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Manuel Bellido Mora | El hombre cámara (IV)

El verano de 1980 comprimió una envidiable densidad de conciertos en Montilla. El Albero Music, frente a Bodegas Montulia, en la zona del Polideportivo, estaba a pleno rendimiento. José Antonio Ortiz Barranco, que lo había abierto pensando en una instalación estable para grandes acontecimientos al aire libre, programó una generosa agenda de actuaciones, que se inició en junio con la visita de Mediterráneo, Imán Califato Independiente y Unión Pacific.

Actuación de Triana en Montilla.
[FOTO: RAFA JIMÉNEZ]

Una programación que alcanzó su cenit con la celebración de la II Uva Rock en aquel incómodo recinto de tierra lleno hasta los topes. Vino gente de todas partes de Andalucía, y de más allá, atraída por un cartel de lo más variado: Triana (era su segunda estancia en Montilla, y arrasó inculcando su poderosa semilla emocional a toda una generación), Topo, La Susi, Fandango, Cuarto Menguante y Mezquita.

Sin embargo, la apresurada apertura del Albero Music no estuvo exenta de problemas administrativos. Según consta en el Archivo Municipal, Antonio Villatoro Toro, propietario del solar, solicitó la correspondiente licencia el 24 de mayo.

Su idea era tener concedidos los permisos necesarios para realizar un “festival de música rock”, que tenía contratado para el 7 de junio. En esta instancia, Villlatoro, que estaba asociado con Ortiz Barranco y que, además era dueño de la cafetería Yucay, precisaba que se haría en un “lugar que esté vallado”.

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La respuesta municipal, en principio, ponía en peligro los planes de estos dos promotores de espectáculos. El preceptivo informe de los técnicos, indicaba que “girada visita de inspección se ha podido comprobar que […] se construye sin licencia municipal una cerca, y que dichos terrenos son atravesados por una línea eléctrica de alta tensión, existiendo un poste de hormigón en el interior del terreno que se cerca”.

Finalmente, en esta nota —rubricada por el entonces alcalde, José Luque Naranjo— también se dice que, para celebrar conciertos en este lugar, “la mencionada línea eléctrica debe eliminarse o cumplir las condiciones de seguridad”. En otro informe, el aparejador municipal señala que “la cerca se construye con una altura entre 2,50 y 2,70 metros, a base de pantallas de hormigón de unos 10 o 15 centímetros de espesor”.

En tiempo record se pudieron subsanar estos inconvenientes y contratiempos, de manera que hubo vía libre para el desfile de un buen número de estrellas del rock. Este asunto se llegó a tratar, incluso, en una Comisión Permanente del Ayuntamiento.

AGUAS DE MONTILLA

Se hizo en una sesión de la que, momentáneamente, se ausentó el concejal Amadeo Navarro, por sus lazos familiares con Villatoro. Así, el Albero Music, con todos los papeles en regla, se convirtió en punto clave de la geografía andaluza de conciertos veraniegos.

En agosto, José Antonio Ortiz Barranco, que había trabajado muy bien el tema publicitario con una importante inversión en cuñas y programas patrocinados en Radio Córdoba, trajo a Miguel Ríos. El granadino, pionero del rock en España, venía de triunfar el año anterior con la macrogira de La Noche Roja y ya estaba pensando en grabar el Rock and Ríos, el doble disco en directo más vendido en nuestro país.

La fotogenia de un líder


De todos estos eventos, como ahora se diría, se conserva memoria gráfica gracias a la labor incansable de Rafa Jiménez. Fue su último verano antes del obligatorio servicio militar en Alicante (allí, pisó el Campamento de Instrucción de Reclutas) y, después, en Lorca (Murcia), cumplió el resto de su ejercicio con las armas. Pero él no deseaba pegar tiros, sino disparar fotos. La mayoría se conservan en su archivo personal. No obstante, alguna que otra sí que tuvo oportunidad de ver la luz.

Miguel Ríos, entre José Alfonso y Manuel Bellido, en las Bodegas Alvear (2003).
[FOTO: RAFA JIMÉNEZ]

En concreto, las que le hizo a Miguel Ríos. En una de ellas, lo capturó en plena pose de atleta sobre las tablas, y en otra, remansado, en el camerino tras la agotadora actuación. Era, y es, un tipo con fotogenia. Posando, después del agotador esfuerzo, nuestro insigne, y laureado artista, también era un verdadero rey.

