La actual marca de Fino C.B. es una de las primeras marcas utilizada por Bodegas Alvear para identificar y poner en valor los vinos de Montilla en general y los de Alvear en particular. Y esta preocupación de marcar e identificar los vinos, especialmente desde a mediados del siglo XIX, coincidiendo con el inicio de la exportación, se pone de manifiesto en las cartas y documentos que conserva la familia Alvear.
Así, por ejemplo, en una instrucción dada en enero de 1856 por Enrique de Alvear a su encargado en la bodega, Antonio de la Cruz, se señala: “Las 20 o 21 cuarterolas que van a Londres para el inglés que estuvo en casa (...). A todas las cuarterolas se les pondrá por escrito la palabra Montilla encima del tapón en la vasija interior y al frente el nombre a fuego de ALVEAR”. La cuarterola es una bota pequeña que se utilizaba para exportar en esa época.
Y en la misma línea insiste en abril de 1857 Enrique Alvear y Ward en una carta dirigida al importador Mr. Hammick: “Para evitar cualquier error en la opinión pública sobre nuestro vino Montilla puedes hacer uso de la marca que siempre lleva en las botas de ALVEAR para fomentar su identidad”.
Sin embargo, cuando a finales de los años setenta del siglo XIX comienza la venta de vino en botellas de vidrio –y se va abandonando la venta en cuarterolas y botas–, es la marca CB la que empieza a ser referenciada en los documentos que conserva la familia Alvear y de las que os compartimos un extracto de algunas curiosas cartas.
La primera misiva nos parece especialmente curiosa por la “incorrecta” ortografía de enviaré (que Sabina escribe con b) y por ser un pedido de vino para consumo familiar, esto es, sin trascendencia comercial. Así, mediante carta de 11 de febrero de 1883, Sabina Alvear y Ward le dice a su hermano Francisco que, además de jamones, manteca y morcilla de arroz, “necesitamos más vino de la C.B., ya embiaré [sic] la caja”.
Por añadidura, mediante carta de 5 de noviembre de 1883, Sabina le escribe a su hermano Francisco: “Sofía O’Ryan me pidió vino al momento que me vio y le envié el cajón que habíamos traído de C.B. que creo es el que ella toma. Ayer me pagó los 250 reales y el cajón con las botellas vacías todo lo he remitido para que lo vuelvas a llenar del mismo vino para otro amigo”.
Y, finalmente, compartimos un extracto de la carta de 26 de mayo de 1883, también de Sabina a su hermano Francisco, sobre un envío de vino C.B. a Argentina. ¡Vino embotellado!: “Los señores de Unzué de Buenos Aires (...) me escriben de París diciendo que quieren enviar algunos vinos de España entre ellos los nuestros de Montilla en cajones de 25 botellas que prefieren que no sean muy fuertes. Si te parece se puede decir de los mismos que aquí tenemos de la G. y CB”.
¿Pero a qué responde esa marca CB? ¿Realmente existió el “Capataz Billanueva”? ¿Cómo se llamaba realmente? ¿Billanueva o Villanueva? En la próximo entrega trataremos de arrojar luz sobre estas cuestiones que, desde siempre, han acompañado la historia de Bodegas Alvear.
Así, por ejemplo, en una instrucción dada en enero de 1856 por Enrique de Alvear a su encargado en la bodega, Antonio de la Cruz, se señala: “Las 20 o 21 cuarterolas que van a Londres para el inglés que estuvo en casa (...). A todas las cuarterolas se les pondrá por escrito la palabra Montilla encima del tapón en la vasija interior y al frente el nombre a fuego de ALVEAR”. La cuarterola es una bota pequeña que se utilizaba para exportar en esa época.
Y en la misma línea insiste en abril de 1857 Enrique Alvear y Ward en una carta dirigida al importador Mr. Hammick: “Para evitar cualquier error en la opinión pública sobre nuestro vino Montilla puedes hacer uso de la marca que siempre lleva en las botas de ALVEAR para fomentar su identidad”.

Sin embargo, cuando a finales de los años setenta del siglo XIX comienza la venta de vino en botellas de vidrio –y se va abandonando la venta en cuarterolas y botas–, es la marca CB la que empieza a ser referenciada en los documentos que conserva la familia Alvear y de las que os compartimos un extracto de algunas curiosas cartas.
La primera misiva nos parece especialmente curiosa por la “incorrecta” ortografía de enviaré (que Sabina escribe con b) y por ser un pedido de vino para consumo familiar, esto es, sin trascendencia comercial. Así, mediante carta de 11 de febrero de 1883, Sabina Alvear y Ward le dice a su hermano Francisco que, además de jamones, manteca y morcilla de arroz, “necesitamos más vino de la C.B., ya embiaré [sic] la caja”.
Por añadidura, mediante carta de 5 de noviembre de 1883, Sabina le escribe a su hermano Francisco: “Sofía O’Ryan me pidió vino al momento que me vio y le envié el cajón que habíamos traído de C.B. que creo es el que ella toma. Ayer me pagó los 250 reales y el cajón con las botellas vacías todo lo he remitido para que lo vuelvas a llenar del mismo vino para otro amigo”.
Y, finalmente, compartimos un extracto de la carta de 26 de mayo de 1883, también de Sabina a su hermano Francisco, sobre un envío de vino C.B. a Argentina. ¡Vino embotellado!: “Los señores de Unzué de Buenos Aires (...) me escriben de París diciendo que quieren enviar algunos vinos de España entre ellos los nuestros de Montilla en cajones de 25 botellas que prefieren que no sean muy fuertes. Si te parece se puede decir de los mismos que aquí tenemos de la G. y CB”.
¿Pero a qué responde esa marca CB? ¿Realmente existió el “Capataz Billanueva”? ¿Cómo se llamaba realmente? ¿Billanueva o Villanueva? En la próximo entrega trataremos de arrojar luz sobre estas cuestiones que, desde siempre, han acompañado la historia de Bodegas Alvear.
CARMEN GIMÉNEZ ALVEAR
FOTOGRAFÍAS: FUNDACIÓN ALVEAR
FOTOGRAFÍAS: FUNDACIÓN ALVEAR

