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20 de febrero de 2022

  • 20.2.22
Recientemente he tenido el placer de presentar el último libro de Francisco Delgado en la Biblioteca Viva de al-Ándalus en la ciudad de Córdoba. Su título es bien significativo: De la instrucción pública a la digitalización de la enseñanza. España (1820-2020). Nada menos que un recorrido de doscientos años en el estudio de la escuela pública, sin embargo, como el propio autor indica en la portada del libro, puede entenderse “a modo de manual”, ya que las más de noventa entradas del índice nos ayudan a leerlo de modo seguido o a penetrar en aquello que especialmente nos interesa en un momento determinado.


Brevemente, indicaré que Francisco Delgado es maestro industrial en Artes Gráficas, diplomado en Psicología Industrial y en Salud Laboral. Fue diputado en 1977, senador en 1979 y concejal del Ayuntamiento de Albacete, su ciudad natal. Ha sido presidente de Europa Laica durante una década y de la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (CEAPA). Entre sus libros dedicados a la enseñanza, destacaría La escuela pública amenazada, Hacia la escuela laica y La cruz en las aulas.

—Me gustaría, Paco, que iniciáramos esta incursión por la escuela pública de modo que, brevemente, nos informaras de cuáles fueron sus inicios en nuestro país.

—Intentaré sintetizar indicando que, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, diversos Estados europeos establecieron sistemas educativos como consecuencia de la modernidad y de la lucha promovida por intelectuales de la Ilustración y acelerados por la Revolución Francesa de 1789. Esta corriente de transformación social incorporó principios democratizadores en los asuntos públicos, aprobó propuestas a favor de una nueva ciudadanía y puso en marcha, muy lentamente, actuaciones innovadoras en la convivencia social y en la gestión de los servicios esenciales.

De este modo, la Instrucción Pública pasó a convertirse, en teoría, en un derecho de la ciudadanía y un deber de los Estados, que comenzarían a definir y a proyectar escuelas de Enseñanza Primaria, inicialmente, bajo la responsabilidad de los municipios. En el caso de España, los primeros movimientos ilustrados se inician con el reinado de Carlos III y, sobre todo, a raíz de la promulgación de la Constitución de 1812. Todo ello con excesiva lentitud, al menos hasta la aprobación de Ley de Instrucción Pública de 1857, salvo los fallidos intentos del denominado Trienio Constitucional (1820-23).

—Se suele hablar con cierta admiración de la Constitución de 1812. ¿Puedes ampliar la información referida a este período de nuestra historia?

—La Constitución de 1812, en su Título IX titulado "De la Instrucción Pública", inaugura una etapa de un mandato constitucional para la implicación de los poderes públicos en la enseñanza en general. Así, en el artículo 366 se establece por primera vez de modo imperativo que “en todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica”.

Más adelante se indica que “habrá una Dirección General de Estudios, compuesta de personas de conocida instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la autoridad del Gobierno, la inspección de la enseñanza pública”. Sin embargo, estos principios y objetivos, por distintos avatares políticos, se difuminan con cierta frecuencia a lo largo de los siglos XIX y XX.

Por otro lado, la enorme influencia que la Iglesia católica ha ejercido, salvo en períodos muy reducidos, determinará el devenir de un sistema educativo que no solo se muestra como confesional hasta hoy, sino que marcaría el currículo y decidiría sobre los contenidos, influyendo en la segregación por sexos y apoyando la educación diferenciada para las mujeres, centrada “en las tareas del hogar” y en educarlas para ser “buenas madres y esposas”, bajo la falacia de “libertad de enseñanza”.

—Demos un gran salto temporal hacia adelante para situarnos en el período de la Segunda República. ¿Cuáles fueron sus aspectos más destacados?

Te indicaría que, para el primer Gobierno de la Segunda República, fueron los proyectos educativos propuestos por la Institución Libre de Enseñanza, la Escuela Moderna y tantos otros de importancia vital para una depauperada enseñanza española, ya que el analfabetismo se situaba en el 32 por ciento de la población. Se pretendía alcanzar un “Estado educador", ambicioso proyecto que una gran parte de los maestros y maestras y de la intelectualidad acogió con enorme entusiasmo.

En esta línea, una de las primeras decisiones tomadas fue la elaboración de un ambicioso plan quinquenal de construcción de escuelas, de hasta 27.000 centros escolares. A pesar de ello, las penurias presupuestarias impidieron alcanzar ese objetivo, pero se hizo un verdadero esfuerzo para que existieran escuelas en todos los rincones del país. Así, en diciembre de 1932 ya se habían creado 9.620 escuelas mixtas, que se dotaron de material escolar, en paralelo a una voluminosa creación de plazas de las maestras y maestros correspondientes.

En el ámbito educativo, se promovió una revolución pedagógica, ya que se buscaba que la escuela tuviera una clara conexión con la sociedad, por lo que era necesario el concurso de los padres, creándose las bases para una verdadera Comunidad Educativa. Así mismo, por vez primera en la historia de España, se implantó un modelo mixto para la coeducación, anulando la tradicional segregación de las mujeres en el ámbito de la enseñanza. Además, se aprobó la enseñanza laica, sacando la religión de los centros escolares, al tiempo que un Decreto del Gobierno reconoce a los padres el derecho a intervenir en la vida escolar a través de los Consejos de protección oficial.

—En tu libro hablas de la relevancia de las llamadas Misiones Pedagógicas durante la Segunda República. Explícanos en qué consistieron.

—Las Misiones Pedagógicas fue uno de los proyectos que más huella han dejado la Segunda República, ya que ponía en práctica la idea de la Institución Libre de Enseñanza de lo que se conocía como la “extensión universitaria”. Es decir, se pretendía acercar la cultura, especialmente, al mundo rural, con exposiciones, sesiones cinematográficas, guiñoles, representaciones teatrales, recitales y apoyo a los maestros rurales. Por entonces, era fundamental y urgente la educación y alfabetización de los adultos, por lo que a través de estas Misiones se fomentaría la cultura general para la ciudadanía de todas las edades.

—¿Crees que, tal como has apuntado, el hecho de que se planteara una escuela pública de tipo laico fuera motivo para que los sectores conservadores decidieran respaldar la sublevación franquista?

—Sin duda, fue una de las causas. Hemos de tener en cuenta que el Vaticano y la inmensa mayoría de los obispos españoles atacaron con saña el advenimiento de la Segunda República, incluso, antes de su instauración en abril de 1931. Apoyaron la sublevación de Franco en 1936 e instauraron la enseñanza nacional-católica durante la larga dictadura.

—Tras la derrota de la Segunda República se inicia el largo período de la dictadura franquista, que bien tratas en tu libro. ¿Qué rasgos básicos destacarías de la escuela pública en el franquismo?

—Sería una escuela nacional-católica; ideologizada a través de la denominada “formación del espíritu nacional”; centralizada; con la segregación por sexos y clases sociales. Hubo una enorme falta de inversión y gasto, lo que generó un enorme analfabetismo. Quizá fuera la formación profesional el punto más fuerte de ese largo periodo. En los años finales de la dictadura, la Ley General de Educación, de 1970, trató de cambiar esa dinámica al denunciar las grandes carencias del sistema educativo de aquella época.

—Dado que defiendes el Estado laico como forma de ampliación y profundización en la democracia, ¿tuvo sentido, en 1979, la renovación del Concordato con el Vaticano de 1953 en los años en los que se reiniciaba la democracia en nuestro país?

—Evidentemente, no tenía sentido. Pero hemos de reconocer que se estaba negociando, o maquinando, mientras se elaboraba la Constitución. De ahí que, más de cuarenta años después, con gobiernos de todo “pelaje y color”, se sigan generando enormes problemas en nuestra democracia formal por los sustanciosos privilegios jurídicos, sociales, económicos, patrimoniales, fiscales, hacia la Iglesia católica.

Ahora nos encontramos con una educación totalmente trufada de ideología católica, al mantener a unos veinte mil “delegados diocesanos” (profesorado de Religión) en los centros de titularidad pública, que tienen más privilegios y estabilidad que, por ejemplo, el profesorado interino. Es más, y al margen del Concordato, el Estado subvenciona cien por cien centros educativos de ideario católico, vía conciertos, ayudando a la creación de universidades católicas y a la proliferación de centros de formación profesional en manos de grupos católicos integristas como los kikos.

—Una pregunta que está en mente de todos es la referida a los numerosos cambios legislativos en el campo de la enseñanza no universitaria.

—En líneas generales, apuntaría a que el poder político no tiene claro qué modelo de sistema educativo quiere. Lo mejor de lo conseguido hasta ahora ha sido la universalización, la descentralización y la coeducación. Pero, desde 1979 hasta hoy, han existido demasiados ministros y ministras, demasiadas reformas y muy poca armonización en el conjunto del Estado.

La democratización real del sistema no se ha producido; no hemos llegado a la inversión y gastos deseado (6 por ciento del PIB para la educación no universitaria); la formación del profesorado no se ha tomado en serio; no ha habido acuerdos políticos en temas clave e importantes; la enseñanza está muy ideologizada de forma partidaria y sigue teniendo un fuerte componente confesional.

—Llegamos al último trayecto legislativo en la enseñanza. ¿Qué aporta la LOMLOE, que todavía se está debatiendo, con respecto a la ley anterior?

