Las obras de rehabilitación de La Tercia, iniciadas el 2 de septiembre del pasado año y ya muy próximas a su conclusión, han devuelto el protagonismo a uno de los edificios más reconocibles, fotografiados y evocadores de Montilla, un inmueble cuya presencia ha acompañado durante más de un siglo la evolución urbana, económica y sentimental de la localidad y cuya recuperación supone, también, una reivindicación del patrimonio histórico local.
Situada en la Plaza de la Rosa, en pleno corazón del casco urbano, La Tercia encara la recta final de una intervención largamente esperada que ha permitido recuperar buena parte del esplendor arquitectónico de un edificio profundamente ligado a la historia del vino, a la tradición comercial de Montilla y a la identidad visual de uno de los espacios urbanos más emblemáticos de la localidad.
El proyecto, financiado en gran medida gracias a los fondos europeos NextGenerationEU, no solo ha permitido rehabilitar la fachada, mejorar la eficiencia energética o consolidar distintos elementos estructurales del inmueble. También ha servido para rescatar un símbolo profundamente arraigado en la memoria de varias generaciones de montillanos, tal y como refleja el estudio más completo publicado hasta la fecha sobre este edificio: La Tercia de Montilla, un lugar del corazón, obra de José Antonio Ponferrada Cerezo, académico correspondiente por Montilla de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, además de colaborador de Montilla Digital.
Desde las primeras líneas de ese minucioso trabajo, Ponferrada deja clara la dimensión histórica y emocional del inmueble. El investigador define La Tercia como un “ejemplo de arquitectura civil” y recuerda que fue “bodega de vino en Montilla unida a los Marqueses de Priego y a los Condes de la Cortina, desde el siglo XVI al XX”. Además, subraya que se trata de un “edificio muy querido por los montillanos”.
La afirmación no responde únicamente a una cuestión arquitectónica. El estudio insiste en que La Tercia representa mucho más que una construcción monumental. En realidad, funciona como una especie de resumen material de la propia historia de Montilla: el vino, las antiguas casas señoriales, el desarrollo urbano, la actividad comercial, las tabernas tradicionales y la vida social de la Plaza de la Rosa convergen alrededor de un edificio que ha observado durante siglos la transformación de la ciudad.
Ponferrada sitúa el origen histórico del enclave “entre el Llano de Palacio y los altos del Castillo”, donde se levantaba “la antigua Tercia del vino contemplada, con el ojo atento de su única torre, el vaivén interesante de la vida en Montilla”. Esa descripción resume la función casi simbólica que el inmueble desempeñó durante generaciones: un observatorio privilegiado de la vida cotidiana montillana.
Además, el autor explica que las poblaciones de señorío, como Montilla, disponían de edificios específicos destinados al almacenamiento y control fiscal de mercancías. “Existen en diversas poblaciones obras con este nombre de ‘Tercia’, que significa casa en que se depositaban los diezmos”, detalla Ponferrada, quien recuerda que en estos espacios se pagaba al rey el valor de las mercancías objeto de transacción.
La importancia económica de La Tercia estuvo ligada, de manera inseparable, al vino. Y, especialmente, al prestigio alcanzado por los vinos montillanos desde época moderna. El estudio recuerda que, desde siempre, “los vinos de La Tercia nutrieron los de Jerez” y explica que desde Montilla partían botas destinadas a algunas de las bodegas más conocidas del marco jerezano.
De este modo, la estrecha relación entre La Tercia y la cultura del vino explica que el edificio se integrara durante siglos dentro del paisaje económico y social de Montilla. No era únicamente una bodega o un espacio de almacenamiento: era también un lugar de tránsito, de actividad comercial y de encuentro ciudadano.
El estudio de José Antonio Ponferrada describe también el ambiente humano que rodeaba al edificio y a su entorno urbano. La Plaza de la Rosa se erige como un espacio cargado de simbolismo popular y religioso. Conocida popularmente como Plaza Mayor, muy cerca de ella se encontraba el convento de Santa Clara, el cenobio de clausura más grand de Andalucía.
En las últimas décadas, los bajos comerciales del edificio han acogido establecimientos históricos como Los Arcos, Los Barriles, La Cepa o La Temporá, lugares profundamente vinculados al consumo tradicional de vino, escenarios cotidianos de convivencia que desempeñaban un importante papel como lugares de reunión para distintas generaciones de vecinos.
El estudio de José Antonio Ponferrada presta una atención especial a la evolución arquitectónica del inmueble. Y es que el edificio actual fue promovido por Francisco de Alvear y Ward, VII conde de la Cortina, entre los años 1921 y 1925, sobre el solar de la antigua bodega.
