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Manuel Bellido Mora | Cultura a todo gas (III)

Las noches de bohemia estaban entre las cuatro paredes del 1900. Cada velada era diferente. Cada día había un ambiente distinto. Eran los propios autores los que se encargaban de traer su público a cada uno de los recitales. La cita en este templo de la cultura devino así en algo que es un fenómeno intergeneracional.

Antonio García Jiménez, en la puerta del 1900 de Huelva.
[FOTO: MANUEL BELLIDO]

“Ya vienen padres, que fueron primeros clientes, con sus hijos. E incluso con los nietos. Después de casi cuarenta años hay gente de toda clase de edad que ha pasado por aquí. Políticos, escritores, actores, músicos, agentes culturales, jueces, profesores, funcionarios”.

El 1900 lleva cuatro décadas tomando la temperatura creativa y cultural a Huelva. Es una célula activa, vital y clave para entender y conocer la evolución de la sociedad onubense. El Festival de Cine Iberoamericano tiene aquí uno de sus tradicionales puntos de encuentro.

“Estamos muy cerca de la sede del festival. Lo hemos visto cambiar y desarrollarse. Tenemos la suerte de estar al lado del Gran Teatro y, cuando estaban abiertos los cines Rábida y Emperador, tan próximos, intérpretes y público se echaban a la calle después de las funciones y recalaban aquí para tomar una copa mientras conversaban. Aquí se codeaban con la gente. Iban buscando algo distinto y aquí lo encontraban. La gente viene a hablar, a dialogar, a pasarlo bien, mientras suena de fondo alguna canción”.

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Un balance infinito y provisional


Más de trescientas exposiciones, más de cien obras escénicas y musicales, incontables proyecciones de películas y de diapositivas y más de nueve mil publicaciones. Las noches del 1900 son infinitas. Al cabo de todo este tiempo, Antonio García es un factor insustituible de la creación en Huelva.

Es una pieza básica para conocer la cultura en esta provincia, la memoria sensorial de ella, mucho más que un epidérmico maquillaje de ocasión. Ha recibido toda clase de homenajes y reconocimientos. Representa como nadie un modo de ser libre y heterodoxo, underground en cierto modo. Contracultural a su aire.

“El mejor reconocimiento es el del día a día. El de la persona que a diario se pasa por el bar. Pero también el de quien vuelve después de pasar diez años sin venir. Y aparte, claro que sí, que valoro del mismo modo los agasajos oficiales. ¿Por qué no hacerlo?”.

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“He recibido premios de la ONCE, que montó aquí una serie de lecturas en braille; también la Cadena SER nos nombró Onubenses del año; además de distinciones de honor de la Junta de Andalucía y del Ayuntamiento de Huelva, que nos entregó la Medalla de la Ciudad en el año 2014”.

Ejemplo de la admiración y el cariño de Huelva hacía el 1900 son dos excelentes publicaciones, que son un completo muestrario de autores relacionados con este singular establecimiento. Pero ¿cuál es la base del éxito del 1900? ¿Cómo ha logrado perdurar frente a una sociedad tan cambiante en lo político y social?

“Creo que la clave es la constancia, el saber hacer las cosas bien, el ponerle cariño y trabajo, que también es fundamental. Si tú ofreces al público confianza, siempre te va a responder. Aquí todo el mundo tiene cabida. No se discrimina a nadie, entran quienes están empezando y también las personas ya consagradas”.

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“Esto me ocurre a menudo. Hay quien me pregunta: tú ¿cómo pones una exposición tan buena y luego la sustituyes por otra de cuatro cuadritos que nadie conoce? Muy fácil, porque no hay filtro alguno, salvo el de la calidad e interés del artista invitado. Esto es lo que hace que todo el mundo esté muy agradecido al 1900”.

Es asombroso que en estos cuarenta años no haya bajado el nivel y que en la actualidad, como al principio, este lugar sea el eje central de la cultura, por encima de las actividades oficiales, que siempre gozan de mayores presupuestos para sus iniciativas. Es un bar que, en este sentido, es más influyente y relevante que la mayor sala institucional. De hecho, nos confiesa Antonio, organiza muchas más actividades que el mismo Ayuntamiento de la capital.

“Todo se hace con nuestros propios medios y sin apenas recursos, ni ayudas de ningún tipo. Me han premiado, es verdad, pero nunca ha habido de por medio una compensación económica. Todo, desde la preparación de carteles a cualquier otra cosa, es a nuestra expensa. Simplemente quiero que la gente venga y disfrute de lo que hay”.

Exterior del 1900 de Montilla, en el Pasaje San Ignacio de Loyola.
[FOTO: JUAN PABLO BELLIDO]

“A veces es difícil compaginar la actividad del bar con el desarrollo de los conciertos, presentaciones y lecturas, porque entra gente que no tiene interés en la actividad de la noche. Este es el prestigio que tengo, el de la libertad, el no depender de nadie, gracias a una clientela extraordinaria y respetuosa”.

Es una pura casualidad que, casi a la par, naciera el Café 1900 en Montilla. Nada tienen que ver entre sí. Antonio eligió esta denominación por asociarlo al espíritu de vanguardia artística, rompedora de tradiciones que hubo en Europa con el cambio de siglo. El nombre, en este caso, era también una apuesta por la modernidad.

“Buscábamos identificarnos con una época nueva, con algo renovador y diferente. Equivalía a nuevos tiempos, la era moderna. Es un local muy heterogéneo en todo, también en el diseño y los adornos. Convive la calavera de la vaca, símbolo de la etapa de bar de motos, con fotografías procedentes de Estados Unidos que me regalaron unos profesores que pasaron por aquí”.

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Pero no todo ha sido un camino de rosas. Durante un tiempo la amenaza del cierre se cernió sobre el 1900. Para Antonio García fue como una pesadilla. Precintaron el local por unas quejas vecinales a causa del ruido, según el denunciante.

Estuvo al borde del cierre definitivo. Cancelaron el equipo de música, con lo que no se podía hacer ninguna actividad por falta de micrófonos. A esto se sumó una cierta polémica porque Podemos quiso presentar su candidatura allí, lo que suscitó una serie de protestas. Finalmente, no se pudo hacer por falta de equipo de voces, que estaba intervenido.

—Antonio, ¿quema la noche?

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—“Claro que quema, pero me mantengo gracias a que esto es un sitio creativo, esto es lo que hace que tenga ganas de seguir. Me mantiene la tensión de tener que llevar una programación, de estar atento a todo lo que se mueve en este mundo. Fíjate que hago cinco eventos a la semana, como media”.

“Esto es lo que me enriquece, pero, por supuesto, que la noche cansa y que termina agotándote el trajín del negocio, pero no el trabajo intelectual, que siempre es muy grato. Tengo una norma: yo puedo estar por dentro muy hecho polvo, son cosas que no se ven, pero lo fundamental, como dicen los japoneses, es sonreír cuando tienen a alguien enfrente. Puedo estar sufriendo, pero en la barra no se me va a notar”.

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MANUEL BELLIDO MORA
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