El sacerdote zuhereño Ángel Cristo Arroyo Castro, vicario episcopal de la Campiña, abrirá a las 12.00 del mediodía de hoy, en la parroquia de San Francisco Solano, la Puerta Santa que simboliza el inicio del semestre jubilar concedido con motivo del 300.º aniversario de la canonización del patrón de Montilla, durante la función religiosa que tiene lugar cada 14 de julio por la solemnidad del santo montillano.
La solemne función religiosa —que se verá precedida por una procesión que partirá desde la capilla del Sagrado Descendimiento a las 11.45 de la mañana— supondrá el broche de oro a la novena en honor de san Francisco Solano que se ha desarrollado durante los últimos días en el templo levantado sobre su casa natal. De este modo, la función principal de hermandad estará presidida por Ángel Cristo Arroyo Castro, que ocupará la sagrada cátedra y dará inicio formal a un periodo jubilar que permanecerá activo hasta el próximo 27 de diciembre.
La programación de esta jornada incluye una santa misa a las 10.00 de la mañana, presidida por Antonio Palma León, capellán del monasterio de Santa Clara de Montilla. Los cultos culminarán así coincidiendo con la solemnidad de san Francisco Solano, fallecido en Lima el 14 de julio de 1610, una fecha que cada año vuelve a reunir a numerosos fieles en torno a la figura del conocido como El Mejor de todos los montillanos.
La apertura oficial del semestre jubilar llega después de nueve jornadas de cultos que comenzaron el pasado 5 de julio y concluyeron ayer, lunes 13, con una eucaristía presidida por Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba. Durante esa última celebración tuvo lugar la Encomendación del Pueblo de Montilla al Patrón, uno de los actos centrales de la víspera de su festividad.
La novena ha mantenido cada día una misma estructura, con la exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del Santo Rosario y el ejercicio de la novena a las 20.00 de la tarde, seguidos de la santa misa a las 21.00 de la noche. Las distintas celebraciones han estado encomendadas a sacerdotes vinculados a Montilla, a la Diócesis de Córdoba y a diferentes parroquias de la provincia.
La primera eucaristía fue presidida por el montillano Antonio Llamas Vela, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Posteriormente ocuparon la sagrada cátedra Carlos Crespo Ortiz y Ángel González García, ambos neosacerdotes, así como Francisco Javier Cañete Calero, párroco in solidum de Santa Isabel de Hungría, en Córdoba.
De igual modo, la novena ha contado con la participación de Matías Fantini Díaz, párroco de San Sebastián de los Ballesteros y La Victoria, en una jornada que concluyó con la Vigilia de la Adoración Nocturna. También intervinieron el montillano Juan Laguna Navarro, párroco de Santa María la Mayor de Baena; Miguel Varona Villar, párroco in solidum de El Salvador y la Compañía, en Córdoba; y Antonio Evans Martos, párroco de San Nicolás de la Villa, en la capital cordobesa.
La novena de este año ha quedado marcada por la conmemoración del tricentenario de la canonización de san Francisco Solano, proclamada el 26 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII. Precisamente por esta efeméride, el Obispado de Córdoba concedió a Montilla un semestre jubilar que se extenderá desde hoy hasta el 27 de diciembre de 2026.
La concesión quedó recogida en un decreto firmado por el obispo de Córdoba después de que la Penitenciaría Apostólica otorgara el pasado 23 de febrero la indulgencia plenaria para conmemorar el 300.º aniversario de la canonización del religioso montillano. El documento establece las condiciones que deberán cumplir los fieles que deseen alcanzar esta gracia durante el periodo jubilar.
La Hermandad de los Patronos de Montilla destacó, tras conocerse la concesión, que este reconocimiento constituye “un motivo más, si cabe, para volver a rezar a los pies de nuestro Santo en la que fuera su casa natal y ahora de todos los montillanos, la parroquia de San Francisco Solano”. Asimismo, animó a la ciudadanía “a participar en cuantos actos se convoquen vinculados a dicha conmemoración”.
