Montilla conmemora esta semana el vigésimo aniversario de la eliminación definitiva del paso a nivel de El Molinillo, una reivindicación histórica de los vecinos de esta barriada que culminó el 8 de julio de 2006 con la apertura definitiva de una pasarela peatonal que permitía salvar con seguridad la línea férrea Córdoba-Málaga, clausurando así uno de los cruces ferroviarios más peligrosos de la provincia de Córdoba.
Dos décadas después, aquella actuación sigue formando parte de la memoria urbana de Montilla por el impacto que tuvo en la seguridad vial y en la movilidad cotidiana. La línea férrea había actuado durante años como una cicatriz de acero que condicionaba los desplazamientos de muchos vecinos y que mantenía un riesgo permanente en una zona especialmente sensible por la cercanía del Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Beato Juan de Ávila.
Y es que el antiguo paso a nivel, situado en el punto kilométrico 47/765 de la línea Córdoba-Málaga, no contaba con barreras ni con señalización acústica, pese a ser utilizado a diario por vecinos que necesitaban cruzar las vías para acceder a sus parcelas. La escasa visibilidad del entorno y la presencia de una zona poblada a apenas 40 metros de la vía convertían este enclave en un punto negro especialmente preocupante.
Además, desde el año 2002, el tránsito por este paso aumentó como consecuencia de la puesta en marcha de la travesía Montoro – Puente Genil, una infraestructura cuya ejecución inutilizó el único camino de acceso disponible hasta entonces para algunos usuarios. A partir de ese momento, el cruce de El Molinillo ganó todavía más protagonismo en la vida diaria de la barriada, aunque también aumentó la percepción de peligro entre los vecinos.
La eliminación del paso a nivel no fue una decisión aislada ni inmediata. El proceso tuvo su punto de partida institucional en el año 1997, cuando el término municipal de Montilla contaba todavía con hasta ocho pasos a nivel en activo.
Ante la peligrosidad de esta situación, el Ayuntamiento de Montilla, bajo el mandato del recordado alcalde Antonio Carpio, inició gestiones formales ante el Ministerio de Fomento y el entonces Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF), posteriormente integrado en el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), para planificar la supresión progresiva de estos cruces.
Los trámites exigieron estudios técnicos de viabilidad, la catalogación de los flujos de tráfico peatonal y rodado y la búsqueda de financiación a través de los planes estatales de seguridad ferroviaria. El Ayuntamiento coordinó esfuerzos para priorizar las intervenciones, situando el paso de El Molinillo entre las principales demandas por la densa trama residencial que lo rodeaba y por la proximidad del CEIP Beato Juan de Ávila.
Tras años de gestiones, reajustes presupuestarios y negociaciones entre administraciones, en julio de 2006 se completaron los trabajos que permitieron clausurar definitivamente el paso a nivel. El Ayuntamiento recepcionó entonces las obras ejecutadas sobre el antiguo cruce, en una intervención que supuso una inversión superior a los 600.000 euros y que fue asumida por Fomento en el marco del Plan de Seguridad en Pasos a Nivel.
Desde aquel momento, los peatones pudieron salvar las vías mediante una pasarela elevada construida por ADIF, encargado de la gestión de vías, estaciones y comunicaciones. Pero la solución adoptada distinguió entre el tránsito peatonal y el tráfico rodado.
Mientras los viandantes comenzaron a utilizar la pasarela metálica para cruzar sin exponerse al paso de los trenes, los vehículos pasaron a circular por una carretera construida junto a Los Picos de El Cigarral, conectada con el camino de El Hoyo, que quedó deshabilitado una vez suprimido el paso a nivel.
El nuevo ramal de acceso se iniciaba en una glorieta situada a pocos metros del puente de Santa María, en la carretera de Nueva Carteya. De igual modo, las actuaciones incluyeron el vallado de la vía desde el CEIP Beato Juan de Ávila hasta la Fuente del Álamo, una medida que incidió directamente en la seguridad de la población infantil. La cercanía del centro educativo a las vías del tren había sido durante años una fuente de preocupación para las familias, el personal docente y para la Asociación de Vecinos Pedro Ximénez.
