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Mostrando entradas con la etiqueta Del Templo a la Taberna [Miguel Ángel Herencia]. Mostrar todas las entradas
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6 de febrero de 2013

  • 6.2.13
Para abandonar esta etapa de pesimismo en la que vivimos y dar comienzo a otra en la que la felicidad sea un valor constante, tenemos que dedicar un tiempo prudente y necesario a despertar nuestra conciencia. La conciencia dormida, y el consiguiente abandono de responsabilidades en manos de personas con la conciencia dormida, es lo que ha provocado la situación en la cual nos encontramos actualmente, uno de los mayores altos en el camino de nuestra historia reciente.

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Nos equivocamos al culpar a políticos y banqueros de todos nuestros males y, sobre todo, al poner en ellos toda nuestra esperanza y confianza, y ninguna en nosotros mismos. La falta de conciencia, o la conciencia dormida, hace que votemos, o nos abstengamos, sin conocer el programa electoral de un partido, o lo aceptemos sin rechistar, o no hagamos ninguna propuesta de mejora que dé sentido a la democracia.

Si no opinamos, o no podemos opinar, sobre los asuntos que nos competen a todos, estamos delegando toda nuestra responsabilidad en nuestros representantes. Todo el poder político que emana del pueblo soberano en forma de millones de votos se acumula en muy pocas manos el día siguiente al de las elecciones y hasta cuatro años después.

Pero la conciencia está aún más dormida a la hora de ejercer su poder económico. Si nuestra voluntad, o el poder de llevar a cabo una decisión, se desprende de nuestro voto y no se retoma hasta las siguientes elecciones, el dinero que ahorramos, gastamos o invertimos, nuestro poder económico, pasa por nuestras manos sin que apenas sepamos de donde viene y adonde va.

Todas las personas que intervienen en nuestra vida, tanto a nivel local como a nivel global, pueden ser consideradas extensiones o reflejos de nuestra propia personalidad, en la medida en que las entendemos, las rechazamos, las toleramos, las admiramos o las protegemos. De esta manera, el partido al que votamos es quien representa nuestra voluntad en las instituciones, como el banco en el que ahorramos representa la hucha inteligente en la que todas las personas depositamos nuestro dinero.

El problema aparece cuando la hucha es más inteligente que la parte consciente que nos representa en la institución. Y la inteligencia que decide qué se hace con la hucha no es la nuestra, la de la ciudadanía, sino la de muy pocas personas que no representan ni se mueven en absoluto por los intereses comunes de toda la población mundial, sobre la que influyen. Es una inteligencia con muy poca conciencia que defiende los intereses de un mecanismo humano defectuoso que asegura su supervivencia pero no ofrece ninguna garantía de felicidad.

En la etapa de la revolución de las telecomunicaciones que está empezando ahora, apenas si se ha sofisticado el mundo del comercio, la economía y las finanzas en la segunda mitad del siglo XX. El mundo de la cultura, la ciencia y las humanidades no ha experimentado todavía la transformación que sufrirá cuando las nuevas formas de comunicación globalicen este conocimiento como sí está ocurriendo ya con el económico.

De una manera u otra, el poder económico de bancos y grandes empresas, o sea, nuestra hucha, es tan grande que anula el poder político de nuestros representantes en las instituciones, es decir, quienes ejercen nuestra voluntad en nuestro nombre. Tanto que es el primero quien dicta las leyes al segundo sin contar con la ciudadanía. En otras palabras, la conciencia dormida que maneja nuestro dinero en los bancos controla a su antojo la escasa conciencia que nos representa en las instituciones.

A estas alturas de la reflexión solemos gritar a los cuatro vientos que no nos representan. Les echamos toda la culpa de las guerras que provocan, de los tiranos que colocan en los gobiernos, de las altas cifras de desempleo, de la baja calidad y escasa libertad de los medios de comunicación. Pero olvidamos que, siempre, siempre ejercen un poder, político o económico, que emana única y exclusivamente del pueblo soberano. Y aquí es donde tenemos que despertar al inconsciente para que tome conciencia del inmenso poder que está delegando en ciertas cúpulas sin darse cuenta.

Los hábitos de consumo, consumo de bienes materiales, de bienes culturales, de sensaciones placenteras o de entretenimiento, están extensa e intensamente monitorizados a través de bases de datos digitales que ya se están sofisticando desde que empezó la revolución global de las telecomunicaciones. La lista de la compra y los índices de audiencia otorgan un inmenso poder a quienes manejan estos datos a diario, reflejo de nuestro comportamiento mayoritariamente inconsciente, en comparación con el mínimo poder consciente que otorgamos cada cuatro años a un representante político.