—Muy poco nuevo. Viene a derogar algunos aspectos de la LOMCE del PP y se aproxima a la LOE de 2006 del PSOE, en clave siglo XXI. Contiene, como algunas leyes anteriores, muchas buenas intenciones teóricas; pero, en la práctica, sigue siendo confesional y con un alto componente privatizador. No hay compromisos de elevar adecuadamente el gasto e inversión que sería necesario. En un sistema ya muy poco armonizado (no digo "homogéneo", sino "armonizado"), a nivel de Estado, incluso concede más competencias a las Comunidades Autónomas, algunas en manos de sectores muy conservadores, lo que comporta serios riesgos. En suma, una reforma más “sin pies ni cabeza”, y con muy pocas novedades en clave del actual siglo XXI digital.

—Enlazando con lo último que indicas, ¿cuáles son los retos de la escuela española en la era digital? Por otro lado, ¿llegaremos a ver una escuela pública laica?

—Comienzo por la segunda pregunta. A corto plazo no veremos una escuela pública, única, democrática y laica. Los conciertos seguirán, al igual que el incremento de la privatización del sistema educativo, en su conjunto. Aumentarán con la consiguiente segregación por clases sociales, territorialidad e ideología aumentará, con las actuales políticas que se aplican.

Con respecto a la primera pregunta, quisiera indicar que en la era digital y de la inteligencia artificial, los sistemas educativos tienen muchos retos, y no solo en España. Estamos ante una nueva concepción del mundo en el ámbito del trabajo, de las relaciones laborales y sociales, en las comunicaciones y en la economía global. La era digital tiene mucho que aportar a la educación. Puede ser una buena senda de mayor calidad, universalización del conocimiento y menos segregación; o, en sentido contrario, transitar por los caminos equivocados del control de las personas y de su manipulación. Ahí los gobiernos de turno, el mundo de la pedagogía, la investigación, la sociología y las humanidades tienen mucho que aportar. Y en ese complejo ámbito estamos.

—Para cerrar, quisiera darte las gracias por esta entrevista, que, a fin de cuentas, orienta el contenido de tu libro a sus potenciales lectores. Por otro lado, me imagino que habrá algunos que estén interesados en adquirir tu libro. ¿Cómo pueden hacerlo?

—El libro se encuentra en las distintas librerías del país. No obstante, si alguien tuviera problemas puede solicitarlo por internet a www.popularlibros.com.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: FRANCISCO DELGADO (CEDIDA)

13 de febrero de 2022

  • 13.2.22
Si hubiera que hablar de los grupos sociales que en nuestro país han tenido importantes transformaciones, sin lugar a dudas, habría que citar de modo significativo el de la familia. Ya no es solo la familia que solemos llamar "tradicional" la única presente, sino que hay otras formas que pueden ser minoritarias que conviene considerarlas, especialmente cuando se trabaja en el campo educativo, pues niños y niñas pueden vivir en otros modelos como son las familias reconstituidas.


A lo largo del tiempo, han sido diversos los artículos en los que he abordado los cambios familiares, no solo aludiendo a los que tratan de la separación de los padres y que buscan la construcción de nuevas familias, fenómeno, por cierto, muy presente en nuestra sociedad. También a aquellos en los que se aborda el fallecimiento de uno de los cónyuges y se desea crear una nueva relación de pareja, conllevando a lo que actualmente denominamos como "familias reconstituidas".

Así pues, entendemos como familia reconstituida a aquella forma familiar compuesta por dos adultos, en el que uno de los miembros, o los dos, aporta hijos de su relación anterior, y que surge por el fallecimiento de un cónyuge o por la ruptura de una pareja anterior

Sobre el número de este tipo de familias existentes en nuestro país es un tanto difícil de precisar, puesto que, por un lado, los datos que se tienen de ellas aportados por el Instituto Nacional de Estadística vienen referido al año 2004, en el se daba la cifra de 232.863 familias, con 465.588 hijos. Por otro, hay quienes optan por llevar la convivencia en pareja sin crear los vínculos matrimoniales, lo que conllevaría a que las cifras serían muy superiores a las mostradas por el INE.

De todos modos, quisiera apuntar que las investigaciones que he llevado a cabo se centran en conocer, través de los dibujos, cómo los niños o las niñas autores de los mismos interpretan emocionalmente sus nuevas situaciones.

Es, por ejemplo, lo que acontece con el dibujo de la portada de una niña de 9 años, la cual, al pedir en su clase que representaran a la familia, se trazó en medio de sus padres biológicos, junto a su hermana pequeña. En el lado izquierdo de la escena, aparecen su padrastro y su pequeño hermanastro. Y todo ello dentro de un dibujo alegre, tranquilo, con el título en letras grandes, expresando que todos ellos conforman su nueva familia.


En el estudio de las familias reconstituidas, debemos considerar que en el inicio de la separación de los padres hay una fase en la que no necesariamente aparecen dibujadas las parejas de algunos de ellos (caso de que las hubiera). Son los difíciles y complicados períodos de transición que no se sabe muy bien hacia dónde conducen. En ellos, no obstante, los hijos entienden que su padre y su madre ya no viven en el mismo espacio, que cada uno tiene su propia casa, por lo que suelen expresarlo, tal como aparece en el dibujo precedente, mediante una línea vertical de separación, de modo que se representan con uno o con otro, dependiendo del grado de afinidad emocional que mantengan con cada uno de sus progenitores.


Habitualmente, y desde fuera, se tiene tendencia a ver con excesiva dramatización la creación de una nueva familia, pensando que los hijos o hijas vivirán traumatizados y sin ser capaces de establecer vínculos emocionales sanos con los nuevos miembros. Las investigaciones que he llevado a cabo desmienten esa creencia, pues todo el complejo y doloroso proceso de separación va a depender en gran medida de cómo los progenitores afronten este cambio.

Como ejemplo de que las escenas trazadas por los escolares pueden no coincidir con esta visión tan dramática, indico que, en el dibujo que acabamos de ver de una chica de 11 años, comienza trazándose a sí misma portando una camiseta con un corazón. Posteriormente, representa a su padre y a su madre a los que coge de las manos, antes de pasar a su pequeño hermano en la izquierda. Ya en la derecha, muestra a la nueva pareja de su madre, cogida también de la mano y al niño de este último.

Cierto que no todos los casos van por buen camino, ya que los hijos tendrán que enfrentarse a nuevas situaciones que ellos no imaginaban, por lo que, tal como he indicado, será responsabilidad de los padres de ser capaces de ir construyendo, en medio de la adversidad, las condiciones que faciliten el tránsito a las nuevas formas de familia en las que van a vivir. Aunque también serán los propios hijos los que faciliten u obstaculicen la formación de las nuevas familias.

Según la psicóloga clínica Cayetana García Hurtado, los retos y conflictos a los que se tienen que enfrentar los adultos serían los siguientes:

1. Se tiende a negar las dificultades propias de la nueva situación y hacer como si no pasase nada y se tratara de una familia convencional.

2. La intromisión de cónyuges anteriores es un factor que dificulta bastante, sobre todo cuando hay cuentas pendientes y la disolución anterior no ha sido amistosa.

3. El hecho de haber pasado anteriormente por una ruptura, puede generar en la nueva pareja una expectativa sesgada ante cualquier dificultad que acontezca, y ver otra separación como algo más probable.

4. Cuando la custodia es compartida y existen dos hogares, puede ocurrir que los hijos se conviertan en informadores de lo que ocurre en uno u otro lugar, siendo víctimas de la manipulación de uno de los dos padres, o ser el propio chico o chica el que chantajee con irse al otro hogar si no se cumplen sus objetivos o no se le deja hacer lo que quiere.

5. Si se tienen hijos anteriores al nuevo matrimonio, cada uno tenderá a aplicar la autoridad a su manera con ellos, dándose diferencias que dificultarán la integración de los hermanastros.

6. Boicot de los hijos a la nueva pareja, si no se ha conseguido establecerse una buena relación. Los hijos pueden ponerse en contra del nuevo cónyuge provocando que el progenitor acabe poniéndose del lado de sus hijos generando problemas en la pareja.

7. Celos del progenitor ausente hacia la relación de sus hijos con el nuevo cónyuge, dado que puede ver la amistad del niño o la niña con el otro padre o madre como una deslealtad hacia él/ella y reaccionar en consecuencia.

8. La familia externa (abuelos, tíos, primos) puede establecer diferentes relaciones con los niños, haciendo distinciones entre ellos y acentuando la situación de desigualdad.

9. Suelen darse distintos ritmo de adaptación. Por regla general, los hijos marchan a una velocidad más lenta que los padres a la hora de generar relaciones estrechas con el nuevo cónyuge. Los padres, con frecuencia, han generado su vínculo sin que los hijos tuvieran conciencia de esta nueva relación, por lo que se tiene que tener paciencia y darles tiempo suficiente sin intentar forzar la situación.

10. Se dan cambios estructurales en las relaciones de las dos familias: los hijos sufren la pérdida de la relación privilegiada que previamente tenían con sus padres biológicos y ahora tienen que compartirlo no solo con otro adulto, sino también con otros “hermanos”, en el caso que los haya.

11. En el caso de que existan varios hermanos biológicos, puede darse el caso de que cada uno se posicione en polos diferentes, siendo uno de ellos facilitador de la nueva relación y otro mantenga una actitud oposicionista.

Tras la exposición de los problemas a afrontar, tendría que plantear los cambios favorables que con el tiempo pueden darse y que por falta de espacio no lo veo ahora conveniente exponerlos. Sin embargo, no me resisto a presentar un par de dibujos más para que comprobemos que hay que analizar cada caso particular para comprender cómo responden emocionalmente los hijos o hijas.


