…Tan distintos, tan singulares. Así se titula el libro póstumo que recoge treinta relatos de Antonio Morales Rico, cuya figura protagonizó un entrañable homenaje en la Casa de las Aguas, coincidiendo con el primer aniversario de su fallecimiento. El acto, que abarrotó el patio del edificio que alberga el Museo Garnelo y la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, sirvió para rendir tributo a un montillano que encontró en la literatura una vía de escape y una forma de construir historias mínimas.
La apertura del acto, que contó con la intervención de Carmeli Gómez, viuda del escritor, corrió a cargo de la historiadora montillana Elena Bellido Vela, directora de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque y académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Tras ella tomó la palabra Pepe Molina, uno de los amigos más estrechos de Antonio Morales, con el que escribió Cien relatos y dos más II y, el pasado año, Pero… ¿En que cabeza cabe?.
Con todo, la presentación del libro, en la que también intervino la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Montilla, Soledad Raya, recayó en el periodista Manuel Bellido Mora, colaborador de Montilla Digital. Publicado por Círculo Rojo Editorial, …Tan distintos, tan singulares reúne treinta narraciones y una última voluntad del autor, un último encargo que terminó implicando directamente al periodista montillano, que asumió la escritura del prólogo de la obra, titulado «La escritura como pervivencia», después de recibir una petición de Antonio Morales Rico a través de Pepe Molina.
“Lo más curioso es que, aunque nos conocíamos y alguna vez habíamos hablado en la calle, apenas habíamos tenido contacto. Por eso, su inesperado encargo a través de Pepe Molina, me causó una honda sensación, extrañeza y emoción a la vez por ser una especie de depositario de sus últimas palabras”, confesó Bellido en alusión a Antonio Morales Rico, que falleció el 15 de octubre de 2025, tras haber logrado concebir toda una serie de historias, algunas de las cuales partían de hechos reales, mientras que otras se adentraban plenamente en la fantasía, aunque en la mayoría de ellas se destilaba ese humor negro que, a menudo, le permitía tomar distancia de los pesares y de la enfermedad.
Ese encargo terminó convirtiéndose en una reflexión sobre la literatura, la imaginación y la capacidad del escritor para reconstruir la realidad. En su prólogo, Manuel Bellido parte de la facultad de fabulación para presentar al creador como alguien que reordena el mundo y abre territorios imaginarios desde los que puede abordar tanto lo posible como aquello que parece inconcebible. La literatura aparece así como un territorio que transita continuamente entre lo ficticio y lo real.
El periodista vincula esa capacidad con la "calidad de página" a la que se refería Julián Marías y con la posibilidad de que una obra adquiera una vida propia más allá de quien la escribió. A partir de esa idea, sitúa los relatos de Antonio Morales Rico en un espacio construido con personajes inventados, recuerdos, experiencias y figuras que pudieron surgir de la observación cotidiana, hasta convertir lo preexistente en la memoria individual o colectiva en una nueva materia narrativa.
Dentro de ese universo, Manuel Bellido destaca especialmente el humor como uno de los recursos recurrentes de Antonio Morales, incluso cuando las historias se acercan a la muerte o a situaciones de mayor dureza. “En ellas, como un recurso habitual, y ciertamente infalible, utiliza el humor —a veces negro— para esquivar la fatalidad y el acecho de la guadaña, que suele llegar como una vecina tenaz y apremiante”, sostiene el prólogo.
Los treinta relatos tienen extensiones diferentes, aunque mantienen la brevedad como uno de sus elementos comunes. Por sus páginas transitan personajes y circunstancias que oscilan entre lo pintoresco, lo divertido y lo insólito, con situaciones en las que lo extraordinario acaba abriéndose paso dentro de escenarios que inicialmente pueden parecer cotidianos.
La muerte está presente de manera reiterada, aunque no se plantea desde un dramatismo permanente. La fantasía se convierte en uno de los mecanismos a los que recurre Antonio Morales Rico cuando la existencia queda atravesada por heridas imprevistas. En ese juego narrativo, el autor llega también a humanizar objetos y enseres, mientras que otras historias se aproximan al erotismo, a su ausencia o a situaciones protagonizadas por personajes observados desde una perspectiva comprensiva.
Entre las figuras que aparecen en esa sucesión de relatos, Manuel Bellido menciona en su prólogo los casos de Arturito Ballón Giménez y Rosario Pereiro, esta última vinculada a una realidad desdoblada. El conjunto se sostiene, además, sobre un vocabulario en el que Antonio Morales recupera voces y expresiones que han ido quedando en desuso, pero que continúan presentes en Andalucía o en algunos países iberoamericanos.
