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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

6 de abril de 2014

  • 6.4.14
Hace algún tiempo abordé uno de los problemas emocionales que suelen marcar a niños y adolescentes: el fallecimiento de un miembro de la familia. En el mismo mostraba dos ejemplos de chicas cuyos padres habían fallecido hacía un par de años pero en los dibujos los representaban como si estuvieran presentes; es más, los dibujaban a sus lados intercalando entre ellos el trazado de un pequeño corazón, como si el amor por ellos no hubiera disminuido al no contar con su presencia física.

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Hay que entender que estas situaciones, a pesar de un hecho tan triste como es la ausencia definitiva de uno de los progenitores, dejan un vacío muy profundo, con muchas preguntas que no tienen respuestas, con muchas interrogantes sin resolver.

De todos modos, los dos casos indicados son ejemplos de cómo el apoyo de la madre y del resto de la familia fue de gran importancia para sobrellevar los duelos y ser capaces de afrontar de nuevo la vida con el entusiasmo que se necesita para que no se convierta en un camino doloroso lleno de tristeza, incertidumbres y penalidades.

Pero no siempre se cuenta con ese apoyo favorable de los mayores que son capaces de encarar la pérdida sabiendo que los hijos son la parte más débil de este hecho luctuoso. Y como en las investigaciones sobre el desarrollo de los sentimientos y emociones de los niños y adolescentes siempre me encuentro, como es natural, con situaciones muy diferentes según los casos vividos, en esta ocasión quisiera mostrar distintos dibujos para ver cómo han afrontado esta traumática vivencia.

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Este trabajo corresponde a una niña de 9 años cuyo padre había fallecido no hacía mucho tiempo. Podemos observar que la autora no se representa a sí misma, como reflejo de tristeza, falta de autoestima y seguridad. Inicialmente, comenzó a dibujar a su madre muy pequeña, pero pronto se dio cuenta de ello y la trazó con un tamaño mayor. Después hizo la figura de su abuela y como vio que le quedaba mucho espacio vacío en la lámina trazó una línea vertical, dejando en blanco la parte derecha de la superficie.

Puesto que se les había sugerido que pusieran por detrás de la lámina lo que habían querido representar, la autora escribió en el espacio vació: “No dibujo a mi padre porque ‘a’ fallecido. He dibujado a mi abuela porque paso mucho tiempo con ella”.

Como en otra ocasión comenté, el hecho de dejar el lado derecho de la lámina sin ningún trazado conlleva el sentimiento de vacío interno y de no saber lo que le va a acontecer en el futuro. Por otro lado, la pequeñez inicial de la madre era manifestación del escaso apoyo emocional que recibía de ella, que era compensado con la presencia de su abuela.

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Uno de los interrogantes que tenemos que afrontar los seres humanos es el hecho de nuestra propia finitud. Como indiqué en el artículo precedente, las preguntas acerca de la muerte, del morir, suelen aparecer alrededor de los siete años. Ante esas preguntas, y más aún cuando algún familiar ha fallecido, las respuestas suelen ser diversas, tan amplias como el tipo de creencias que se tengan o de ideas que se hayan formulado con más o menos convicción sobre lo que acontece tras el fallecimiento de una persona.

Quienes poseen creencias religiosas, suelen manifestar que una vez fallecido el alma se va al cielo o algo similar (no se les dice al infierno, claro); mientras que aquellos que no las tienen las respuestas suelen ser variadas, dependiendo de la edad y la capacidad de comprensión que tengan los más pequeños de la familia.

En este segundo dibujo de un niño de 12 años comprobamos que sus abuelos maternos y su abuelo paterno han fallecido, por lo que ha escrito sus nombres en unas nubes, como si fueran la expresión del cielo en el que se encuentran y que les habían comentado sus padres y su abuela, a la que, por cierto, es la primera que traza además de estar vestida de luto, al igual que su madre.

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La autora de este tercer dibujo es una niña de 6 años, cuyo abuelo había fallecido al poco tiempo de hacer la prueba. Ella es la tercera por la izquierda, tras sus padres y una de sus tías que la trazó entre ella misma y su madre, una vez realizadas las tres primeras figuras. El resto lo forman su hermana más pequeña, sus abuelos y sus tíos. El hecho de presentar a tantos personajes es manifestación de que la pequeña se siente arropada emocionalmente por muchos familiares.

