima milagrosa para convertir a Oriol Junqueras.

En realidad, lo que podemos esperar de él, y no digo ya de esos Podemitas a los que hay ingenuos que suponen disgregadores del bloque separatista cuando son ya su mejor aliado para el futuro, es que visto lo visto y sus pactos, lo que está dispuesto a hacer es rendir todo y encima llegar ya a la absoluta aberración de que una Cataluña independiente de hecho y de derecho, donde España en su conjunto nada tenga que opinar ni que decir, pero ella, Cataluña, sí pueda seguir influyendo y hasta mandando en España. Que ese es el juego perverso. Independiente Cataluña de España pero no España de Cataluña.

ANTONIO PÉREZ HENARES

21 de julio de 2015

  • 21.7.15
Pablo Iglesias no va a ganar las elecciones. Ni siquiera va a ser segunda fuerza, ni va a arrebatar al PSOE la hegemonía de la izquierda. Es más, resulta también azaroso pronosticar que entre ambos logren mayoría absoluta de escaños para un gobierno. Pero esa no es, por más que se pretenda poner en ella foco, la cuestión esencial. El problema es pues, y cada día más evidente, el PSOE de Pedro Sanchez.



ZPedro está no solo decidido y dispuesto sino ilusionado y alborozado con la posibilidad de gobernar con quien sea, con todos lo que sean precisos, sin importarle cómo sean y sin detenerse ni por un instante en ver más allá que su entrada en la Moncloa ni en el precio que por ello se pague –ni aunque en ese precio vaya España, la España democratica y constitucional y el futuro de los españoles, en almoneda–.

Pedro Sánchez no era percibido de inicio, aunque era casi imposible conocerlo dada su bisoñez y falta de relevancia –sus dos entradas al Parlamento se han producido por corrimientos en las listas– excepto por sus incursiones tertulianas que le disgusta que le recuerden, como alguien tendente a radicalismos ni extremismos. Ni siquiera hoy. Tampoco.

No lo es pero sí que ha demostrado con velocidad inusitada que el no serlo no le impide el pactar con todos ellos y hacer gala del más procaz oportunismo político, abjurar de sus promesas de no hacer lo que se lanzó a hacer de inmediato sin un parpadeo y supeditar cualquier principio o interés de Estado a la consecución del poder y a expulsar del mismo al Partido Popular, al que relata como un partido que debiera ser, si no exterminado, sí sometido a algún tipo de destierro en las tinieblas exteriores.

Así ha pactado con todos, con los Podemitas a cuyos brazos acudió entregado y genuflexo, y ahí sigue, con IU, con las Mareas, con separatistas de toda condición territorio y pelaje, desde ERC a BNG, pasando por Compromis, los diferentes isleños, y dando la vuelta al arco hasta hacerlo cuando los otros se avinieron con Ciudadanos, el vergonzante caso toledano y hasta con el neofalangista –lo de "neo" es sarcasmo– Revilla y con cualquiera que sea preciso o haga falta.

Por pactar, hasta con Bildu, pues a tal se habían avenido en Vitoria con el PNV, y aunque roto in extremis, se perpetró el atropello, y en esas mismas andan por Navarra con Geroa Bai de Uxue Barkos, que entrega a los filoetarras el mando de la Policía Foral y los ZPedros se abstienen para abrir puertas de diálogo.


Estos antecedentes, este preludio ya orquestado y consumado, es la verdadera cuestión de las generales. Un ZPedro dispuesto a ese pacto –no a dos ni a tres ni siquiera cinco ni a seis, sino hasta una docena–: Podemos, IU, Mareas, BNG, ERC, Geroa, Compromis, MES, CDC, CC, PNV y cualquier Revilla que aparezca. Y hasta Amaiur-Bildu, de quien dirían que no quieren sus votos, pero que si les votan ellos qué van a hacer.

