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Manuel Bellido Mora | En nombre del vino (II)

Durante el tiempo que Rafael Delgado Ruz estuvo en Vinsur, esta empresa acometió la remodelación de una de las naves de la bodega, que se convirtió en una sacristía preciosa, dentro de las instalaciones existentes cuyo acceso principal estaba localizado en la calle de los Burgueños.


Estaba situada al final del patio, a mano izquierda. Tenía una puerta de hierro forjado y cristal. Esta parte es la única que sobrevive. Actualmente, está integrada en el salón de celebraciones y reuniones sociales, último testigo de lo que llegaron a ser estas bodegas. Además, se realizaron puntuales arreglos en las oficinas, reparaciones y revisión de maquinaria y alguna obra más.

Vinsur, proveniente de Baena Panadero, guardaba entre 1.500 y 2.000 botas de crianza de la mejor calidad. En la zona de trujales, edificados en el exterior de la bodega principal, también se colocó una importante cantidad de barriles.

“En aquella época se construyeron los trujales que, más tarde, se traspasarían a la Cooperativa Agrícola La Unión. Son los que están al final de la calle Juan Colín. De hecho, en la espalda de este edificio, el que da a la ladera de la estación, aún se percibe el anagrama de Rumasa, casi borrado por el paso del tiempo. Están debajo de donde están los pisos donde vivían en aquel momento algunos de los empleados de Vinsur”.


A la entrada de Compañía Vinícola del Sur se abría un amplio patio de operaciones, alrededor del que se distribuían las otras dependencias de esta empresa. Contaba con una plantilla de 25 a 30 empleados, con el experto capataz Rafael Morales (padre del añorado Antonio Morales Rico) al cuidado de todo.

Rafael Delgado recuerda que, entonces, excepto dos personas de Jerez y dos de Córdoba, que terminaron por aclimatarse en Montilla, todo el personal era local. “E, incluso, estaba la división de vinos de Montilla, con personal paisano básicamente, que tenía la sede en la planta alta de Vinsur, en oficinas independientes”. Esta macroárea abarcaba Vinsur, Pérez Barquero, Unión Vinícola Alcoholera, en Tomares (Sevilla) y las Destilerías de Vinícola del Oeste, en Villafranca de los Barros (Badajoz), más Alvisa, en Socuéllamos (Ciudad Real).

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Las faenas habituales en bodega incluían tareas de vendimia, que marcaban cada año el cenit de la actividad laboral, con un mayor número de empleados gracias a los contratos temporales habituales en tiempo de cosecha y recolección. “En efecto, se hacía vendimia en Vinsur. Había unas prensas relativamente rudimentarias en comparación con lo que existe hoy. Pero eran de lo más avanzado entonces, aunque todavía no habían llegado las neumáticas. Estamos hablando del final de la década de los años setenta”.

“Además del personal de bodega que realizaba actividades manuales, una veintena de operarios aproximadamente, se contaba con un grupo de administración importante. Hay que tener en cuenta que en las oficinas se llevaba el control de Vinsur, pero también el de todo el segmento de vinos de Montilla–Moriles en Rumasa”.

“Eran despachos contiguos, en la parte alta. Allí estaban los responsables del departamento de compras, el departamento técnico y existía además una parte de asesoría jurídica”. Estar en una sección específica para el extranjero resultaba apasionante, pese a que cualquier operación se ralentizaba lo indecible a causa de unas comunicaciones deficientes, muy alejadas de la instantaneidad con que ahora se hace, con solvencia, hasta la gestión más enrevesada.

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“Trabajábamos con equipos de comunicaciones muy rudimentarios. Recuerdo perfectamente las máquinas sumadoras que se usaban cuando yo entré. No eran mecánicas. Había un administrativo del que dependía la caja registradora en aquel momento. Era muy parecida a las que había en algunos establecimientos antiguos, una caja bastante aparatosa. Se necesitaba mucho tiempo en cualquier operación, casi como si se estuviera haciendo a mano y con muchísimo ruido”.

“Lo más sofisticado que teníamos era el télex, un sistema que nos permitía estar en contacto con algunos países a la hora de efectuar las comunicaciones con el extranjero, dado que el teléfono era carísimo y además resultaba de acción muy limitada, ya que no se podían hacer llamadas directas con el otro lado del Atlántico. Para hablar con clientes en América, había que solicitarlo a través de una operadora internacional”.

Rafael Delgado tuvo un aprendizaje veloz con cuestiones prácticas que había que solucionar día a día. La escasez de medios técnicos lo ponía a prueba en cada jornada. Buena parte de sus conocimientos y de la profesionalidad que le acredita se gestaron en Compañía Vinícola del Sur para desembocar, ya en plenitud y madurez, en Pérez Barquero.

SUMINISTROS AGRÍCOLAS LUQUE - TODO PARA EL MANTENIMIENTO DE PISCINAS

“Vinsur dedicaba el cien por cien de su actividad a la exportación. No comercializaba nada en el mercado nacional. Y aunque, por entonces, formaban parte del mismo grupo, Pérez Barquero era independiente”. Disponía de su propia administración y gerencia, aunque, es cierto, que había una especie de supervisión general de la división de vinos del holding de la abeja. Había, digamos, un órgano superior que se encargaba del control de todas las bodegas y alcoholeras del grupo de Ruiz Mateos.

“Pero, Pérez Barquero tenía entidad propia, y en realidad, a efectos prácticos de organización del trabajo, Vinsur dependía de Pérez Barquero para todo lo concerniente al envasado de la mercancía que iba a exportar, ya que no tenía planta embotelladora propia”.

Era un momento crucial con reajustes y reestructuraciones en la industria vinatera. Desaparecían, o estaban a punto de hacerlo, nombres históricos; bodegas antaño emblemáticas, cuyos patrimonios y posesiones (terrenos, inmuebles, maquinaria y botas) estaban a punto de redistribuirse.


“Entonces, en esos años, mi misión era más de administrativo, que otra cosa. Parte de las soleras de Baena Panadero se vendieron a otras bodegas, así fue. En concreto, la afamada marca María del Valle, de Gracia Hermanos, provenía de los fondos y soleras fundacionales de Baena Panadero”.

Pero, a diferencia de la tipología tradicional de los generosos cordobeses, la clientela europea, como se ha subrayado, exigía productos de unas características absolutamente identificables para su paladar: aromáticos con un leve dulzor; la mejor manera de contrarrestar los sinsabores de la vida norteña, tan fría, rutinaria y monótona.

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En nombre del vino (I)

MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: J.P. BELLIDO / GRUPO PÉREZ BARQUERO

EVA LARA - ASESORA PERSONAL INMOBILIARIA - MONTILLA (CÓRDOBA)

LAGAR LA PRIMILLA - SIERRA DE MONTILLA - VINOS ARTESANOS Y ACEITE DE OLIVA


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