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Mostrando entradas con la etiqueta Materia Reservada 3.0 [Fernando Rueda]. Mostrar todas las entradas
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1 de noviembre de 2016

  • 1.11.16
El pasado 31 de agosto se cumplieron 19 años de la muerte de Lady Di. Los enigmas sobre si fue asesinada o murió en un accidente involuntario siguen en el aire. A continuación recojo los diez elementos que permiten sospechar la existencia de una conspiración. El 31 de agosto de 1997, Lady Di, una de las princesas más queridas de la historia, perdía la vida cuando circulaba en coche a gran velocidad por París con su novio, Dodi Al Fayed, intentando evitar la persecución de los paparazzi.



Se había separado del príncipe Carlos y había comenzado una vida de apoyo a causas como la prohibición de las minas antipersona, que le granjearon el odio de muchos países y poderosos. Para colmo, se relacionaba sentimentalmente con musulmanes, algo aborrecido por la monarquía inglesa. Se había convertido en un estorbo, pero un estorbo aplaudido y respaldado por millones de personas en todo el mundo. Su muerte está plagada de enigmas.

1. Fue una conspiración de la familia real británica. La reina Isabel II nunca quiso que se divorciara de su hijo Carlos, que la engañó con otra desde el primer día. Eso no fue lo peor: se convirtió en una persona querida y admirada que eclipsaba la popularidad de cualquier otro miembro de la familia.

Dirigido por el duque de Edimburgo, esposo de la reina, y ejecutado por el servicio secreto inglés, la sometieron a un control integral de 24 horas. Documentos conocidos de la red de espionaje por satélites Echelon prueban una vigilancia sobre ella el mismo día de su muerte cuando estaba en un barco en alta mar con Dodi Al Fayed, por lo que sabían que iba a viajar a París. Isabel II podía aguantar muchas cosas, pero no que se quedara embarazada de un árabe y su nieto reinara algún día teniendo un hermano musulmán.

Se ha hablado de la existencia del “Comité 300”, del que formaría parte la reina con miembros destacados de empresas, organizaciones internacionales y familias como los Rockefeller y Bush, que actúan secretamente en defensa de sus intereses y que estaban muy molestos con la princesa.

2. Lady Di anunció la forma en que Carlos quería matarla. El mayordomo y hombre de confianza de Lady Di, Paul Burrel, dio a conocer una carta tras su muerte en la que alertaba de lo que le podía pasar: “Mi marido planea un accidente de automóvil, un fallo de los frenos o heridas craneales porque así tendría vía libre para casarse”.

3. Embalsamada precipitadamente. Las horas posteriores al fallecimiento fueron de cierto caos. Hay que tomar decisiones que muchas veces son controvertidas y es el momento para manipular u ocultar pruebas. Lo más polémico fue, sin duda, la decisión de la patóloga Dominique Lecomte de embalsamar el cuerpo de la princesa, tras la realización de la autopsia, la misma noche del accidente, con lo que se contaminaron las pruebas de cara a una posterior investigación.

4. Embarazada y boda próxima. Uno de los motivos que pudo llevar al asesinato fue el embarazo de la princesa, algo que los análisis oficiales desmintieron. Un hijo que no sería de Dodi Al Fayed sino de su anterior novio, el hombre por el que estuvo dispuesta a abandonarlo todo, el cirujano musulmán Hasnat Khan, de cuya relación se ha filmado una película.

Lady Di pretendía contraer matrimonio con Dodi Al Fayed, hijo de Mohamed, dueño de los almacenes Harrods y uno de los árabes más influentes en Gran Bretaña, mal visto por la reina Isabel II, a quien esa relación amorosa le ponía de los nervios porque perjudicaba la imagen de sus nietos e hijos de Diana.

5. La clave: el conductor borracho. Los fotógrafos que persiguieron el Mercedes donde iba Lady Di eran paparazzi avezados, que conducían sus motos a gran velocidad. El chófer Henri Paul aceleró a tope para darles esquinazo, pero en el túnel se le fue el control del coche y se estrelló. El análisis de su sangre mostró que había bebido tres veces más alcohol del permitido, es decir, iba borracho.

A eso se atuvieron los investigadores para explicar el accidente: la responsabilidad fue suya. Sus padres lo negaron y defendieron que las muestras habían sido cambiadas en el hospital “quizás por mala voluntad”. La denuncia llevó a repetir la prueba comparando el ADN de los padres con el de Henri y se excluyó el cambio de muestras.

6. Presencia extraña del Mossad. La historia de Henri Paul es complicada. Dos meses antes del accidente fue contactado por un agente del Mossad enviado especialmente a París para captarle. Oficialmente necesitaban un informador en el Ritz, propiedad de Mohamed Al Fayed, en el que se hospedaban muchos adinerados e influyentes árabes. A Henri Paul le querían para muchas cosas, una de las cuales era alertar sobre las visitas de personajes influyentes. ¿Participó de alguna forma el Mossad en la muerte de Diana?

7. Un fallo inducido en los frenos. Un libro de un investigador ruso, Guennady Sokolov, aporta una visión técnica de lo que pudo pasar, inspirada por el espionaje soviético: agentes británicos desconectaron el sistema de frenos del vehículo, utilizando un sistema sofisticado al alcance solo de los más importantes servicios de inteligencia.

8. Un tirador del ejército británico. Hace un año, los exsuegros de un soldado británico perteneciente a una unidad de élite del ejército, los SAS, desvelaron que le había contado a su hija que su unidad había orquestado el asesinato de Lady Di. Aportaron una carta como prueba y Scotland Yard investigó, desestimando la teoría. Un tirador profesional podría haber disparado una escopeta láser que molestara la conducción del chófer.

9. El único superviviente del accidente pierde la memoria. El día del fallecimiento, Lady Di y su novio cenaron en el hotel Ritz de París. Había un nutrido grupo de fotógrafos esperándoles, por lo que acompañados de su chófer, Henri Paul, y de su guardaespaldas, Trevor Rees-Jones, se subieron a un Mercedes S280 e intentaron despistarlos.

Un rato después se estrellaron contra uno de los pilares del túnel del Alma. Solo sobrevivió el escolta, que declaró no recordar lo que había pasado. Una falta de memoria que muchos consideran sospechosa, como si quisiera evitar meterse en líos.

10. “No hay pruebas ni las habrá”. La frase es de Felipe González a raíz del caso GAL, pero sirve perfectamente para este asunto. Al margen de que fuera un accidente o no, lo que está claro es que hubo una conspiración contra Diana,. La “Operación Paget”, como se denomina a la larga investigación llevada a cabo en Gran Bretaña sobre la muerte, llegó a la conclusión de que no existían pruebas de que hubiera sido un asesinato.

Por su parte, la investigación francesa llegó a la conclusión de que la causa fue el exceso de alcohol del conductor. El misterio seguirá eternamente, como en el caso de John F. Kennedy. Porque motivos para dudar, hay. Y muchos.

FERNANDO RUEDA

25 de octubre de 2016

  • 25.10.16
Cada uno de los cinco traidores tenía una personalidad especial, sorprendente para la época. Entre esas características estaba la homosexualidad de varios de ellos.

 El auge del nazismo en la década de los años treinta llevó a muchos jóvenes a militar en el comunismo. Estos movimientos se asentaron en los ambientes universitarios, donde tuvo su origen “El quinteto de Cambridge”.



Uno de sus miembros, Donald Maclean, tenía unas características poco comunes entre los espías clásicos de la época. Hijo de un preboste del Partido Liberal, de joven destacaba por su belleza y por ser demasiado blando. De hecho, hizo papeles de chica en varias representaciones escolares y sus compañeros le conocían como “lady Maclean”.



Estudió en Cambridge Lenguas Modernas y militó furibundamente en el comunismo. Incluso escribió artículos en la revista de la universidad mostrando sin tapujos sus ideas políticas. Pero, como el resto de sus compañeros de la red, cuando abandonó la universidad renegó públicamente del comunismo para poder acceder al Foreign Office.

