Han pasado veinte años desde que los muros centenarios de San Agustín incorporaron a su silencio la mirada serena de los evangelistas y la Dolorosa concebidos por la artista montillana María José Ruiz López para el camarín que Nuestro Padre Jesús Nazareno ocupaba en el retablo mayor del templo de la calle Ancha. Y hoy, cuando se cumplen dos décadas de la presentación pública de estas obras en el patio del Ayuntamiento, el conjunto artístico permanece unido de manera inseparable a uno de los espacios más íntimos y simbólicos de la Semana Santa local.
Aquel proyecto artístico comenzó a gestarse a comienzos de la década de los dos mil y culminó con la incorporación al camarín del Señor de Montilla de una serie de cuatro evangelistas y una Dolorosa firmados por María José Ruiz. Las obras, presentadas públicamente el 20 de mayo de 2006, fueron bendecidas semanas más tarde en la iglesia de San Agustín y, sin duda, marcaron un momento especialmente significativo para la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.
Aquel 20 de mayo de 2006, el patio del Ayuntamiento de Montilla acogió la primera exposición pública de unas pinturas destinadas a ocupar un lugar preferente en la iglesia de San Agustín, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), que de la mano de la artista montillana completaba la decoración del camarín que, desde principios del siglo XX, albergaba la principal imagen devocional de la ciudad —que hoy ocupa el retablo principal de su propia capilla—.
La génesis del proyecto había comenzado a fraguarse varios años antes, concretamente en 2002, después de que la Hermandad del Nazareno acometiera unas obras de emergencia en la techumbre de San Agustín para eliminar humedades en la zona exterior del camarín. Fue entonces cuando surgió entre distintos miembros de la cofradía la idea de intervenir también en el interior de la estancia, cuya decoración consideraban insuficiente en comparación con la riqueza artística del conjunto del templo.
En ese sentido, el entonces hermano mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, Rafael Castro, valoró la disposición que mostró María José Ruiz desde el primer momento en que se le planteó el encargo.
Las dimensiones de las pinturas —2,40 metros de alto por 1,20 de ancho— obligaron a un proceso creativo especialmente minucioso. María José Ruiz recurrió a varios modelos reales de Montilla y seleccionó cuidadosamente los ropajes que vestirían las figuras, cedidos por la Escuela de Arte Dramático de Córdoba y por la representación dramática de La Pasión.
Entre las personas que posaron para la artista figuraban la empresaria y docente Carmen Pilar Pedrosa Calderón; el maestro Juan Bosco Portero Castellano, integrante del Grupo de Teatro La Cepa; y el profesor Rafael Aguilar Portero, exfotógrafo del Diario Córdoba e integrante de la Cofradía de la Viña y el Vino de Montilla.
Rafael Castro recordó entonces el perfeccionismo con el que trabajó la pintora montillana durante todo el proceso creativo. “Tardó tiempo en decidir ciertas cosas, ya que es capaz de vislumbrar infinitas posibilidades”, dijo el entonces hermano mayor, quien añadió que “donde cualquiera se vería indeciso, ella sabe optar por lo más adecuado, aunque en su afán perfeccionista ha tenido la valentía de realizar cambios en el transcurso de la realización de su obra”.
La presentación pública de aquellas pinturas sirvió también para situar nuevamente el nombre de María José Ruiz entre las creadoras más destacadas del panorama artístico andaluz. Ganadora de la tercera edición del Premio Nacional de Pintura José Garnelo, la artista montillana ya había consolidado una trayectoria marcada por la combinación de simbolismo, la espiritualidad y una profunda carga humana en sus obras.
Nacida el 2 de diciembre de 1966, María José Ruiz desarrolló una formación académica vinculada tanto a las artes como a las humanidades. Licenciada en Bellas Artes y en Derecho, y diplomada en Lengua y Cultura Italiana por las universidades de Córdoba, Bolonia y Dante Alighieri de Italia, la creadora montillana es también académica correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes.
Además, desde finales de la década de los noventa, su obra comenzó a proyectarse más allá de Andalucía y de España. En 1997 expuso en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, iniciando un recorrido internacional que llevó sus trabajos a ciudades de Italia, Francia y España.