En el dibujo anterior, de un niño de 9 años, aparecen no solo la familia de partida sino también los nuevos miembros, junto a abuelos o primos, llegando a un total de doce.

Comienza a dibujarse a sí mismo; pasa a su hermana; después a su madre y a su padre; en quinto lugar, volviendo al comienzo, traza a la mascota familiar. Al lado de su padre aparece la “pareja de papá”. En medio de ambos, dibuja una pequeña figura a la que denomina “su hijo”, al tiempo que apunta con una flecha hacia ella. Finaliza con su abuela en la parte inferior, y, en la superior, muestra a otros miembros de la familia.

Comprobamos, pues, que el autor de este dibujo no tiene problemas para describir a todos los miembros que para él forman su nueva familia.


Cierro este recorrido por las familias reconstituidas con este curioso dibujo de una chica de sexto curso de Primaria. Comienza trazando a su hermano y su abuela, para pasar a ella en el centro y, en la derecha, a su padre y a su madre. Sucede, no obstante, que sus padres no hacía mucho que se habían divorciado, de modo que su madre se casa de nuevo con un divorciado que tiene tres hijas.

La chica parece que asume que su familia se ha ampliado, por lo que decide dibujar a sus tres nuevas hermanas en tamaño pequeño en los espacios que dejan los primeros miembros. Comprobamos, pues, que las acepta sin grandes problemas, aunque la nueva pareja de su madre no le cabe, ya que ha trazado ocho personajes, que son muchos.

AURELIANO SÁINZ

6 de febrero de 2022

  • 6.2.22
De entrada, quisiera confesar que desde mis años de estudiante universitario de Arquitectura en Sevilla tengo entre mis cantantes favoritos a Neil Young y que, desde entonces, lo he ido siguiendo sin desfallecimiento. Si ahora lo traigo a esta sección se debe a dos razones: por un lado, como quizás sepáis, el ‘viejo’ Neil Young ha desafiado, nada más y nada menos, que a uno de los gigantes digitales de la música como es Spotify, pidiéndole que retirase todo su catálogo de este medio si no lo hacía con el ‘antivacunas’ Joe Rogan, que tiene tantos seguidores por este medio digital. La otra razón se debe a que recientemente ha editado Barn, un espléndido disco con su antigua banda de acompañamiento: Crazy Horse.


Pero antes de comentar estas dos noticias, me gustaría recomendar otros cuatro discos suyos, lo que, a fin de cuentas, resulta ser como una especie de aperitivo ya que su discografía es enorme, pues graba y graba sin parar a pesar de sus 76 años.

La verdad es que la música, en todas sus formas, resulta ser, junto con la lectura, una de mis grandes aficiones. Cierto que en los estilos musicales hay algunos que prefiero más que otros. Y, curiosamente, uno de los que más me gustan en nuestro país no tiene mucho tirón. Se trata del ‘country’, al que me inicié escuchando las magníficas voces de Emmylou Harris y de Johnny Cash, y siguiendo el programa Toma Uno, que estuvo conducido por Manolo Fernández, quien se encuentra entre los grandes presentadores de la radio que recientemente han sido alejados de RNE.


Sin ser necesariamente un cantante de country, muy pronto me empezó a gustar Neil Young, especialmente, a partir de su disco Harvest, donde se encuentra mi canción favorita de siempre: Heart of Gold (Corazón de Oro).

Hemos de tener en cuenta que este álbum salió hace nada menos que cincuenta años, es decir, en 1972, por lo que os podéis imaginar la cantidad de veces que lo he escuchado, especialmente esa canción que, curiosamente, fue la única que alcanzó el número uno de las listas de temas más relevantes de Estados Unidos.

Neil Young nació en 1945, en la ciudad canadiense de Toronto. Sus gustos han sido muy variopintos, ya que además de la música country, también era aficionado al folk, el rock, el blues, incluso tuvo ciertas incursiones en el jazz. De todos modos, uno de sus discos más ‘camperos’, junto a Comes the Time, es el que lleva el nombre de Old Ways.

Pero, este tipo de música nos puede engañar, ya que a lo largo de su dilatada vida no ha sido una persona muy dócil que se ajustara a los intereses económicos de los grandes sellos en los que solía grabar. De ahí que ya en 1970 escribiera la canción Ohio, en la que denunciaba la masacre que llevó a cabo la Guardia Nacional estadounidense en la Universidad Estatal de Kent, en la que murieron cuatro estudiantes.

Este tema lo conocimos en la interpretación que llevaron a cabo Crosby, Stills, Nash & Young y que aparecía en Four Way Street, legendario doble en directo de esta banda que agrupaba a los talentos de David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash, a la que ocasionalmente se les unía el canadiense.


Conviene apuntar que Neil Young nunca ha sido un cantante acomodaticio, de esos que se callan ante el racismo, la violencia policial de ese país, las mentiras que Donald Trump diariamente soltaba por las redes sociales o las estupideces de los antivacunas, que tanto proliferan por Estados Unidos. No es de extrañar que en la portada de uno de sus elepés, Freedom, apareciera con una vestimenta a la que añadía una gorra con una estrella de cinco puntas, que por entonces se asociaba con la imagen del Che Guevara.

Por otro lado, y tal como apunto, viendo el auge de la pandemia y los millones de antivacunas que existen en Estados Unidos, le pidió a Spotify que cerrara el podcast del popular antivacunas Joe Rogan (el mismo que recomienda a niños y jóvenes que nos se vacunen), ya que, en caso contrario, retiraría todas sus canciones de esta plataforma.

Como a Spotify le interesa más el dinero y el número de seguidores de este antivacunas, ha tenido que quitar de su catálogo todos los temas del canadiense, pues comprobó que no iba de farol.

Conviene apuntar que una de sus grandes preocupaciones ha sido la ecología y la defensa de la Tierra ante los destrozos que generan la agricultura y la ganadería intensivas que tanto poder tienen en Estados Unidos. Entonces, no es de extrañar que en las camisetas que porta en sus conciertos se le vea con frecuencia y en letras bien destacadas la palabra "Earth".

Y aunque parezca una anécdota, quisiera citar unas líneas de la canción Albuquerque, ciudad del Estado de Nuevo México (sin la ‘ere’; a diferencia del pueblo extremeño, Alburquerque, que fue donde yo nací).

Traduzco una parte de esta canción. Habla en primera persona de alguien que se acerca en coche desde Santa Fe a Albuquerque y va diciendo: “He estado volando por el camino / Y me he encontrado hambriento de estar solo / Independientemente de la escena que he conocido / Oh, Albuquerque / Me detendré cuando pueda / Encuentra unos huevos fritos y jamón de campo / Localizaré un lugar donde no les importe quién soy…

Imagino que cuando Neil Young hablaba de “jamón de campo” era para diferenciarlo del jamón que se obtenía de los cerdos de las macrogranjas, tan habituales ya en los Estados Unidos, incluso antes de la década de los setenta en la que apareció este álbum.


El infatigable Neil Young, a lo largo de más de cinco décadas, ha ido publicando discos magníficos. El último, Barn, tal como indiqué anteriormente, es una pequeña maravilla, pues se reúne con su banda Crazy Horse, que despliega toda la fuerza de un grupo que acumula la experiencia que dan tantos años. Ya en su portada, junto al grupo y delante de un viejo granero, nos anticipa que vuelve a sus orígenes rurales. Creo que merece la pena escucharlo.

AURELIANO SÁINZ

30 de enero de 2022

  • 30.1.22
Uno de los temas que ha sido poco investigado en nuestro país es el impacto emocional que en niños y niñas puede tener la vivencia de un hecho tan trágico como es la muerte de un familiar. Las razones se deben a que, por un lado, resulta muy difícil hacer valoraciones generales de un hecho que afecta de manera muy distinta según los casos, y, por otro, por el deseo de mantener alejada de ellos la idea del fallecimiento, cosa también muy complicada, pues, de un modo u otro, acaban conociendo este hecho.


Sin embargo, la situación de pandemia en la que nos encontramos desde hace dos años ha dado lugar a que muchos menores hayan conocido el fallecimiento de algún familiar próximo. Y aunque no la hayan experimentado de modo directo, ellos también reciben las informaciones que se dan por los medios de comunicación, por lo que es inevitable que se formen, a su modo, lo que significa esa palabra tan temida como es la muerte.

Puesto que conviene reflexionar acerca de qué significa este hecho luctuoso en los más pequeños cuando ellos preguntan y quieren saber qué piensan los padres, me ha parecido conveniente acudir a dos grandes autores que pueden servirnos de referencia para comprender la psicología de la infancia cuando niños y niñas se interrogan o se enfrentan a la pérdida de un ser querido.

Por un lado, se encuentra el psicólogo suizo Jean Piaget, pionero en los estudios evolutivos del pensamiento infantil. Por otro lado, también son relevantes los trabajos de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, autora de numerosos libros acerca de la relación de los niños con la muerte.

De todos modos, quisiera indicar que en las investigaciones empíricas que he llevado a cabo a lo largo de los años acerca de los dibujos de la familia realizados por escolares en sus aulas me he encontrado con casos de niños o niñas que perdieron a familiares y que tuvieron que afrontar la representación gráfica del grupo familiar en estas situaciones luctuosas que vivían.

En estos casos, fueron fundamentales las informaciones que me aportaron sus maestros o maestras, puesto que alguien externo a la clase, como sucedía conmigo, no era el más adecuado para debatir con ellos su situación anímica.