Como era un cerebrito y hablaba alemán y francés, aprobó los exámenes con sólo 22 años.

Tras pasar un tiempo dedicado a la burocracia en Londres, en 1938 fue destinado a París, donde realizó un buen trabajo, aunque se sintió atraído por la bohemia de la ciudad. Así sería su vida en el futuro: por un lado serio y trabajador y por el otro un alocado soñador.



En París conoció a la americana Melinda Marling, que se convirtió en su esposa, y convivió una temporada con su amigo Kim Philby, destacado en la zona como periodista, que notó que su timidez de joven había cambiado hasta convertirse en un emprendedor diplomático.



En 1940, Maclean volvió a Londres donde, en compañía de Kim Philby y Guy Burgess, conoció a Otto Katz, el agente del servicio secreto ruso que impulsaría y controlaría sus actividades como espía.



En abril de 1943 fue destinado a Washington, a un puesto que le permitió tener acceso a informes secretos de mucha utilidad para los comunistas. Incluso participó en el Comité de Política Combinada sobre Energía Atómica, cuyos estudios envió secretamente a sus contactos rusos.



Esta actividad le afectó a los nervios, como a cualquier topo, aunque con la diferencia de que Maclean no tenía una personalidad preparada para hacer frente a las situaciones de tensión extrema. Combatió sus problemas dándose a la bebida, lo que le indujo a mostrar en público sus convicciones antiamericanas.

Por suerte para él, fue destinado a El Cairo, destino al que se trasladó acompañado de su mujer y sus dos hijos.

 Allí siguió espiando para los rusos y paralelamente aumentó su dependencia del alcohol, que le descontroló hasta llevar a emborracharse continuamente en público y a tener sus primeros ligues homosexuales.

El conocimiento de su vida disipada provocó que le obligaran a regresar a Londres, donde se salvó de ser expulsado del Foreign Office a cambio de ir al siquiatra, que le convenció de que se tomara seis meses de vacaciones. En ese tiempo, acudió a un siquiatra privado que le aconsejó que no ocultase sus tendencias gays.



Pasados los meses de descanso forzoso, retornó al trabajo. Fue destinado a la jefatura del departamento americano, donde recuperó su faceta de agente secreto ruso.

 Pero el 25 de mayo de 1951, su amigo Burgess, que trabajaba en el servicio secreto, le anunció que los americanos sospechaban de sus actividades y que habían recomendado a sus colegas ingleses que le interrogaran.

Maclean no se lo pensó dos veces y decidió huir con su compañero a Moscú.

 En Rusia trabajó para el servicio secreto y dos años después de su llegada fue a acompañarle su mujer Melinda. Su vida de alcohol y ambigüedad sexual no acabó bien. Pasados los años, Philby tuvo que huir también y no tardó mucho en seducir a Melinda. Maclean murió solo.

FERNANDO RUEDA

11 de octubre de 2016

  • 11.10.16
Gerry Adams es para el mundo entero el político que fue capaz de sacar de la cabeza de los terroristas del IRA la idea de que para conseguir sus fines era imprescindible el uso de la violencia. Ya antes de los años noventa comenzó a negociar en secreto con todos sus enemigos los preceptos necesarios para conseguir la paz y la integración de toda su gente en la vida democrática.





El servicio secreto interior de Gran Bretaña, el MI5, siempre había estado buscando topos que infiltrar en las filas del IRA y de su brazo político. Lo consiguió muchas veces, aunque en algunos casos fueron descubiertos y sus colaboradores acabaron tirados con dos tiros en la sien en cualquier esquina.



De cara a las negociaciones que se llevaron a cabo en los años noventa, consiguieron captar a Roy McShane, un hombre pequeño de pelo blanco, al que sus compañeros llamaban cariñosamente La rata. Borrachín y mujeriego, vivía solo en el barrio de Falls, uno de los bastiones del IRA en el Ulster. Cada día se le veía en sus horas de relax bebiendo cerveza con militantes de su grupo.



Tal era la confianza que despertaba entre su gente, que Gerry Adams no dudó ni un momento cuando le propusieron convertirle en su chófer. La persona que debería trasladarle de un sitio a otro, de reunión secreta en reunión secreta. Ese tiempo siempre lo aprovechaba para compartir con sus socios el contenido de los encuentros y su reacción frente a las propuestas que le habían hecho. La rata era de plena confianza y no tenía nada que ocultarle.



En 1994 se intensificaron las reuniones para alcanzar la paz, con el IRA anunciando treguas que luego rompía para más tarde volver a establecerlas. Fueron unos años muy intensos que tuvieron su colofón en 1998 con el Acuerdo de Belfast, más conocido como el Acuerdo de Viernes Santo, el día en que se firmó.



Diez años más tarde, exactamente el 7 de febrero de 2008, agentes del MI5 sacaron de su casa a Roy McShane con destino desconocido. Tantos años después, había habido una filtración que demostraba que durante una gran parte de su vida había sido un topo del servicio secreto inglés, al que pasaba información secreta sobre su jefe.

Al volante del Mercedes blanco blindado en el que llevaba a Gerry Adams, comunicó información de gran valía sobre todo lo que realmente pensaba su jefe y sobre los siguientes movimientos que pensaba dar en el tablero de ajedrez que fue la lucha por el fin del terrorismo. 

Roy McShane, La rata vivirá el resto de su vida en paradero desconocido.

FERNANDO RUEDA

27 de septiembre de 2016

  • 27.9.16
El “Quinteto de Cambridge” –el mejor grupo de agentes dobles de la historia– dejó a los servicios secretos ingleses llenos de heridas infectadas por todas partes. Prestigio, confianza, seguridad… fueron llagas que les costó curar muchos años. Paralelamente, la presencia de dos homosexuales en el grupo, Guy Burgess y Anthony Blunt, avivó la fobia que ya existía en el espionaje sobre la presencia en sus filas de tipos alejados del prototipo de James Bond. Un agente promiscuo les presentaba menos problemas para la seguridad interior que un gay.





Muchos se preguntarán, con razón, cuál es el motivo por el que siendo tres los heterosexuales del grupo y sólo dos los gays, se despertara ese sentimiento homófobo. Sin duda, ya había un sentimiento, que muchos consideraron ley, de que los homosexuales eran más vulnerables al chantaje, probablemente porque después de la Segunda Guerra Mundial muy pocos salían del armario y simulaban intencionadamente su amor por las mujeres para evitar el vacío de la sociedad.



Este estigma se prolongó durante años. En la década de los ochenta se fue relajando el rechazo, aunque el ocultamiento de su condición sexual por parte de los candidatos se seguía produciendo. Se les empezó a admitir, aunque evitando que ocuparan puestos de responsabilidad.



Finalmente, en 2008 cambió radicalmente el planteamiento de los mandos del MI5. De aparcarlos, pasaron a buscar nuevos agentes que fueran homosexuales. Además, lo hicieron público reconociendo que al igual que buscaban para captar musulmanes británicos y personas que hablaran diversas y extrañas lenguas árabes, también querían gays y lesbianas por su capacidad de moverse en ambientes hostiles y relacionarse con otras minorías.



De hecho, establecieron una colaboración con Stonewall, el principal lobby homosexual del Reino Unido, para que les asesorara en esa tarea. Y en 2009 aparecieron en la guía que edita esa organización con el listado de las empresas e instituciones donde gays y lesbianas pueden estar seguros de recibir un buen trato.

 Los tiempos han cambiado en el espionaje. Antes odiaban a los homosexuales, a los que veían como personas débiles, y ahora quieren tenerlos en sus filas por sus cualidades para la infiltración.

FERNANDO RUEDA

20 de septiembre de 2016

  • 20.9.16
Fue un secreto guardado celosamente. Durante años, hubo muchos comentarios que señalaban a John Le Carré, el mejor escritor de novelas de espionaje, como un antiguo agente de los servicios secretos ingleses. Tuvieron que pasar décadas antes de que reconociera su apasionante labor como agente secreto. Esta es su historia.