Sus obras pueden contemplarse en espacios como la Mezquita Catedral de Córdoba, el Centro de Arte Contemporáneo de Cittanova, la Accademia Internazionale dei Micenei, la Fundación Focus Abengoa de Sevilla, la Catedral de Toledo o la Catedral Moyobamba, en Perú.
La directora de los Museos Municipales de Córdoba, Mercedes Valverde, destacó precisamente durante la presentación de las obras la singularidad del universo creativo de la pintora montillana. Según señaló entonces, “María José Ruiz representa realidades que transforma en sus propias realidades, en su mundo mágico y mimetiza a hombres de hoy en santos apóstoles”.
Del mismo modo, Valverde añadió que “en el núcleo interno de su pintura, el símbolo es una constante, pues no se queda en el umbral del territorio limitado del lienzo”. Para la numeraria de la Real Academia de Córdoba, en el legado artístico de la creadora montillana “siempre hay un trasfondo literario, psicológico, que argumenta cada obra, rica y variada, profunda y siempre brillante”.
Y es que la intervención artística del camarín de Jesús Nazareno representó uno de los proyectos más relevantes de aquella etapa para la pintora montillana. Tras recibir el dictamen favorable del canónigo archivero de la Santa Iglesia Catedral, Manuel Nieto Cumplido, la hermandad encargó inicialmente la ejecución de los cuatro evangelistas, quedando pendiente la temática del quinto cuadro que debía situarse detrás de la imagen de Jesús Nazareno. Finalmente, fue la propia María José Ruiz quien optó por representar una Dolorosa como eje central del conjunto pictórico.
Rafael Castro reconoció entonces que “las expectativas que pusimos los promotores de esta idea han sido sobrepasadas”, al tiempo que defendió que “María José Ruiz, con su capacidad y su trabajo, nos ha dado una obra que será orgullo de nuestra Hermandad y patrimonio de Montilla”.
La culminación definitiva del proyecto llegó el sábado 24 de junio de 2006, cuando la iglesia de San Agustín acogió la solemne bendición de las cinco pinturas. La ceremonia reunió a numerosos fieles, representantes de hermandades y autoridades locales en un acto cargado de simbolismo en el que se unieron arte y religiosidad popular. El párroco de la iglesia cordobesa de Santa Marina, el desaparecido Carlos Linares, fue el encargado de bendecir las obras en presencia de la autora y del entonces alcalde de Montilla, Antonio Carpio.
La jornada puso el broche final a cuatro años de trabajo y recuperación patrimonial. Tras su presentación en el Ayuntamiento de Montilla, los evangelistas y la Dolorosa fueron expuestos también en la sala que Cajasur mantenía en la capital cordobesa antes de quedar instalados definitivamente en el camarín rehabilitado por el pintor Ricardo Carrasco y por las hermanas mercedarias del hospital de San Juan de Dios.
Dos décadas después, aquellas pinturas continúan integradas plenamente en la vida devocional y artística de Montilla. El conjunto concebido por María José Ruiz no solo transformó visualmente el camarín del Nazareno, sino que también consolidó el diálogo entre patrimonio histórico y creación contemporánea en uno de los espacios más emblemáticos de la localidad.
La trayectoria posterior de la artista montillana reforzó aún más esa dimensión internacional y simbólica de su obra. En abril de 2015, el papa Francisco recibió un gran lienzo realizado por María José Ruiz como obsequio institucional del Ayuntamiento de Montilla a la Santa Sede con motivo de la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal. Aquella obra, presentada previamente en Montilla durante la conmemoración del 514.º aniversario del nacimiento del santo, fue donada por la propia autora y hoy se conserva en la iglesia del Colegio Español de San José, en Roma.
Junto a su producción de temática religiosa, la artista desarrolló igualmente una línea creativa vinculada a cuestiones sociales. Obras como ¿Por qué?, galardonada con el Premio de Pintura Focus-Abengoa y centrada en la violencia de género, o Blanco Roto, reflejan una preocupación constante por incorporar a sus trabajos un trasfondo humano y social.
Hoy, cuando se cumplen veinte años de aquella presentación pública celebrada en el patio del Ayuntamiento de Montilla, los evangelistas y la Dolorosa de María José Ruiz permanecen como testimonio de un proyecto artístico nacido de la colaboración entre patrimonio, fe y creación contemporánea, convertido ya en parte inseparable de la memoria visual de San Agustín y de la propia ciudad de Montilla.
