El eclipse envolvió ayer el horizonte de Montilla en un halo casi mágico, gracias a una ocultación del sol próxima al 96 por ciento que estuvo acompañada de una programación especial que permitió observar el fenómeno de forma segura desde el castillo de El Gran Capitán y desde las pistas polideportivas del Colegio Salesiano.
La Luna comenzó a avanzar sobre el disco solar a las 19:41 de la tarde, situándose el punto culminante entre las 20:36 y las 20:37 horas, cuando el Sol quedó oculto en un 96 por ciento y la Campiña Sur cordobesa se sumergió en una penumbra poco habitual, a escasos minutos del ocaso. El fenómeno finalizó con la puesta de sol, que tuvo lugar a las 21:14 de la noche.
Para favorecer la contemplación del eclipse, el Ayuntamiento de Montilla, a través de la Delegación de Turismo, abrió el recinto del castillo de El Gran Capitán a las 19:30 de la tarde. La explanada de la fortaleza se convirtió así en uno de los puntos especialmente habilitados para seguir uno de los principales acontecimientos astronómicos del año desde un enclave elevado y orientado hacia el horizonte.
Con todo, tal y como había avanzado el concejal de Turismo y Promoción de Ciudad, Adrian Lapsley, el fenómeno pudo contemplarse durante buena parte de la tarde desde cualquier lugar del término municipal que dispusiera de una vista despejada hacia el oeste.
La observación debía realizarse exclusivamente mediante gafas específicas para eclipses, homologadas conforme a la norma ISO 12312-2. El Ayuntamiento puso a disposición de las personas asistentes un número limitado de estas gafas para quienes acudieran sin la protección necesaria.
Además, como complemento divulgativo, durante la actividad se proyectó el vídeo Eclipsados, producido por el Ministerio de Cultura. La iniciativa permitió contextualizar el fenómeno y acercar a la ciudadanía algunos de los conocimientos necesarios para comprender el movimiento de la Luna sobre el disco solar.
En ese sentido, el Consistorio insistió en que no debía observarse directamente el Sol ni utilizarse para ello gafas de sol convencionales, cámaras, prismáticos u otros dispositivos que no hubieran sido preparados específicamente para la observación solar. También pidió que se respetaran las indicaciones de seguridad durante toda la actividad.
Por otro lado, el Ayuntamiento recordó la necesidad de mantener la prudencia durante los desplazamientos y extremar las medidas de prevención de incendios en los espacios naturales, especialmente en un periodo marcado por las altas temperaturas. Asimismo, aconsejó consultar las previsiones meteorológicas, dado que la presencia de nubes o calima podía condicionar la visibilidad.
El Colegio Salesiano San Francisco Solano también abrió sus instalaciones a las 19:00 horas. Sus pistas deportivas, situadas en el punto más elevado del casco urbano, ofrecieron un mirador privilegiado desde el que seguir el avance de la Luna sobre el Sol y contemplar el progresivo cambio de luz sobre Montilla.
El fenómeno que oscureció parcialmente Montilla supuso también el comienzo de la denominada “Tríada de Eclipses Ibéricos”, prevista entre 2026 y 2028. Esta sucesión de acontecimientos astronómicos se incorpora a una extensa memoria local construida a través de crónicas, pliegos de cordel y testimonios sobre algunos de los episodios celestes y naturales más llamativos vividos en la Campiña Sur.
Uno de los precedentes documentales más destacados se remonta al 17 de noviembre de 1605. Aquella noche, festividad de San Acisclo y Santa Victoria, patronos de Córdoba, una llamarada rojiza apareció sobre el septentrión. El doctor Reyes de Castro, médico residente en Montilla, describió una gruesa columna de vapor inflamado, con una base blanca y un ápice “del color y la figura de la sangre”, que ascendía hacia el firmamento.
El médico dejó constancia del episodio en un pliego de cordel impreso en Córdoba con el título Pronosticación de las grandes señales que aparecieron en el cielo el jueves a las seis de la noche, día de los gloriosos mártires Acisclo y Victoria, patrones de Córdoba, a diez y siete de noviembre de mil y seiscientos y cinco años.
