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28 de enero de 2021

  • 28.1.21
Hace ya algún tiempo, ante la humilde queja que salía del deseo de ver a los nietos, mi hijo me soltó con cierto enfado la siguiente perogrullada: “Nosotros también tenemos vida”. Encierros y limitaciones restringen el vivir diario. Indudablemente me mordí los labios y solo fui capaz de decir: “Tienes razón, hijo”. Para qué llorar…


¿A qué tipo de vida aludía? Supongo que, en defensa de la propia libertad de movimiento, hacía referencia al deseo de poder ir donde quisiera solo o con su familia. Es decir, ¿vida se ha convertido solo en moverse? ¿En hacer algo? Suena a simpleza.

¿Qué es la vida? Un misterio, un rompecabezas, un embrollo, un cúmulo de sucesos positivos o negativos para el sujeto. La lista de posibles respuestas es muy amplia. Para cada persona, el día a día de la vida puede ser tranquilo, agradable, sereno, positivo o negativo, conflictivo, angustioso, triste...

La religión, la biología, la filosofía o la medicina ofrecen distintos enfoques para explicar qué es la vida en general y el vivir en concreto. En un sentido biológico muy estricto, la vida sería el tiempo que transcurre desde la gestación hasta el momento en que morimos. Entonces, ¿qué es la vida? Sugiero dos enfoques que apuntan posibles “caminitos”, pero que nos dejan en el aire porque no ofrecen salidas.

A lo largo de la historia y a través de la música se han intentado dar suaves pinceladas sobre la vida. La música es una creación humana que pretende recorrer, realzar e ilustrar momentos vitales. Por lo normal, no siempre consigue la meta pero despierta emociones y sentimientos que dulcifican el vivir.

Estas líneas pretenden reflejar dos miradas distintas, manifestadas en la voz de dos cantantes que dejaron con su canto parte de la huella del tiempo que les tocó vivir en contextos también diferentes. El primer ejemplo lo constituye Tómbola, cuya letra afirma que “la vida es una tómbola de luz y de color…”. Así lo reflejaba Marisol en esta canción, allá por los años sesenta. Con razón o sin ella, en tal bosquejo dependeríamos solo de la suerte, es decir, de “algo fortuito o casual”.


Parte de su vida, como niña prodigio, fue de luz y de color. Pero también de sombras, como en cada casa de vecinos. Se retiró de los escenarios en 1986. Películas y canciones le dan fama en todo el mundo hispanohablante. Las razones de una vida tan concreta son muchas, difusas y confusas. Sugiero oír Háblame del mar marinero, una de las cancines de Pepa Flores.

Síntesis de la letra de Tómbola: “La vida es una tómbola de luz y de color…Y todos encuentran un amor…, he tenido mucha suerte porque todo mi cariño a tu número jugué…, soñaba con tu nombre, esperaba conocerte. Y la tómbola del mundo, me premió con tu querer...”. 

Sigamos con el tema de “la vida” y sus diferentes epítetos. Con frecuencia oímos decir que “la vida es una mierda, un asco, un estercolero. ¡No hay quién soporte esta puta vida! ¿Exageración? Es posible. “Cada cual habla de la feria según le va en ella”, dice el sentir popular.

Las interrogantes que formulemos al respecto son tan amplias como los enfoques que hagamos de ella desde la biología, la sociedad, la política o la religión. Desde el sentido común, cada cual intenta una salida lo más satisfactoria posible. ¿Qué es la vida, en qué consiste, cómo llevarla, cuál es su sentido? Es un enigma por descifrar, un misterio por descubrir, un secreto por revelar y una aventura cuyos resultados están por ver.

Para Ortega y Gasset, filósofo español, el mundo es un conjunto de resistencias y, por ello, la vida humana es un continuo problema, algo que se nos ha dado sin contar con nosotros. El hombre tiene que hacerse a sí mismo y ha de determinar lo que va a ser.

