San Juan de Ávila será 'Doctor de la Iglesia' en octubre

Ya hay fecha. El próximo 7 de octubre, Benedicto XVI proclamará 'Doctor de la Iglesia Universal' a San Juan de Ávila, al inicio de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se celebrará en Roma, tal y como lo ha anunciado el Sumo Pontífice durante el rezo del Regina Coeli.

La montillana Ángeles Pedraza seguirá al frente de la AVT

La montillana Ángeles Pedraza ha sido reelegida presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), un colectivo fundado en el año 1981 y que, según sus Estatutos, pretende "socorrer a todas las víctimas del terrorismo del abandono y marginación del Estado".

Montilla acogerá un 'Enduro Indoor' el 30 de junio

Pese a los cambios de última hora que la Federación Andaluza de Motociclismo ha introducido en el calendario de las diferentes disciplinas deportivas para lo que resta de temporada, el Moto Club Montilla ha decidido mantener su Campeonato de Enduro Indoor para el próximo 30 de junio.

Descienden las visitas al Museo Garnelo a finales de 2011

Las visitas al Museo Garnelo cayeron en un 35 por ciento durante el segundo semestre del año 2011. Así se desprende de un estudio elaborado por la Oficina Municipal de Turismo en el que se detalla que el 60 por ciento de las visitas se concentraron entre los meses de enero y junio.

Polonio se queja por la impugnación de las oposiciones

La senadora por la Comunidad Autónoma de Andalucía, Rosa Lucía Polonio, reclamó al Gobierno, durante una comparecencia ante el Pleno de la Cámara Alta, una "rectificación" de la decisión hecha pública el pasado mes de abril de impugnar las oposiciones convocadas por la Junta.

Las hermandades se oponen al traslado de la Feria de Día

Las hermandades y colectivos que desde hace dieciséis años vienen promoviendo la 'Feria de Día' en el centro de la localidad mostraron su "rechazo frontal" a la propuesta del equipo de gobierno del PP de trasladar esta celebración al Recinto Ferial, en el entorno del Polideportivo.

Prohíben "redadas indiscriminadas" de inmigrantes

La Dirección General de la Policía ha publicado una circular que prohíbe expresamente a los agentes "establecer cupos de identificación de extranjeros", así como desarrollar "actuaciones masivas o indiscriminadas basadas en criterios étnicos", una práctica denunciada por la AUGC.

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27 de mayo de 2012

Nuevos tiempos. Nuevas adicciones

Era ya tradicional en los medios periodísticos que, cada cierto tiempo, se les diera una denominación a los jóvenes con el calificativo de “generación tal o cual”. Esto era muy socorrido pues se lograba hablar de un colectivo muy amplio sin que se conocieran verdaderamente sus problemas, sus inquietudes, sus aspiraciones, sus modos de entender la vida.

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En realidad, no se trataba de verdaderas generaciones, pues desde el punto de vista de la Sociología se habla de generación cada 25 años, es decir, cuando se produce el nacimiento de nuevos seres humanos a partir de la llegada de una generación a la edad con capacidad de crear una familia y tener hijos (aunque esto hoy habría que revisarlo).

Sobre este tema, los que estamos trabajando en el nivel superior de la enseñanza nos encontramos en una excelente plataforma para saber qué les sucede a los jóvenes, cuáles son sus aficiones, cuáles son sus cualidades o puntos fuertes y también sus débiles; todo ello, claro está, desde la perspectiva de la generación precedente.

Y si se ha permanecido en esa plataforma durante muchos años, como es mi caso, vas viendo pasar una promoción tras otra, por lo que se tiene la suerte de sentirse impregnado de la proximidad de todo lo bueno que trae la última de ellas.

Desde mi punto de vista, esta es una de las mejores cosas que a uno le puede ocurrir en este trabajo: siempre estás en contacto directo con la gente joven y cerca de todo lo nuevo que traen.

A la última (o penúltima), que yo sepa, se le aplicó el término de “mileurista”, como expresión de que eran mil euros lo que ganaban los que trabajaban, aunque, ciertamente, no eran todos, pues ya sabemos bastante de la tasa escandalosa de paro que soportan los jóvenes de este país.

Pero hoy muchos se darían con un canto en los dientes si tuvieran trabajo, aunque fuera por mil euros. La crisis económica que ha generado el capitalismo financiero, y que para simplificar y como eufemismo se habla de “los mercados”, está llevando a gran parte de ellos a un callejón sin salida, o lo que es lo mismo, a la mayor de las incertidumbres de cara a su futuro.

Es curioso, pero en algún diario he visto escrito “nimileuristas”, atribuyéndole esta palabreja a los que hoy rondan o han superado la veintena, puesto que ya ni siquiera tendrán esos mil euros. La Reforma Laboral, esa que tan contenta ha dejado a la banca y a la gran patronal, y cuyos portavoces y corifeos no han perdido ni un segundo para alabarla y felicitar a sus promotores, ha colocado a toda una generación al borde del abismo.

Si no fuera así, no se entendería que en los últimos años hayan salido de nuestro país nada menos que trescientos mil jóvenes para abrirse un futuro que aquí se les niega. Y no es una emigración llevada a cabo por los que menos preparación profesional tienen, sino todo lo contrario: son jóvenes “suficientemente preparados” (tal como se les denominaba hace algunos años a partir de una campaña publicitaria) los que han traspasado las fronteras para labrarse un futuro digno.

Desde mi situación procuro estar al lado de ellos, defendiendo sus reivindicaciones e intentando hacer lo mejor posible mi trabajo para que adquieran buena formación y abriendo, de vez en cuando, debates sobre sus ideas, sus inquietudes, sus aficiones… Y dado que escribo en distintos medios de comunicación, en ocasiones, me apoyo en debates o encuestas que les he pasado para confeccionar algunos artículos acerca de su mundo.

De este modo, no hace muchos años, escribí para una revista mensual una serie de artículos acerca de la visión que los jóvenes tenían del mundo de los mayores, incluyendo el de sus padres. También, el año pasado, como los lectores de Negro sobre blanco pueden recordar, lo hice sobre la relación que tienen con las redes sociales, tras unas controvertidas declaraciones de monseñor Rouco Varela.

Recientemente, lo he hecho en este mismo medio digital sobre los aprendizajes que adquieren a partir de las informaciones que reciben de los medios de comunicación y los que les ofrecemos el profesorado en los centros por los que pasan.

Cierto que no fue el resultado de unas encuestas rigurosas, sino unas conclusiones personales a partir de unos debates que promoví en el aula, y que, por lógica, poseen un carácter mas bien relativo, con tintes de aproximación hacia una realidad que habría que indagarla con mayor rigurosidad.

Pero también estas aproximaciones, digamos “impresionistas” (de impresiones directas, no de esa corriente pictórica tan renombrada), tienen el valor de la espontaneidad y la sinceridad.

Creo que no descubro nada si ahora digo que la gente joven tiene una verdadera afición a lo más reciente que haya salido de los móviles y los portátiles –en cualquiera de sus variantes–, esas pequeñas máquinas que forman parte indispensable de sus vidas y que algunos casi no podrían vivir sin ellas.

Y lo que últimamente percibo es la fuerte incidencia que ejercen en sus comportamientos, ya que en algunos casos raya en una verdadera adicción a las redes sociales y a la comunicación digital.

Esta adicción se ha hecho tan fuerte que mientras estoy explicando el clase observo que hay algunos alumnos o alumnas que, debajo de la mesa, están con sus dos manos utilizando el móvil, supongo que para saber si alguien les ha mandado un mensaje.

Y en este curso lo he visto con tal intensidad que el próximo, nada más empezar, les diré que guarden los móviles y que los utilicen, si lo desean, cuando las clases acaben, pues resulta muy molesto que mientras explicas, bastantes de ellos estén, como digo, por debajo de la mesa consultando el WhatsApp o cualquier perfil de Facebook.

Pero lo que ya me dejó verdaderamente alucinado fue que durante los exámenes parciales que he realizado en algunas asignaturas había casos que mientras escribían consultaban al mismo tiempo la pantalla del móvil.

No salía de mi asombro y me preguntaba: “¿Cómo es posible que estén realizando un ejercicio que necesita bastante concentración y que al mismo tiempo estén mirando cada dos por tres la pantalla del móvil?”.

Para mí, no me cabe la menor duda de que esta afición al móvil, como medio de conectarse a una realidad virtual, se está convirtiendo en una verdadera adicción, con todos los inconvenientes que presenta cualquier forma adictiva.

Y no es solamente la opinión de alguien que pertenece a una generación que ha visto llegar de manera tardía el mundo virtual, sino que ellos mismos me lo reconocieron en la clase cuando abrí un debate sobre la relación que mantienen con las nuevas tecnologías.

No es de extrañar, pues, el gran “pelotazo” que ha dado Mark Zuckerberg, cuya fortuna a sus 28 años alcanza la mareante cifra de 21.000 millones de dólares, entrando en el club de los supermillonarios y cuyo invento ahora se cotiza en Bolsa. Este, claro, se ha hecho adicto a un producto más del gusto de los mercados: el dinero.

AURELIANO SÁINZ

20 de mayo de 2012

El niño y la muerte

Uno de los temas que ha sido poco investigado en nuestro país es el impacto emocional que el niño puede tener con la vivencia de un acontecimiento tan trágico como es la muerte de un familiar. Desde mi punto de vista, las razones se deben a que, por un lado, resulta muy difícil hacer valoraciones generales de un hecho que impacta de maneras muy distintas, como veremos en este artículo, y, por otro, en el deseo de mantener alejada la idea del fallecimiento en el menor, cosa también muy complicada, pues aún en los casos más duros acaba conociendo, de un modo u otro, lo que ha acontecido, aunque haya lagunas en la interpretación de lo sucedido.

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Las aportaciones realizadas por el psicólogo suizo Jean Piaget han sido de tipo general y basadas en averiguar no tanto los efectos emocionales que se dan en los pequeños como entender los conceptos que se forman ante la idea de la muerte, aunque no la hayan experimentado a través de algún familiar cercano.

Piaget sostiene que la aparición de la idea de la muerte en el ser humano como hecho irreversible se produce alrededor de los siete años, cuando niños y niñas comienzan a ser conscientes de que quien fallece no vuelve a la vida.

Antes de esa edad está afianzada la idea de permanencia en la vida, pues todos creemos íntimamente que el universo se ha formado con nosotros. Es más, a los adultos nos resulta muy difícil entender los sucesos que acontecieron antes de que nosotros naciéramos.

Así, leer o escuchar sobre hechos acaecidos unos años antes de la fecha de nuestro nacimiento, si nos paramos a pensar, nos resulta insólito, puesto que no acabamos de asumir que la vida existiera antes de que nosotros apareciéramos en el mundo.