“Sí, sería ingenuo negarlo ahora. Primero estuve en el MI5 y después en el MI6. Pero nunca hablo sobre lo que hice; sencillamente, no se puede”. Corría el año 1993 cuando el gran escritor David Cornwell, conocido en el mundo entero como John Le Carré, reconoció al fin que su profundo conocimiento sobre el mundo del espionaje inglés no se basa exclusivamente en su capacidad de investigación, sino en que había sido uno de ellos.



El creador de ese personaje apasionante que fue Smiley reconoció, en una entrevista concedida a ABC, que su carrera comenzó cuando estaba estudiando en la Universidad de Berna, en Suiza: “Me encontraba muy integrado en la comunidad inglesa. Un diplomático me encargó algunos trabajos tan triviales y minúsculos que realmente no tenían ninguna importancia, pero yo iba por el mundo considerándome el mayor espía del mundo y le entregaba un paquete a un caballero en Ginebra o buscaba a alguien con un ejemplar de la revista 'Time' de la semana pasada. Fuere como fuere, yo me veía como la personificación masculina de Mata-Hari”.



Después, Cornwell fue a estudiar al Lincoln Collage de Oxford, donde le encargaron espiar a sus compañeros para detectar la presencia de agentes soviéticos: “Existía la convicción de que los rusos, los soviéticos y sus aliados, tratarían de reclutar entre las filas de los estudiantes de Oxford en los años cuarenta de la misma manera que lo habían hecho en Cambridge durante los años treinta”.



Posteriormente, “fui reclutado por las ramas civil y militar de los servicios de inteligencia. Creo que cuando se me presentó la opción me pareció intensamente atractiva. Es como si toda mi vida hubiera sido una preparación para ese momento. Era entrar en el sacerdocio”.



Tras cumplir los 21 años, fue enviado a Viena: “Era absolutamente necesario y desde luego una gran responsabilidad para alguien aún muy joven. Pero allí fue donde aprendí los rudimentos del espionaje”.



El origen de su alias John Le Carré está en que cuando se decidió a publicar su primer libro en 1961, sus jefes no le pusieron problemas, pero le advirtieron que siendo espía no podía utilizar su auténtico nombre. Así que un día, mientras iba en autobús lo tomó prestado del anuncio publicitario de una sastrería.



Desde 1960 hasta 1964 trabajó en la embajada inglesa en Bonn. Allí contempló cómo se levantaba el muro de Berlín, lo que le llevó a escribir su primera gran novela, El espía que surgió del frío. Poco después, gracias al gran éxito que obtuvo, abandonó el MI6. El espionaje perdió un gran agente y los lectores ganamos al mejor de los novelistas.

FERNANDO RUEDA

16 de septiembre de 2016

  • 16.9.16
Hay una diplomacia oficial y otra secreta. La oficial la protagonizan los ministerios de Asuntos Exteriores y la secreta la llevan a cabo los servicios de inteligencia. Cada una tiene sus funciones y se sustituyen cuando la situación política lo recomienda. La primera es pública y la segunda es oculta. Cuando un país quiere mantener relaciones con otro, pero no quiere que se conozca el acercamiento, lo que hace es poner en marcha a su agencia de espionaje.



Esto es lo que ocurrió durante los años ochenta en España con Cuba. El presidente del Gobierno era Felipe González, que siempre había mantenido una cierta simpatía con Fidel Castro, quien le mandaba habitualmente sus mejores puros como regalo. Eran tiempos en los que el servicio secreto español, entonces llamado CESID, estaba dirigido por Emilio Alonso Manglano, un hombre listo, con una mano derecha de alabar.

En temas de espionaje no había –ni hay– amigos o enemigos y Manglano lo sabía perfectamente. Eran tiempos en los que el CESID estaba ampliando su red en el extranjero, poniendo énfasis especial en la América de habla hispana. El reto les apareció con claridad: ¿Por qué no establecer relaciones con Cuba, un país tan cercano a nosotros? Dicho y hecho. Manglano se lo planteó a González y consiguió su autorización.

Con el máximo secreto, como se hacen estas cosas, el CESID mantuvo unas largas conversaciones con el G2 y acordaron autorizar el establecimiento de delegados en los dos países, que sirviera como cauce para solventar los problemas diplomáticos.

Una vez cerrado el acuerdo, la noticia llegó a los servicios secretos de la OTAN que estallaron contra el CESID. Tanto, que convocaron una reunión de urgencia del órgano de la Alianza Atlántica encargado de los servicios de inteligencia.

Allí Manglano explicó que no les iba a pasar información de los aliados –algo obvio– y que era mejor relacionarse con ellos que no hacerlo. Los más cabreados fueron los de la CIA, que mostraron su enfado pero no pudieron hacer nada para impedirlo.

Con el paso de los meses, los servicios occidentales terminaron recurriendo al CESID para conseguir un acercamiento a los cubanos, aunque la CIA nunca lo intentó. España fue precursora en el tema, como lo sería también en su acercamiento al temible KGB ruso.

FERNANDO RUEDA

25 de agosto de 2016

  • 25.8.16
Tras la caída de varios etarras en una operación policial conjunta en Madrid y Barcelona, Mikel Lejarza estuvo varios días sin dar señales de vida en uno de los pisos que le había facilitado el SECED. Después llamó a la casa de Ezquerra, en Francia, contando que había conseguido escaparse de la redada.





“No me dio la sensación de que estuvieran especialmente mosqueados conmigo. Me dijeron que aguantara y que continuara creando infraestructura porque vendría más gente. En septiembre me avisaron que llegaban nuevos comandos y con ellos parte del comité ejecutivo para dirigir las operaciones directamente. Tenía que encontrarlos en Barcelona.

La primera cita fue con Montxo, al lado de una estación de metro. Tuvo mucha alegría al verme de nuevo. Fuimos a buscar a Apolonio y terminamos reuniéndonos con Ezquerra y Yon en la cafetería La Oca de Diagonal. Me responsabilizaron de conseguir los billetes para trasladarnos a Madrid rápidamente. No puse pegas”.



El relato de El Lobo, en una larga conversación con Xavier Vinader, se quiebra cuando recuerda que los del SECED deciden sacarles los billetes pasando por Valencia.

“No tuvieron en cuenta que llegábamos por la noche y el próximo tren hacia Madrid no salía hasta las siete de la mañana. Cuando me presenté con los billetes y se lo expliqué a los etarras no les hizo nada de gracia.

Durante el viaje empecé a percibir un brillo raro en los ojos de Ezquerra y me puse muy nervioso por los constantes paseos de Carlos y los demás del SECED que viajaban en el vagón contiguo. Al llegar a Valencia, Ezquerra ordenó que alquiláramos un taxi y fuéramos directamente a Madrid. Durante el viaje, el taxista contó que tenía un familiar en la Guardia Civil y no paraba de criticar a ETA. Todos poníamos cara de circunstancias”.



Al llegar a Madrid, el tema se calmó y se distribuyeron por los pisos alquilados por el SECED llenos de “canarios”, que ellos consideraban seguros.

“Sólo cuando llegaron a Madrid otros dos nuevos, Neruda e Ibarguren, me di cuenta de que estaban realmente suspicaces conmigo. Empezaron a decirme que teníamos que ir a hablar a un lugar tranquilo de las afueras y temí lo peor. Pero como iba armado, me dije que no caería solo.

Hicimos un largo recorrido en coche y finalizamos en una terraza solitaria en el parque del Oeste. En cuanto nos sentamos, Montxo me dijo que la BBC había informado que las caídas que estaba sufriendo ETA se debían a la labor de un infiltrado denominado El Lobo. Se sospechaba que podía ser yo.

Fue como un mazazo que me pilló de sorpresa, pero me limité a poner cara de sorpresa y no perdí la calma. Seguramente fue aquello lo que me salvó. Acto seguido saqué las dos pistolas que llevaba encima y se las entregué a Ezquerra alegando que, después de todo lo que me había tocado pasar, ahora me venían con esa historia.

