Montilla vivió ayer la estación de penitencia del Santísimo Cristo del Perdón, organizada por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, en una noche de Lunes Santo marcada por la estabilidad meteorológica y una atmósfera primaveral que envolvió con el característico aroma a azahar que inunda la calle Ancha uno de los cortejos más sobrios, elegantes y profundamente recogidos de la Semana Santa local.
La ciudad volvió a vestirse de negro al caer la noche, envuelta en un silencio que no era vacío, sino emoción contenida. Bajo ese manto de quietud, el Santísimo Cristo del Perdón, imagen atribuida al imaginero montillano Cristóbal de Guadix, recorrió las calles de Montilla en una estampa de sobriedad estética y hondura espiritual que, un año más, dejó una huella imborrable entre los fieles.
A diferencia de otros años, la climatología acompañó de manera decisiva el desarrollo de la jornada. Las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) transmitían confianza a los responsables de la cofradía, confirmando un escenario plenamente primaveral, sin riesgo alguno de precipitaciones, para la noche del Lunes Santo en Montilla.
Gracias a ello, el discurrir sosegado del paso volvió a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la noche. El Cristo del Perdón, entronizado en su característico paso de caoba y oro, avanzó con cadencia medida, iluminado por los cuatro candelabros arbóreos estrenados en 2022, cuya luz cálida dibujaba claroscuros sobre la talla y reforzaba la atmósfera de recogimiento. El exorno floral, con su apuesta por variedades exóticas, contribuyó igualmente a subrayar la personalidad estética del conjunto.
De igual modo, la música volvió a desempeñar un papel esencial en la construcción de esa identidad. La Agrupación Musical La Unión incorporó a su repertorio la marcha Padre del Perdón, una composición propia firmada por el compositor cordobés Jesús Lora Vaquero con motivo del cuadragésimo quinto aniversario de la formación. La obra, concebida expresamente para esta efeméride, sonó ante el crucificado de San Agustín, al que la agrupación pone sus sones desde 2016, sumándose así a un repertorio ya consolidado bajo la dirección de Miguel Estepa.
La estación de penitencia de este Lunes Santo estuvo precedida por un año especialmente significativo para la imagen del Santísimo Cristo del Perdón, que ha ocupado un lugar central en la vida cofrade de la ciudad. No en vano, ha sido la imagen elegida para protagonizar el cartel oficial de la Semana Santa de Montilla 2026, obra del artista montillano Jaime Luque Luque.
Asimismo, el crucificado también protagonizó el Vía Crucis Penitencial de Hermandades celebrado el primer Viernes de Cuaresma, consolidando su protagonismo en uno de los actos más destacados del calendario religioso montillano y anticipando, en cierto modo, la intensidad vivida en la jornada de ayer.
Y es que la historia de esta imagen se remonta a 1703, cuando fue realizada por Cristóbal de Guadix para recibir culto en el ático del retablo de la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Recuperada por la hermandad en 1992, tras haber sido cedida en la década de los setenta a la Parroquia de San Sebastián bajo la advocación de la Misericordia, la talla ha ido afianzando con el paso del tiempo su lugar en la Semana Santa de Montilla.
Además, desde su primera estación de penitencia en la tarde-noche del Lunes Santo, la Hermandad del Nazareno apostó por la incorporación de hermanas costaleras, configurando una cuadrilla consolidada y reconocida por su andar elegante y dulce, perfectamente acompasado con un repertorio musical cuidado que volvió a evidenciarse en la noche de ayer.
De este modo, Montilla cerró el Lunes Santo con la sensación de haber vivido una de las citas más íntimas y solemnes de su Semana de Pasión, en la que el silencio, la música y la devoción se fundieron en torno al Cristo del Perdón para ofrecer una estampa de profunda belleza, marcada por la serenidad de la noche y el pulso contenido de una fe que se expresa sin estridencias.
La ciudad volvió a vestirse de negro al caer la noche, envuelta en un silencio que no era vacío, sino emoción contenida. Bajo ese manto de quietud, el Santísimo Cristo del Perdón, imagen atribuida al imaginero montillano Cristóbal de Guadix, recorrió las calles de Montilla en una estampa de sobriedad estética y hondura espiritual que, un año más, dejó una huella imborrable entre los fieles.
A diferencia de otros años, la climatología acompañó de manera decisiva el desarrollo de la jornada. Las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) transmitían confianza a los responsables de la cofradía, confirmando un escenario plenamente primaveral, sin riesgo alguno de precipitaciones, para la noche del Lunes Santo en Montilla.
Gracias a ello, el discurrir sosegado del paso volvió a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la noche. El Cristo del Perdón, entronizado en su característico paso de caoba y oro, avanzó con cadencia medida, iluminado por los cuatro candelabros arbóreos estrenados en 2022, cuya luz cálida dibujaba claroscuros sobre la talla y reforzaba la atmósfera de recogimiento. El exorno floral, con su apuesta por variedades exóticas, contribuyó igualmente a subrayar la personalidad estética del conjunto.
De igual modo, la música volvió a desempeñar un papel esencial en la construcción de esa identidad. La Agrupación Musical La Unión incorporó a su repertorio la marcha Padre del Perdón, una composición propia firmada por el compositor cordobés Jesús Lora Vaquero con motivo del cuadragésimo quinto aniversario de la formación. La obra, concebida expresamente para esta efeméride, sonó ante el crucificado de San Agustín, al que la agrupación pone sus sones desde 2016, sumándose así a un repertorio ya consolidado bajo la dirección de Miguel Estepa.
La estación de penitencia de este Lunes Santo estuvo precedida por un año especialmente significativo para la imagen del Santísimo Cristo del Perdón, que ha ocupado un lugar central en la vida cofrade de la ciudad. No en vano, ha sido la imagen elegida para protagonizar el cartel oficial de la Semana Santa de Montilla 2026, obra del artista montillano Jaime Luque Luque.
Asimismo, el crucificado también protagonizó el Vía Crucis Penitencial de Hermandades celebrado el primer Viernes de Cuaresma, consolidando su protagonismo en uno de los actos más destacados del calendario religioso montillano y anticipando, en cierto modo, la intensidad vivida en la jornada de ayer.
Y es que la historia de esta imagen se remonta a 1703, cuando fue realizada por Cristóbal de Guadix para recibir culto en el ático del retablo de la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Recuperada por la hermandad en 1992, tras haber sido cedida en la década de los setenta a la Parroquia de San Sebastián bajo la advocación de la Misericordia, la talla ha ido afianzando con el paso del tiempo su lugar en la Semana Santa de Montilla.
Además, desde su primera estación de penitencia en la tarde-noche del Lunes Santo, la Hermandad del Nazareno apostó por la incorporación de hermanas costaleras, configurando una cuadrilla consolidada y reconocida por su andar elegante y dulce, perfectamente acompasado con un repertorio musical cuidado que volvió a evidenciarse en la noche de ayer.
De este modo, Montilla cerró el Lunes Santo con la sensación de haber vivido una de las citas más íntimas y solemnes de su Semana de Pasión, en la que el silencio, la música y la devoción se fundieron en torno al Cristo del Perdón para ofrecer una estampa de profunda belleza, marcada por la serenidad de la noche y el pulso contenido de una fe que se expresa sin estridencias.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: ÁLVARO CARRASCO
FOTOGRAFÍA: ÁLVARO CARRASCO


















































