La Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla proyecta habilitar un columbario en una de sus criptas subterráneas, con capacidad inicial para albergar 137 nichos destinados a urnas con cenizas y un cenizario común. La iniciativa, concebida como un espacio de oración, recuerdo y recogimiento, se desarrollaría sobre una superficie de 116 metros cuadrados útiles y se encuentra todavía en fase informativa, pendiente de las autorizaciones necesarias para poder intervenir en un monumento protegido como Bien de Interés Cultural (BIC).
El párroco de Santiago Apóstol, Fernando Suárez, dio a conocer las líneas generales de la propuesta en un encuentro en el que participaron el historiador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco y los arquitectos Pepa Jiménez Lucena y Ángel Molina de la Torre, a quienes se encomendó el proyecto hace año y medio.
Suárez recordó que la posibilidad de contar con un columbario en Santiago había sido considerada por anteriores responsables de la parroquia y, también, de la Cofradía Penitencial de la Vera Cruz. No obstante, ha sido ahora cuando se ha iniciado la elaboración de una propuesta concreta, motivada por la existencia de espacios disponibles en el subsuelo del templo.
El también rector de la Basílica San Juan de Ávila vinculó el proyecto con la concepción cristiana de la muerte y la conservación de los restos mortales. Tras afirmar que actualmente más del 60 por ciento de las defunciones terminan en cremación, defendió que “la iglesia tiene mucho interés en recordar la importancia del cuerpo y de los restos mortales que esperan la resurrección”. En ese sentido, Suárez se refirió a la dispersión de cenizas en distintos lugares y a la tradición de custodiarlas en espacios sagrados.
El futuro columbario de la Parroquia de Santiago Apóstol se ha diseñado para una estancia abovedada de piedra y ladrillo, con luz y ventilación naturales procedentes de una abertura hacia la calle Puerta del Sol. El espacio central se relaciona con las criptas históricas de los sacerdotes y de la familia Garnelo.
Según detallaron los autores del proyecto, el acceso se realizaría desde la sacristía, por una escalera que conduciría a un atrio de entrada y, desde allí, a la zona de los columbarios. El recinto dispondría también de un espacio final destinado a altar, donde podrían celebrarse pequeños responsos.
El arquitecto Ángel Molina de la Torre explicó que “hemos querido materializar que todo el columbario sea una metáfora del camino, de la vida eterna”. De acuerdo con esa idea, el acceso representaría el nacimiento; el recorrido descendente por la escalera, el transcurso de la vida; y la llegada a la zona de altar, la resurrección. Los nichos se distribuirían a ambos lados de la estancia y se reservaría un área para la oración de los familiares.
La propuesta contempla inicialmente 129 nichos con capacidad para dos urnas cada uno y otros ocho para cuatro urnas, además de un cenizario general. Los responsables técnicos han previsto la posibilidad de ampliar la instalación mediante cuatro módulos centrales adicionales, que aportarían otros 64 nichos si se alcanzase la ocupación de la primera fase. De este modo, la distribución permitiría incrementar la capacidad sin variar el planteamiento modular de la propuesta.
El diseño apuesta por una iluminación indirecta procedente de los propios módulos y del pavimento, con el propósito de evitar luces intensas dentro del recinto. Para los elementos constructivos se han planteado soluciones tradicionales a base de ladrillo y rasillones, combinadas con morteros de cal, madera de tonalidades claras y mármoles blancos y de color crema. Los arquitectos señalaron que las nuevas piezas se separarían mínimamente de la estructura original y se instalarían mediante un sistema modular reversible, atendiendo a las exigencias de conservación del templo.
Pepa Jiménez Lucena recordó que la iniciativa se había contrastado con la normativa diocesana para columbarios y con los criterios de protección patrimonial aplicables al templo mayor de la Escuchuela. También aludió a la existencia de espacios de características similares en distintas iglesias de la diócesis, entre ellas, las parroquias de la Trinidad y San Nicolás, en la capital cordobesa, donde ya se han habilitado columbarios.
