La faceta militar del Inca Garcilaso de la Vega fue mucho más significativa de lo que se creía hasta la fecha. Así lo sostiene en una reciente investigación el historiador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco, que está reconstruyendo su participación en la rebelión de las Alpujarras, con la aportación de documentación inédita hasta el momento, procedente de fuentes primarias, para precisar el alcance de una actividad al servicio de la Monarquía Hispánica que había quedado en un segundo plano frente a su extraordinaria producción literaria, que lo convirtió en uno de los más grandes cronistas de América y en uno de los mejores prosistas del renacimiento hispánico.
El estudio, que se ha avanzado en primicia en la revista del Ejército de Tierra español —la publicación central, oficial y más longeva de las que se editan en la actualidad—, vuelve también la mirada hacia Montilla, donde el autor peruano permaneció durante tres décadas y donde continuó su formación en las armas y en las letras antes de iniciar una obra fundamental para la historia y la literatura hispanoamericana.
En ese sentido, Jiménez Barranco afirma que las investigaciones más recientes, todavía en curso, permiten otorgar una mayor importancia al periodo que Gómez Suárez de Figueroa dedicó a la milicia, tal y como constata una serie de documentos de fuentes primarias que, según el historiador montillno, contribuyen a reconstruir esa etapa de su biografía.
Nacido en Cuzco el 12 de abril de 1539, el Inca Garcilaso de la Vega —considerado como el primer historiador peruano de sangre mestiza y el “príncipe de los escritores del Nuevo Mundo”— fue hijo del conquistador extremeño Garcilaso de la Vega Vargas y de la princesa incaica Isabel Chimpu Ocllo, nieta del soberano Inca Huayna Cápac. Su infancia y su mocedad transcurrieron en Cuzco, donde su padre ejerció como corregidor. Allí recibió formación en gramática hasta los catorce años y comenzó también su aprendizaje ecuestre y militar.
En 1560, el joven mestizo se trasladó a España con la intención de continuar su formación humanística y situarse más cerca de la Corte. Su propósito era solicitar las mercedes correspondientes por los servicios que su padre, ya fallecido, había prestado a la Corona española. Al no conseguir su objetivo ante el Consejo de Indias, llegó a plantearse el regreso al Perú, aunque antes decidió visitar a su tío paterno Alonso de Vargas y Figueroa, que residía en Montilla.
La llegada a la localidad de la Campiña Sur terminaría modificando aquel proyecto. Alonso de Vargas y Figueroa era veterano sargento mayor de los tercios y capitán de caballos al servicio de Carlos V y Felipe II. Estaba afincado en Montilla y no tenía descendencia. Recibió a su sobrino en su casa, lo acogió y terminó prohijándolo. “Garcilaso abandonó la idea de volver a América y quedó bajo la protección de su tío, avecindado en aquella villa cordobesa donde pasó los treinta años siguientes”, relata Jiménez Barranco.
Sus obras ocupan un lugar relevante en la bibliografía sobre la historia de América y resultan fundamentales para el conocimiento de la conquista del Perú y de las costumbres de los pueblos indígenas de la cordillera de los Andes anteriores a la llegada de los españoles. Su producción incluye igualmente una obra sobre la primera exploración de La Florida, protagonizada por la expedición de Hernando de Soto.
Su primer trabajo publicado, sin embargo, fue La traduzión del indio de los tres Diálogos de Amor de León Hebreo, hecha de Italiano en Español, una obra que vio la luz en Madrid en 1590 y que precedió a los títulos por los que alcanzaría una mayor proyección historiográfica y literaria.
Sin embargo, frente a esa vertiente ampliamente estudiada, Jiménez Barranco dirige su atención a una etapa castrense que, según explica, recibió tradicionalmente menos atención por considerarse un episodio breve dentro de una vida marcada por las letras y por la compleja identidad del mestizaje en la sociedad del Siglo de Oro español.
Durante esa larga etapa montillana, Gómez Suárez de Figueroa retomó sus proyectos y aspiraciones. También volvió a la cría y doma de caballos, un aprendizaje iniciado durante su infancia cuzqueña, mientras continuaba formándose tanto en las armas como en las letras bajo la influencia de su tío. Esa experiencia ecuestre y militar adquirió una nueva dimensión a finales de 1568, cuando estalló la rebelión de los moriscos del reino de Granada.