Por las charlas mantenidas con sus tutores, puedo deducir que los padres en esas situaciones se tienen que enfrentar a darles las explicaciones oportunas acerca de lo que es morir. Y aquí se abre una diferencia entre aquellas familias que tienen una visión laica de la vida de aquellas otras que la entienden de forma religiosa. Conviene indicar que, lógicamente, hay posiciones intermedias, en el sentido de que en la actualidad se abren visiones de tipo espiritual o subjetivo muy personales.

Como ejemplo de una visión laica es el dibujo de la portada, que corresponde a una chica de 13 años que se encontraba en sexto curso de Primaria. Por la numeración que llevó a cabo al finalizar las figuras, podemos apreciar que comenzó dibujando a su madre; después a sí misma; en tercer lugar, lo hace con su padre fallecido, que ocupa el centro de la lámina; continúa con su hermano mayor, al que llama “tate”, y cierra la escena con los dos pajaritos que tiene como mascotas.

La autora, lógicamente, sabía que su padre ya no vivía, pues hacía cinco años que había fallecido; no obstante, tras las explicaciones cargadas de cariño que le había aportado su madre, siente que su padre vive en su corazón y que siempre la acompañará porque recibió lo mejor de su padre cuando estaba con ellos.


Cierta similitud de significado con el dibujo de portada es el del que acabamos de ver y que fue realizado por la niña de 9 de años, cuyo padre había fallecido unos años atrás. Como podemos comprobar, representa a la familia en la playa, en la que incluye a sus abuelos y a sus mascotas. La imagen del padre pervive de manera tan intensa en la niña que lo traza a su lado y como si todavía formara parte real de la familia.

Los dos ejemplos que acabo de comentar entroncan con visión laica de las investigaciones de Jean Piaget, centradas no tanto en averiguar los efectos emocionales que se dan en los pequeños como entender los conceptos que se forman ante la idea del fallecimiento, aunque no la hubieran experimentado a través de algún familiar cercano.

Piaget sostiene que la aparición de la idea de la muerte como hecho irreversible se suele producir alrededor de los 7 u 8 años, cuando niños y niñas comienzan a hacerse consciente de que quien fallece no vuelve a la vida; lo opuesto a lo que podía suceder en los cuentos o en las películas de dibujos animados, en las que los personajes reaparecen en cada capítulo que se emite por la televisión, sin importar que hubieran desaparecido en uno de ellos.

En cambio, la Elisabeth Kübler-Ross, autora de Los niños y la muerte, se centra más en encauzar emocionalmente a los niños y niñas, con ciertos criterios de espiritualidad, aunque no se relacionen con ninguna religión establecida. La propia autora, no obstante, nos dice que “en general, [la muerte] afecta más a los adolescentes que a los niños pequeños, aunque depende en gran manera de la actitud de de los padres, de que hablen abierta y francamente a sus hijos de las tormentas de la vida”.

Conviene apuntar que Kübler-Ross, doctora en medicina y psiquiatría, se involucró intensamente en este tema pues participó como voluntaria, junto con los equipos americanos, en la recuperación del campo de concentración de Meidaneck de Polonia, tras la libración de las fuerzas nazis. Este hecho definió su posterior interés por el comportamiento de las personas conocedoras de la inminencia de su muerte.

Al trasladarse a Estados Unidos, trabajó durante más de veinticinco años en secciones de enfermos terminales de diferentes hospitales. Con el paso del tiempo, se crearon redes de ayudas en distintos países siguiendo sus experiencias, por lo que recibió el reconocimiento de doctor honoris causa en veinte universidades de varios países.


Tal como he apuntado, hay familias que interpretan religiosamente la muerte, por lo que sus respuestas van en este sentido. Es lo que acontece con el dibujo que acabamos de ver de una niña de 11 años que también se encontraba en sexto curso de Primaria.

Como podemos observar, la autora representa a su padre fallecido sobre una nube y delante de un gran sol. Alrededor del rostro de la figura paterna ha trazado un conjunto de líneas, que junto a las manos unidas y la vestimenta que porta, evoca cierta idea de santidad. Por otro lado, tal como vemos, en la familia ha incluido a su “tita” (tal como su profesora escribió al final con bolígrafo), estando las cuatro figuras femeninas cogidas de la mano, como expresión de cariño y de unión en esa adversidad, al tiempo que incluye corazones que flotan entre las figuras como representación del amor que ella siente que se da en su familia.


El dibujo precedente corresponde a una niña de 8 años de tercer curso de Primaria. Según me informó la profesora de la clase, su padre había fallecido hacía un mes, por lo que el recuerdo de la pérdida lo tenía muy presente.

En la escena que ha plasmado podemos ver que traza a su padre por encima de la figura de su madre, con alas y como si estuviera volando hacia el cielo, lugar en el que su familia le ha dicho que se encuentra. Desde el punto de vista afectivo, en estas situaciones tan difíciles de comprender por los más pequeños, es habitual recibir el apoyo de otros miembros de la familia. Es lo que acontece en este caso, puesto que la presencia de su tío, hermano de su madre, se hace frecuente en la casa con sus visitas, así como las de las dos primas de la autora, a los que incorpora como parte de la familia.


Emocionalmente, la pérdida de la madre afecta más a los hijos, ya que, tradicionalmente, ellas han sido las responsables de los cuidados y de los afectos en el seno de las familias. Esto queda expresado gráficamente en este dibujo de un chico de 10 años que se encontraba en quinto curso de Primaria, cuya madre había fallecido recientemente.

El autor, en este caso, opta por no representar la figura materna, sin acudir a ningún simbolismo que amortigüe el dolor, ya que las tres figuras dibujadas -hermano, padre y él mismo- se encuentran separadas, sin contacto entre ellas, expresando el aislamiento y la soledad que se refleja en el dibujo. Por otro lado, no incorpora ninguna otra figura o elemento añadido, reforzando con ello el sentimiento de desconexión con el mundo que le rodea.

Quisiera, finalmente, indicar que las representaciones gráficas de los fallecimientos familiares son distintas entre las niñas y los niños. Las primeras acuden a formas simbólicas que sirven para expresar la necesidad de afecto que necesitan en estas situaciones; en cambio, los chicos representan escuetamente los miembros vivos de las familias sin acudir a elementos de corte emocional que les ayude a transitar por estos conflictos emocionalmente tan duros.

AURELIANO SÁINZ

23 de enero de 2022

  • 23.1.22
Soy consciente de que, en la actualidad, mucha gente acude a los distintos medios digitales para escuchar o descargar la música que le gusta; no obstante, quedan aquellos aficionados que todavía prefieren tener en sus manos el objeto físico en el que se encuentra grabada y, en bastantes casos, aprecian el valor de las portadas como imágenes que asocian al disco o álbum que contiene los temas.


Digo esto porque, recientemente, ha llegado a mis manos un magnífico libro, muy bien escrito y cuidadosamente presentado, que con el título de Under covers. Historias en cubiertas, ha visto la luz de manos de Julio Le Marchand.

Su valor radica en que el autor ha ido a buscar los sitios en los que se han realizado las portadas de numerosos álbumes que forman parte de la música popular desde los años sesenta hasta nuestros días. Búsquedas, en muchos casos minuciosas, que bien podríamos decir "detectivesca", pues sorprende que no solo haya localizado calles o rincones de metrópolis como Nueva York o Londres, sino que su autor ha sido capaz, por ejemplo, de localizar las hierbas y árboles registrados en la fotografía de la portada de Murmur de R.E.M.

Tomando como referencia los criterios de esta publicación, me ha parecido oportuno hacer unos breves comentarios a sitios y edificios de Nueva York que aparecen en las portadas de diez discos, algunos de ellos muy conocidos. Los muestro de manera cronológica, aunque no coincidan con el orden en el que aparecen en el libro.


Todos sabemos que la portada del Abbey Road de los Beatles se convirtió en la imagen icónica de la calle londinense en la que grabaron este genial disco en 1969. Pero serían seis años antes, es decir, en 1963, cuando apareció The Freewheelin’ Bob Dylan, en cuyo álbum se ve al que sería el mayor cantautor de la historia caminando por la West 4th Street de Nueva York, acompañado de su novia italiana de entonces, Suze Rotolo, en una mañana nevada. La instantánea del fotógrafo Don Hunstein se convertiría en la más influyente de las calles neoyorquinas de aquellos años.


Un año después del primer disco citado, en 1964, unos jovencísimos Paul Simon y Art Garfunkel aparecerían posando en la estación de metro ubicada en la Quinta Avenida en su cruce con la calle 53. Sería la portada de su primer disco de estudio: Wensday Morning, 3 AM. Era entonces el nacimiento del dúo folk más conocido de la historia. En ese álbum se encontraba la primera y minimalista versión de Sounds of Silence, canción que con ciertos nuevos arreglos sería el título de su siguiente álbum.


Uno de los rincones más emblemáticos de Nueva York es su conocidísimo Puente de Brooklyn. Allí fue donde el fotógrafo Henri Wolfe recogería la instantánea para el disco Cosa Nuestra que publicaría Willie Colón con Héctor Lavoe. En esa portada aparece Willie Colón, con un puro en la boca, sosteniendo con su mano derecha el sombrero y, con la izquierda, una funda que podría un arma como trombón. Para algunos, este disco marca el comienzo de la salsa como música latina con abiertas repercusiones en el mundo estadounidense.