La nueva construcción tomó como inspiración el Palacio de Monterrey de Salamanca, uno de los grandes referentes del Renacimiento español. Esa influencia puede apreciarse todavía hoy en la monumentalidad de la fachada, en la composición de los arcos, en la presencia de la torre y en distintos elementos decorativos que convierten a La Tercia en uno de los edificios más singulares de la arquitectura civil montillana.
Sin embargo, el paso de las décadas terminó provocando un acusado deterioro del edificio. Durante años, la imagen de La Tercia contrastó con el enorme valor patrimonial y simbólico que el inmueble posee para la ciudad. Precisamente por eso, el inicio de las obras de rehabilitación fue recibido en septiembre del pasado año como un acontecimiento especialmente relevante para Montilla.
El alcalde de Montilla, Rafael Llamas, definió entonces el proceso como “complejo”, dada la singularidad arquitectónica del edificio y su nivel de protección patrimonial. “No nos podemos quedar solo con que se va a rehabilitar un edificio tan emblemático”, manifestó entonces el regidor, que defendió la importancia de una intervención destinada a recuperar uno de los símbolos históricos del casco urbano.
La actuación ha contado con una subvención de 437.200 euros procedente de los fondos europeos NextGenerationEU, canalizados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España y gestionados por la Junta de Andalucía. Esa ayuda cubre el 80 por ciento del coste total de la obra, presupuestada en 546.500 euros.
“Teníamos claro que, por sí sola, la comunidad de vecinos no podía asumir esta obra, y desde el Ayuntamiento hemos trabajado para facilitar el acceso a esta línea de ayuda”, recordó Rafael Llamas, quien destacó además el trabajo conjunto desarrollado entre la comunidad de propietarios, el Ayuntamiento de Montilla y el equipo técnico tutorizado por la Empresa Municipal para la Promoción del Suelo y la Vivienda (Atrium Ulia).
La rehabilitación contempla una actuación integral sobre el inmueble. Según explicó la teniente de alcalde de Presidencia, Igualdad, Régimen Interior y Modelo de Ciudad, Lidia Bujalance, las obras han incluido la mejora del aislamiento de la envolvente, la sustitución de ventanas y cerramientos, la rehabilitación completa de la fachada y la cubierta y la instalación de placas fotovoltaicas.
Además, el proyecto ha incorporado medidas destinadas a conservar el escudo heráldico de la fachada, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), así como actuaciones para proteger especies como vencejos y aviones comunes, cuyos nidos forman parte desde hace décadas del ecosistema urbano del edificio.
La intervención ha obligado también a desarrollar un importante trabajo de investigación histórica y documental. Juan Fernández Segura, arquitecto responsable del proyecto junto a Darío Jordano, explicó que uno de los grandes retos consistía en intentar recuperar el aspecto original del inmueble. “Hay fotografías antiguas, pero muchas son en blanco y negro, lo que complica conocer el color exacto”, señaló el arquitecto montillano.
Fernández Segura destacó igualmente la mejora energética que aportará la actuación, con una reducción del 60 por ciento en el consumo de energía primaria y del 47 por ciento en calefacción y refrigeración gracias a distintas soluciones técnicas relacionadas con el aislamiento y la eliminación de puentes térmicos.
Pero más allá de los aspectos técnicos, el arquitecto reconoció el fuerte componente emocional que rodea a esta rehabilitación. “Para nosotros es un honor acometer esta intervención porque es un edificio muy emblemático en este pueblo, y los que estamos aquí, como montillanos, llevamos muchos años queriendo ver esta obra realizada”, confesó.
La recuperación del emblemático edificio de La Tercia se integra, además, dentro de una estrategia más amplia impulsada por el Ayuntamiento de Montilla para reforzar la conservación del patrimonio histórico y mejorar la imagen urbana de la localidad.
En ese contexto se enmarcan iniciativas como el Plan de Sostenibilidad Turística, el futuro Museo del Vino o el nuevo Plan de Rehabilitación de Viviendas presentado recientemente por el Consistorio. “Todo suma en la construcción de una ciudad más amable, que conserve su patrimonio y promueva el empleo, la accesibilidad y la convivencia”, resaltó Rafael Llamas durante la presentación de las obras.
A falta de los últimos retoques y con la conclusión definitiva de la rehabilitación ya muy cercana, La Tercia vuelve a ocupar un lugar protagonista en la vida de Montilla. El edificio recupera poco a poco su presencia monumental en la Plaza de la Rosa y se prepara para iniciar una nueva etapa sin renunciar al peso de una historia que atraviesa varios siglos. Porque, como recuerda José Antonio Ponferrada, La Tercia sigue siendo, para muchos montillanos, “un lugar del corazón”.