El estudio de Antonio Luis Jiménez Barranco sitúa en la Navidad de aquel año el comienzo de la sublevación. Garcilaso, animado por su tío, aprovechó la ocasión para incorporarse a la contienda, pues era un jinete experimentado y disponía de formación para manejar la espada y el arcabuz. El historiador montillano considera probable que se agregara a la guerra coincidiendo con la llegada de don Juan de Austria a Granada en abril de 1569, cuando el hermanastro de Felipe II asumió el mando único del ejército castellano.
"Don Juan de Austria reorganizó las fuerzas con el asesoramiento de generales experimentados y veteranos capitanes procedentes de Italia y Flandes", explica Antonio Luis Jiménez, quien recuerda que "a tierras granadinas llegaron compañías de los tercios viejos de Nápoles y Lombardía, mientras se organizaban nuevas unidades en las que se encuadraron huestes señoriales y milicias concejiles procedentes de numerosos puntos de la Península".
La guerra alcanzó una especial intensidad a partir de enero de 1570, después de que don Juan de Austria decidiera tomar la iniciativa militar. Para entonces, la rebelión se había extendido por buena parte del antiguo reino nazarita y contaba con el apoyo de monfíes, berberiscos norteafricanos y combatientes turcos. Felipe II, preocupado por la evolución del conflicto, convocó Cortes en Córdoba para garantizarse el apoyo de la nobleza y de las ciudades y permanecer más cerca del escenario de las operaciones.
Fue precisamente durante la estancia del monarca en Córdoba cuando la carrera militar del Inca Garcilaso adquirió una dimensión concreta. El 4 de marzo de 1570 recibió la patente de capitán y el encargo de formar una fuerza de trescientos infantes. A finales de aquel mismo mes partió hacia Granada al frente de la compañía que había levantado en distintas poblaciones del marquesado de Priego.
Una vez incorporada al escenario de operaciones, aquella compañía quedó agregada al tercio de don Lope de Figueroa, pariente de Garcilaso. Jiménez Barranco sustenta esta adscripción en nueva documentación localizada en el Archivo General de Simancas.
"El tercio de Figueroa formaba parte del cuerpo de ejército dirigido directamente por don Juan de Austria, una unidad que había recibido su bautismo de fuego durante el asedio y la toma de Galera, el 19 de enero de 1570, y que posteriormente avanzó por el valle del Almanzora y la sierra de los Filabres hasta alcanzar la comarca del río Andarax", detalla el historiador montillano.
La documentación permite situar a la compañía del Inca Garcilaso en aquel avance hacia la Alpujarra almeriense. El 26 de abril aparece ya incluida en una muestra tomada a las fuerzas del ejército de don Juan de Austria. El tercio de Figueroa estaba compuesto entonces por doce compañías de infantería y una de ellas era la del Inca Garcilaso. En aquel recuento figuraban el propio capitán, un alférez, un sargento, un capellán, un abanderado, un pífano, dos atambores y 268 soldados, hasta completar 283 raciones.
A finales de junio de 1570, Gómez Suárez de Figueroa solicitó autorización a don Juan de Austria para rehacer su compañía. La licencia concedida le permitía disponer de un plazo de cincuenta días para acudir personalmente o enviar a uno de sus oficiales al marquesado de Priego con esa finalidad. Ese movimiento llevó al capitán a pasar el verano nuevamente en tierras cordobesas.
Una relación fechada el 8 de agosto de 1570 recoge al Inca Garcilaso de la Vega entre los capitanes enviados a rehacer sus compañías y vincula expresamente su cometido con Córdoba, Aguilar de la Frontera y Montilla. Pocas semanas después, el 30 de agosto, recibió una nueva orden de Felipe II para levantar otra compañía bajo el anuncio de que tendría como destino Italia y ponerse después a disposición de las instrucciones de don Juan de Austria.
Gómez Suárez de Figueroa, sin embargo, nunca llegó a embarcar hacia Italia. El propio Antonio Luis Jiménez reconoce que "se conoce poco sobre el desarrollo posterior de aquella orden real" y plantea, como posibilidad, que la compañía fuera destinada a la Serranía de Ronda, donde el conflicto todavía continuaba. El investigador montillano sí documenta, sin embargo, que en octubre de 1570, el escritor cuzqueño se dirigió por escrito a don Juan de Austria para reclamar las pagas que tenía pendientes.
