El proyecto cultural A pie de calle, impulsado por Manuel Portero Laguna para acercar el arte a la ciudadanía mediante exposiciones accesibles en espacios cotidianos, dedica su propuesta de septiembre a una obra gráfica de Eduardo Úrculo, que permanece expuesta desde el pasado martes en el escaparate de Nude, establecimiento situado en la Puerta de Aguilar, donde podrá contemplarse hasta finales de mes.
La iniciativa incorpora en esta ocasión una obra de 50 por 40 centímetros, estampada a siete tintas durante la década de los ochenta en el taller de estampación de la Galería Sen de Madrid. La composición reúne algunos de los elementos que caracterizaron la producción de Eduardo Úrculo durante aquella etapa, marcada por la presencia de viajeros, sombreros, figuras de espaldas y escenarios construidos mediante colores planos y saturados.
José Galisteo Martínez, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada, describe la escena a partir de la figura que ocupa el centro de la composición. “Un hombre de espaldas se inclina bajo un sombrero que oculta su rostro. No sabemos quién es, de dónde viene ni hacia dónde dirige sus pasos. Úrculo ha borrado cualquier indicio biográfico para convertirlo en una figura universal: el viajero, el fugitivo, acaso el hombre que se detiene un instante antes de proseguir su camino”, detalla el especialista.
La posición de este personaje determina el recorrido visual de la obra, en la que el cuerpo establece una diagonal que contrasta con la vegetación y con el intenso fondo anaranjado. Galisteo Martínez señala que “su cuerpo, alargado y rotundo, atraviesa la composición como una gran diagonal azul. Frente a él, la vegetación carnosa y elemental de los nopales parece señalar una geografía cálida, remota, casi soñada”.
El análisis también se detiene en la utilización del color y en la reducción formal propia del lenguaje artístico desarrollado por Úrculo. “Todo sucede bajo la intensidad de un cielo naranja que no describe la realidad, sino que la incendia. Se recurre aquí a un lenguaje de inequívoca raíz pop: colores planos y saturados, contornos precisos y una calculada reducción de las formas que elimina lo accesorio y concede a la escena la contundencia inmediata de un cartel. El viajero deja de ser personaje para convertirse en icono”, expone José Galisteo Martínez.
Junto a la luminosidad y la fuerza cromática de la estampa, José Galisteo identifica un componente relacionado con la soledad y el anonimato. “Bajo esa apariencia luminosa late una extraña melancolía. Este hombre no contempla el paisaje: parece escuchar el silencio que hay dentro de él. Su sombrero es refugio; su espalda, distancia; su anonimato, una forma de libertad”, añade.
El análisis concluye con una lectura del viaje como partida y transformación. Galisteo Martínez afirma que “no representa aquí un destino, sino el enigma mismo de partir. Porque viajar no siempre consiste en llegar a otro lugar. A veces significa reunir el valor necesario para dejar atrás aquello que ya no somos”.
Eduardo Úrculo Fernández nació en Santurce el 21 de septiembre de 1938. Los problemas económicos de su familia motivaron su traslado en 1941 a Sama de Langreo, en Asturias, donde las oportunidades laborales estaban vinculadas a la cuenca minera.
Tras abandonar los estudios medios, comenzó a trabajar como ayudante de topografía en una empresa minera. Durante aquellos años se interesó por el dibujo y conoció la obra de Henri de Toulouse-Lautrec, Vincent van Gogh y Amedeo Modigliani.
Una hepatitis lo obligó en 1954 a permanecer durante un largo periodo en cama, que dedicó al estudio del dibujo y la pintura. Cuando se reincorporó al trabajo, comenzó a pintar las casas, las calles y los rincones de la localidad en la que vivía. La experiencia acumulada desembocó en su primera exposición individual, celebrada en 1957 en La Felguera.
Ese mismo año empezó a dibujar cómics para el suplemento dominical del periódico asturiano La Nueva España. Posteriormente recibió una beca del Ayuntamiento de Langreo que le permitió trasladarse a Madrid para asistir a clases en el Círculo de Bellas Artes y en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Durante esta etapa centró parte de su producción en el ambiente de las fábricas y los suburbios, dentro de una fase definida como pintura social o expresionismo social.
En 1959 viajó a París, donde recibió clases en La Grande Chaumière de Montparnasse, visitó museos y exposiciones y presentó su obra Mineros de Asturias. Tras regresar a Oviedo compartió estudio con Jesús Díaz Zuco y participó en distintos proyectos y exposiciones.
El cumplimiento del servicio militar lo llevó posteriormente al Sahara español y a Canarias, donde conoció al artista surrealista Eduardo Westerdahl, cuya influencia se reflejó en una serie de obras abstractas que fueron las únicas de este tipo dentro de su trayectoria.
