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5 de diciembre de 2021

  • 5.12.21
Hace unos días tuve el honor de presentar en el Ateneo de Córdoba un magnífico libro, que con el título de Días contados, al que precede el año 2020, fue realizado a cuatro manos, dado que Antonio López Hidalgo usó sus dos manos para teclear el ordenador del que nacieron los artículos que en él aparecen, al igual que Jes Jiménez Segura también tuvo que emplearlas para registrar las bellas fotografías que ilustran cada uno de los capítulos.


Debo manifestar que con ambos comparto publicaciones semanales en la sección de ‘Firmas’ de Andalucía Digital, por lo que, cuando recibí la llamada del primero para invitarme a que presentara el libro, acogí con gran satisfacción este acto, ya que no me ofrecería ningún problema realizar una síntesis de lo que habían plasmado conjuntamente.

Puesto que sus semblanzas ya han aparecido en esta red andaluza de diarios digitales, no voy a insistir en ellas. Quisiera centrarme en el significado de este trabajo singular, dado que no son habituales aquellos que articulan dos lenguajes distintos –el textual y el visual– para lograr una obra bien trabada y sin fisuras.

Pero antes de abordar las razones de la publicación, y puesto que en mi caso suelo intercalar en los artículos imágenes relacionadas con el contenido del tema que abordo, quisiera indicar que a Jes Jiménez le pedí que me remitiera cuatro de las veintitrés fotografías que anteceden a cada uno de los capítulos para comentarlas.

La primera, que aparece en portada, corresponde al capítulo que lleva el nombre de Un tiempo en fuga. En ella, vemos un viejo reloj de pared incrustado en la arena de una olvidada y solitaria playa, como si nos quisiera recordar la lividez del tiempo que se nos escapa sin posibilidad de que podamos retenerlo.


Ya en el interior del artículo, comienza a aparecer la que corresponde al escueto título de Londres. Pienso que lo más normal es que se hubiera utilizado uno de los edificios representativos de la capital británica; sin embargo, en un encuadre dominado por la perspectiva de un grupo de árboles desnudos, asoma un fragmento de uno de los emblemáticos autobuses urbanos londinenses. Su autor acude a una sinécdoque minimalista, con una fuerte carga poética.

De igual modo, Jes Jiménez acude a la belleza que proporcionan los cálidos colores de un atardecer para dar significado visual al capítulo que lleva por título ¿Qué hacemos con nuestros viejos? Si la vejez representa el otoño de una vida que cíclicamente se renueva con otras nacientes, la búsqueda de una imagen que nos muestre este ‘eterno retorno’ nietzscheano el autor la encuentra otra vez en esos omnipresentes árboles de los que tantos significados es capaz de extraer.


Así, dominadas por un intenso frío invernal, tiritan las desnudas ramas de los árboles en la imagen de Reinventando la vida, al tiempo que de una de ellas, sorprendentemente, aparecen las primeras hojas que nos anuncian el amanecer de una nueva vida.


Una vez que hemos podido ver cuatro de las fotografías de Días contados, pasamos ahora a explicar las razones de la publicación de este libro, que, tal como he indicado, hace referencia en el título al año 2020.

Creo que para todos nosotros el año 2020 supuso penetrar en un territorio inexplorado, con el sentimiento de que se nos rompía el hilo conductor de los días, meses y años con los que habíamos transitado con anterioridad.

Bien es cierto que a finales del 2019 teníamos información de un nuevo virus que situábamos su origen en el lejano país de China. Todo esto nos parecía muy remoto; pero no pasó mucho tiempo para que nos hiciéramos conscientes de que también a nosotros nos comenzaba a afectar, y muy duramente. Y así llegamos al 14 de marzo en el que el Gobierno español decreta el estado de alarma y el confinamiento de la población.

