Firmar la hipoteca de tu primera vivienda suele ser un momento cargado de ilusión… hasta que, años después, descubres que podrías estar pagando mucho menos. Aunque no se hable demasiado del tema, lo cierto es que las hipotecas también se quedan “anticuadas”, y lo que parecía una buena decisión en su momento, puede dejar de serlo con el tiempo.
Cambiar las condiciones de una hipoteca puede ser una decisión financiera muy inteligente si se buscan mejores condiciones. Sin embargo, se desconoce con frecuencia cuáles son las diferentes opciones que existen para realizar este cambio. Por eso, hemos consultado con expertos en asesoramiento hipotecario cuáles son las formas más comunes de hacerlo y qué tener en cuenta al elegirlas. Los expertos de Aim Inver, nos señalan que existen dos principales que son la subrogación y la novación. En este artículo te explicamos en qué consisten, cuáles son sus diferencias, ventajas, desventajas y cuál puede ser la mejor opción para ti.
Por un lado, la subrogación hipotecaria es el proceso mediante el cual se cambia o sustituye una de las partes de la hipoteca, puede ser el deudor (la persona que debe el préstamo) o el acreedor (la entidad bancaria). En esencia, este cambio de entidad financiera, por ejemplo, se da con el objetivo de mejorar las condiciones del préstamo. Un nuevo banco asume la deuda hipotecaria que se tiene con otro, normalmente con mejores condiciones como sería un interés más bajo, eliminar comisiones o modificar el tipo de interés.
La subrogación de acreedor tiene como ventajas que esta mejora de condiciones se realiza sin la necesidad de contratar una nueva hipoteca desde cero. Asimismo, el nuevo banco suele asumir gran parte de los costes (como tasación) y puede ser más económica que cancelar y constituir una nueva hipoteca.
Sin embargo, existen variables a tomar en cuenta como la necesidad de una nueva tasación del inmueble, que puede o no ser cubierta por la nueva entidad bancaria. También, no permite modificar ciertas condiciones del préstamo (como el plazo estipulado o incluir un segundo titular).
Por otro lado, la novación es una modificación del contrato hipotecario con el mismo banco. Es decir, se renegocian las condiciones actuales del préstamo sin necesidad de cambiar de entidad. Las modificaciones más comunes que se pueden hacer mediante novación son tanto el cambio del tipo de interés (de fijo a variable o viceversa), la ampliación o reducción del plazo, la modificación del importe (por ejemplo, solicitar capital adicional), el cambio de titulares o la eliminación o inclusión de cláusulas (como un periodo de carencia o una amortización anticipada sin penalización).
La gran ventaja es la flexibilidad. Al tratarse de una renegociación interna, suele implicar trámites más simples y costes notariales y registrales más bajos. También permite adaptar varios elementos del contrato de forma conjunta.
Según el caso y las necesidades específicas de cada caso, conviene considerar una u otra opción para la mejora de condiciones. Si tu prioridad es conseguir un mejor tipo de interés y estás dispuesto a cambiar de banco, la subrogación puede ser la mejor opción. Pero si necesitas ajustar el plazo, añadir un cotitular o modificar cláusulas específicas, la novación ofrece más margen de maniobra. También es cierto que, como señala el Banco de España, que una subrogación o cambio de banco tiene un proceso establecido y plazos a cumplir que comprende la presentación de la oferta por parte de la nueva entidad, la comunicación de la entidad antigua y la contraoferta con modificaciones en las condiciones del préstamo, con lo cual es importante considerar los tiempos a cumplir.
En cualquier caso, una estrategia muy habitual es buscar una oferta de subrogación en otro banco y utilizarla como palanca para negociar una novación con tu entidad actual. Si tu banco iguala o mejora la oferta, puedes evitar el cambio de entidad y ahorrar en costes. Si no lo hace, puedes optar por cambiar de banco.
Cambiar tu hipoteca puede ayudarte a ahorrar miles de euros a largo plazo, pero es fundamental hacerlo con información y estrategia. Tanto la subrogación como la novación son herramientas útiles, y saber utilizarlas a tu favor puede marcar una gran diferencia en tu economía familiar.