La obra está considerada por los historiadores como una de las descripciones primarias de una aurora boreal más antiguas escritas en lengua castellana. En sus páginas, Reyes de Castro combinó la física aristotélica de las exhalaciones terrestres con la astrología médica propia de su tiempo.
Para el doctor montillano, aquel cielo de tonalidades sangrientas presagiaba plagas de peste, la muerte de príncipes y un empeoramiento de la calidad del aire que podía provocar afecciones físicas entre los vecinos. Mientras en Montilla se interpretaba el resplandor como un presagio nefasto, con referencias a Plinio el Viejo, en otros lugares de Europa comenzaba la transición hacia explicaciones estrictamente geofísicas de las auroras de baja latitud.
La memoria celeste de la Campiña también quedó vinculada a los eclipses. Aunque las grandes sombras medievales fueron recogidas en documentos como los Anales Toledanos, de 1239, o en inscripciones como la conservada en Sos del Rey Católico, fechada en 1354, la provincia de Córdoba vivió una transformación notable durante la denominada “época dorada de los eclipses españoles”, desarrollada entre 1900 y 1912.
Durante aquellos eclipses solares totales, que atrajeron a la península ibérica a expediciones científicas internacionales, Montilla experimentó profundas ocultaciones parciales. La disminución de la luz alteró la conducta de la fauna local y llegó a paralizar la actividad agrícola mientras la sombra avanzaba sobre los campos.
Con el paso del tiempo, la tecnología sustituyó al temor ancestral. El 3 de noviembre de 2013, durante un eclipse solar híbrido, el astrónomo y divulgador montillano Paco Bellido fotografió el fenómeno desde la propia localidad mediante telescopios solares dedicados a la línea de emisión del hidrógeno alfa.
El apilado informático de las imágenes de vídeo permitió registrar las protuberancias de la cromosfera solar a pesar de la nubosidad variable. Aquella observación anticipó la precisión con la que los aficionados de la Agrupación Astronómica Montillana Mizar, con José Urbano y Paco Bellido a la cabeza, fotografían actualmente el firmamento.
De igual modo, el cielo de Montilla ha sido escenario de episodios astronómicos condicionados por el momento histórico en que se produjeron. Durante la noche del 25 al 26 de enero de 1938, en plena Guerra Civil Española, tuvo lugar la conocida como “Tormenta de Fátima”, una de las mayores tormentas geomagnéticas del siglo XX.
El fenómeno tuvo su origen en un grupo masivo de manchas solares detectado por el Observatorio de Greenwich. La radiación solar cubrió el cielo montillano de un intenso color rojo. Sin explicaciones astronómicas inmediatas, civiles y combatientes temieron que el resplandor procediera de un gran bombardeo o de incendios devastadores en municipios cercanos.
Aquella luminiscencia, con tonalidades magentas y violáceas, volvió a sorprender a los vecinos entre el 10 y el 11 de mayo de 2024, durante otra tormenta solar histórica. A estos episodios se suman las bolas de fuego cometarias que han atravesado los cielos de la comarca, como el bólido procedente del cometa 169P/NEAT, observado el 27 de julio de 2016 mientras avanzaba a 95.000 kilómetros por hora.
La memoria local conserva igualmente el recuerdo de otros fenómenos naturales. La noche del 5 de julio de 1930, un terremoto epicentral de magnitud VII-VIII en la escala de Mercalli sacudió Montilla durante doce segundos. El seísmo redujo a escombros más de 250 viviendas en calles históricas como Santa Brígida, San Francisco y Melgar, además de causar graves daños en la Parroquia de Santiago y el Hospital de San Juan de Dios.
A diferencia de aquellos tiempos dominados por los presagios y las supersticiones, Montilla contempló ayer el eclipse desde las alturas del castillo de El Gran Capitán y de las pistas del Colegio Salesiano, añadiendo así una nueva página a su prolongada crónica celeste.