Sobre estos sentimientos profundos imaginamos que no es posible que la vida continúe cuando hayamos fallecido. Buscamos diversas interpretaciones, especialmente a través de las distintas formulaciones religiosas, para darnos una explicación de continuidad de nuestra persona, pues nos resulta emocionalmente muy difícil asimilar que todo lo viviente siga su ritmo sin que nosotros ya no estemos.

El niño, por su parte, adecua todo lo que existe a partir de su visión egocéntrica, de manera que la realidad y la fantasía se entremezclan de tal manera que la segunda acude en auxilio de aquello que no alcanza todavía a entender.

Lógicamente, la idea de la muerte no forma parte de su mundo, hasta que, hacia la edad indicada, comienza a asomar el que no solo los animales se mueren, sino también las personas. Hay que comprender que para ellos los finales son provisionales, como en los cuentos o en las películas de dibujos animados, en los que los protagonistas reaparecen cada vez que escucha de nuevo el relato o contempla cada capítulo que se emite por la televisión, sin importar que anteriormente hubieran desaparecido en uno de ellos.

De todos modos, no es lo mismo la aparición de la idea de la muerte que experimentarla a través de la pérdida de un miembro de la familia. La diferencia es muy grande, aunque el sentimiento de profunda tristeza que acompaña a este hecho va a depender de la proximidad que represente el miembro fallecido: no es lo mismo, por ejemplo, la pérdida de un padre o de la madre que la de un tío o de una tía.

El modo en el que se produce el fallecimiento y la respuesta dada por la familia ante el hecho luctuoso van a ser de gran importancia para que el niño lo viva como un hecho más o menos dramático. Es habitual que se busque marcar ciertas distancias a los más pequeños para evitarles, en la medida de lo posible, la vivencia de un hecho triste e irreversible.

Según palabras de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, autora de numerosos libros acerca de la relación de los niños con la muerte, “en general, afecta más a los adolescentes que a los niños pequeños, aunque depende en gran manera de la actitud de de los padres, de que hablen abierta y francamente a sus hijos de las tormentas de la vida”.

Para quienes pudieran estar, por alguna razón, interesados en profundizar en este tema, yo le aconsejaría la lectura de Los niños y la muerte, ya que esta excelente obra de Kübler-Ross ha sido traducida al español.

Sobre esta doctora en Medicina y Psiquiatría, indicaría que participó como voluntaria, junto con los equipos americanos, en la recuperación del campo de concentración de Meidaneck de Polonia, tras la libración de las fuerzas nazis. Este hecho fue decisivo en su vida y definió su posterior interés por el comportamiento de las personas conocedoras de la inminencia de su propia muerte.

Al trasladarse a Estados Unidos, trabajó durante más de veinticinco años en secciones de enfermos terminales de diferentes hospitales. Con el paso del tiempo, se crearon redes de ayuda en distintos países siguiendo sus experiencias, por lo que recibió el reconocimiento de doctor honoris causa en veinte universidades de varios países.

Si he citado a esta autora es para dar a conocer que, fuera de nuestro país, hay sólidos estudios que se han llevado a cabo sobre el tema que estamos tratando. En mi caso, como he manifestado en anteriores ocasiones, el conocimiento de las emociones y sentimientos de niños y adolescentes lo obtengo a través de la propuesta del dibujo de la familia en el ámbito escolar, y el posterior diálogo mantenido con los autores de los dibujos de lo que han querido representar.

Y dado que las respuestas emocionales de los autores ante el fallecimiento de un familiar son muy diversas, lo abordaré en diferentes artículos. En este quisiera presentar los casos en los que los niños acaban aceptando la pérdida y, con el paso del tiempo, el dolor queda amortiguado de forma que crecen sin que esa ausencia les impida disfrutar de nuevo de lo mejor de la vida.

De este modo, he seleccionado dos dibujos de dos chicas en los que se manifiesta que ambas han asimilado la pérdida de sus padres, puesto que, ayudadas por sus madres y sus familias, han logrado convivir con la idea de la ausencia paterna, pero de una forma un tanto curiosa: para ellas, sus padres siguen viviendo en sus corazones, como si ellos estuvieran presentes.

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En el primero de los dibujos, su autora, una niña de nueve años, al pedirle a toda la clase que dibujaran a la familia, dibujó una escena de un día soleado, con todos los miembros en la playa y disfrutando de un espléndido sol animista. Lo más curioso es que representa a su padre que había fallecido hacía dos años, pero es que la niña, tal como me apuntó su profesor, siempre lo dibujaba a su lado, aun siendo consciente de que físicamente ya no podía contar con él.

El dibujo, como puede comprobarse, es muy alegre y vitalista, lo que nos dice que en ella el dolor por la muerte de su padre ha amainado, dando paso a la idea de que, de algún modo, lo tiene siempre presente.

Se pudiera estar tentado a pensar que lo anterior lo hace una niña que es pequeña; sin embargo, la idea de la presencia del ser fallecido al que se le quería puede permanecer de una forma muy viva en edades superiores. Es lo que acontece en este segundo dibujo, correspondiente de una chica de 13 años.

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Ahora nos encontramos con una adolescente, por lo que la autora está en una edad en la que se hace más consciente de la realidad que la rodea. Hay que indicar que, en este caso, perdió a su padre cuando tenía ocho años. Es decir, habían transcurrido cinco desde el fallecimiento paterno y la realización del dibujo.

Como puede verse, ella se ha trazado en el centro del grupo junto a su padre, al que ha puesto un corazón por encima, como signo del cariño que siente hacia él. Pero lo más llamativo es que, una ver terminado el dibujo, puso las edades con rotulador azul que tienen los miembros, de modo que a su padre se la ha puesto como si para él también transcurriera el tiempo y hubiera ido cumpliendo años hasta llegar a los cincuenta que tendría cuando realizó el dibujo.

Podría decir que estas dos escenas que he mostrado son la cara más amable de la pérdida de un familiar tan cercano como es un padre. Sin embargo, no todos los niños asimilan esta pérdida de este modo; en muchas ocasiones el fallecimiento de un ser cercano les suelen marcar profundamente, pues las circunstancias o los apoyos necesarios no se han recibido, ya que la muerte marca una huella profunda.

AURELIANO SÁINZ

13 de mayo de 2012

Niños en el infierno

Recientemente participé en un programa matinal de la Televisión Autonómica de Extremadura dentro de un magacín en el que se abordaban diferentes temáticas, como es habitual en este tipo de formato. En mi caso, estaba invitado para debatir los significados de las emociones y sentimientos de niños y adolescentes a partir del dibujo de la familia.

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Salí bastante satisfecho del programa por varias razones. Una de ella viene referida al tiempo de debate en el que fui entrevistado, ya que duró aproximadamente media hora. En este tiempo hicimos un repaso de lo que nos dicen los escolares a través de sus dibujos, especialmente, cuando tienen que representar a la familia, es decir, al núcleo básico en el que reciben afectos y aprenden las normas y los comportamientos sociales.

Además, porque los dos presentadores que me entrevistaban se habían preparado bien los puntos a tratar, puesto que con anterioridad les había enviado mi última publicación, por lo que las preguntas eran bastante pertinentes, ya que se salían de aquellas convencionales que formulan algunos periodistas cuando no tienen muy clara la temática que se aborda.

Bien es cierto que lo que más les llamaba la atención, quizás con ese deseo de ofrecer cierta espectacularidad, eran aquellos dibujos de chicos o chicas en los que expresaban situaciones muy conflictivas.

Por mi parte, intenté dejar claro que las investigaciones que desde hace bastantes años llevo son de tipo naturalista, es decir, que se realizan en los centros de enseñanza, uno de los contextos naturales de la vida cotidiana de chicos y chicas, por lo que estudio y analizo tanto los sentimientos positivos como los negativos, tal como he venido manifestando en aquellos artículos que sobre este tema han ido apareciendo en Montilla Digital.

Esta forma de investigar se diferencia del enfoque clínico, que es el que suelen llevar psicólogos y psiquiatras en sus consultas a las que acuden los padres para que traten los problemas que pudieran tener sus hijos. En estos casos, los chicos son conscientes de que si le piden que realicen un dibujo de la familia es “para algo”; sospechan que a través de la imagen que realicen querrán averiguar qué les está pasando.

Quiero hacer esta precisión porque, en más de una ocasión, he tenido que aclarar que los dibujos infantiles nos muestran que de forma mayoritaria los niños y niñas son dichosos. Suelo decir que, aproximadamente, el noventa por ciento de los dibujos que analizo sus autores expresan que viven felices en el seno de la familia. Pero que entiendo que hay, grosso modo, un diez por ciento que presentan verdaderos conflictos o problemas emocionales.

Y cuando digo que la mayoría son felices tenemos que entender que estos también atraviesan problemas, porque los conflictos forman parte del desarrollo de todo ser humano, aunque logran irlos superando y aprendiendo en medio de las dificultades.

No obstante, como indico, hay un porcentaje relativamente pequeño de niños “que viven en el infierno”. Esta fue la expresión que espontáneamente me salió cuando la presentadora de la televisión extremeña me preguntó por un dibujo que aparecía en El Arte Infantil y que le había llamado poderosamente la atención.

Tengo que aclarar que en el propio libro yo daba una explicación general de esa escena gráfica sin entrar en detalles. Se trata de un dibujo de un niño de 5 años que había dibujado a su madre completamente desnuda y fuera de la casa, al tiempo que en el interior de la vivienda se encontraba él mismo, con su padre y su hermano pequeño.

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Ciertamente, llama la atención este dibujo por su singularidad, ya que es el único caso que tengo en el que la figura femenina aparece totalmente desnuda, destacando la parte genital. Por otro lado, y si nos fijamos, tanto a la figura que le representa a él mismo como a la de su padre les ha trazado una rayita en la entrepierna, aludiendo al pene masculino.

Si a todo esto le sumamos que la casa se encuentra coloreada con rayas muy nerviosas y de distintas tonalidades, comprobamos que era un reflejo del carácter nervioso y agresivo del pequeño autor.

Para comprender correctamente el significado de este dibujo, hay que entender que este niño sabía que su madre salía fuera de casa a ejercer la prostitución, lo que le generaba un alto estado de ansiedad, situación que era motivo de gran vergüenza ante sus compañeros de clase, temiendo que pudieran conocer cómo se vivía en su casa.

Este niño, efectivamente, emocionalmente vivía en un infierno, puesto que para él la vida, a sus cortos años, ya era un sitio de angustia y sufrimiento.

Pero es que, tal como recientemente les he explicado a mis alumnos cuando abordamos este tema, el grupo minoritario de niños y niñas que viven en ese mundo de sufrimiento quedaba perfectamente reflejado en uno de los dibujos que durante este curso me presentó una alumna.

Se trataba del trabajo de un chico de 9 años, en el que, una vez completado el trazado de los personajes que componían la familia, había escrito en la parte superior de la lámina de una forma muy clara: “Soy el niño más desgraciado del mundo”.