Después de abandonar la pintura social, Úrculo se instaló en Ibiza en 1966. Un viaje realizado al año siguiente por Alemania, Dinamarca y Suecia le permitió descubrir la obra de Andy Warhol, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg, además de establecer sus primeros contactos con el pop art estadounidense. A partir de 1970 siguió las pautas del arte pop, sustituyó el óleo por el acrílico y adoptó una paleta de colores más cálida y próxima al lenguaje de la publicidad y el cómic.
Durante la década de los ochenta, su producción abordó la soledad del hombre moderno, la figura del viajero errante y la relación del artista con su propia obra. Los viajeros, las maletas, los paraguas, los sombreros y las vistas urbanas, especialmente las de Nueva York y sus Torres Gemelas, se convirtieron entonces en algunas de sus principales señas de identidad.
Úrculo comenzó a trabajar con el bronce en 1984 y presentó sus primeros pasos en la escultura en la feria de arte contemporáneo Arco de 1985. Desde el comienzo de la década de los noventa concedió una relevancia creciente a esta disciplina, aunque nunca abandonó la pintura. Sillas vacías, equipajes, paraguas y sombreros formaron parte de un repertorio que trasladó también a diferentes esculturas urbanas.
Entre sus obras escultóricas figuran El viajero, instalada en 1991 en la estación madrileña de Atocha; Homenaje a Santiago Roldán, situada desde 1993 en los jardines de la Villa Olímpica de Barcelona; El regreso de Williams B. Arrensberg, ubicada ese mismo año en Oviedo; y Exaltación de la manzana, instalada en 1996 en el parque Ballina de Villaviciosa. También realizó Equipaje de ultramar, colocada en 2000 en la plaza de los Paragüitas de Puerto del Rosario, en Fuerteventura.
En los últimos años de su trayectoria artística se interesó igualmente por la temática oriental y otorgó protagonismo a la figura de la geisha, representada con el tradicional kimono como punto de partida para diferentes juegos compositivos geométricos y rítmicos. Eduardo Úrculo falleció en Madrid el 31 de marzo de 2003 a causa de un ataque al corazón.
Considerado uno de los principales representantes e impulsores del arte pop en España, el artista cuenta con una pinacoteca que lleva su nombre en Langreo. En 2009 también fue inaugurado en Madrid el Centro Cultural Eduardo Úrculo. Su obra gráfica podrá contemplarse durante todo septiembre en el escaparate de Nude como parte de la nueva propuesta de A pie de calle.
La iniciativa incorpora en esta ocasión una obra de 50 por 40 centímetros, estampada a siete tintas durante la década de los ochenta en el taller de estampación de la Galería Sen de Madrid. La composición reúne algunos de los elementos que caracterizaron la producción de Eduardo Úrculo durante aquella etapa, marcada por la presencia de viajeros, sombreros, figuras de espaldas y escenarios construidos mediante colores planos y saturados.
José Galisteo Martínez, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada, describe la escena a partir de la figura que ocupa el centro de la composición. “Un hombre de espaldas se inclina bajo un sombrero que oculta su rostro. No sabemos quién es, de dónde viene ni hacia dónde dirige sus pasos. Úrculo ha borrado cualquier indicio biográfico para convertirlo en una figura universal: el viajero, el fugitivo, acaso el hombre que se detiene un instante antes de proseguir su camino”, detalla el especialista.
La posición de este personaje determina el recorrido visual de la obra, en la que el cuerpo establece una diagonal que contrasta con la vegetación y con el intenso fondo anaranjado. Galisteo Martínez señala que “su cuerpo, alargado y rotundo, atraviesa la composición como una gran diagonal azul. Frente a él, la vegetación carnosa y elemental de los nopales parece señalar una geografía cálida, remota, casi soñada”.
El análisis también se detiene en la utilización del color y en la reducción formal propia del lenguaje artístico desarrollado por Úrculo. “Todo sucede bajo la intensidad de un cielo naranja que no describe la realidad, sino que la incendia. Se recurre aquí a un lenguaje de inequívoca raíz pop: colores planos y saturados, contornos precisos y una calculada reducción de las formas que elimina lo accesorio y concede a la escena la contundencia inmediata de un cartel. El viajero deja de ser personaje para convertirse en icono”, expone José Galisteo Martínez.
Junto a la luminosidad y la fuerza cromática de la estampa, José Galisteo identifica un componente relacionado con la soledad y el anonimato. “Bajo esa apariencia luminosa late una extraña melancolía. Este hombre no contempla el paisaje: parece escuchar el silencio que hay dentro de él. Su sombrero es refugio; su espalda, distancia; su anonimato, una forma de libertad”, añade.