El decreto episcopal señala que los fieles deberán encontrarse “verdaderamente arrepentidos del pecado cometido” y cumplir las condiciones habituales establecidas por la Iglesia. Entre ellas figuran la confesión sacramental, la participación en la eucaristía y la comunión, además de la oración por las intenciones del Santo Padre y la participación en los actos organizados con motivo del Jubileo.
Además, podrán obtener la indulgencia quienes visiten, de manera individual o colectiva, la parroquia de San Francisco Solano con la intención expresa de alcanzarla. Para ello, deberán participar devotamente en los ritos jubilares o dedicar un tiempo razonable a la meditación, concluyendo con el rezo del Padre Nuestro, el Credo y una oración a la Virgen Santísima.
De igual modo, el documento contempla la situación de las personas mayores, enfermas o legítimamente impedidas por una causa grave para abandonar sus hogares. En estos casos, podrán lucrar la indulgencia si se unen espiritualmente a las celebraciones a través de la radio, la televisión o internet, realizan las oraciones prescritas ante una imagen del santo y mantienen la intención de cumplir las condiciones establecidas tan pronto como les resulte posible.
El obispo de Córdoba recuerda en el decreto que “la doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia”. Asimismo, explica que la indulgencia puede ser parcial o plenaria según la remisión de la pena temporal derivada de los pecados y que puede aplicarse tanto a uno mismo como “por los difuntos a manera de sufragio”.
Por otro lado, Jesús Fernández González dirige un llamamiento específico al párroco de San Francisco Solano y a los sacerdotes del arciprestazgo para que se muestren generosos en la administración individual del Sacramento de la Penitencia durante estos meses. La conmemoración deberá favorecer también iniciativas de catequesis y evangelización, junto a acciones sociales y caritativas dirigidas a niños, jóvenes y adultos.
Y es que el semestre jubilar se enmarca en una efeméride de especial significado para Montilla. El 26 de diciembre de 1726, el papa Benedicto XIII canonizó definitivamente a san Francisco Solano, culminando un proceso hacia los altares que se había iniciado décadas antes. En 2025 también se conmemoró el 350.º aniversario de su beatificación, acordada el 25 de enero de 1675 por el papa Clemente X.
San Francisco Solano nació en Montilla el 10 de marzo de 1549, en una vivienda situada en la antigua calle del Sotollón, sobre cuyo solar se levanta actualmente la parroquia que lleva su nombre. Tras su muerte en Lima, el 14 de julio de 1610, su fama de santidad se extendió rápidamente por su ciudad natal y por amplios territorios de Hispanoamérica.
De hecho, apenas quince días después de su fallecimiento, los franciscanos peruanos promovieron ante la Curia limeña la apertura de la causa que conduciría a su canonización. La devoción hacia el llamado Taumaturgo del Nuevo Mundo fue creciendo tanto en tierras americanas como en Montilla, ciudad de la que ya era considerado protector antes de su beatificación oficial.
El 25 de marzo de 1647, a instancias de los sextos marqueses de Priego, Luis Fernández de Córdoba y Mariana de Córdoba, se acordó su nombramiento como patrono de Montilla. Este patronazgo obtuvo el reconocimiento eclesiástico definitivo en 1745 mediante una bula promulgada por el papa Benedicto XIV.
Además de ser patrono de su ciudad natal, san Francisco Solano mantiene una estrecha vinculación devocional con destacadas ciudades de Hispanoamérica, entre ellas Potosí, Cartagena de Indias, Santiago de Chile y La Habana. Su trayectoria misionera y la rápida difusión de su fama de santidad explican la presencia que su figura conserva a ambos lados del Atlántico.
Con la función religiosa de este mediodía, Montilla iniciará oficialmente un semestre jubilar que prolongará hasta el próximo 27 de diciembre la conmemoración del tricentenario de la canonización de su patrón, después de una novena que ha preparado a los fieles para la solemnidad que tendrá lugar hoy en su casa natal.