Para entonces, don Lope de Figueroa había sido nombrado maestre de campo y gobernador de los presidios de la Alpujarra. Su tercio permanecía distribuido entre fuertes, castillos y poblaciones de importancia estratégica. En julio de 1571, Figueroa embarcó el tercio en Cartagena con destino a Barcelona para reunirse con don Juan de Austria, que había recibido el mando supremo de la Santa Liga antes del enfrentamiento con la armada turca en Lepanto.
La compañía del Inca Garcilaso no estuvo presente en aquella misión. Antonio Luis Jiménez deja abierta la cuestión de si continuó destinada como guarnición en las Alpujarras o en la Serranía de Ronda, sin presentar una conclusión definitiva sobre ese extremo. "La documentación permite reconstruir con mayor precisión una parte de sus servicios, pero mantiene todavía interrogantes sobre el destino final de la unidad que había mandado", comenta el investigador montillano.
Una vez pacificado el reino de Granada, el Inca Garcilaso retomó sus ocupaciones y emprendió su labor literaria. Su etapa militar, no obstante, no desapareció de sus escritos. El propio autor dejó referencias a sus servicios a Felipe II en la traducción de los Diálogos de Amor, donde recordó su participación en la rebelión granadina y su condición de capitán.
La misma obra contiene otra referencia a la importancia que habían tenido hasta entonces los caballos y las armas en su trayectoria personal. Años después, en su póstuma Historia general del Perú, publicada en 1616, volvió a detallar su pasado militar y afirmó haber servido a la Corona con cuatro conductas de capitán, dos concedidas por Felipe II y otras dos por don Juan de Austria.
Esa condición militar continuó acompañándolo durante el resto de su vida. Jiménez Barranco señala que “a lo largo de su vida, el Inca Garcilaso continuó usando su condición y grado de capitán de Su Majestad”. Esa referencia quedó reflejada en la portada y en los preliminares de sus obras, lo que muestra la permanencia de aquella etapa dentro de la identidad pública con la que el escritor se presentó.
La investigación de Jiménez Barranco establece también un paralelismo entre el Inca Garcilaso y Miguel de Cervantes, quien igualmente fue soldado del tercio de Figueroa. Ambos escritores formaron parte de la misma unidad en campañas consecutivas antes de desarrollar las trayectorias literarias que los convertirían en figuras universales.
El artículo recuerda, además, que ambos estuvieron entre los tres escritores universales escogidos por la UNESCO para proclamar el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor el 23 de abril. Como ya recogió Montilla Digital, fue la Unión Internacional de Editores —una entidad fundada en 1896 con sede en Ginebra (Suiza)— la que planteó a la Unesco que el 23 de abril de 1616 fallecieron tres grandes escritores de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. Sin embargo, esa coincidencia no se sostiene.
“Sorprende descubrir la coincidencia de ambos escritores en las filas de una misma unidad en campañas consecutivas”, reconoce el historiador montillano, que incide asimismo en el pasado castrense compartido por los dos autores bajo las banderas del tercio de Figueroa y en la presencia de los valores, las lecciones y la experiencia de aquellos años de milicia en sus respectivas obras literarias.
El estudio lleva finalmente ese vínculo histórico hasta la actualidad al identificar como unidad heredera del tercio de Figueroa al Regimiento Acorazado “Córdoba” número 10, integrado en la Brigada “Guzmán el Bueno” X y con base en Cerro Muriano, en Córdoba. Jiménez Barranco sostiene que "este regimiento mantiene el historial y el espíritu de la antigua unidad" y, por ello, plantea la incorporación del Inca Garcilaso de la Vega a su relación de capitanes ilustres.
La investigación presenta así al escritor peruano no únicamente desde la dimensión literaria que marcó su proyección histórica, sino también desde unos servicios militares ligados de forma directa a la rebelión de las Alpujarras, al tercio de don Lope de Figueroa y a los mandos de Felipe II y don Juan de Austria.
Ese recorrido discurre también por Montilla, la localidad en la que permaneció durante treinta años bajo la protección de su tío Alonso de Vargas y Figueroa y desde la que continuó su formación, su actividad ecuestre y parte de su trayectoria vital.
El Inca Garcilaso permanece enterrado en la Capilla de las Ánimas de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Allí, una lápida lo recuerda como "hombre ilustre en las letras y valiente en las armas", dos dimensiones que la investigación de Jiménez Barranco pone nuevamente en relación al reconstruir documentalmente una etapa que había quedado en buena medida eclipsada por la magnitud de su legado literario.