La Luna comenzó a avanzar sobre el disco solar a las 19:41 de la tarde, situándose el punto culminante entre las 20:36 y las 20:37 horas, cuando el Sol quedó oculto en un 96 por ciento y la Campiña Sur cordobesa se sumergió en una penumbra poco habitual, a escasos minutos del ocaso. El fenómeno finalizó con la puesta de sol, que tuvo lugar a las 21:14 de la noche.
Para favorecer la contemplación del eclipse, el Ayuntamiento de Montilla, a través de la Delegación de Turismo, abrió el recinto del castillo de El Gran Capitán a las 19:30 de la tarde. La explanada de la fortaleza se convirtió así en uno de los puntos especialmente habilitados para seguir uno de los principales acontecimientos astronómicos del año desde un enclave elevado y orientado hacia el horizonte.
Con todo, tal y como había avanzado el concejal de Turismo y Promoción de Ciudad, Adrian Lapsley, el fenómeno pudo contemplarse durante buena parte de la tarde desde cualquier lugar del término municipal que dispusiera de una vista despejada hacia el oeste.
La observación debía realizarse exclusivamente mediante gafas específicas para eclipses, homologadas conforme a la norma ISO 12312-2. El Ayuntamiento puso a disposición de las personas asistentes un número limitado de estas gafas para quienes acudieran sin la protección necesaria.
Además, como complemento divulgativo, durante la actividad se proyectó el vídeo Eclipsados, producido por el Ministerio de Cultura. La iniciativa permitió contextualizar el fenómeno y acercar a la ciudadanía algunos de los conocimientos necesarios para comprender el movimiento de la Luna sobre el disco solar.
En ese sentido, el Consistorio insistió en que no debía observarse directamente el Sol ni utilizarse para ello gafas de sol convencionales, cámaras, prismáticos u otros dispositivos que no hubieran sido preparados específicamente para la observación solar. También pidió que se respetaran las indicaciones de seguridad durante toda la actividad.
Por otro lado, el Ayuntamiento recordó la necesidad de mantener la prudencia durante los desplazamientos y extremar las medidas de prevención de incendios en los espacios naturales, especialmente en un periodo marcado por las altas temperaturas. Asimismo, aconsejó consultar las previsiones meteorológicas, dado que la presencia de nubes o calima podía condicionar la visibilidad.
El Colegio Salesiano San Francisco Solano también abrió sus instalaciones a las 19:00 horas. Sus pistas deportivas, situadas en el punto más elevado del casco urbano, ofrecieron un mirador privilegiado desde el que seguir el avance de la Luna sobre el Sol y contemplar el progresivo cambio de luz sobre Montilla.
El fenómeno que oscureció parcialmente Montilla supuso también el comienzo de la denominada “Tríada de Eclipses Ibéricos”, prevista entre 2026 y 2028. Esta sucesión de acontecimientos astronómicos se incorpora a una extensa memoria local construida a través de crónicas, pliegos de cordel y testimonios sobre algunos de los episodios celestes y naturales más llamativos vividos en la Campiña Sur.
Uno de los precedentes documentales más destacados se remonta al 17 de noviembre de 1605. Aquella noche, festividad de San Acisclo y Santa Victoria, patronos de Córdoba, una llamarada rojiza apareció sobre el septentrión. El doctor Reyes de Castro, médico residente en Montilla, describió una gruesa columna de vapor inflamado, con una base blanca y un ápice “del color y la figura de la sangre”, que ascendía hacia el firmamento.
El médico dejó constancia del episodio en un pliego de cordel impreso en Córdoba con el título Pronosticación de las grandes señales que aparecieron en el cielo el jueves a las seis de la noche, día de los gloriosos mártires Acisclo y Victoria, patrones de Córdoba, a diez y siete de noviembre de mil y seiscientos y cinco años.
La obra está considerada por los historiadores como una de las descripciones primarias de una aurora boreal más antiguas escritas en lengua castellana. En sus páginas, Reyes de Castro combinó la física aristotélica de las exhalaciones terrestres con la astrología médica propia de su tiempo.