Entre esos términos figuran palabras como «enfollinao», utilizada para referirse a alguien enfadado, o «desinquieto», aplicado a quien es travieso. El prólogo subraya que esa recuperación del habla coloquial proporciona una identidad particular al libro y convierte la riqueza verbal en uno de los componentes de las narraciones.
Los relatos de …Tan distintos, tan singulares se desplazan en ocasiones hacia mundos oníricos y combinan situaciones posibles con otras próximas al ensueño o directamente disparatadas, mientras tragedia y humor llegan a convivir hasta desembocar en giros inesperados.
Los personajes responden a esa misma diversidad. Algunos son pintorescos y otros cotidianos; unos resultan difícilmente creíbles y otros quedan envueltos en una fantasía que sitúa las historias entre lo real y lo extraordinario, entre lo existente y lo inverosímil, y entre los deseos y la añoranza. A ello se añade un componente costumbrista que aparece de forma recurrente en la obra del autor.
En las últimas páginas de su prólogo, Manuel Bellido contrapone la capacidad creadora del escritor con los poderes reales que condicionan el mundo y presenta la imaginación como un espacio que no puede ser acotado. “Fantasear es un arma. En esto reside su garra. En el coraje de subvertir y de incordiar por medio de la sátira y la denuncia”, escribe antes de definir el volumen como una entrega del "alma libre" de Antonio Morales Rico a través de sus historias mínimas.
El texto termina enlazando esa libertad creativa con la idea que da título al prólogo: la escritura entendida como pervivencia. Manuel Bellido afirma que “este libro representa un liberador grito que toma el ejercicio de la escritura como una forma, la más noble, de permanencia”, una reflexión que adquiere un significado particular en una obra publicada después de la muerte de su autor y presentada justo un año después de su despedida.
Con todo, el libro contiene un detalle que no es menor: una dedicatoria especialmente vinculada a la dimensión familiar de Antonio Morales Rico: “A mis nietos Jorge y Oliver. Que sepan cuánto los quise.” Una frase que resume a la perfección el carácter de un montillano que nació el 23 de noviembre de 1956 y falleció el 15 de octubre de 2025 y que, durante toda su vida, concedió una importancia central a sus amigos y a su familia.
Gran enamorado de la cocina, particularmente de aquella que incorporaba connotaciones étnicas, su trayectoria profesional comenzó cuando tenía apenas catorce años. Posteriormente orientó su actividad hacia los aspectos comerciales y, todavía joven, colaboró en la constitución de Fibopal, una sociedad pionera en la que desarrolló el resto de su vida laboral.
La apertura del acto, que contó con la intervención de Carmeli Gómez, viuda del escritor, corrió a cargo de la historiadora montillana Elena Bellido Vela, directora de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque y académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Tras ella tomó la palabra Pepe Molina, uno de los amigos más estrechos de Antonio Morales, con el que escribió Cien relatos y dos más II y, el pasado año, Pero… ¿En que cabeza cabe?.
Con todo, la presentación del libro, en la que también intervino la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Montilla, Soledad Raya, recayó en el periodista Manuel Bellido Mora, colaborador de Montilla Digital. Publicado por Círculo Rojo Editorial, …Tan distintos, tan singulares reúne treinta narraciones y una última voluntad del autor, un último encargo que terminó implicando directamente al periodista montillano, que asumió la escritura del prólogo de la obra, titulado «La escritura como pervivencia», después de recibir una petición de Antonio Morales Rico a través de Pepe Molina.
“Lo más curioso es que, aunque nos conocíamos y alguna vez habíamos hablado en la calle, apenas habíamos tenido contacto. Por eso, su inesperado encargo a través de Pepe Molina, me causó una honda sensación, extrañeza y emoción a la vez por ser una especie de depositario de sus últimas palabras”, confesó Bellido en alusión a Antonio Morales Rico, que falleció el 15 de octubre de 2025, tras haber logrado concebir toda una serie de historias, algunas de las cuales partían de hechos reales, mientras que otras se adentraban plenamente en la fantasía, aunque en la mayoría de ellas se destilaba ese humor negro que, a menudo, le permitía tomar distancia de los pesares y de la enfermedad.
Ese encargo terminó convirtiéndose en una reflexión sobre la literatura, la imaginación y la capacidad del escritor para reconstruir la realidad. En su prólogo, Manuel Bellido parte de la facultad de fabulación para presentar al creador como alguien que reordena el mundo y abre territorios imaginarios desde los que puede abordar tanto lo posible como aquello que parece inconcebible. La literatura aparece así como un territorio que transita continuamente entre lo ficticio y lo real.