El estudio, que se ha avanzado en primicia en la revista del Ejército de Tierra español —la publicación central, oficial y más longeva de las que se editan en la actualidad—, vuelve también la mirada hacia Montilla, donde el autor peruano permaneció durante tres décadas y donde continuó su formación en las armas y en las letras antes de iniciar una obra fundamental para la historia y la literatura hispanoamericana.
En ese sentido, Jiménez Barranco afirma que las investigaciones más recientes, todavía en curso, permiten otorgar una mayor importancia al periodo que Gómez Suárez de Figueroa dedicó a la milicia, tal y como constata una serie de documentos de fuentes primarias que, según el historiador montillno, contribuyen a reconstruir esa etapa de su biografía.
Nacido en Cuzco el 12 de abril de 1539, el Inca Garcilaso de la Vega —considerado como el primer historiador peruano de sangre mestiza y el “príncipe de los escritores del Nuevo Mundo”— fue hijo del conquistador extremeño Garcilaso de la Vega Vargas y de la princesa incaica Isabel Chimpu Ocllo, nieta del soberano Inca Huayna Cápac. Su infancia y su mocedad transcurrieron en Cuzco, donde su padre ejerció como corregidor. Allí recibió formación en gramática hasta los catorce años y comenzó también su aprendizaje ecuestre y militar.
En 1560, el joven mestizo se trasladó a España con la intención de continuar su formación humanística y situarse más cerca de la Corte. Su propósito era solicitar las mercedes correspondientes por los servicios que su padre, ya fallecido, había prestado a la Corona española. Al no conseguir su objetivo ante el Consejo de Indias, llegó a plantearse el regreso al Perú, aunque antes decidió visitar a su tío paterno Alonso de Vargas y Figueroa, que residía en Montilla.
La llegada a la localidad de la Campiña Sur terminaría modificando aquel proyecto. Alonso de Vargas y Figueroa era veterano sargento mayor de los tercios y capitán de caballos al servicio de Carlos V y Felipe II. Estaba afincado en Montilla y no tenía descendencia. Recibió a su sobrino en su casa, lo acogió y terminó prohijándolo. “Garcilaso abandonó la idea de volver a América y quedó bajo la protección de su tío, avecindado en aquella villa cordobesa donde pasó los treinta años siguientes”, relata Jiménez Barranco.
Sus obras ocupan un lugar relevante en la bibliografía sobre la historia de América y resultan fundamentales para el conocimiento de la conquista del Perú y de las costumbres de los pueblos indígenas de la cordillera de los Andes anteriores a la llegada de los españoles. Su producción incluye igualmente una obra sobre la primera exploración de La Florida, protagonizada por la expedición de Hernando de Soto.
Su primer trabajo publicado, sin embargo, fue La traduzión del indio de los tres Diálogos de Amor de León Hebreo, hecha de Italiano en Español, una obra que vio la luz en Madrid en 1590 y que precedió a los títulos por los que alcanzaría una mayor proyección historiográfica y literaria.
Sin embargo, frente a esa vertiente ampliamente estudiada, Jiménez Barranco dirige su atención a una etapa castrense que, según explica, recibió tradicionalmente menos atención por considerarse un episodio breve dentro de una vida marcada por las letras y por la compleja identidad del mestizaje en la sociedad del Siglo de Oro español.
Tres décadas en Montilla
Durante esa larga etapa montillana, Gómez Suárez de Figueroa retomó sus proyectos y aspiraciones. También volvió a la cría y doma de caballos, un aprendizaje iniciado durante su infancia cuzqueña, mientras continuaba formándose tanto en las armas como en las letras bajo la influencia de su tío. Esa experiencia ecuestre y militar adquirió una nueva dimensión a finales de 1568, cuando estalló la rebelión de los moriscos del reino de Granada.
El estudio de Antonio Luis Jiménez Barranco sitúa en la Navidad de aquel año el comienzo de la sublevación. Garcilaso, animado por su tío, aprovechó la ocasión para incorporarse a la contienda, pues era un jinete experimentado y disponía de formación para manejar la espada y el arcabuz. El historiador montillano considera probable que se agregara a la guerra coincidiendo con la llegada de don Juan de Austria a Granada en abril de 1569, cuando el hermanastro de Felipe II asumió el mando único del ejército castellano.
