La quinta Travesía Senderista San Juan de Ávila recorrerá esta noche los 55 kilómetros que unen Córdoba y Montilla, en una marcha nocturna que recupera el histórico itinerario que el santo realizó en numerosas ocasiones entre dos lugares estrechamente vinculados a su vida, a su ministerio sacerdotal y a su legado espiritual.
La iniciativa alcanza este año su quinta edición consolidándose como una de las propuestas de peregrinación más singulares de la Diócesis. El recorrido podrá realizarse en ambos sentidos, Córdoba-Montilla o Montilla-Córdoba, evocando los frecuentes desplazamientos de San Juan de Ávila hacia la Catedral de Córdoba, como Iglesia Madre de la diócesis, y su regreso a Montilla, ciudad donde descansan sus restos y que se ha convertido en un importante destino de peregrinación.
Además, la travesía mantiene uno de sus rasgos más característicos: su desarrollo durante la noche. Esta circunstancia aporta a la experiencia un significado especial, más allá del esfuerzo físico que supone completar un itinerario de 55 kilómetros. El silencio nocturno, la contemplación del cielo estrellado y la inmensidad de la creación se convierten, durante la marcha, en espacios propicios para la oración, la reflexión y el encuentro entre lo humano y lo divino.
En ese sentido, el rector de la Basílica, Fernando Suárez, subrayó el valor espiritual de una propuesta que invita a los participantes a vivir el camino desde una dimensión interior. La travesía no se plantea únicamente como una actividad senderista, sino como una experiencia de peregrinación que permite recorrer, con los pasos de hoy, una ruta marcada por la memoria de uno de los grandes referentes de la Iglesia en España.
Y es que el quinto aniversario de esta iniciativa llega en un momento en el que el camino se ha afianzado como una oportunidad para acercar a muchas personas a la Iglesia, incluso a quienes habitualmente no mantienen un contacto cercano con ella. Desde esa perspectiva, la marcha abre una vía de encuentro a través del patrimonio, la historia, el silencio y la espiritualidad compartida.
Por otro lado, el itinerario permitirá descubrir dos enclaves fundamentales en la vida y en la memoria de San Juan de Ávila: la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y la Basílica de San Juan de Ávila en Montilla. En este último templo, los peregrinos podrán encomendarse a la intercesión del patrono del clero secular español, cuyas reliquias reposan en el altar mayor de la antigua iglesia de La Encarnación, situada en la calle Corredera.
De igual modo, al finalizar la travesía, los caminantes recibirán la "avilana", la acreditación que certifica la realización completa del recorrido. Este documento se ha convertido en uno de los símbolos de una experiencia que une esfuerzo, memoria histórica y devoción, en torno a una figura estrechamente ligada a Montilla y a la Diócesis de Córdoba.
San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo, en la provincia de Ciudad Real, el 6 de enero del año 1500. A lo largo de su vida, fundó centros de Teología y Humanidades en Baeza, Granada y Córdoba, así como colegios en distintas ciudades andaluzas como Jerez de la Frontera, Priego de Córdoba, Montilla, Úbeda, Sevilla, Alcalá de Guadaira, Palma del Río y Écija.
Asimismo, su influencia trascendió fronteras y llegó a orientar espiritualmente a figuras de la talla de san Francisco de Borja, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús o fray Luis de Granada. Su capacidad de predicación y su pensamiento teológico lo situaron como una de las voces más relevantes de la renovación espiritual del siglo XVI.
En 1535 marchó a Córdoba, llamado por el obispo Álvarez de Toledo, y conoció allí a fray Luis de Granada. Desde entonces, organizó predicaciones por los pueblos andaluces, especialmente por las sierras de Córdoba, y consiguió conversiones muy sonadas de personas de alto rango. Su dominio de la oratoria dejó una profunda huella entre quienes lo escucharon predicar.
También trabó amistad con el nuevo obispo de Córdoba, Cristóbal de Rojas, al que dirigió las Advertencias al Concilio de Toledo redactadas por su mano. Intervino, además, en la conversión del Duque de Gandía, futuro san Francisco de Borja, y del soldado y entonces librero ambulante portugués João Cidade Duarte, que llegaría a ser san Juan de Dios.
Por otro lado, San Juan de Ávila no solo evangelizó por la actual Andalucía, sino que también recorrió el sur de La Mancha y Extremadura. Fundó numerosos seminarios y colegios, animó a la creación de la Compañía de Jesús y organizó la Universidad de Baeza, en una trayectoria marcada por la enseñanza, la predicación y el impulso de nuevas estructuras educativas y religiosas.
