El flamenco redime. Repara lo que en apariencia está descompuesto. Es, en lo humano, como una obra de Dios, ese Ser todopoderoso que abre abismos, pero que también construye y tiende puentes para evitar tales temibles precipicios. Donde parece haber una condena, en realidad encontramos un don. Nadie se ha contoneado con la gracia de Enrique el Cojo, genio del airoso desplante. Pero hay más.
Antoñita La Singla se sobrepuso, al menos, a dos adversidades: la pobreza irredenta del Somorrostro, en los arrabales de Barcelona, y una sordera que prometía confinarla en un rincón, quieta de por vida. Ella, sin embargo, con su taconeo arrancó astillas de los tablaos y una devoción inagotable en quienes presenciaron el milagro de su baile.
A Dolores Jiménez Alcántara se le nubló la mirada al poco de nacer. Pero de un impedimento, un fundido a negro, ella hizo un arte. Lo que calla la vista puede decirlo los expresivos versos de su paisano, el poeta y pintor Francisco Moreno Galván: “En la Plaza Nueva, en la Puebla, nació la hija de Casamía, la luz que faltó en sus ojos iluminó Andalucía”.
Ahora, un largometraje, Acuérdate de mí, ha llevado su vida al cine; ella que ya se había asomado a las pantallas en 1932, regresa como tal rosa. Le sienta bien tanta lejanía, porque ya aparecía como estrella invitada en plena juventud con sus inseparables gafas negras en Madre Alegría. Sonaba ahí con el chisporroteo de los fonogramas antiguos la cadencia campesina de los Campanilleros, con sus ecos de altas madrugadas.
Julio Bush, el director de aquella película, la puso en una alegre escena junto a Luis Yance, un guitarrista de familia filipina que trajo el toque de ultramar. Sabicas, otro genio emigrante de la sonanta, también estuvo en su compañía. Porque La Niña de la Puebla iba por delante. A su lado debutó Juanito Valderrama cuando el cantaor de Torredelcampo solo tenía 16 años. Y se codeó con Pepe Marchena, terrón de azúcar como ella.
Todo esto se recrea ahora en un documental que su autora, Remedios Malvárez, acaba de estrenar en el Festival de Málaga. Lo ha hecho guiado por Adelfa Calvo, actriz ganadora de un Goya, pero sobre todo nieta de La Niña de la Puebla que, así, se ha reencontrado con su abuela, cerrando un hermoso círculo familiar. Lo que vemos, con la emoción a flor de piel, es la historia de una mujer valiente. Una artista integral que salió adelante fundando su propia empresa de espectáculos a base de coraje e independencia.
“Era una persona autónoma que superó cualquier tipo de discapacidad”, nos asegura con firmeza Remedios. “Para Dolores la ceguera no fue ningún impedimento. Pero, en este proceso, lo que más me sorprendió ha sido descubrir la humanidad que había detrás, con una gran cantidad de valores”.
“De ella, yo tenía la imagen del flamenco, con sus características gafas en un escenario. Conocía su obra, pero no conocía su compromiso político y social. No había oído hablar de su feminismo, ni de su capacidad de superación tan impresionante en una época y en un ámbito de absoluto predominio masculino”.
“Dolores es uno de esos personajes que hay que recuperar. Es un referente de mujer en el que tenemos que mirarnos, porque en el feminismo construir cuesta mucho y necesitamos ejemplos como el de ella. Esa parte es la que más me ha llamado la atención, puesto que en el mundo del flamenco esto escaseaba entonces. Redescubrirla me ha hecho entender mucho mejor su obra”.
Acuérdate de mí pone al día una composición tan inmortal como es los Campanilleros, cuya letra original pertenece a Curro Casamía, el padre de Dolores. Era un poeta y barbero anarquista volcado con la lucha proletaria. En la película, La Niña de la Puebla revela la difícil convivencia que ella y su madre tuvieron con él, con su súbito carácter. Era un volcán proletario que arrojaba la peor lava en su propia hogar. "Candil de la calle, oscuridad de su casa", como sentencia el dicho popular.
Aquellos Campanilleros de resonancias invernales y navideñas, era, en verdad, un canto de amor solidario. María Pelae lo actualiza, aplicándole un barniz electrónico a esta creación emblemática que se asocia al pasado, pero que, con esta renovada concepción, sale disparada para el futuro. En este sentido, además, se rescata una letra diferente que circuló durante la Segunda República Española.
