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6 de noviembre de 2013

  • 6.11.13
“Bruselas mejora las previsiones económicas para España”. Con este titular abría ayer un artículo El País sobre las previsiones de Bruselas en cuanto al crecimiento en España. Y, al leerlo, me asaltó inmediatamente una pregunta: ¿a quién se le imputara la deuda del rescate a la banca? Lo más probable es que se contabilice cuando gobierne la izquierda, para volver a mentirnos diciendo que la derecha gestiona muy bien, y que la izquierda lo hace muy mal.

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Pero el problema de la hipocresía de Bruselas y de la derecha, española y europea –puesto que debemos darnos cuenta de que, al margen de la "curiosidad" francesa, quien gobierna en Europa es la derecha- es que los ciudadanos nos creemos lo que nos dicen y no vamos más allá de lo que se nos muestra en la televisión o lo que reiteradamente dicen los portavoces de la derecha de aquí y de allí.

La verdad es que en España seguimos yendo mal, aunque sí es cierto que vamos menos mal que la tendencia que apuntaban los últimos datos. Pero ese “menos mal” no se debe a ninguna acción del Gobierno que se ha dedicado a apuntalar a sus "colegas", sino a que ya no podemos ir peor, aunque nos gobierne Rajoy.

No obstante, de seguir con estas políticas neoliberales de derecha, estamos abocados a un país lleno de pobres, aunque, eso sí, con unas grandes empresas boyantes y unos empresarios –que recientemente daban pena en todos los sentidos-, triunfadores en un país de sueldos bajos y derechos ciudadanos aniquilados.

PEPE MOLINA
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13 de octubre de 2012

  • 13.10.12
El ministro de Economía, Luis de Guindos, atribuye el deterioro de las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) –que hace unos días aventuraba que el Producto Interior Bruto (PIB) español bajaría un 1,3 por ciento durante el próximo año 2013- a "factores externos".

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Por supuesto, si estuviéramos solos en este mundo y solo existiese una moneda, y un solo Gobierno, no existirían esos "factores externos" a los que se refiere el ministro, pero… ¿qué quiere decir el ministro con esto? ¿Es que quizá la economía no ha dependido siempre de factores externos? ¿O de factores ambientales? ¿O del entorno? ¿O es que acaso quiere derivar su responsabilidad a otros y es incapaz de reconocer su desacierto en la política económica o su falta de competencia al respecto?

A nadie hay que explicarle que si los demás crecen, nosotros creceremos; y que si los demás tienen dificultades, es insostenible una línea de bonanza constante. Pero, dicho esto, también debería saber el ministro que si no remamos, el barco no se moverá cuando cese el viento. Y a todos nos da la impresión de que este Gobierno y este ministro están echando el ancla e inmovilizando los remos en una situación económica de “calma chicha”, hablando en términos marineros.

En cualquier caso, el ministro ya estaría más que amortizado si no fuese porque la perversidad de esta crisis no permite añadir otra “crisis política”. No obstante, da la impresión, cada vez de manera más tozuda, de que este Gobierno –con su ministro de Economía a la cabeza- no saben dónde llevarnos, ni cómo. Y lo peor es que nos confunden a todos: técnicos, pueblo llano, socios e inversionistas.

Por poner un ejemplo: ¿cómo se le ocurre decir que el “banco malo” –negado hasta la saciedad por el Gobierno- va a hacer que baje la vivienda? ¿Se han vuelto todos locos? ¿Quiere decir el ministro que cuando por fin parece que se organiza un desastre –el inmobiliario- y se pone orden –con diez años de amortización para los tóxicos- van a bajar las viviendas? Entonces, ¿para qué han hecho el banco malo? ¿Para que baje aún más la vivienda? ¿No sabe el ministro que cuanto más baje la vivienda, menos tendremos todos y menos valdrá el país?