Todos contra. Pero no solo contra un partido. Mucho peor. Con un inmenso y trascendental calado: contra la Constitución y contra España. Porque todos ellos quieren a ZPedro en la Moncloa, porque ven en el la puerta para desbordar y desguazar la Nacion, su convivencia y sus leyes. ¿O es que alguien de los aliados –dejémosnos de cinismos y mentiras– pretende otra cosa que hacer añicos el pacto constitucional y reducir el acuerdo a puros escombros?

¿Es que supone ZPedro que Mas, Junqueras por un lado, los independentistas gallegos y ya no digamos los vascos, o los Podemitas del derecho de autodeterminación de cualquier trozo dejando en él sin palabra, y expropiando sus derechos al resto y conjunto de España, quieren una “reforma” de la Constitución del 78? Lo que pretenden es simple y llanamente arrasarla. Bien claro lo gritan. Unos desde el nacionalismo, la separación, los otros desde el antisistema, el “cambio de régimen”.

Hay algo más y no es mejor. Algunos bienpenseantes suponen que sectores del PSOE se plantarían ante semejante desvarío. Ni lo sueñen. No rechistaría ninguno y menos que ninguno Susana Díaz. Porque no lo han hecho ya en el ensayo, porque el poder es el poder y es ya, no lo primero, sino que parece ser el único fin de la política. Aunque ZPedro, aceptando tal enjuague, sería alguien en la debilidad más extrema. Pero es precisamente eso es lo que ansían, a ello es a lo que se encomiendan, a que sea su marioneta y su instrumento.

Ese es, y no otro, el riesgo definitivo que tras el traumático 27-S que vamos a vivir con Cataluña, que afrontaremos a finales de año. Exactamente ese. Otra cosa bien diferente es que el PSOE fuera la lista más votada o que pudiera hacer mayoría suficiente con Ciudadanos o, hasta si se apura, con Podemos. Eso sería cosa muy democráticamente diferente. La que señalo como peor, pero resulta que más imposible hipótesis es esa otra derivada de una ordalía de antiperdedores. O sea, exactamente igual que en las municipales. Y verán cómo ZPedro se niega a comprometer que no gobernará si no es, al menos, la lista más votada. Y aunque lo comprometiera.

CHANI PÉREZ HENARES

14 de julio de 2015

  • 14.7.15
Si debes mucho, no puedes pagar y tienes que pedir aun más y, encima, chuleas, mientes, trampeas y amenazas... al final, nadie te fía, te piden de aval hasta la hijuela y lo acabas pagando más caro que nadie. Pues eso, tan sencillo, ha sido lo de Grecia, por mucha candela ideológica que se quiera arrimar. Es lo que le pasa a una persona, a una empresa y le ha pasado a un país. Es de puro sentido común.



Escarnecer a quien es el único que te puede ayudar –terroristas y fascistas– como aperitivo y hacerle el referéndum sentimental de no te voy a pagar son la peor fórmula de negociar posible. Pero, además, era imposible pretender que los ciudadanos de esos 18 Estados se tragaran volver a dar dinero, que de sus bolsillos sale, sin más. Por mucho que le llamen "solidaridad".

En eso están ahora sus escaldados gemelos patrios, el Mesías podemita y sus apóstoles de designación directa, que no saben cómo digerir lo que en lo íntimo perciben como la gran traición del compañero Tsypras, aunque ahora lo quieran vender como gran mártir aplastado por la pérfida iniquidad de esa Europa terrorista financiera, totalitaria y opresora entera; esos indecentes que no comprenden que tenían, como mínima expiación de sus múltiples y ancestrales pecados originales y presentes –teníamos todos en realidad– que pagar sin más y sin rechistar.

Pero cada vez es más difícil, por mucho que se ponga a cientos y hasta miles de tuiteros voluntarios de la causa y ayudados por 25 robots a tuitear y retuitear hasta hacer que eso parezca opinión general (técnica que dominan y de uso continuo y habitual tanto para lanzar consignas como para destruir a quien les critica).