“Cuando yo hago un documental sobre alguien que ya no está o sobre una figura histórica, siempre me pregunto qué tiene de interés para el público actual”, nos apunta Remedios. “Yo trato siempre de afrontar con una lectura nueva aquellas cosas pretéritas para que estas adquieran un nuevo significado. Adelfa me contó que su abuela interpretó una versión diferente de este popular cante que ella hizo en actuaciones para los mineros y milicianos en la zona no ocupada por Franco”.
Para Remedios Malvárez es de suma importancia aclarar qué pasó con este cante. Y lo que ocurrió es que esta letra diferente se escondió, se ocultó como hacían los topos en las penumbras de sus domicilios, para evitar problemas cuando se produjo el triunfo del ejército sublevado. Para ponerse a salvo. Para salvar el pellejo. La piel perseguida.
“Dolores nunca más la volvió a cantar con la letra obrerista y pasó a ser una parte más de su autoexilio, porque ella misma vivió un exilio interior dentro de España. Era consciente de que no podía hablar, sabía que el país había perdido todo tipo de libertades y que ya no era posible ir por libre”.
“Me parecía muy importante que a la hora de incluir los 'Campanilleros' en la película no fuera como ya es conocida en grabaciones discográficas, sino que había que llevarla al día de hoy. Y para esto he buscado a una mujer actual con una personalidad fuerte y comprometida”.
“Pensé en María Pelae por sus matices de voz y por su manera de interpretar. Lo hablé con ella y le encantó la idea. Quería que hiciera suya esta canción, con un aire contemporáneo para que diga algo a la gente de ahora. Es un homenaje que se hace a aquellas mujeres de la libertad”.
La onubense Sandra Carrasco también aporta su timbre repleto de tonalidades sonoras a este documental. Su registro vocal cálido y sugerente insufla nueva vida al tema Acuérdate de mí, del que toma el título esta producción que cuenta con el apoyo de Canal Sur.
Sandra Carrasco, acompañada por David de Arahal, en la Peña El Lucero
[FOTO: MANUEL BELLIDO MORA]
Acostumbrada a toda clase de desafíos y experiencias artísticas, Sandra Carrasco, con el toque de David de Arahal, le da una definición muy flamenca a este desesperado texto sobre el desengaño amoroso: “Y si algún día vas con ella, donde aquel día te encontré, donde por fin la tarde aquella, por vez primera te besé, si por feliz o mala estrella, vuelves de nuevo por allí, acuérdate, ay, acuérdate de mí”.
Esta actuación que ahora relumbra en el cine con la gravedad de lo auténtico se grabó para esta película en la Peña Cultural Flamenca El Lucero de Montilla. Remedios Malvárez, que visitó este lugar el año pasado para presentar su anterior obra, Fandango, nos cuenta qué le ha llevado ahora a convertir este recinto, santuario consagrado a la escucha, en escenario cinematográfico.
Salvador Córdoba, junto a Remedios Malvárez, Sandra Carrasco, David de Arahal y otros miembros del equipo.
[FOTO: MANUEL BELLIDO MORA]
“Por una parte, quería así resaltar el compromiso de Dolores con el flamenco y con el mundo de las peñas, que es cobijo del mejor cante desde siempre. Creo que, además, de esta forma se salda una deuda, porque creo que a La Niña de la Puebla no se le ha reconocido suficientemente su colaboración y su difusión del flamenco en determinados ámbitos. Se le ha asociado mucho más a esos cantes más ligeros. Sin embargo, ella nunca dejó de hacer el cante jondo, sus palos más puros. Canta como nadie por solea o por seguiriyas. Y ha estado presente en reuniones de cante jondo en festivales y en peñas; de hecho, murió en una peña flamenca”.
En su filmografía redobla el quejío. Remedios Malvárez ha entrado con su cámara en la esencia de esta expresión ancestral. De la gitanería indómita a Menese, ella, con apostura de bailaora, se presta al delicioso cautiverio de los cabales. En Montilla, rodeada por fotografías estelares donde estalla el duende en blanco y negro, supo que estaba donde tenía que estar.
