A partir de las 19:41 de esta tarde, el horizonte occidental de Montilla comenzará a transformarse. La Luna iniciará su tránsito sobre el disco solar para alcanzar, a las 20:37 horas, su punto culminante: una ocultación del 96 por ciento que sumirá a la comarca en una penumbra mágica y sobrecogedora a escasos minutos del ocaso.
Con este histórico alineamiento arrancará la ansiada "Tríada de Eclipses Ibéricos" (2026-2028), un espectáculo que se suma a toda una historia de crónicas, pliegos de cordel y recuerdos en los que los vecinos registraron, con una mezcla de pavor sagrado e intuición científica, los fenómenos celestes y atmosféricos más memorables de la Campiña Sur cordobesa.
El precedente documental más impactante redactado en Montilla se remonta al 17 de noviembre de 1605. Aquella noche de la festividad de San Acisclo y Santa Victoria, patrones de Córdoba, una llamarada rojiza emergió sobre el septentrión. El doctor Reyes de Castro, médico residente en Montilla, observó perplejo cómo una gruesa columna de vapor inflamado, de base blanca y ápice "del color y la figura de la sangre", ascendía hacia el firmamento.
Reyes de Castro inmortalizó el evento en un célebre pliego de cordel impreso en Córdoba titulado Pronosticación de las grandes señales que aparecieron en el cielo el jueves a las seis de la noche, día de los gloriosos mártires Acisclo y Victoria, patrones de Córdoba, a diez y siete de noviembre de mil y seiscientos y cinco años. Considerada por los historiadores como una de las descripciones primarias de una aurora boreal más antiguas en lengua castellana, la obra combinaba la física aristotélica de las exhalaciones terrestres con la astrología médica.
Para el doctor montillano, el cielo sangriento presagiaba plagas de peste, la muerte de príncipes y un empeoramiento de la calidad del aire que generaría afecciones físicas entre sus vecinos. Mientras en Montilla se interpretaba la luz como un presagio nefasto citando a Plinio el Viejo, en el resto de Europa comenzaba el tránsito hacia la explicación estrictamente geofísica de las auroras de baja latitud.
La memoria celestial de la Campiña se entrelaza también con la historia de los eclipses. Si bien las grandes sombras medievales pasaron a la posteridad en los Anales Toledanos (1239) o en epígrafes como el de Sos del Rey Católico (1354), la provincia de Córdoba vivió una auténtica metamorfosis durante la llamada "época dorada de los eclipses españoles", entre 1900 y 1912.
Durante aquellos eclipses solares totales que atrajeron a expediciones internacionales a la península, Montilla experimentó profundas penumbras parciales que alteraron la conducta de la fauna local y paralizaron la actividad agrícola.
Pero en la era contemporánea, la tecnología ha sustituido al temor ancestral. El 3 de noviembre de 2013, durante un eclipse solar híbrido, el astrónomo y divulgador montillano Paco Bellido fotografió el evento desde la propia localidad utilizando telescopios solares dedicados a la línea de emisión del Hidrógeno-Alfa.
El apilado informático de vídeo permitió registrar las protuberancias de la cromosfera solar a pesar de la nubosidad variable, anticipando la precisión con la que hoy los aficionados de la Agrupación Astronómica Montillana "Mizar" —con José Urbano y Paco Bellido a la cabeza— fotografían el firmamento.
El firmamento montillano también ha sido escenario de episodios marcados por el contexto histórico. Durante la noche del 25 al 26 de enero de 1938, en plena Guerra Civil Española, tuvo lugar la célebre "Tormenta de Fátima", una de las mayores tormentas geomagnéticas del siglo XX.
Originada por un grupo masivo de manchas solares detectado por el Observatorio de Greenwich, la radiación solar pintó el cielo de Montilla de un rojo fuego aterrador. Desprovistos de explicaciones astronómicas, civiles y combatientes temieron que el resplandor procediera de un gran bombardeo o de incendios devastadores en los municipios cercanos.
Aquella misma luminiscencia magenta y violácea volvió a sorprender a los vecinos recientemente, entre el 10 y el 11 de mayo de 2024, durante otra histórica tormenta solar. Además, en la lista de cataclismos naturales que sobrecogieron a la localidad en algún momento de su historia destacan las bolas de fuego cometarias —como el bólido procedente del cometa 169P/NEAT, que el 27 de julio de 2016 cruzó los cielos de la comarca a 95.000 kilómetros por hora—.
Mención aparte merecen los estremecimientos de la propia Tierra. En la memoria colectiva permanece la trágica noche del 5 de julio de 1930, cuando un terremoto epicentral con magnitud VII-VIII en la escala de Mercalli sacudió Montilla durante doce interminables segundos. El seísmo redujo a escombros más de 250 viviendas en calles históricas como Santa Brígida, San Francisco y Melgar, y dañó severamente la Parroquia de Santiago y el Hospital de San Juan de Dios.
Por fortuna, atrás quedaron las supersticiones del siglo XVII. Esta tarde, cuando el reloj marque las 19:41 horas, los vecinos de Montilla alzarán la mirada hacia el poniente no con temor, sino con la veneración de quienes se saben espectadores de un acontecimiento único. Con las vides del marco Montilla-Moriles deteniendo su respiración al filo de la penumbra, la localidad no solo observará cómo la Luna eclipsa al Sol, sino que añadirá una nueva página a su fascinante crónica celestial.
Con este histórico alineamiento arrancará la ansiada "Tríada de Eclipses Ibéricos" (2026-2028), un espectáculo que se suma a toda una historia de crónicas, pliegos de cordel y recuerdos en los que los vecinos registraron, con una mezcla de pavor sagrado e intuición científica, los fenómenos celestes y atmosféricos más memorables de la Campiña Sur cordobesa.
