El sacerdote cordobés Lorenzo López-Cubero Giménez, Protonotario Apostólico Supernumerario y canónigo emérito de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, ha fallecido hoy a los 92 años de edad, según ha comunicado esta tarde el Cabildo Catedral de Córdoba.
Su fallecimiento ha dejado un hondo sentimiento de pérdida en la Diócesis de Córdoba y, de manera muy especial, en Montilla, localidad a la que estuvo estrechamente vinculado durante varios años de su ministerio sacerdotel y donde fue una figura muy querida, cercana y respetada, gracias a una trayectoria dilatada y fecunda al servicio de la Iglesia.
Nacido en Córdoba el 15 de mayo de 1933, Lorenzo López-Cubero fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1960 en la Parroquia de San Francisco y San Eulogio de la capital cordobesa. Desde entonces, su vida quedó marcada por una intensa dedicación pastoral, académica y jurídica que lo convirtió en una referencia dentro de la diócesis.
Era licenciado en Teología y Derecho Canónico por la Universidad Pontificia Comillas, donde cursó sus estudios eclesiásticos, y completó el doctorado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. A esta sólida formación añadió el doctorado en Derecho por la Universidad de Granada y la licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense, un perfil intelectual poco común que enriqueció su labor pastoral y de gobierno.
Tras su ordenación sacerdotal, inició su ministerio como vicario en la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla y, también, como párroco de San Francisco Solano. Fue en esta localidad donde dejó una huella especialmente profunda, no solo por su labor pastoral, sino también por su trato cercano, su palabra pausada y su capacidad para escuchar, cualidades que hicieron de él un sacerdote muy querido por varias generaciones de fieles.
En la Diócesis de Córdoba desempeñó numerosos cargos de responsabilidad a lo largo de las décadas. Fue juez del Tribunal Eclesiástico, fiscal y defensor del Vínculo en el Tribunal Interdiocesano desde 1981, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba desde 1994, párroco de San Pío V de El Vacar desde 1985 y, además, vicario general y moderador de la curia a partir de 1991.
La capilla ardiente ha quedado instalada en el Tanatorio de las Quemadas, donde permanecerá hasta la celebración de la misa exequial por su eterno descanso, prevista para mañana miércoles, 14 de enero, a las 16:00 de la tarde, en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.
El obispo de Córdoba, el Cabildo Catedral, los sacerdotes de la Diócesis y sus familiares han rogado una oración por su alma para despedir a un sacerdote cuya vida, marcada por el estudio, la pastoral y el servicio silencioso, queda ya unida a la memoria agradecida de la Iglesia cordobesa y, de manera especial, al recuerdo afectuoso de Montilla.
Su fallecimiento ha dejado un hondo sentimiento de pérdida en la Diócesis de Córdoba y, de manera muy especial, en Montilla, localidad a la que estuvo estrechamente vinculado durante varios años de su ministerio sacerdotel y donde fue una figura muy querida, cercana y respetada, gracias a una trayectoria dilatada y fecunda al servicio de la Iglesia.
Nacido en Córdoba el 15 de mayo de 1933, Lorenzo López-Cubero fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1960 en la Parroquia de San Francisco y San Eulogio de la capital cordobesa. Desde entonces, su vida quedó marcada por una intensa dedicación pastoral, académica y jurídica que lo convirtió en una referencia dentro de la diócesis.
Era licenciado en Teología y Derecho Canónico por la Universidad Pontificia Comillas, donde cursó sus estudios eclesiásticos, y completó el doctorado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. A esta sólida formación añadió el doctorado en Derecho por la Universidad de Granada y la licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense, un perfil intelectual poco común que enriqueció su labor pastoral y de gobierno.
Tras su ordenación sacerdotal, inició su ministerio como vicario en la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla y, también, como párroco de San Francisco Solano. Fue en esta localidad donde dejó una huella especialmente profunda, no solo por su labor pastoral, sino también por su trato cercano, su palabra pausada y su capacidad para escuchar, cualidades que hicieron de él un sacerdote muy querido por varias generaciones de fieles.
En la Diócesis de Córdoba desempeñó numerosos cargos de responsabilidad a lo largo de las décadas. Fue juez del Tribunal Eclesiástico, fiscal y defensor del Vínculo en el Tribunal Interdiocesano desde 1981, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba desde 1994, párroco de San Pío V de El Vacar desde 1985 y, además, vicario general y moderador de la curia a partir de 1991.
La capilla ardiente ha quedado instalada en el Tanatorio de las Quemadas, donde permanecerá hasta la celebración de la misa exequial por su eterno descanso, prevista para mañana miércoles, 14 de enero, a las 16:00 de la tarde, en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba.
El obispo de Córdoba, el Cabildo Catedral, los sacerdotes de la Diócesis y sus familiares han rogado una oración por su alma para despedir a un sacerdote cuya vida, marcada por el estudio, la pastoral y el servicio silencioso, queda ya unida a la memoria agradecida de la Iglesia cordobesa y, de manera especial, al recuerdo afectuoso de Montilla.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: DIÓCESIS DE CÓRDOBA
FOTOGRAFÍA: DIÓCESIS DE CÓRDOBA















