Cuando la niña preguntó qué había pasado con su abuelo al que ya no lo veía, y dado que sus padres no tenían creencias religiosas, le comentaron que estaba de viaje por China, un país muy lejano. Es de suponer que a esta edad la respuesta dada por los mayores les resulta tranquilizadora, pero la pequeña podría hacerse preguntas del tipo ¿qué hace el abuelo solo en un país tan lejano? ¿Cuánto tiempo tardará en volver y que le veamos? ¿Qué regalos me va a traer?

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La ausencia definitiva de un miembro de la familia es muy difícil de entender por los niños, puesto que es una ruptura de un mundo que sentían sólido, coherente y sin fisuras. Y es que la imaginación infantil siempre viene a darle sentido a aquello que no comprenden, inventándose respuestas que articulen todos los enigmas que la existencia nos plantea a los seres humanos.

Es por ello que la representación del familiar fallecido permanezca durante un cierto tiempo en el dibujo de la familia. Esto lo comprobamos en el dibujo de ‘Jose’, un niño de 7 años, cuya abuela paterna había fallecido, aunque la dibuja de luto, al igual que su padre y, curiosamente, el sol animista que traza.

El pequeño había estado arropado por sus padres y abuelos, por lo que puede comprobarse que la tristeza está bastante amortiguada, puesto que todos aparecen sonrientes, mientras que él se dibuja al lado de su padre que le da seguridad.

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En esta investigación me he encontrado con casos de niños o niñas que representan a un familiar que no han llegado a conocer, pero que al escucharles a sus padres hablar del mismo, acaban interiorizándolo como si ellos mismos lo hubieran conocido e, incluso, como si estuviera vivo.

Es lo que sucede con este quinto dibujo que presento. Se trata de la familia que ha representado un niño de 7 años y que era zurdo, como puede comprobarse por el orden de numeración de derecha a izquierda, dirección contraria a la de la escritura de los diestros.

Comenzó dibujando a su padre en primer lugar; después a su madre; en tercer lugar a su hermano mayor y en cuarto lugar a una hermana que había fallecido antes de que él naciera; a sí mismo se representa en quinto lugar; cerrando el conjunto con su hermana pequeña.

No quise hacerle ninguna pregunta al autor de este trabajo, pues para mí estaba claro que era tan común en la familia el que una de las hijas había fallecido, que daba lugar a que el niño la representara cogida de las manos con él y su hermano mayor.

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El fallecimiento de un padre o de una madre es una de las experiencias más difíciles de resolver emocionalmente en la infancia, tal como hemos visto en el primero de los dibujos que he comentado. Quisiera cerrar este recorrido con un par de trabajos, de dos niños de edades parecidas, para que veamos las distintas respuestas gráficas que han dado a esta triste situación.

Este trabajo corresponde a un chico de 10 años cuyo padre había fallecido, pero como vemos seguía dibujándolo cuando se le planteó el dibujo de la familia. Hubo un momento en que dudó si hacerlo, puesto que lo borró y comenzó de nuevo. Él se dibuja pequeño y al lado de su padre, como necesitando ese apoyo que echa de menos con la ausencia real de su progenitor.

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Finalmente presento el dibujo de un chico de 11 años cuya madre había fallecido y que, como podemos ver, ya no la representa, a pesar de que habitualmente son las madres las que se relacionan con los hijos de manera que manejan mejor los sentimientos que los padres.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que, en estos casos, las soluciones de evocar el cielo, un viaje o algo similar se vuelve difícil de explicar a chicos que se acercan a la preadolescencia. Es lo que sucede al autor de este trabajo, cuya madre fallecida no aparece en la lámina.

La respuesta clara y contundente es que su madre había fallecido, por lo que se había quedado solo con la compañía de su padre y de su hermano. Es un dibujo muy simple, sin elementos que pudieran dar un cierto aire de vitalidad a una escena en la que solamente aparecen los tres miembros. No obstante, él se representa grande como si expresara seguridad en sí mismo.

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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