Aquel proyecto artístico comenzó a gestarse a comienzos de la década de los dos mil y culminó con la incorporación al camarín del Señor de Montilla de una serie de cuatro evangelistas y una Dolorosa firmados por María José Ruiz. Las obras, presentadas públicamente el 20 de mayo de 2006, fueron bendecidas semanas más tarde en la iglesia de San Agustín y, sin duda, marcaron un momento especialmente significativo para la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.
Aquel 20 de mayo de 2006, el patio del Ayuntamiento de Montilla acogió la primera exposición pública de unas pinturas destinadas a ocupar un lugar preferente en la iglesia de San Agustín, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), que de la mano de la artista montillana completaba la decoración del camarín que, desde principios del siglo XX, albergaba la principal imagen devocional de la ciudad —que hoy ocupa el retablo principal de su propia capilla—.
La génesis del proyecto había comenzado a fraguarse varios años antes, concretamente en 2002, después de que la Hermandad del Nazareno acometiera unas obras de emergencia en la techumbre de San Agustín para eliminar humedades en la zona exterior del camarín. Fue entonces cuando surgió entre distintos miembros de la cofradía la idea de intervenir también en el interior de la estancia, cuya decoración consideraban insuficiente en comparación con la riqueza artística del conjunto del templo.
En ese sentido, el entonces hermano mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, Rafael Castro, valoró la disposición que mostró María José Ruiz desde el primer momento en que se le planteó el encargo.
Las dimensiones de las pinturas —2,40 metros de alto por 1,20 de ancho— obligaron a un proceso creativo especialmente minucioso. María José Ruiz recurrió a varios modelos reales de Montilla y seleccionó cuidadosamente los ropajes que vestirían las figuras, cedidos por la Escuela de Arte Dramático de Córdoba y por la representación dramática de La Pasión.
Entre las personas que posaron para la artista figuraban la empresaria y docente Carmen Pilar Pedrosa Calderón; el maestro Juan Bosco Portero Castellano, integrante del Grupo de Teatro La Cepa; y el profesor Rafael Aguilar Portero, exfotógrafo del Diario Córdoba e integrante de la Cofradía de la Viña y el Vino de Montilla.
Rafael Castro recordó entonces el perfeccionismo con el que trabajó la pintora montillana durante todo el proceso creativo. “Tardó tiempo en decidir ciertas cosas, ya que es capaz de vislumbrar infinitas posibilidades”, dijo el entonces hermano mayor, quien añadió que “donde cualquiera se vería indeciso, ella sabe optar por lo más adecuado, aunque en su afán perfeccionista ha tenido la valentía de realizar cambios en el transcurso de la realización de su obra”.
La presentación pública de aquellas pinturas sirvió también para situar nuevamente el nombre de María José Ruiz entre las creadoras más destacadas del panorama artístico andaluz. Ganadora de la tercera edición del Premio Nacional de Pintura José Garnelo, la artista montillana ya había consolidado una trayectoria marcada por la combinación de simbolismo, la espiritualidad y una profunda carga humana en sus obras.
Nacida el 2 de diciembre de 1966, María José Ruiz desarrolló una formación académica vinculada tanto a las artes como a las humanidades. Licenciada en Bellas Artes y en Derecho, y diplomada en Lengua y Cultura Italiana por las universidades de Córdoba, Bolonia y Dante Alighieri de Italia, la creadora montillana es también académica correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes.
Además, desde finales de la década de los noventa, su obra comenzó a proyectarse más allá de Andalucía y de España. En 1997 expuso en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, iniciando un recorrido internacional que llevó sus trabajos a ciudades de Italia, Francia y España.
Sus obras pueden contemplarse en espacios como la Mezquita Catedral de Córdoba, el Centro de Arte Contemporáneo de Cittanova, la Accademia Internazionale dei Micenei, la Fundación Focus Abengoa de Sevilla, la Catedral de Toledo o la Catedral Moyobamba, en Perú.