Cuando lo observé, entendí que era como la carta en el interior de una botella que lanza al mar el náufrago con la esperanza de que alguien la reciba y le preste la ayuda que angustiosamente está deseando.

La verdad, es que conociendo la historia familiar de ese niño uno comprendía que tenía sobradas razones para considerarse de ese modo. Por suerte, para el autor de esta misiva en forma gráfica, había dado con un gran maestro, como era el suyo, ya que tenía información de su problemática, aunque desconocía hasta qué punto le afectaba.

Y es que hay maestros y maestras que no se conforman con dar sus clases y cumplir con corrección su labor profesional, ya que la entienden no solamente como la de transmisión de los conocimientos que están obligados a dar, sino que sirve también para ayudar a formar personas, y entre ellas están esos pequeños náufragos que buscan desesperadamente alguien que les eche un cable para salir de esa situación de penosa soledad en la que viven sus problemas.

Porque son muchos y diversos los problemas familiares en los que algunos se ven envueltos: fallecimientos, agresiones, drogas, cárceles, suicidios, abandonos… Y no es que yo quiera hacer un repertorio de dramas, sino mostrar que son realidades en las que viven algunos escolares, y no necesariamente en contextos marginales, como se puede estar tentado a pensar.

En los próximos artículos entraremos en esos conflictos emocionales en los que viven algunos pequeños y que conviene conocer, pues no solo son los adultos las víctimas de una sociedad injusta o los que se ven envueltos en dramas que parecen no tener salida. Desgraciadamente, también la vida puede convertirse en un infierno para los niños y adolescentes.

AURELIANO SÁINZ

6 de mayo de 2012

Aforismos y pensamientos: el miedo

Todos conocemos lo que es el miedo. Todos hemos sentido miedo a lo largo de nuestra vida. Todos queremos alejar el miedo de nosotros, puesto que sabemos que es una fuerza que nos paraliza. Queremos vivir sin miedos y, sin embargo, esto no es posible ni deseable, puesto que pertenece al sistema defensivo y de supervivencia de los animales, por lo que sin este sentimiento desagradable no sobreviviríamos.

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Pero una cosa es el miedo como instinto de supervivencia y otra el vivir dominados por ese sentimiento negativo que puede generarnos estados de angustias. Y lo más habitual es que aparezca el miedo cuando anticipamos una amenaza a nuestros deseos, a nuestros proyectos, a nuestras condiciones de vida, a nuestras creencias y convicciones.

Considerando lo anterior, comprobamos que nos encontramos en un estado permanente de alerta, temiendo qué pasará en esta o aquella situación. Además, y como refuerzo de las inseguridades con las que convivimos, los medios de comunicación nos informan cotidianamente de muertes, accidentes, de todo tipo de violencias, como si fueran el ingrediente con el que tenemos que almorzar todos los días. Esto da lugar a que se llegue a tener miedo al propio miedo.

La mayoría vivimos en sociedades desarrolladas en las que hemos encontrado solución a muchos problemas; sin embargo, la incertidumbre y el desasosiego nos dominan, de modo que nos vemos rodeados de miedos y de inseguridades.

Es por ello por lo que la historiadora neozelandesa, Joanna Bourke, tal como manifiesta en su reciente obra Fear: a cultural history (El miedo: una historia a través de la cultura), el miedo es la emoción humana que con más fuerza aparece y se mantiene a través de la historia.

Por otro lado, no hace falta decir que nos encontramos en unos momentos en los que la incertidumbre sobre la propia vida se ha adueñado de gran parte de los españoles, de manera que el presente se muestra dramático para muchas familias y no se logra atisbar un horizonte de esperanza que aliviara esta carga, a pesar de los eslóganes que cada día sueltan quienes nos gobiernan, pidiéndonos paciencia, que ya vendrán tiempos mejores.

Mientras llegan esos hipotéticos días felices, sentimos que todo a nuestro alrededor se deshace. Lo cierto es que, como apunta el filósofo estadounidense Michael Sandel, nos vemos asediamos por dos miedos de los que no logramos escaparnos:

“Uno es el miedo de que, individual o colectivamente, estemos perdiendo el control de las fuerzas que gobiernan nuestras vidas. El otro es el sentimiento de que, desde la familia y el vecindario hasta la nación, la fábrica moral de la comunidad se está desintegrando a nuestro alrededor. Son los dos temas definen la ansiedad de nuestra época”
.

Y esto lo decía antes de que la actual crisis económica, generada por el capitalismo financiero o especulativo, que ha tomado las riendas de la economía a nivel mundial, desplazando a la economía productiva, que es la que verdaderamente crea puestos de trabajo. Si Sandel se hubiera trasladado a nuestros días, comprobaría que ese negro vaticinio que apuntaba se está cumpliendo a rajatabla en nuestro país.

Pero para entender qué nos está sucediendo, y antes de entrar en la dimensión colectiva del miedo, conviene analizar su faceta individual, ya que es un factor presente y condicionante de muchos de los comportamientos humanos.

Para ello, hay que partir de que el miedo es un sentimiento innato de los seres humanos y que compartimos con el resto de las especies animales. También que, a medida que crecemos, adquirimos nuevos temores, puesto que somos seres sociales. Son miedos que vamos interiorizando y, tal como apuntaba la historiadora Bourke, en gran medida, aprendidos a partir de las relaciones que se generan en la sociedad en la que vivimos.

Sobre los miedos innatos, yo invitaría a los lectores a que echaran un vistazo a un artículo anterior, El dibujo del niño: los miedos, en el que indicaba las cinco fases de temores por las que, según Arthur T. Jersild, atravesaban los niños.

Allí indicaba que entre los temores primigenios se encontraban, inicialmente, el miedo a la oscuridad, a los extraños, a la soledad, a los ruidos y a la falta de apoyo. Más adelante aparecería el miedo a los animales, a las criaturas imaginarias, al daño físico y a la muerte. A ello habría que ir añadiendo, a medida que se crecía, otros de tipo social: miedo al fracaso, al ridículo, a la enfermedad, a ser diferente, fuera física, social o intelectualmente, etc.

Llegados a este punto, considero que sería bueno encontrar una definición de lo que es el miedo y de la sensación que aparece en el individuo que lo siente. Sobre esto, me quedaría con la que da José Antonio Marina en su excelente obra Anatomía del miedo, y que es la siguiente:

Un sujeto experimenta miedo cuando la presencia de un peligro le provoca un sentimiento desagradable, aversivo, inquieto, con activación del sistema nervioso autónomo, sensibilidad molesta en el sistema digestivo, respiratorio o cardiovascular, sentimiento de falta de control y puesta en práctica de alguno de los cuatro programas de afrontamiento: huida, lucha, inmovilidad, sumisión”.

Me parece de gran interés esta definición, puesto que expone las cuatro reacciones que podemos adoptar y que las compartimos con las demás especies animales. Así, por ejemplo, un animal como la gacela echa a correr ante el aviso de un peligro; el toro, por el contrario, embiste; otros, como el avestruz, se inmovilizan escondiendo la cabeza creyendo ahuyentar el peligro; finalmente, los lobos realizan gestos de sumisión ante el macho dominante.

Estas distintas respuestas de huida, lucha, inmovilidad o sumisión aparecen ante el peligro físico que las distintas especies animales atisban en su entorno.

El ser humano, por su parte, posee una psicología mucho más compleja, de modo que gran parte de nuestros miedos son de tipo psicológico. Así, podemos padecer ansiedad, sentir culpa, falta de autoestima, depresión, etc., que no podrían sentir otras especies y que son resultados de nuestro ser social.

A pesar de nuestra complejidad, creo que es de gran interés acudir a las cuatros reacciones fundamentales que se dan ante la percepción del miedo, ya que, como vemos, hay dos antagónicas, “lucha” y/o “sumisión”, que también podemos aplicarnos a nosotros mismos, ya que estas actitudes configuran caracteres distintos, logrando que se formen personalidades de uno u otro signo.

Y es que debemos entender que, en nuestro caso, las respuestas ante lo que sentimos como amenazas no son inmediatas, como sucede en el ámbito animal, sino que en los seres humanos están mediadas por la personalidad que nos hayamos construido.

Esto lo describe con gran rigor ese magnífico psicólogo que fue Erich Fromm, en una de sus obras más conocidas, El miedo a la libertad, que tuvo muchos lectores en nuestro país en los años finales del franquismo y en los siguientes a la muerte del dictador. De este libro, destaco algunos párrafos que me parecen muy elocuentes:

La personalidad de cada individuo es moldeada esencialmente por obra del tipo de existencia especial que le ha tocado en suerte, puesto que ya desde niño ha tenido que enfrentarlo a través del medio familiar, medio que expresa las características de una sociedad o clase determinada”.

En otro momento nos dice: “La estructura del carácter no determina solamente los pensamientos y las emociones, sino también las acciones humanas”.

Quizás en esta frase, que es un verdadero axioma, encontramos la clave del porqué en una sociedad como la nuestra se llegue a una situación en la que se supera ampliamente la cifra de cinco millones de parados, con 1,7 de millones de familias sin que ningún miembro tenga trabajo, al tiempo que el Gobierno anuncia una amnistía fiscal para los grandes defraudadores y una ley para “perseguir el fraude laboral”, es decir, averiguar si los perceptores de alguna modalidad de paro está realizando alguna “chapuza” para sobrevivir.

Y es que, tal como apuntaba Erich Fromm hace décadas, por un lado, la sociedad capitalista ha fomentado la individuación, en el sentido de aislar a unos de otros, aspecto que la actual sociedad del alto consumo ha potenciado a límites exagerados; por otro, promueve la sumisión a través de todos los mecanismos persuasivos y coactivos a su alcance, pues el miedo es una poderosa fuerza de dominación.

Pero esto nos es algo nuevo. Ya en el siglo XVI, el francés Étienne de la Boétie, gran amigo de Montaigne, escribió una magnífica obra titulada Discurso de la servidumbre voluntaria, en la que sin conocer las aportaciones que posteriormente hicieran disciplinas como la Psicología y la Sociología, describía minuciosamente las estrategias que utilizaban los poderosos para lograr que sus dictados fueran interiorizados por los súbditos, incluso las órdenes más despóticas.

Un siglo más tarde, Baruch Spinoza, el brillante filósofo holandés de origen judío, en su obra más conocida, Ética demostrada según el orden geométrico, decía lo siguiente:

El gran secreto del régimen monárquico y su máximo interés consisten en mantener engañados a los hombre y en disfrazar, bajo el especioso nombre de religión, el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si se tratara de su salvación, y no consideren una ignominia, sino el máximo honor, dar su sangre y su alma para orgullo de un solo hombre. Por en contrario, en un Estado libre no cabría imaginar ni intentar nada más absurdo”.