La conciencia dormida del ser humano que toma las decisiones que afectan a todo el planeta, permite, y hasta provoca, que ocurran infinitas injusticias como las relacionadas con el hambre, la explotación infantil y las guerras a nivel global, o el desempleo, la pobreza, los suicidios y la corrupción a nivel nacional. Y lo hace porque una mayoría de personas le da ese poder y apoya cualquier tipo de medida siempre que el mecanismo del que es parte garantice la existencia de recursos y bienes materiales, aunque no haya para todo el mundo ni garanticen la propia felicidad personal.

Despertar la conciencia no es tarea fácil. Ni tan fácil para unos como pueda serlo para otros. Tampoco resulta sencillo cambiar la forma de ver la vida por voluntad propia. Pero estamos atravesando una época de cambios históricos, con unas herramientas de comunicación que antes sólo estaban al alcance de quienes controlaban el mundo, y que hoy están siendo usadas por cientos de millones de personas en red. Unas herramientas que podemos usar por fin para abocar al ser humano a su propia felicidad, yendo un paso más allá de lo que se ha podido avanzar doscientos años después del estallido de la Revolución Industrial.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

12 de septiembre de 2011

  • 12.9.11
Hoy quiero hablaros del papel tan importante que tenemos como ciudadanos y ciudadanas nada más cumplir los dieciocho años de edad. Si nunca os han explicado cómo funciona un gobierno democrático permitidme que os cuente cómo entiendo yo esta avanzada forma de gestión de lo público. Y si ya sabéis de lo que voy a hablar, os agradezco que me leáis y corrijáis en algo si me equivoco.


Durante nuestra infancia y adolescencia pedimos y debemos casi todo a nuestros padres. Aparte de la forma en la que aprovechamos nuestro tiempo de formación y de ocio, el resto de necesidades básicas las cubrimos casi al cien por cien gracias a los adultos.

Sin embargo, nuestras responsabilidades aumentan con la mayoría de edad, como también aumenta nuestra participación activa real en la vida pública. El ejemplo mínimo más palpable de ejercicio de poder en la actualidad es el voto. Cuanto mayor es el cargo que asumimos en una organización pública o privada, mayor es el poder y la responsabilidad.

La gestión de lo público es lo que se decide en unas elecciones como las generales del próximo 20 de noviembre. Cuando la mayoría de edad nos hace adultos, al pequeño mundo doméstico en el que nos movíamos se suma un enorme entramado de normas y tomas de decisiones por las que nos regiremos para ser felices en todo momento hasta el último latido del corazón.

Desde que la inventaron los griegos hace veinticinco siglos, la democracia ha demostrado ser el mejor sistema conocido que tienen las sociedades para decidir cómo se gestiona ese gran mundo público al que accedemos cuando nos hacemos adultos. Un mundo al que todos aportamos y del que todos nos beneficiamos, un colectivo que alcanza el bienestar a través de la participación y el compromiso de todos.

Para gestionar ese gran número de decisiones que se han de tomar para que aumente o no disminuya la felicidad de una sociedad del tamaño del estado español no es necesario que todas y todos los españoles y españolas se pronuncien a diario a favor o en contra de la aprobación de tal o cual ley -aunque en breve podrán hacerlo a través de Internet-, sino que trasladamos esta responsabilidad a una serie de personas que se ofrecen a hacerse cargo de ello por periodos de cuatro años.

Una vez que España se constituye como estado democrático, cada ciudadano y cada ciudadana mayor de edad tienen derecho a elegir al grupo de personas que por su programa electoral mejor les represente. Dentro de la variedad de propuestas de mejora que puede tener la ciudadanía de un país tan grande como España, cada partido político recoge en su programa las que cree convenientes y las lleva al congreso a través de los diputados que le representan en proporción a los votos obtenidos. Y así es como el pueblo español decide sobre la gestión de lo público a través de sus representantes políticos. Así es como la democracia garantiza que el poder emane del pueblo.

Sin embargo, esta forma de gobierno tiene sus vicios, como sistema creado por seres humanos que es. Si eres mayor de dieciocho años y vas a votar el próximo 20 de noviembre, algo a lo que te animo de buena gana como conciudadano tuyo que soy, tendrás que tener en cuenta algunas prácticas poco éticas que tienen lugar a nuestro alrededor y se deben a vicios como la codicia, el egoísmo y la avaricia.