Cambiar las condiciones de una hipoteca puede ser una decisión financiera muy inteligente si se buscan mejores condiciones. Sin embargo, se desconoce con frecuencia cuáles son las diferentes opciones que existen para realizar este cambio. Por eso, hemos consultado con expertos en asesoramiento hipotecario cuáles son las formas más comunes de hacerlo y qué tener en cuenta al elegirlas. Los expertos de Aim Inver, nos señalan que existen dos principales que son la subrogación y la novación. En este artículo te explicamos en qué consisten, cuáles son sus diferencias, ventajas, desventajas y cuál puede ser la mejor opción para ti.
Por un lado, la subrogación hipotecaria es el proceso mediante el cual se cambia o sustituye una de las partes de la hipoteca, puede ser el deudor (la persona que debe el préstamo) o el acreedor (la entidad bancaria). En esencia, este cambio de entidad financiera, por ejemplo, se da con el objetivo de mejorar las condiciones del préstamo. Un nuevo banco asume la deuda hipotecaria que se tiene con otro, normalmente con mejores condiciones como sería un interés más bajo, eliminar comisiones o modificar el tipo de interés.
La subrogación de acreedor tiene como ventajas que esta mejora de condiciones se realiza sin la necesidad de contratar una nueva hipoteca desde cero. Asimismo, el nuevo banco suele asumir gran parte de los costes (como tasación) y puede ser más económica que cancelar y constituir una nueva hipoteca.
Sin embargo, existen variables a tomar en cuenta como la necesidad de una nueva tasación del inmueble, que puede o no ser cubierta por la nueva entidad bancaria. También, no permite modificar ciertas condiciones del préstamo (como el plazo estipulado o incluir un segundo titular).
Por otro lado, la novación es una modificación del contrato hipotecario con el mismo banco. Es decir, se renegocian las condiciones actuales del préstamo sin necesidad de cambiar de entidad. Las modificaciones más comunes que se pueden hacer mediante novación son tanto el cambio del tipo de interés (de fijo a variable o viceversa), la ampliación o reducción del plazo, la modificación del importe (por ejemplo, solicitar capital adicional), el cambio de titulares o la eliminación o inclusión de cláusulas (como un periodo de carencia o una amortización anticipada sin penalización).
La gran ventaja es la flexibilidad. Al tratarse de una renegociación interna, suele implicar trámites más simples y costes notariales y registrales más bajos. También permite adaptar varios elementos del contrato de forma conjunta.
Según el caso y las necesidades específicas de cada caso, conviene considerar una u otra opción para la mejora de condiciones. Si tu prioridad es conseguir un mejor tipo de interés y estás dispuesto a cambiar de banco, la subrogación puede ser la mejor opción. Pero si necesitas ajustar el plazo, añadir un cotitular o modificar cláusulas específicas, la novación ofrece más margen de maniobra. También es cierto que, como señala el Banco de España, que una subrogación o cambio de banco tiene un proceso establecido y plazos a cumplir que comprende la presentación de la oferta por parte de la nueva entidad, la comunicación de la entidad antigua y la contraoferta con modificaciones en las condiciones del préstamo, con lo cual es importante considerar los tiempos a cumplir.
En cualquier caso, una estrategia muy habitual es buscar una oferta de subrogación en otro banco y utilizarla como palanca para negociar una novación con tu entidad actual. Si tu banco iguala o mejora la oferta, puedes evitar el cambio de entidad y ahorrar en costes. Si no lo hace, puedes optar por cambiar de banco.
Cambiar tu hipoteca puede ayudarte a ahorrar miles de euros a largo plazo, pero es fundamental hacerlo con información y estrategia. Tanto la subrogación como la novación son herramientas útiles, y saber utilizarlas a tu favor puede marcar una gran diferencia en tu economía familiar.















