“En El Lucero me he sentido muy a gusto. La escogí por la complicidad que tuve con sus socios que me pareció gente entrañable. Y sobre todo porque el espacio es maravilloso y se ajusta perfectamente por sabor añejo a esa imagen de las peñas de hace tiempo, de las que ya no quedan. Posee un punto de nostalgia y autenticidad que la hacían el marco ideal para nuestro documental. Está muy bien poder recrear este tipo de espacios en los que Dolores sacaba a relucir lo mejor de su cante”.
Remedios está feliz con el resultado artístico de su paso por nuestro pueblo. Considera que la actuación de Sandra Carrasco es un regalo maravilloso. Ofrece la cercanía y la intimidad de vivir de cerca el flamenco en su más genuina expresión. Para esta renombrada cineasta y fotógrafa, acostumbrada a transitar por este universo a la busca de la mejor sonoridad, adentrarse en el Lucero fue como entrar en su propia casa.
En cierto modo, también lo fue para Dolores Jiménez Alcántara. Hace casi cuarenta años, en 1987, La Niña de la Puebla recibió el tercer Homenaje al Flamenco, con motivo del Día de Andalucía. Lo organizó El Lucero, con el mecenazgo del Ayuntamiento, bajo el mandato de Prudencio Ostos. El Salón Bar Restaurante Los Arcos, pegado a la sede social de la Peña, se atestó al compás, ya entonces añoso, del antiguo y frondoso árbol del cante grande, del que esta mujer inigualable es rama fiel.
En un bello y aquilatado texto, Manuel Ruiz Hidalgo (quién si no) hablaba del rito, pues como culto casi místico debía ser entendido lo que allí iba a suceder. Nos visitaba una “sacerdotisa homérica” para personalizar ese “ente tan abstracto como es el Flamenco”.
Era un momento especial, tal y como, con toda razón, Manolo dejaba claro en su entusiasta y certero texto. Breve, pero exacto, con palabras medidas para calibrar en el escueto espacio de un folleto una gigantesca luminosidad. Decía así: “Dolores Jiménez Alcántara, “Niña de la Puebla”, esposa y madre de artistas, artista ella misma desde los diez o doce años, tonadillera y cantaora, ha sido la elegida. Su voz dulce, cuya claridad y potencia no quebrantaron los años, y su alma de poetisa son, acaso, una concesión que el mundo flamenco montillano hace a la mujer”.
Antoñita La Singla se sobrepuso, al menos, a dos adversidades: la pobreza irredenta del Somorrostro, en los arrabales de Barcelona, y una sordera que prometía confinarla en un rincón, quieta de por vida. Ella, sin embargo, con su taconeo arrancó astillas de los tablaos y una devoción inagotable en quienes presenciaron el milagro de su baile.
A Dolores Jiménez Alcántara se le nubló la mirada al poco de nacer. Pero de un impedimento, un fundido a negro, ella hizo un arte. Lo que calla la vista puede decirlo los expresivos versos de su paisano, el poeta y pintor Francisco Moreno Galván: “En la Plaza Nueva, en la Puebla, nació la hija de Casamía, la luz que faltó en sus ojos iluminó Andalucía”.
Ahora, un largometraje, Acuérdate de mí, ha llevado su vida al cine; ella que ya se había asomado a las pantallas en 1932, regresa como tal rosa. Le sienta bien tanta lejanía, porque ya aparecía como estrella invitada en plena juventud con sus inseparables gafas negras en Madre Alegría. Sonaba ahí con el chisporroteo de los fonogramas antiguos la cadencia campesina de los Campanilleros, con sus ecos de altas madrugadas.
Julio Bush, el director de aquella película, la puso en una alegre escena junto a Luis Yance, un guitarrista de familia filipina que trajo el toque de ultramar. Sabicas, otro genio emigrante de la sonanta, también estuvo en su compañía. Porque La Niña de la Puebla iba por delante. A su lado debutó Juanito Valderrama cuando el cantaor de Torredelcampo solo tenía 16 años. Y se codeó con Pepe Marchena, terrón de azúcar como ella.
Todo esto se recrea ahora en un documental que su autora, Remedios Malvárez, acaba de estrenar en el Festival de Málaga. Lo ha hecho guiado por Adelfa Calvo, actriz ganadora de un Goya, pero sobre todo nieta de La Niña de la Puebla que, así, se ha reencontrado con su abuela, cerrando un hermoso círculo familiar. Lo que vemos, con la emoción a flor de piel, es la historia de una mujer valiente. Una artista integral que salió adelante fundando su propia empresa de espectáculos a base de coraje e independencia.