Entonces empezaron a calmarme y a quitarle hierro al asunto. Podía volver a Euskadi norte hasta que despejaran las dudas o quedarme con ellos sin libertad de movimiento. Opté por lo segundo alegando que quería probar mi buena fe. Era necesario que viajara a Barcelona para encontrarme con Apolonio y luego volvería a Madrid para integrarme definitivamente en el grupo.

Estaba dispuesto a seguir, pero los superiores del SECED dieron una orden tajante: había que cortar la operación y decapitar a ETA de un solo zarpazo. Cuando fui a Barcelona para encontrarme con Apolonio, junto al Museo de Cera, sabía perfectamente que era mi última cita con la organización. Aquella noche los del SECED me llevaron al Hotel Colón y me dijeron que durante la madrugada se producirían las detenciones de todos los etarras controlados tanto en Madrid como en Barcelona”.



La banda terrorista ETA casi desapareció dentro de España.

“La operación fue un éxito bastante notable porque desarticulamos a todos los comandos, abortamos el intento de la primera fuga de la cárcel de Segovia y cantidad de acciones previstas, como el secuestro del conde de Godó, el propietario del diario 'La Vanguardia'.

Al día siguiente, todo eran risas y felicitaciones. Me escoltaron hasta el aeropuerto, me metieron en un avión con Carlos y, una vez en Madrid, me confinaron en un apartamento de la calle Galileo con la prohibición de salir por ningún motivo”.



35 años después de aquella valerosa acción, en un acto íntimo, el director del CNI le impuso una condecoración por los servicios prestados durante toda su vida. Porque a pesar de ser desconocido, El Lobo nunca ha parado de trabajar para los servicios de inteligencia.

FERNANDO RUEDA

16 de agosto de 2016

  • 16.8.16
“En San Juan de Luz, Ezquerra nos dio unas bolsas con una FN Browning, cincuenta balas, 50.000 pesetas y las órdenes precisas para cada uno. Las mías eran de encontrarme algunos días más tarde en la Cafetería Hontanares de Madrid con Wilson y Papi para comenzar a operar. También nos dieron unos billetes de tren para Perpiñán, donde nos estarían esperando”.





Tras haber retrasado mucho tiempo su entrada en acción, El Lobo iba a comenzar la parte más arriesgada de su infiltración. No obstante, gracias al trabajo ya desarrollado, decenas de miembros de ETA y un número muy destacado de pisos en Francia estaban ya bajo control de los agentes del servicio secreto español.

Mikel Lejarza sigue contando sus peripecias tras entrar en España con tres compañeros y conseguir que les trasladaran a Barcelona sin llamar la atención.

 “Allí nos esperaba Ana, una chica alta y muy guapa, extrabajadora de Firestone y muy activa sindicalmente. Nos llevó a su casa y aquella noche se metió en la cama con Txiki y conmigo”.

“Al día siguiente me dio la murga para que la llevara conmigo a Madrid, diciéndome que estaba preparada para todo. Me la quité de encima como pude y seguí el viaje solo. Cuando llegué a la cita en la Cafetería Hontanares ya estaban los de los servicios operativos del SECED rondándome por las cercanías. Desde aquel momento todos los etarras que entraron en contacto conmigo serían controlados día y noche”.

“Lo primero que me encargaron Wilson y Papi fue que buscara pisos y un garaje para meter varios coches. Cuando cené con Carlos –del SECED- aquella misma noche, se lo transmití y me dijo que no me preocupara que ellos se encargarían de todo. También me pasó las llaves de un piso en la calle Doctor Fleming, 44, y un Seat 850 blanco en el que se había instalado un equipo de grabación oculto en el bloque del volante y un detector de rastreo”.

El Lobo controlaba sus nervios lo mejor que podía, aunque no siempre era una tarea fácil.

 “Estaba muy nervioso porque la gente del SECED hacía las cosas lo peor que sabía. Me entregaban las llaves de unos pisos que todos tenían portero. Eso iba contra la más elemental norma de seguridad de cualquier organización clandestina. Menos mal que nadie se mosqueó”.



El 30 de julio se llevó a cabo una operación antiterrorista en Barcelona, en la que resultaron detenidos Wilson y Txiki, aunque la noticia que se facilitó a la Agencia Efe hablaba de que los disparos que se habían escuchado eran por la detención de dos delincuentes comunes. Querían que los etarras en Madrid no se enteraran para poder detenerles a ellos también.

“Aquel mismo día se había decidido trasladar las armas que guardaban Apala y Gaizka a mi piso en Doctor Fleming. Íbamos en el Mini que tenía Txepe con Papi y Josu Múgica en dirección a la plaza de Castilla cuando vimos pasar varios coches de la Policía en sentido contrario y a toda velocidad. Fue la primera señal de alarma”.

“La zona estaba llena de policías, por lo que optamos por abandonar el coche, que casi no tenía gasolina, y salir corriendo. Intenté que me siguieran al piso donde vivía, pero cuando enfilé Doctor Fleming vi venir un grupo de policías corriendo. Entonces empezaron los tiros. Fueron varias ráfagas de metralleta y las balas empezaron a silbarme cerca de los pies. Eché mano a la pipa, me di media vuelta y realicé varios disparos procurando no dar a nadie. Los policías corrían como conejos. Aproveché la desbandada para meterme en el primer portal que encontré”.

Papi fue detenido tras ser herido en un codo; Txepe fue cogido sin problemas y Múgica perdió la vida al enfrentarse a la Policía cerca del estadio Santiago Bernabéu.

“Yo llamé a una puerta gritando que era policía y cuando abrieron le puse la pistola en la boca y me metí dentro. Luego me enteré de que era el director de Hacienda, que estaba solo con su mujer. Les aseguré que no les iba a pasar nada pero parecían dos flanes”.

“En la calle aún sonaban algunos disparos. Llamé a Carlos. Le dije 'soy Lobo. Estoy colgado. Sacadme de aquí'. Me contestó que todo estaba controlado y que me llamaría para avisarme cuándo podía salir. Al rato, me llamó para indicarme que bajara a la calle con cuidado pues habría alguien esperándome. Arranqué el hilo telefónico y me fui diciéndoles que era de ETA”.

“En la puerta del inmueble me encontré con el capitán de la Guardia Civil Cándido Acedo, que estaba al mando de los equipos operativos del SECED, quien me dio las llaves de un coche aparcado en la esquina y me indicó que me refugiara en uno de los pisos un par de días. Me fui zumbando al de la calle Sancho Dávila y me metí en la bañera para relajarme. Estaba de nuevo solo y sin saber cómo reaccionaría la dirección de ETA en Francia ante la caída que habíamos tenido”.

FERNANDO RUEDA

9 de agosto de 2016

  • 9.8.16
Relacionarse directamente con los principales elementos de ETA no fue fácil. Los agentes del SECED que le controlaban le propusieron que pasara al sur de Francia con el pretexto de estudiar Bellas Artes en Burdeos. Eso le permitió compartir casa con cuatro refugiados. Regresó en las navidades de 1974.



“Después de pasar unos rifles metidos dentro del respaldo del asiento trasero de mi coche, de acuerdo con Carlos y Pedro –sus controladores del servicio secreto, el SECED– decidimos que me dedicara a infiltrar los políticos-militares, porque entonces eran mucho más fuertes que los demás. Me acerqué mucho más a Fanfa, dejé que me hiciera proselitismo y, al final, me conectó con el liberado que se ocupaba de nuestra zona, José Ignacio Zuloaga Echeveste, Smith”.

“La primera cita la tuve en el bar La Tortilla, al lado del Ayuntamiento de Bilbao; fuimos en mi coche hasta Archanda y allí me enseñó incluso la pistola FN Browning que llevaba al cinto. José Ignacio Zuloaga fue el que propuso denominarme Gorka dentro de ETA”.

Según el relato de Mikel Lejarza a Xavier Vinader en Interviú, los primeros pasos que dio para entrar en la estructura de ETA fueron el inicio de un camino duro.

“Primero me integraron en la estructura de apoyo a un comando encabezado por Smith y conocí a otros liberados, pero la cosa no avanzaba”.

