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9 de septiembre de 2012

  • 9.9.12
En nuestra sociedad de la información, tan dada a construir espectáculos mediáticos de los conflictos y las desgracias humanas, curiosamente se ocultan, o mejor no se hacen visibles, tragedias como son los suicidios. Esto da lugar a que se tenga la idea de que son hechos escasamente frecuentes, que son aislados.

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Sin embargo, en los países desarrollados, como en el de España, los suicidios representan la primera causa de muerte no natural, cifra que está por encima de la de los accidentes de tráfico. De estos últimos se nos da noticia de manera regular, con la intención de que esa información sirva de ejemplo y los ciudadanos reflexionen sobre las consecuencias dramáticas de los mismos.

En el artículo anterior, manifesté que una de las causas que inducen a que algunas personas acaben con sus vidas proviene de las crisis sociales y, de modo concreto, de motivos relacionados con el trabajo. Así, sabemos que desde que se produjo la crisis económica en la Unión Europea, en Grecia y Portugal ha aumentado en el 40 por ciento la tasa de suicidios.

Por otro lado, un caso un tanto excepcional, ya que fue dado con cierta relevancia por los medios de comunicación, fue el acontecido en France Télécom, ya que en año y medio, entre 2008 y 2009, se suicidaron 35 empleados de esa empresa. Posteriormente, continuaron los suicidios aunque bajó la cifra de ellos.

Didier Lombart, ex director ejecutivo de la citada compañía, fue denunciado como culpable y, en la actualidad, está siendo juzgado por acoso laboral y hostigamiento psicológico, pues se entiende que los métodos que utilizaba con los empleados –cambios de puesto y destino, aislamientos, despidos, informes de trabajo negativos, control y fuertes presiones, etc.- eran las causas de que los empleados vivieran bajo un clima de tensión permanente y algunos no fueran capaces de soportar ese modo de vida laboral.

¿Y qué sucede en nuestro país? No hay estudios sociológicos que expliquen la relación que hay entre el paro y el acoso laboral que sufre una parte significativa de la población y los problemas psicológicos que generan y que en ocasiones conducen, tristemente, a desenlaces fatales como el que aquí estudiamos. La información que tenemos es la que proporciona el Instituto Nacional de Estadística (INE) basada en datos cuantitativos pero no en cualitativos, en el sentido de indagar en las causas que conducen a esos desenlaces.

Por mi parte, en las investigaciones que llevo a cabo con los escolares, tal como he manifestado en otra ocasión, me he acercado a estos hechos trágicos a través de los trabajos del dibujo de la familia en distintos centros escolares, puesto que la realidad humana es muy amplia y, cuando se profundiza en ella, asoma toda la problemática que cotidianamente queda oculta por la rutina diaria.

Por otro lado, y puesto que los chicos dibujan espontáneamente su visión de la propia familia, podemos conocer a través de sus dibujos lo que les acontece emocionalmente, incluso los hechos más dramáticos. Por eso hay que ser respetuosos, y el diálogo que podemos mantener, una vez terminado el dibujo sobre lo que han representado, debe llegar hasta el nivel que ellos mismos nos quieran aportar. A lo anterior habría que añadir que estas investigaciones están encaminadas a ayudarles, no meramente a saber qué acontece en el núcleo familiar en el que viven.

Para que los lectores de Negro sobre blanco tengan información de cómo se manifiesta este hecho trágico en los escolares que lo han vivido en primera persona, traigo en esta ocasión tres dibujos de chicos de edades muy distintas para que veamos cómo han representado su familia tras conocer el suicidio de uno de sus miembros. Comenzaré por el de edad más pequeña, 5 años, hasta llegar al mayor con 13 años.

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El primer dibujo corresponde a A., un niño de 5 años. Por su edad, se deduce que se encontraba en tercero de Educación Infantil en el momento de realizar el trabajo. A través de la información proporcionada por la profesora de la clase, sabemos que A. conoció un hecho terrible: su abuelo se había suicidado recientemente colgándose de un árbol.