Cualquiera diría que el ministro no sabe lo que dice. Me refiero a que el ministro de Economía no da la impresión de que sepa de economía. Y eso, en la situación en la que estamos, no es grave: es catastrófico. O por lo menos no lo cuenta, o nos cuenta milongas. Y eso tampoco lo merecemos los ciudadanos.

Los ciudadanos, en nuestra tolerancia infinita, seguimos mostrando signos de sometimiento cada vez que hacen una afirmación gratuita, y somos respetuosos y complacientes. Pero es que además, recientemente, también ha asegurado el señor De Guindos que lo del "banco malo" es, además, para que "fluya el crédito".

Por favor, que todo un ministro de Economía sostenga un argumento y el contrario a la vez, tal y como está demostrando en lo del “banco malo”, es cuando menos atentar contra nuestra última pizca de inteligencia.

PEPE MOLINA

26 de septiembre de 2012

  • 26.9.12
Hemos adoptado el euro de forma admirable. Aunque yo, al menos, tengo que admitir que a veces debo echar mano de la calculadora y de un grado de atención especial para asimilar ciertas cifras en euros, especialmente cuando pasan de tres dígitos. Eso me lleva ocurriendo con el caso del tristemente famoso rescate de la banca y, especialmente, cuando se dan cifras que tienen que ver con Bankia.

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Todos sabemos que debemos rescatar a la banca. Y todos sabemos que, debido a “situaciones del mercado adversas”, algunos bancos –y aquí englobo a cajas y bancos- van a necesitar que el Estado las rescate, con dinero nuestro o prestado, y que, en este caso, nos lo va a prestar un “mecanismo europeo” pero que, a la postre, es dinero publico: dinero de todos.

Hasta ahí todo parece natural y, hasta cierto punto, entendible. A todos se nos fue un poco la cabeza con el boom inmobiliario y, claro, a los bancos también les pasó algo parecido. Con todo, hubo un tiempo, no muy lejano, en que presumíamos que los bancos los dirigían "gente sensata y muy preparada".

Por ir concretando: ¿cuánto creen que va a necesitar Bankia? Según la consultora Oliver Wyman –que a unos les gustará más y a otros menos, pero que cuando todas las instancias aceptan sus informes algún voto de confianza tendremos que darles-, Bankia va a necesitar 26.000 millones de euros. A estos hay que sumarles otros 4.500 que ya se les dio anteriormente, lo que, sumado, hará un total de 30.500 millones de euros.

Por cuestiones de “criterio”, los expertos están discutiendo si esa cifra será de 6.000 millones menos pero, independientemente de la decisión final, podemos considerar un total de 30.500 millones de euros, tal y como han confirmado los expertos contratados para cerrar la auditoría.

¿Y cuánto son, exactamente, 30.500 millones de euros? Voy a darles alguna idea, para que vean a cuánto ascienden “las situaciones de mercado adversas” con las que aparentemente se encontró Bankia.

El presupuesto global anual de toda la comunidad autónoma andaluza –y ahí se incluyen todos los gastos, de los que los más importantes son Educación y Seguridad Social- asciende a 32.000 millones de euros. Es decir, Bankia tiene un agujero que ellos definen como “para afrontar un escenario económico adverso” de prácticamente el mismo importe que el presupuesto anual andaluz. Seguramente, aprovechando este ejemplo, habrá quienes ahora aprovechen para debatir sobre si es excesivo o no el presupuesto de la Junta.

Bien, voy a darles otro dato: 30.500 millones de euros equivalen a casi 45 millones de salarios mínimos mensuales. ¡45 millones! O, lo que es lo mismo, equivale a más de 3,7 millones de puestos de trabajo durante un año completo. ¡Casi cuatro millones de puestos de trabajo durante todo un año!

Y voy a darles otra cifra: ¿se acuerdan ustedes de las pesetas? ¿Y se acuerdan de que, en ocasiones, se hablaba de unas cifras astronómicas que se decían en billones, con "b"? Pues bien, 30.500 millones de euros son más de 5 billones de las antiguas pesetas. Cinco billones de pesetas. Con "b".

