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Un faro cultural para Montilla: la Casa de las Aguas cumple veinte años

La Casa de las Aguas conmemora este martes 16 de junio el vigésimo aniversario de su inauguración oficial, una efeméride que devuelve la mirada hacia aquel palacete decimonónico que, tras su recuperación por parte del Ayuntamiento de Montilla, abrió sus puertas en 2006 como sede de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque y del Museo Garnelo, dos de los grandes referentes patrimoniales y culturales de la ciudad.


Veinte años después de aquella jornada, el edificio situado en la Plaza de la Cultura conserva intacta la fuerza simbólica de dos espacios que parecen guardar una parte esencial de la memoria colectiva. La Casa de las Aguas no es solo un inmueble civil notable del centro histórico montillano: es también un lugar en el que conviven la pintura, los libros, la investigación, la arquitectura y una forma muy concreta de entender la cultura como herencia compartida.

El palacete, construido en 1845, fue adquirido por el Ayuntamiento de Montilla el 5 de mayo del año 2000. El inmueble, que acogió a la familia del ingeniero militar José María Sánchez-Molero, impulsor del abastecimiento de agua a la población, pasó en 1940 a manos de la condesa de Aguiar, hermana del séptimo Conde de la Cortina, Francisco de Alvear, otro de sus ilustres inquilinos.

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Una relevante casa señorial


La Casa de las Aguas es uno de los edificios de carácter civil más notables de Montilla. Con el característico estilo de las casas señoriales de finales del siglo XIX, el inmueble está ordenado en torno a dos núcleos diferenciados que se comunican mediante un jardín. Esa disposición interior, serena y recogida, contribuye a que el edificio conserve todavía la atmósfera de las antiguas casas principales, donde cada estancia parece conducir a otra capa de historia.

Por otro lado, el edificio alberga una bodega situada en la planta sótano, con muros de sillería y bóvedas de crucería, así como la capilla-oratorio del antiguo Asilo de los Dolores, una joya arquitectónica que conserva los primeros frescos que pintó José Garnelo junto a su hermana Eloísa en 1886. Ese pequeño oratorio resume, de algún modo, la singularidad del conjunto: una arquitectura civil atravesada por la memoria religiosa, artística y sentimental de la ciudad.

No obstante, el elemento más característico de la Casa de las Aguas es el patio porticado que da la bienvenida a los visitantes. Está compuesto por una galería de arcos de medio punto sobre columnas toscanas en la planta baja, y sobre columnas jónicas con arquería de medio punto en la principal. Ese patio, abierto al tránsito lento y a la contemplación, se ha convertido con el paso de los años en una de las imágenes más reconocibles del edificio.

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Tras su adquisición por 540.911 euros, el Consistorio invirtió cerca de 700.000 euros en la remodelación del inmueble, una actuación acometida por la cooperativa montillana Construcciones San Francisco Solano bajo la supervisión de la arquitecta María Dolores García Guijo. En las semanas previas a la inauguración también se procedió a la remodelación de la Plaza de la Cultura y de la calle San Fernando, que comunica el edificio con la Corredera, principal vía de la localidad.

El broche de oro a un largo proceso


La inauguración oficial de la Casa de las Aguas, celebrada el 16 de junio de 2006, fue concebida como la culminación de un largo proceso de recuperación patrimonial y cultural. El acto tuvo su apertura en el Salón Municipal de San Juan de Dios, contiguo al Ayuntamiento, y continuó en la propia Casa de las Aguas, donde se descubrió una placa conmemorativa ante cerca de doscientos invitados.

Durante aquella jornada, el entonces alcalde de Montilla, Antonio Carpio, destacó que “la inauguración de la Casa de las Aguas supone, además de la conclusión de una etapa que se inició en 1999 con la adquisición de este edificio, el comienzo de otra más ilusionante, dirigida al disfrute de todos”.

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Para el recordado regidor montillano, “este proyecto ha sido posible por la responsabilidad, la generosidad y la amistad” de los benefactores del museo y de los miembros de la Fundación Ruiz Luque, así como por la apuesta decidida del Consistorio en este proyecto, que definió como “uno de los principales referentes culturales de Andalucía”.

De igual modo, la entonces delegada de Cultura de la Junta de Andalucía, Mercedes Mudarra, subrayó el valor del nuevo espacio museístico al afirmar que “la Casa de las Aguas es un proyecto ejemplar en el que, además de la recuperación de un edificio histórico, se aúnan una de las bibliotecas más importantes de carácter privado de España, con las obras de uno de los pintores más importantes del siglo XIX y que, a partir de ahora, verdaderamente empezaremos a valorar”.