Pasamos a los Led Zeppelin, inolvidable grupo de rock de las décadas sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado. Para su sexto y doble álbum, aparecido en 1975, se abandonaron las habituales carpetas desplegables para optar por un ingenioso y original sistema de portadas consistente en la funda exterior en la que aparecía una construcción cuyas ventanas estaban troqueladas, de modo que podían verse las letras del título en la funda interna. Para ello, se buscó y se fijaron en un edificio clásico de viviendas ubicado en el número 96 de Saint Marks Place, en el East Village neoyorquino.


Otra de las míticas portadas de los setenta, exactamente de 1976, es la que corresponde al grupo punk Ramones. Allí se encuentran los cuatro miembros delante de la pared de un jardín comunitario en la 16 East 2nd Street, y que en la actualidad se la conoce como Joey Ramone Place. Después de muchas tentativas, el sello discográfico Sire optó por la fotógrafa Roberta Bayley quien, en una instantánea en blanco y negro, registra al desaliñado cuarteto para la portada de un álbum cuyo título sería el nombre del propio grupo en letras blancas y de gran tamaño.


Una portada icónica de los ochenta era la que protagonizaba Cyndi Lauper, a partir del enorme talento de la gran fotógrafa que es Annie Leibovitz, ya que fue premiada con un Grammy al mejor diseño al año siguiente. Cyndi le había propuesto la idea a Janet Kerr, la directora artística, quien sugirió hacerla en Coney Island, en un lugar en el que habían sido quemados muchos locales con el propósito de construir un casino. Encontraron uno que aún se mantenía de pie. Delante de esa fachada, de un azul intenso, Annie Leibovitz le propuso que, descalza, hiciera movimientos improvisados de baile. Así, pues, quedó registrada una de las imágenes que han permanecido en la retícula de muchos aficionados.


El intenso cromatismo de la portada de Cindy Lauper se vuelve a repetir en el álbum Paul’s Boutique que los Beastie Boys publicaron en el año 1989. Los autores del diseño de su doble portada buscaban una tienda de ropa singular. La encontraron en la esquina del cruce de Ludlow Street y Rivington Street, de modo que al desplegar la funda del disco se mostrara una vista panorámica de 360 grados. Esto solo tenía verdadero sentido en los discos de vinilo, dado que en los nacientes cedés perdería su significado con la drástica reducción de tamaño de estos formatos.


La imagen que se suele publicitar de Nueva York es la ciudad de los rascacielos, aunque en la actualidad muchas ciudades chinas podrían competir con la estadounidense. Lógicamente, en algunos álbumes se ven estos enormes edificios, como es el caso del grupo de rock alternativo Luna, cuyo tercer álbum, Penthouse, publicado en 1995, aparece, en una fotografía con ángulo contrapicado, iluminada la parte superior del edificio que se encuentra en el número 275 de Madison Avenue.


Las calzadas, el asfalto, los pasos de peatones por los que cruzan la gente también tendrían que ser motivo para portadas de álbumes. La dificultad, en todo caso, sería dar con el sitio exacto en el que se había realizado la fotografía. Es lo que sucede con el que lleva por título Stories from the City, Stories from de Sea, de PJ Harvey, que vio la luz en el año 2000. Lo sorprendente es que el autor del libro que nos sirve de referencia lo localizara. Se trata de un paso de peatones de la Gran Manzana en la que vemos a la cantante que, vestida de negro, gira su rostro para mirar hacia Maria Mochnacz, que la está fotografiando.


Cerramos este recorrido de “diez vistas de Nueva York” con el segundo disco, The Chemistry of Common Life, de la banda canadiense de hardcore punk Fucked Up. La fotografía, tomada en la E 44th Street de Manhattan, fue realizada por Mimi Cabell, que tuvo que efectuar 600 disparos y trabajar con 35 tomas superpuestas para lograr que el sol apareciera en el extremo exacto de la avenida, dado que esto solo sucede en dos ocasiones del año coincidiendo con los solsticios de verano y de invierno, ofreciendo en esos momentos una perfecta imagen del luminoso atardecer y amanecer desde los extremos de la calle.

AURELIANO SÁINZ

16 de enero de 2022

  • 16.1.22
Reflexionando acerca de esta serie, en la que abordo el estudio de los grandes creadores de la arquitectura, compruebo que solo han aparecido dos nombres femeninos: uno de manera individual y el otro dentro de un equipo. Se trata, por un lado, de la gran arquitecta anglo-iraní Zaha Hadid, sobre la que escribí hace algún tiempo, y de Carme Pigem que forma parte del equipo RCR, ubicado en Cataluña.


Ambas recibieron el Premio Pritzker de Arquitectura, algo así como el Premio Nobel de esta disciplina, en los años 2004 y 2017, respectivamente.

Pero la gran sorpresa se ha producido en las dos últimas convocatorias anuales del Premio Pritzker, en las que fueron premiadas tres arquitectas. Hemos de tener en cuenta que ahora en esta profesión –tiempo atrás, eminentemente masculina– se habla también en femenino, dado que no solo hay arquitectos de nombres destacados trabajando en la mayoría de los países desarrollados, sino que también a ellas se las empieza a reconocer su gran valía en un terreno que parecía que les estaba vedado.

Puesto que en un artículo como este tengo que restringirme a un número reducido de nombres, citaré y comentaré el trabajo de las seis mujeres que han recibido este afamado galardón. Son: Zaha Hadid (Irán-Reino Unido – Premio Pritzker en el año 2004), Kazuyo Sejima (Japón - 2010), Carme Pigem (España - 2014), Ivonne Farrell y Shelley McNamara (Irlanda - 2020) y Anne Lacaton (Francia - 2021).


Tengo que confesar que siento una gran admiración por Zaha Hadid, pues no solo colocó su nombre entre las grandes figuras de la arquitectura internacional, sino que logró crear un estilo muy personal con el que se podían identificar sus obras. Fue la primera mujer que recibió el Premio Pritzker, en el año 2004. Lástima que esta brillante arquitecta falleciera temprano a la edad de 65 años; no obstante, nos dejó un amplio legado de obras, algunas de ellas en nuestro propio país. Como ejemplo, muestro la imagen del puente que diseñó para la Expo de 2008 de Zaragoza centrada en el agua y la sostenibilidad medioambiental.


La frágil figura de Kazuyo Sejima nos puede confundir, dado que es una mujer de gran fortaleza y decisión en su campo de trabajo. Nacida en 1956 en la prefectura Ibaraki de Tokio, junto a su socio Ryue Nishizawa, ha desarrollado la mayoría de sus proyectos en su país de origen, aunque también proyectaron obras fuera de Japón, como el Museo Louvre de Lens en Francia, el New Museum of Contemporary Art de Nueva York o el Rolex Learning Center de Lausana en Suiza. El reconocimiento les llegó a ambos con el Premio Pritzker del año 2004. En nuestro país, fue aprobada su intervención en la reforma del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), del que muestro una parte de su fachada.


El único arquitecto español con el premio del que estamos hablando era Rafael Moneo, hasta que en el año 2014 se recibió con cierta sorpresa el reconocimiento al equipo RCR, del que forma parte Carme Pigem. Puesto que de sus tres componentes ya hablé con anterioridad en esta sección, ahora quisiera hacer una breve referencia a la parte femenina del equipo, por el prestigio que supone recibir este galardón. Así, de las obras firmadas por Rafael Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda (RCR), quisiera destacar el proyecto de la la guardería El Petit Compte que proyectaron en el pequeño municipio de Besalú (Girona), basado en un largo paralelepípedo con los colores del arco iris en su exterior y que continúan en el patio interior.


El Premio Pritzker comenzó a concederse en 1978, recayendo en aquel año sobre el arquitecto estadounidense Philip Johnson, el autor de las torres inclinadas de Madrid, denominadas Puerta de Europa. Se tardaría cuarenta y un años para que la mención cayera sobre el equipo que forman las dos arquitectas irlandesas Ivonne Farrell y Shelley McNamara. En contraposición a los inicios, y con el paso del tiempo, no solo se premiaron a los autores de grandes edificios, sino que también se ha tenido en cuenta las aportaciones a las innovaciones en las medianas y pequeñas obras, como las que llevan adelante estas dos magníficas autoras.


Cierro esta breve referencia mencionando al último nombre premiado con el Pritzker, correspondiente a 2021: la francesa Anne Lacaton, nacida en el año 1955. Al igual que la japonesa Kazuyo Sejima, ella trabaja en equipo con Jean-Philippe Vassal, nacido en la ciudad marroquí de Casablanca, por lo que el galardón recayó sobre ambos. De sus obras, he seleccionado una de extrema sencillez, pero de gran creatividad: la casa Latapie, que proyectaron en 1993, ya que se partiendo de la base de una losa de hormigón y con una estructura metálica que, en cierto modo, recuerda a un hangar, elaboran un hogar con fuerte carga geométrica en su configuración.

AURELIANO SÁINZ

9 de enero de 2022

  • 9.1.22
Estoy seguro de que en algún momento de nuestra vida hemos escuchado por los medios de comunicación, aunque sea de manera no atenta, una frase que no sabemos asociarla a qué tema o producto se estaba refiriendo la voz femenina que la pronunciaba. Aunque tengo que hacer un inciso en lo que acabo de decir: si quien sigue estas líneas es una lectora, posiblemente sepa apuntar correctamente hacia la diana de tan extendida frase.


