En la biografía familiar de Juan Luque Muñoz siempre sobresale con idéntica fortaleza la figura de su madre. Era un vivo ejemplo de resistencia y de firmeza frente a la adversidad. “Era genio y figura. Luchó por su casa y por sus hijos. Hubo un momento que pasamos circunstancias muy duras y complicadas. A mi padre lo despidieron en aquella época y todo se puso muy cuesta arriba hasta que pudo empezar a cobrar el desempleo”.
Juan Luque Urbano, junto a su esposa, Rafaela Muñoz Lucena.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: JUAN LUQUE MUÑOZ]
“La economía familiar se resintió, pero nunca se planteó en casa que dejáramos los estudios. Esto le pilló a mi hermana en Sevilla cuando estaba al comienzo de la carrera de Bellas Artes, que ya era complicado en aquella época que una mujer pudiera meterse en estos estudios. Ella siguió en el piso de Matilde Coloma, que nos ayudó”.
“Saber que mi hermana ya estaba allí, fue fundamental para que yo también diera el paso de entrar en aquella misma escuela. De manera que el primer año que yo estudié Bellas Artes en Sevilla compartí dormitorio con mi hermana en el piso de Matilde, una señora que tenía un inmueble en la calle Torneo de Sevilla. Mis padres lo que quisieron siempre es que sus hijos estudiaran y, aunque estaban al límite, nos facilitaron las cosas para poderlo conseguir”.
Juan Luque y su familia representan, además, la importancia de la solidaridad en tiempos difíciles. Jamás perdieron la compostura. “Mi madre, Rafaela Muñoz Lucena, nunca se quejaba. Era una persona que se averiguaba con cuatro cosas. Y que encontró una aliada especial en Carmeli Mora”.
“La quería con locura. Hablaba de ella con enorme gratitud, porque nos auxilió mucho. Eso lo dijo mi madre siempre. No se cansaba de repetir lo mucho que le había ayudado Carmeli. Tenía claro y así se lo oí decir en muchas ocasiones que una mujer más buena no la podía haber”.
La panadería de Bellido siempre ha estado en el horizonte vital de Juan. De niño pasaba muchas horas en el horno, al igual que muchos otros chiquillos del barrio. Es una relación que se ha reforzado con los años. Aprecia a todos mis hermanos y ha encontrado en José Alfonso una especie de fraternidad de gustos musicales. No son pocos los conciertos que han compartido.
Carmeli Mora y Manolo Bellido, en su panadería.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: PANADERÍA MANUEL BELLIDO E HIJOS]
El horno de Carmeli y Manolo es, para él, una referencia insoslayable. Un perfil necesario e imprescindible en su ánimo. Su silueta haciendo esquina entre las calles Conde de la Cortina y Sabio Andaluz aparece en uno de los dibujos que hizo para ilustrar mi pregón de la Fiesta de la Vendimia de 2003.
Es una preciosa serie de estampas urbanas, campesinas y de lagares que él preparó sobre antiguas cartulinas y hojas de libros de registros y contabilidad bodeguera. Lo que confiere un atractivo visual extraordinario al texto que yo redacté con toda ilusión, sin pensar en el regalo que vendría después a enaltecerlo. En septiembre, que es como se llama esta publicación, reúne afectos y afinidades en medio centenar de páginas.
Estampas del Barrio de las Casas Nuevas.
[ILUSTRACIONES: JUAN LUQUE MUÑOZ]
No obstante, es este, el del universo del vino, un asunto que apenas ha tocado en su trayectoria artística. Pero lo conoce de sobra y cualquier día podría resurgir en él el antiguo vínculo, la cepa primigenia. Juan, en la plenitud de su arte, posee una carrera que está repleta de reconocimientos y de premios. Ha merecido, hasta ahora, más de una veintena de distinciones, entre ellas el prestigioso Premio Focus-Abegoa.
Todos estos hitos testimonian el alcance nacional e internacional de este paisano cuyo nombre resplandece en importantes colecciones privadas y que también ha formado parte de colectivas en Londres y Berlín. La posibilidad de expresarse y de narrar con su pintura sigue siendo lo principal para él.