"Don Juan de Austria reorganizó las fuerzas con el asesoramiento de generales experimentados y veteranos capitanes procedentes de Italia y Flandes", explica Antonio Luis Jiménez, quien recuerda que "a tierras granadinas llegaron compañías de los tercios viejos de Nápoles y Lombardía, mientras se organizaban nuevas unidades en las que se encuadraron huestes señoriales y milicias concejiles procedentes de numerosos puntos de la Península".
La guerra alcanzó una especial intensidad a partir de enero de 1570, después de que don Juan de Austria decidiera tomar la iniciativa militar. Para entonces, la rebelión se había extendido por buena parte del antiguo reino nazarita y contaba con el apoyo de monfíes, berberiscos norteafricanos y combatientes turcos. Felipe II, preocupado por la evolución del conflicto, convocó Cortes en Córdoba para garantizarse el apoyo de la nobleza y de las ciudades y permanecer más cerca del escenario de las operaciones.
Fue precisamente durante la estancia del monarca en Córdoba cuando la carrera militar del Inca Garcilaso adquirió una dimensión concreta. El 4 de marzo de 1570 recibió la patente de capitán y el encargo de formar una fuerza de trescientos infantes. A finales de aquel mismo mes partió hacia Granada al frente de la compañía que había levantado en distintas poblaciones del marquesado de Priego.
Una vez incorporada al escenario de operaciones, aquella compañía quedó agregada al tercio de don Lope de Figueroa, pariente de Garcilaso. Jiménez Barranco sustenta esta adscripción en nueva documentación localizada en el Archivo General de Simancas.
"El tercio de Figueroa formaba parte del cuerpo de ejército dirigido directamente por don Juan de Austria, una unidad que había recibido su bautismo de fuego durante el asedio y la toma de Galera, el 19 de enero de 1570, y que posteriormente avanzó por el valle del Almanzora y la sierra de los Filabres hasta alcanzar la comarca del río Andarax", detalla el historiador montillano.
La documentación permite situar a la compañía del Inca Garcilaso en aquel avance hacia la Alpujarra almeriense. El 26 de abril aparece ya incluida en una muestra tomada a las fuerzas del ejército de don Juan de Austria. El tercio de Figueroa estaba compuesto entonces por doce compañías de infantería y una de ellas era la del Inca Garcilaso. En aquel recuento figuraban el propio capitán, un alférez, un sargento, un capellán, un abanderado, un pífano, dos atambores y 268 soldados, hasta completar 283 raciones.
A finales de junio de 1570, Gómez Suárez de Figueroa solicitó autorización a don Juan de Austria para rehacer su compañía. La licencia concedida le permitía disponer de un plazo de cincuenta días para acudir personalmente o enviar a uno de sus oficiales al marquesado de Priego con esa finalidad. Ese movimiento llevó al capitán a pasar el verano nuevamente en tierras cordobesas.
Una relación fechada el 8 de agosto de 1570 recoge al Inca Garcilaso de la Vega entre los capitanes enviados a rehacer sus compañías y vincula expresamente su cometido con Córdoba, Aguilar de la Frontera y Montilla. Pocas semanas después, el 30 de agosto, recibió una nueva orden de Felipe II para levantar otra compañía bajo el anuncio de que tendría como destino Italia y ponerse después a disposición de las instrucciones de don Juan de Austria.
Gómez Suárez de Figueroa, sin embargo, nunca llegó a embarcar hacia Italia. El propio Antonio Luis Jiménez reconoce que "se conoce poco sobre el desarrollo posterior de aquella orden real" y plantea, como posibilidad, que la compañía fuera destinada a la Serranía de Ronda, donde el conflicto todavía continuaba. El investigador montillano sí documenta, sin embargo, que en octubre de 1570, el escritor cuzqueño se dirigió por escrito a don Juan de Austria para reclamar las pagas que tenía pendientes.
Para entonces, don Lope de Figueroa había sido nombrado maestre de campo y gobernador de los presidios de la Alpujarra. Su tercio permanecía distribuido entre fuertes, castillos y poblaciones de importancia estratégica. En julio de 1571, Figueroa embarcó el tercio en Cartagena con destino a Barcelona para reunirse con don Juan de Austria, que había recibido el mando supremo de la Santa Liga antes del enfrentamiento con la armada turca en Lepanto.