Porque lo cierto es que lo sucedido ha dejado a los enfervorizados podemitas eclesiasles en cueros griegos. Porque el sentido común de las gentes de a pie dice que no es ningún buen negocio pasar de español a griego aunque Pablo Iglesias les ofrezca el paraíso terrenal. Que lo que su hermano ideológico ha hecho en cinco meses a la vista está.

Mal estaban, sí, pero algo de luz empezaban a ver y, en un verbo –en la moto de Varufakis, vamos–, los han dejado reventados, el motor gripado, el radiador ardiendo, de chapa y pintura ya ni hablar y con el fuel peor que a cero. Porque no solo no queda ni gota, sino que debes hasta de callar y no hay lugar donde puedas repostar, y menos mal que no ha llegado, que a punto a estado, el siniestro total y desguace final. Pues eso, tan sencillo, ha sido lo de Grecia, por mucha candela ideológica que se quiera arrimar y por mucho Agitprop tuitero y televisivo con que lo quieras camuflar.

ANTONIO PÉREZ HENARES

8 de julio de 2015

  • 8.7.15
La victoria del No en Grecia era más que previsible –nacionalismo, victimismo, culpable exterior, negociaremos mejor...– aunque no con tal contundencia. El órdago le sale bien a Tsypras. Otra cosa es que le salga bien a Grecia. La victoria tiene mucho de suicidio pero puede que no solo para los griegos sino que sea igualmente nociva y hasta puede que letal para Europa. Porque atendiendo a los hechos, la situación lo único que ha conseguido es empeorar el escenario.



Tras rechazar condiciones y clamar contra las propias obligaciones, lo que de inmediato y como conclusión se pide –o se exige, más bien– es que se les de más dinero, porque si no tienen que cerrar la tienda. Liquidez inmediata al Banco Central Europeo para poder abrir mañana los bancos.

Es la democracia, dicen. Hemos votado y el pueblo es soberano. Sí. Desde luego. Para decidir sobre lo suyo. Pero no sobre lo que nos afecta a todos los demás. Son muy soberanos en decidir lo que gusten. Pero habrán de atenerse a las consecuencias y ser responsables con su decisión. Y habrán de saber que el resto, los otros 18 países y sus pueblos, son igualmente soberanos y tienen todo el derecho a tomar las suyas. Que pueden ser muy en contrario y de rechazo final a quien se percibe ya no solo como nada fiable sino que pretende no cumplir los compromisos, no pagar lo que debe y que, encima, se le siga dando a manos llenas con la clarísima intención de no devolverlo nunca, ni lo de ayer ni lo de mañana.

Lo que haya de pasar en las próximas horas va a ser, pues, decisivo. Para Grecia y para Europa. Y de manera muy particular para España De lo que resulte va a depender el futuro. Primero, el inmediato de Grecia, el de la Unión Europea, y pasado mañana mismo, el nuestro. Y el temor de que la UE y todas sus instituciones no defiendan sus propios principios, no afronten con contundencia la situación y opten por una componenda está muy latente.

Porque no puede negarse que lo del domingo en Grecia es un triunfo de un populismo, éste en la extrema izquierda, como el que emerge con gran fuerza en España, que está recorriendo y socavando Europa y , aunque aún se camufle en críticas, en realidad cuestionándola por entero como sistema y en sus esenciales valores. No es sorprendente en absoluto, pues en eso su raíz es la misma, que a los neocomunistas griegos se unan en su jolgorio los neonazis de su pais, los ultras franceses de Le Pen, los antieuropeos británicos y, por supuesto, los podemitas españoles, sus hermanos gemelos.

