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23 de octubre de 2022

  • 23.10.22
Montilla Digital se hace eco en su Buzón del Lector de una carta abierta del maestro Francisco Llopis Rubio dirigida a todos los docentes y, especialmente, a los que ya se han jubilado o a los que están a punto de hacerlo. Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico a la Redacción del periódico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.


La jubilación se define como el “retiro de un empleo público o privado, una vez cumplidos ciertos requisitos de edad, tiempo de labor y aportes con derecho a recibir una remuneración periódica”. Y cuando llega ese momento es cuando haces balance de un periodo de tu vida, de la experiencia vivida y de todo cuanto has dado y recibido.

Un camino durante el que podría decirse que has escrito un libro, tu libro, ordenado en capítulos, todos ellos llenos de vida. Esa vida que ha conformado la tuya y en la que se han escrito renglones diversos, con sus propias vidas, que siempre te han hecho crecer.

Cuando ese balance implica toda una vida es cuando te das cuenta de la importancia que ha supuesto ser maestro y cómo tu vida ha girado en torno a una decisión y determinación, libremente elegidas, que han supuesto una entrega total a esta tarea, bonita y dura al mismo tiempo, que te hace crecer en todos los aspectos de la vida. Por cierto, suelo utilizar el término "maestro" para referirme a cualquier sexo o tendencia.

Cuando se acerca el momento de la jubilación haces balance de lo aprendido y de algunas de las esencias que se deben tener en cuenta para desarrollar este proceso de enseñanza-aprendizaje con garantías de éxito.

Eso sí, debemos tener en cuenta siempre que tu experiencia es solo tuya y que tu visión va siempre en función de la experiencia vivida y que puede ser muy distinta en cada uno y en función de la misma. En efecto, cada uno tiene su verdad, consecuencia de la experiencia vivida y compartida, respetable donde las haya, que potencia la tolerancia, que es la base de la convivencia.

Y para que este proceso sea garantía de éxito es necesario, siempre desde mi experiencia, combinar el creer con el querer, con el saber y con el poder. Creer en lo que haces es la base del caminar en la difícil tarea de educar y, unido al querer de forma voluntaria, hacen emprender un camino en el que tienes que saber tu oficio y lo que ello conlleva, teniendo como plataforma para desarrollar tu tarea el poder hacerlo, creando el espacio adecuado para desarrollarlo. Cuatro elementos que deben ir unidos si queremos garantizar con éxito el proceso que iniciamos en cada persona.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario compaginar el ser eficaz y, al mismo tiempo, justo. Desgraciadamente, podemos ser eficaces sin ser justos y es algo que predomina en un amplio sector de la población.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario hacer sentir que los quieres. Es insuficiente decir "te quiero" si no va acompañado de que sientan que los quieres. Ya lo decía una canción: "Un 'te quiero' acompañado de un gesto es mejor que imaginarlo".

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario emocionar enseñando, a sabiendas de que se aprende lo que emociona. La Pedagogía, la Psicología y la Didáctica al enseñar son fundamentales y, por ello, no todo el mundo sabe ser un buen maestro, a pesar de que también está muy extendido el querer ser maestros sin serlo.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario combinar cuatro aspectos necesarios para potenciar el equilibrio personal y que se sustenta en educar el nivel cognitivo, el nivel emocional, la educación en valores y el fomento de habilidades sociales que permitan un desarrollo en el mundo que les ha tocado vivir, adquiriendo hábitos saludables, en todos los sentidos.

Se puede ser un fenómeno a nivel cognitivo y ser un caos a nivel emocional; o ser un fenómeno en conocimientos y no tener valores que aseguran conseguir un fin sin importar los procedimientos. Se puede ser un pedazo de pan pero no saber decir "no". Por tanto, hay todo un mundo de combinaciones que no favorecen el equilibrio personal.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario ser competente, disponer de los conocimientos necesarios para ejercer tu tarea, los medios y las estrategias que la propia experiencia te va enseñando, para dar así una respuesta equilibrada a cada momento y a cada situación.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario tener siempre presente que la paciencia es el gran “arma” que se puede utilizar, junto a la prudencia, ese gran valor que hace que tus decisiones sean lo más acertadas posibles, teniendo en cuanta las distintas sensibilidades e intentando ser empáticos para entender lo que el otro puede sentir.

Para que este proceso sea garantía de éxito es necesario planificar el trabajo que se debe llevar a cabo, desde la constancia, la dedicación y el saber hacer, preparando la tierra con un buen abono, capaz de hacer germinar esas semillas que constantemente intentas esparcir. Y unas caen en tierra buena; otras, a la vera del camino; otras, en terreno pedregoso...

En ese proceso de siembra, a veces recoges; en otras ocasiones, las semillas están ahí y, lo mismo, en algún momento, brotan; otras veces se las comen otros “pajarillos” o se pierden por los distintos vendavales que aparecen...

Pero en ocasiones germinan, crecen de forma adecuada, se van haciendo fuertes y suelen dar fruto allí donde se encuentran. Y esa es justamente nuestra tarea: sembrar, preparar la tierra y dejar crecer. Ya solo hay que dejar que el propio caminar les indique el camino que deben seguir, teniendo como base la familia, a sabiendas que es la primera Escuela, para toda la vida.

He aprendido, sin duda, que esta tarea es vocacional si queremos disfrutar de ella y, al mismo tiempo, percibiendo unos honorarios por disfrutar –combinación perfecta donde las haya–. Al comenzar esta pequeña reflexión he hecho alusión a lo que la Real Academia Española (RAE) define como "jubilación", utilizando las palabras “retiro de un empleo”.

Posiblemente se queda corto el término "empleo" si colegimos que de este “empleo” no se retira nadie que no quiere, entre otras cosas, porque en la vida que resta aún hay muchas cosas en las que puedes seguir siendo un “maestro”.

Las nuevas tecnologías posiblemente nos hacen ser más competentes en muchas cosas, pero lo que no puede faltar es la Educación desde el contacto, desde la mirada, desde la complicidad, desde la cercanía… Entre otras cosas porque desde ahí es desde donde se puede emocionar, base para poder enseñar y aprender. Educar con el corazón es algo que las nuevas tecnologías no van a ofrecer y siempre será necesario para que este proceso sea garantía de éxito.

Queda claro que "por el mar no corren las liebres ni por el monte las sardinas", que es lo mismo que decir que no todos saben ser maestros, aunque muchas personas quieran jugar a serlo u opinar sin saber. Y es que ser maestro no es un juego: es un arte y, para ello, es necesario creer, querer, saber y poder.

FRANCISCO LLOPIS RUBIO


NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de Montilla Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.



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