Ante la lectura del párrafo anterior, cabe hacerse la siguiente pregunta: “¿Hemos llegado ya a un Estado verdaderamente libre, tal como preconizaba Spinoza, o nos queda todavía un largo camino para llegar a esa sociedad en la que los ciudadanos se vean verdaderamente protegidos por sus gobernantes?”.

Personalmente, creo que todavía estamos lejos de lograr algo parecido. En la actualidad, sentimos que forman una casta privilegiada que utiliza el miedo como uno de los recursos de dominación, tal como se ha hecho históricamente, por lo que aún hoy tiene todo su sentido esta frase de José Antonio Marina: “Quien puede suscitar miedo se apropia hasta cierto punto de la voluntad de la víctima”. Y lo cierto es que en nuestro país hay demasiadas víctimas.

AURELIANO SÁINZ

29 de abril de 2012

Joseph Goebbels: propaganda y publicidad

Vivimos en una sociedad en la que las estrategias de la publicidad comercial y de la propaganda política se han mezclado de tal manera que es casi imposible separarlas. Una y otra se confunden de manera que los avances que se han logrado en el campo publicitario en la promoción de los productos se traspasan a esos nuevos centros de control de la mente de los ciudadanos como son los think tanks, sociedades en las que se fabrican las estrategias para planificar cuidadosamente los modos de persuadir a los electores.

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En nuestro país, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), siguiendo el modelo estadounidense creado por el Tea Party, es el laboratorio de la derecha en el que se fabrica ese pensamiento reaccionario para que sea traspasado a las mentes de los ciudadanos.

La situación a la que hemos llegado es de tal calibre que me ha parecido que podía ser interesante para los lectores de Montilla Digital realizar una serie de artículos con el fin de que se entendiera cómo en la actualidad se elaboran los discursos para que las medidas más reaccionarias penetren en la mente de la población de modo que apenas ofrezca resistencias a las duras medidas que se están tomando.

Y es que en medio de una de las periódicas crisis del capitalismo, tal como explicara de manera excelente el economista y político belga Ernest Mandel, se hace pagar a los sectores más débiles de la sociedad española aquello de lo que no son responsables, al tiempo que a los grandes defraudadores se les perdona los delitos que han cometido, sin que pase nada.

En medio de estas medidas abiertamente impopulares, uno de los ataques que sufrimos viene referido a la sanidad pública. Pero para que ello suceda, tal como he indicado, es necesario que los defensores más acérrimos de estas medidas discriminatorias tengan los instrumentos ideológicos con los que justificar e intentar desarmar a los oponentes.

De este modo, en los debates que se suelen ofrecer en los distintos medios de comunicación, han actualizado la expresión de “Turismo sanitario”, dos palabras que encierran un claro fondo xenófobo y que, con ellas, se intenta culpabilizar a los inmigrantes de las supuestas pérdidas que tiene el sistema sanitario español.

He partido del ejemplo sanitario para que nos sirva de punto de arranque sobre la reflexión de fondo que debemos hacer para entender cómo la ideología y la propaganda política reaccionarias se nutren de los muy sofisticados métodos de persuasión publicitarios para penetrar en la mente de los ciudadanos.

Así, en estos últimos días, pensando en los discursos y expresiones que nos llegan desde el Gobierno o sus defensores, inevitablemente, me ha venido a la cabeza la figura de Joseph Goebbels, el que fuera el responsable del Ministerio de Cultura Popular y Propaganda del Tercer Reich alemán.

Y si traigo a este personaje es por la sencilla razón de que sería el que perfeccionaría los medios de propaganda política, integrando todo lo que la publicidad había sido capaz de lograr hasta entonces.

Para ser lo más riguroso posible, citaré a los autores en los que me he basado para confeccionar este pequeño artículo. En primer lugar, acudo a ese magnífico libro titulado De la lucha de clases a la lucha de frases que Eulalio Ferrer publicó en México, hace algunos años, comenzando por el siguiente párrafo:

“Hitler reunió en su entorno a un grupo de fanáticos que entienden que la propaganda es la más efectiva de sus armas, sin ocultar su desprecio por las masas que convoca y moviliza, convencido de que estas tienen una capacidad limitada para la absorción de ideas y una capacidad de olvido muy grande”.

Recordemos que Adolf Hitler llegó al poder en Alemania a través de las urnas. Y para ello, contó con la gran ayuda de Joseph Goebbels, sin el cual sería difícil comprender el triunfo del nazismo.

Se dice de él que comenzó su andadura organizando una de las más espectaculares concentraciones en la ciudad de Colonia. Para ello, había ideado que el acto podría culminar con el toque de las campanas de la catedral. Como el arzobispo le negaría el permiso, recurrió a la grabación del sonido de las campanas, que tuvo el efecto buscado al ser transmitido por los altavoces y la radio sin que el truco pudiese ser advertido.

Otra de sus hazañas fue seleccionar de entre las pinacotecas nacionales y los museos particulares las 650 pinturas y dibujos más “sacrílegos”, “antipatrióticos” y projudíos para ridiculizar a estos y encender la campaña que habría de culminar, después, en el exterminio de millones de judíos en toda Europa.

Por mi parte, añadiría que también se exterminaron a miles de homosexuales y de gitanos. A los primeros, se les marcaba en el brazo con un triángulo rosa invertido para que fueran claramente distinguidos del resto de los presos.

Si hago esta precisión es para que no olvidemos que la homofobia sigue presente en nuestro mundo actual, sea España, con un obispo a la cabeza, o en países como Arabia Saudí, Irán, Sudán, Afganistán, etc., en los que pueden ser condenados a muerte por su condición sexual.

La compenetración entre Goebbels y Hitler cada vez fue a más. El primero se gana la confianza total del Führer, ya que ve a este como el auténtico Mesías que necesita el pueblo alemán.

Goebbels lo halagará cuidando sus representaciones públicas a una hora adecuada de la noche para situar mejor los reflectores, a veces con antorchas encendidas; elige los fondos con música de Wagner; crea un clima de expectación para la llegada de su jefe, entre redobles de tambores; mide los silencios, calcula los aplausos, intercala los gritos con los lemas de la multitud enardecida, que repite una y otra vez: "¡¡¡Führer… Führer… Führer…!!!". Es un espectáculo impresionante, montado con gigantescas banderas y miles de banderines en los que ondea la cruz gamada.

En 1933, Adolf Hitler es nombrado canciller de Alemania tras ganar las elecciones. Su triunfo se basa en que, entre otras cosas, no tiene que improvisar una política de propaganda. Lo que hace es poner en práctica inmediata planes e ideas que se han estudiado y discutido minuciosamente desde tiempo atrás, supervisados por el nuevo ministro de Propaganda.

Esta planificada propaganda la expone Emil Dovifat, en su libro Política de la información. En él encontramos esta frase que es ilustrativa de la mentalidad de Goebbels: “La propaganda fue nuestra arma más afilada en la conquista del Estado y continúa siendo nuestro poder más fuerte en el afianzamiento y en su construcción. Por eso, la propaganda es una función vital e imprescindible del Estado moderno”.

Una vez que Joseph Goebbels asume el cargo del Ministerio de Propaganda, se le otorga nada menos que el diez por ciento del presupuesto total del Gobierno alemán. A los cuatro meses de haber tomado posesión de su cargo, concibe una insólita ley, que será promulgada el 4 de octubre de 1933, en virtud de la cual se transforma a los periodistas en servidores del Estado.

Curiosamente, los cinco puntos básicos que cubre su programa de propaganda son: Atención, Deseo, Convicción, Acción y Extensión Mundial. Si nos fijamos, tiene una enorme similitud con la fórmula ideal publicitaria: AIDA (Atención, Interés, Deseo y Adquisición) que ya tratáramos en un artículo de Montilla Digital.

De ese programa podemos extraer algunos lemas: “No es preciso que una idea política esté avalada por una buena filosofía, si se dispone de una magnífica propaganda”. “Nada es absoluto, todo es relativo. Las verdades duran lo que una imposición las hace durar”. “Una buena propaganda es lo más cercano a la verdad, aun cuando sea la mentira misma”.

Algunos de los axiomas de Goebbels han llegado a nuestros días, repitiéndose con cierta periodicidad. Destaco tres de ellos:

Una: “Quien dice la primera palabra al mundo es quien tiene la razón”. Dos: “No basta con mentir, debes decir la mentira más grande para que se crea”. Y tres: “Una mentira repetida mil veces acaba siendo una verdad en la mente de la población”.

Quisiera cerrar este breve recorrido con una expresión de Hug Trevor-Roper: “Fue un hombre genial en su campo, quizá el primero que comprendió totalmente las potencialidades de los medios de comunicación al servicio de la propaganda política”.

Por mi parte, no me queda más remedio que darle en parte la razón a este autor, pues, ciertamente, un personaje tan siniestro y cínico como Joseph Goebbels fue el pionero de los lavados de cerebro que sufren las poblaciones anestesiadas ante la mezcla de propaganda y publicidad que difunden los actuales think tanks, y apoyados por tertulianos y supuestos intelectuales que están al servicio de los sectores dominantes para que las leyes más insólitas sean aceptadas casi sin rechistar.

AURELIANO SÁINZ

22 de abril de 2012

¡Se acabó la fiesta!

Se veía venir. Esto tenía un día que suceder. No era posible que los españoles, todos los españoles, siguiéramos con el tren de vida que llevábamos. Esto parecía una fiesta sin fin, una juerga a la que tan acostumbrados estamos los pobladores de la piel de toro. Y tenía que llegar un presidente de Gobierno, valiente y sin pelos en la lengua, para que nos contara verdades como puños.

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Ha sido desde un lugar tan cercano como Colombia en el que nos dijera que “no hay dinero para atender el pago de los servicios públicos porque hemos gastado muchísimo dinero”. Y cuando dice “hemos gastado” se sobreentiende que “todos los españoles hemos gastado”.

¡Madre mía! ¿Cómo habíamos sido tan inconscientes de no darnos cuenta que derrochábamos el dinero que tan generosamente aportaban las grandes fortunas a las arcas del Estado para levantar un país que no hacía más que estar de juerga en juerga? ¿Cómo seguíamos esa carrera tan alocada al abismo en el que ahora estamos?

Ahora no valen las excusas y las lamentaciones. Hemos tirado la casa por la ventana en estos últimos años, hemos vivido todos como marajás, y es necesario que ahora paguemos por los pecados que hemos cometido. No queda más remedio que apechugar con los dispendios que todos los españoles hemos estado llevando a cabo de manera tan insensata que asusta ver vacías las arcas de un Estado que se ha quedado raquítico.

Aunque nos resistamos a ver la verdad tal como ha sido, no nos queda más remedio que afrontar la cruda realidad. Una realidad que nos gusta poco, pero hay que mirarla de frente. Y para ello, como he hecho en otras ocasiones, acudo a la publicidad, dado que es un verdadero espejo de lo que acontece a nuestro alrededor.