Que están de crecida y que con lo sucedido en Grecia no va sino a ver aumentada la gran marejada y cuyo triunfo no es en absoluto quimérico, ya es realidad en las más importantes capitales, sino una posibilidad cercana. Su discurso, por más que demagógico, iluminado, falso y de resultados perversos, es eficaz: se impone crecientemente hegemónico en las terminales sociales y opináticas y se extiende como una mancha de aceite con la alianza diletante y complaciente de unos que los abrazan con pretendidos auxiliares y aliados en la toma del poder y otros, con muchos de nuestros inefables medios de comunicación a la cabeza, jalean y propagan como el más resucitado Agitprop sus consignas por todos los conductos. Desde las terminales de la exhibición de la telebasura convertida ya incluso en doctrina a la retrasmisión del mitin continuo y alfombrado, todo vale para establecer dos axiomas para España y para Europa.

El primero, con la ayuda del Bautista ZP ya casi logrado, es que la Transición, el consenso, la reconciliación conseguidas por los españoles desde el final del franquismo no es válido, es el franquismo mismo. Esta democracia, una farsa, y el progreso económico, social, político y de las libertades, una mentira absoluta. Y como colofón, que esto es en realidad Somalia, o peor. Que somos un país en la miseria, sin protección alguna, sin derechos, con las gentes muertas de hambre y expulsadas a mansalva de sus hogares. Ese es el retrato general y total de España y el relato asumido por muchos como cierto.

El segundo persigue lo mismo con respecto a Europa y nuestra vocación europea. Europa no es ni fue proyecto, ni nos ayudó, ni fue esencial en nuestro desarrollo ni providencial en nuestro despegue. Europa ni hizo ni significó ni hace ni hará nada por las gentes.

Al revés, Europa es una chupasangres, un monstruo que nos devora, los austericidas, los que nos impiden el disfrute del paraíso que, sin más, merecemos, una troika siniestra de saqueadores de negro, las nuevas SS, según Monedero, los enemigos del pueblo, según definición del sacrificado profeta Varufakis. Delenda est España, Delenda est Europa. Viva el pueblo. Y el pueblo son ellos. Y cada vez veo que más y más se apuntan a la ola y buscan montarse en la cresta de la demagogia. Perdonen que me resista y preocupe. Por Europa y, en particular, por España.

ANTONIO PÉREZ HENARES

30 de junio de 2015

  • 30.6.15
Cuando hace 30 años España entró en la Comunidad Económica Europea (CEE), que era como entonces se llamaba lo de Europa, fue Grecia, que ya llevaba cinco años, uno de los países que mayores trabas e intentos de bloqueo –si no el que más– puso para impedir nuestro ingreso. La competencia por los fondos de cohesión y la pesca eran los motivos. La crónica de aquel día de Pepe Hervás para TVE no tiene desperdicio y es un recordatorio imprescindible.



España tenía ganas de Europa y supo aprovechar la puerta que se abría y las ayudas que nos ofrecían. Los gobiernos de Felipe González y de Aznar supieron que era una oportunidad que no podía dejarse pasar. España pasó a ser un país considerado y cada vez más importante. Durante el mandato de Aznar entramos en el euro y por la puerta grande, aprobando con nota todos los requistos. Grecia hizo trampas, no cumplía en realidad ninguno. Pero se hizo la vista gorda. Y ahí empezaron los muchos polvos a convertirse en lodazales.

De la presidencia de Zapatero y la UE mejor ni hablamos. Aquella foto de su soledad evanescente con todos alejándose de él lo dice todo. Cuando estalló la terrible crisis se movió entre la irresponsabilidad –Plan E de despilfarro absoluto– y el autismo –no pasaba nada, no existía– cuando se necesitaba.

La UE, Merkel y hasta Obama hubieron de bajarlo de su burro y de su nube a palos. Rajoy heredó un desastre y un país en siniestro casi total y para el desguace. Algo que ahora parece que hemos olvidado todo en apenas un suspiro. Pero que podemos empezar a recordar y lamentar mañana mismo.