Uno de los elementos previstos es el cenizario común, que, según explicó Fernando Suárez, tendría también una función social. El párroco planteó que las personas vinculadas a los programas de Cáritas que careciesen de recursos para disponer de otro lugar de enterramiento pudieran depositar allí sus cenizas gratuitamente.
Ese depósito se ubicaría en un espacio que el sacerdote identificó como el antiguo atroje, utilizado en otros tiempos para guardar aceites y objetos que no podían desecharse. Asimismo, el cenizario recibiría las cenizas que, pasado un tiempo, no fueran reclamadas o que las familias decidieran trasladar allí tras finalizar una cesión. El párroco explicó que en instalaciones de este tipo suelen establecerse cesiones por periodos de 25, 30 o 40 años, susceptibles de renovación, aunque subrayó que las condiciones de Santiago todavía no se han concretado.
Suárez adelantó, asimismo, que, si se materializa el proyecto, la eucaristía de los domingos al mediodía se ofrecerá especialmente por las personas cuyos restos descansen en el columbario. “La misa de 12.00 de cada domingo será ofrecida especialmente por los difuntos que reposan en el columbario parroquial”, explicó, al referirse a la práctica que se pretende incorporar a la vida ordinaria de la parroquia.
La elección del lugar responde también a la historia funeraria del templo. El historiador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco, feligrés del templo, situó a Santiago como iglesia matriz de Montilla y recordó que, durante siglos, numerosos vecinos fueron enterrados en su interior, tanto en sepulturas abiertas en el pavimento como en capillas y criptas vinculadas a familias y cofradías. El historiador estimó, a partir de la documentación testamentaria, que entre el 80 y el 85 por ciento de los montillanos fallecidos entre la Edad Media y el siglo XIX pudieron recibir sepultura en el templo de la Escuchuela.
Jiménez Barranco recordó que las lápidas que cubrían buena parte de los enterramientos desaparecieron con la renovación del suelo a comienzos del siglo XX. Señaló igualmente la existencia de sepulturas de sacerdotes y de miembros de la familia Garnelo, esta última vinculada a la familia Aguilar Tablada por el primer matrimonio del escultor Manuel Garnelo y Alda. A su juicio, el columbario permitiría recuperar una función funeraria que la Parroquia de Santiago ejerció durante siglos y que quedó limitada por los cambios en las prácticas de enterramiento.
El historiador montillano aludió también a la epidemia de fiebre amarilla de 1803 como un momento decisivo para la habilitación de cementerios fuera de las iglesias. En Montilla, el primer cementerio público se habilitó provisionalmente junto a la ermita de la Vera Cruz, en un recinto que después ocuparía el patio del Colegio Salesiano.
En su valoración personal, Jiménez Barranco consideró que el columbario podría favorecer el mantenimiento del templo, ampliar sus horarios de apertura y facilitar las visitas de familiares. “Si este proyecto sale adelante, creo que puede ser un salvavidas de la propia iglesia”, manifestó al referirse a las posibilidades de conservación y utilización de las instalaciones.
La relación entre la Parroquia de Santiago y los enterramientos está documentada en la tesis doctoral «El Patrimonio Monumental de Montilla: Caso de la Parroquia de Santiago Apóstol», obra de de María Araceli Calvo Serrano, publicada en 2021. La investigadora recoge que existe constancia escrita de la iglesia, al menos, desde 1437, aunque su origen se ha relacionado con etapas anteriores y no se han encontrado pruebas concluyentes que permitan confirmar algunas de las hipótesis tradicionales sobre su fundación.
El trabajo de Calvo Serrano detalla que las reformas llevadas a cabo durante el siglo XVII, coincidiendo con la ampliación del presbiterio y la construcción del coro en 1632, permitieron excavar criptas bajo las cabeceras de las naves laterales y bajo el propio presbiterio. Para acceder a ellas se construyó una escalera desde la sacristía, que todavía se conserva, y parte de las obras se ejecutaron con piedra procedente de las ruinas del castillo de Montilla.
