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Mostrando entradas con la etiqueta El caleidoscopio [Remedios Fariñas]. Mostrar todas las entradas
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21 de julio de 2020

  • 21.7.20
Hoy quiero abordar un tema muy delicado del que se ha escrito mucho pero que hay que seguir denunciando ante la opinión pública. Me refiero a la gestión vergonzosa que algunos responsables políticos autonómicos han hecho en las residencias de ancianos durante la pandemia del covid-19.



Los geriátricos se han convertido en una trampa mortal para sus residentes, que murieron en ellos sin que al menos los trasladasen a los hospitales, en una muerte sin remedio, sin sentido. Les fue dictada la sentencia para que el político de turno presumiera de que sus hospitales contaban con mayor calidad y mejor organización. ¡Ni en el mejor de los casos tiene esto justificación alguna!

Según los datos del Ministerio de Sanidad y las consejerías de las distintas Comunidades Autónomas, el número de ancianos fallecidos en las residencias por covid-19 asciende a 19.629 personas. La mayoría de estas muertes se produjeron en Madrid y Cataluña.

La Unidad Militar de Emergencia (UME) fue la encargada de desinfectar y dar apoyo a las residencias de ancianos. Cuando entraron en ellas, las escenas que se encontraron fueron dantescas: desde ancianos abandonados en unas condiciones de salubridad nefastas hasta cadáveres conviviendo con residentes. Tanto es así que hay una investigación judicial en curso.

¡Pobres abuelos, hartos de luchar tantos años con la vida! Después de vivir en el país del miedo, fueron capaces de construirnos un país libre. Por eso no podemos consentir lo que ha pasado. Quiero recordar a través de estas pocas líneas a aquellos que murieron solos y, posiblemente, bajo un gran sufrimiento, sin recibir los más mínimos cuidados paliativos.

A las dos principales capitales españolas, Madrid y Barcelona, les desbordó la situación, en gran parte, debido a que cuentan con el mayor número de residencias privadas y, también, debido a los recortes efectuados en sanidad. Los hospitales públicos no daban abasto y faltaban material, camas y personal. Los sanitarios se contagiaban porque no tenían las suficientes medidas de seguridad y la muerte también se cebó con  ellos.

Este abandono de responsabilidades tiene diferentes vertientes de análisis. En cuanto a la vertiente ética y humana, yo me pregunto: ¿cuántos políticos han tenido que abandonar a sus padres para que murieran solos en medio de una agonía atroz? Por suerte, muchos de estos señores se escapaban del triaje que, por cierto, no hacían los médicos sino unos funcionarios de la Comunidad. El abuelo que pagaba un seguro privado contaba con un salvoconducto para una cama en un hospital. El director o directora del centro llamaba a su seguro privado y, rápidamente, una ambulancia venía a por él.

La Consejería de Sanidad de Madrid elaboró un protocolo con la intención de que sus hospitales no se colapsaran. Este protocolo consistía en realizar una criba para la hospitalización de los enfermos. Así, a las personas mayores que padecieran enfermedades terminales o eran dependientes se les excluía de la atención pública hospitalaria –cabe mencionar que una persona que necesitara silla de ruedas era considerada dependiente–.

Sin embargo, a aquellos enfermos que contaban con un seguro privado se les derivaba a cualquiera de las clínicas y hospitales privados ubicados en la Comunidad. De esta forma, no se saturaban los hospitales y, por lo tanto, el político se libraba de una mala imagen que no podía permitirse bajo ningún concepto.

Cuando algún anciano enfermaba, los trabajadores de las residencias tenían que llamar a un geriatra del hospital público para que valorase por teléfono el traslado según los síntomas o dependiendo de lo saturadas que estuviesen las Urgencias. En cambio, si tenía un seguro privado, solo tenían que llamar a la ambulancia que lo recogía y lo hospitalizaba.

La Comunidad de Madrid es, de todas las Autonomías, la que acumula más diligencias judiciales e, incluso, hay una querella elevada al Supremo para investigar a la presidenta, Isabel Díaz Ayuso. También han presentado una querella en contra del Gobierno por posible delito de homicidio imprudente a causa de la mala gestión que, según las familias, han hecho de la pandemia. Esta querella ha sido presentada en el Tribunal Supremo por un grupo de abogados de toda España en nombre de 3.000 familiares de personas fallecidas a causa del coronavirus.