Situada en la Plaza de la Rosa, en pleno corazón del casco urbano, La Tercia encara la recta final de una intervención largamente esperada que ha permitido recuperar buena parte del esplendor arquitectónico de un edificio profundamente ligado a la historia del vino, a la tradición comercial de Montilla y a la identidad visual de uno de los espacios urbanos más emblemáticos de la localidad.
El proyecto, financiado en gran medida gracias a los fondos europeos NextGenerationEU, no solo ha permitido rehabilitar la fachada, mejorar la eficiencia energética o consolidar distintos elementos estructurales del inmueble. También ha servido para rescatar un símbolo profundamente arraigado en la memoria de varias generaciones de montillanos, tal y como refleja el estudio más completo publicado hasta la fecha sobre este edificio: La Tercia de Montilla, un lugar del corazón, obra de José Antonio Ponferrada Cerezo, académico correspondiente por Montilla de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, además de colaborador de Montilla Digital.
Desde las primeras líneas de ese minucioso trabajo, Ponferrada deja clara la dimensión histórica y emocional del inmueble. El investigador define La Tercia como un “ejemplo de arquitectura civil” y recuerda que fue “bodega de vino en Montilla unida a los Marqueses de Priego y a los Condes de la Cortina, desde el siglo XVI al XX”. Además, subraya que se trata de un “edificio muy querido por los montillanos”.
La afirmación no responde únicamente a una cuestión arquitectónica. El estudio insiste en que La Tercia representa mucho más que una construcción monumental. En realidad, funciona como una especie de resumen material de la propia historia de Montilla: el vino, las antiguas casas señoriales, el desarrollo urbano, la actividad comercial, las tabernas tradicionales y la vida social de la Plaza de la Rosa convergen alrededor de un edificio que ha observado durante siglos la transformación de la ciudad.
Ponferrada sitúa el origen histórico del enclave “entre el Llano de Palacio y los altos del Castillo”, donde se levantaba “la antigua Tercia del vino contemplada, con el ojo atento de su única torre, el vaivén interesante de la vida en Montilla”. Esa descripción resume la función casi simbólica que el inmueble desempeñó durante generaciones: un observatorio privilegiado de la vida cotidiana montillana.
Además, el autor explica que las poblaciones de señorío, como Montilla, disponían de edificios específicos destinados al almacenamiento y control fiscal de mercancías. “Existen en diversas poblaciones obras con este nombre de ‘Tercia’, que significa casa en que se depositaban los diezmos”, detalla Ponferrada, quien recuerda que en estos espacios se pagaba al rey el valor de las mercancías objeto de transacción.
La importancia económica de La Tercia estuvo ligada, de manera inseparable, al vino. Y, especialmente, al prestigio alcanzado por los vinos montillanos desde época moderna. El estudio recuerda que, desde siempre, “los vinos de La Tercia nutrieron los de Jerez” y explica que desde Montilla partían botas destinadas a algunas de las bodegas más conocidas del marco jerezano.
De este modo, la estrecha relación entre La Tercia y la cultura del vino explica que el edificio se integrara durante siglos dentro del paisaje económico y social de Montilla. No era únicamente una bodega o un espacio de almacenamiento: era también un lugar de tránsito, de actividad comercial y de encuentro ciudadano.
El estudio de José Antonio Ponferrada describe también el ambiente humano que rodeaba al edificio y a su entorno urbano. La Plaza de la Rosa se erige como un espacio cargado de simbolismo popular y religioso. Conocida popularmente como Plaza Mayor, muy cerca de ella se encontraba el convento de Santa Clara, el cenobio de clausura más grand de Andalucía.
En las últimas décadas, los bajos comerciales del edificio han acogido establecimientos históricos como Los Arcos, Los Barriles, La Cepa o La Temporá, lugares profundamente vinculados al consumo tradicional de vino, escenarios cotidianos de convivencia que desempeñaban un importante papel como lugares de reunión para distintas generaciones de vecinos.
El conde de la Cortina
El estudio de José Antonio Ponferrada presta una atención especial a la evolución arquitectónica del inmueble. Y es que el edificio actual fue promovido por Francisco de Alvear y Ward, VII conde de la Cortina, entre los años 1921 y 1925, sobre el solar de la antigua bodega.
La nueva construcción tomó como inspiración el Palacio de Monterrey de Salamanca, uno de los grandes referentes del Renacimiento español. Esa influencia puede apreciarse todavía hoy en la monumentalidad de la fachada, en la composición de los arcos, en la presencia de la torre y en distintos elementos decorativos que convierten a La Tercia en uno de los edificios más singulares de la arquitectura civil montillana.