En aquel contexto, el entonces teniente de alcalde de Seguridad Ciudadana, José Santiago Aguayo, reconoció que la recepción de las obras marcaba un antes y un después para la barriada. “Se podría decir que hoy es un día histórico para la barriada de El Molinillo, porque ha existido una demanda desde hace muchos años, sobre todo desde que se registraron accidentes mortales en este punto”, afirmó el entonces edil montillano.
La intervención en El Molinillo formaba parte de una planificación más amplia para reducir los riesgos asociados a los cruces ferroviarios en superficie. El Plan de Seguridad en Pasos a Nivel contemplaba la supresión de diez pasos a nivel en la provincia de Córdoba, dos de ellos con barreras y el resto sin ellas, situados en Córdoba, Montoro y Villa del Río, aunque una parte destacada se localizaba en el término municipal de Montilla.
En aquel momento, además de la construcción del paso superior peatonal en el camino de la Fuente del Álamo, ADIF mantenía pendientes otros proyectos en Montilla, como los de La Algodonera, junto a las Bodegas Gracia Hermanos, la Cañada de La Plata y el camino de Duernas. La actuación de El Molinillo abrió así una etapa de intervenciones orientadas a corregir una de las principales fracturas históricas de la movilidad local.
Con el paso del tiempo, aquella primera intervención consolidó un precedente técnico y político para que el Ayuntamiento centrara después sus esfuerzos en la supresión de los cuatro pasos restantes del término. Estos cruces se integraron en el Plan de Seguridad en Pasos a Nivel del Ministerio de Fomento desarrollado hasta el año 2012, cuyo último hito fue la eliminación del paso de La Algodonera, en las inmediaciones de las Bodegas Gracia Hermanos.
Dos décadas después, la pasarela de El Molinillo continúa siendo un elemento reconocible del paisaje urbano y una infraestructura cotidiana para los vecinos. Su valor no reside únicamente en haber sustituido un cruce ferroviario peligroso, sino en haber contribuido a integrar mejor una barriada que durante años convivió con el riesgo asociado al paso de los trenes.
La conmemoración de este vigésimo aniversario permite recordar que la clausura del paso a nivel de El Molinillo fue la culminación de una demanda vecinal sostenida en el tiempo y de un largo proceso administrativo iniciado casi una década antes. La actuación transformó la movilidad del entorno, reforzó la seguridad de los escolares y eliminó un punto negro que durante años había marcado la vida diaria de una de las barriadas más populares de Montilla.
Dos décadas después, aquella actuación sigue formando parte de la memoria urbana de Montilla por el impacto que tuvo en la seguridad vial y en la movilidad cotidiana. La línea férrea había actuado durante años como una cicatriz de acero que condicionaba los desplazamientos de muchos vecinos y que mantenía un riesgo permanente en una zona especialmente sensible por la cercanía del Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Beato Juan de Ávila.
Y es que el antiguo paso a nivel, situado en el punto kilométrico 47/765 de la línea Córdoba-Málaga, no contaba con barreras ni con señalización acústica, pese a ser utilizado a diario por vecinos que necesitaban cruzar las vías para acceder a sus parcelas. La escasa visibilidad del entorno y la presencia de una zona poblada a apenas 40 metros de la vía convertían este enclave en un punto negro especialmente preocupante.
Además, desde el año 2002, el tránsito por este paso aumentó como consecuencia de la puesta en marcha de la travesía Montoro – Puente Genil, una infraestructura cuya ejecución inutilizó el único camino de acceso disponible hasta entonces para algunos usuarios. A partir de ese momento, el cruce de El Molinillo ganó todavía más protagonismo en la vida diaria de la barriada, aunque también aumentó la percepción de peligro entre los vecinos.
La eliminación del paso a nivel no fue una decisión aislada ni inmediata. El proceso tuvo su punto de partida institucional en el año 1997, cuando el término municipal de Montilla contaba todavía con hasta ocho pasos a nivel en activo.
Ante la peligrosidad de esta situación, el Ayuntamiento de Montilla, bajo el mandato del recordado alcalde Antonio Carpio, inició gestiones formales ante el Ministerio de Fomento y el entonces Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF), posteriormente integrado en el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), para planificar la supresión progresiva de estos cruces.
