Hace veinticinco años, es decir, en 2001, que falleció George Harrison, el segundo de los Beatles que se despidió de nosotros, tras hacerlo, de manera trágica, John Lennon, al que un desequilibrado dio muerte el 8 de diciembre de 1980 en la ciudad de Nueva York. Todavía siguen vivos y en activo Paul McCartney y Ringo Starr. Especialmente el primero de estos dos sigue con su vena creativa proporcionándonos obras relevantes con cierta regularidad.
Si he acudido para este escrito al título de una de las canciones de George Harrison se debe a que firmó Here Comes the Sun junto a Something, dos de las canciones que más me gustan dentro del maravilloso disco que fue Abbey Road. Como en otras ocasiones, me sirvo del singular talento de Almudena para la ilustración de la portada (que recoge una parte) y, ahora, muestro su trabajo completo.
Pero este elepé no solo fue genial musicalmente (dentro de la genialidad de toda la discografía de los Beatles), sino que su portada se convirtió en un verdadero icono del diseño gráfico de las carátulas de discos de todos los tiempos.
Ahí se encuentran los cuatro cruzando el paso de peatones de esta calle londinense, cada uno con una vestimenta diferenciada, con Paul McCartney marcando el paso de modo distinto y con los pies descalzos, lo que en su tiempo dio lugar a todo tipo de interpretaciones, a cuál más disparatada.
Pero lo que me interesa en esta ocasión es traer a colación una de las más maravillosas canciones escritas sobre el Sol, ahora que hemos vuelto a la “normalidad” tras su ocultamiento debido al eclipse solar, tema que ocupó los titulares de los medios de comunicación durante muchas semanas, y que en los próximos años volverá a repetirse.
Y una vez que hemos escuchado esta maravillosa canción, en la que reiteradamente se repite “Aquí llega el Sol”, conviene recordar que durante 5.000 millones de años estará iluminando y calentando el planeta Tierra antes de que se agote toda la energía que contiene.
Por otro lado, quisiera manifestar algo sobre su temprana importancia como símbolo. Y es que, en los muchos años que llevo investigando dentro del dibujo infantil, me lo he encontrado en numerosas escenas trazadas por niños y niñas cuando representan a la familia.
Siempre me ha intrigado que a partir de los cuatro años nos lo encontremos mayoritariamente en su forma animista, tal como lo expresa el autor del dibujo que acabamos de ver, quien con solo cinco años ya muestra a sus padres, a él mismo y a su hermano pequeño plasmando toda la alegría propia de su edad, al tiempo que el Sol, con rostro humano, parece compartir ese estado de júbilo colectivo.
Podría continuar con la evolución de los dibujos en los que aparece el Sol sonriendo; pero me basta con este otro de un niño de siete años para entender que la alegría de vivir no se concibe sin la presencia del astro rey entre nosotros.
Tenía, pues, razón Paul McCartney cuando escribió y grabó con sus compañeros esa vitalista canción que bien que representa el goce que nos provoca saber que cada día nos despierta esta estrella o la vemos en nuestras caminatas diurnas, tal como a mí me suele acontecer.
Si he acudido para este escrito al título de una de las canciones de George Harrison se debe a que firmó Here Comes the Sun junto a Something, dos de las canciones que más me gustan dentro del maravilloso disco que fue Abbey Road. Como en otras ocasiones, me sirvo del singular talento de Almudena para la ilustración de la portada (que recoge una parte) y, ahora, muestro su trabajo completo.
Pero este elepé no solo fue genial musicalmente (dentro de la genialidad de toda la discografía de los Beatles), sino que su portada se convirtió en un verdadero icono del diseño gráfico de las carátulas de discos de todos los tiempos.
Ahí se encuentran los cuatro cruzando el paso de peatones de esta calle londinense, cada uno con una vestimenta diferenciada, con Paul McCartney marcando el paso de modo distinto y con los pies descalzos, lo que en su tiempo dio lugar a todo tipo de interpretaciones, a cuál más disparatada.
Pero lo que me interesa en esta ocasión es traer a colación una de las más maravillosas canciones escritas sobre el Sol, ahora que hemos vuelto a la “normalidad” tras su ocultamiento debido al eclipse solar, tema que ocupó los titulares de los medios de comunicación durante muchas semanas, y que en los próximos años volverá a repetirse.
Y una vez que hemos escuchado esta maravillosa canción, en la que reiteradamente se repite “Aquí llega el Sol”, conviene recordar que durante 5.000 millones de años estará iluminando y calentando el planeta Tierra antes de que se agote toda la energía que contiene.
Por otro lado, quisiera manifestar algo sobre su temprana importancia como símbolo. Y es que, en los muchos años que llevo investigando dentro del dibujo infantil, me lo he encontrado en numerosas escenas trazadas por niños y niñas cuando representan a la familia.
Siempre me ha intrigado que a partir de los cuatro años nos lo encontremos mayoritariamente en su forma animista, tal como lo expresa el autor del dibujo que acabamos de ver, quien con solo cinco años ya muestra a sus padres, a él mismo y a su hermano pequeño plasmando toda la alegría propia de su edad, al tiempo que el Sol, con rostro humano, parece compartir ese estado de júbilo colectivo.
Podría continuar con la evolución de los dibujos en los que aparece el Sol sonriendo; pero me basta con este otro de un niño de siete años para entender que la alegría de vivir no se concibe sin la presencia del astro rey entre nosotros.
Tenía, pues, razón Paul McCartney cuando escribió y grabó con sus compañeros esa vitalista canción que bien que representa el goce que nos provoca saber que cada día nos despierta esta estrella o la vemos en nuestras caminatas diurnas, tal como a mí me suele acontecer.
AURELIANO SÁINZ
ILUSTRACIÓN: ALMUDENA ALCÁNTARA
ILUSTRACIÓN: ALMUDENA ALCÁNTARA

















