El periodista vincula esa capacidad con la "calidad de página" a la que se refería Julián Marías y con la posibilidad de que una obra adquiera una vida propia más allá de quien la escribió. A partir de esa idea, sitúa los relatos de Antonio Morales Rico en un espacio construido con personajes inventados, recuerdos, experiencias y figuras que pudieron surgir de la observación cotidiana, hasta convertir lo preexistente en la memoria individual o colectiva en una nueva materia narrativa.
Dentro de ese universo, Manuel Bellido destaca especialmente el humor como uno de los recursos recurrentes de Antonio Morales, incluso cuando las historias se acercan a la muerte o a situaciones de mayor dureza. “En ellas, como un recurso habitual, y ciertamente infalible, utiliza el humor —a veces negro— para esquivar la fatalidad y el acecho de la guadaña, que suele llegar como una vecina tenaz y apremiante”, sostiene el prólogo.
Los treinta relatos tienen extensiones diferentes, aunque mantienen la brevedad como uno de sus elementos comunes. Por sus páginas transitan personajes y circunstancias que oscilan entre lo pintoresco, lo divertido y lo insólito, con situaciones en las que lo extraordinario acaba abriéndose paso dentro de escenarios que inicialmente pueden parecer cotidianos.
La muerte está presente de manera reiterada, aunque no se plantea desde un dramatismo permanente. La fantasía se convierte en uno de los mecanismos a los que recurre Antonio Morales Rico cuando la existencia queda atravesada por heridas imprevistas. En ese juego narrativo, el autor llega también a humanizar objetos y enseres, mientras que otras historias se aproximan al erotismo, a su ausencia o a situaciones protagonizadas por personajes observados desde una perspectiva comprensiva.
Entre las figuras que aparecen en esa sucesión de relatos, Manuel Bellido menciona en su prólogo los casos de Arturito Ballón Giménez y Rosario Pereiro, esta última vinculada a una realidad desdoblada. El conjunto se sostiene, además, sobre un vocabulario en el que Antonio Morales recupera voces y expresiones que han ido quedando en desuso, pero que continúan presentes en Andalucía o en algunos países iberoamericanos.
Entre esos términos figuran palabras como «enfollinao», utilizada para referirse a alguien enfadado, o «desinquieto», aplicado a quien es travieso. El prólogo subraya que esa recuperación del habla coloquial proporciona una identidad particular al libro y convierte la riqueza verbal en uno de los componentes de las narraciones.
Los relatos de …Tan distintos, tan singulares se desplazan en ocasiones hacia mundos oníricos y combinan situaciones posibles con otras próximas al ensueño o directamente disparatadas, mientras tragedia y humor llegan a convivir hasta desembocar en giros inesperados.
Los personajes responden a esa misma diversidad. Algunos son pintorescos y otros cotidianos; unos resultan difícilmente creíbles y otros quedan envueltos en una fantasía que sitúa las historias entre lo real y lo extraordinario, entre lo existente y lo inverosímil, y entre los deseos y la añoranza. A ello se añade un componente costumbrista que aparece de forma recurrente en la obra del autor.
En las últimas páginas de su prólogo, Manuel Bellido contrapone la capacidad creadora del escritor con los poderes reales que condicionan el mundo y presenta la imaginación como un espacio que no puede ser acotado. “Fantasear es un arma. En esto reside su garra. En el coraje de subvertir y de incordiar por medio de la sátira y la denuncia”, escribe antes de definir el volumen como una entrega del "alma libre" de Antonio Morales Rico a través de sus historias mínimas.
El texto termina enlazando esa libertad creativa con la idea que da título al prólogo: la escritura entendida como pervivencia. Manuel Bellido afirma que “este libro representa un liberador grito que toma el ejercicio de la escritura como una forma, la más noble, de permanencia”, una reflexión que adquiere un significado particular en una obra publicada después de la muerte de su autor y presentada justo un año después de su despedida.
Con todo, el libro contiene un detalle que no es menor: una dedicatoria especialmente vinculada a la dimensión familiar de Antonio Morales Rico: “A mis nietos Jorge y Oliver. Que sepan cuánto los quise.” Una frase que resume a la perfección el carácter de un montillano que nació el 23 de noviembre de 1956 y falleció el 15 de octubre de 2025 y que, durante toda su vida, concedió una importancia central a sus amigos y a su familia.
Gran enamorado de la cocina, particularmente de aquella que incorporaba connotaciones étnicas, su trayectoria profesional comenzó cuando tenía apenas catorce años. Posteriormente orientó su actividad hacia los aspectos comerciales y, todavía joven, colaboró en la constitución de Fibopal, una sociedad pionera en la que desarrolló el resto de su vida laboral.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: RAFA JIMÉNEZ
FOTOGRAFÍA: RAFA JIMÉNEZ




















