Los más indefensos y los más débiles son los que han pagado el error de esos malos políticos que anteponen a su deber con la sociedad el enriquecimiento propio y malvenden lo público, que es de todos: también de esos miles de abuelos que se han ido sin despedirse y en la más atroz de las agonías. No hay perdón para tanto dolor.

REMEDIOS FARIÑAS

23 de junio de 2020

  • 23.6.20
Recuerdo que cuando era una niña, mi abuela, que me traía el desayuno a la cama, me contaba historias de la Guerra Civil española. Parece que estoy oyendo a mi madre diciéndole: “no le cuentes esas cosas a la niña”. Mi abuela, cada mañana, venía y hacía lo mismo. Y a mí me encantaba y, con los ojos grandes por el asombro, la escuchaba todo el rato. Creo que de escuchar aquellas historias vinieron mis ganas de contarlas y me hice periodista.



Ahora hay un cierto sopor en el ambiente, una dejadez, un querer vivir y no poder; como si se quisiera respirar y, por alguna razón, no se pudiese soltar el aire. Las personas han tenido que encerrarse y huir de un enemigo sin cara, un enemigo mortal.

Ante esta tesitura hay quien se ha comportado con solidaridad y amor al prójimo y quien, también, se ha vuelto aún más ególatra y egoísta. Estos días hemos visto a ciudadanos que lo han dado todo, incluso la vida, y también, los que aprovechando esta crisis sanitaria han querido tumbar al Gobierno.

Parece ser que las derechas, aunque se digan muy demócratas, no lo son tanto: no conciben que gobiernen los contrarios, no pueden soportar que su mano de obra barata les salga cara, que su mayordomía les exija un horario y que sus trabajadores agrarios les pidan un digno salario. De aquellos viejos lodos franquistas proceden estos barros.

En la formación del Gobierno ya se dilucidaba el sentido que iba a tener la Legislatura. Tras superar muchos escollos se consiguió́ formar un Gobierno de progreso. Y pocos meses más tarde estalló la pandemia.

No digo que este desastre no haya sacado lo mejor de nosotros pero, también, con mucha fuerza, lo peor de cada individuo ha salido a flote. El cainismo español campa estos días por todas partes: por la calle, por las redes y, sobre todo, en el Congreso de los Diputados.

Nunca he sentido más vergüenza ajena que cuando escuché el lenguaje tabernario y bronco que hace unos días se pudo oír dentro del hemiciclo. Los diputados de derechas insultaban sin el más mínimo pudor, aprovechando los horrores de la epidemia que realmente nadie vio venir y que ahora utilizan desalmadamente para desgastar al Gobierno.

Se valen de la forma más vil, utilizando a los miles de muertos, y terminan culpando a quienes están dándolo todo por intentar que los de siempre, los que para ellos no son nadie, no se queden atrás. Esos “nadíes” que el gran Galeano retrató con la maestría que le caracterizaba.

Esta misma pelea se da entre los ciudadanos de a pie e, incluso, se producen agresiones por ideas e ideales diferentes entre los unos y los otros. Se insultan igual o más que en el Congreso, se ofenden en las redes sociales y el ambiente está sumamente enrarecido.

Para rizar el rizo han introducido a la Guardia Civil en el discurso y de una sustitución por parte del ministro –que, por cierto, todos sabemos la causa– puede hasta que haya una revolución en el Cuerpo. ¡Ojalá me equivoque!

Y, para terminar, el colmo de los colmos: el Rey emérito está siendo investigado por el Tribunal Supremo. Todo comenzó el 15 de marzo, el domingo por la noche, cuando la Casa del Rey anunció que Felipe VI renunciaba a la herencia que pudiese corresponderle de su padre y que, además, a Juan Carlos I se le retiraba la asignación que cobraba del Estado. Era una manera de admitir los negocios no claros del monarca ya retirado.

Todo esto sucedía mientras toda España estaba confinada en sus domicilios, los hospitales se colapsaban y los muertos se contaban a miles. Esa democracia a medida construida, después de los años de dictadura infernal, se ha quedado corta, muy corta y muy corrompida.

Los todavía jirones del franquismo se hacen sentir: están en casi todas las instituciones más importantes de nuestro país y siguen medrando. Tenemos que salir de este pozo, respirar sin mascarilla que nos impida gritar, volver a vivir, conseguir que este país sea más progresista y más justo. Pero, volviendo a Galeano, no hay un día mágico que llueva la buena suerte por mucho que los nadíes la llamen.

REMEDIOS FARIÑAS


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