Para empezar, puede que el partido político con el que más te identifiques después de escucharlos a todos no pueda presentarse a candidato este año si nunca antes consiguió un escaño en el Congreso y en un tiempo aun no determinado no reuniera un número de firmas que lo avalen en cada circunscripción por la que se presenta.

Por otro lado, también debido a una Ley Electoral nacida en la Transición para fortalecer la democracia y que ahora no se modifica para perpetuar el bipartidismo, si el partido que mejor te representa es minoritario no conseguirá un número de diputados directamente proporcional al número de votos obtenidos en todo el territorio español. Esto ocurre porque los grupos mayoritarios están convencidos de que son las únicas alternativas posibles a pesar de que cada cuatro años el pueblo puede elegir ser representado por cualquier otro.

Una vez que se acuerdan los pactos necesarios entre los distintos grupos para trabajar a diario en el Congreso si ninguno obtiene la mayoría absoluta de los votos, entran en contacto con la mayor tentación que ha seducido a hombres y mujeres a lo largo de la historia: el poder económico.

Retrasan la aprobación de una Ley de Transparencia que nos permita examinar todas las transacciones que realizan con dinero público y son capaces de dar prioridad a sus asuntos privados y pasar por alto las propuestas con las que se ganaron tu confianza cuando hacían campaña electoral. Algunos son tan cínicos que aun estando imputados por delitos de corrupción vuelven a solicitar un cargo público.

Por último, si tradicionalmente el poder público de un Estado democrático se divide en legislativo, ejecutivo y judicial para evitar la tiranía, el sistema actual español los mezcla debilitando de manera alarmante el que reside en la ciudadanía. Se desdibujan los límites entre las Cortes y el Ejecutivo, y el Judicial está a menudo profundamente condicionado por el Legislativo.

Por todas estas razones, para recuperar el control que nos corresponde sobre el poder público -así como sobre el poder económico de los mercados y el poder mediático de los medios de comunicación sobre los que podemos hablar otro día- os invito a elevar nuestro nivel de conciencia y observar todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Para que el concepto de democracia que estudiamos en la escuela se convierta en realidad.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

31 de agosto de 2011

  • 31.8.11
Desde siempre y hasta hace muy poco, la mujer no pintaba nada fuera de casa. El trabajo era cosa de hombres, la política era cosa de hombres, la literatura era cosa de hombres. Se encargaba, eso sí, de actividades muy humanas como la educación, la salud y la alimentación. Excluidas de cualquier colectivo que no tratara temas domésticos, han desarrollado habilidades especiales para tratar frente a frente con amigos. Pero sin salir de casa. La cosa pública, el gobierno de la nación siempre estuvo en manos de hombres. Era como si el ser humano se midiera por su fuerza física y el ser sensible fuera una debilidad.


Recientemente hemos dado pasos de gigante en el terreno de la igualdad, y lo estamos haciendo lentamente, de la manera en que se consiguen los cambios eficientes y duraderos. Todos y todas estamos consiguiendo evitar que un feminismo mal entendido pudiera haber desequilibrado la balanza para compensar tantos siglos de discriminación, y estamos aprendiendo con ellas a valorar el sufrimiento de los más desfavorecidos, de manera que los descubrimientos de Darwin sobre la selección natural de las especies no se cumplan también en el ser humano, el único animal con uso de razón.

La especial habilidad femenina para la compasión es la que evita que solo sobreviva el más fuerte, el que pisotea a los débiles hasta su extinción, el que piensa que hay personas prescindibles porque se cree con más derechos que ellos, que no atiende a la diversidad, que no ha nacido para mezclarse con quienes han nacido con peor suerte. Es la que nos sitúa a solo un paso de darnos cuenta que nuestra felicidad no es completa si no trabajamos también por la de los demás.

Las personas más comunicativas y empáticas son las que más rápido asimilan estas grandes lecciones de humanidad, que nos llaman a mejorar abismalmente la calidad de las relaciones sociales en el ámbito doméstico. Pero hay un terreno, al que nos referíamos anteriormente, que todavía está gobernado principalmente por hombres, muchos de los cuales todavía se rigen por la ley del más fuerte, la de la selección natural que elimina a los individuos menos competitivos. El terreno de lo colectivo, el de la coordinación y cooperación entre pueblos a nivel regional, nacional y universal.