Una de aquellas criptas, situada bajo la antigua capilla del Sagrario, se destinó al enterramiento de los sacerdotes. La autora de la tesis precisa que, durante el siglo XIX, los nichos fueron vaciados y los restos trasladados a un osario en el muro frontal, cerrado con las lápidas que habían cubierto las sepulturas y dos azulejos con inscripciones en latín. La investigación reconoce que no se ha podido determinar con certeza qué uso tuvieron las otras criptas construidas en esa misma fase.
El mismo estudio reconstruye la historia de otros panteones de la parroquia. En febrero de 1906, el pintor José Garnelo y su hermano, el escultor Manuel Garnelo, solicitaron permiso para construir una cripta familiar bajo la capilla de la Inmaculada Concepción. El recinto dispone de veinte nichos distribuidos en cinco filas de cuatro y alberga los restos de los hermanos y sus familiares. Su altar está presidido por una pintura de la Inmaculada realizada por José Garnelo.
La familia Alvear también cuenta con una cripta vinculada al templo. La investigación de Calvo Serrano recoge que el conde de la Cortina obtuvo en 1924 autorización para construirla y que, en 1930, solicitó el traslado de familiares desde el cementerio de la Vera Cruz. Las obras de la nueva capilla del Sagrario, bajo la cual se construyó el panteón, se desarrollaron en 1932.
Además de su valor histórico, la parroquia cuenta con una protección patrimonial específica. La tesis de María Araceli Calvo Serrano recuerda que la iglesia fue declarada el 30 de abril de 2001 Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de monumento y que está catalogada urbanísticamente con protección integral. Esta circunstancia obliga a someter el proyecto a los permisos de Cultura, además de las autorizaciones sanitarias y eclesiásticas señaladas durante la presentación.
Fernando Suárez precisó que la parroquia se encuentra únicamente en una etapa de información y consulta, abierta a posibles modificaciones y a las aportaciones de los fieles. Explicó que la construcción del columbario requerirá una inversión importante y que será necesario buscar financiación, por lo que se pretende conocer primero cuántas personas y familias estarían interesadas en utilizar este nuevo recinto.
Por ahora, no se han establecido las tarifas de uso. El párroco indicó que quienes deseen expresar su interés pueden dirigirse a la propia parroquia —por teléfono o correo electrónico—, o hacerlo directamente a través de sus responsables.
El párroco de Santiago Apóstol, Fernando Suárez, dio a conocer las líneas generales de la propuesta en un encuentro en el que participaron el historiador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco y los arquitectos Pepa Jiménez Lucena y Ángel Molina de la Torre, a quienes se encomendó el proyecto hace año y medio.
Suárez recordó que la posibilidad de contar con un columbario en Santiago había sido considerada por anteriores responsables de la parroquia y, también, de la Cofradía Penitencial de la Vera Cruz. No obstante, ha sido ahora cuando se ha iniciado la elaboración de una propuesta concreta, motivada por la existencia de espacios disponibles en el subsuelo del templo.
El también rector de la Basílica San Juan de Ávila vinculó el proyecto con la concepción cristiana de la muerte y la conservación de los restos mortales. Tras afirmar que actualmente más del 60 por ciento de las defunciones terminan en cremación, defendió que “la iglesia tiene mucho interés en recordar la importancia del cuerpo y de los restos mortales que esperan la resurrección”. En ese sentido, Suárez se refirió a la dispersión de cenizas en distintos lugares y a la tradición de custodiarlas en espacios sagrados.
El futuro columbario de la Parroquia de Santiago Apóstol se ha diseñado para una estancia abovedada de piedra y ladrillo, con luz y ventilación naturales procedentes de una abertura hacia la calle Puerta del Sol. El espacio central se relaciona con las criptas históricas de los sacerdotes y de la familia Garnelo.
Según detallaron los autores del proyecto, el acceso se realizaría desde la sacristía, por una escalera que conduciría a un atrio de entrada y, desde allí, a la zona de los columbarios. El recinto dispondría también de un espacio final destinado a altar, donde podrían celebrarse pequeños responsos.
El arquitecto Ángel Molina de la Torre explicó que “hemos querido materializar que todo el columbario sea una metáfora del camino, de la vida eterna”. De acuerdo con esa idea, el acceso representaría el nacimiento; el recorrido descendente por la escalera, el transcurso de la vida; y la llegada a la zona de altar, la resurrección. Los nichos se distribuirían a ambos lados de la estancia y se reservaría un área para la oración de los familiares.