Todos recordamos aquellos días en los que estuvimos más de dos meses recluidos en casa, de modo que solo podíamos salir para ciertas cuestiones. Cada cual nos la tuvimos que apañar para soportar la soledad y el distanciamiento personal que nos generó la pandemia. Una pandemia que forzosamente se nos ha hecho familiar; de modo que ahora, más o menos, nos hemos adaptado a la situación, a pesar de que parece no tener fin.

En cierto modo, aquí se encuentra el motivo por el que Antonio y Jes decidieron conjuntamente seleccionar 23 artículos que el primero había publicado a lo largo de ese fatídico año para que vieran la luz de modo impreso.

Son artículos breves, dado que, tal como he indicado, previamente habían visto la luz en Andalucía Digital. Esa brevedad se debe a que los textos que aparecen en las pantallas conviene que sean cortos, ya que la lectura en estos medios es distinta a la que realizamos en forma impresa, que suele ser más pausada y, quizás, más amena, puesto que nos concentramos exclusivamente en lo que aparece en el libro.

Como nexo común, conviene apuntar que son textos bastante intimistas, ya que en ellos, a pesar de la diversidad de temáticas abordadas, percibimos los sentimientos que emergen del propio autor. Son los sentimientos del año 2020. Muy similares a los que hemos ido advirtiendo en todos nosotros. Los mismos que han ido evolucionando según los vaivenes de la omnipresente pandemia.

Así pues, si abrimos el libro nos aproximamos al primero de los artículos, el que corresponde al 3 de enero de ese año. Lleva por título La lluvia antes de caer. En él podemos leer: “La lluvia es uno de los fenómenos del ambiente más comunes y al mismo tiempo más sorprendentes y fantasmales, aún dentro de su simpleza. En términos científicos, la lluvia no es más que la precipitación del agua desde las nubes hasta la tierra”.

Damos pasos en el tiempo. El 13 de marzo, es decir, un día antes de que se decretara el confinamiento, nos encontramos con Otra vez el miedo. Ahora, la palabra covid-19, y las secuelas de las emociones que se ocultan en el interior de nosotros, empiezan a colarse en los relatos. Leemos: “La covid-19 ha venido a cambiarnos las vidas, a decirnos que en casa hay un mundo propio que tal vez tenemos abandonado, que la primavera es un horizonte confuso en este mundo de alarmas impuestas y de libertad congelada”.

El año avanza con la mochila que cargamos llena de incertidumbres, miedos y noticias que nos abruman. Sentimos que nos hemos instalado en un territorio extraño e impredecible, del que deseamos salir, pero que, inexorablemente, estamos atrapados sin atisbar un horizonte que alivie esa mezcla de emociones que no sabemos cómo alejarla de nosotros. Así, arribamos al primero de mayo. Aquí se sitúa el capítulo Una tristeza extraña, el mismo que acaba con las siguientes líneas: “La vida que viene nadie sabe –o yo al menos no sé– de qué va. Esa no debería ser la única, pero sí nuestra primera preocupación”.

Y llegamos al final. El libro se cierra con fecha del 4 de enero de 2021. Un año exacto, al que se le añade un día. Ahora, en el autor se atisban inciertas esperanzas, tal como se expresa en Hoy, miro el mundo: “Apenas se nos ha acabado el presente y ya escudriñamos en un futuro que no está en esa otra vida que no alcanzamos a definir… Hoy miro el mundo y solo veo otro mundo postizo que no entiendo”.

Como síntesis, quisiera decir que nos encontramos ante un libro muy bello, muy bien acabado, en todos los sentidos, tal como hacen los artesanos que trabajan y cuidan los materiales que tienen entre sus manos. En este caso, han sido necesarias, al menos, cuatro para que nos llegara una magnífica obra que merece la pena tenerla. No siempre logramos cruzarnos con una que, a buen seguro, puede acabar formando parte de aquellas lecturas que siempre recordaremos por el grato placer que nos proporcionan durante el tiempo que nos han acompañado.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍAS: JES JIMÉNEZ

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