Y es que los avances en materia de telecomunicaciones nos han acercado a las personas más distantes geográfica, social y culturalmente. Lo que la globalización abrió para liberalizar los mercados es una ventana por la que también se intercambian costumbres, actitudes ante la vida, gustos artísticos y todo tipo de conocimientos.

No tenemos que esperar a que los españoles que hay por el mundo regresen para contarnos cómo se vive en aquel rincón del planeta. Y cuando Internet nos permite conocer la realidad de un desconocido cuya situación precaria puede mejorar si nuestros representantes políticos mueven la ficha que nosotros elegimos, no tenemos decisión más feliz que la de pedir justicia y ser solidarios para atender esa necesidad básica cuanto antes.

Pero nuestra sociedad occidental, el llamado primer mundo por razones económicas, atraviesa una verdadera crisis de valores por querer seguir viviendo como hasta ahora cuando nos damos cuenta de que siempre hemos sido egoístas y avariciosos con los menos desarrollados, por hacer oídos sordos y mirar para otro lado cuando se violaban derechos y libertades fundamentales.

Por la misma ventana por la que algunos hombres hacían negocios, más o menos honestos, nos llega ahora información de lo que ocurre en las casas de ese otro pueblo lejano. Las penurias domésticas de otras familias nos son cada vez más cercanas y cotidianas.

Nos hemos apartado del mundo de la política para dejarlo en manos de unos cuantos hombres y mujeres sin apenas sensibilidad, esa cualidad que tiene más de sensatez que de sensitividad. Y ahora consiguen nuestra aprobación lanzando mensajes que satisfacen nuestros instintos más irracionales, esos que nos alejan de ser humanos, que si bien explican nuestra naturaleza, no es propio de quien camina erguido regirse solo por ellos. No nos damos cuenta de que las cosas justas y necesarias no se consiguen solas, sino que hace falta tener voluntad para llegar hasta ellas.

Hace unos años leía en el libro El fútbol y las casitas, de María José Lera (2002), el resultado de un experimento con niños y niñas que reaccionaban de distinta manera al surgir un problema durante un juego. Y es que mientras las niñas lo detenían hasta resolver el conflicto y recuperar la armonía, los niños no se interrumpían y daban más importancia al juego en sí que a la resolución del problema o al estado emocional de los otros.

Creo que se llega más lejos cooperando que compitiendo. Y también creo que es más importante llegar todos a la meta, que perder a un participante por querer llegar el primero.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

16 de junio de 2011

  • 16.6.11
Una persona está indignada cuando siente que le han quitado su dignidad. El próximo domingo 19 de junio tendrá lugar la concentración “Por una Europa para los ciudadanos y no para los mercados”, convocada por la plataforma Democracia real YA y el movimiento del 15M en toda España y multitud de ciudades europeas. En Montilla tendrá lugar en la Plaza de la Rosa a las 20.30 horas.


La ciudadanía debe movilizarse para demostrarse a sí misma y a los demás que no es ajena a las grandes injusticias, abusos e incongruencias de un sistema en el que prima la avaricia y el egoísmo de los poderes públicos y privados que nos gobiernan. Debe recordar que tiene un poder político que no acaba el día de las elecciones y es necesario que lo use para evitar que los grandes poderes financieros controlen a nuestros políticos y a los medios de comunicación.

Alentados por un manifiesto que recogía el sentir subyacente de una sociedad adormecida, cientos de miles de personas salimos a la calle el 15 de mayo para tomar conciencia de que “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

En ese momento nos dimos cuenta de que la precaria situación económica y política mundial se debe a los mismos poderes que han puesto el dinero por encima del ser humano, llegando a despreciar leyes universales como la Constitución de 1978 en España o la Declaración de los Derechos Humanos dentro y fuera de nuestro país.

El ansia productiva y consumista del actual sistema económico estaba acabando con nuestro concepto de ética para convertirnos en simples vendedores y compradores que generan riqueza, que se acumula cada vez en menos manos. Y así es como decidimos recuperar la soberanía, que reside en el pueblo, exigiendo una verdadera separación de poderes, Legislativo, Judicial y Ejecutivo; una reforma de la Ley Electoral que garantice que todos los votos valen lo mismo en toda España; y una regeneración política que garantice la total transparencia de las gestiones realizadas con el dinero público, suprima los privilegios de la clase política y castigue sin demora y de manera contundente cualquier forma de corrupción.