Como era de esperar, este hecho dramático afectó al pequeño, de modo que lo expresó a través de la escena que construyó cuando en la clase se les pidió que dibujaran a la familia. Si observamos el dibujo, comprobamos que no coloreó la lámina, como manifestación de la tristeza que embargaba al pequeño autor, ya que los colores en los dibujos son símbolo y expresión de alegría.

Por otro lado, el centro de la escena está ocupado por la fachada de una casa, en la que ha escrito “Tú si que vales”, frase que se le ha repetido en ocasiones para animarle. A la izquierda de la casa se encuentra, según nuestra mirada, una figura que representa al propio autor.

Llama la atención que encima de la figura que lo representa haya trazado un corazón roto. Esto es manifestación de que el corazón del propio niño está roto de dolor, a pesar de que la figura la trace sonriente.

A la derecha de la casa muestra una figura muy esquemática, realizada con “palotes”, con una línea irregular que viene del árbol, como expresión de la soga que utilizó su abuelo para colgarse. En el otro lado, y alejados de la figura del autor, están sus padres, trazados en el otro extremo como expresión del distanciamiento que siente con ellos.

Finalmente, sobre este trabajo habría que apuntar que la escena está dibujada en un día de tormenta, puesto que de las nubes caen líneas, como símbolo de la lluvia, y rayos, como expresión del miedo que le provoca recordar a su abuelo.

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El segundo dibujo que he seleccionado corresponde a J., un chico de 9 años. Lo primero que comprobamos es el trazado irregular y fragmentado con el que ha construido la escena, como expresión de la inseguridad y la angustia interna del autor.

Esto se entiende porque su padre se suicidó y tanto él como su hermano quedaron a cargo de sus abuelos, ya que su madre, por necesidades de alimentación, tiene que trabajar gran parte del día y no puede atenderles.

Si observamos detenidamente, J. ha comenzado a dibujarse a sí mismo junto a su hermano más pequeño, con el que comparte juegos (representa entre ambos un monopatín) y también la tristeza de la pérdida de su padre de un modo trágico.

En el lado derecho de la lámina se encuentra, en tercer lugar, su madre y, finalmente, su padre. Llama la atención que no haya representado a sus abuelos que, a fin de cuentas, son los encargados de cuidarles y darles algo de afecto en medio de esta situación.

El cielo es verdaderamente inquietante, pero lo más significativo son esas cuatro tiendas de campaña que ha trazado y que, a mi modo de ver, se asemejan a tumbas en las que serán enterrados cada uno de los miembros, tal como J. me comentó. En realidad, la muerte preside actualmente su vida, ya que el suicidio de su padre está y estará presente a lo largo de su vida.

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Por último, presento el dibujo de J. M., un chico con 13 años de edad en el momento de realizar la escena. Por la información proporcionada por su profesor, su padre se suicidó recientemente, y su madre, tras sufrir una profunda depresión, lo dejó al cuidado de sus abuelos maternos, ya que ella era incapaz de asumir el cuidado de su hijo.

En esta escena hay elementos significativos que nos aportan información relevante sobre el estado emocional de su autor. Uno de ellos es que no dibuja ni a su padre ni a su madre: al primero porque ya no vive y a la madre porque no la tiene integrada emocionalmente, ya que solo ha trazado las figuras de los abuelos.

Pero lo más significativo de todo es que ha dejado en blanco la mitad derecha de la lámina. Esto tiene un verdadero significado simbólico: la parte derecha, tal como he expresado en el artículo Diestros y zurdos, representa el futuro, lo que está por venir.

El que J. M. lo haya dejado en blanco es signo de que el futuro se le presenta vacío, sin sentido y sin saber qué pasará con su vida. Es la consecuencia de los sucesos dramáticos que ha tenido que vivir y que marcarán el signo de su existencia.

Para cerrar, y como breve reflexión, quisiera indicar que a algunos niños la vida se les convierte en una especie de calvario sin que hayan hecho nada para cargar con esa “condena” que han recibido. Quedan el apoyo y la comprensión que puedan recibir por parte de sus educadores. Es el sentido último de estas investigaciones que llevo a cabo.

AURELIANO SÁINZ


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