La directora de los Museos Municipales de Córdoba, Mercedes Valverde, destacó precisamente durante la presentación de las obras la singularidad del universo creativo de la pintora montillana. Según señaló entonces, “María José Ruiz representa realidades que transforma en sus propias realidades, en su mundo mágico y mimetiza a hombres de hoy en santos apóstoles”.
Del mismo modo, Valverde añadió que “en el núcleo interno de su pintura, el símbolo es una constante, pues no se queda en el umbral del territorio limitado del lienzo”. Para la numeraria de la Real Academia de Córdoba, en el legado artístico de la creadora montillana “siempre hay un trasfondo literario, psicológico, que argumenta cada obra, rica y variada, profunda y siempre brillante”.
Y es que la intervención artística del camarín de Jesús Nazareno representó uno de los proyectos más relevantes de aquella etapa para la pintora montillana. Tras recibir el dictamen favorable del canónigo archivero de la Santa Iglesia Catedral, Manuel Nieto Cumplido, la hermandad encargó inicialmente la ejecución de los cuatro evangelistas, quedando pendiente la temática del quinto cuadro que debía situarse detrás de la imagen de Jesús Nazareno. Finalmente, fue la propia María José Ruiz quien optó por representar una Dolorosa como eje central del conjunto pictórico.
Rafael Castro reconoció entonces que “las expectativas que pusimos los promotores de esta idea han sido sobrepasadas”, al tiempo que defendió que “María José Ruiz, con su capacidad y su trabajo, nos ha dado una obra que será orgullo de nuestra Hermandad y patrimonio de Montilla”.
La culminación definitiva del proyecto llegó el sábado 24 de junio de 2006, cuando la iglesia de San Agustín acogió la solemne bendición de las cinco pinturas. La ceremonia reunió a numerosos fieles, representantes de hermandades y autoridades locales en un acto cargado de simbolismo en el que se unieron arte y religiosidad popular. El párroco de la iglesia cordobesa de Santa Marina, el desaparecido Carlos Linares, fue el encargado de bendecir las obras en presencia de la autora y del entonces alcalde de Montilla, Antonio Carpio.
La jornada puso el broche final a cuatro años de trabajo y recuperación patrimonial. Tras su presentación en el Ayuntamiento de Montilla, los evangelistas y la Dolorosa fueron expuestos también en la sala que Cajasur mantenía en la capital cordobesa antes de quedar instalados definitivamente en el camarín rehabilitado por el pintor Ricardo Carrasco y por las hermanas mercedarias del hospital de San Juan de Dios.
Dos décadas después, aquellas pinturas continúan integradas plenamente en la vida devocional y artística de Montilla. El conjunto concebido por María José Ruiz no solo transformó visualmente el camarín del Nazareno, sino que también consolidó el diálogo entre patrimonio histórico y creación contemporánea en uno de los espacios más emblemáticos de la localidad.
La trayectoria posterior de la artista montillana reforzó aún más esa dimensión internacional y simbólica de su obra. En abril de 2015, el papa Francisco recibió un gran lienzo realizado por María José Ruiz como obsequio institucional del Ayuntamiento de Montilla a la Santa Sede con motivo de la proclamación de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia Universal. Aquella obra, presentada previamente en Montilla durante la conmemoración del 514.º aniversario del nacimiento del santo, fue donada por la propia autora y hoy se conserva en la iglesia del Colegio Español de San José, en Roma.
Junto a su producción de temática religiosa, la artista desarrolló igualmente una línea creativa vinculada a cuestiones sociales. Obras como ¿Por qué?, galardonada con el Premio de Pintura Focus-Abengoa y centrada en la violencia de género, o Blanco Roto, reflejan una preocupación constante por incorporar a sus trabajos un trasfondo humano y social.
Hoy, cuando se cumplen veinte años de aquella presentación pública celebrada en el patio del Ayuntamiento de Montilla, los evangelistas y la Dolorosa de María José Ruiz permanecen como testimonio de un proyecto artístico nacido de la colaboración entre patrimonio, fe y creación contemporánea, convertido ya en parte inseparable de la memoria visual de San Agustín y de la propia ciudad de Montilla.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO (ARCHIVO)
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO (ARCHIVO)




















