Ambas salieron en El Correo de Andalucía. Acompañaban un texto de Antonio López y mío al que, para nuestra satisfacción y orgullo juvenil, se le concedió el inusual protagonismo de ocupar una plana entera. Era para estar contentos, aunque no percibimos por esta hazaña ni una sola peseta. Es decir, fue por amor al arte.

El rey del rock nos dejó en sus declaraciones, en un pequeño habitáculo para cambiarse de ropa y descansar, una buena tanda de sabrosos titulares. Por suerte para el gremio de plumillas, Miguel Ríos es un tipo nada escueto. Es caudaloso, como expresa su apellido. Arrollador, a veces. Reflexivo, también.

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Le gustaba arengar a la tropa en el escenario y era, y lo sigue siendo, tremendamente locuaz ante el micrófono. No escurría el bulto ante ninguna cuestión, ni siquiera ante las más incómodas, cuando nosotros, ingenuos periodistas en construcción, creíamos apretarle con temas supuestamente punzantes. Es más listo que el hambre.

Arropado por una sensacional banda de seis instrumentistas, con estrellas como el guitarrista Javier Vargas y el teclista holandés Thijs Van Leer (Focus), que también tocaba la flauta, Miguel Ríos completó un gran espectáculo frente a unas tres mil personas.

Sobre su gimnástica actitud encima de la tablas, la aludida crónica de El Correo venía a explicar que “no para un segundo en un mismo sitio: se retuerce, gira, salta, incita a la gente, espectadores, sentados, pacíficos, a la rebeldía contra sus asientos”.

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En sus declaraciones, encontramos a un activista de la cultura que se entregaba por completo hasta vaciarse en cada bolo, sin importarle el sitio, ni lo recóndito que este estuviese, y que manifestaba, por encima de todo, una preocupación por la situación social de los más jóvenes.

“Yo creo que ser joven hoy en día es lo más difícil que hay, porque ser joven está considerado casi un hecho delictivo. No hay oportunidad para trabajar; aparte, tampoco existe una cultura oficial de la gente joven. Yo creo que el rock está cubriendo ese hueco”.

En esta entrevista hecha al vuelo, un Ríos amable, risueño y cercano se autorretrató como un artista con conciencia crítica: “No podemos estar desconectados de lo que pasa en las calles”, expresó contundente. Decía de sí mismo, también, que “pueda parecer que estoy un poco de vuelta y otras que no he llegado […]. Soy un tío que me preparo para dar un concierto, que vengo y no vengo a llevármelo, que me entrego y que, además, soy consecuente e intento hacer un acto honrado”.

Miguel Ríos, con un vaso de vino de Montulia.
[FOTO: RAFA JIMÉNEZ]

Miguel volvió a Montilla 23 años después para recibir el Primer Premio al Mérito Rockero, un reconocimiento especial que la Asociación La Abuela Rock concedió durante toda una década a los principales nombres de la escena del rock en España, en todos sus estilos y variantes, sin discriminación alguna.

Eran los meses del No a la guerra. Ríos, con tal motivo, desempolvó el Himno a la Alegría. Cantó a pelo algunas de las estrofas de este símbolo antibelicista en medio de la emoción del público que compartió con él un almuerzo en el Salón Restaurante de Los Arcos.

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Lo hizo de forma improvisada, como un espontáneo grito contra la barbarie de las bombas. Previamente había girado visita a las tricentenarias Bodegas Alvear, donde dejó su impronta de genio con solera. Aquel mediodía primaveral, catando excelentes vinos, alzó su copa. No era la primera vez que lo hacía.

Cuando actúo en el Albero Music, tiempo atrás, brindó, en pleno espectáculo, con un vasito de plástico, de esos baratos y desechables, pero que siempre son tan útiles y necesarios en las fiestas. El modesto envase llevaba el logotipo de Montulia. Lo sabemos porque se distingue y se ve bien.

Es un valioso testimonio que muestra, con certera oportunidad periodística, este preciso instante. El del artista consagrado que, en pleno éxtasis, levanta, y saborea, el trago del triunfo. ¡Va por ti, Rafa! Nos vemos en los conciertos.

Entregas anteriores


El hombre cámara (I)
El hombre cámara (II)
El hombre cámara (III)

MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: RAFA JIMÉNEZ

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