Pues bien, se trata de un eslogan que la joven creativa Ilon Sprecht, perteneciente a la agencia publicitaria internacional de origen estadounidense McCann Erikson, imaginó, en 1972, para la compañía de cosméticos L´Oréal París para sus tintes de la gama Préfèrence y justificar de algún modo su mayor precio con los que tenía que competir.

La marca francesa acogió con entusiasmo este eslogan, puesto que podía justificarlo como una especie de apoyo a la autoestima y de defensa de los derechos de la mujer en una época en la que todavía se encontraba bastante relegada socialmente. Tanto interés despertó en la empresa que inmediatamente le dio el visto bueno a la joven publicista de 23 años que vio cómo su campaña la empezaba a encumbrar dentro del mundo publicitario.

Han transcurrido nada más y nada menos que cincuenta años desde que comenzó a difundirse “Porque yo lo valgo” y todavía se mantiene, aunque con ciertas diferencias. Para celebrar ese aniversario, recientemente la compañía ha publicitado “Porque nosotras lo valemos”. De este modo, no es una imagen femenina aislada la que aparece en los anuncios, sino que incorpora las de varias chicas (incluye una de raza negra, ya que es habitual en la publicidad actual de cosmética) para dar mayor amplitud al sector del consumo femenino al que puede llegar.

Así, al aparecer el eslogan en plural, abre el significado al conjunto del género femenino; aunque habría que matizar que todas las protagonistas son jóvenes modelos, lo que distancia el mensaje de las mujeres ‘de carne y hueso’, es decir, reales y que no tienen esos cánones de belleza.


Pero todo mensaje publicitario, especialmente el eslogan que lo acompaña, suele ser polisémico, es decir, puede tener diferentes significados, según la intención de quién lo haya creado y de quién lo esté interpretando. Y es a ello a lo que ahora quiero referirme, pues se puede también interpretar como una expresión de abierto narcisismo.

Escribo esto el día 6 de enero, fecha en las que muchos niños y niñas están disfrutando de los juguetes que han recibido de sus padres y/o abuelos, vía imaginaria de los Reyes Magos. Pero también es una fecha en la que se cruzan dos noticias internacionales: por un lado, se cumple el aniversario del asalto al Capitolio estadounidense por una turba de variopintos fanáticos que fueron alentados por otro no menos fanático, como era ese personaje llamado Donald Trump.

No voy a extenderme sobre la tremenda crisis que se ha abierto en este país a partir del apoyo que semejante individuo recibe del Partido Republicano por el hecho de ser un ricachón televisivo, cuyos pensamientos, posiblemente, giran alrededor de la idea que tiene interiorizada de “Porque yo lo valgo”. Puro narcisismo. Pura sandez.

Otra noticia que también nos ha llegado procede de las antípodas a nuestro país, es decir, desde Australia (aunque exactamente el antípoda de nuestro país es Nueva Zelanda). Se trata, como todos sabemos, de que el jugador de tenis serbio Novak Djokovic, que se había inscrito en el Open de Australia, se encuentra retenido en un hotel de Melbourne a la espera de que se resuelva la situación que ha generado, puesto que se niega a vacunarse contra la covid-19.

En un polo opuesto a este arrogante jugador aparece Rafa Nadal, que ha dado un claro ejemplo de responsabilidad social, dado que es consciente de que nos encontramos en una pandemia mundial y uno no puede excluirse de un comportamiento que está llevando a cabo gran parte de la población.

Por otro lado, parece que Djokovic tiene una gran dependencia, ya que su padre, como si fuera el protector de un niño mimado al que hay que cuidarlo en todo momento, ha arremetido contra las autoridades de ese país. Esto ha llegado a encender al Gobierno serbio, como si fuera un problema de Estado al que se enfrenta, porque al ‘pequeño’ ídolo del tenis no le dejan jugar como él quiere, es decir, saltándose las normas del Open, las mismas que el resto de participantes ha asumido, porque es una decisión libre participar o no en ese torneo. Ninguno está obligado a hacerlo.

Vemos, pues, a otro gran narcisista que padece el síndrome de “Porque yo lo valgo”, al que conviene frenarlo ya que rompe las raquetas cuando no le salen las cosas como él espera o monta una fiesta en su país sin mascarillas y sin ninguna de las protecciones recomendadas por las autoridades sanitarias.

A estos personajes que, lamentablemente, están más extendidos de lo que suponemos, hay que pararles los pies lo más pronto posible, porque acaban siendo un peligro público en cualquiera de los sitios en los que se encuentran.

AURELIANO SÁINZ

2 de enero de 2022

  • 2.1.22
En la conversación sobre el islam que mantuvimos la semana pasada con Waleed Saleh, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), necesariamente tenía que aparecer la situación de la mujer musulmana. En Occidente, con todos los límites que marca el patriarcado, hemos de considerar que la lucha por los derechos que han protagonizado las propias mujeres ha dado lugar a que, en gran medida, se conviertan en sujetos de sus propias vidas.


De igual modo, conviene tener en cuenta que las religiones no pueden considerarse al margen de la historia y de la situación político-social de los distintos países. Esto ha dado lugar a que en Occidente consideremos que la democracia parlamentaria sea la forma de organizar la pluralidad de pensamientos políticos que acaban expresándose en la existencia de diferentes partidos que deben respetar los derechos humanos; sistema que apenas encontramos en los países musulmanes.

También quedaría otro punto que abordar en la entrevista con el profesor Waleed Saleh: el laicismo como expresión de respeto a las creencias personales, fueran o no de tipo religioso, y que se concretaría en una clara separación del Estado de las confesiones religiosas, cuestión todavía pendiente en nuestro país, dado que la consideración de Estado ‘aconfesional’ convive con claros y abiertos privilegios a la Iglesia católica.

—Waleed, dejamos pendiente la cuestión de la mujer en el mundo musulmán. Esto me lleva ahora a hacerte ahora un par de preguntas: ¿Cómo está considerada la mujer en el libro sagrado de El Corán? ¿Cuál es su situación en los países que se consideran musulmanes?

—La situación de la mujer en el libro sagrado del islam es pésima. Aun así, encontramos a musulmanes que consideran que El Corán ha hecho justicia con las mujeres. Citan algunos textos para apoyar su punto de vista como: “Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso” (2:228) o “Comportaos con ellas como es debido” (4:19). Esos defensores de la supuesta igualdad mencionan esta parte del versículo y no siguen con el resto: “Pero los hombres están un grado por encima de ellas” (2:228).

Los dos primeros que he citado son dos textos que supuestamente dignifican a la mujer y obligan al hombre a que la trate bien sin ningún tipo de abuso. Pero se trata de una manipulación y de sacarlos fuera del contexto. Contradicen la gran cantidad de aleyas que incitan al hombre a despreciarla y maltratarla: abandonarla en el lecho conyugal, pegarla, casarse con otras mujeres, comprarse odaliscas y repudiarlas cuando quiera sin motivos.

La mujer en el Corán y la Sunna (trayectoria del profeta) es considerada como menor, aunque alcance la edad adulta o llegue a la madurez. No es dueña de su voluntad y siempre tiene que estar dirigida por un varón (padre, hermano o marido) porque ella, según se dice, carece de razón y se encuentra dominada por sus sentimientos.

La visión del profeta no es mejor que la del Corán. Se le atribuyen dichos bochornosos, como aquel que afirma que tres situaciones invalidan la oración de un hombre: si pasa delante de él mientras reza un perro, un burro o una mujer. O el otro que alega haber visto que la mayor parte de los moradores del infierno son mujeres.

—Un elemento visible que distingue a las mujeres musulmanas es el uso del 'hiyab' o velo islámico. ¿Es un signo de identidad de la mujer musulmana? Por otro lado, ¿es libre de ponérselo?

—El hiyab es un término que aparece en el Corán en varias ocasiones, pero en ninguna hace referencia a la vestimenta de la mujer. Viene a significar "cortina" o "separación". En principio, solo las mujeres libres tapaban el cabello y no así las esclavas. Con el paso del tiempo se convirtió en obligatorio para todas las mujeres musulmanas.

La tradición islámica considera que todo el cuerpo de la mujer es una “vergüenza” que hay que tapar, por lo tanto, el hiyab solo se puede entender como un signo patriarcal y de imposición. Si fuera un signo de identidad, ¿por qué lo llevan solo cuando están en presencia de hombres ajenos? Y ¿por qué los hombres musulmanes no tienen que llevar ningún signo de identidad?

Se trata de otra medida de las innumerables existentes que discriminan a la mujer y que se usan como un modo de controlar sus sentimientos, sus emociones y, en definitiva, su sexualidad de la que los hombres recelan.

—Pasemos a otra cuestión. Las diferentes confesiones cristianas tienen el bautismo como el signo de referencia para formar parte de la religión. ¿Cómo es la forma de acceder al islam, es decir, cómo se hace uno musulmán?

—En el islam no existe el bautismo porque el niño que nace en una familia musulmana es musulmán automáticamente. No necesita ningún tipo de confirmación y tiene que seguir esta religión toda su vida sin tener derecho a cambiarla o declararse ateo o agnóstico.

Una segunda vía para ser musulmán es la conversión. Convertirse al islam es un acto muy sencillo; al contrario de intentar abandonarlo. La persona deseosa de abrazar esta religión debe pronunciar dos veces ante dos testigos la profesión de la fe que consiste en: “Confieso que no hay más dios que Dios y Mahoma su mensajero”.