“Yo me he dejado influenciar mucho por el cine, por imágenes que he visto. Y desde el principio, me agarré a una simbología que yo uso del mismo modo que se utilizan las palabras para contar cosas. Es lo que me sirve para relatar otras historias. ¿De dónde viene esto? Quiero pensar que la sensibilidad de mi padre ante la belleza, sí es algo que he recibido de él”.
Juan Luque Muñoz, junto a la Reina Sofía, tras recibir el Premio Focus-Abegoa.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: JUAN LUQUE MUÑOZ]
Es poroso, frágil, sensible, pero también rotundo, como lo son sus faros. Estas columnas encendidas que se alzan con parpadeantes destellos vienen, en definitiva, a ser él mismo. Es una antorcha cómplice contra las tinieblas.
“Pintar es vivir. Es pasar por diferentes etapas en las que vamos cambiando. Yo soy consciente de que hay en mí una evolución como ser humano, y como artista, sin que esto haya que forzarlo. Es natural que, por esto que digo, se puedan distinguir diferentes ciclos en mi pintura”.
“Desde que empecé he querido ser muy permeable a las cosas que en cada momento me han emocionado. Más que un discurrir intelectual, yo creo que ha sido un discurrir sensible. A medida que he ido viviendo me he ido dejando emocionar. Por ejemplo, conocíamos a Alfonso Ariza, visitábamos su estudio en La Rambla y en aquellos momentos, cuando yo aún era un estudiante, me emocionaba comprobar directamente cómo ese hombre trabajaba la materia. Aquello, de alguna forma, yo lo quería trasladar a mi propia obra”.
“Era un momento de formación en el que estás expuesto a numerosos estímulos. Estas abierto, atento, receptivo. Es algo que también me pasó con Juan Navarro Baldeweg o, en su momento, con José Guerrero. Todo lo que te va emocionando lo vas incorporando a tu trabajo”.
“Hay una frase que me gusta mucho y que explica bien lo que ahora te estoy comentando. Decía que en el arte el robo está permitido, siempre que esté precedido por el asesinato. Yo creo que esto es lícito: el que tú construyas sobre algo que otros ya han hecho. Le ocurrió a Picasso cuando descubrió y reinterpretó el arte africano. Lo transformó de forma que lo hizo suyo”.
Faros en tierra adentro (I)
Faros en tierra adentro (II)
Faros en tierra adentro (III)
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: JUAN LUQUE MUÑOZ]
“La economía familiar se resintió, pero nunca se planteó en casa que dejáramos los estudios. Esto le pilló a mi hermana en Sevilla cuando estaba al comienzo de la carrera de Bellas Artes, que ya era complicado en aquella época que una mujer pudiera meterse en estos estudios. Ella siguió en el piso de Matilde Coloma, que nos ayudó”.
“Saber que mi hermana ya estaba allí, fue fundamental para que yo también diera el paso de entrar en aquella misma escuela. De manera que el primer año que yo estudié Bellas Artes en Sevilla compartí dormitorio con mi hermana en el piso de Matilde, una señora que tenía un inmueble en la calle Torneo de Sevilla. Mis padres lo que quisieron siempre es que sus hijos estudiaran y, aunque estaban al límite, nos facilitaron las cosas para poderlo conseguir”.
Juan Luque y su familia representan, además, la importancia de la solidaridad en tiempos difíciles. Jamás perdieron la compostura. “Mi madre, Rafaela Muñoz Lucena, nunca se quejaba. Era una persona que se averiguaba con cuatro cosas. Y que encontró una aliada especial en Carmeli Mora”.
“La quería con locura. Hablaba de ella con enorme gratitud, porque nos auxilió mucho. Eso lo dijo mi madre siempre. No se cansaba de repetir lo mucho que le había ayudado Carmeli. Tenía claro y así se lo oí decir en muchas ocasiones que una mujer más buena no la podía haber”.