“La oportunidad apareció tras el asalto a un banco en Eibar que salió mal y que obligó a Smith y a los otros a irse a Francia. Entonces mis jefes decidieron forzar las cosas y empezaron a detener a gente de la estructura de apoyo. Entre ellos estaba Fanfa, que en los interrogatorios cantó mi ingreso en la organización. Era la excusa que estaba buscando el SECED para justificar mi pase definitivo a la clandestinidad y mi viaje al otro lado”.

“Cogí un tren hasta Barcelona, pasé a Francia por Port Bou y de allí viajé a Hendaya. El mismo día de mi llegada ya me colocaron en el piso de una refugiada llamada Inma, al lado del bar Hendaya, que servía de lugar de paso para los militantes de la organización”.

En los meses siguientes, Gorka –como le habían puesto los etarras- o El Lobo –como le habían bautizado en el SECED- estuvo en diversos pisos operativos de la banda y conoció a muchos de sus dirigentes y a otros militantes que, en el futuro, estaban llamados a ocupar altos puestos en la organización.

Informaba de las casas, daba los nombres y explicaba cada detalle de lo que veía. Para pasar la información utilizaba cabinas telefónicas o dejaba sus mensajes en coches aparcados especialmente para él en la calle.



“Era un sistema muy poco perfeccionado, pero nos dio resultado. Entre la comunidad etarra yo iba de duro y dispuesto a pasar a la acción cuando hiciera falta, pero pronto me di cuenta de que si me escogían para formar parte de un comando eso tampoco me daría acceso a un volumen de información que permitiera darles un palo importante”.

“Entonces, empecé a soltar en Anai-Artea delante de otros del comité ejecutivo que tenía unos amigos arquitectos con una empresa de decoración que se movía por muchos puntos de España. Aquello no cayó en saco roto y poco después me convocaron con un grupillo a San Juan de Luz, donde Wilson y Papi, los máximos responsables de los comandos especiales, me comunicaron que seguramente me encargarían de la infraestructura necesaria de las importantes acciones que se iban a llevar a cabo en el interior muy pronto. Era justamente lo que andaba buscando”.



El Lobo participó después en un curso técnico en un caserío, en el que estuvieron personajes de la banda tan tristemente conocidos como Apala, Paquito, Santi Potros o Ternera.

 “Hacíamos vida de cuartel. No pegaba ojo para evitar delatarme en sueños. Y tenía que caminar durante dos horas para llegar a la cabina más cercana y poder llamar al SECED, alegando que lo hacía a mi familia”.

“En aquel caserío también se celebró la famosa asamblea donde Pertur propuso la creación de un partido legal que sería EIA y que levantó gran polémica interna. Yo ese día estaba de jefe de cocina, por lo que habíamos analizado previamente con Carlos la posibilidad de aprovechar la reunión para envenenarlos a todos metiéndoles algo en la comida. O colocar una maleta llena de goma-2 y volarlos”.

“Pero desde las alturas del SECED dijeron que aquello era una barbaridad y el plan se dejó correr. Unos días después, vinieron a buscarme para pasar la muga (frontera) y comenzar a actuar. En una tienda de fotografías de San Juan de Luz cuyo propietario era de la organización nos hicieron las fotos para los DNI falsos. Y nos preparamos para el gran momento”.



Esa es la foto que los etarras publicarían en los carteles intentando dar pistas para localizarle y poder asesinarle, una vez que descubrieron su infiltración. La única foto que ETA ha tenido en toda su historia de El Lobo.

FERNANDO RUEDA

4 de agosto de 2016

  • 4.8.16
“Aparezco en todos los libros de historia sobre ETA como el máximo traidor que jamás ha tenido la organización. Mi nombre ha sido maldecido en Euskadi, mi tierra, durante años y sé que tengo precio puesto a mi cabeza mientras viva”. Así hablaba Mikel Lejarza, El Lobo, en uno de los escasos análisis públicos que ha hecho sobre su infiltración en la banda terrorista ETA que le llevó a protagonizar una operación que concluyó con la detención de más de cuarenta de sus terroristas –entre ellos, varios miembros de su cúpula- y el desmantelamiento de la mayor parte de sus estructuras clandestinas.



Sin embargo, ETA siempre se equivocó, aunque nunca haya querido reconocerlo. Mikel no era un traidor, nunca lo fue. Eso habría sido cierto si hubiera entrado en la banda terrorista con el objetivo de utilizar las armas para liberar el País Vasco. Pero no lo fue nunca, porque sus relaciones con la banda desde el primer momento formaron parte de una operación diseñada por el SECED –el antecesor del CESID y el CNI- para introducir a un agente en la organización que permitiera acabar con ella.

“En 1973, cuando me metí en los servicios secretos, lo hice porque era un idealista ingenuo que estaba en contra de la utilización de las armas, de la violencia y de los muertos. Por nada más”. Así hablaba Mikel Lejarza, en una entrevista concedida hace veinte años a Xavier Vinader, en Interviú.

“Provengo de una familia católica, apolítica y de condición humilde. Nací en un caserio cercano a Villaro (Vizcaya), pero crecí en el pueblecito de Arcocha (Galdácano). Estudié en los Maristas, fui un chico de parroquia y muy aficionado al teatro. Después pasé a vivir a Basauri, donde me dediqué a la decoración de locales durante una buena temporada.

Me compré un piso en la avenida José Antonio y me instalé allí con mi esposa Loli, una vasca de pura cepa, como yo. A principios de 1973, a través de un tío mío que era guardia jurado, conocí a dos inspectores de Policía que denominaré con los nombres de Koldo y Lina. El primero era especialista en grupos trostkistas y colaboraba con el SECED, los servicios secretos creados por el almirante Carrero Blanco”.

Esta amistad fue el inicio del fichaje de Mikel por el espionaje. Koldo le consiguió una recomendación para hacer el servicio militar y, poco a poco, fue aumentando la amistad entre los tres, que salían a tomar copas siempre que podían.

“Un día me enseñaron el lugar donde cayó abatido 'Txiquia' y empezamos a hablar de ETA. Yo era un neófito, pero ellos se referían constantemente a Pedro Ignacio Pérez Beotegui, 'Wilson', como uno de los peces gordos que tenían más interés en capturar.

Siempre me pintaban el futuro del pueblo vasco como muy negro a causa del terrorismo hasta que, al final, me preguntaron si estaba dispuesto a luchar contra ETA infiltrándome dentro de ella. Respondí afirmativamente si la cosa se llevaba en el más absoluto secreto. Poco después, 'Koldo' me presentó a un miembro del SECED en Bilbao, que utilizaba el apodo de 'Pedro', con el que empezamos a hablar más en serio”.

Ahí comenzó el trabajo de Mikel antes de infiltrarse. Pedro le presentó a Carlos, otro policía que tenía un puesto destacado en el SECED, y comenzaron a darle charlas sobre la historia de ETA, su funcionamiento y sobre la mejor manera de provocar el acercamiento.

“Fue un cursillo casero porque en aquella época la realidad es que los servicios de seguridad españoles aún sabían muy poco del tema. La línea de trabajo, me decían siempre, se iría improvisando a medida que avanzara la operación de infiltración, que ellos se encargarían de controlar como 'oficiales de caso'.

Me hicieron firmar un seguro de vida y empecé a cobrar un sueldo de 25.000 pesetas, además de los gastos que generara. Estaba muy entusiasmado y no era consciente de que desde aquel momento ya nunca más podría dormir tranquilo”.

El siguiente paso fue ejecutar los primeros movimientos de acercamiento, sin que nadie sospechara cuál era su verdadera intención. “Con ETA entré en contacto a través de varios conocidos que tenía en Basauri, especialmente de dos que ya habían estado en prisión: Miguel Ángel Iturbe, de tendencia 'mili', y Javier Zarrabeitia Bilbao 'Fanfa', miembro de la rama político-militar. Eran los tiempos de agitación en torno al proceso de Burgos y yo siempre procuraba hacer llegar el mensaje de que estaba dispuesto a hacer cosas más serias que repartir propaganda”.