El precedente documental más impactante redactado en Montilla se remonta al 17 de noviembre de 1605. Aquella noche de la festividad de San Acisclo y Santa Victoria, patrones de Córdoba, una llamarada rojiza emergió sobre el septentrión. El doctor Reyes de Castro, médico residente en Montilla, observó perplejo cómo una gruesa columna de vapor inflamado, de base blanca y ápice "del color y la figura de la sangre", ascendía hacia el firmamento.
Reyes de Castro inmortalizó el evento en un célebre pliego de cordel impreso en Córdoba titulado Pronosticación de las grandes señales que aparecieron en el cielo el jueves a las seis de la noche, día de los gloriosos mártires Acisclo y Victoria, patrones de Córdoba, a diez y siete de noviembre de mil y seiscientos y cinco años. Considerada por los historiadores como una de las descripciones primarias de una aurora boreal más antiguas en lengua castellana, la obra combinaba la física aristotélica de las exhalaciones terrestres con la astrología médica.
Para el doctor montillano, el cielo sangriento presagiaba plagas de peste, la muerte de príncipes y un empeoramiento de la calidad del aire que generaría afecciones físicas entre sus vecinos. Mientras en Montilla se interpretaba la luz como un presagio nefasto citando a Plinio el Viejo, en el resto de Europa comenzaba el tránsito hacia la explicación estrictamente geofísica de las auroras de baja latitud.
De la Edad Media a la "época dorada" de los eclipses
La memoria celestial de la Campiña se entrelaza también con la historia de los eclipses. Si bien las grandes sombras medievales pasaron a la posteridad en los Anales Toledanos (1239) o en epígrafes como el de Sos del Rey Católico (1354), la provincia de Córdoba vivió una auténtica metamorfosis durante la llamada "época dorada de los eclipses españoles", entre 1900 y 1912.
Durante aquellos eclipses solares totales que atrajeron a expediciones internacionales a la península, Montilla experimentó profundas penumbras parciales que alteraron la conducta de la fauna local y paralizaron la actividad agrícola.
Pero en la era contemporánea, la tecnología ha sustituido al temor ancestral. El 3 de noviembre de 2013, durante un eclipse solar híbrido, el astrónomo y divulgador montillano Paco Bellido fotografió el evento desde la propia localidad utilizando telescopios solares dedicados a la línea de emisión del Hidrógeno-Alfa.
El apilado informático de vídeo permitió registrar las protuberancias de la cromosfera solar a pesar de la nubosidad variable, anticipando la precisión con la que hoy los aficionados de la Agrupación Astronómica Montillana "Mizar" —con José Urbano y Paco Bellido a la cabeza— fotografían el firmamento.
El cielo en llamas de 1938
El firmamento montillano también ha sido escenario de episodios marcados por el contexto histórico. Durante la noche del 25 al 26 de enero de 1938, en plena Guerra Civil Española, tuvo lugar la célebre "Tormenta de Fátima", una de las mayores tormentas geomagnéticas del siglo XX.
Originada por un grupo masivo de manchas solares detectado por el Observatorio de Greenwich, la radiación solar pintó el cielo de Montilla de un rojo fuego aterrador. Desprovistos de explicaciones astronómicas, civiles y combatientes temieron que el resplandor procediera de un gran bombardeo o de incendios devastadores en los municipios cercanos.
Aquella misma luminiscencia magenta y violácea volvió a sorprender a los vecinos recientemente, entre el 10 y el 11 de mayo de 2024, durante otra histórica tormenta solar. Además, en la lista de cataclismos naturales que sobrecogieron a la localidad en algún momento de su historia destacan las bolas de fuego cometarias —como el bólido procedente del cometa 169P/NEAT, que el 27 de julio de 2016 cruzó los cielos de la comarca a 95.000 kilómetros por hora—.
Mención aparte merecen los estremecimientos de la propia Tierra. En la memoria colectiva permanece la trágica noche del 5 de julio de 1930, cuando un terremoto epicentral con magnitud VII-VIII en la escala de Mercalli sacudió Montilla durante doce interminables segundos. El seísmo redujo a escombros más de 250 viviendas en calles históricas como Santa Brígida, San Francisco y Melgar, y dañó severamente la Parroquia de Santiago y el Hospital de San Juan de Dios.
| Fenómeno | Fecha | Naturaleza e Impacto Registrado |
|---|---|---|
| Aurora Boreal de 1605 | 17 de noviembre de 1605 | "Columna sangrienta" descrita por el Dr. Reyes de Castro en un histórico pliego. |
| Terremoto de Montilla | 5 de julio de 1930 | Seísmo de intensidad VII-VIII Mercalli; más de 250 casas destruidas. |
| Tormenta de Fátima | 25-26 de enero de 1938 | Aurora boreal roja visible durante la Guerra Civil Española. |
| Bólido Cometario | 27 de julio de 2016 | Bola de fuego del cometa 169P/NEAT a 95.000 km/h. |
| Aurora del Ciclo 25 | 10-11 de mayo de 2024 | Luces violáceas y rosadas fotografiadas por la Agrupación "Mizar". |
| Eclipse Solar | 12 de agosto de 2026 (Hoy) | Ocultación del 96% al atardecer; hito inicial de la Tríada Ibérica. |
Por fortuna, atrás quedaron las supersticiones del siglo XVII. Esta tarde, cuando el reloj marque las 19:41 horas, los vecinos de Montilla alzarán la mirada hacia el poniente no con temor, sino con la veneración de quienes se saben espectadores de un acontecimiento único. Con las vides del marco Montilla-Moriles deteniendo su respiración al filo de la penumbra, la localidad no solo observará cómo la Luna eclipsa al Sol, sino que añadirá una nueva página a su fascinante crónica celestial.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL














































