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18 de septiembre de 2011

  • 18.9.11
Uno de los temas que aparece con relativa frecuencia en los trabajos de investigación que llevo acerca del conocimiento de cómo niños y niñas entienden la familia a través del dibujo es el de la separación de los padres. Y, lógicamente, a aquellos escolares que han pasado por el trance de vivir el proceso de ruptura familiar al serles planteado en el aula la realización de un dibujo en el que deben plasmar gráficamente a la familia no les queda más remedio que preguntarse internamente: ¿Y yo cómo lo hago?

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Lo cierto es que sobre este tema, vivido como un conflicto doloroso por sus protagonistas, y también por los hijos, tengo muchas y muy diversas respuestas expresadas de manera visual por estos últimos, pues cada niño o niña, dependiendo de la edad y de su situación particular, construyen escenas en las que tienen que dibujar a todos los miembros de una familia que se ha roto; familia en la que los progenitores se enfrentan al reto de comenzar una nueva andadura muy distinta a la ya acabada, cuya modalidad se orientará según las decisiones tomadas por el padre y la madre.

En nuestra sociedad es ya un hecho bastante frecuente el que una pareja que inicia un proyecto de vida compartido, la mayoría cargada de ilusiones, lo vea truncado y no encuentre otra solución que separarse. Ya se ha admitido socialmente el derecho a la ruptura del vínculo matrimonial, de manera que en la actualidad los trámites de la separación y del divorcio no se conviertan en un doloroso camino que agrave la de por sí dura decisión de terminar la relación con la persona con la que se había unido en matrimonio.

De todos modos, y a pesar de que la cifra de separaciones y divorcios sea alta, todavía quedan reivindicaciones que solucionar, como puede ser el de la custodia compartida de los hijos, que algunos grupos de padres reclaman como derecho también paterno.

Hay muchos estudios y trabajos dedicados tanto a la resolución legal como a la asistencia y ayuda hacia los padres ante la situación, anímica, laboral, económica, etc., originada tras la separación. Pero uno se pregunta: ¿Y cómo les afecta a los hijos la ruptura de los padres? ¿Se encontrarán con unos conflictos emocionales que acabarán en traumas? ¿Son capaces de restañar las heridas que les provoca una situación que ellos no han buscado y de caminar por la vida otra vez cargados de ilusiones?

A lo largo de los años he recogido dibujos de niños y adolescentes que han pasado por esta situación, por lo que, en cierta medida, dispongo de un material de gran valor para comprender los sentimientos y emociones en los que se ven envueltos y que les sobrepasan en bastantes ocasiones.

Y la manera más clara de manifestarlos es a través de sus dibujos, ya que difícilmente lo hacen de manera verbal, pues son muy reacios a contar lo que les pasa y, más aún, a tratar de los sentimientos que les abruman.

Dada la importancia de este tema, para su estudio y análisis no me he basado solamente en los autores que han estudiado la familia o la figura humana a través del dibujo (mayoritariamente extranjeros, puesto que en nuestro país no hay publicaciones relevantes), sino que he acudido a la lectura de las obras clásicas y recientes de psicólogos o psicoanalistas que han investigado y han publicado acerca de esta temática.

Y si tengo que destacar a alguien en especial no me cabe la menor duda de citar a la psicoanalista francesa Françoise Dolto que fue una verdadera autoridad en el estudio de los conflictos emocionales infantiles. De ella he sacado el título de este artículo, que como primera parte inicio en esta ocasión.

De este modo, Cuando los padres se separan es un libro de gran valor que recomiendo encarecidamente que quieran conocer una obra que, habiéndose publicado en 1989, ha vuelto a editarse de nuevo en este año, puesto que todo lo que la autora dice tiene una clara validez en nuestros días.

Y que nadie se lleve a engaño: el hecho de que la autora citada sea mujer no le impide mostrarse claramente imparcial en sus juicios; es más, yo diría que desmonta bastante tópicos que han funcionado de manera favorable para la mujer y que se han utilizado, en ocasiones, de modo injusto hacia el otro sexo en este tema de separación y divorcio.

Para que en estos artículos veamos cómo aborda la autora francesa este tema, traeré algunos párrafos del libro que me parecen significativos antes de presentar algunos dibujos que iré mostrando. Así, ante la pregunta de cómo vive el niño las disociaciones provocadas por le divorcio, responde:

“Lo que es continuo en el propio niño es su cuerpo y su afectividad. Su cuerpo se construyó en cierto espacio, con sus padres que estaban allí. Cuando los padres se marchan y, si el espacio ya no es el mismo, el niño deja incluso de reencontrarse en su cuerpo, es decir, en sus referentes espaciales y temporales, ya que unos dependen de los otros. Por el contrario, si cuando la pareja se desune, el niño tiene la posibilidad de permanecer en el espacio en que sus padres han estado unidos, hay continuidad y el trance del divorcio se cumple mucho mejor para él”.

