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19 de enero de 2012

  • 19.1.12
Que sí, que ya lo sé. Que ya me avisaron repetidas veces durante la campaña, la precampaña y la poscampaña. Que esta gente tenía intenciones ocultas, que todo el mundo las sabía menos yo. Que nos estaban engañando. Vale. Pero, aun así, prefiero a estos que a los otros, qué quieren que les diga.

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Decía ayer Vicente Vallés –magnífico periodista- en el programa –magnífico programa- La Brújula de Onda Cero –con el magnífico Carlos Alsina como director-, que en este país realmente no importa ni la verdad ni que las cosas se hagan bien. Lo importante es que ganen "los míos".

Bueno, no es mi caso, aunque reconozco, como les decía, que prefiero a estos presuntos embusteros del PP que a los demostradamente canallas gobernantes del PSOE. Lo que no implica necesariamente, como es obvio, que vaya a defender todas las medidas que adopte este Gobierno.

Primero fue la subida del IRPF. Ahora, Rajoy –el que era "previsible": menudo chasco para los expertos sabios de la cosa política- salta defendiendo la archidesconocida tasa Tobin. Alucina, vecina.

Para empezar, habríamos de hacer una matización de la susodicha tasa. Realmente ahora la llaman "tasa sobre las transacciones financieras", para diferenciar este sucedáneo del original.

Para que usted lo sepa, la verdadera tasa Tobin, propuesta por el premio Nobel de Economía de 1981, es un recargo sobre la compraventa de divisas. Es decir, si usted tiene que comprar dólares para viajar a Estados Unidos, le cargan en torno al 0,1 por ciento en concepto de tasa. No es que sea mucho dinero para usted, pero para un país entero sí que lo es. Unos 700.000 millones de dólares anuales, centavo arriba o abajo.

La justificación de este recargo se debe a que, según James Tobin –un economista claramente orientado al keynesianismo y al intervencionismo- el mercado de divisas está excesivamente engrasado, de modo que favorece la especulación y, como consecuencia, la posibilidad de generar situaciones como la que se ha producido en los últimos años contra el Enemigo Único del mundo: el euro.

En palabras del propio Tobin, se trataba de "echar arena al mecanismo". Argüía el premio Nobel que la recaudación de esta tasa serviría, en primer lugar –como toda medida intervencionista- para estabilizar las economías. Además, con la recaudación obtenida se podría mejorar, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, multitud de carencias de los países pobres; así, la malnutrición, la educación o la sanidad en los países del Tercer Mundo serían los objetivos prioritarios de la recaudación de la tasa.

Claro, en estas afirmaciones se contienen claramente tanto el beneficio como el perjuicio del impuesto. Es como si usted se saliera a propósito de casa en medio de un enorme chaparrón para poder tomarse un Frenadol calentito.

Resulta que gravar los cambios de divisas perjudica, sobre todo, a los países que más dependen del comercio exterior. Y resulta que la gran mayoría de países pobres y en vías de desarrollo dependen básicamente del comercio exterior para su supervivencia. Por lo tanto, los mayores perjudicados son estos, los países pobres. Conclusión: creamos un problema y luego lo arreglamos. Y digo yo: ¿no sería mejor ni siquiera crear el problema?

Lo peor de la tasa sobre las transacciones financieras que nos propone la UE y apoya el presidente Rajoy es que, además, no especifica el concepto "transacciones financieras".

A ver, si usted hace una transferencia para pagar ese iPad que le han traído los Reyes Magos, está ejecutando una transacción financiera. Si usted traspasa 1.000 euritos de la cuenta de sus caprichitos a la de pagar la hipoteca, está ejecutando una transacción financiera. ¿De verdad cree usted que su banco se va a comer con papas el coste de la tasa? Despierte, mi querido amigo, y dése cuenta de que ese precio se lo va a recargar a usted inmediatamente. Lo que, a gran escala, significa una reducción masiva de transacciones financieras.

Como quiera que los mercados financieros no solo negocian los cambios de divisas necesarios para realizar el comercio exterior –si una empresa española compra mercancía a una empresa estadounidense, necesariamente le ha de pagar en dólares, por lo que tendrá que comprar esos dólares- sino que además crean riqueza basada en plusvalías sobre los valores negociables –todo lo artificial que usted quiera, pero riqueza al fin y al cabo-, tendremos una nueva causa para la contracción de las economías. Más recesión, o sea.

No sé, de verdad, en qué piensa Rajoy cuando apoya esta endiablada tasa. Dicen los mentideros que pretende asegurar a un español en el Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, ahora que González de Páramo debe cesar en su cargo. Me parece excesivo tanto daño a una economía mundial bastante perjudicada ya, para obtener tan poco premio. En fin. Me quedo pasmado. Señor presidente, haga el favor de quitarme el pasmo.
MARIO J. HURTADO

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