FERNANDO RUEDA

14 de octubre de 2015

  • 14.10.15
En la madrugada del 18 al 19 de septiembre de 1975, la Policía procedió a detener a todos los miembros de ETA que había en Madrid y Barcelona, prestos a cometer atentados, y a desarticular una gran parte de su infraestructura. Unas horas antes, miembros del SECED –antecesor del CESID y del actual CNI- procedieron a llevarse a Mikel Lejarza, “El Lobo” para ellos y “Gorka” dentro de ETA, a un lugar seguro.



La operación se tuvo que llevar con cierta urgencia porque el 16 de septiembre tres destacados etarras en la capital “Ezkerra”, “Montxo” y “Jon”, mantienen un encuentro con Lejarza en las afueras de la ciudad, en un lugar apartado, y le acusan de ser un topo dentro de la organización. El Lobo reacciona como gran actor, se saca las dos pistolas que lleva encima, se las ofrece y les dice que si piensan eso, que le maten, que son peor que los Txakurras (policías). Les deja impresionados y hasta le piden perdón. Ezkerra y Jon estarían entre los detenidos esa noche del 19 de septiembre y Montxo aparece muerto en la bañera de su casa con un tiro en la cabeza.

ETA llevaba unos meses mosqueada por las continuas detenciones, sin saber a qué se debían. De hecho, en un comunicado un mes después de la desaparición de El Lobo, decían que estaban investigando y que ya tenían sospechas. Semanas después vendría el empapelamiento de las calles de las principales localidades vascas con el cartel en el que aparecía la única foto que tenían de Mikel y sus datos físicos para que cualquiera que lo viera alertara a la banda para que lo matara. Desde ese momento, siempre se ha dicho que sus pistoleros llevan preparada una bala para matarle.

Mikel defiende que en ese momento se podría haber acabado definitivamente con ETA, pero que existieron intereses ocultos para que se recuperara de un tremendo golpe que llevó a prisión a más de 200 etarras.

Desde entonces y tras una operación de cirugía estética y de un profundo cambio de apariencia, El Lobo nunca ha dejado de trabajar para el servicio secreto español. Ha desarrollado misiones en África, Latinoamérica, Europa…Y en numerosas localidades de España.

A finales de los 80 estuvo varios años en Cataluña, enviado por el CESID para penetrar en el complicado mundo empresarial catalán –Javier de la Rosa…-, con relación con personajes como Mario Conde, que tenía un montón de poder y quería comprar Antena 3, a lo que se oponía el gobierno de González y especialmente su brazo armado, Narcís Serra, jefe directo del CESID. El Lobo espió a diestro y siniestro amparado en su tapadera como jefe de seguridad del conde Godó, aunque dando prioridad a su trabajo para el CESID.

Inicialmente, el servicio secreto le había mandado a Cataluña para organizar una infiltración que acabara con Terra Lliure antes de que se celebraran los Juegos Olímpicos. El Lobo infiltró a tres personas. Los dos primeros no dieron resultado, pero el tercero facilitó la información para acabar completamente con el grupo terrorista catalán.

Durante los años que estuvo el agente oscuro Lejarza en Cataluña envió al CESID información económica que demostraba los chanchullos de empresarios y políticos, entre ellos los datos de que Jordi Pujol poseía una cuenta en Andorra. Información que ha tardado 20 años en conocerse públicamente.

La Policía le detuvo tras tenerle el teléfono pinchado por espiar a diestro y siniestro. Lo hicieron a pesar de que sabían que trabajaba para el servicio secreto, pues tenían grabadas sus conversaciones con su jefe, alias “Lemos”. El Lobo jamás reconoció su pertenencia al CESID, como hacen los buenos agentes oscuros.

El Lobo sigue viviendo en la clandestinidad para evitar que cualquier loco quiera vengarse y acabar con su vida.

FERNANDO RUEDA

24 de junio de 2015

  • 24.6.15
Marita Lorenz ha escrito su biografía –Yo fui la espía que mandó al comandante, editada por Península– y me he quedado pasmado. Su historia es mucho más dramática de lo que nunca pude imaginar. Marita nació en Alemania en 1939, y con pocos años vivió en un campo de concentración. La liberación fue para ella algo horrible pues un sargento del ejército americano la violó cuando solo tenía siete años.



A los 19 su vida cambió radicalmente cuando conoció a Fidel Castro. Se hicieron amantes y pasó con él unos meses de profundo enamoramiento. En mayo de 1959 descubrió que estaba embarazada. Fueron meses felices en los que el comandante la cuidaba y vivía con él en el hotel Habana Hilton.

Marita se adaptó perfectamente a las costumbres cubanas, solía ir vestida con el uniforme revolucionario e hizo muchos amigos y otros que solo buscaban acercarse a ella por su relación con Fidel. Uno de ellos se hacía llamar Frank Fiorini, un agente de la CIA que se hacía pasar por revolucionario y que la presionaba continuamente para que le pasase información sobre Castro. Marita era demasiado joven e inexperta y le ayudó, aunque convencida de que la información que le pasaba carecía de utilidad.

En otoño de ese año, Fidel estaba de viaje y Marita pidió desde la suite que compartía con él que le subieran el desayuno. Tras beberse la leche perdió el conocimiento. No lo recobró hasta unos días después en el mismo hotel, pero en una habitación mucho peor. Tenía dolores insoportables en el vientre, sangraba abundante y se dio cuenta de que ya no llevaba en el interior a su hijo.

Tuvo fuerzas para llamar a un conocido, Camilo Cienfuegos, que lo organizó todo para que saliera de Cuba y fuera trasladada a un hospital de Nueva York, donde le salvaron la vida. Cuando estuvo recuperada, el FBI y la CIA desplegaron todo su esfuerzo en convencerla de que le habían practicado un aborto a lo bestia y que el responsable era Fidel Castro. Ella se negó a aceptarlo, seguía locamente enamorada del revolucionario.

Durante meses, intentaron hacerle un lavado de cerebro para que se involucrara en los planes del espionaje estadounidense contra Castro, en lo que habían bautizado como “Operación 40”. A la CIA se habían unido exiliados cubanos, mafiosos que perdieron sus negocios en Cuba y mercenarios.

No tardaron mucho en convencerla para que asesinara a Castro. El método resultaba bastante sencillo. Le entregaron dos píldoras que debía disolver en la bebida que le preparara al cubano. Marita aceptó, aunque no tuvo intención de hacerlo. De hecho, aunque hubiera querido no habría podido intentarlo: escondió las píldoras dentro de una crema para la cara y cuando llegó al hotel de La Habana, se habían disuelto.

Cuando la vio, por sorpresa Castro le preguntó si la habían enviado para matarle, ella le dijo que sí y el revolucionario le entregó su pistola para que le disparara. Marita nunca lo habría hecho. Ah, 20 años después, Marita descubrió que no le habían practicado un aborto. Fidel Castro le presentó en la Habana a su hijo Andrés.

FERNANDO RUEDA

6 de mayo de 2015

  • 6.5.15
Comprender el viaje de Rajoy a Senegal exige mirar para atrás. El trabajo desarrollado por España para conseguir el apoyo de las autoridades locales a la lucha contra la inmigración fue una tarea complicada que se consiguió gracias a la diplomacia de las alcantarillas pilotada con éxito por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).



Al principio del mandato del presidente José Luis Rodríguez Zapatero nos encontramos con unas riadas incontrolables de inmigrantes subsaharianos que llegaban España transportados por peligrosas mafias. Había que poner coto como fuera. Para ello actuó el Ministerio de Asuntos Exteriores, que necesitó del apoyo imprescindible del servicio secreto con su director a la cabeza, Alberto Saiz.

Había que convencer a las autoridades senegalesas de que colaboraran, algo que requería darles algo a cambio. El Gobierno español les prometió ayudas e incluso ayudar en la vigilancia marítima. El presidente Rajoy lo ha podido comprobar en su reciente visita, en la que ha conocido el trabajo de una patrullera de la Guardia Civil y del patrullero "Vencedora" de la Armada. Los efectivos humanos y materiales españoles están haciendo el trabajo contra las mafias que los propios senegalés no tienen capacidad para realizar.