En Montilla, su huella es profunda y visible. La antigua iglesia de La Encarnación, hoy Basílica Menor Pontificia de San Juan de Ávila, conserva sus reliquias en el altar mayor. El templo, cuya construcción comenzó en 1726, no fue concluido hasta 1949, tras más de dos siglos de avatares históricos. Desde allí, el legado del santo sigue inspirando a quienes se acercan a conocer su vida, sus escritos y su compromiso con la renovación espiritual y educativa del siglo XVI.
San Juan de Ávila también fue un hombre de pensamiento y acción. Preparó memoriales para los concilios de Trento y Toledo, contribuyendo con sus reflexiones teológicas a consolidar la relevancia de Montilla como centro intelectual y religioso durante el Siglo de Oro. Su figura, tanto en el ámbito religioso como en el cultural, continúa asociada a la sabiduría, la humildad y el servicio.
Enfermo desde 1554, siguió en activo durante quince años, hasta que su salud empeoró visiblemente en 1569. Murió el 10 de mayo de ese mismo año en Montilla y fue enterrado en la Iglesia de la Encarnación, el mismo lugar que hoy custodia sus reliquias y que constituye uno de los principales puntos de referencia para la devoción avilista.
El 7 de octubre de 2012, el Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia Universal. Fue un momento histórico para la comunidad cristiana y, especialmente, para Montilla. Algunos vecinos viajaron hasta Roma para presenciar en directo el reconocimiento del asceta manchego, que se unía así a otros grandes doctores nacidos en España, como san Isidoro de Sevilla, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz.
Finalmente, el 6 de abril de 2019, 450 años después de su muerte en la localidad, Montilla declaró Hijo Adoptivo de la ciudad a San Juan de Ávila. Este reconocimiento, orientado a poner en valor la dimensión intelectual, eclesial y espiritual del santo, sirvió para dar inicio a la celebración de un nuevo Año Jubilar en honor al Doctor de la Iglesia Universal, que se prolongó hasta el 31 de mayo de 2020 y que conmemoró el 450.º aniversario de su muerte, los 125 años de su beatificación y el 50.º aniversario de su canonización.
La iniciativa alcanza este año su quinta edición consolidándose como una de las propuestas de peregrinación más singulares de la Diócesis. El recorrido podrá realizarse en ambos sentidos, Córdoba-Montilla o Montilla-Córdoba, evocando los frecuentes desplazamientos de San Juan de Ávila hacia la Catedral de Córdoba, como Iglesia Madre de la diócesis, y su regreso a Montilla, ciudad donde descansan sus restos y que se ha convertido en un importante destino de peregrinación.
Además, la travesía mantiene uno de sus rasgos más característicos: su desarrollo durante la noche. Esta circunstancia aporta a la experiencia un significado especial, más allá del esfuerzo físico que supone completar un itinerario de 55 kilómetros. El silencio nocturno, la contemplación del cielo estrellado y la inmensidad de la creación se convierten, durante la marcha, en espacios propicios para la oración, la reflexión y el encuentro entre lo humano y lo divino.
En ese sentido, el rector de la Basílica, Fernando Suárez, subrayó el valor espiritual de una propuesta que invita a los participantes a vivir el camino desde una dimensión interior. La travesía no se plantea únicamente como una actividad senderista, sino como una experiencia de peregrinación que permite recorrer, con los pasos de hoy, una ruta marcada por la memoria de uno de los grandes referentes de la Iglesia en España.
Y es que el quinto aniversario de esta iniciativa llega en un momento en el que el camino se ha afianzado como una oportunidad para acercar a muchas personas a la Iglesia, incluso a quienes habitualmente no mantienen un contacto cercano con ella. Desde esa perspectiva, la marcha abre una vía de encuentro a través del patrimonio, la historia, el silencio y la espiritualidad compartida.
Por otro lado, el itinerario permitirá descubrir dos enclaves fundamentales en la vida y en la memoria de San Juan de Ávila: la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y la Basílica de San Juan de Ávila en Montilla. En este último templo, los peregrinos podrán encomendarse a la intercesión del patrono del clero secular español, cuyas reliquias reposan en el altar mayor de la antigua iglesia de La Encarnación, situada en la calle Corredera.