El análisis concluye con una lectura del viaje como partida y transformación. Galisteo Martínez afirma que “no representa aquí un destino, sino el enigma mismo de partir. Porque viajar no siempre consiste en llegar a otro lugar. A veces significa reunir el valor necesario para dejar atrás aquello que ya no somos”.
Gran exponente del Arte Pop
Eduardo Úrculo Fernández nació en Santurce el 21 de septiembre de 1938. Los problemas económicos de su familia motivaron su traslado en 1941 a Sama de Langreo, en Asturias, donde las oportunidades laborales estaban vinculadas a la cuenca minera.
Tras abandonar los estudios medios, comenzó a trabajar como ayudante de topografía en una empresa minera. Durante aquellos años se interesó por el dibujo y conoció la obra de Henri de Toulouse-Lautrec, Vincent van Gogh y Amedeo Modigliani.
Una hepatitis lo obligó en 1954 a permanecer durante un largo periodo en cama, que dedicó al estudio del dibujo y la pintura. Cuando se reincorporó al trabajo, comenzó a pintar las casas, las calles y los rincones de la localidad en la que vivía. La experiencia acumulada desembocó en su primera exposición individual, celebrada en 1957 en La Felguera.
Ese mismo año empezó a dibujar cómics para el suplemento dominical del periódico asturiano La Nueva España. Posteriormente recibió una beca del Ayuntamiento de Langreo que le permitió trasladarse a Madrid para asistir a clases en el Círculo de Bellas Artes y en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Durante esta etapa centró parte de su producción en el ambiente de las fábricas y los suburbios, dentro de una fase definida como pintura social o expresionismo social.
En 1959 viajó a París, donde recibió clases en La Grande Chaumière de Montparnasse, visitó museos y exposiciones y presentó su obra Mineros de Asturias. Tras regresar a Oviedo compartió estudio con Jesús Díaz Zuco y participó en distintos proyectos y exposiciones.
El cumplimiento del servicio militar lo llevó posteriormente al Sahara español y a Canarias, donde conoció al artista surrealista Eduardo Westerdahl, cuya influencia se reflejó en una serie de obras abstractas que fueron las únicas de este tipo dentro de su trayectoria.
Después de abandonar la pintura social, Úrculo se instaló en Ibiza en 1966. Un viaje realizado al año siguiente por Alemania, Dinamarca y Suecia le permitió descubrir la obra de Andy Warhol, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg, además de establecer sus primeros contactos con el pop art estadounidense. A partir de 1970 siguió las pautas del arte pop, sustituyó el óleo por el acrílico y adoptó una paleta de colores más cálida y próxima al lenguaje de la publicidad y el cómic.
Durante la década de los ochenta, su producción abordó la soledad del hombre moderno, la figura del viajero errante y la relación del artista con su propia obra. Los viajeros, las maletas, los paraguas, los sombreros y las vistas urbanas, especialmente las de Nueva York y sus Torres Gemelas, se convirtieron entonces en algunas de sus principales señas de identidad.
Úrculo comenzó a trabajar con el bronce en 1984 y presentó sus primeros pasos en la escultura en la feria de arte contemporáneo Arco de 1985. Desde el comienzo de la década de los noventa concedió una relevancia creciente a esta disciplina, aunque nunca abandonó la pintura. Sillas vacías, equipajes, paraguas y sombreros formaron parte de un repertorio que trasladó también a diferentes esculturas urbanas.
Entre sus obras escultóricas figuran El viajero, instalada en 1991 en la estación madrileña de Atocha; Homenaje a Santiago Roldán, situada desde 1993 en los jardines de la Villa Olímpica de Barcelona; El regreso de Williams B. Arrensberg, ubicada ese mismo año en Oviedo; y Exaltación de la manzana, instalada en 1996 en el parque Ballina de Villaviciosa. También realizó Equipaje de ultramar, colocada en 2000 en la plaza de los Paragüitas de Puerto del Rosario, en Fuerteventura.
En los últimos años de su trayectoria artística se interesó igualmente por la temática oriental y otorgó protagonismo a la figura de la geisha, representada con el tradicional kimono como punto de partida para diferentes juegos compositivos geométricos y rítmicos. Eduardo Úrculo falleció en Madrid el 31 de marzo de 2003 a causa de un ataque al corazón.
Considerado uno de los principales representantes e impulsores del arte pop en España, el artista cuenta con una pinacoteca que lleva su nombre en Langreo. En 2009 también fue inaugurado en Madrid el Centro Cultural Eduardo Úrculo. Su obra gráfica podrá contemplarse durante todo septiembre en el escaparate de Nude como parte de la nueva propuesta de A pie de calle.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL


















