Junto a las intervenciones institucionales, el acto inaugural contó también con los discursos del entonces director de Diario Córdoba, Francisco Luis Córdoba, y del director de la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, Miguel Carlos Clémentson, que intervinieron en nombre de los patronos de la biblioteca y del museo, respectivamente. Después, los asistentes se desplazaron a pie hasta el palacete para completar un recorrido que unía, casi de manera ceremonial, el centro administrativo de la ciudad con uno de sus nuevos espacios de referencia cultural.


Una simbiosis única


La Casa de las Aguas nació entonces con una simbiosis difícil de repetir. El histórico palacete acoge los más de 30.000 volúmenes de la biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque, así como el Museo Garnelo, un espacio expositivo que permitió reunir una obra antes dispersa o integrada en colecciones particulares. De este modo, el edificio se convirtió en un lugar donde el visitante puede acercarse tanto a la historia del libro y de la erudición local como a la trayectoria de una de las figuras fundamentales de la pintura española contemporánea.

En el caso de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque, la Casa de las Aguas dio acomodo al inmenso legado reunido por un incansable bibliófilo que, durante décadas, logró reunir un conjunto de obras de extrema calidad y rareza. Este fondo bibliográfico constituye una recopilación de historia local de enorme valor y contiene libros de viajes, estudios de geografía, publicaciones de temática eclesiástica y numerosas obras relacionadas con figuras señeras de Montilla, como san Francisco Solano o san Juan de Ávila.

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Asimismo, la biblioteca conserva una valiosa sección de manuscritos con piezas esenciales para conocer la historia civil y religiosa de muchas ciudades andaluzas. También reúne un completo archivo de material efímero, formado por hojas volantes, octavillas, bandos, anuncios o panfletos de diferentes épocas. Entre sus fondos más singulares figuran, además, más de 5.000 catálogos de anticuaria, esenciales para la labor de bibliófilos y bibliógrafos.

El desaparecido Manuel Cabello de Alba Moyano, miembro del Consejo de Dirección del Museo Garnelo e impulsor del proyecto, manifestó antes de la apertura que “la Casa de las Aguas va a convertirse en un referente muy importante para Andalucía”.

En relación con la biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque, destacó que “se trata de un conjunto de gran valor patrimonial y, teniendo en cuenta la rareza de la mayoría de sus fondos, podría calificarse como biblioteca de último recurso”. A su juicio, este fondo bibliográfico “cuenta con una clara proyección hacia la esfera universitaria y de investigación”.

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Y es que Manuel Ruiz Luque, que en 2001 obtuvo la Medalla de Oro de Andalucía, consiguió reunir durante más de medio siglo una biblioteca llamada a situar a Montilla en el mapa de los investigadores. En el proyecto original, sus fondos se articularon en salas diferenciadas: una destinada a publicaciones contemporáneas, como actas de congresos, monografías y publicaciones periódicas, y otra reservada a investigadores, con libros de fondo antiguo editados entre los siglos XVI y XIX.

Junto a ese universo bibliográfico, el Museo Garnelo convirtió a la Casa de las Aguas en el único espacio dedicado de manera estable al pintor montillano José Garnelo y Alda. En la apertura, el edificio se presentó como sede permanente de 179 obras del artista, una colección que permitió conocer una producción hasta entonces repartida entre propietarios particulares y diferentes ámbitos de conservación y que, desde entonces, se ha ido completando gracias a cesiones y depósitos permanentes de instituciones tan relevantes como el Museo del Prado.

En los meses previos a la inauguración, el colectivo de Amigos del Museo Garnelo trabajó en el diseño de la iluminación de las obras que iban a exponerse en el nuevo espacio. El proyecto fue llevado a cabo por la misma empresa que se ocupó de la instalación del Museo Picasso de Málaga y de los museos de Bellas Artes de Sevilla y Córdoba, con un sistema de galerías y focos móviles destinado a acentuar detalles concretos de las pinturas y reducir al máximo las radiaciones ultravioleta.

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Por otro lado, el equipo de restauración de la empresa cordobesa Regespa recuperó los matices que Garnelo imprimió a sus cuadros, desde el retrato de su madre hasta La dama y el papagayo. Aunque el estado de conservación de las obras era aceptable, la dirección del museo decidió reentelar algunos óleos que corrían peligro de deterioro, además de limpiar y barnizar integralmente la colección destinada a la exposición.

Entre las obras donadas que constituyeron el núcleo fundamental del museo destacó El retrato de la madre del pintor, propiedad de Joaquín Cuello, sobrino del artista. “Garnelo, que fue pintor de la Corona, volcó en este retrato todo el cariño que un hijo puede tener a una madre”, señaló Manuel Cabello de Alba, quien hizo hincapié en que se trata de “una obra de una categoría excepcional, en la que el pintor desarrolla un estudio sobrio de paños negros”.