El rescate parecía inevitable. Pero se empecinó en evitarlo y lo logró. Con el fleco de las cajas –la banca política– que reventó y no hubo otro remedio para salvar los ahorros de millones de ahorradores y depositantes. Aquí ya se encontró con un mantra y un eslogan tan falso como efectivo. “Se ha rescatado a los bancos y a los plutócratas banqueros”. Mentira. Se ha rescatado a las cajas, manipuladas y arruinadas por políticos de todo signo, para que la gente no perdiera sus ahorros. Pero tiene más fuerza la consigna.

Al rescate sí hubieron de acogerse Grecia, Portugal e Irlanda. Los dos últimos, Irlanda –de manera destacada y rápida– y Portugal –más renqueantes y con enormes sacrificios sociales– están logrando salir para adelante. Y, esto se olvida, también empezaba a crecer Grecia y a generar riqueza y hasta algo de empleo. Hace seis meses, así era.

España , sin rescate, hubo de hacer también duros deberes y reformas. Aplicar austeridad, recortes y control del gasto. Hubo cosas en las que se pasaron y otras en las que se quedaron cortos, pero en general se consiguió el objetivo. De la recesión a un crecimiento cada vez más acelerado, ya se habla de un 3 o hasta de un 4 por ciento y de destruir empleo a paladas a crearlo a velocidad creciente.

La recuperación ya solo la niegan los mismos que negaban empecinadamente que no había crisis. O sea, esa izquierda nuestra que tiene una habilidad inaudita para lograr que los españoles se olviden de su responsabilidad en los desastres y crean de nuevo en sus cánticos de sirena. De sirena griega además, en cierta y supuestamente novedosa ultraizquierda.

Habilidad suprema también en las consignas como la de destruir un concepto valioso como el de la austeridad por el palabro “austericido”, como si las en muchos casos obligadas medidas para salir de la sima fueran debidas a un comportamiento sádico, porque el sadismo social, viene a decirse, se encuentra en los genes mismos de la malvada derecha.

A Grecia, mientras, la Unión Europea le inyectaba dinero en cantidades astronómicas. En total, 145.000 millones en fondos de rescate y otros 52.000 millones en prestamos directos. De ellos, 27.000 son de España y, de estos, 10.000 que, de manera optimista, desembolosó sin más ZP asegurando que España hacía con ello un negocio redondo. Ahí estan las hemerotecas.

El FMI, por su lado, ha prestado 27.000 millones al Estado y otros 100.000 a la banca. Sumen y verán lo que se lleva entregado a Grecia. Que aún en esa situación se resistía a recorte, a rebajar su edad de jubilación –en ocasiones a los 52 años–, a reformar su sistema de pensiones –que llegaron a ser más altas que las alemanas–, a poner coto a sus millones de funcionarios con cargo y sin trabajo y a un no pagar impuestos como si ello fuera un delito de lesa patria.

Cuando se aplicaron dolorosas recetas pero se estaba comenzando a salir del hoyo, los griegos votaron contra los gobernantes que habían consentido y propiciado todo y se entregaron al populismo de extrema izquierda, Syriza, los hermanos de Podemos. Que en seis meses han llevado a Grecia al abismo. Ellos solitos y a pesar de que se hizo todo lo posible porque no se despeñaran por el daño que nos originaban a todos. Pero ahí está.

Sin embargo, ya tenemos la consigna circulando: 18 países de la UE, todos menos ellos, o sea Tsipras y el motero Varoufakis, están equivocados, son malignidad pura, “terrorismo financiero internacional”. Iglesias ha acusado a todos –y a Rajoy el primero– de ello. Y la razón, pues que no solo hay que tragarse, por lo visto, que Grecia no vaya a pagar –la deuda, por cierto, tienen que comenzar a pagarla a ¡30 años!– sino que hay que darles más dinero, el que quieran y con garantía ninguna.