La convocatoria del domingo 19 de junio viene agravada por los inminentes recortes que se prevén en el llamado Pacto del Euro, que debatirán la semana que viene los líderes de la Unión Europea para asegurarse el cobro de la deuda que han creado los poderes financieros.

Se trata de una reforma crucial, de la que ningún medio nos informa, con la que pretenden recaudar más dinero a costa de las necesidades esenciales de la población. Se plantean poner límites al gasto social para subsanar la ingente deuda que han creado a base de especulación y engaño, para lo cual se impondrán sanciones a los Estados cuyos presupuestos generales superen el umbral fijado. Y limitar el gasto social se traduce en establecer recortes en Educación, en Sanidad, en salarios, y en la creación de empleo.

La ironía de la crisis, sus perjudicados y sus beneficiados, es tal que se desahucia al ciudadano que no puede pagar la hipoteca, el pequeño y mediano empresario tiene que cerrar o reducir al máximo su plantilla, y a la banca, al contrario que al resto de afectados, se le inyecta dinero público.

Dijo Luther King que "al mirar atrás en el tiempo no nos pesarían tanto las malas acciones de los malvados como el silencio de las personas buenas". Quien calla, otorga, y ya no nos vale mirar hacia otro lado.

En Montilla tenemos una Corporación local recién formada, cargada de ilusiones y buenas intenciones, con representación de los cuatro grupos políticos que se presentaron, pero no podemos olvidarnos de ellos y ellas hasta las próximas elecciones. Ni podemos ignorar la influencia que tienen en nuestra vida tanto el Gobierno central como el europeo.

Hemos asistido al despertar de las conciencias en medio mundo desde la revuelta de Túnez. Se han llenado las calles de personas de todas las edades y estratos sociales para dialogar sin complejos sobre lo que antaño usaban para dividirnos.

Hemos descubierto que hay verdadera felicidad fuera de la espiral consumista que pretende engullirnos, y no vamos a permitir que nos vuelvan a robar la dignidad quienes se empeñan en ponerle precio a todo. Por todo esto, déjanos oír tu voz este domingo en la plaza, que no te lo cuenten. Alzaremos la voz por ti, pero no podemos hacerlo en tu nombre.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

18 de mayo de 2011

  • 18.5.11
La información que manejamos ciudadanos y ciudadanas es a veces tan limitada que omite aspectos básicos del mecanismo político y económico actual. Mientras que la globalización ha dado pasos de gigante en el terreno del comercio y las finanzas, la inmensa mayoría nos hemos mantenido al margen viviendo en una burbuja hasta que ha explotado la crisis. Podríamos haber tomado el mismo tren que los grandes mandatarios públicos y privados, y haber dado pasos de gigante en lo respectivo a la libre circulación de la cultura, la justicia, la paz y la solidaridad. Pero en su lugar, nos hemos refugiado en la ignorancia de confundir comodidad con felicidad.


Así es como hemos dejado importantes cuestiones de necesaria resolución colectiva en manos de individuos que, en demasiados casos, han decidido guiados por nuestro egoísmo y avaricia. Nuestro individualismo crece para mirar a otro lado cuando vemos sufrir a alguien, para pensar que trabajar por los demás nos perjudica, para creer que colaborar altruistamente en un colectivo no es rentable porque no genera beneficio económico.

Sin embargo, el hecho de votar en unas elecciones sí que se trata de un ejercicio colectivo, de hecho, un colectivo de los más numerosos de los que podemos formar parte en nuestra vida. Este domingo elegimos representantes políticos locales, algunos regionales y el año que viene elegiremos entre todos a nuestros representantes políticos a nivel nacional.

Lástima que más de uno haya hecho méritos para perder nuestra confianza en ellos para siempre, pues los flagrantes casos de corrupción y el descuido de los deseos y necesidades de la ciudadanía no merecen otra cosa que juicio y condena con todas las de la ley.

Por suerte, las elecciones locales hablan más de personas con nombres y apellidos que de partidos de un color u otro, y es más fácil saber cuáles son las virtudes y los defectos de cada cual. Tan solo sería de agradecer que los candidatos mantuvieran un contacto cercano con sus representados de manera más continuada también durante el mandato y no solo en el último mes antes de las elecciones. Las redes sociales de Internet facilitarán mucho este acercamiento.