Asimismo, el propio Cabello de Alba formalizó la donación de una Dolorosa datada en 1929, al igual que los doce apóstoles que pueden admirarse en la parroquia de Santiago Apóstol de Montilla. “Es una pintura hecha a manchas, en la que puede observar la sencillez con la que pintan los grandes maestros”, dijo Cabello de Alba.


El acuerdo de colaboración con el Ayuntamiento alcanzó también a una extensa documentación formada por cartas y documentos personales del artista, que pasaron a engrosar los fondos de la biblioteca del museo. “En estos escritos podemos encontrar desde cartas del Garnelo que está en Cabra, hasta sus escritos de oposiciones, nombramientos, títulos o monografías hechas por él”, detalló Manuel Cabello de Alba.

Además, junto a una colección de 280 fotografías familiares donadas por Joaquín Cuello, la Casa de las Aguas albergó manuscritos inéditos del artista, como La Armonía en el Dibujo o A los jóvenes pintores, así como cerca de 250 cartas correspondientes a la época sevillana del pintor.

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Entre los diferentes manuscritos, Cabello de Alba quiso destacar “el libro de notas diarias que tenía José Garnelo como subdirector-conservador del Museo del Prado”. También señaló que “hay unos mil documentos entre libros y documentación propia, que están siendo digitalizados”, y anunció entonces que “antes de que termine el verano estarán en la biblioteca al servicio de todo el mundo”.

En ese trabajo de recopilación, análisis y clasificación, Cabello de Alba explicó que “se ha llevado a cabo una pormenorizada labor de recopilación, análisis y clasificación de escritos relacionados con José Garnelo”. Asimismo, indicó que “se ha trascrito la correspondencia y las tarjetas postales que el pintor envió a amigos y familiares y se está digitalizando para que, en breve, esos documentos no puedan deteriorarse cuando vayan a ser consultados”. Para el impulsor del proyecto, “pocos pintores van a estar tan bien documentados como éste”.

Un proyecto largamente esperado


La puesta en marcha del Museo Garnelo no fue, sin embargo, una conquista repentina. La historia venía de lejos. Habían pasado más de treinta años desde que el arquitecto municipal José Ramón Garnelo López de Vinuesa anunciara su intención de ceder todas sus obras con la idea de fundar un museo sobre el artista montillano en la misma Casa de las Aguas.

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“A partir de 1976, cuando viene a Montilla una exposición itinerante organizada por la Comisaría Nacional de Museos, algunos jóvenes nos interesamos por la figura de Garnelo”, recordó Manuel Cabello de Alba, quien reconoció que no sería hasta bien entrada la década de los ochenta cuando un incipiente colectivo de Amigos del Museo Garnelo tomó el testigo para hacer realidad el proyecto.

Varios años más tarde, en 1996, volvió a ponerse de relieve la intención de fundar en Montilla una sede permanente garneliana. Al término de una ponencia pronunciada en el Ayuntamiento, el director de la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, Miguel Carlos Clémentson, “pidió al pueblo de Montilla un esfuerzo para crear un Museo Garnelo en la localidad, porque el cariño y el amor que el artista había mostrado a su pueblo, bien lo merecía”, rememoró Cabello de Alba.

En 1999, el entonces alcalde de Montilla, Antonio Carpio, firmó un protocolo de intenciones con Joaquín Cuello, sobrino del pintor, y con el propio Manuel Cabello de Alba, mediante el que se formalizaba una cesión de medio centenar de obras para poner en marcha el Museo Garnelo.

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“A partir de ahora es cuando debemos sacar partido a todo por cuanto se ha luchado”, manifestó Manuel Cabello de Alba, para quien “el Museo no debe quedarse en exponer las obras, sino que trabajará por crear una asociación fuerte —como la de los Amigos del Museo Garnelo— para enamorar a la gente joven”.

Jornada de puertas abiertas


En los días previos a la inauguración oficial, la Casa de las Aguas recibió la visita de representantes de colectivos vecinales y culturales de la localidad, que pudieron disfrutar de una visita guiada por el inmueble. “Se trataba de que, previamente a la inauguración —ya que el acto no permite una afluencia masiva por las mismas características del edificio— los ciudadanos estuviesen representados en estas jornadas”, dijo entonces Antonio Carpio.