“Era una persona autónoma que superó cualquier tipo de discapacidad”, nos asegura con firmeza Remedios. “Para Dolores la ceguera no fue ningún impedimento. Pero, en este proceso, lo que más me sorprendió ha sido descubrir la humanidad que había detrás, con una gran cantidad de valores”.
“De ella, yo tenía la imagen del flamenco, con sus características gafas en un escenario. Conocía su obra, pero no conocía su compromiso político y social. No había oído hablar de su feminismo, ni de su capacidad de superación tan impresionante en una época y en un ámbito de absoluto predominio masculino”.
“Dolores es uno de esos personajes que hay que recuperar. Es un referente de mujer en el que tenemos que mirarnos, porque en el feminismo construir cuesta mucho y necesitamos ejemplos como el de ella. Esa parte es la que más me ha llamado la atención, puesto que en el mundo del flamenco esto escaseaba entonces. Redescubrirla me ha hecho entender mucho mejor su obra”.
Acuérdate de mí pone al día una composición tan inmortal como es los Campanilleros, cuya letra original pertenece a Curro Casamía, el padre de Dolores. Era un poeta y barbero anarquista volcado con la lucha proletaria. En la película, La Niña de la Puebla revela la difícil convivencia que ella y su madre tuvieron con él, con su súbito carácter. Era un volcán proletario que arrojaba la peor lava en su propia hogar. "Candil de la calle, oscuridad de su casa", como sentencia el dicho popular.
Aquellos Campanilleros de resonancias invernales y navideñas, era, en verdad, un canto de amor solidario. María Pelae lo actualiza, aplicándole un barniz electrónico a esta creación emblemática que se asocia al pasado, pero que, con esta renovada concepción, sale disparada para el futuro. En este sentido, además, se rescata una letra diferente que circuló durante la Segunda República Española.
“Cuando yo hago un documental sobre alguien que ya no está o sobre una figura histórica, siempre me pregunto qué tiene de interés para el público actual”, nos apunta Remedios. “Yo trato siempre de afrontar con una lectura nueva aquellas cosas pretéritas para que estas adquieran un nuevo significado. Adelfa me contó que su abuela interpretó una versión diferente de este popular cante que ella hizo en actuaciones para los mineros y milicianos en la zona no ocupada por Franco”.
Para Remedios Malvárez es de suma importancia aclarar qué pasó con este cante. Y lo que ocurrió es que esta letra diferente se escondió, se ocultó como hacían los topos en las penumbras de sus domicilios, para evitar problemas cuando se produjo el triunfo del ejército sublevado. Para ponerse a salvo. Para salvar el pellejo. La piel perseguida.
“Dolores nunca más la volvió a cantar con la letra obrerista y pasó a ser una parte más de su autoexilio, porque ella misma vivió un exilio interior dentro de España. Era consciente de que no podía hablar, sabía que el país había perdido todo tipo de libertades y que ya no era posible ir por libre”.
“Me parecía muy importante que a la hora de incluir los 'Campanilleros' en la película no fuera como ya es conocida en grabaciones discográficas, sino que había que llevarla al día de hoy. Y para esto he buscado a una mujer actual con una personalidad fuerte y comprometida”.
“Pensé en María Pelae por sus matices de voz y por su manera de interpretar. Lo hablé con ella y le encantó la idea. Quería que hiciera suya esta canción, con un aire contemporáneo para que diga algo a la gente de ahora. Es un homenaje que se hace a aquellas mujeres de la libertad”.
La onubense Sandra Carrasco también aporta su timbre repleto de tonalidades sonoras a este documental. Su registro vocal cálido y sugerente insufla nueva vida al tema Acuérdate de mí, del que toma el título esta producción que cuenta con el apoyo de Canal Sur.
[FOTO: MANUEL BELLIDO MORA]
Acostumbrada a toda clase de desafíos y experiencias artísticas, Sandra Carrasco, con el toque de David de Arahal, le da una definición muy flamenca a este desesperado texto sobre el desengaño amoroso: “Y si algún día vas con ella, donde aquel día te encontré, donde por fin la tarde aquella, por vez primera te besé, si por feliz o mala estrella, vuelves de nuevo por allí, acuérdate, ay, acuérdate de mí”.