Todo esto no se habría podido llevar a cabo sin los fondos reservados del CNI. Su diplomacia secreta, acompañada de maletines, permitió limar los problemas para que aceptaran la colaboración española. Y fue Alberto Saiz el que los llevó personalmente. El resultado ha quedado claro: los grandes problemas normalmente se resuelven en las alcantarillas del poder, aunque sea en Senegal.

FERNANDO RUEDA

29 de abril de 2015

  • 29.4.15
Hace unos días celebramos la gran fiesta literaria de Sant Jordi y ya llegan en cascada las ferias de libros que aterrizan en ciudades y pueblos con el buen tiempo. Es una oportunidad para que escritores y lectores compartamos un rato de charla, quizás una foto.



Cuando viene esta época del año siempre me acuerdo de mi amigo Antonio Salas. Él es el único autor español que no puede sentarse en una caseta y dedicar plácidamente sus libros a sus seguidores. Y no puede porque es testigo protegido y las medidas de seguridad necesarias se lo impiden.

Con frecuencia acude a las ciudades donde se celebran este tipo de eventos. Pasea entre la gente como si fuera uno más de los lectores ávidos de encontrar la firma de uno de sus escritores favoritos. Nadie le reconoce, mientras su sombra choca con la de miles de personas que darían cualquier cosa por saber que es él quien se infiltró en los Skin, el que denunció a los proxenetas de mujeres, el que haciéndose pasar por palestino pudo destapar el radicalismo intolerable...

Yo soy uno de esos afortunados que tengo dedicatoria en todos sus libros, pero siento verdadera tristeza de saber que sus cientos de miles de seguidores no puedan haber tenido el placer no de una firma, sino de unos segundos de charla, incluso de poder publicar un selfie con él en Twitter.

A veces, el coste del buen periodismo es muy duro. No solo es que los enemigos ansíen permanentemente devolverte el daño recibido o que algunos compañeros escondan la envidia por tus éxitos hablando mal de ti, es que estar con tus lectores da una energía vital a la que tienes que renunciar.

Por este motivo, cuando llega la primavera y acudo a firmar libros siempre me acuerdo de Antonio Salas. Sé que le gustaría estar ahí, estrechar manos, sonreír, charlar con desconocidos que le aprecian.

El periodismo es la profesión más bonita del mundo y escribir libros es un sueño especialmente dulce. Espero seguir disfrutándolo mucho tiempo, pero en cada acto público, en cada firma, siempre me acompañará la sombra de mi querido amigo Antonio Salas.

FERNANDO RUEDA

25 de marzo de 2015

  • 25.3.15
Hace unas semanas nos quedamos muchos estupefactos. La noticia y las imágenes eran para llorar. En Venezuela fue detenido, con un despliegue de medios propio de un ataque yihadista, el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. Decenas de uniformados entraron violentamente en el edificio donde tenía su despacho y con todo tipo de violencia se lo llevaron sin que mediara una orden judicial.



Hay muchas cosas que comentar sobre el caso, pero hoy quería referirme a un aspecto: los que detuvieron al alcalde acusado de conspirar contra el régimen venezolano fueron miembros del servicio secreto del país y parece que se lo llevaron a su sede, situada en el centro de la capital.

La actuación de los espías en estos casos es algo que no ocurre en los países democráticos. En España a nadie se le ocurre que el CNI proceda a detener a nadie. Su misión es conseguir información que ayude al Gobierno a tomar decisiones. Si en sus pesquisas obtiene datos concretos para detener a terroristas de cualquier grupo, le pasa la información a la Policía o a la Guardia Civil, que judicializan el tema y proceden en consecuencia.

Otra cosa es lo que ocurre en las dictaduras. Ejemplos históricos como la Gestapo de la Alemania nazi o los servicios secretos de Argentina y Chile durante las dictaduras militares demuestran que se usa al espionaje como policía política para investigar, detener, torturar y matar a los opositores al régimen. Lo espías no deben estar para eso. Y si lo están es porque el régimen ha perdido el norte y necesita cuerpos represores para mantenerse en el poder y acabar con la oposición interna. ¡Qué pena!

FERNANDO RUEDA

25 de febrero de 2015

  • 25.2.15
Esta semana se han cumplido 34 años del intento de golpe de Estado protagonizado en el Congreso de los Diputados por el teniente coronel Tejero, en Valencia por el teniente general Milans del Bosch, en las cercanías del poder por el general Armada y en las alcantarillas por el CESID.



Llevamos 34 años en los que el entonces secretario general del servicio secreto, Javier Calderón, ha defendido que no sabía nada, algo que la realidad de los hechos ha demostrado que no era cierto. Varios agentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) condujeron el autobús de los golpistas hasta el Congreso, lo que quedó demostrado por la denuncia formulada por uno de los miembros de la unidad, el sargento Rando Parra.

Este se lo comunicó a uno de los jefes de la unidad de confianza, el comandante Camacho, quien cometió el pequeño error basado en lealtad de pasarle la información a Calderón, que en realidad era el que mandaba en aquel momento.

Calderón, íntimo amigo del jefe de la AOME, el comandante Cortina, intentó frenar la investigación que implicaba al CESID, pero no lo consiguió ni con los intentos de silenciar y después matar a Rando.

Cortina resultó libre en el juicio, pero no así su segundo, Gómez Iglesias, que fue condenado. Un nuevo director, Emilio Alonso Manglano, nombrado unos meses después, hizo una limpieza en el CESID que consistió en quitar a todos los golpistas de su fila. Lo que no pudo evitar es que en 1996 el presidente Aznar nombrara director del servicio a Javier Calderón, que lo primero que hizo fue echar a Camacho y a Rando como venganza por su intervención en las denuncias del 23-F.

34 años después que nadie se lleve a engaño: el CESID se movió en las alcantarillas para que el golpe triunfara, por mucho que lo nieguen sus protagonistas.

FERNANDO RUEDA

18 de febrero de 2015

  • 18.2.15
Hervé Falciani es el experto informático francoitaliano, nacido en Mónaco, cuya información ha permitido desatar en España las últimas operaciones contra la corrupción, como la recientísima Operación Púnica, a cuya cabeza estaba el expolítico Francisco Granados. Su historia comienza en 2006, cuando el banco suizo HSBC le encarga reforzar el sistema de seguridad del banco.



Para este tipo de puestos se designa a personas de la máxima confianza y Falciano lo era, aunque no se comportó como tal. Tuvo acceso a 130.000 cuentas opacas pertenecientes a hombres y mujeres influyentes en todo el mundo que escondían miles de millones evadidos a los impuestos de sus países u originados en delitos inconfesables de todo tipo.

Meter su dinero en el HSBC era legal en Suiza, pero ilegal en el resto del mundo. Así que monta un dispositivo para robar todo tipo de información que cruzada informáticamente permita identificar a los poseedores de esas cuentas.

Su objetivo es vender esa información y sacarse un dinero. En 2008 hace un primer intento de venta en el extranjero, pero no mide bien los riesgos y la policía suiza es alertada. Los datos no son suficientes para identificarle, pero es interrogado y lo niega todo. Sabe ya que es cuestión de tiempo que le detengan y huye a Francia, donde su nacionalidad francesa impedirá que le extraditen.

No obstante, es detenido en un primer momento por una orden internacional de búsqueda lanzada desde Suiza, pero en prisión negocia con el servicio secreto francés. Inmunidad a cambio de facilitarles los datos que afectan a ciudadanos franceses.

Falciani entra en el mundo de los agentes oscuros. Numerosos potentados franceses son descubiertos y empiezan a pagar cientos de millones de euros para evitar la cárcel, mientras los suizos se quejan sin que en Francia nadie atienda sus reclamaciones.

En ese momento entra en escena el CNI español. Llega a un acuerdo con el informático para facilitarte todo tipo de ayuda a cambio de que les facilita la lista con los 659 españoles con cuentas opacas que han operado en los diez años anteriores con el HSBC.