Aun así, a pesar de haber escuchado con más o menos atención las propuestas de cada partido y de haber analizado parecidos y diferencias, muchas personas no se sienten identificadas con ninguno y deciden hacer cualquier cosa menos depositar su confianza en alguno de los candidatos que se presentan.

Bien, la información que sigue es para todas aquellas personas que hayan pensado no ir a votar, votar en blanco o votar nulo este domingo. En el caso de Montilla, las pasadas elecciones de mayo de 2007 sumaban 6.072 los ciudadanos y ciudadanas que escogieron alguna de estas tres opciones, más del 30 por ciento de los posibles votantes.

Se contarán como abstenciones los casos de votantes que no pasen por las urnas para ejercitar su derecho al voto, como votos nulos los que contengan alguna tachadura o comentario sobre el papel o papeleta que hayan usado para votar, y como votos en blanco los que no introduzcan ninguna papeleta en el sobre.

En los dos primeros casos, ninguno obtiene representación política, ni el que se abstiene ni el que tacha o escribe sobre la papeleta. Por muy elevada que sea la cifra de abstenciones, la Ley Electoral no fija un mínimo de votos para formar gobierno, así que siempre habrá un grupo político elegido por otros para gobernar a quienes se abstienen. Porque quien gobierna, gobierna para todos.

Y por muy ingeniosos que sean los comentarios vertidos en los votos nulos, jamás irán más allá de quienes abren cientos de sobres ese día. Yo recomiendo usar medios de comunicación más oportunos para hacer llegar a los políticos nuestras quejas y sugerencias, como el diálogo hablado o escrito, en persona o a través de Internet.

El voto en blanco se ha explicado a veces como el voto de quien cree en la democracia pero no se siente identificado con ningún candidato. Se ha llegado a pensar que quien vota en blanco apoya por igual a todos los candidatos, o que no beneficia a ninguno en particular. Pero no es así.

Este tipo de voto, a diferencia del nulo y la abstención, cuenta y se suma porcentualmente al recuento de todos los grupos políticos que obtienen representación. Así, al partido más votado se le suman más votos en blanco que al menos votado. Quien vota en blanco está reforzando la victoria del candidato más votado, está depositando su confianza en todos los que obtienen representación, pero no por igual. Está confiando más en quien ha obtenido más votos, sea quien sea. Por tanto, no sabrá a quien ha favorecido hasta finalizar el recuento.

Dicho esto, se entiende que ninguna de estas tres opciones sirve para tomar una decisión plenamente consciente en unas elecciones. Lo más recomendable para quien no se ha decidido todavía sería examinar punto por punto las propuestas de cada partido, escoger el que más se ajuste a sus intereses, y no perder el contacto con éste durante el mandato tanto para verificar, gracias a la transparencia, que cumple con lo que nos prometió, como para que se alimente constantemente, por cercanía con la ciudadanía, de nuestra participación.

Es necesario que el gobierno de nuestro pueblo, nuestra comunidad, nuestro país y el de la comunidad internacional nos interese tanto como el de nuestra propia casa. Porque en el mundo globalizado actual, lo queramos o no, convivimos tanto con el fabricante de electrodomésticos como con el consumidor de aceite que están a miles de kilómetros de nuestra ciudad, como con el pequeño comerciante de nuestro barrio y el profesor que educa a nuestros hijos.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

7 de mayo de 2011

  • 7.5.11
Del dicho al hecho. Del acoso al individuo a la respuesta colectiva. Del grito impotente frente al televisor al movimiento ganador de una mayoría unida por la misma idea. El próximo domingo 15 de mayo, ciudadanos y ciudadanas de todo tipo y condición saldremos a manifestarnos en las calles de toda España. Lo haremos para pedir a todos, ciudadanos desinteresados, políticos ajenos a la opinión de quienes representan y demás poderosos que solo se representan a sí mismos, que demos el paso hacia una democracia real en la que verdaderamente se cumplan los deseos de la mayoría de personas. Una mayoría de personas bien informada, bien educada, solidaria y justa, sensible a las inquietudes de los demás y que sabe dar prioridad a las necesidades básicas de todos frente a las ansias de poder de unos pocos.