Los trámites exigieron estudios técnicos de viabilidad, la catalogación de los flujos de tráfico peatonal y rodado y la búsqueda de financiación a través de los planes estatales de seguridad ferroviaria. El Ayuntamiento coordinó esfuerzos para priorizar las intervenciones, situando el paso de El Molinillo entre las principales demandas por la densa trama residencial que lo rodeaba y por la proximidad del CEIP Beato Juan de Ávila.
Tras años de gestiones, reajustes presupuestarios y negociaciones entre administraciones, en julio de 2006 se completaron los trabajos que permitieron clausurar definitivamente el paso a nivel. El Ayuntamiento recepcionó entonces las obras ejecutadas sobre el antiguo cruce, en una intervención que supuso una inversión superior a los 600.000 euros y que fue asumida por Fomento en el marco del Plan de Seguridad en Pasos a Nivel.
Desde aquel momento, los peatones pudieron salvar las vías mediante una pasarela elevada construida por ADIF, encargado de la gestión de vías, estaciones y comunicaciones. Pero la solución adoptada distinguió entre el tránsito peatonal y el tráfico rodado.
Mientras los viandantes comenzaron a utilizar la pasarela metálica para cruzar sin exponerse al paso de los trenes, los vehículos pasaron a circular por una carretera construida junto a Los Picos de El Cigarral, conectada con el camino de El Hoyo, que quedó deshabilitado una vez suprimido el paso a nivel.
El nuevo ramal de acceso se iniciaba en una glorieta situada a pocos metros del puente de Santa María, en la carretera de Nueva Carteya. De igual modo, las actuaciones incluyeron el vallado de la vía desde el CEIP Beato Juan de Ávila hasta la Fuente del Álamo, una medida que incidió directamente en la seguridad de la población infantil. La cercanía del centro educativo a las vías del tren había sido durante años una fuente de preocupación para las familias, el personal docente y para la Asociación de Vecinos Pedro Ximénez.
En aquel contexto, el entonces teniente de alcalde de Seguridad Ciudadana, José Santiago Aguayo, reconoció que la recepción de las obras marcaba un antes y un después para la barriada. “Se podría decir que hoy es un día histórico para la barriada de El Molinillo, porque ha existido una demanda desde hace muchos años, sobre todo desde que se registraron accidentes mortales en este punto”, afirmó el entonces edil montillano.
La intervención en El Molinillo formaba parte de una planificación más amplia para reducir los riesgos asociados a los cruces ferroviarios en superficie. El Plan de Seguridad en Pasos a Nivel contemplaba la supresión de diez pasos a nivel en la provincia de Córdoba, dos de ellos con barreras y el resto sin ellas, situados en Córdoba, Montoro y Villa del Río, aunque una parte destacada se localizaba en el término municipal de Montilla.
En aquel momento, además de la construcción del paso superior peatonal en el camino de la Fuente del Álamo, ADIF mantenía pendientes otros proyectos en Montilla, como los de La Algodonera, junto a las Bodegas Gracia Hermanos, la Cañada de La Plata y el camino de Duernas. La actuación de El Molinillo abrió así una etapa de intervenciones orientadas a corregir una de las principales fracturas históricas de la movilidad local.
Con el paso del tiempo, aquella primera intervención consolidó un precedente técnico y político para que el Ayuntamiento centrara después sus esfuerzos en la supresión de los cuatro pasos restantes del término. Estos cruces se integraron en el Plan de Seguridad en Pasos a Nivel del Ministerio de Fomento desarrollado hasta el año 2012, cuyo último hito fue la eliminación del paso de La Algodonera, en las inmediaciones de las Bodegas Gracia Hermanos.
Dos décadas después, la pasarela de El Molinillo continúa siendo un elemento reconocible del paisaje urbano y una infraestructura cotidiana para los vecinos. Su valor no reside únicamente en haber sustituido un cruce ferroviario peligroso, sino en haber contribuido a integrar mejor una barriada que durante años convivió con el riesgo asociado al paso de los trenes.
La conmemoración de este vigésimo aniversario permite recordar que la clausura del paso a nivel de El Molinillo fue la culminación de una demanda vecinal sostenida en el tiempo y de un largo proceso administrativo iniciado casi una década antes. La actuación transformó la movilidad del entorno, reforzó la seguridad de los escolares y eliminó un punto negro que durante años había marcado la vida diaria de una de las barriadas más populares de Montilla.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO
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