La solemne función religiosa —que se verá precedida por una procesión que partirá desde la capilla del Sagrado Descendimiento a las 11.45 de la mañana— supondrá el broche de oro a la novena en honor de san Francisco Solano que se ha desarrollado durante los últimos días en el templo levantado sobre su casa natal. De este modo, la función principal de hermandad estará presidida por Ángel Cristo Arroyo Castro, que ocupará la sagrada cátedra y dará inicio formal a un periodo jubilar que permanecerá activo hasta el próximo 27 de diciembre.
La programación de esta jornada incluye una santa misa a las 10.00 de la mañana, presidida por Antonio Palma León, capellán del monasterio de Santa Clara de Montilla. Los cultos culminarán así coincidiendo con la solemnidad de san Francisco Solano, fallecido en Lima el 14 de julio de 1610, una fecha que cada año vuelve a reunir a numerosos fieles en torno a la figura del conocido como El Mejor de todos los montillanos.
La apertura oficial del semestre jubilar llega después de nueve jornadas de cultos que comenzaron el pasado 5 de julio y concluyeron ayer, lunes 13, con una eucaristía presidida por Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba. Durante esa última celebración tuvo lugar la Encomendación del Pueblo de Montilla al Patrón, uno de los actos centrales de la víspera de su festividad.
La novena ha mantenido cada día una misma estructura, con la exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del Santo Rosario y el ejercicio de la novena a las 20.00 de la tarde, seguidos de la santa misa a las 21.00 de la noche. Las distintas celebraciones han estado encomendadas a sacerdotes vinculados a Montilla, a la Diócesis de Córdoba y a diferentes parroquias de la provincia.
La primera eucaristía fue presidida por el montillano Antonio Llamas Vela, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Posteriormente ocuparon la sagrada cátedra Carlos Crespo Ortiz y Ángel González García, ambos neosacerdotes, así como Francisco Javier Cañete Calero, párroco in solidum de Santa Isabel de Hungría, en Córdoba.
De igual modo, la novena ha contado con la participación de Matías Fantini Díaz, párroco de San Sebastián de los Ballesteros y La Victoria, en una jornada que concluyó con la Vigilia de la Adoración Nocturna. También intervinieron el montillano Juan Laguna Navarro, párroco de Santa María la Mayor de Baena; Miguel Varona Villar, párroco in solidum de El Salvador y la Compañía, en Córdoba; y Antonio Evans Martos, párroco de San Nicolás de la Villa, en la capital cordobesa.
La novena de este año ha quedado marcada por la conmemoración del tricentenario de la canonización de san Francisco Solano, proclamada el 26 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto XIII. Precisamente por esta efeméride, el Obispado de Córdoba concedió a Montilla un semestre jubilar que se extenderá desde hoy hasta el 27 de diciembre de 2026.
La concesión quedó recogida en un decreto firmado por el obispo de Córdoba después de que la Penitenciaría Apostólica otorgara el pasado 23 de febrero la indulgencia plenaria para conmemorar el 300.º aniversario de la canonización del religioso montillano. El documento establece las condiciones que deberán cumplir los fieles que deseen alcanzar esta gracia durante el periodo jubilar.
La Hermandad de los Patronos de Montilla destacó, tras conocerse la concesión, que este reconocimiento constituye “un motivo más, si cabe, para volver a rezar a los pies de nuestro Santo en la que fuera su casa natal y ahora de todos los montillanos, la parroquia de San Francisco Solano”. Asimismo, animó a la ciudadanía “a participar en cuantos actos se convoquen vinculados a dicha conmemoración”.
El decreto episcopal señala que los fieles deberán encontrarse “verdaderamente arrepentidos del pecado cometido” y cumplir las condiciones habituales establecidas por la Iglesia. Entre ellas figuran la confesión sacramental, la participación en la eucaristía y la comunión, además de la oración por las intenciones del Santo Padre y la participación en los actos organizados con motivo del Jubileo.
