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Manuel Bellido Mora | El vino de los toreros (V)

Aunque Bodegas Márquez Panadero acostumbraba a centralizar la vendimia en su sede principal, esta alcanzaba tal volumen que requería anualmente el alquiler de otros lagares pequeños, para completar y asumir la totalidad de la producción. En los momentos de apogeo se llegó a molturar algo más de un millón de kilos de uva.

Personal de las Bodegas Márquez Panadero.
[FOTO: ÁNGEL TRENAS CABEZAS]

La fruta, principalmente, procedía del viñedo de la Huerta de los Padres, pero también de otros pagos ligados a la familia Márquez Panadero, como el Alto de Jesús, el cerro Encinas y El Sevillano, tal y como recuerda, con toda fiabilidad, Rosa Polonio.

“Pero, aparte de nuestra cosecha propia, se compraba a proveedores que, por lo general, eran fijos. Era el caso de Rafalito Marqués, que tenía su domicilio en el Llanete de la Cruz. Este, un hombre de plena confianza, era el abuelo de Pepe Moyano el carpintero. Y como la capacidad de la bodega no era suficiente, lo habitual era que se alquilaran bodegas particulares de distintos tipos”.

“Una de ellas era la de Luis Ortiz en Santa María, que estaba junto al bar del Niño Ríos. Otra que se alquiló es la de Manuel Criado Pino, y también, de esta misma forma, El Puntal y la de Tomás García que hoy es de Luis del Pino. Es decir, disponía de su recinto propio, pero además lo completaba arrendando otras instalaciones, casi siempre de tinajas para la fermentación”.

BODEGAS ROBLES - VINOS COMPROMETIDOS CON SU TIERRA

Abriendo mercados


Parece que la bodega data del último tercio del siglo XIX, según los documentos más antiguos que se conservan. Convergen en ella importantes dinastías vinícolas como la de García Toro, cuyo codiciado feudo en la calle El Horno (Médico Cabello) había atraído en su momento a renombradas firmas de Madrid, Jerez y Málaga. Crooke, que estaba emparentado con las familias Larios y Loring, dos insignes ramas de la burguesía industrial malagueña, se asentó en este genuino enclave vinícola de Montilla a mediados del diecinueve.

Tradición y modernidad fue la premisa de Márquez Panadero, que ocupaba una gran superficie cerca de El Coto. La propaganda fue determinante en su estrategia comercial. Confió en la capacidad de persuasión de los anuncios y de los reclamos publicitarios.

Entre otros objetos, hizo espejos y luminosos rotulados para captar clientela en la hostelería. Y un sinfín de cosas más: mecheros, cajas de cerillas timbradas, servilleteros, llaveros, insignias, cigarreras, libretillas, lápices y bolígrafos… Eran campañas que garantizaban una presencia constante en prensa y radio por medio de cuñas y llamativas tipografías.

Servilletero de Bodegas Márquez Panadero.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: ANTONIO MERINO MENOR]

Todo este ingente material promocional ayudó a dar a conocer la bodega y a introducirla en la vida cotidiana. A fin de diversificar y abrir mercados, Miguel Polonio Perez, otro de los sobrinos de doña Manolita Márquez, optó por afincarse en Cataluña, donde la colonia de emigrantes andaluces aumentaba de forma progresiva cada año. Atenderlos acercándoles el vino de la tierra era el objetivo, como nos relata Carmen Polonio.

“Mi padre se marchó a Barcelona en 1968 con la idea de abrir mercado en la Ciudad Condal. No se llegó, propiamente, a fijar una delegación, sino que mi padre representó allí a la bodega. Durante ese tiempo hizo una considerable cartera de clientes a los que se enviaba los pedidos”.

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“En su mayoría, la clientela estaba formada por andaluces y extremeños. Estuvo allí hasta el año 1973 en que volvió a Córdoba, que era una plaza muy señalada para la bodega, porque aquí, entonces, se vendía grandes partidas de vino; sobre todo el Amargoso tuvo una gran acogida en aquellos años, con muy buenas ventas. Era, con diferencia, la plaza donde más vino se nos pedía. De este vino se llegó a transportar un camión completo cada día a Córdoba. Tenía una fenomenal aceptación. Era muy apreciado”.

En la capital de la provincia, Márquez Panadero equivalía a fidelidad. Degustarlo era una cita diaria con un sabor familiar. En tabernas, bares, ventas y tascas la clientela los identificaba como algo propio. La jornada no estaba completa hasta que no llegaba el momento de tomar una copa.

Rafael Navarro, que conoce a fondo los secretos de este negocio y que también sabe interpretar las tendencias del consumo, subraya que Márquez Panadero se anticipó como pionera en un tipo de vino: “En Córdoba, ellos fueron líderes por sacar el vino en rama. Lo extraían de las botas a diario y de allí lo llevaban a sus puntos de ventas en la hostelería. Y la capital respondía muy bien a esta venta a granel”.

SUMINISTROS AGRÍCOLAS LUQUE

“Lo demandaban mucho y se servía el fino con su flor. Y ya sabes que la flor, así al natural, es muy buena para el estómago. Era una gran empresa que tenía gran calidad y muy buenos comerciales, entre ellos nuestro buen amigo Miguel Alférez. Vendía como nadie y además tenía algo especial, porque solía echar sus cantes cuando nos reuníamos para visitar a los clientes”.

Rafael Navarro también remarca que Málaga y algunos de sus pueblos eran buenas plazas en la cartera de pedidos de Márquez Panadero. “En Alhaurín de la Torre eran muy fuertes con importantes partidas de Fino El Pireo. Yo pude compartir muchas veladas con los viajantes de esta casa”.

“Cada uno teníamos nuestra parte, nos respetábamos y nos ayudábamos cuando era preciso. Tuvimos juntos grandes momentos. Echo de menos vinos de la categoría de aquella bodega cuyo cierre, para mí inesperado, fue una mala noticia, desde luego”.

El Coto y, al fondo, instalaciones de Bodegas Márquez Panadero.
[FOTO: MANUEL GONZÁLEZ CANDELAS]

Entre aquellos muros derruidos se elaboraron y se hicieron mayores de edad vinos finos de trascendencia y fama. Los tomaron por igual ateos y creyentes. Vinos de misa, pero también paganos. En alto, y con letras negras robustas, un gran letrero dictaba ante el transeúnte la mayúscula filiación de esta bodega: Márquez Panadero, cuyas bellas y dinámicas iniciales (algo tenían de divisa ganadera marcada a fuego) encerraban todo su secreto en un círculo, como un escudo, en sus añejas etiquetas.

Entregas anteriores


El vino de los toreros (I)
El vino de los toreros (II)
El vino de los toreros (III)
El vino de los toreros (IV)

MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: VARIOS AUTORES

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