Más adelante añade: “De no ser así, como su cuerpo se identifica con la casa que habita, si el hogar se destruye debido a la ausencia de un progenitor o la ruptura de la pareja, o si él mismo debe abandonarlo, el niño va a conocer dos niveles de desestructuración: el nivel espacial, que repercute en su cuerpo, y el nivel de afectividad, con disociación de los sentimientos”.

Esto que apunta Françoise Dolto viene referido a niños y niñas de edades pequeñas, es decir hasta la edad aproximada de ocho años. De todos modos, como veremos en el siguiente artículo, defiende la continuidad escolar hasta la terminación de la etapa de Primaria.

En mis trabajos de investigación con el dibujo, tal como he indicado, he llegado hasta los inicios de la adolescencia. Es por lo que en esta ocasión voy a presentar los dos dibujos realizados por María: el primero, realizado cuando tenía trece años y el segundo, un año después, cuando había cumplido los catorce.

La razón de hacer la investigación en dos años seguidos se debe a que es bueno conocer la evolución y los cambios emocionales que se han dado en la chica; criterio que he seguido en bastante de los trabajos.

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Este primer dibujo que vemos lo realizó cuando tenía 13 años. Cuando le ejecutó, no hacía mucho que sus padres se habían separado. Tal como me informó posteriormente en la charla que mantuvimos, ella y su hermana mayor se quedaron con su madre en el domicilio habitual.

Cuando recogí el trabajo, lo primero que me llamó la atención era la cantidad de personajes que dibujaba dentro de la lámina: ella misma, su madre, su hermana, sus abuelos, tíos, primos, amigos… pero, curiosamente, no aparecía la figura de su padre entre tanta gente.

La interpretación que realicé de este trabajo es que María, por un lado, excluía de su mundo, emocional y simbólico, a su padre, al no dibujarlo entre tantas figuras. Por otro, que había acudido a un amplio número de ellas para sentirse arropada, para hacerse creer que tenía mucha gente a su alrededor acompañándola. Más tarde, comprobaría que en realidad no era así.

Al año siguiente, otra vez acudí al centro para hacerle la propuesta a la clase de que dibujaran la familia. A los alumnos les indiqué que me gustaría saber cómo habían evolucionado en esta temática. Lo cierto es que yo tenía interés especial en saber cómo María lo hacía al cabo de un año, cómo había evolucionado y si seguía acudiendo a la representación de muchas figuras para no sentirse sola.

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Pues bien, el cambio fue drástico. En el nuevo dibujo, se dibujaba en primer lugar, en la izquierda de la lámina, con una flecha destacada apuntando hacia ella y con las manos pegadas al cuerpo, como señal de aislamiento; posteriormente, a su madre, de tamaño un tanto más pequeño, y con un signo de interrogación sobre la misma; en el lado derecho y algo separados de las figuras anteriores se encontraba su hermana mayor cogida de la mano de su novio. Otra vez no aparecía de ninguna forma la figura del padre: estaba definitivamente fuera de la idea de familia de la autora del dibujo.

No fue casi necesario acudir al dibujo para saber lo que le pasaba, puesto que la propia María se encargó de escribirlo por detrás de la lámina. En un largo escrito reprochaba a su madre de que no la entendía (de ahí el signo de interrogación) y a su hermana de que solamente se preocupaba de su novio.

Ninguna palabra dirigida hacia el padre, puesto que ya, como he indicado, lamentablemente no formaba parte de su mundo emocional: lo había eliminado por completo. ¿Nos encontrábamos ante un caso de alienación parental? Lo cierto es que este dibujo era un claro reflejo de la soledad en la que se sentía envuelta su autora.

Posdata: A lo largo de estos artículos seleccionaré algunos dibujos de chicos o chicas que serán comentados, pero hay que entender que no son prototipos o modelos de cómo los niños y adolescentes se encontrarán tras la separación de los padres. Hay una variedad de casos muy amplia: en algunos se resuelve bastante bien el conflicto y en otros acaba siendo un verdadero trauma. Y todo ello, en gran medida y dependiendo de cómo los padres afronten este importante conflicto.
AURELIANO SÁINZ


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