De igual modo, al finalizar la travesía, los caminantes recibirán la "avilana", la acreditación que certifica la realización completa del recorrido. Este documento se ha convertido en uno de los símbolos de una experiencia que une esfuerzo, memoria histórica y devoción, en torno a una figura estrechamente ligada a Montilla y a la Diócesis de Córdoba.
San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo, en la provincia de Ciudad Real, el 6 de enero del año 1500. A lo largo de su vida, fundó centros de Teología y Humanidades en Baeza, Granada y Córdoba, así como colegios en distintas ciudades andaluzas como Jerez de la Frontera, Priego de Córdoba, Montilla, Úbeda, Sevilla, Alcalá de Guadaira, Palma del Río y Écija.
Asimismo, su influencia trascendió fronteras y llegó a orientar espiritualmente a figuras de la talla de san Francisco de Borja, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús o fray Luis de Granada. Su capacidad de predicación y su pensamiento teológico lo situaron como una de las voces más relevantes de la renovación espiritual del siglo XVI.
En 1535 marchó a Córdoba, llamado por el obispo Álvarez de Toledo, y conoció allí a fray Luis de Granada. Desde entonces, organizó predicaciones por los pueblos andaluces, especialmente por las sierras de Córdoba, y consiguió conversiones muy sonadas de personas de alto rango. Su dominio de la oratoria dejó una profunda huella entre quienes lo escucharon predicar.
También trabó amistad con el nuevo obispo de Córdoba, Cristóbal de Rojas, al que dirigió las Advertencias al Concilio de Toledo redactadas por su mano. Intervino, además, en la conversión del Duque de Gandía, futuro san Francisco de Borja, y del soldado y entonces librero ambulante portugués João Cidade Duarte, que llegaría a ser san Juan de Dios.
Por otro lado, San Juan de Ávila no solo evangelizó por la actual Andalucía, sino que también recorrió el sur de La Mancha y Extremadura. Fundó numerosos seminarios y colegios, animó a la creación de la Compañía de Jesús y organizó la Universidad de Baeza, en una trayectoria marcada por la enseñanza, la predicación y el impulso de nuevas estructuras educativas y religiosas.
En Montilla, su huella es profunda y visible. La antigua iglesia de La Encarnación, hoy Basílica Menor Pontificia de San Juan de Ávila, conserva sus reliquias en el altar mayor. El templo, cuya construcción comenzó en 1726, no fue concluido hasta 1949, tras más de dos siglos de avatares históricos. Desde allí, el legado del santo sigue inspirando a quienes se acercan a conocer su vida, sus escritos y su compromiso con la renovación espiritual y educativa del siglo XVI.
San Juan de Ávila también fue un hombre de pensamiento y acción. Preparó memoriales para los concilios de Trento y Toledo, contribuyendo con sus reflexiones teológicas a consolidar la relevancia de Montilla como centro intelectual y religioso durante el Siglo de Oro. Su figura, tanto en el ámbito religioso como en el cultural, continúa asociada a la sabiduría, la humildad y el servicio.
Enfermo desde 1554, siguió en activo durante quince años, hasta que su salud empeoró visiblemente en 1569. Murió el 10 de mayo de ese mismo año en Montilla y fue enterrado en la Iglesia de la Encarnación, el mismo lugar que hoy custodia sus reliquias y que constituye uno de los principales puntos de referencia para la devoción avilista.
El 7 de octubre de 2012, el Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia Universal. Fue un momento histórico para la comunidad cristiana y, especialmente, para Montilla. Algunos vecinos viajaron hasta Roma para presenciar en directo el reconocimiento del asceta manchego, que se unía así a otros grandes doctores nacidos en España, como san Isidoro de Sevilla, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz.
Finalmente, el 6 de abril de 2019, 450 años después de su muerte en la localidad, Montilla declaró Hijo Adoptivo de la ciudad a San Juan de Ávila. Este reconocimiento, orientado a poner en valor la dimensión intelectual, eclesial y espiritual del santo, sirvió para dar inicio a la celebración de un nuevo Año Jubilar en honor al Doctor de la Iglesia Universal, que se prolongó hasta el 31 de mayo de 2020 y que conmemoró el 450.º aniversario de su muerte, los 125 años de su beatificación y el 50.º aniversario de su canonización.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA (ARCHIVO)
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA (ARCHIVO)


















