El entonces alcalde aseguró también que “los comentarios de las personas que han visto cómo ha quedado el Museo y la Biblioteca han sido muy elogiosos”. Según Carpio, “muchos vecinos se han sorprendido de que en Montilla pueda haber un centro de estas características”, por lo que destacó el hecho de que “una ciudad media tenga un proyecto cultural como éste, que será valorado mucho más en la medida que pase el tiempo”.


Ese paso del tiempo permite leer hoy aquellas palabras con la perspectiva que concede una efeméride redonda. Dos décadas después de su inauguración, la Casa de las Aguas continúa vinculada a la vida cultural de Montilla. Su patio central y, en ocasiones, su jardín interior han acogido a lo largo de los años numerosos actos culturales, como presentaciones de libros, conferencias o conciertos.

Uno de los más relevantes tuvo lugar el 3 de septiembre de 2008, de la mano de la japonesa Michiko Hamaguchi de Saiga, pianista de la Ópera de Tokio, quien interpretó un repertorio netamente español compuesto por obras de Albéniz, Granados y Falla. Aquella cita musical confirmó también la versatilidad de un espacio concebido no sólo para custodiar libros y pinturas, sino también para convocar a la ciudadanía alrededor de la cultura.

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Sus artífices, en la memoria


La conmemoración del vigésimo aniversario de la Casa de las Aguas llega, además, con una circunstancia que acentúa el valor sentimental de esta efeméride: los cuatro principales artífices de aquel proyecto cultural ya han fallecido. Antonio Carpio Quintero, Manuel Cabello de Alba Moyano, Antonio López Hidalgo y Manuel Ruiz Luque no podrán contemplar este aniversario, aunque sus nombres permanecen unidos para siempre a la historia de un edificio que, desde 2006, forma parte esencial de la vida cultural de Montilla.

Antonio Carpio Quintero, alcalde de Montilla entre los años 1995 y 2007, falleció el 20 de junio de 2015, a los 68 años de edad. Bajo su mandato se impulsó la adquisición y recuperación del palacete decimonónico, así como la articulación institucional de un proyecto que permitió reunir en un mismo espacio el Museo Garnelo y la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Durante el acto inaugural, celebrado el 16 de junio de 2006, el entonces primer edil definió la Casa de las Aguas como “uno de los principales referentes culturales de Andalucía”.

De igual modo, Manuel Cabello de Alba Moyano, fallecido el 2 de febrero de 2021, a los 73 años de edad, fue una figura decisiva en la configuración del Museo Garnelo. Farmacéutico especialista en Análisis Clínicos, coleccionista de arte y profundo conocedor de la obra garneliana, asumió durante décadas la defensa de José Santiago Garnelo y Alda como una verdadera vocación personal. Junto al sobrino del artista, Joaquín Cuello, aportó un importante número de obras al museo y trabajó para que Montilla contara con una sede permanente dedicada al pintor.

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Por otro lado, Antonio López Hidalgo, catedrático de Redacción Periodística en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, falleció de manera repentina el 22 de mayo de 2022, a los 65 años de edad. Patrono de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque desde su constitución, su aportación fue también “esencial y determinante” en la configuración del Museo Garnelo.

Según recordó el propio Antonio Carpio durante la inauguración de la Casa de las Aguas, el escritor y periodista montillano aportó los conocimientos y la experiencia adquirida como jefe de Gabinete de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía durante la constitución del Museo Picasso de Málaga para replicar en Montilla los acuerdos, los comodatos y la estructura orgánica y funcional que hicieron posible la apertura de la pinacoteca dedicada a Garnelo.

Finalmente, Manuel Ruiz Luque, Hijo Predilecto de Montilla y Medalla de Andalucía, falleció el 27 de febrero de este año, a los 91 años de edad. Su extraordinaria pasión por los libros dio origen a una biblioteca formada por más de 30.000 volúmenes de excepcional calidad y rareza, ubicada en la planta alta de la Casa de las Aguas desde la creación de la Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque. Aquel fondo bibliográfico y documental, reunido durante más de medio siglo, convirtió al edificio en un lugar de referencia para investigadores y estudiosos de la historia local.

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Dos décadas después de su inauguración, la Casa de las Aguas conserva así la huella de quienes hicieron posible aquel proyecto desde ámbitos distintos: la gestión pública, el coleccionismo artístico, el conocimiento museístico y la bibliofilia.

La efeméride de este 16 de junio de 2026 no sólo recuerda la apertura de un edificio recuperado para la ciudad, sino también la memoria de cuatro nombres que contribuyeron a que Montilla encontrara en aquel palacete un espacio para custodiar su arte, sus libros y una parte íntima de su historia, un faro y refugio de la cultura montillana.

JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: FRANCIS SALAS / J.P. BELLIDO / J.A. AGUILAR

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