En los últimos tiempos, muchos occidentales de Europa, EEUU, Canadá… se han convertido al islam por medio del sufismo. La mayoría abrazan el islam en busca de una nueva experiencia espiritual, pero suelen sentir una atracción y una admiración anodina sin conocer bien las leyes y la historia de esta religión.

—Hablemos ahora del tema de la democracia política y social en los países de mayoría musulmana. ¿Por qué resulta tan difícil que el sistema de democracia, tal como existe en gran parte de Occidente, sea un modelo a aceptar en los países de mayoría musulmana?

El islam es un sistema piramidal y excluyente, como todas las religiones monoteístas. No admite la separación entre fe y política, entre religión y Estado. Su relación con la democracia es difícil porque esta religión se inmiscuye en todos los asuntos de la vida del fiel y no deja ningún margen para la elección o las libertades personales. Anula la personalidad y la voluntad del individuo y lo convierte en un miembro de la umma (comunidad).

Los islamistas y los conservadores musulmanes creen que el islam tiene su propia democracia representada por la shura (consulta) que aparece en el Corán. Pero lo cierto es que este término no tiene nada que ver con la verdadera democracia porque el versículo coránico se refiere a que el líder político religioso tenga que consultar a su círculo de allegados acerca diferentes asuntos que tienen que ver con la vida de la comunidad. El pueblo, en este caso, no ejerce ningún papel ni puede opinar o elegir a sus representantes.

Los islamistas consideran la democracia occidental como algo ajeno al islam y contrario a sus enseñanzas. La convivencia entre islam y democracia solo es posible en un sistema laico que confine la religión al ámbito privado como se ha hecho en algunos países occidentales.

Occidente ha necesitado siglos para alcanzar esta separación; pero el mundo arabo-islámico lo tiene relativamente más fácil porque puede guiarse por la experiencia del mundo occidental para implantar la democracia como modo de practicar la política y gestionar los asuntos de la fe.

—En tu reciente intervención en la presentación en Córdoba del libro 'Ética laica' nos explicaste que, décadas atrás, muchos de los países en los que ahora existe la 'sharía' o Ley islámica tenían sistemas muy avanzados socialmente.

—Después de la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría entre los dos bloques, el mundo arabo-islámico, como en otras partes de la geografía humana, conoció una apertura y una tendencia hacia la búsqueda de unos valores sociales y económicos representados por las reclamaciones del mundo obrero, por influencia de la antigua Unión Soviética. Muchos gobiernos en Asia y África firmaron con el bloque soviético acuerdos de cooperación no solo militar sino también de carácter cultural y científico.

Miles de jóvenes de estos países se formaron en la Universidad Patrice Lumumba de Moscú, conocida como la Universidad de la Amistad de los Pueblos. Otros estudiantes lo hicieron en las capitales de los países pertenecientes a la Unión Soviética como Belgrado, Sofía, Bucarest, Varsovia o Budapest. Al regresar a sus países de origen, difundieron los valores del comunismo en la igualdad de oportunidades y los derechos de los trabajadores y también las libertades, especialmente de la mujer.

En la década de los cincuenta, sesenta y setenta, el mundo arabo-islámico abrió los ojos a este nuevo mundo y la nueva forma de vivir. Se formaron partidos comunistas en muchos países con millones de seguidores como Iraq, Egipto, Siria, Sudán o Irán. Las mezquitas e iglesias se quedaron vacías.

—Por otro lado, ¿qué supuso el apoyo de Estados Unidos y de Occidente para el triunfo de la revolución islámica que llevó al poder al ayatolá Jomeini en Irán?

—La Revolución Islámica Iraní fue un punto de inflexión en la historia moderna de la región. Al principio los biempensantes creyeron que Jomeini, el líder de la revolución, iba a defender a la clase desfavorecida, los derechos y libertades. Con el tiempo descubrieron su verdadera cara: la del clérigo retrógrado y de mentalidad oscura.

Durante los primeros años, mandó asesinar a 30.000 opositores, particularmente del partido comunista iraní Tudeh. El gobierno del Shah que destronó Jomeini, a pesar de ser un sistema dictatorial y despótico, era laico. Por entonces, el papel de la religión era muy limitado y las mujeres se vestían a la europea y podían bañarse en las playas del país en bikini. Con la llegada de la revolución todo cambió: las mujeres se vieron obligadas a llevar el hiyab y los hombres a cumplir las normas del islam tradicional.

Parecidas circunstancias vivieron países como Afganistán, Egipto y, más tarde, Iraq. EEUU, y en segundo lugar la Unión Europea, prefirieron apoyar a partidos y grupos islamistas para frenar las fuerzas de la izquierda. Dieron su apoyo a Al Qaeda y los Talibán en Afganistán, a Sadat en Egipto, a Bashir en Sudán y a los partidos chiíes en Iraq después de la invasión de 2003.

La consecuencia ha sido nefasta para las sociedades árabes y musulmanas. En todos estos países se han instalado sistemas teocráticos y se han perdido las libertades y los derechos, incluso la ilusión en cualquier cambio.

—Waleed, tú perteneces al Grupo de Pensamiento Laico, en el que se encuentran, por ejemplo, Javier Sádaba, Nazanín Armanian, Rosa Regás, Francisco Delgado... Relacionado con este tema, ¿qué entiendes por laicismo y por qué es tan necesaria su reivindicación?

—El laicismo es una corriente ideológica que defiende la independencia del hombre o la sociedad y especialmente la del Estado de toda influencia confesional o religiosa. En otras palabras, es un principio que establece la separación entre la sociedad civil y la religiosa, entre religión y Estado.

El laicismo significa la libertad de conciencia, garantiza la libertad de culto para todas las creencias al pie de la igualdad sin conceder ningún privilegio a ninguna religión. Significa que el Estado no tiene ninguna religión oficial. Sin la laicidad del Estado es muy difícil alcanzar un sistema que pueda calificarse de plena democracia.

En cambio, un Estado confesional opta por una religión y le concede una serie de privilegios donde la clerecía practica todo tipo de injerencias en la política y en la vida de los ciudadanos. El sistema confesional conlleva, además y de forma natural, el control social en todos sus detalles y la imposición y la exigencia de los clérigos, que suelen ser insaciables en sus ambiciones, no solo espirituales sino también económicas y culturales.

De este modo, los países del mundo árabe e islámico precisan del laicismo porque cuentan con un mosaico de religiones y confesiones. Si se le otorga el dominio a una de ellas, algo que ocurre en la actualidad con el islam, las demás sufren graves consecuencias.

—¿Supone el laicismo un atentado a la libertad religiosa?

—En absoluto. Ningún sistema como el sistema laico garantiza la libertad de conciencia y de culto. Los detractores del laicismo mezclan, conscientemente, entre este concepto y el ateísmo y el agnosticismo para espantar a los creyentes, provocar el rechazo y el miedo por sus creencias.

—Para cerrar la entrevista, me gustaría que nos dijeras cuáles son los castigos que sufren aquellos que abandonan el islam.

—La apostasía en el islam se conoce como ridda (volverse atrás). A la muerte del profeta, en el 632, muchos fieles que habían abrazado la nueva fe renegaron de ella. El sucesor de Mahoma, el califa Abu Bakr emprendió contra ellos una campaña militar y asesinó a muchos. Este hecho se ha tomado por los seguidores de esta fe como regla.

Por esta razón se han castigado con la pena de muerte a los renegados a lo largo de la historia. La sharía se apoya también para aplicar ese castigo en un dicho del profeta que dice: “matad al que cambia de religión”. Se refiere, lógicamente, a la religión musulmana, porque si uno cambia su fe cristiana o judía y abraza el islam, es recibido con los brazos abiertos.

Del conjunto de los 57 países miembros de la Organización de Cooperación Islámica, en 13 de ellos se aplica la pena capital por apostasía. En el resto, las condenas oscilan entre castigos corporales, cárcel o destierro, si el acusado no se arrepiente.

La apostasía se comete según las leyes del islam cuando un musulmán niega la existencia de Dios; asocia la divinidad a otro u otros dioses; insulta a Dios o al profeta del islam; al ultrajar el libro sagrado del islam o al abandonar las obligaciones religiosas de culto como miembro de la comunidad musulmana.

La autoridad político-religiosa, por medio del encargado de justicia, debe aplicar el castigo siempre y cuando el acusado cumpla una serie de condiciones. Debe ser adulto, con plenas facultades mentales y que haya cometido la apostasía de forma voluntaria.

AURELIANO SÁINZ

26 de diciembre de 2021

  • 26.12.21
Nos guste o no, vivimos en un mundo multicultural, dado que la supuesta homogeneidad que algunos pretenden para sus países no es posible. Esto es algo que confirma la historia. Y si nos atenemos a nuestro país, resulta que apenas reconocemos la existencia de la cultura árabe-musulmán que durante más de siete siglos estuvo presente en gran parte de nuestro territorio.


Sobre esta cuestión, y siguiendo la línea de entrevistas que en ocasiones he realizado para los diarios de Andalucía Digital, me ha parecido oportuno llevar a cabo una charla con Waleed Saleh, traductor y profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, ya que recientemente estuvo en tierras andaluzas y tuve el placer de conversar con él sobre las cuestiones que se derivan del título de esta entrevista.

Es muy grato departir con alguien que tiene tanto conocimiento sobre los temas tratados y que lo expresa con verdadera claridad. Esto puede entenderse si consideramos que es autor de una quincena de libros, entre los que se encuentran El ala radical del islam – el islam político: realidad y ficción; Librepensamiento e islam; Amor, sexualidad y matrimonio en el islam; Siglo y medio de teatro árabe; Ética laica (obra colectiva), entre otras.