Además, podrán obtener la indulgencia quienes visiten, de manera individual o colectiva, la parroquia de San Francisco Solano con la intención expresa de alcanzarla. Para ello, deberán participar devotamente en los ritos jubilares o dedicar un tiempo razonable a la meditación, concluyendo con el rezo del Padre Nuestro, el Credo y una oración a la Virgen Santísima.
De igual modo, el documento contempla la situación de las personas mayores, enfermas o legítimamente impedidas por una causa grave para abandonar sus hogares. En estos casos, podrán lucrar la indulgencia si se unen espiritualmente a las celebraciones a través de la radio, la televisión o internet, realizan las oraciones prescritas ante una imagen del santo y mantienen la intención de cumplir las condiciones establecidas tan pronto como les resulte posible.
El obispo de Córdoba recuerda en el decreto que “la doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia”. Asimismo, explica que la indulgencia puede ser parcial o plenaria según la remisión de la pena temporal derivada de los pecados y que puede aplicarse tanto a uno mismo como “por los difuntos a manera de sufragio”.
Por otro lado, Jesús Fernández González dirige un llamamiento específico al párroco de San Francisco Solano y a los sacerdotes del arciprestazgo para que se muestren generosos en la administración individual del Sacramento de la Penitencia durante estos meses. La conmemoración deberá favorecer también iniciativas de catequesis y evangelización, junto a acciones sociales y caritativas dirigidas a niños, jóvenes y adultos.
Y es que el semestre jubilar se enmarca en una efeméride de especial significado para Montilla. El 26 de diciembre de 1726, el papa Benedicto XIII canonizó definitivamente a san Francisco Solano, culminando un proceso hacia los altares que se había iniciado décadas antes. En 2025 también se conmemoró el 350.º aniversario de su beatificación, acordada el 25 de enero de 1675 por el papa Clemente X.
Santo y seña de Montilla
San Francisco Solano nació en Montilla el 10 de marzo de 1549, en una vivienda situada en la antigua calle del Sotollón, sobre cuyo solar se levanta actualmente la parroquia que lleva su nombre. Tras su muerte en Lima, el 14 de julio de 1610, su fama de santidad se extendió rápidamente por su ciudad natal y por amplios territorios de Hispanoamérica.
De hecho, apenas quince días después de su fallecimiento, los franciscanos peruanos promovieron ante la Curia limeña la apertura de la causa que conduciría a su canonización. La devoción hacia el llamado Taumaturgo del Nuevo Mundo fue creciendo tanto en tierras americanas como en Montilla, ciudad de la que ya era considerado protector antes de su beatificación oficial.
El 25 de marzo de 1647, a instancias de los sextos marqueses de Priego, Luis Fernández de Córdoba y Mariana de Córdoba, se acordó su nombramiento como patrono de Montilla. Este patronazgo obtuvo el reconocimiento eclesiástico definitivo en 1745 mediante una bula promulgada por el papa Benedicto XIV.
Además de ser patrono de su ciudad natal, san Francisco Solano mantiene una estrecha vinculación devocional con destacadas ciudades de Hispanoamérica, entre ellas Potosí, Cartagena de Indias, Santiago de Chile y La Habana. Su trayectoria misionera y la rápida difusión de su fama de santidad explican la presencia que su figura conserva a ambos lados del Atlántico.
Con la función religiosa de este mediodía, Montilla iniciará oficialmente un semestre jubilar que prolongará hasta el próximo 27 de diciembre la conmemoración del tricentenario de la canonización de su patrón, después de una novena que ha preparado a los fieles para la solemnidad que tendrá lugar hoy en su casa natal.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR


















