Esta actuación que ahora relumbra en el cine con la gravedad de lo auténtico se grabó para esta película en la Peña Cultural Flamenca El Lucero de Montilla. Remedios Malvárez, que visitó este lugar el año pasado para presentar su anterior obra, Fandango, nos cuenta qué le ha llevado ahora a convertir este recinto, santuario consagrado a la escucha, en escenario cinematográfico.
[FOTO: MANUEL BELLIDO MORA]
“Por una parte, quería así resaltar el compromiso de Dolores con el flamenco y con el mundo de las peñas, que es cobijo del mejor cante desde siempre. Creo que, además, de esta forma se salda una deuda, porque creo que a La Niña de la Puebla no se le ha reconocido suficientemente su colaboración y su difusión del flamenco en determinados ámbitos. Se le ha asociado mucho más a esos cantes más ligeros. Sin embargo, ella nunca dejó de hacer el cante jondo, sus palos más puros. Canta como nadie por solea o por seguiriyas. Y ha estado presente en reuniones de cante jondo en festivales y en peñas; de hecho, murió en una peña flamenca”.
En su filmografía redobla el quejío. Remedios Malvárez ha entrado con su cámara en la esencia de esta expresión ancestral. De la gitanería indómita a Menese, ella, con apostura de bailaora, se presta al delicioso cautiverio de los cabales. En Montilla, rodeada por fotografías estelares donde estalla el duende en blanco y negro, supo que estaba donde tenía que estar.
“En El Lucero me he sentido muy a gusto. La escogí por la complicidad que tuve con sus socios que me pareció gente entrañable. Y sobre todo porque el espacio es maravilloso y se ajusta perfectamente por sabor añejo a esa imagen de las peñas de hace tiempo, de las que ya no quedan. Posee un punto de nostalgia y autenticidad que la hacían el marco ideal para nuestro documental. Está muy bien poder recrear este tipo de espacios en los que Dolores sacaba a relucir lo mejor de su cante”.
Remedios está feliz con el resultado artístico de su paso por nuestro pueblo. Considera que la actuación de Sandra Carrasco es un regalo maravilloso. Ofrece la cercanía y la intimidad de vivir de cerca el flamenco en su más genuina expresión. Para esta renombrada cineasta y fotógrafa, acostumbrada a transitar por este universo a la busca de la mejor sonoridad, adentrarse en el Lucero fue como entrar en su propia casa.
En cierto modo, también lo fue para Dolores Jiménez Alcántara. Hace casi cuarenta años, en 1987, La Niña de la Puebla recibió el tercer Homenaje al Flamenco, con motivo del Día de Andalucía. Lo organizó El Lucero, con el mecenazgo del Ayuntamiento, bajo el mandato de Prudencio Ostos. El Salón Bar Restaurante Los Arcos, pegado a la sede social de la Peña, se atestó al compás, ya entonces añoso, del antiguo y frondoso árbol del cante grande, del que esta mujer inigualable es rama fiel.
En un bello y aquilatado texto, Manuel Ruiz Hidalgo (quién si no) hablaba del rito, pues como culto casi místico debía ser entendido lo que allí iba a suceder. Nos visitaba una “sacerdotisa homérica” para personalizar ese “ente tan abstracto como es el Flamenco”.
Era un momento especial, tal y como, con toda razón, Manolo dejaba claro en su entusiasta y certero texto. Breve, pero exacto, con palabras medidas para calibrar en el escueto espacio de un folleto una gigantesca luminosidad. Decía así: “Dolores Jiménez Alcántara, “Niña de la Puebla”, esposa y madre de artistas, artista ella misma desde los diez o doce años, tonadillera y cantaora, ha sido la elegida. Su voz dulce, cuya claridad y potencia no quebrantaron los años, y su alma de poetisa son, acaso, una concesión que el mundo flamenco montillano hace a la mujer”.
MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: ANDALUCÍA DIGITAL / MANUEL BELLIDO MORA
FOTOGRAFÍA: ANDALUCÍA DIGITAL / MANUEL BELLIDO MORA




















