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Podemos comenzar, por ejemplo, con esa imagen de dos niños que se trajeron a un elefantito de Botsuana, cuando acompañaban a su papi a realizar un safari para cazar esas especies que a los africanos les sobran. Especies como son los elefantes, los búfalos, los rinocerontes, los leopardos…, pues, como todos los españoles sabemos, en los países del África negra hay una sobreabundancia de esos bichos.

Esta imagen no es pues de extrañar, ya que hasta hace bien poco eso de ir allí de safari a cazar estaba al alcance de cualquiera, por lo que no es raro que, en este caso, el papá atendiendo a las demandas de sus retoños se trajera un elefante, para regocijo de los pequeños.

Si damos un pequeño salto, y nos situamos en la vidorra que se tiraban todos los jóvenes, no nos queda más remedio que reconsiderar ese tren de vida, del que ahora no logran desprenderse.

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Es razonable, por tanto, que se meta la tijera a fondo y los que quieran estudiar tengan que pagarse gran parte del importe de la matrícula. No es de recibo lo que hasta ahora acontecía, tal como vemos en esa fotografía en la que aparecen tres estudiantes de Erasmus metidos en una de las fuentes de Roma. Esta es la verdadera vida que llevaban todos los que salían fuera de nuestras fronteras con el pretexto de ampliar sus conocimientos en otras latitudes.

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A su lado están dos perroflautas, como tan atinadamente los llamara doña Esperanza, la lideresa. Mucho 15-M y mucho eslogan de “otro mundo es posible”, pero lo que ellos hacen es no dar un palo al agua. Esto lo vemos en su lema, en el que reivindican el placer por encima de todo. Vamos, que ellos han venido a este mundo a pasárselo lo mejor posible.

En nuestro país, el colmo del descontrol lo estaban marcando los gais. No contentos con sus múltiples fiestas: que si la del “orgullo gay”, que si la de “los palomos cojos” en Badajoz, encima quieren que se les equiparen a las personas “normales”, cuando esto no puede ser.

Ya nos lo avisó la señora Botella, hoy alcaldesa de la capital del reino, al explicarnos, en un arranque de profundidad filosófica tan característica de ella, al regalarnos ese gran pensamiento en el que nos decía que no se podían juntar “manzanas y peras”.Y tenía toda la razón del mundo: por si alguien no lo sabía, las peras vienen de los perales y las manzanas de los manzanos. ¿Y los gais de dónde vienen?

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Y para que veamos que no deben juntarse, ahí, por ejemplo, vemos a dos gais sentados en un sofá esperando a que un juez les case. ¿Y ellos que hacen? Pues tomárselo a pitorreo. Teniendo en cuenta que ellos, ni siquiera, aportan eso tan importante como es procrear y traer al mundo nueva mano de obra, encima “van a lo suyo”, sin darse cuenta, tal como apuntó monseñor Reig Pla, que su mundo es un verdadero infierno.

¿Y qué pasaba con los parados? Pues que el dinero público para ellos corría sin control, de modo que no tenían problemas para llevar una vida tan regalada como la que vemos en el anuncio que protagonizan de Tommy Hilfiger, su ropa favorita.

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Así, vemos a un grupo de ellos, chicos y chicas españoles viviendo a costa del erario, sin que tuvieran que envidiar a sus equivalentes los jóvenes del elenco más selecto de América.

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También casarse se convertía en una exhibición y en un derroche inaudito. Cualquier cosa servía para llamar la atención. Quizás no llegáramos a eso de que en nuestro país se ataban los perros con longanizas, pero sí bolsos de Carolina Herrera a los descapotables de los recién casados, en vez de las correspondientes latas, tal como se ha hecho toda la vida.

Y como ya sabemos, todos los españoles teníamos alguna finquita que nos servía de esparcimiento y relax. En ella hacíamos nuestras holgadas comidas al aire libre que tanto nos gustaban, de modo que al terminarlas aparecía la fauna tan característica de nuestra tierra al olor de las apetitosas sobras.

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Por otro lado, era el lugar en el que enseñábamos a nuestros niños, al igual que al pequeño Froilán, el manejo de las escopetas, pues al finalizar el ágape solía acudir un variopinto grupo: jabalíes, ciervos, faisanes, perdices… De este modo, nuestros retoños les podían dar caza, con lo que les preparábamos para tan real y educativo deporte.

Quisiera ir finalizando trayendo a colación ese enorme dispendio que era la Ley de Dependencia, que daba lugar a que nuestras abuelitas, tan quejitas y tan maniáticas, vivieran como auténticas reinas.

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Ahí vemos a una de ellas; nada de las imágenes tan truculentas que nos mostraban los medios de comunicación con el fin de que siguiéramos echando dinero en un pozo sin fondo, pues los mayores, como sabemos, son adictos a los medicamentos. Y esto, de una u otra forma, hay que pararlo.

Dedicatoria: Quiero cerrar este artículo con un pensamiento positivo, acordándome de todos esos grandes españoles, como los banqueros, que han aportado muchísimo a las arcas de este país para que tuviéramos una vida tan estupenda, a la cual no hemos sabido responder adecuadamente.

Por otro lado, citar también a toda la nobleza, magnates y demás, encarnada de forma ejemplar en doña Cayetana, duquesa de Alba, modelo de persona trabajadora, abnegada y cumplidora puntualmente con sus deberes cívicos, contribuyendo escrupulosamente con sus aportaciones al Fisco. Todos los españoles deberíamos mirarnos en ellos y seguir sus ejemplos.

AURELIANO SÁINZ

15 de abril de 2012

¿Tienen derecho a la felicidad los gais?

La verdad es que la pregunta de una manera mejor elaborada sería: “¿Tienen derecho a la felicidad los homosexuales y las lesbianas?”. Y hago esta precisión porque, en este caso, se tiene tendencia a pensar en masculino, ya que la homosexualidad femenina posee una denominación específica recibida de la poetisa lírica griega Safo de Lesbos, que vivió entre el 612 y 570 antes de Cristo.


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Y no me refiero simplemente a esa frase tan extendida de que “a los homosexuales hay que guardarles respeto”, puesto que todos los seres humanos, por el mero hecho de serlo, merecen ser respetados. Por otro lado, el que se diga que merecen respeto conlleva, de manera connotativa, que no son como los demás, no son “normales”, es decir, no son como los heterosexuales, cuya sexualidad sería la correcta.

Creo que, enlazando con la pregunta, habría que tomar ejemplo de ese pequeño país asiático que es Bután, ubicado al norte de la India, ya que al elaborar su reciente y primera constitución, en el primer punto se manifestaba que la finalidad última que tenía esa Carta Magna era que todos los ciudadanos del país fueran felices. Así deberían comenzar todas las constituciones nacionales.

Y ello, a pesar de que el término “feliz” lo podamos interpretar como bastante genérico y difuso. Lo cierto es que esa palabra conduce hacia una postura activa y positiva a favor de la igualdad de derechos de las personas, independientemente de sus condiciones económicas, tendencias sexuales, razas, culturas, etc.

Pero es que ahora vivimos tiempos de retrocesos. Ya no es que se recorten drásticamente los derechos laborales de los ciudadanos, que tanta lucha y esfuerzo se han necesitado a lo largo de los años para alcanzarlos. El problema añadido es que el pensamiento reaccionario se está haciendo fuerte y los derechos civiles logrados vemos cómo se tambalean ante los ataques sufridos.

Así, algunas noticias que recibimos de distintos países son verdaderamente alarmantes. Y no solamente de los países bálticos, como Lituania, Letonia y Estonia, o del centro de Europa, como Hungría, en los que el racismo y la xenofobia están alcanzando grados verdaderamente preocupantes, a través de grupos y partidos que admiran al régimen de la Alemania nazi, dado que campan a sus anchas con el beneplácito de gobiernos conservadores.

Ha sido también en la muy culta y desarrollada Francia en la que se han realizado expulsiones masivas de gitanos, atentando abiertamente contra los Derechos Humanos, y con la Unión Europea mirando hacia otro lado, como si no fuera un problema que compete a la institución supranacional de los Estados que forman parte de ella.

Hay que ser conscientes que los derechos civiles conquistados pueden retroceder. Y es que el machismo y la homofobia, por ejemplo, están ahí latentes y dispuestos a saltar en cualquier momento, puesto que es un mal profundo muy anclado en amplios sectores de la sociedad.

Necesariamente hay que tener una postura firme cuando aparecen. Es lo que ha hecho recientemente un amplio grupo de consejeros de Radio Televisión Española (RTVE) al enviar una carta de protesta a Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, ante el discurso homófobo del obispo de Alcalá de Henares durante la homilía del Viernes Santo y que fue transmitida por La 2. En este escrito amenazan a la Conferencia Episcopal con acudir a instancias administrativas e, incluso, judiciales si ese tipo de mensaje se vuelve a producir.

Creo que este es el camino: no se puede uno quedar con el lamento o la queja, pues cada avance, cada paso que se ha dado a favor de la igualdad, ha costado un enorme esfuerzo para que ahora, en tiempos de crisis e inseguridad económica, veamos cómo los sectores reaccionarios se hacen fuertes y utilizan, incluso, los medios públicos para destruir esa sociedad de la tolerancia y el respeto por el que abogamos la mayoría de la población, ya que es una clara mayoría de los españoles los que ya defienden el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.

Y si he comenzado por hablar del derecho a la felicidad se debe a que quiero incluir a los docentes en esa posición activa que hay llevar adelante, ya que la felicidad se construye a partir de los primeros años de vida de los niños y niñas, años en los que no solamente los padres son cruciales en sus desarrollos emocionales y afectivos, sino también quienes trabajan en el ámbito educativo.

Esto empiezan a comprenderlo mis alumnos en el momento en que, dentro de las actividades de algunas de las asignaturas, han realizado trabajos de investigación del dibujo de la familia en los tramos de Educación Infantil y Primaria.

Cuando han llevado a cabo esta experiencia y el profesorado les ha informado de las situaciones concretas de cada escolar que hacía el dibujo, se han dado cuenta de las muchas situaciones duras en las que se encuentran bastantes de los pequeños.

Y es que, como he manifestado en bastantes ocasiones, el dibujo libre de la familia es un medio privilegiado para conocer los sentimientos más profundos de niños y adolescentes. Esto lo saben ya los lectores de Negro sobre blanco, dado que escribo con cierta regularidad sobre esta temática.

Pues bien, dentro de esa enorme variedad de situaciones, he recibido recientemente dibujos de mis alumnos que han trabajado tanto en Córdoba como en pueblos de la provincia. De la gran cantidad de ellos, para este artículo, muestro uno que conecta con lo que estamos tratando.


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Se trata del dibujo de D. (utilizo la inicial), un niño de 7 años, con claras preferencias hacia los gustos de las niñas, tal como le manifestó su profesora a la alumna que asistió a su colegio, y que lo refleja en los colores rosas y violáceos de su dibujo.