Con estas cifras encima de la mesa, ¿no creen ustedes que no es suficiente con llevar a efecto el rescate sino que, además, es absolutamente imprescindible que se investigue a fondo cómo se utilizó el dinero en Bankia?

PEPE MOLINA

1 de agosto de 2012

  • 1.8.12
He llegado a la conclusión de que para hacer un análisis desapasionado y objetivo de nuestro Gobierno, deberíamos dejar a un lado la crisis económica. Es tan grande, tan imprevista, tan generalizada y cuenta con tantas aristas, opiniones y juicios de tantos y tantos expertos que opinan en un sentido y en el contrario, en el minuto anterior y en el siguiente, que cualquier análisis del Ejecutivo que preside Mariano Rajoy carecería de valor. Por lo tanto, lo que me propongo es analizar a este Gobierno obviando ese macroproblema.

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Asuntos Exteriores: el señor García Margallo comenzó haciéndole guiños a Argentina, y alardeando de "patriotismo peñonero", intentando darle lecciones de “descolonialismo” a Gran Bretaña que, a la postre, se tuvo que merendar, sin pan y sin agua.

Lo último ha sido la insuficientemente explicada repatriación de los cooperantes españoles de Tinduf. De todas formas, para sonrojarse con nuestro ministro de Exteriores solo hace falta dar un repaso a sus actuaciones.

Educacion: el ministro de Educación centró su acción en la reforma de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Sencillamente, es de pena que la formación de nuestros jóvenes dependa de la capacidad de persuasión de una doctrina religiosa y que nuestros responsables políticos no tengan ni la capacidad ni la intención de liberarse del yugo religioso estando ya en el siglo XXI. Y no estamos hablando de analfabetos, sino de gente que se supone magníficamente preparada.

Sanidad: su obsesión fue paralizar iniciativas autonómicas e implantar el copago. Es una verdadera obsesión del partido que sustenta al Gobierno erradicar cualquier atisbo de gratuidad, aunque ello se haya pagado previamente, o aunque esa gratuidad sea un elemento fundamental en los principios más básicos de justicia social.

Lo último ha sido pregonar el hallazgo del siglo: “existen 150.000 tarjetas de la Seguridad Social en vigor de personas ya fallecidas”, es decir el 0,35 por ciento de la población española. En España mueren al año alrededor de 400.000 personas, con lo que esa cifra de “fraude” podría equivaler a los fallecidos en unos cinco meses que, quizá, todavía no se han actualizado.

Hacienda: cuando más confianza necesita el país, “donde dije digo, digo Diego”. Solo pedimos seguridad. Si no sabe, calle; y si no sabe qué va a ocurrir diga "no lo sé". A veces, oyendo a alguien, da la impresión de que cierta “seguridad” no es más que insolencia.

Economía: el caso más grave y evidente de la crisis económica ha sido el de Bankia. Pues bien, todos sabemos que el Gobierno solo no puede solucionarlo. También estaríamos dispuestos a admitir que los ciudadanos somos los responsables con nuestros fastuosos gastos... Pero, ¡por dios, ministro! no encienda la mecha con la traumática dimisión en pleno vendaval. Necesitamos cerebro, no vísceras.

Agricultura y Medio Ambiente: se ha ocupado en hacer una Ley de Costas a medida: a medida de determinados intereses, no de los del país.

Vicepresidencia del Gobierno: su misión ha sido prácticamente la de recordarnos lo malos que hemos sido con nuestros inmerecidos dispendios e iluminarnos los caminos del purgatorio. Una luz de moral ahorradora.

Justicia: he preferido dejarlo para el final. Nos pretende aportar una reforma del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que se ha hecho con el tiempo inoperante, debido en gran parte a la politización que del mismo ha venido haciendo el PP desde que tenemos la democracia en España.

Y ahora, pretende ungirse en redentor y obligar al país a pasar por su propia concepción de la Ley de Interrupción Voluntario del Embarazo. Y me pregunto: este ministro ¿está endiosado?, ¿Fanatizado? ¿O se trata de un fundamentalista católico?