La compañía del Inca Garcilaso no estuvo presente en aquella misión. Antonio Luis Jiménez deja abierta la cuestión de si continuó destinada como guarnición en las Alpujarras o en la Serranía de Ronda, sin presentar una conclusión definitiva sobre ese extremo. "La documentación permite reconstruir con mayor precisión una parte de sus servicios, pero mantiene todavía interrogantes sobre el destino final de la unidad que había mandado", comenta el investigador montillano.
Vuelta a su faceta literaria
Una vez pacificado el reino de Granada, el Inca Garcilaso retomó sus ocupaciones y emprendió su labor literaria. Su etapa militar, no obstante, no desapareció de sus escritos. El propio autor dejó referencias a sus servicios a Felipe II en la traducción de los Diálogos de Amor, donde recordó su participación en la rebelión granadina y su condición de capitán.
La misma obra contiene otra referencia a la importancia que habían tenido hasta entonces los caballos y las armas en su trayectoria personal. Años después, en su póstuma Historia general del Perú, publicada en 1616, volvió a detallar su pasado militar y afirmó haber servido a la Corona con cuatro conductas de capitán, dos concedidas por Felipe II y otras dos por don Juan de Austria.
Esa condición militar continuó acompañándolo durante el resto de su vida. Jiménez Barranco señala que “a lo largo de su vida, el Inca Garcilaso continuó usando su condición y grado de capitán de Su Majestad”. Esa referencia quedó reflejada en la portada y en los preliminares de sus obras, lo que muestra la permanencia de aquella etapa dentro de la identidad pública con la que el escritor se presentó.
Paralelismos con Miguel de Cervantes
La investigación de Jiménez Barranco establece también un paralelismo entre el Inca Garcilaso y Miguel de Cervantes, quien igualmente fue soldado del tercio de Figueroa. Ambos escritores formaron parte de la misma unidad en campañas consecutivas antes de desarrollar las trayectorias literarias que los convertirían en figuras universales.
El artículo recuerda, además, que ambos estuvieron entre los tres escritores universales escogidos por la UNESCO para proclamar el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor el 23 de abril. Como ya recogió Montilla Digital, fue la Unión Internacional de Editores —una entidad fundada en 1896 con sede en Ginebra (Suiza)— la que planteó a la Unesco que el 23 de abril de 1616 fallecieron tres grandes escritores de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. Sin embargo, esa coincidencia no se sostiene.
“Sorprende descubrir la coincidencia de ambos escritores en las filas de una misma unidad en campañas consecutivas”, reconoce el historiador montillano, que incide asimismo en el pasado castrense compartido por los dos autores bajo las banderas del tercio de Figueroa y en la presencia de los valores, las lecciones y la experiencia de aquellos años de milicia en sus respectivas obras literarias.
El estudio lleva finalmente ese vínculo histórico hasta la actualidad al identificar como unidad heredera del tercio de Figueroa al Regimiento Acorazado “Córdoba” número 10, integrado en la Brigada “Guzmán el Bueno” X y con base en Cerro Muriano, en Córdoba. Jiménez Barranco sostiene que "este regimiento mantiene el historial y el espíritu de la antigua unidad" y, por ello, plantea la incorporación del Inca Garcilaso de la Vega a su relación de capitanes ilustres.
La investigación presenta así al escritor peruano no únicamente desde la dimensión literaria que marcó su proyección histórica, sino también desde unos servicios militares ligados de forma directa a la rebelión de las Alpujarras, al tercio de don Lope de Figueroa y a los mandos de Felipe II y don Juan de Austria.
Ese recorrido discurre también por Montilla, la localidad en la que permaneció durante treinta años bajo la protección de su tío Alonso de Vargas y Figueroa y desde la que continuó su formación, su actividad ecuestre y parte de su trayectoria vital.
El Inca Garcilaso permanece enterrado en la Capilla de las Ánimas de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Allí, una lápida lo recuerda como "hombre ilustre en las letras y valiente en las armas", dos dimensiones que la investigación de Jiménez Barranco pone nuevamente en relación al reconstruir documentalmente una etapa que había quedado en buena medida eclipsada por la magnitud de su legado literario.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: J.A. AGUILAR / J.P. BELLIDO
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: J.A. AGUILAR / J.P. BELLIDO

















