A cambio le garantizan una tranquila estancia en prisión para guardar las formas y toda la protección necesaria. No es que Suiza vaya a intentar matarle, pero hay 130.000 implicados en delitos de evasión fiscal a los que se les podría ocurrir cometer una locura.

Desde el momento en que el CNI consigue traerlo a España, tanto sus agentes como policías especializados en corrupción mantienen largas entrevistas con él para recibir sus datos, al mismo tiempo de que se consigue que los jueces no le extraditen amparándose en que no hay pruebas solventes de su robo.

Los grandes casos de corrupción que ya habían explotado en España en 2012 y otros que afloran posteriormente tienen un apoyo increíble en la información obtenida por Falciani. Personas como el banquero Emilio Botín con cuentas en Suiza regularizan su situación y otros sumarios se activan como el de la trama Gürtel, la operación Campeón y el caso de las ITV en Cataluña. Y más recientemente, el caso Púnica que ahora está todos los días en los medios de comunicación.

Hervé Falciani se ha convertido en un protegido del CNI y de otros servicios secretos, pero también en uno de los hombres más odiados por los implicados de todo el mundo en redes de corrupción. Y el más querido por partidos como Podemos, que lo van a utilizar como imagen de la lucha contra la corrupción.

FERNANDO RUEDA

5 de febrero de 2015

  • 5.2.15
El mundo de las alcantarillas del poder trata de conseguir información sobre los temas que afectan al Gobierno utilizando cualquier herramienta a su alcance. Ha sido así siempre y lo seguirá siendo toda la vida. En las últimas semanas han aparecido dos noticias especialmente conflictivas. En una de El Confidencial Digital se apuntaba el temor de los dirigentes de Podemos de estar controlados por agentes del CNI. En otra, de El Mundo, el comisario Villarejo ha denunciado que en Asuntos Internos de la Policía se ha investigado la información que Bárcenas podía esconder sobre las actividades sucias del Partido Popular.



En los dos casos, la experiencia apoya la verosimilitud de las denuncias. El Gobierno tiene razones suficientes para necesitar información sobre ambos casos, porque puede afectar a su estabilidad. En el caso de Podemos porque es un movimiento que levanta preocupación en muchos países occidentales por sus propuestas revolucionarias como la de sacar a España de la OTAN. Digan lo que digan, es un tema que afecta profundamente a la estabilidad del país tal y como lo concebimos, argumento suficiente para desplegar las redes del servicio secreto sobre ellos. Eso sí, como Podemos es una organización legal, siempre habrá que desmentirlo.

El argumento es más complicado de explicar en el caso de Bárcenas, pues si bien es cierto que sus denuncias afectan al Gobierno, en realidad el más afectado sería el Partido Popular. La historia de la democracia no tiene muchos casos en los que sectores de la Policía hayan entrado en estos temas, principalmente porque al moverse en el terreno de la ilegalidad, se suelen dejar en manos de los espías.

El secreto es más propio de ellos y cuentan con la ventaja de que no tienen la cultura de la Policía de trabajar para los jueces y dentro de los límites de la legalidad. Muchos han pensado que si la creación de los GAL se hubiera encargado al entonces CESID y no a la Policía, el tema nunca habría sido descubierto.

Difícilmente sabremos si es real el espionaje a Podemos porque estas cosas el CNI las hace muy bien, pero lo de Bárcenas, con un policía cabreado como Villarejo, que es un fontanero experto, es otra cosa. Han intentado implicarle en la trama del "pequeño Nicolás" y no les va a perdonar. Este sí puede ser un gran escándalo político.

FERNANDO RUEDA

21 de enero de 2015

  • 21.1.15
Se está hablando mucho de la necesidad de crear un gran fichero de pasajeros de avión (PNR) en los países europeos para hacer frente a la creciente amenaza yihadista. El Gobierno español lo defiende ardientemente, al igual que otros muchos países europeos, especialmente tras los atentados de París. Su utilidad tiene un claro fin para esta lucha antiterrorista: identificar a los militantes de Al Qaeda, Estado Islámico y otro grupos que viajan a Europa para cometer atentados.

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No obstante, esta medida no es la panacea que soluciona el problema. Lo que nadie parece recordar es que en los grandes atentados de esta índole cometidos durante el siglo XXI la existencia de ese archivo no habría evitado nada. Porque tanto en los atentados de Nueva York, Madrid, Londres y París, los terroristas eran ciudadanos o residentes en esos países.

En la mayor parte de los casos, estaban fichados por las policías y los servicios de inteligencia locales. Y, además, les habían tenido bajo vigilancia tiempo antes de cometer sus salvajadas.

Los servicios de seguridad españoles reaccionaron tras el 11-M consiguiendo que en los últimos diez años no se haya vuelto a producir otro atentado. Han detenido a más de un centenar de sospechosos y han conseguido controlar a los grupos peligrosos. Claro que pretendieron volver a atacar nuestro convivencia, como cuando intentaron colocar bombas en el Metro de Barcelona, pero no lo consiguieron. Y todo esto sin el gran fichero PNR.

Sí creo que será de ayuda en la lucha contra el yihadismo, pero me produce picores pensar que ese fichero sea utilizado por los servicios inteligencia para otras cosas. La historia de los últimos años ha demostrado que la CIA ha justificado en su lucha contra el terrorismo intromisiones en la intimidad de gobiernos latinoamericanos e incluso en el espionaje a Angela Merkel. Que acabar con los malos no nos lleve a cerrar los ojos.

FERNANDO RUEDA / REDACCIÓN

31 de diciembre de 2014

  • 31.12.14
Si dos países son aliados, el espionaje se mueve por las alcantarillas con dureza soterrada y activismo discreto. Pero si dos países son enemigos, los zarpazos de sus espías adquieren una crueldad llevada hasta sus últimos extremos. Por desgracia para Estados Unidos y especialmente para Cuba, sus relaciones en los últimos 50 años han estado presididas por el espionaje y no por los diplomáticos.

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Los presidentes de Estados Unidos, uno tras otro sin excepción, han permitido a sus servicios secretos, y especialmente a la CIA, llevar a cabo operaciones de las que cualquier ser humano con sentimientos habría aborrecido.

Todo empezó con un intento de golpe de Estado en Bahía de Cochinos, en el que un par de miles de exiliados y otros combatientes latinoamericanos, impulsados por la CIA, desembarcaron en Cuba para quitar a un recién llegado Fidel Castro. Fue tal el desastre, que el presidente Kennedy echó la bronca al director de la CIA cuando descubrió que había enviado a toda esa gente al matadero.

Después vinieron las mil y una formas de matar a Castro, envenenándole los puros o aliándose con la mafia para asesinarle. Más tarde, inventaron formas para conseguir un pretexto para la invasión, como simular que había atacado la base estadounidense de Guantánamo o que había lanzado misiles contra un avión norteamericano lleno de estudiantes.

La siguiente fase, menos enloquecida pero muy agresiva, fue presidida por el apoyo a los exiliados cubanos en Miami y fomentar la oposición en la isla mediante el respaldo a cualquier disidencia interna. Unas medidas que coincidieron con la activación del espionaje de los Castro para responder a sus disidentes, allí donde eran fuertes, en Miami.

La Red Avispa que montaron con agentes que se hicieron pasar por disidentes, engañó, manipuló y provocó muertes en las filas de esos otros cubanos que siempre fueron anticastristas y que luchaban por traer la democracia a su país.

Los dos bandos han mostrado en estos 50 años una falta de escrúpulos muy típica en el mundo del espionaje, pero más difícil de entender entre los políticos, especialmente los elegidos democráticamente en el caso de Estados Unidos.

El canje de espías no se ha hecho en un puente de Alemania, como era habitual en la Guerra Fría, pero supone el primer gesto de buena voluntad entre los dos países. El servicio de inteligencia y la diplomacia española han ayudado a Estados Unidos en los últimos años y en algún momento debería salir a la luz pública esa cooperación secreta que generó tanta tensión entre España y Cuba.

FERNANDO RUEDA


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