Para el doctor montillano, aquel cielo de tonalidades sangrientas presagiaba plagas de peste, la muerte de príncipes y un empeoramiento de la calidad del aire que podía provocar afecciones físicas entre los vecinos. Mientras en Montilla se interpretaba el resplandor como un presagio nefasto, con referencias a Plinio el Viejo, en otros lugares de Europa comenzaba la transición hacia explicaciones estrictamente geofísicas de las auroras de baja latitud.
La memoria celeste de la Campiña también quedó vinculada a los eclipses. Aunque las grandes sombras medievales fueron recogidas en documentos como los Anales Toledanos, de 1239, o en inscripciones como la conservada en Sos del Rey Católico, fechada en 1354, la provincia de Córdoba vivió una transformación notable durante la denominada “época dorada de los eclipses españoles”, desarrollada entre 1900 y 1912.
Durante aquellos eclipses solares totales, que atrajeron a la península ibérica a expediciones científicas internacionales, Montilla experimentó profundas ocultaciones parciales. La disminución de la luz alteró la conducta de la fauna local y llegó a paralizar la actividad agrícola mientras la sombra avanzaba sobre los campos.
Con el paso del tiempo, la tecnología sustituyó al temor ancestral. El 3 de noviembre de 2013, durante un eclipse solar híbrido, el astrónomo y divulgador montillano Paco Bellido fotografió el fenómeno desde la propia localidad mediante telescopios solares dedicados a la línea de emisión del hidrógeno alfa.
El apilado informático de las imágenes de vídeo permitió registrar las protuberancias de la cromosfera solar a pesar de la nubosidad variable. Aquella observación anticipó la precisión con la que los aficionados de la Agrupación Astronómica Montillana Mizar, con José Urbano y Paco Bellido a la cabeza, fotografían actualmente el firmamento.
De igual modo, el cielo de Montilla ha sido escenario de episodios astronómicos condicionados por el momento histórico en que se produjeron. Durante la noche del 25 al 26 de enero de 1938, en plena Guerra Civil Española, tuvo lugar la conocida como “Tormenta de Fátima”, una de las mayores tormentas geomagnéticas del siglo XX.
El fenómeno tuvo su origen en un grupo masivo de manchas solares detectado por el Observatorio de Greenwich. La radiación solar cubrió el cielo montillano de un intenso color rojo. Sin explicaciones astronómicas inmediatas, civiles y combatientes temieron que el resplandor procediera de un gran bombardeo o de incendios devastadores en municipios cercanos.
Aquella luminiscencia, con tonalidades magentas y violáceas, volvió a sorprender a los vecinos entre el 10 y el 11 de mayo de 2024, durante otra tormenta solar histórica. A estos episodios se suman las bolas de fuego cometarias que han atravesado los cielos de la comarca, como el bólido procedente del cometa 169P/NEAT, observado el 27 de julio de 2016 mientras avanzaba a 95.000 kilómetros por hora.
La memoria local conserva igualmente el recuerdo de otros fenómenos naturales. La noche del 5 de julio de 1930, un terremoto epicentral de magnitud VII-VIII en la escala de Mercalli sacudió Montilla durante doce segundos. El seísmo redujo a escombros más de 250 viviendas en calles históricas como Santa Brígida, San Francisco y Melgar, además de causar graves daños en la Parroquia de Santiago y el Hospital de San Juan de Dios.
A diferencia de aquellos tiempos dominados por los presagios y las supersticiones, Montilla contempló ayer el eclipse desde las alturas del castillo de El Gran Capitán y de las pistas del Colegio Salesiano, añadiendo así una nueva página a su prolongada crónica celeste.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: PABLO PORTERO / F.J. PORTERO RUIZ
FOTOGRAFÍA: PABLO PORTERO / F.J. PORTERO RUIZ

















