Sin embargo, el paso de las décadas terminó provocando un acusado deterioro del edificio. Durante años, la imagen de La Tercia contrastó con el enorme valor patrimonial y simbólico que el inmueble posee para la ciudad. Precisamente por eso, el inicio de las obras de rehabilitación fue recibido en septiembre del pasado año como un acontecimiento especialmente relevante para Montilla.
El alcalde de Montilla, Rafael Llamas, definió entonces el proceso como “complejo”, dada la singularidad arquitectónica del edificio y su nivel de protección patrimonial. “No nos podemos quedar solo con que se va a rehabilitar un edificio tan emblemático”, manifestó entonces el regidor, que defendió la importancia de una intervención destinada a recuperar uno de los símbolos históricos del casco urbano.
La actuación ha contado con una subvención de 437.200 euros procedente de los fondos europeos NextGenerationEU, canalizados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España y gestionados por la Junta de Andalucía. Esa ayuda cubre el 80 por ciento del coste total de la obra, presupuestada en 546.500 euros.
“Teníamos claro que, por sí sola, la comunidad de vecinos no podía asumir esta obra, y desde el Ayuntamiento hemos trabajado para facilitar el acceso a esta línea de ayuda”, recordó Rafael Llamas, quien destacó además el trabajo conjunto desarrollado entre la comunidad de propietarios, el Ayuntamiento de Montilla y el equipo técnico tutorizado por la Empresa Municipal para la Promoción del Suelo y la Vivienda (Atrium Ulia).
Una actuación integral
La rehabilitación contempla una actuación integral sobre el inmueble. Según explicó la teniente de alcalde de Presidencia, Igualdad, Régimen Interior y Modelo de Ciudad, Lidia Bujalance, las obras han incluido la mejora del aislamiento de la envolvente, la sustitución de ventanas y cerramientos, la rehabilitación completa de la fachada y la cubierta y la instalación de placas fotovoltaicas.
Además, el proyecto ha incorporado medidas destinadas a conservar el escudo heráldico de la fachada, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), así como actuaciones para proteger especies como vencejos y aviones comunes, cuyos nidos forman parte desde hace décadas del ecosistema urbano del edificio.
La intervención ha obligado también a desarrollar un importante trabajo de investigación histórica y documental. Juan Fernández Segura, arquitecto responsable del proyecto junto a Darío Jordano, explicó que uno de los grandes retos consistía en intentar recuperar el aspecto original del inmueble. “Hay fotografías antiguas, pero muchas son en blanco y negro, lo que complica conocer el color exacto”, señaló el arquitecto montillano.
Fernández Segura destacó igualmente la mejora energética que aportará la actuación, con una reducción del 60 por ciento en el consumo de energía primaria y del 47 por ciento en calefacción y refrigeración gracias a distintas soluciones técnicas relacionadas con el aislamiento y la eliminación de puentes térmicos.
Pero más allá de los aspectos técnicos, el arquitecto reconoció el fuerte componente emocional que rodea a esta rehabilitación. “Para nosotros es un honor acometer esta intervención porque es un edificio muy emblemático en este pueblo, y los que estamos aquí, como montillanos, llevamos muchos años queriendo ver esta obra realizada”, confesó.
La recuperación del emblemático edificio de La Tercia se integra, además, dentro de una estrategia más amplia impulsada por el Ayuntamiento de Montilla para reforzar la conservación del patrimonio histórico y mejorar la imagen urbana de la localidad.
En ese contexto se enmarcan iniciativas como el Plan de Sostenibilidad Turística, el futuro Museo del Vino o el nuevo Plan de Rehabilitación de Viviendas presentado recientemente por el Consistorio. “Todo suma en la construcción de una ciudad más amable, que conserve su patrimonio y promueva el empleo, la accesibilidad y la convivencia”, resaltó Rafael Llamas durante la presentación de las obras.
A falta de los últimos retoques y con la conclusión definitiva de la rehabilitación ya muy cercana, La Tercia vuelve a ocupar un lugar protagonista en la vida de Montilla. El edificio recupera poco a poco su presencia monumental en la Plaza de la Rosa y se prepara para iniciar una nueva etapa sin renunciar al peso de una historia que atraviesa varios siglos. Porque, como recuerda José Antonio Ponferrada, La Tercia sigue siendo, para muchos montillanos, “un lugar del corazón”.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


























