Por mi parte, considero que si la profesora de D. no toma una postura de apoyo, el chico inevitablemente sufrirá las agresiones psicológicas de sus compañeros, pues los niños, por un lado, desgraciadamente no son conscientes del daño que hacen con sus mofas e insultos y, por otro, habitualmente transmiten el machismo que aprenden en el seno de sus familias, ya que es en el seno de la familia en el que se desarrollan e interiorizan los sentimientos, comportamientos y normas básicas, tanto positivos como negativos.

Por ello, deben ser los padres los primeros en asumir que, por encima de prejuicios sociales, la defensa de felicidad de sus hijos o hijas se encuentra en primer lugar.

Creo, por otro lado, que los que estamos en la enseñanza, en cualquiera de sus niveles, tenemos que tomar una clara postura ante las situaciones concretas en las que nos encontremos y no desentendernos y dejar pasar las cosas como si no ocurriera nada.

Por suerte, conozco muchos casos de profesores y profesoras verdaderamente comprometidos con su trabajo de transmisión de conocimientos, al tiempo que también lo hacen en la educación de personas.

Como ejemplo, quisiera citar que recientemente fui invitado a dar una charla sobre la mujer en la publicidad en el IES Ulia Fidentia de Montemayor. En medio de ella, la jefa de estudios, Pepa Polonio, no tuvo inconveniente en hacerme parar un momento y llamarle la atención a un chico que estaba realizando, aunque por lo bajo, chistes y comentarios machistas.

“Esto que no lo vuelva yo a escuchar en mi presencia”, fue la frase con la que cerró esa observación que necesariamente tuvo que ser en público, y que sirvió como aprendizaje para el autor de esos comentarios y de los que se encontraban en la sala.

Para finalizar, quisiera reafirmar que es una labor ardua, en ocasiones agotadora y difícil, pero que, insisto, son especialmente los padres, los docentes y los profesionales de los medios de comunicación los que deben tener esa posición activa en defensa de los derechos, es decir, de la felicidad de todos los ciudadanos. Con todo, merece la pena esta lucha.

Para mis amigos Sole y Antonio Carpio, magníficos y admirables padres.

AURELIANO SÁINZ

8 de abril de 2012

Amigos en la familia

Uno de los hechos más significativos en el desarrollo emocional en las personas es el surgimiento de la amistad. Todos tenemos amigos o amigas con los que compartimos aficiones, buenos momentos y confidencias. Es uno de los signos más favorables para el desarrollo de una personalidad con rasgos positivos; difícilmente alguien que no tenga amigos podamos incluirlo entre los seres sociables, pues precisamente la sociabilidad es una de las características del equilibrio emocional.

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Y el descubrimiento de la amistad se produce en la preadolescencia, pues en la infancia se tienen amigos de juegos o del colegio, y que en muchas ocasiones son compañías fomentadas por los propios padres.

Lo curioso es que la amistad está muy poco estudiada en estas edades. Las obras que conozco suelen centrarse en la amistad en los años de la juventud o la madurez. Y, sin embargo, como emoción positiva la descubrí cuando realicé una extensa investigación que dio lugar a un libro titulado Las ideas de la paz y de la violencia en los escolares. Estudio a través del dibujo, y que vio la luz en el año 2000.

En esta investigación encontré que uno de los temas que chicos y chicas expresaban gráficamente acerca de la paz con los dibujos eran escenas en las que aparecían simplemente un grupo de amigos. Al dialogar con los autores del significado de esos dibujos me di cuenta que para ellos la idea de la amistad era muy gratificante, que disfrutaban con la compañía de los amigos o amigas, por lo que la relacionaban directamente con el concepto de la paz.

Puesto que como saben los lectores de Negro sobre blanco una de las líneas de investigación que llevo es el estudio de los sentimientos y emociones de niños y adolescentes a través del dibujo, en esta ocasión quisiera presentar uno de los casos más sorprendentes que a lo largo de los años me he encontrado los trabajos sobre el dibujo de la familia.

Se trata de la inclusión de amigos o amigas en la escena en la que aparecen los miembros que la componen esa unidad familiar. Y digo sorprendente porque no es, como se pudiera estar tentado a pensar, en los dibujos de las edades más pequeñas, en la que los niños y niñas, sin ser muy conscientes de ello, incluirían a sus pequeños amigos de juegos.

Cuando personalmente me acerco a un centro de enseñanza a solicitar a los escolares que realicen el dibujo de la familia, normalmente y en el caso de las primeras edades, preguntan si pueden poner a sus abuelos, a sus tíos y primos, etc. No tienen claro cuáles son los límites a considerar en esta temática.

De mayores, sabemos quiénes la configuran: habitualmente, la entendemos como lo que se llama la familia nuclear, es decir, los padres y los hijos que viven en el mismo hogar. De todos modos, en nuestra mente se amplía hacia aquellos otros miembros –abuelos, tíos, primos, etc.- algo más distanciados, como si estableciéramos un círculo inicial básico que se puede ir ampliando con otros concéntricos, hasta ciertos niveles de lejanía y dependiendo de las relaciones, más o menos estrechas, que se mantengan con ellos.

No es necesario que diga que es en el seno de la familia donde comenzamos a formarnos y donde se gestan las emociones y sentimientos iniciales de toda persona. De todos modos, en la preadolescencia descubrimos un nuevo mundo de relaciones interpersonales que no están establecidas por los vínculos de sangre. Me estoy refiriendo, lógicamente, a la amistad, en la que se gestan lazos afectivos distintos a los que están marcados en la familia.

Dentro de los autores que han abordado este tema, desde el punto de vista de la psicología y la educación artística, es el estadounidense de origen austriaco Viktor Lowenfeld. En su obra ya clásica, Desarrollo de la capacidad creadora, nos habla de una etapa del desarrollo gráfico que la llama “El comienzo del realismo” y también “La edad de la pandilla”, y que la ubica entre los 9 y los 12 años.

Son edades que se corresponden con la finalización de la enseñanza Primaria, dentro del sistema educativo español, y que desde el punto de vista psicoafectivo se suele relacionar con la preadolescencia, especialmente en los último años de este periodo.

No me resisto a traer un par de párrafos de Lowenfeld, que justifican la denominación que da a esta etapa. En el primero dice: “Un rasgo sobresaliente de esta etapa del desarrollo es el descubrimiento que hace el niño de que es miembro de la sociedad: una sociedad constituida por sus pares. Durante esta época construye la trama de lo que será su capacidad para trabajar en grupo y cooperar en la vida de los adultos”.

Y más adelante: “El descubrimiento de que se tienen similares intereses, de compartir secretos, del placer de hacer cosas juntos es fundamental. Esta es la edad de la amistad en grupo y la de grupos iguales o pandillas de amigos”.

Estamos, pues, a las puertas de un período que suele desconcertar e inquietar a los padres: la adolescencia, ya que durante este tiempo no logran entender las ideas y los deseos de sus hijos, y lo que en ocasiones más les desespera son sus comportamientos que para ellos están marcados por decisiones caprichosas y arbitrarias.

Lo cierto es que chicos y chicas han experimentado cambios cognitivos y emocionales que sus progenitores no acaban de comprender y quieren seguir viendo en ellos a los “niños” o “niñas”, tal como habían sido desde pequeños.

Para que comprendamos el valor afectivo que adquiere la amistad, ese gran descubrimiento de chicos y chicas de 11 o 12 años, he seleccionado tres dibujos que pueden explicarnos la fuerza emocional de esa relación, tanto que no tienen ningún inconveniente en incluirlos como si fueran miembros de la propia familia.

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Comenzamos por el dibujo que realizó un chico de 12 años en la clase. Cuando lo terminó estuve un rato charlando con él, puesto que era extrovertido y bastante simpático. Esto se refleja en que, en primer lugar, representó a su perro Blacki y a su hámster Bolita, subido en su cabeza.

Pero lo más llamativo de todo es que trazó a su amigo Iván (al que por cierto le falta la “v”) en el centro de la familia, sitio privilegiado, puesto que es una forma de destacar a aquella persona que para el autor es relevante desde en punto de vista emocional.

Claro que el autor sabía que su amigo no era un miembro de su familia, pero tal como me indicó “le apetecía que su mejor amigo apareciera en la ‘foto’ que él había hecho de su familia”.

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El segundo corresponde a una chica de 11 años. En este caso, ha trazado a toda la familia dentro de la casa, aunque lo que se aprecia de ella son las líneas que representan los tejados. Como puede verse, está formada por los padres y las tres hijas. Una vez que hubo trazado a todo el grupo familiar, incluyó a “su amiga”, tal como ha escrito en el dibujo.

Por último, traigo el de una chica de 12 años, con la que tuve ocasión de comentar su dibujo una vez que lo acabó. En este caso, la organización del grupo es un tanto curiosa, puesto que en la izquierda de la lámina aparecen sus padres y su hermano pequeño y, a la derecha, ella con sus dos amigas, a las que les ha puesto sus propios nombres.

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Como destalles significativos se encuentran, por un lado, el que en el centro de la lámina, dividiendo a los dos grupos, haya trazado un gran Sol; también el que a su hermano pequeño el rostro se lo haya dibujado de perfil mirando a sus padres, como si fuera un indicio más de separación de ambos grupos. La afinidad entre las amigas queda reforzada por la proximidad con la que ha representado a las tres chicas que se encuentran muy juntas.

Quisiera cerrar este trabajo volviendo a hacer hincapié en la relevancia que adquiere el significado de la amistad en los años de la preadolescencia: son amigos y amigas que por entonces se les consideran incondicionales, con la fuerza de que son amigos “para siempre”.

Lo cierto es que, con el paso del tiempo y en bastantes casos, muchos de esos amigos de la infancia y la adolescencia se convertirán en recuerdos de un tiempo feliz, ya que, a medida que uno va creciendo, se van configurando y afianzando los caracteres, conociendo y creando nuevas amistades, por lo que esas de la infancia y adolescencia decrecen y quedan como recuerdos de unos espléndidos años.

Por mi parte, he tenido la gran suerte de conservar algunos de esos amigos con los que jugaba en el despertar de la vida, por lo que creo que la buena y sincera amistad que mantenemos nos ayuda a sentir que hay un fuerte lazo de continuidad en todo ese largo trecho que hemos vivido y compartido juntos.

AURELIANO SÁINZ

1 de abril de 2012

Aforismos y pensamientos: la valentía

Uno de los rasgos del carácter de las personas que genera mayor admiración es el de la valentía. A lo largo de la historia, y en las distintas culturas, se ha expresado la fascinación que suscita quien es valiente; es más, una parte significativa de los grandes relatos que configuran el imaginario que da identidad a los distintos pueblos es la apelación a los héroes, ya que es un referente que sirve para mostrar los modelos a imitar o a admirar.

