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16 de marzo de 2014

  • 16.3.14
En la pasada generación comenzó lo que los psicólogos denominarían una “zona de confort”. Los grandes desarrolladores que antaño hicieran creativas propuestas pasaron a crear productos genéricos, repetitivos, con los que sabían que podrían prosperar gracias a las ventas que generan.

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Pero claro, llega el momento en el que ni siquiera los cuatro shooters clónicos de turno pueden paliar las arcas de estos buenos señores. Es ese el momento en el que abren el baúl de los recuerdos para contemplar que es lo que otrora les permitió sobrevivir a esta jungla que es el mercado de los videojuegos.

No obstante, en lugar de captar la esencia de las bondades que en su día les elevaron al Olimpo de las compañías y elaborar productos novedosos con tal materia prima, se han limitado a recoger lo que tenían guardado, le han quitado el polvo y se lo han vendido tal cual a los usuarios. Esta reventa de lo retro hace referencia a las remasterizaciones en alta definición.

Concretando algo más la materia, estaríamos hablando de juegos de la generación de los 128 bits –Playstation 2, Gamecube y Xbox- a los que se les ha añadido un filtro de mayor resolución –o HD, si hay algún lector persiguiendo su título B1- para que se vean con mayor calidad, recopilando varias entregas si se habla de una saga y colocándose en las estanterías como si fuera algo totalmente nuevo.

¿Su precio? Rara vez desciende de los 40 euros, una cifra elevada si nos ceñimos a la luz de los hechos: una copia para su plataforma original,a veces puede llegar a costar sólo una cuarta parte de lo que supone la remasterización.

Si se están oliendo que esto no es más que un ardid, una artimaña para sacarle los cuartos al jugador, se equivocan. Inicialmente, PS3 tenía retrocompatibilidad con PSX y su antecesora directa. Llegado un buen momento, cuando Sony abrió el cofre que mencionábamos anteriormente, a través de una actualización, vetó el uso de discos de PS2 en la sobremesa y al cabo de pocos meses apareció la línea “HD Classics”. Mera casualidad, no se crean.

Aun conociendo las estrategias comerciales de la industria, ¿es una remasterización merecedora de tener un sitio en sus repisas? Según el prisma desde el que se enfoque. En ocasiones, estas revisiones no hacen más que empeorar el producto inicial. Es el caso de Silent Hill HD Collection, al que se le cambió el doblaje, se le redujo la niebla permitiendo la contemplación de las limitaciones gráficas del juego original y se ha añadido más oscuridad de la necesaria. Un estropicio real del código fuente.

Acudiendo a otros ejemplos de discutible labor, vemos cómo Dragon Ball Z Budokai HD Collection, además de tener una revisión estética más que modesta, no incluye la segunda parte de la trilogía Budokai. Namco Bandai se defiende ante esta ausencia aludiendo que las mecánicas de esta entrega eran muy diferentes al par restante. Motivo de más, querida Bandai, para haberla incluido. Habría mayor variedad.

Pero los desperfectos continúan. Pasen y vean el caso de la jugabilidad, que ha permanecido intacta a pesar del transcurrir de los años, motivo por el cual en algunos casos ha quedado obsoleta. Arrancar un coche en The Jak and Daxter Trilogy con el botón X, cuando se hace actualmente con R2, puede resultar extraño y confuso. A pesar de todo, este hecho no supone un percance mayor.

A pesar de lo enumerado, faltaríamos a la verdad si no citásemos casos en los que este “rebozado” hubiera salido aceptable. Continuando con el tema de la jugabilidad, en Okami HD se ha implementado el sistema Move –nada novedoso al emular el Mote de Wii- para mover el pincel de la diosa loba Amaterasu.

Del lado de la mejora estética sin paliativos tenemos Final Fantasy X/X-2 HD Remaster, lanzado hace unos días. Square-Enix sabe trabajar bien, lo malo es que a menudo no le apetece. Quizá más de lo que deseáramos.

En contraposición a Kingdom Hearts 1.5 HD Remix, con Tidus y compañía, se ha obrado con tesón, notable gracias a la implementación de (pequeños) extras, la desaparición de las franjas negras, actualización del audio y la mejora de la tasa de imágenes (frames). Nuestra estrella del Blitzball dejará de correr a cámara lenta.

No se puede pasar por alto el esfuerzo invertido en Wind Waker, un juego que por su estética de dibujo animado dejaba poco margen de mejoría. A pesar de ello, se ha plasmado una paleta de colores más viva y resaltada gracias a la nueva iluminación. Además de incluir mejoras en el tedioso tramo final de la versión de Gamecube.

Con la balanza sobre las manos, ¿qué lado pesará más? No nos dejemos engañar, aunque haya casos en los que estas revisiones estén logradas (Beyond Good and Evil HD, The Sly Collection) hay otras que no lo están tanto o, simplemente, no lo necesitaban (Devil May Cry HD Collection).

Se ha añadido la capa de 1080p, trofeos que incrementan la rejugabilidad pero que, en esencia, transmiten lo mismo que en su día ya hizo el título original. Por ello, los poseedores de un juego del cual se haga una edición en alta definición no deberían comprarla.

Primero, por no gastar un dinero inútil pero, sobre todo, por no incentivar a las compañías a que hagan de esta práctica una costumbre. O peor todavía: una ley. De hecho, es un trabajo con tan poco mérito que no se ha cogido nunca nombres de la época de los 32 bits, porque ello sí que supondría una inversión real de esfuerzo y tiempo.

Por tanto, para aquellos que no pudieran poseer algunas de estas joyas atemporales en su día, quizás sea una buena idea hacerse con uno de estos juegos. Para los demás, no es más que un cúmulo de nuevos brillos y colores. Pero también de humo, mucho humo.

SALVADOR BELIZÓN / REDACCIÓN



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