¿Dónde reside —me preguntan con insistencia algunos lectores— el secreto de la capacidad comunicativa de Manoli Lemos? En mi opinión, sobre todo, en su permanente actitud de sintonía con sus oyentes. Fíjense cómo, en sus intervenciones radiofónicas y televisivas, ella siempre ha estado pendiente y dependiente de las miradas, de las actitudes y de las palabras de quienes la escuchan, y cómo siempre les responde a las cuestiones que les importan o les preocupan. Posee una innata capacidad para “sintonizar” con los destinatarios de sus mensajes, y, por eso, siempre es clara e interesante: por eso la escuchan y la entienden.
Optimista y alegre, amante de su tierra, de su historia, de su cultura y de sus tradiciones, Manoli sufre con las penas de sus oyentes, disfruta con sus alegrías, y, además de contarles lo que pasa, los estimula a vivir y convivir, sintiendo y “con-sintiendo”.
En su relato e interpretación de la vida individual, familiar y profesional, Manoli aplica las pautas del arte música selecta y de la popular: sus ritmos, sus melodías y sus armonías. Por eso confiesa que las canciones y los cantes son sus alimentos. A mí —repite siempre que tiene ocasión—, “un concierto o unas buenas bulerías me llevan por la vida, me inundan y me hace sentirme más alegre, más romántica, más gaditana”.
En su despedida como “locutora”, no sólo ha expresado su agradecimiento a cada uno de sus oyentes, sino que también se ha dirigido al micrófono, a “esa hermosa herramienta que le ha permitido dar lo mejor de ella misma, informar y, sobre todo, transmitir esperanzas, alegrías y vida a las vidas poniendo su corazón y su alma en sus palabras”.
Manoli se “jubila” con la “alegría”, con el “júbilo”, de haber colaborado, de haber servido a sus gentes; se siente contenta por haber participado en momentos, en episodios importantes y en situaciones complicadas para nuestra ciudad y, sobre todo, por haber colaborado para que algunas personas abrieran las ventanas a la esperanza. La jubilación —querida amiga Manoli— proporciona la oportunidad para emprender actividades capaces de ralentizar el deterioro orgánico y mental: estoy convencido de que seguirás creciendo y disfrutando.
Optimista y alegre, amante de su tierra, de su historia, de su cultura y de sus tradiciones, Manoli sufre con las penas de sus oyentes, disfruta con sus alegrías, y, además de contarles lo que pasa, los estimula a vivir y convivir, sintiendo y “con-sintiendo”.
En su relato e interpretación de la vida individual, familiar y profesional, Manoli aplica las pautas del arte música selecta y de la popular: sus ritmos, sus melodías y sus armonías. Por eso confiesa que las canciones y los cantes son sus alimentos. A mí —repite siempre que tiene ocasión—, “un concierto o unas buenas bulerías me llevan por la vida, me inundan y me hace sentirme más alegre, más romántica, más gaditana”.
En su despedida como “locutora”, no sólo ha expresado su agradecimiento a cada uno de sus oyentes, sino que también se ha dirigido al micrófono, a “esa hermosa herramienta que le ha permitido dar lo mejor de ella misma, informar y, sobre todo, transmitir esperanzas, alegrías y vida a las vidas poniendo su corazón y su alma en sus palabras”.
Manoli se “jubila” con la “alegría”, con el “júbilo”, de haber colaborado, de haber servido a sus gentes; se siente contenta por haber participado en momentos, en episodios importantes y en situaciones complicadas para nuestra ciudad y, sobre todo, por haber colaborado para que algunas personas abrieran las ventanas a la esperanza. La jubilación —querida amiga Manoli— proporciona la oportunidad para emprender actividades capaces de ralentizar el deterioro orgánico y mental: estoy convencido de que seguirás creciendo y disfrutando.
JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ GUERRERO
FOTOGRAFÍA: MANOLI LEMOS CAMPAÑA
FOTOGRAFÍA: MANOLI LEMOS CAMPAÑA


















