La propuesta contempla inicialmente 129 nichos con capacidad para dos urnas cada uno y otros ocho para cuatro urnas, además de un cenizario general. Los responsables técnicos han previsto la posibilidad de ampliar la instalación mediante cuatro módulos centrales adicionales, que aportarían otros 64 nichos si se alcanzase la ocupación de la primera fase. De este modo, la distribución permitiría incrementar la capacidad sin variar el planteamiento modular de la propuesta.
El diseño apuesta por una iluminación indirecta procedente de los propios módulos y del pavimento, con el propósito de evitar luces intensas dentro del recinto. Para los elementos constructivos se han planteado soluciones tradicionales a base de ladrillo y rasillones, combinadas con morteros de cal, madera de tonalidades claras y mármoles blancos y de color crema. Los arquitectos señalaron que las nuevas piezas se separarían mínimamente de la estructura original y se instalarían mediante un sistema modular reversible, atendiendo a las exigencias de conservación del templo.
Pepa Jiménez Lucena recordó que la iniciativa se había contrastado con la normativa diocesana para columbarios y con los criterios de protección patrimonial aplicables al templo mayor de la Escuchuela. También aludió a la existencia de espacios de características similares en distintas iglesias de la diócesis, entre ellas, las parroquias de la Trinidad y San Nicolás, en la capital cordobesa, donde ya se han habilitado columbarios.
Uno de los elementos previstos es el cenizario común, que, según explicó Fernando Suárez, tendría también una función social. El párroco planteó que las personas vinculadas a los programas de Cáritas que careciesen de recursos para disponer de otro lugar de enterramiento pudieran depositar allí sus cenizas gratuitamente.
Ese depósito se ubicaría en un espacio que el sacerdote identificó como el antiguo atroje, utilizado en otros tiempos para guardar aceites y objetos que no podían desecharse. Asimismo, el cenizario recibiría las cenizas que, pasado un tiempo, no fueran reclamadas o que las familias decidieran trasladar allí tras finalizar una cesión. El párroco explicó que en instalaciones de este tipo suelen establecerse cesiones por periodos de 25, 30 o 40 años, susceptibles de renovación, aunque subrayó que las condiciones de Santiago todavía no se han concretado.
Suárez adelantó, asimismo, que, si se materializa el proyecto, la eucaristía de los domingos al mediodía se ofrecerá especialmente por las personas cuyos restos descansen en el columbario. “La misa de 12.00 de cada domingo será ofrecida especialmente por los difuntos que reposan en el columbario parroquial”, explicó, al referirse a la práctica que se pretende incorporar a la vida ordinaria de la parroquia.
La elección del lugar responde también a la historia funeraria del templo. El historiador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco, feligrés del templo, situó a Santiago como iglesia matriz de Montilla y recordó que, durante siglos, numerosos vecinos fueron enterrados en su interior, tanto en sepulturas abiertas en el pavimento como en capillas y criptas vinculadas a familias y cofradías. El historiador estimó, a partir de la documentación testamentaria, que entre el 80 y el 85 por ciento de los montillanos fallecidos entre la Edad Media y el siglo XIX pudieron recibir sepultura en el templo de la Escuchuela.
Jiménez Barranco recordó que las lápidas que cubrían buena parte de los enterramientos desaparecieron con la renovación del suelo a comienzos del siglo XX. Señaló igualmente la existencia de sepulturas de sacerdotes y de miembros de la familia Garnelo, esta última vinculada a la familia Aguilar Tablada por el primer matrimonio del escultor Manuel Garnelo y Alda. A su juicio, el columbario permitiría recuperar una función funeraria que la Parroquia de Santiago ejerció durante siglos y que quedó limitada por los cambios en las prácticas de enterramiento.
El historiador montillano aludió también a la epidemia de fiebre amarilla de 1803 como un momento decisivo para la habilitación de cementerios fuera de las iglesias. En Montilla, el primer cementerio público se habilitó provisionalmente junto a la ermita de la Vera Cruz, en un recinto que después ocuparía el patio del Colegio Salesiano.