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Cada pueblo, cada país, tiene uno o varios personajes, reales o mitológicos, que son los héroes y que sirven para dar sentido de pertenencia a esa comunidad. Habitualmente, han sido los militares o los guerreros los que se encuentran en ese reducido grupo de celebridades de los que se habla de ellos con gran respeto, por lo que es habitual recordarles homenajeándoles con esculturas o bustos que perpetúen sus memorias.

De nuestro país, todos podemos hacer un repaso mental de esas figuras que desde pequeños hemos aprendido en los libros de Historia. Son nombres que casi nos salen espontáneamente, puesto que han quedado grabados en nuestra memoria como símbolos y paradigmas del valor y el coraje.

Aunque, lamentablemente, en esa amplia pléyade heroica no cabe el género femenino; pareciera que el valor es un atributo exclusivamente masculino, que la mujer queda tradicionalmente relegada a los valores maternales y domésticos, por lo que se la ha considerado como un ser frágil y temeroso, necesitado del apoyo del hombre para que pueda transitar con cierta seguridad por la vida.

Esta injusta valoración en los últimos tiempos ha sido muy cuestionada, puesto que el valor asociado a los personajes que participan en las guerras, los combates o relacionado con el ámbito castrense ha perdido gran parte del peso que ha tenido tradicionalmente, de modo que en la actualidad se entiende que el valor, en principio, al alcance de todos, es lo opuesto al miedo y la cobardía.

Hoy, la valentía, considerada como la virtud de los héroes, empieza a ser cuestionada o, al menos, interpretada de manera distinta a como se ha hecho tradicionalmente. Ya no se admite de modo incondicional, pues, tal como nos dice el filósofo francés André Comte-Sponville, “la universalidad de la valentía no demuestra nada, incluso podría ser sospechosa. Si algo es universalmente admirado significa que también lo admiran los malvados y los imbéciles”.

De igual modo, en esta línea de sospecha se situaba Voltaire. De este gran pensador y escritor extraigo una breve frase de su obra Roma salvada, cuyo significado es, a fin de cuentas, otra forma de dudar del carácter intangible de la valentía. Así, de manera contundente, nos dice: “Un valor indómito, en el corazón de los mortales, produce grandes héroes o grandes criminales”.

Tienen razón estos dos autores galos, puesto que la valentía puede servir tanto para el bien como para el mal. Esto es fácil comprobar en el ámbito castrense: los que para unos eran héroes, para los “enemigos” eran personajes despreciables.

Si nos trasladamos a nuestros días, podemos acudir, por ejemplo, a la acción suicida de los secuestradores que condujeron los aviones para que se estrellaran contra las Torres Gemelas de Nueva York. Sus protagonistas sabían perfectamente que iban a morir en ella, por lo que hemos de reconocer que para ejecutarla tuvieron que vencer el miedo a una muerte segura.

Es lógico pensar que para que realizaran tal acto era necesario que tuvieran un absoluto convencimiento de estar en posesión de la verdad, tanto como para menospreciar todas las vidas que iban a perecer en su acción. Ello nos lleva a pensar que un fanatismo valeroso sigue siendo fanatismo.

Así, el arrojo, el coraje o el valor, bases de la valentía, hay que entenderlos en función de los objetivos últimos buscados, puesto que una valentía egoísta, que no considera a los demás, es en última instancia una expresión del egoísmo personal, base de la intolerancia o del fanatismo.

Es por ello por lo que sostenemos que la valentía como virtud humana supone una actuación desinteresada, cargada de altruismo y de generosidad.

Esto no implica que la persona que actúa bajo estos valores no sienta ningún tipo de miedo, puesto que es casi imposible que un acto que implica riesgo o posibles pérdidas personales no asome ese sentimiento oculto que subyace en todos nosotros.

No es, pues, la ausencia de miedo, sino la capacidad de superarlo, a través de una voluntad firme y generosa, ya que el opuesto a este concepto del que hablamos no solo se encuentra el propio miedo, sino también la pasividad, la indiferencia, cuando no un velado egoísmo, camuflado de diferentes justificaciones.

¿Pero tiene sentido que en la actualidad estemos relacionando la valentía con el heroísmo? ¿No sería más justo reflexionar sobre el valor, la honestidad y el coraje en la vida cotidiana en la que nos movemos?

Ciertamente, en la actualidad, los héroes se encuentren en franca retirada, puesto que ya casi nadie cree en ellos, a pesar de que siempre necesitemos modelos, gente honesta, sincera y valerosa en las que mirarnos, pues cada uno de nosotros no puede ser modelo de sí mismo. Hemos de mirarnos en aquellos que nos han precedido o que conviven con nosotros y nos sirven de referencia en los momentos de incertidumbre y duda.

Esta necesidad de personajes valerosos, de un modo u otro, permanece latente en el fondo de la colectividad, dado que sirven como referentes sociales. De ahí que pervivan los grandes relatos protagonizados por individuos de gran valor, aunque, en la actualidad, se hayan trasladado a los cuentos, las novelas, el cine o los videojuegos.

El problema es que, en los numerosos medios de comunicación que nos rodean, los protagonistas de esos relatos son seres amorales, cínicos, agresivos y cargados de violencia, dado que el fin último que les guía es acabar con “el enemigo” del modo que sea.

Esta amoralidad ha generado una carga de escepticismo en las nuevas generaciones, como lo he podido comprobar en recientes trabajos de investigación en los que preguntaba a adolescentes que me indicaran algún personaje que para ellos fuera un verdadero héroe.

Lo cierto es que las respuestas se centraban en personajes próximos: el padre, la madre, algún abuelo, etc. Es decir en alguien que conocían de cerca y estaban seguros de sus conductas, de sus esfuerzos y de las motivaciones que los impulsaban.

Esta visión ya alejada de los grandes mitos nos aproxima a ese aforismo de Carlos Castilla del Pino en el que nos dice: “No ser héroe. Ya es bastante con vivir el día a día”. O a este otro: “En una sociedad donde el héroe es necesario, algo va mal”.

Ciertamente, hemos llegado a una sociedad en el que la vida cotidiana y los problemas que en ella afrontamos son suficientes para que estemos a prueba constantemente. En nuestro siglo veintiuno, no viene mal la frase de Pierre Brulat, periodista y novelista que vivió a caballo entre los siglos diecinueve y veinte, en la que nos decía: “Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre”. (Yo diría: “una persona valerosa”).

Y es que, en la actualidad, el miedo se ha instalado en la gente de un modo verdaderamente peligroso. Hoy, el miedo se ha convertido en el instrumento más preciado por los poderosos, ya que con él logran doblegar las voluntades y que se acaben aceptando las condiciones humillantes que desean imponer a la mayor parte de la población.

Para Pepa Polonio, gran amiga, persona valiente, sincera y generosa. Con todo mi afecto.
AURELIANO SÁINZ

25 de marzo de 2012

¿Todavía no has visto el anuncio de Loewe?

En los últimos días, las redes sociales se han hecho eco de la campaña de la empresa Loewe para promocionar sus bolsos, dado que estos, tiempo atrás, estaban destinados únicamente al público femenino. Ha sido un intento de abrir el mercado hacia el sector masculino joven, aunque, no lo olvidemos, lo hace en un tiempo de grave crisis económica.


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Y es que los intentos de las empresas de traspasar el sector que habitualmente adquiere un determinado producto no es algo nuevo. El deseo de acceder a otros compradores siempre ha estado presente, aunque no es fácil romper la barrera del sector consumidor que a lo largo de los años ha sido el que ha adquirido o consumido ese producto o marca.

Para que veamos un par de ejemplos de lo que he manifestado, presento dos anuncios que incorporé en mi libro ¡Mírame! Teoría y práctica de los mensajes publicitarios. Los dos anuncios, de Brandy 103 y de Marie Brizard, están referidos a bebidas con sectores consumidores muy delimitados: el primero de público masculino y el segundo de femenino, ambos de edades mayores.

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En el anuncio de Brandy 103, correspondiente a una fotografía de plano medio, se ve a un hombre mayor y a un chico joven, este último con aspiraciones de incorporarse a la plantilla de la redacción de un periódico de la que el primero parece ser el director.

Esto se deduce a partir del texto que acompaña a la imagen y en el que aparece la siguiente reflexión: “Viene todos los días a comer al bar que está debajo de mi periódico y dice que le encanta tomarse un 103 conmigo. ¿Estará buscando trabajo en mi periódico o es que ya sabe apreciar el sabor de un buen ‘artículo’?”.

Evidentemente, este anuncio es de hace más de una década, puesto que ahora para promocionar una bebida “de mayores” hacia la gente joven no mostraría a uno que pretende entrar en la redacción de un periódico: la crisis de la prensa impresa es alarmante y se desconoce el rumbo que va a tomar con la irrupción de la de tipo digital.

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La otra campaña que intentaba captar un nuevo sector era Marie Brizard, anisette de origen francés que se suele tomar por las tardes acompañado de pastas y galletas. Su público consumidor era el femenino de edad ya mayor, por lo que la compañía buscó ampliarlo a edades más jóvenes, utilizando una campaña en la que incorporaba elementos de tipo subliminal.

Por otro lado, y volviendo al comienzo, los creadores del famoso spot de Loewe no han olvidado la ley que rige el mundo de la publicidad, de modo que han logrado que el anuncio alcance el rango de trending topic, neologismo que indica que ha alcanzado la máxima difusión en las redes sociales.

Para comprender este gran éxito, conviene volver a mirar en un artículo anterior titulado AIDA (iniciales de Atención / Interés / Deseo / Adquisición), en el que indicaba que esta era la fórmula clásica ideal en el campo publicitario, y que, en caso de cumplirse en una campaña, podríamos decir que había alcanzado el objetivo marcado.

Y puesto que nos movemos en una selva de mensajes difundidos a través de los múltiples medios de comunicación de la sociedad del siglo XXI, debemos tener presente que, en ocasiones, una marca comercial apunta fuertemente al primero de los cuatro puntos, de modo que busca llamar la atención por todos los medios posibles, con el fin de hacerse un hueco en el cúmulo de anuncios que diariamente ven la luz.

Esto fue lo que hizo, por ejemplo, la empresa italiana Dolce & Gabbana, especializada en mensajes con fuerte carga erótica, cuando en 2007 sacó los dos anuncios que muestro.

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En el primero de ellos se ve a una chica tumbada y que es sostenida por los brazos por un joven, como forzándola, al tiempo que otros tres, de manera indiferente, contemplan la escena.

Siendo enormemente provocativo este anuncio, a mi modo de entender, lo era más aún el de ropa masculina. En él se aprecia un joven totalmente desnudo, en estado yacente, al tiempo que otro, con ropa blanca, se abrocha el pantalón. Dos personajes observan la escena, mientras un cuarto se anuda la corbata.