Dado que la entrevista fue amplia, la dividiré en dos partes, pues no me parece oportuno eliminar ninguno de los aspectos que se han expresado a lo largo de la conversación. Para comenzar esta charla, quisiera apuntar que Waleed nació en Iraq, pero muy joven salió de su país de origen y, tras una estancia de cuatro años en Marruecos, se afincó en España, por lo que habla español con toda corrección y fluidez, lo que facilitará este encuentro.

—¿Cómo nos explicarías qué es el islam para que tuviéramos una idea que superara los sencillos esquemas con los que nos manejamos?

—El islam es una de las tres religiones monoteístas y la segunda en número de seguidores, detrás del cristianismo. "Islam" en lengua árabe significa "sumisión a la voluntad divina" (Dios). Esta religión reconoce las dos anteriores, judaísmo y cristianismo, como revelaciones divinas, y a Moisés y Jesucristo como profetas al igual que Mahoma, que es el profeta del islam.

Mahoma, según la tradición islámica, nace en el 570 d.C. y comienza a predicar la nueva fe al cumplir 40 años cuando el arcángel Gabriel le comunica el mensaje divino. Mahoma intenta convencer a su familia y a su tribu en la ciudad de La Meca de la nueva fe, consiguiendo el apoyo de algunos, pero la mayoría de ellos se muestran hostiles hacia él por lo que se ve obligado a huir (Hégira) de La Meca a Medina en el 622, fecha que marca el comienzo del calendario musulmán.

—Tras estos inicios, ¿cómo logra Mahoma afianzar el credo que predica y cómo se configura el Corán, principal libro del islam que es considerado como la palabra de Dios por sus seguidores?

—Continuando lo anterior, años más tarde, el profeta y sus seguidores conquistan La Meca y la someten al poder del islam. La revelación del Corán dura 23 años y sus capítulos (114) se dividen en mecanos y medinenses. Mahoma fallece en el 632 y le siguen cuatro califas (Abu Bakr, Omar, Othman y Ali) que gobiernan en conjunto 29 años.

Para los musulmanes ortodoxos y los islamistas, la última parte del gobierno del profeta y el de los califas, llamados "bien guiados", es considerada como el siglo de oro del islam. Sus detractores no lo ven así porque consideran la gestión de los cuatro califas como turbulenta y nefasta, sabiendo que tres de los cuatro fueron asesinados por la lucha del poder. Después llegaron las dinastías Omeya, Abasí, los Mongoles, el Imperio Otomano, etc.

—Correspondiéndose con los primeros hechos históricos, en el imaginario colectivo, solemos situar a la Península Arábiga como el epicentro del islam, a partir de la cual se extienden los países musulmanes. En la actualidad, ¿cuántos son los países con mayoría musulmana? Por otro lado, y puesto que uno de los temas que abordamos es la democracia y el laicismo, ¿los musulmanes aceptan la libertad de conciencia? ¿Pueden abandonar su religión por otra?

—Te puedo decir que, del conjunto de los países del mundo, 57 son de mayoría musulmana que se engloban en la Organización de Cooperación Islámica, cuyo cometido es velar por los intereses de los musulmanes en todo el mundo. En 1990, los países miembros de esta organización firmaron en El Cairo la Declaración de los Derechos Humanos en el Islam.

A diferencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada en las Naciones Unidas en 1948, la del islam se muestra contraria a la libertad de conciencia y no permite que un musulmán renuncie a su religión a favor de otra u optar por el ateísmo. Por otro lado, la mujer, tal como veremos, no sale tampoco bien parada en esta declaración, ni las minorías pertenecientes a otras creencias.

—En nuestro país solemos pensar que, en los países en los que el islam es la religión oficial, todos los ciudadanos necesariamente son musulmanes y que no hay otra posibilidad de manifestarse, tal como sucede en Occidente.

—En Occidente se piensa que todos los musulmanes (en torno a 1.500 millones) son creyentes y practicantes, algo que dista mucho de la realidad. Al igual que las otras religiones, entre los pueblos de mayoría musulmana existen individuos, grupos y partidos políticos que se sienten libres de cualquier atadura que les obligue a cumplir con las obligaciones de esta fe. Hay personas creyentes, pero no practicantes, laicos y ateos.

Quisiera apuntar, por ejemplo, que al-Azm, pensador sirio y ateo, decía que las personas que proceden del Norte de África o de Oriente Medio y que viven en países occidentales son Homo Islamicus, es decir, considerados musulmanes, aunque no lo sean. No pueden escaparse al rol que les ha concedido Occidente.

Otro intelectual árabe argelino laico, Mohamed Arkon, sostenía que los laicos procedentes de los países ya mencionados que viven en Occidente se ven obligados a demostrar su laicismo a cada momento, porque si no, no los creen. En cambio, un laico occidental es laico sin condiciones.

—Tú que conoces bien ambos mundos, ¿por qué se produce de forma tan habitual entre los occidentales la confusión entre árabe y musulmán?

—Esto ocurre porque el islam nace en la Península Arábiga y porque el profeta del islam era árabe y el Corán fue revelado en esta lengua. Pero debemos diferenciar entre los dos términos. Al igual que el español, el francés y el inglés son lenguas y el cristianismo es una religión, pasa lo mismo con el árabe como lengua y el islam como religión. Por lo tanto, no todos los árabes son musulmanes, ni todos los musulmanes son árabes.

Solo una tercera parte de los musulmanes del mundo son árabes. Lo que se conoce como "el mundo árabe" abarca 22 países (450 millones de personas aproximadamente) que tienen como primera lengua oficial el árabe y pertenecen a la Liga de los Estados Árabes. Geográficamente van desde Marruecos, en occidente, a Omán, en oriente.

Todos estos países hablan el árabe y son de mayoría musulmana; pero en muchos de ellos existen minorías de otras religiones como los cristianos coptos en Egipto que forman en torno al 12 por ciento; minorías cristianas en Siria, Iraq, Palestina… En el Líbano, los cristianos representan el 40 por ciento de la población, aunque, hace aproximadamente cincuenta años, los cristianos eran mayoría en este país. Por esta razón, el presidente del Líbano tiene que ser, por norma, cristiano. El actual es Michel Aoun, un cristiano maronita.

Además, países como Turquía e Irán son de mayoría musulmana, pero no hablan el árabe. La lengua oficial del primero es el turco y el persa la del segundo. El país musulmán más grande numéricamente es Indonesia que tampoco es árabe.

—¿Tendría sentido hablar de "islam religioso" e "islam político", viendo los grupos islamistas que han acudido a formas violentas o de terrorismo para imponer sus ideas político-religiosas?

—Sí, tiene sentido porque el islamismo o islam político que defiende la unión entre política y religión ha conseguido en las últimas décadas un poder extraordinario en los países de mayoría musulmana. El islamismo es otra pandemia porque no admite la democracia y es contrario al Estado nación, ya que la única identidad que acepta es la islámica. El islam para los islamistas es la patria y la sharía es la única ley reconocida. Los islamistas manipulan la historia y discriminan a las minorías y desprecian a la mujer.

—¿Cómo surge el islamismo o islam político?

Nace a partir del grupo de los Hermanos Musulmanes, fundado en Egipto por Hasan al-Banna en 1928, siendo considerado la matriz del islamismo actual. El segundo fundador del grupo, Sayyid Qutb, que fue encarcelado por orden de Nasser en los años sesenta, llevó la ideología del grupo a un extremo preocupante, abriendo las puertas al uso de la violencia para conseguir fines políticos. Su libro Jalones en el camino, redactado en la cárcel, fue y es el libro de cabecera de muchos grupos islamistas extremistas.

Posteriormente, llegó la Revolución Islámica iraní para darle alas al islam político. Con el paso de los años y el apoyo económico y logístico de Arabia saudí y de Irán, que representan las dos ramas del islam, el sunismo y el chiísmo, el poder de los islamistas se ha extendido de forma generalizada.

—¿Cuáles son los objetivos que pretenden los grupos islamistas? ¿Qué opinas de estas opciones políticas?

Todos estos grupos reclaman un objetivo: la instauración de un Estado islámico, aunque no todos recurren a la violencia. Los extremistas como Al Qaeda, Boko Haram o el Estado Islámico se han hecho famosos, pero son numerosos los grupos y partidos que usan la violencia sin llamar mucho la atención. Por ejemplo, Hezbolá en Líbano, Iraq y Siria persigue y asesina a sus opositores por razones sectarias. Lo mismo hace el régimen islamista iraní con su mano armada: los Guardianes de la Revolución Iraní.

Después de lo que se conoce como la “Primavera Árabe” de 2011 y el fracaso de la democratización de las sociedades árabes, las fuerzas del islamismo se han hecho con el poder, aunque algunos no han podido continuar por el rechazo de sus sociedades. Fue el caso de Egipto en 2012, Túnez en 2014 o Iraq después de la invasión estadounidense en 2003.

El islamismo, en mi opinión, es la peor alternativa política porque anula al otro, restringe derechos y libertades, además representa un fraude cultural, social y económico. La palabra más repetida por los seguidores del islamismo es haram (prohibido, ilícito, pecado). Todo lo bello para ellos es haram: la música, el teatro, la pintura, el baile, el cine… Se sienten muy contentos cuando la vida de las sociedades gobernadas por ellos se convierten en procesiones funerarias.

AURELIANO SÁINZ

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