Pues no. ¿Grecia? ¡No, gracias! Y si ese es el camino, el sueño de futuro con el que nos embauca Podemos y con quien está dispuesto a pactar, como ha pactado ZPedro Sánchez, pues aviados vamos. Puede que Iglesias pretenda que seamos Grecia y que por sus pasos vayamos, como clamaba jubiloso con la victoria de Tsypras, pero me da que muchos españoles no estamos por la labor de convertirnos en griegos. 30 años después de aquel día en que entramos en la CEE me gusta más ser español, estar donde estamos, con todos nuestros problemas, en la UE, que encontrarme donde ahora están los griegos.

ANTONIO PÉREZ HENARES

23 de junio de 2015

  • 23.6.15
Sánchez sacó a su mujer y la bandera para posar en presidente. No seré yo quien lo critique por ello. A lo mejor empieza a decir también "España" en vez de eso de “este país”, que es ya parte de la prosa administrativa política junto con la patada al neutro que culminó en aquello de miembros y miembras. Que pose con la bandera es algo muy normal cuando uno aspira a presidir la nación que identifica, aunque en España resulte un hecho novedoso en gran parte de la izquierda, según donde manifieste, y aunque llevemos ya casi 40 años en democracia.



O sea, que me gusta la pose. Pero lo malo es que lo primero que uno se malicia es que resulte ser eso, una pose. Un spot publicitario y defensivo porque los hechos y sus pactos resultan ir en el sentido más opuesto. El PSOE de Pedro Sánchez ha pactado con todo separatista de cualquier pelaje que se le ha puesto a tiro y se ha entregado alborozado a la ultraizquierda en cuanto ayuntamiento o comunidad autónoma ha podido. Sabe que esa imagen de radicalidad y de entrega a posiciones extremistas es su flanco débil y esa es la herida y la sangría de votos que quiere taponar vendándose con la bandera.

ZPedro, que cada vez lo es más y más remedo a Zapatero que ahora lo jalea y al que ha hecho “gurú” de su equipo de asesores y “gobierno en la sombra”, se ve presidente. Tiene una hoja de ruta para serlo y acaricia como algo cercano su meta de entrar en la Moncloa como inquilino. Pagando los peajes y sometiéndose a un embargo si hace falta.

Para ello pone dos velas: una a la izquierda radical, a la que ya no se ataca como peligroso extremismo sino que bendice como “encaste” de izquierdas con el que cabe matrimonio, y en cuyos escaños confía; y otra a los votantes moderados de centro izquierda, a los que como señuelo resumen pone la bandera.

El sueño de Sánchez no es en absoluto descabellado. Es una posibilidad cierta. Mucho más fácil que ganar las elecciones, pero eso ya no supone obstáculo para alcanzar el poder. Bien demostrado ha quedado tras el 24-M. Lo que necesita es quedar el primero por la izquierda y que el PP no alcance una mayoría suficiente y él sí llegue a ella sumando a Podemos o la marca por la que se presenten y a todo nacionalista, secesionista y similares hierbas que se apunte. Que se apuntan todos y en jubiloso tropel como muy bien se ha visto y confirmado en los pactos municipales y autonómicos.

Saben que ZPedro sería la puerta abierta de avanzar desbocados hacia sus objetivos y su debilidad, su fuerza. Y él, a su vez, se relame pensando que además los “malos” del PP ya le han dejado el país en marcha, la economía creciendo y el paro en descenso. O sea, ya en bonito para hacer gracia después de haberlas pasado negras y haber tenido que salvarlo a cara de perro. ¿Y quién se va acordar ya de que fueron ellos quienes lo dejaron para el desguace? Nadie, hombre, nadie. Ahora llegan los días del vino… y de la rosa.

Ese es el verdadero escenario de esta “Guerra del 15” que, sin que el verano la detenga, va a entrar en sus batallas decisivas hasta la ofensiva final del crudo invierno. ZPedro se ve en la Moncloa. Si le sale el cuento y las cuentas. Pero si no, ni siquiera le quedará la oposición. Porque entonces quien posará con la bandera será Susana.

ANTONIO PÉREZ HENARES


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