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23 de octubre de 2022

  • 23.10.22
Uno de los países europeos que mejor conozco es Suiza, gracias a las numerosas estancias que he podido disfrutar a lo largo de los años. Sería prolijo comentar las singularidades de este país, ya que en gran medida presenta diferencias significativas con el nuestro, sea por el carácter, el clima, las costumbres, sus tradiciones, la multiplicidad de las lenguas que se hablan en un territorio que, aproximadamente, tiene la extensión de Extremadura y en el que viven algo más de ocho millones y medio de personas.


Dentro de esas singularidades se encuentran las políticas, puesto que Suiza es una confederación de 26 cantones, en los que se hablan alemán, francés, italiano o romanche, junto a otros dialectos de la zona. Esto nos hace ver su complejidad lingüística, aunque queda resuelta por el pluralismo idiomático de gran parte de su población.

Oficialmente, el día de la fiesta nacional es el 1 de agosto, ya que, por tradición, consideran que fue en esa fecha del siglo XIII cuando comenzaron a gestarse los primeros acuerdos de algunos de los cantones para confederarse. De todos modos, las fronteras del actual Estado suizo quedan definitivamente establecidas en el siglo XIX.

Su diversidad de lenguas, culturas y tradiciones se articuló a partir de un derecho que está muy arraigado en la confederación: el derecho a decidir a través de los referendos (utilizo el término referendo, en vez de referéndum, ya que es el aconsejado, pues es mucho más claro de pronunciar el plural en el primer caso).

En ese tema sí que hay una gran diferencia con lo establecido en nuestro país, puesto que, en el caso de España, según el Derecho Constitucional, los referendos son de tipo consultivo, es decir, que sus resultados no son vinculantes: se pueden transformar o no en normas legales. Por lo que yo pueda conocer de algunos países, en ellos los referendos sí son vinculantes, pues no tiene sentido llevar una consulta de esta índole a la población para que, después, los resultados sean meramente orientativos para el Gobierno.

Como todos sabemos, donde se ha dado un conflicto de gran envergadura ha sido con los criterios de independentistas catalanes a partir de lo que llamaron el procés que, según sus deseos, debería culminar con el derecho a un referendo de autodeterminación.

Curiosamente apelaban a las consultas celebradas en Escocia y en Canadá que, según ellos, deberían de servir de ejemplo para el Gobierno español. Ejemplos, a mi modo de ver, bastante aviesos, dado que Escocia era un reino independiente y formó parte voluntaria del Reino Unido en 1707, al tiempo que Gran Bretaña carece de constitución escrita.

Por otro lado, los intentos de la región de Quebec –de mayoritaria lengua francesa– de independizarse de la parte anglófona de Canadá fallaron en dos ocasiones. Y, de igual modo, no se tuvo en cuenta la opinión de los nativos de este país que se oponen tajantemente a que sus pueblos sean divididos y que pudieran considerarse extranjeros los unos con los otros.

Sin embargo, los defensores del supuesto derecho a la autodeterminación nunca hicieron referencia a Suiza, que es un país que celebra referendos con cierta regularidad y que ahora quisiera comentar.


Sobre este tema hablé en bastantes ocasiones con mi cuñado Markus, que, lógicamente, conocía perfectamente la realidad helvética. Dado su carácter cordial, se encargó de irme enseñando la mayor parte de los territorios de su país, de modo que pude comprobar las grandes diferencias que hay con el nuestro.

Debatimos, cómo no, sobre el sistema político tan singular que Suiza posee y, de modo especial, me interesé por los referendos que allí son tan frecuentes.

Las formas más habituales de consultas vinculantes son aquellas que se producen por la petición ciudadana con cien mil firmas (teniendo en cuenta la población que posee el país, aproximadamente, se correspondería con medio millón de firmas en España).

Pero cuando son temas de Estado, no basta con que una mayoría de quienes han votado se haya pronunciado favorablemente para que se acepte la propuesta. Es también necesario que más de la mitad de los cantones vote a favor. Esto da lugar a que se respete la diversidad de las regiones suizas.

Así, por ejemplo, cuando se llevó a consulta si el pueblo suizo quería integrarse en la Unión Europea se produjo esa doble consideración, de modo que el voto personal fue mayoritario a la pertenencia a esta nueva organización; sin embargo, la mayoría de los cantones votó en contra, por lo que finalmente la Confederación Helvética no se encuentra entre los países de la UE.

Quizás nuestro país necesitara una reforma constitucional de las consultas en referendos, de modo que si se llevan a cabo fueran vinculantes, pues no tiene ningún sentido organizarlas simplemente para recabar la opinión de la población. Y en casos de relevancia estatal, se podría acudir al modelo suizo, de modo que, por ejemplo, para que se produjera la segregación de un territorio tendría que ser aprobado por la mayoría de la población de ese territorio, al tiempo que también lo fuera por el conjunto de los españoles o de las Comunidades autónomas que conforman el país.

Me imagino que para quienes hablan de autodeterminación esto supondría una especie de atentado a la libre soberanía, otras de sus invenciones, pues la España que conocemos no es el resultado de la unión voluntaria de los territorios que la conforman. La historia, nos guste más o nos guste menos, ha caminado por otro lado muy distinto a la fantasía con la que algunos quieren reconstruir el pasado y organizar un futuro idílico (que solo está en sus sueños).

AURELIANO SÁINZ

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