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El mildiu pierde fuerza en Montilla-Moriles aunque persiste el riesgo por las lluvias de mayo

La Agrupación de Producción Integrada (API), a través del Aula de Viticultura del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, ha recomendado extremar la vigilancia sobre el mildiu en los viñedos de la comarca tras las lluvias registradas durante los últimos días y ante la posibilidad de nuevas precipitaciones durante el mes de mayo. Sin embargo, la presión de esta enfermedad criptogámica es, por el momento, “muy inferior” a la registrada en 2025, un año marcado por “fuertes ataques y graves daños”.


El boletín número 12 del Aula de Viticultura sitúa la fenología predominante de la vid en el estado I2 de plena floración, mientras que las parcelas más adelantadas alcanzan ya el estado J de cuajado. En ese contexto, el documento advierte de la importancia de mantener un seguimiento constante de la incidencia del mildiu en las explotaciones para evitar infecciones que puedan comprometer la producción y la calidad de la uva.

La ingeniera agrónoma Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura del Consejo Regulador, señala en el boletín que “la presión de la enfermedad es muy inferior a la de 2025, año en el que se registraron fuertes ataques y graves daños, gracias a las condiciones climáticas que estamos teniendo y a los tratamientos realizados”.

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Provocado por el pseudohongo Plasmopara viticola, el mildiu constituye una de las amenazas más severas para la viticultura. La enfermedad afecta directamente a racimos, hojas, brotes y bayas, especialmente durante las primeras fases de desarrollo del fruto. En los casos más graves, puede provocar pérdidas muy importantes de cosecha —como ocurrió el año pasado—, además de alterar la composición química de la uva y reducir notablemente la calidad enológica del vino.

El boletín detalla que, tras las lluvias del pasado 10 de mayo, resulta "fundamental" inspeccionar las parcelas en busca de manchas en las hojas y comprobar si presentan pelusa en el envés, uno de los síntomas característicos de la enfermedad. Además, el documento recuerda que los síntomas en racimos suelen apreciarse aproximadamente una semana después de manifestarse en las hojas.

“Esta revisión es clave para decidir si aplicar un tratamiento ante nuevas previsiones de lluvia”, indica la responsable del Aula de Viticultura, que añade que, “si no hay manchas, puede evitar el tratamiento si la probabilidad de precipitación es baja”.

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De igual modo, el boletín insiste en que cada viticultor debe evaluar conjuntamente distintos factores antes de decidir la aplicación de fungicidas. Entre ellos, la probabilidad de lluvia, el nivel de infección detectado en cada parcela y la fecha del último tratamiento realizado.

En las parcelas donde ya existan manchas con presencia de pelusa y exista una alta probabilidad de precipitaciones, el Aula de Viticultura recomienda tratar antes de la lluvia “con productos sistémicos o penetrantes y con las mezclas comerciales”, además de cambiar la materia activa empleada mediante códigos FRAC distintos —las clasificaciones alfanuméricas asignadas a los fungicidas y que agrupan estos productos según su modo de combatir el hongo—para reducir el riesgo de resistencias.

El documento advierte, además, de la necesidad de “prever la posible infección que podría derivarse de las lluvias de mayo”, un periodo especialmente delicado para el viñedo debido a la elevada sensibilidad de la planta durante la floración y el cuajado.

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Por otro lado, en aquellas parcelas donde existan manchas pero no se detecte pelusa y la probabilidad de lluvia sea media, el Aula de Viticultura aconseja mantener la observación constante para comprobar si las manchas evolucionan.

Asimismo, el informe elaborado por Ángela Portero recuerda que los fungicidas ya aplicados “impiden la formación de los órganos contaminantes (esporas-pelusa) del hongo” y, por ello, recomienda no tratar en estas circunstancias, aunque sí permanecer atentos a las previsiones meteorológicas hasta la llegada de temperaturas más elevadas en junio.

En las parcelas donde no se hayan detectado manchas y exista una baja probabilidad de lluvia, el boletín recomienda igualmente no intervenir por ahora, aunque insiste en la necesidad de continuar vigilando la evolución meteorológica y sanitaria del viñedo.

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Además del mildiu, el Aula de Viticultura alerta sobre la necesidad de tratar el oídio, una enfermedad criptogámica provocada por la especie Erysiphe necator que se conoce popularmente como “blanquilla” o “cenicilla” y que ataca especialmente los pámpanos y los tallos más jóvenes de las cepas.

"El oídio es un hongo que se desarrolla en el exterior, especialmente con temperaturas de 25 a 28 grados", explica la ingeniera agrónoma, que aconseja actuar “con tiempo estable empleando azufre polvo, y en las aplicaciones contra el mildiu mezclando un antioidio penetrantes que no son lavados por la lluvia”.

En ese sentido, el documento recomienda alternar el azufre en polvo con tratamientos antioídio en pulverización “según el tiempo y la práctica de la poda en verde”, una estrategia orientada a reforzar la protección del viñedo durante una fase especialmente sensible del ciclo vegetativo.

JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

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