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26 de julio de 2019

  • 26.7.19
Hasta no hace muchos años se había insistido en el origen romano y visigodo del municipio, no obstante, el origen del municipio se encuentra en el proceso repoblador iniciado por los monarcas asturiano-leoneses, hasta llegar al valle del Duero durante los siglos IX y X. Esta acción repobladora supuso la aparición de numerosos núcleos de población que serían los futuros municipios.



A estas entidades, eminentemente rurales, los reyes de Asturias y Aragón les otorgaron determinados privilegios de inmunidad, y en virtud de los mismos quedó prohibida la entrada en ellos a los funcionarios reales. Cualquier observador podría deducir de estas palabras que el problema local está resuelto en España. 

Pero la realidad es que existen serias dificultades, no como en los tiempos pasados, sino las que se deducen de la falta de diseño definitivo del modelo de organización territorial del Estado, que supondría una adecuada distribución de competencias y recursos financieros entre los tres poderes existentes: central, autonómico y local.

Don Enrique Orduña Rebollo

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Los municipios con los que soñamos son aquellos en los que la vida transcurrE de forma tranquila y segura. Son muchas las veces que confundimos estos conceptos con conformismo, mientras que el municipalismo se alimenta de un baño optimismo y progreso, rehogando su afán de superación en el entusiasmo de tener un territorio lleno de oportunidades y que permita retener los talentos, dotarlos de herramientas y de políticas públicas que les posibilite planificar a largo plazo, ejecutando además estrategias para la organización del territorio como base de nuevas acciones llenas de oportunidades.

El municipio es el pilar fundamental para construir una vida digna. Y gracias a esta realidad se pueden romper con muchos estereotipos y limitaciones que nos impiden ver más allá de lo que ya entendemos que es el municipio. Responder a las demandas de hoy es parte de un proceso de crecimiento que lleva al gobierno local a una estancia superior. Se hace necesario que la financiación y los recursos que se generan en el mismo se queden casi en su totalidad en ese ámbito, buscando otros mecanismos de financiación para el Estado.

La autonomía municipal es parte indisoluble de un crecimiento sostenible y humano que nos permita ver el gran potencial de los territorios, desde su base, desde “lo municipal”. Son diversas las acciones que se pueden realizar en el municipio para que se convierta en espacio ecosostenible. El desarrollo de iniciativas emprendedoras, el fomento al autoempleo, la creación de espacios públicos de fomento y orientación a los emprendedores, la incentivación de espacios sostenibles... son algunos de los ejemplos que se pueden desarrollar en los municipios.

Los municipios son espacios llenos de oportunidades en los que las empresas y los autónomos pueden iniciar sus actividades, siendo espacios más económicos que las grandes ciudades. Pero para que esto sea sostenible se hace necesario que los gestores locales trabajen políticas públicas locales que exijan a estas empresas la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, de esta forma, que sean socialmente responsables, con el territorio, con los trabajadores y con el medio donde desarrollan su actividad, aplicando las acciones que sean necesarias para no crear impactos nocivos en el medio ambiente.

Cuando hablamos de la Agenda 2030 y de los ODS hacemos referencia al desarrollo humano; estamos hablando de un cambio del modelo, de paradigma, que actualmente se está trabajando por una forma más sostenible, en la que los municipios y espacios rurales comiencen a ser el centro de las acciones y políticas públicas, por el simple y al mismo tiempo complejo hecho de que es en los municipios, en el territorio, en los espacios rurales, donde viven las personas.

El desarrollo de proyectos y acciones que vayan enfocados en la planificación del territorio y en la promoción del municipio, fomentando la vocación territorial y afianzando el acontecer socioeconómico que ya existe en el municipio, son parte fundamental de cualquier plan estratégico que tenga como objetivo el crecimiento sostenible.

El municipio es el espacio más directo del acontecer de los impactos medio ambientales y, al mismo tiempo, donde más rápidamente se pueden paliar y solucionar. Si vemos los municipios como espacios indefinidos no podremos concretar acciones más directas; sin embargo, en los espacios territoriales es donde realmente se pueden producir grandes cambios.

Un gran ejemplo de lo que exponemos es la posibilidad de recoger los excrementos animales en granjas, residuos que tienen un efecto negativo en el suelo por los gases que contienen y que perjudican a la larga el suelo y que pueden llegar a través de las aguas fluviales a los ríos y afluentes contaminándolos con estos gases.

Otro de estos impactos que podemos mencionar como mero ejemplo es el de los residuos que produce un taller mecánico: los aceites que se derraman al suelo, los neumáticos, las basuras que generan y que no se tiran en contenedores apropiados son altamente contaminantes y agresivos con el medio ambiente. Todo ello se podría paliar con formación, concienciación y políticas públicas que obliguen a reciclar y reparar los impactos que se generan y podrían ser fácilmente remediados.

Los microempresarios, los autónomos, las mujeres y los jóvenes rurales son la base de la economía local y, por tanto, pueden ser un gran ejemplo de acciones pequeñas con un gran impacto, inspirando al municipio y a sus habitantes en la necesidad de una conciencia socioambiental fundamental para el desarrollo de los territorios.

Por otro lado, la pobreza general y la pobreza infantil no son necesariamente extremas, pero sí excluyentes, ya que vivimos en un mundo en el que dinero se ha convertido en primordial para vivir, con lo cual crear municipios y espacios rurales sostenibles en los que se trabaje en la generación de oportunidades para sus habitantes se convierte en un reto fundamental.

De igual manera, si lo vemos desde la necesidad imperiosa de las grandes urbes de disponer de comida y alimentos frescos, esto se convierte en grandes oportunidades para las poblaciones que convergen entre lo rural y lo urbano, pudiendo trabajar no solo en la generación primaria de alimentos, sino que también se puede trabajar en la creación de cadenas productivas y en la derivación de subproductos generados del producto primario. Estas acciones conectadas con acciones que despierten la curiosidad y la consolidación del turismo rural pueden ayudar a crear municipios y espacios rurales sostenibles y económicamente atractivos.

MERCEDES C. BELLOSO


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