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Lógicamente, y como era de esperar, la campaña se prohibió nada más salir. Pero la marca patrocinadora había logrado su objetivo: que durante un cierto tiempo los medios periodísticos estuvieran hablando de estos anuncios. Dolce & Gabbana había conseguido una magnífica publicidad gratuita, ya que eso era lo que pretendía.

Y de nuevo se repite la historia, pero con los envoltorios específicos del tiempo en el que actualmente nos movemos. Hoy es Loewe la marca que ha lanzado un spot con la finalidad, tal como explicaré, de hacerse eco en los medios de comunicación y lograr la publicidad gratuita que se alcanza tras una fuerte polémica. Es lo que ha sucedido en este caso, ya que, incluso, el programa El intermedio de la Sexta le dedicó nada menos que dos programas.

Pero antes de explicar el contenido del anuncio, ¿hay que decir que más del 48 por ciento de los jóvenes de nuestro país se encuentra en paro? No creo que esto sea una buena noticia ni tampoco ninguna novedad: es un hecho que golpea con toda crudeza y, de manera especial, a la generación joven.

Pues bien, en medio de esta grave situación, Loewe saca un anuncio para la televisión en la que un grupo de chicos y chicas “megapijos” van desgranando un conjunto de frases dignas de gente con un coeficiente intelectual cercano al cero.

¿Y qué dicen estos especímenes? Pues frases tan brillantes como “Es un rollo hacerse mayor”; “Me bajo del avión, me pinto, me visto y… ¡pumba!: ya estoy”; “Lo más guay de España, y que no tienen otros, son las españolas”; “¡Arriba las pestañas!”; “Estar enamorada es superguay, porque todo te da vueltas”… Hasta llegar a la perla: “Es que Spain is different”.

Pudiera parecer que para soltar estas chorradas se han valido de un grupo de adolescentes cualesquiera. ¡Qué va! Han acudido a gente como Helena y Lucía Cuesta, hermanas gemelas y sobrinas de la cantante Ana Belén. Al actor Martín Rivas, hijo del escritor Manuel Rivas, que ha participado en series como El internado o en la película Los girasoles ciegos. A María Rosenfeld, hija de la renombrada fotógrafa Ouka Lele. O a Josep Xorto, músico, y que fue telonero de Dirty Pretty Things o Babyshambles. Vamos, que eso de tener un coeficiente mental mínimo, de ninguna manera. Todos ellos bastante inteligentes y siendo conscientes de a qué se prestaban.

Y lo más sorprendente de todo esto es que ningún medio de comunicación, ningún periódico, ningún titular en redes sociales, se ha percatado de que han sido utilizados para que sirvieran de trampolín a la muy estudiada campaña de Loewe. Por lo que esta marca, junto a su departamento de marketing, se frotan las manos ante el éxito gratuito obtenido.

Posdata: Amigo lector / amiga lectora, si este tema te interesa, lo mejor que puedes hacer es entrar aquí y ver el anuncio. Y, si te parece, después me das tu opinión.

AURELIANO SÁINZ

18 de marzo de 2012

Tú a la oficina y yo a fregar

Personalmente, no me cabe la menor duda que una de las grandes transformaciones que se ha producido en la sociedad occidental en las últimas décadas ha sido la del papel de la mujer, tanto en el ámbito doméstico como en su presencia en la sociedad. La lucha de las mujeres -y de los hombres que están por la igualdad de derechos- no ha sido en vano. Y los que estamos en el ámbito educativo nos encontramos en una atalaya privilegiada en la que podemos atisbar con precisión esas transformaciones.

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Si echo una mirada hacia atrás, puedo recordar que cuando estudiaba Arquitectura en Sevilla, allá por la década de los setenta, en mi clase solo había dos compañeras que se habían arriesgado a enfrentarse a una carrera eminentemente masculina. Y eso por no entrar en el campo de las ingenierías en las que prácticamente no aparecía ninguna chica en estos estudios. En todo caso, Humanidades y Magisterio parecían el lugar idóneo para ellas.

En la actualidad, el vuelco ha sido total: hoy en las escuelas de Arquitectura es fácil comprobar cómo se han equiparado ambos sexos, al tiempo que en otras carreras están mayoritariamente ocupadas por el género femenino.

Podemos seguir viendo los avances producidos en distintos ámbitos: laboral, político, empresarial, etc. Sin embargo, y a pesar de los logros alcanzados por la mujer, muchos de los derechos conquistados parecen que ahora se tambalean, al tiempo que una ola de neoconservadurismo pretende restringir las conquistas que tanto han costado alcanzar. ¡Y lo más curioso es que este recorte de derechos lo defienden algunas cuyos nombres están en mente de los lectores de este escrito!

Y es que, en medio de esas plausibles transformaciones, hay un reducto en el que no se han dado los cambios que se podrían esperar: me estoy refiriendo al hogar, en el que parece que se muestra como un baluarte irreductible en el casi no penetran las ideas igualitarias.

En gran medida los roles permanecen: la mujer sigue siendo la responsable de las tareas domésticas y del cuidado y atención de los hijos; mientras que el hombre, a lo máximo, colabora, pero sin haber asumido que los trabajos que conlleva la casa y los hijos son también responsabilidades suyas.

No olvidemos que es en este ámbito en el que los niños y niñas, es decir los hombres y mujeres del mañana, realizan los aprendizajes más intensos que marcan sus ideas acerca de lo masculino y lo femenino, es decir de los valores, conceptos y actitudes en relación a su propio género y al opuesto.

No voy aquí a cuestionar el hecho de que una mujer decida dedicarse a la casa y los hijos, si es algo por lo que ha optado de manera voluntaria (¡faltaría más!). Lo que sí, insisto, es fundamental que ambos consideren que el trabajo doméstico y la educación de los hijos es cosas de los dos; no de uno de ellos.

El problema se agudiza cuando se da en ambos el deseo de trabajar fuera del ámbito doméstico, cosa muy habitual en la actualidad, y llevan este proyecto personal y de pareja hacia delante. En este caso, lo más razonable es que asumieran de manera equitativa las cotidianas y, en ocasiones, agotadoras tareas que conllevan el trabajo asalariado y el trabajo en la casa.

Esta pervivencia de la separación estricta de roles he constatado que permanece de modo casi inalterable con el paso del tiempo. Y se da tanto en parejas que tienen una concepción tradicional de la familia como las que se denominan "progresistas". En muy pocos casos se lleva adelante ese criterio de igualdad que se defiende en público.

Para mí, un claro observatorio de esta división de roles lo encuentro en los dibujos de los escolares de Primaria y estudiantes de Secundaria cuando se les ha propuesto en el aula que realicen el dibujo de la familia y han optado por construir una escena en el interior del hogar.

Con el objeto de que veamos esta permanencia, he seleccionado seis dibujos de un archivo extenso, confeccionado a lo largo de los años. Tres de ellos fueron realizados hace bastantes años, aproximadamente dos décadas o más; mientras que los otros tres son recientes. Fueron trazados tanto por chicos como por chicas, y nos sirven para que podamos constatar cómo ambos sexos interiorizan modelos de conductas en el seno de la familia.

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Comienzo por el dibujo realizado por una niña, en cuya escena se aprecia que el padre entra por la puerta viniendo del trabajo y portando una cartera. Es recibido con júbilo tanto por ella como por su hermano. Su madre, mientras tanto, se encuentra cogiendo una maceta con intención de trasladarla.

En la ingenuidad de esta escena, se describe esa división de roles que tanto marca a ambos géneros: la madre es la responsable del hogar y del cuidado de los hijos, mientras que el padre lo es del trabajo asalariado que se realiza fuera del ámbito doméstico.

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En el segundo dibujo que muestro se aprecia bien que ha sido trazado hace un par de décadas, ya que se puede identificar por el programa que aparece en la televisión, Barrio Sésamo, que tanto éxito tuvo entre los pequeños.

La autora, una niña de ocho años, ha dibujado el interior de la casa en la que aparece la madre diciendo: “La cena está servida”, al tiempo que el padre le responde: “Cariño dame la comida”. La niña manifiesta en el dibujo un hecho cotidiano, en el sentido de que es su madre la que tiene que realizar la cena para los cuatro.

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Para cerrar la selección de tres dibujos de tiempo atrás, muestro el que me entregó un chico de doce años. A él se le ve jugando en el suelo a las canicas con su hermano; su madre, de manera cantarina, barre el suelo del salón; y su padre, sentado en la butaca, con las piernas extendidas, le da al mando a distancia para ver la televisión.

La división de roles es patente en este trabajo: la madre es la encargada de las tareas domésticas y el padre, ausente de ese entorno, no tiene ninguna responsabilidad dentro de las paredes del hogar.

Pudiera parecer que el paso de los años y las transformaciones sociales, que han dado un mayor protagonismo y visibilidad a la mujer en el ámbito social, también se hubieran visto reflejadas en el seno del hogar. Sin embargo, como he indicado al comienzo, no ha sido así: apenas han variado los roles y sigue siendo la mujer la responsable del trabajo en la casa y del cuidado de los hijos.

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Lo expresado queda patente en el cuarto dibujo que ha sido realizado hace muy poco. Corresponde a un niño, Antonio, de ocho años, y en la escena podemos encontrar los cambios que las nuevas tecnologías y los juegos electrónicos han promovido en el hogar. El propio autor se encuentra en una habitación superior de la casa, actuando con el ordenador, al tiempo que su hermano Miguel, en la contigua, está durmiendo.

Pero lo que vuelve a permanecer de modo inalterable son los roles de los progenitores: el padre, tumbado en el sofá, con las piernas estiradas llama a su mujer, que acude presta a la voz del marido para atender sus demandas.

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El quinto trabajo nos muestra otra escena de tipo doméstico con los roles claramente diferenciados. Es un trabajo de una chica de 12 años. En la escena ha representado a su madre planchando la ropa, mientras mira la televisión. El padre se despide de ella, ya que se va al carnaval, con las expresiones: “Después vengo a por ti” y “¡Adiós!”.

Para concluir este recorrido, cierro con una escena realizada por un niño de ocho años. En el salón de la casa aparecen los cuatro miembros que componen la familia: la madre, fregando el suelo; el padre que llama por teléfono; su hermana, de espaldas, estudiando; y, por último, él mismo que se dibuja de frente con una exclamación de admiración.

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Como he manifestado al comienzo del artículo, los dibujos que realizan los escolares son un medio privilegiado para conocer cómo son los roles en el seno de los hogares. Por ellos, nos damos cuenta que en la estructura familiar apenas se han dado cambios en lo que respecta a compartir el trabajo doméstico y el cuidado y atención hacia los hijos.

Y mientras estos cambios no se den en las relaciones de pareja, difícilmente se avanzará hacia una sociedad más igualitaria, por muchas campañas y muchos eslóganes que se promuevan desde los ámbitos institucionales.

AURELIANO SÁINZ