No sabría qué responder. Lo que sí parece es que expertos ya le han indicado que su propuesta no parece ni siquiera contar con una mínima caridad humana, y parece partir de creencias personales, o sugeridas por la Iglesia Católica, en un país que el señor Gallardón no debe olvidar que se declaró aconfensional.

Presidencia del Gobierno: nos prometió seguridad; nos prometió ganar prestigio; nos prometió arreglar los problemas del país e, insisto, dejando a un lado la crisis económica, ¿qué problemas del país ha arreglado?

El anterior análisis son solo pinceladas, no un repaso riguroso de la gestión de los ministerios del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Aunque estoy convencido de que si lo hiciéramos más pormenorizado, saldrían mucho peor parados. Por lo tanto, si intentamos separar el grano de la paja en la gestión de este Gobierno, lamentablemente da la impresión de que solo encontraríamos paja.

No obstante, esta situación de ineficacia y atrincheramiento no es lo verdaderamente preocupante. Lo grave es que el Ejecutivo parece haber cogido la crisis como coartada y la imposibilidad de hacer una autocrítica real de su gestión lo convierte en incapaz de llevar a cabo una política acertada en cualquier asunto.

PEPE MOLINA

22 de junio de 2012

  • 22.6.12
Es imprescindible no solo dar explicaciones sino, sobre todo, investigar causas y responsabilidades. 100.000 millones de euros equivalen a 11 millones de salarios mínimos anuales. Es decir, con el dinero que se le va a facilitar a parte de la banca española se podrían dar más de 11 millones de puestos de trabajo durante un año con el Salario Mínimo Interprofesional –establecido en 8.979,60 euros anuales-. O lo que es igual: con dicha cantidad tendríamos un "paro cero" durante dos años.

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Por supuesto, este planteamiento es pura demagogia y no solucionaría nada. No obstante, sí nos merecemos algo más que los “quites” que está haciendo el Gobierno, que parece que quiere que pasemos por el asunto como meros espectadores de sus estrategias de distracción.

No podemos olvidar que, aunque el Gobierno trate de vendernos esta operación arguyendo toda clase de bondades, al final ese préstamo lo avala el Reino de España, es decir, todos y cada uno de los españoles.

En consecuencia, de la necesidad y uso de esa ingente cantidad de dinero hay que dar explicaciones sin más dilación. Y no vale ningún tipo de excusas. Las prioridades puede y debe administrarlas el Gobierno, pero no es el que debe marcarlas: las prioridades las marca el pueblo.

Y, en este caso, por el hecho de que los españoles vamos a llegar a ser últimos deudores de un diez por ciento más de todo nuestro Producto Interior Bruto (PIB), pienso que el Gobierno está obligado a dar una explicación. Es algo "que va en el cargo", como se suele decir.

No obstante, en este caso no sería suficiente con las explicaciones. Esta necesidad de financiación tan brutal se va a producir porque ha habido algunas instituciones financieras que han administrado muy mal dos cosas: el dinero de sus accionistas y la confianza de sus impositores y clientes, que se identificaban con dichas instituciones. Por lo tanto, es imprescindible llegar al fondo de las circunstancias que han producido este descalabro.

Últimamente, en nuestro país se han cometido muchos excesos inmobiliarios; se ha hablado mucho de la "burbuja" pero, ante la crudeza de la situación, los ciudadanos estamos en nuestro derecho de pensar que esta crisis no solo puede haberse debido a una mala gestión económica de buena fe, sino que, incluso, puede haber otro tipo de irregularidades. Por lo tanto, por responsabilidad y por pura higiene económica, es necesario investigar lo que aquí ha ocurrido.

Expertos en Economía han señalado en diversos medios que el epicentro del problema, lo que realmente le añade un plus de dificultad a su resolución, son los solares; solares que, hasta hace unos meses, pudieron ser campos agrícolas improductivos y que, de la noche a la mañana, se han convertido en activos irrealizables, con un valor en balances absolutamente descabellado. "Activos tóxicos" que los llaman.