Personas de todas las ideologías, partidos políticos y sindicatos saldrán a la calle el próximo domingo y lo harán a título individual, sin mostrar logos ni siglas, para manifestarse codo con codo con el resto de ciudadanos anónimos. Porque cada uno de nosotros tiene una opinión válida y respetable que ha de ser gritada y escuchada cualquier otro día menos el domingo 15 de mayo. Porque el 15 de mayo será un día para tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad para con nosotros y el resto del mundo cuya situación nos afecta, independientemente del credo de cada cual.

Tenemos un índice de paro del 40 por ciento entre los jóvenes menores de 25 años y casi cinco millones del total de la población activa en España. Esto no es solo motivo de pobreza, desigualdades y malestar dentro de nuestro propio círculo de amigos, vecinos y conocidos, sino que es un despilfarro de recursos humanos, talentos y energía que poner al servicio de la sociedad.

La política económica que impone la élite europea para seguir repartiéndose el mundo con el resto de gigantes orientales y occidentales, actúa al margen de las necesidades de las personas. Así es como los impuestos recaudados por los gobiernos se usan cada vez menos para garantizar vivienda y empleo dignos, y los dedican en su lugar a hacer frente a otros mercados económicos que también explotan a sus ciudadanos.

Hay que poner el dinero al servicio del ser humano. A menudo hablamos de países emergentes como China, Brasil o India porque tienen una población inmensa que hará muy competitivos a nivel mundial a esos pocos que ostentan el poder de explotar a sus habitantes.

Pero en ningún momento nos preocupamos por la realidad de esas familias que, como la nuestra, necesitan que sus hijos tengan una educación completa y de calidad, atención médica eficaz al alcance de todos, derechos laborales, un trato humano y un envejecimiento digno. Si seguimos midiéndonos por el dinero que generamos o manejamos, olvidamos nuestro lado humano y nos convertimos en mercancía en manos de políticos y banqueros.

Seguimos creyendo que la democracia es la mejor forma de gobierno desde que naciera hace quince siglos en la antigua Grecia. Creemos que el fallo está en la concepción actual del capitalismo o en el capitalismo en sí. Aunque lo mejor para explicarlo al pueblo llano podría ser tomar conciencia de lo que significan los movimientos más sencillos y cotidianos que hacemos a diario.

¿Por qué un kilo de fruta que viaja desde el otro lado del mundo vale tan barato? ¿Cuánto le habrán pagado al agricultor que lo cultivó? ¿Cómo puede doblarse y triplicarse el precio de una vivienda en la que no se ha hecho ningún gasto desde que se compró por primera vez? ¿Por qué no dan cobertura los medios de comunicación mayoritarios a los movimientos ciudadanos que se celebran en todos los países a raíz de esta crisis atroz? ¿Acaso las dictaduras norteafricanas son las únicas que tiranizan y nuestro Gobierno es perfecto?

Descubrimos en grupo nuevas formas de ejercer nuestro poder como ciudadanos de a pie. Sabemos la diferencia entre voto blanco, nulo y abstención, así como las particularidades de la Ley d’Hont. Nos planteamos qué hacer con nuestro dinero, qué compramos, a quién, y a qué banco o caja confiamos nuestros ahorros. Queremos saber más de comercio justo, de negocios respetuosos con el medio ambiente, los derechos y las libertades de todos los pueblos de la Tierra.

Inmersos en la era digital, nos hemos organizado a través de las redes sociales en grupos como Estado del malestar, Juventud sin futuro, Democracia real ya, y compartimos todo tipo de información desde que el joven Bouazizi se inmolara en un mercado tunecino dando lugar a las revueltas de su país en diciembre de 2010, o quizá antes.

Entradas en blogs, periódicos digitales, noticias locales, nacionales y globales, vídeos sobre banca ética, explicaciones sobre la crisis de afamados economistas. Entramos en contacto con los manifestantes de Wisconsin en EE.UU., con los de Geração à rasca de Lisboa y Porto, con españoles en Londres y en Atenas.

Dialogamos y debatimos con cientos de internautas, expresamos nuestra indignación cada viernes en plazas de ciudades de toda España, y nos acercamos cada día de manera pacífica y con ánimo universalista a hacer real el mundo mejor que todos tenemos en mente.

Queremos que todos seáis arquitectos de este nuevo orden mundial. Por eso os convocamos a la cita del domingo 15 de mayo a las seis de la tarde en la Plaza de la Corredera de Córdoba para demostrar que tenéis algo que decir, que creéis que la voluntad de muchos es más importante que la actitud egoísta de unos pocos.

MIGUEL ÁNGEL HERENCIA

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