La panadería de Bellido siempre ha estado en el horizonte vital de Juan. De niño pasaba muchas horas en el horno, al igual que muchos otros chiquillos del barrio. Es una relación que se ha reforzado con los años. Aprecia a todos mis hermanos y ha encontrado en José Alfonso una especie de fraternidad de gustos musicales. No son pocos los conciertos que han compartido.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: PANADERÍA MANUEL BELLIDO E HIJOS]
El horno de Carmeli y Manolo es, para él, una referencia insoslayable. Un perfil necesario e imprescindible en su ánimo. Su silueta haciendo esquina entre las calles Conde de la Cortina y Sabio Andaluz aparece en uno de los dibujos que hizo para ilustrar mi pregón de la Fiesta de la Vendimia de 2003.
Es una preciosa serie de estampas urbanas, campesinas y de lagares que él preparó sobre antiguas cartulinas y hojas de libros de registros y contabilidad bodeguera. Lo que confiere un atractivo visual extraordinario al texto que yo redacté con toda ilusión, sin pensar en el regalo que vendría después a enaltecerlo. En septiembre, que es como se llama esta publicación, reúne afectos y afinidades en medio centenar de páginas.
[ILUSTRACIONES: JUAN LUQUE MUÑOZ]
No obstante, es este, el del universo del vino, un asunto que apenas ha tocado en su trayectoria artística. Pero lo conoce de sobra y cualquier día podría resurgir en él el antiguo vínculo, la cepa primigenia. Juan, en la plenitud de su arte, posee una carrera que está repleta de reconocimientos y de premios. Ha merecido, hasta ahora, más de una veintena de distinciones, entre ellas el prestigioso Premio Focus-Abegoa.
Todos estos hitos testimonian el alcance nacional e internacional de este paisano cuyo nombre resplandece en importantes colecciones privadas y que también ha formado parte de colectivas en Londres y Berlín. La posibilidad de expresarse y de narrar con su pintura sigue siendo lo principal para él.
“Yo me he dejado influenciar mucho por el cine, por imágenes que he visto. Y desde el principio, me agarré a una simbología que yo uso del mismo modo que se utilizan las palabras para contar cosas. Es lo que me sirve para relatar otras historias. ¿De dónde viene esto? Quiero pensar que la sensibilidad de mi padre ante la belleza, sí es algo que he recibido de él”.
[ARCHIVO FOTOGRÁFICO: JUAN LUQUE MUÑOZ]
Es poroso, frágil, sensible, pero también rotundo, como lo son sus faros. Estas columnas encendidas que se alzan con parpadeantes destellos vienen, en definitiva, a ser él mismo. Es una antorcha cómplice contra las tinieblas.
“Pintar es vivir. Es pasar por diferentes etapas en las que vamos cambiando. Yo soy consciente de que hay en mí una evolución como ser humano, y como artista, sin que esto haya que forzarlo. Es natural que, por esto que digo, se puedan distinguir diferentes ciclos en mi pintura”.
“Desde que empecé he querido ser muy permeable a las cosas que en cada momento me han emocionado. Más que un discurrir intelectual, yo creo que ha sido un discurrir sensible. A medida que he ido viviendo me he ido dejando emocionar. Por ejemplo, conocíamos a Alfonso Ariza, visitábamos su estudio en La Rambla y en aquellos momentos, cuando yo aún era un estudiante, me emocionaba comprobar directamente cómo ese hombre trabajaba la materia. Aquello, de alguna forma, yo lo quería trasladar a mi propia obra”.
“Era un momento de formación en el que estás expuesto a numerosos estímulos. Estas abierto, atento, receptivo. Es algo que también me pasó con Juan Navarro Baldeweg o, en su momento, con José Guerrero. Todo lo que te va emocionando lo vas incorporando a tu trabajo”.
“Hay una frase que me gusta mucho y que explica bien lo que ahora te estoy comentando. Decía que en el arte el robo está permitido, siempre que esté precedido por el asesinato. Yo creo que esto es lícito: el que tú construyas sobre algo que otros ya han hecho. Le ocurrió a Picasso cuando descubrió y reinterpretó el arte africano. Lo transformó de forma que lo hizo suyo”.
Entregas anteriores
Faros en tierra adentro (I)
Faros en tierra adentro (II)
Faros en tierra adentro (III)
MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: VARIOS AUTORES
FOTOGRAFÍA: VARIOS AUTORES





















