Entretanto, nuestro Gobierno pretende convencernos de la suerte que hemos tenido con que nos rescaten a “una parte del sector financiero”, y con lo bien que están haciendo su papel, algo muy discutible.

Nuestros dirigentes pasan de puntillas sobre el asunto o ni siquiera lo tienen en cuenta. En mi opinión, los pisos y la obra pública que se ha construido, con mayor o menor acierto, está ahí y se puede valorar con determinados baremos. Pero los solares no son valorables en estos momentos.

Ante esta situación, cabe preguntarse: ¿Cómo se recalificaron los solares? ¿Qué procedimiento y periodos llevaron esas calificaciones? ¿A quiénes? ¿De dónde salió el dinero para el pago de los mismos? ¿Cómo se avaló en caso de que fuera mediante préstamos? ¿En cuánto están valorados en balances? Y concluyo: ¿No habrá habido fraude –e incluso estafa- también en las recalificaciones y en la compraventa de estos solares que no sirven absolutamente para nada –ni ahora ni en los próximos veinte años-?

La situación es especialmente grave y, aunque el Gobierno se empeñe en quitarle importancia a la repercusión que pueda tener este rescate, no cabe la menor duda de que la tendrá.

E, incluso si no fuera así, y solo por el hecho de que España va a avalar ese dinero, los españoles nos merecemos una detallada explicación y que se pongan en marcha los mecanismos oportunos para investigar, caso por caso, a los bancos a los que se vaya a prestar ese dinero, con el fin de despejar toda duda en cuanto a que se hayan podido cometer irregularidades en las inversiones y préstamos concedidos para ello.

No se trata de una postura visceral: se trata simple y llanamente de responsabilidad y de coherencia. Cuando entra dinero público en una empresa o en una entidad en la cantidad en que va a hacerlo ahora –y en las circunstancias que envuelven el asunto-, los ciudadanos tenemos derecho a saber los motivos por los que ese dinero va a entrar en esa institución y llegar al fondo de las causas que han producido esa situación. Y el Gobierno no puede negarse a ello, ni posponer explicaciones sin faltar a sus responsabilidades mas básicas y elementales.

PEPE MOLINA

7 de junio de 2012

  • 7.6.12
En la situación actual, parece obligatorio que los ciudadanos nos planteemos algunas cuestiones sobre el futuro de España en la Unión Europea (UE), y sobre el papel que esta jugará en nuestro país. A continuación voy a tratar de dar mi punto de vista sobre algunas de las que considero mas importantes.

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A España le está ocurriendo como al enfermo que ha perdido mucha sangre y que, por cuestiones ideológicas, se niega a que le hagan una trasfusión sanguínea. Es decir, nos estamos oponiendo a la prescripción del facultativo –que, en este caso, es la UE-, dado que nuestro Gobierno ha optado por la “resistencia numantina”. Sigamos ahora con otras cuestiones:

¿Y por qué estamos intervenidos? En primer lugar, porque desde hace meses estamos siguiendo algunas de las instrucciones de la UE para que no nos precipitemos al vacío –es decir, a la bancarrota-. Y en segundo lugar, porque no somos capaces de financiarnos a unos intereses aceptables.

¿Entonces, por qué unos niegan la intervención (Gobierno español) y otros parecen impulsarla (mercados)? Solo porque estamos esperando dar formalidad al asunto. Y no se la damos por dos razones. Una, porque el Gobierno del PP quiere que la UE facilite fondos a la banca directamente; y dos, porque la UE quiere hacerlo, pero a través del Gobierno, es decir, con su aval, y con su compromiso formal de que va a hacer definitivamente lo que hay que hacer dejándose de tantas milongas.