Simplificando podríamos reducir todo ello a “nacer, crecer, vivir y morir”. Está claro que no vamos a encontrar una razón envolvente para todos los gustos. Cada cual ve la vida y la vive según las circunstancias en la que se desarrolla. Posiblemente sea lo que nosotros queramos porque, con frecuencia, nuestra mente se obtura y se pierde el posible horizonte.

Quede claro que hay respuestas para todos los colores, lo que implica que cada cual ve la vida según situaciones familiares, económicas, sociales, políticas y/o religiosas. Recordemos que cada credo da una respuesta al origen, al desarrollo y al final de la vida. No podemos obviar circunstancias fisiológicas u orgánicas del cuerpo “que está (o no) con disposición o aptitud para vivir”.

Desde el planteamiento orgánico vienen a la mente aquellas personas a las que el camino de la vida se les torció, les trazó otro rumbo por un accidente, un tropezón impertinente y camuflado o una enfermedad incurable. No olvidemos a esa persona que llega a la vida “con una carencia física o mental congénita que le impide o dificulta sus actividades”. Dejo en libertad la mente para recorrer esos senderos mentales cargados de trampas y recordar también a esas personas que les tumbó el camino.

Demos la vuelta a la moneda. Quede claro que las circunstancias de cada humano son diferentes e intransferibles. En el tablero juega nuestra capacidad para tomar decisiones, acertadas o no: depende de cada cual. Vivir es todo un desafío. No sabemos lo que nos espera en la última estación del recorrido.

La clave de la vida es bastante simple: ser uno mismo. Fácil de decir y difícil de hacer dado que circunstancias ajenas tanto familiares como sociales o políticas nos llevan por caminos diversos que ni hemos escogido y seguramente tampoco deseamos.

La vida está cercada de miedos que asedian el día a día. Miedos procedentes tanto del exterior –reales o no es otro problema– como de nuestro propio interior. Por eso el vivir con frecuencia es una carrera de obstáculos. La clave está en ser capaces de aprender a superar los miedos para vencer los obstáculos.

Cada uno de nosotros, con frecuencia o en momentos concretos, nos preguntamos por el sentido de la vida, sobre todo cuando estamos en situaciones límite, en atolladeros a los que no les vemos salida. Luego brota el “mañana será otro día” y proseguimos en el camino. En resumen, el rumbo de la vida es una incertidumbre que nos sigue durante todo el camino, hasta que nos encuentre la muerte.

Finalizo estas líneas con la canción Gracias a la vida, de Violeta Parra, publicada en 1966. Canción que es toda una referencia en el mundo de la música. Un año después se suicidaría. ¿Por qué? Las razones son una incógnita aunque creen que suena a agradecida y obligada despedida.


Gracias a la vida ofrece una visión del vivir basada en momentos vitales que dejarán una huella perdurable. La canción consta de seis estrofas que desgranan lo que la vida le dio. Resumo brevemente el rastro vital y las razones de la gratitud.

“La vida me ha dado tanto…dos luceros para diferenciar lo negro del blanco y un cielo repleto de estrellas; el oído que capta grillos, canarios, chubascos, sonidos y palabras como madre, amigo…personas queridas y luz indicando el caminar por ciudades, playas, desiertos, montañas o llanos; me dio un corazón para distanciar al bueno del malo;…risa y llanto para distinguir dicha y felicidad de penalidades, llanto y fracaso. Mi canción está configurada con felicidad e infortunio, con suerte y desdicha, con amistad y olvido e ingratitud, con simpatía e indiferencia”.

Aunque la vida ofrece gozos y tormentos, en el fondo hay que sentirse agradecidos por lo bueno que tenemos. Familia, amigos, salud, deseos de un futuro hasta donde llegue y sortear de la mejor manera posible baches, socavones físicos y psíquicos, fracasos y con algo de suerte al maldito virus. Pero ante todo hay que vivir… Ese es el desafío.

A Manuela (Marinela para los amigos), que el camino quiso cambiarle el horizonte y no lo dejó.

PEPE CANTILLO


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