La Hermandad del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Paz conmemora este año en Montilla el vigésimo quinto aniversario de la bendición de Santa María Magdalena, una de las imágenes más representativas de la corporación del Domingo de Resurrección y una pieza fundamental del actual misterio del Resucitado, que forma parte del grupo escultórico de Las Tres Marías.
La efeméride ofrece la oportunidad de recordar la devoción que la hermandad profesa desde hace veinticinco años a la considerada apóstol de los apóstoles. Su incorporación enriqueció tanto el patrimonio artístico de la corporación de Santiago Apóstol como la configuración de una procesión que, a lo largo de las últimas décadas, ha experimentado diferentes transformaciones.
La imagen fue realizada por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo y protagonizó su primera salida procesional en 2002. Las inclemencias meteorológicas provocaron aquel año la suspensión de la estación de penitencia y obligaron a trasladar la talla desde la Ermita de la Rosa hasta la Parroquia de Santiago.
En aquella lluviosa mañana del Domingo de Resurrección, Santa María Magdalena recorrió en solitario las calles de Montilla sobre un trono plateado portado por hermanas de la corporación. La Centuria Romana Munda acompañó musicalmente el cortejo, que pudo contemplarse, entre otros lugares, durante su subida por la calle Gran Capitán. Aquella estampa marcó el comienzo de una nueva etapa para la hermandad.
Tras este primer estreno, la procesión del Domingo de Resurrección mantuvo durante años uno de los momentos más característicos de la Semana Santa montillana. Santa María Magdalena salía desde la Ermita de la Rosa para dirigirse al encuentro del Santísimo Cristo Resucitado, cuyo recorrido comenzaba en la Parroquia de Santiago.
Ambas comitivas se encontraban a la altura de la Casa Salesiana, donde tenía lugar el tradicional acto del Encuentro. Durante esta celebración se daba lectura al pasaje evangélico relacionado con la Resurrección, una práctica que continúa realizándose en la actualidad pese a los cambios introducidos posteriormente en la organización del cortejo.
Por otro lado, la evolución del misterio prosiguió hasta 2006, cuando se incorporó la imagen de Santa María de Cleofás, también realizada por Antonio Bernal Redondo. Su llegada permitió completar el conjunto escultórico de las Tres Marías. La salida independiente de Santa María Magdalena desde la Ermita de la Rosa y su posterior encuentro con el Resucitado se mantuvieron hasta 2019. Aquella disposición daba lugar a dos comitivas diferentes que terminaban confluyendo ante la Casa Salesiana, creando una de las escenas más reconocibles de la mañana del Domingo de Resurrección en Montilla.
Sin embargo, la configuración de la procesión cambió en 2022. La falta de portadores obligó a la hermandad a reorganizar el cortejo y a situar Las Tres Marías junto al Santísimo Cristo Resucitado sobre un mismo paso.
Con esta modificación desaparecieron tanto la salida independiente desde la Ermita de la Rosa como el acto del Encuentro en la forma en que se había desarrollado durante dos décadas. La lectura del pasaje evangélico sí permaneció dentro de la celebración del Domingo de Resurrección.
En este contexto, las bodas de plata de la bendición de Santa María Magdalena permiten recorrer la historia reciente de la Hermandad del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Paz. La talla de Antonio Bernal Redondo continúa ocupando un lugar esencial en el misterio y en la devoción que la corporación ha mantenido hacia esta figura evangélica durante los últimos veinticinco años.
La efeméride ofrece la oportunidad de recordar la devoción que la hermandad profesa desde hace veinticinco años a la considerada apóstol de los apóstoles. Su incorporación enriqueció tanto el patrimonio artístico de la corporación de Santiago Apóstol como la configuración de una procesión que, a lo largo de las últimas décadas, ha experimentado diferentes transformaciones.
La imagen fue realizada por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo y protagonizó su primera salida procesional en 2002. Las inclemencias meteorológicas provocaron aquel año la suspensión de la estación de penitencia y obligaron a trasladar la talla desde la Ermita de la Rosa hasta la Parroquia de Santiago.
En aquella lluviosa mañana del Domingo de Resurrección, Santa María Magdalena recorrió en solitario las calles de Montilla sobre un trono plateado portado por hermanas de la corporación. La Centuria Romana Munda acompañó musicalmente el cortejo, que pudo contemplarse, entre otros lugares, durante su subida por la calle Gran Capitán. Aquella estampa marcó el comienzo de una nueva etapa para la hermandad.
Tras este primer estreno, la procesión del Domingo de Resurrección mantuvo durante años uno de los momentos más característicos de la Semana Santa montillana. Santa María Magdalena salía desde la Ermita de la Rosa para dirigirse al encuentro del Santísimo Cristo Resucitado, cuyo recorrido comenzaba en la Parroquia de Santiago.
Ambas comitivas se encontraban a la altura de la Casa Salesiana, donde tenía lugar el tradicional acto del Encuentro. Durante esta celebración se daba lectura al pasaje evangélico relacionado con la Resurrección, una práctica que continúa realizándose en la actualidad pese a los cambios introducidos posteriormente en la organización del cortejo.
Por otro lado, la evolución del misterio prosiguió hasta 2006, cuando se incorporó la imagen de Santa María de Cleofás, también realizada por Antonio Bernal Redondo. Su llegada permitió completar el conjunto escultórico de las Tres Marías. La salida independiente de Santa María Magdalena desde la Ermita de la Rosa y su posterior encuentro con el Resucitado se mantuvieron hasta 2019. Aquella disposición daba lugar a dos comitivas diferentes que terminaban confluyendo ante la Casa Salesiana, creando una de las escenas más reconocibles de la mañana del Domingo de Resurrección en Montilla.
Sin embargo, la configuración de la procesión cambió en 2022. La falta de portadores obligó a la hermandad a reorganizar el cortejo y a situar Las Tres Marías junto al Santísimo Cristo Resucitado sobre un mismo paso.
Con esta modificación desaparecieron tanto la salida independiente desde la Ermita de la Rosa como el acto del Encuentro en la forma en que se había desarrollado durante dos décadas. La lectura del pasaje evangélico sí permaneció dentro de la celebración del Domingo de Resurrección.
En este contexto, las bodas de plata de la bendición de Santa María Magdalena permiten recorrer la historia reciente de la Hermandad del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora de la Paz. La talla de Antonio Bernal Redondo continúa ocupando un lugar esencial en el misterio y en la devoción que la corporación ha mantenido hacia esta figura evangélica durante los últimos veinticinco años.
ÁLVARO CARRASCO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO (ARCHIVO)
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO (ARCHIVO)















