¿Por qué hablo de "milongas"? Muy sencillo, porque hemos tenido que ir a Washington y a Frankfurt para que, “diplomáticamente”, nos digan tanto Estados Unidos como Alemania que “lo que estamos haciendo está bien”, pero nos callamos lo que también nos han dicho, y es “que tenemos que hacer más”. Claro, eso en diplomacia no se dice, puesto que sería considerado como “injerencia”.

¿Merece la pena esperar a la nueva organización económica de la UE? En absoluto. El Gobierno del PP hizo mal aplazando el Presupuesto General del Estado hasta marzo; hizo mal al no subir el IVA de forma inmediata al asumir el poder; y, por último, está haciendo mal la reforma financiera.

¿Por qué hace tantas cosas mal el PP? Muy sencillo: en mi opinión aún ha sido incapaz de gobernar para la mayoría. Está haciendo reformas que solo obedecen a planteamientos de parte del país –empresarios, capitalistas y bancos- y no al interés de la mayoría. Puede ser que no le dejen o que sea su convencimiento pero, en cualquier caso, es condenable.

¿Nos perjudicaría la intervención? Al ciudadano de a pie, en absoluto. Sí es cierto que tendríamos que pagar algo más de IVA, que en mi opinión no afectaría de forma notoria al consumo, ni a nuestra vida cotidiana, y considero que se compensaría en gran medida tan pronto se consiguiera más confianza en el país y mayor actividad económica.

¿A quién perjudica una eventual intervención? Principalmente, a los capitales y a la banca. Todos hemos perdido poder adquisitivo, por culpa de la reducción de los salarios y a los constantes recortes de derechos. Ahora le tocaría a la banca, es decir, la intervención traería consigo una devaluación de la banca española, la más vulnerable a “los solares” –que no al ladrillo, ya que este no es el epicentro del problema-. Por lo tanto, los bancos perderían valor y también lo harían algunos capitales. Pero, en la práctica, al ciudadano medio solo le beneficiaría, a corto, medio y largo plazo.

¿Y podríamos sufrir una evolución a la griega, es decir, convulsa? Realmente, no, siempre que el Gobierno del PP no estropee el asunto. Es decir, en Grecia no saben realmente lo que quieren y los partidos en los extremos aún siguen instalados en la demagogia de achacar el problema al euro.

Aquí en España, quien más puede cuestionar a Europa no es precisamente IU, sino el PP, con esa añoranza tan característica de que “cualquier otro tiempo (caciquil) fue mejor”. Por otro lado la fortaleza económica de España es considerablemente mayor que la de Grecia. Por lo tanto, no nos ocurriría como a Grecia, sino más bien algo parecido a lo de Irlanda. Todo ello, insisto, sujeto a que el PP no se tire al monte.

¿Por qué no se permite la intervención de una vez por todas? Muy sencillo, porque supondría una cesión de la gestión económica por parte del Gobierno a la UE, que no de soberanía, que lo de ceder soberanía es una falacia. Y, además, supondría la pérdida absoluta del poco prestigio que aún le queda al PP. Es decir, si no se pide la intervención de la UE no es por razones de interés común para España sino que, principalmente, obedece a cuestiones partidistas.

Nuestro Gobierno se está empeñando en cambiar todas las reglas que anteriormente se han puesto en marcha con Grecia, con Irlanda, con Portugal, incluso con Italia, para que no se vea afectado su propio prestigio y, por supuesto, eso ni es serio ni se lo va a permitir la UE. Por dos razones: ni es razonable lo que pide nuestro Gobierno, ni es legal.

¿Y ante esta situación qué cabe hacer? Tener calma, apoyar la intervención de la UE, intentar que el Gobierno entre en razón y exigir que se haga de forma ordenada, no como se ha hecho, por ejemplo, con la nacionalización de Bankia, con el “Séptimo de caballería” a todo galope y desbocado.

Tengo que añadir, por último, que todo lo anterior son opiniones basadas en la observación y en mi propia experiencia, porque ya lo dicen los economistas: “no hay ciencia más inexacta que la económica”, en la que parece que solo aciertan a toro pasado...

PEPE MOLINA

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