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Maquillaje y protección solar: claves para combinar ambos productos

El maquillaje con factor de protección solar se ha convertido en el aliado perfecto para quienes buscan lucir un rostro luminoso reduciendo el impacto de la radiación ultravioleta. En una localidad como Montilla, sometida desde la primavera —y, especialmente, en verano— a los rigores del sol, la exposición no se limita a espacios como la piscina o las zonas al aire libre. Por eso, el maquillaje con protección UV, las bases, los correctores, los polvos o los labiales con factor de protección solar (FPS) ofrecen una alternativa práctica y sencilla de usar.


Sin embargo, la comodidad no debe crear una falsa sensación de seguridad y, por ello, conviene entender cuáles son las características exactas de cada producto. El factor de protección solar, o FPS, indica principalmente la defensa frente a los rayos UVB, responsables de las quemaduras sobre la piel. La mención «amplio espectro» añade protección frente a los UVA, relacionados con el fotoenvejecimiento y también con el daño cutáneo.

Instituciones como la Academia Americana de Dermatología aconsejan elegir protección de amplio espectro, resistente al agua y con FPS 30 o superior. El maquillaje puede cumplir esos requisitos, pero, en ocasiones, para alcanzar el nivel de protección deseado habría que aplicar una capa mucho más generosa de base o polvos de la que suele ser habitual.

Y es que el FPS de una base no debe interpretarse como una suma. Colocar un producto con FPS 30 sobre otro con FPS 30 no genera una protección 60. La cobertura final depende de la fórmula, la cantidad, la distribución y el desgaste provocado por el sudor, el roce o las horas que han pasado desde que se aplicó el maquillaje. Tampoco un FPS elevado permite permanecer más tiempo al sol sin precauciones.

La rutina de belleza más sensata empieza con el cuidado facial y continúa con un maquillaje con fotoprotector específico. En ocasiones, además, puede utilizarse la base con FPS como refuerzo, pero no como sustituto automático. La recomendación resulta especialmente útil cuando vaya a haber una exposición directa, por paseos prolongados o comidas al aire libre, por ejemplo. Y no debe olvidarse que otras zonas del cuerpo —orejas, cuello, escote y labios— también necesitan atención.

De igual modo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos recomienda renovar el protector, al menos, cada dos horas y con mayor frecuencia después de nadar o sudar. Sobre un maquillaje ya terminado, un compacto o unos polvos con protección pueden facilitar el retoque, pero deben emplearse en la cantidad indicada.

Además, la textura importa casi tanto como la cantidad. Las pieles grasas suelen agradecer fórmulas ligeras y no comedogénicas; las secas, productos cremosos; y las sensibles, composiciones sin perfume que resulten tolerables. Los protectores con color pueden evitar el rastro blanquecino y, si incorporan óxido de hierro, son capaces de sumar defensas frente a la luz visible, un aspecto relevante para personas con tendencia a las manchas.

Sin duda, el mejor maquillaje solar es el que se aplica de manera constante y consciente. Revisar la fecha de caducidad del producto, leer las indicaciones y combinar el producto con sombra, gafas y sombrero convierte un gesto estético en una rutina de salud.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
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