En su valoración personal, Jiménez Barranco consideró que el columbario podría favorecer el mantenimiento del templo, ampliar sus horarios de apertura y facilitar las visitas de familiares. “Si este proyecto sale adelante, creo que puede ser un salvavidas de la propia iglesia”, manifestó al referirse a las posibilidades de conservación y utilización de las instalaciones.
La relación entre la Parroquia de Santiago y los enterramientos está documentada en la tesis doctoral «El Patrimonio Monumental de Montilla: Caso de la Parroquia de Santiago Apóstol», obra de de María Araceli Calvo Serrano, publicada en 2021. La investigadora recoge que existe constancia escrita de la iglesia, al menos, desde 1437, aunque su origen se ha relacionado con etapas anteriores y no se han encontrado pruebas concluyentes que permitan confirmar algunas de las hipótesis tradicionales sobre su fundación.
El trabajo de Calvo Serrano detalla que las reformas llevadas a cabo durante el siglo XVII, coincidiendo con la ampliación del presbiterio y la construcción del coro en 1632, permitieron excavar criptas bajo las cabeceras de las naves laterales y bajo el propio presbiterio. Para acceder a ellas se construyó una escalera desde la sacristía, que todavía se conserva, y parte de las obras se ejecutaron con piedra procedente de las ruinas del castillo de Montilla.
Una de aquellas criptas, situada bajo la antigua capilla del Sagrario, se destinó al enterramiento de los sacerdotes. La autora de la tesis precisa que, durante el siglo XIX, los nichos fueron vaciados y los restos trasladados a un osario en el muro frontal, cerrado con las lápidas que habían cubierto las sepulturas y dos azulejos con inscripciones en latín. La investigación reconoce que no se ha podido determinar con certeza qué uso tuvieron las otras criptas construidas en esa misma fase.
El mismo estudio reconstruye la historia de otros panteones de la parroquia. En febrero de 1906, el pintor José Garnelo y su hermano, el escultor Manuel Garnelo, solicitaron permiso para construir una cripta familiar bajo la capilla de la Inmaculada Concepción. El recinto dispone de veinte nichos distribuidos en cinco filas de cuatro y alberga los restos de los hermanos y sus familiares. Su altar está presidido por una pintura de la Inmaculada realizada por José Garnelo.
La familia Alvear también cuenta con una cripta vinculada al templo. La investigación de Calvo Serrano recoge que el conde de la Cortina obtuvo en 1924 autorización para construirla y que, en 1930, solicitó el traslado de familiares desde el cementerio de la Vera Cruz. Las obras de la nueva capilla del Sagrario, bajo la cual se construyó el panteón, se desarrollaron en 1932.
Además de su valor histórico, la parroquia cuenta con una protección patrimonial específica. La tesis de María Araceli Calvo Serrano recuerda que la iglesia fue declarada el 30 de abril de 2001 Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de monumento y que está catalogada urbanísticamente con protección integral. Esta circunstancia obliga a someter el proyecto a los permisos de Cultura, además de las autorizaciones sanitarias y eclesiásticas señaladas durante la presentación.
Fernando Suárez precisó que la parroquia se encuentra únicamente en una etapa de información y consulta, abierta a posibles modificaciones y a las aportaciones de los fieles. Explicó que la construcción del columbario requerirá una inversión importante y que será necesario buscar financiación, por lo que se pretende conocer primero cuántas personas y familias estarían interesadas en utilizar este nuevo recinto.
Por ahora, no se han establecido las tarifas de uso. El párroco indicó que quienes deseen expresar su interés pueden dirigirse a la propia parroquia —por teléfono o correo electrónico—, o hacerlo directamente a través de sus responsables.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: FRAN VARO / ONDA CERO MONTILLA
FOTOGRAFÍA: FRAN VARO / ONDA CERO MONTILLA


















































