Ir al contenido principal

Carlos Serrano | Maullidos de mar

El mar estaba delante de él, susurrando con la sal la promesa de libertad que traían consigo el sol y la espuma blanca al chocar contra las rocas. Al cerrar los ojos, los sonidos marinos le bajaban las pulsaciones. El azul del Mediterráneo se mezclaba con los barcos blancos que se mecían en el puerto, pacientes, a la espera de cumplir su misión en un nuevo viaje. A pesar de que desde su posición podían verse bastantes viviendas de construcción reciente, no esperaba que los veraneantes llenasen aquel escenario hasta bien entrado el mes de agosto. Tenía hasta entonces para enfrentarse a la pantalla en blanco que reinaba en su ordenador.


A pesar de que desde su posición podían verse bastantes viviendas de construcción reciente, no esperaba que los veraneantes llenasen aquel escenario hasta bien entrado el mes de agosto. Tenía hasta entonces para enfrentarse a la pantalla en blanco que reinaba en su ordenador. de familias se preparaba para partir en lo que parecía claramente una ruta de ocio por las islas cercanas. La vida estaba perfectamente definida frente a sus ojos: unos salían al mar para ganársela; otros, para celebrarla.

Pero, por una vez, la literatura no era lo importante. Desde su silla, pidió otra ronda y se limitó a observar a los pescadores faenar y preparar sus embarcaciones. A escasos metros, el escenario era bien distinto: un grupo de familias se preparaba para partir en lo que parecía claramente una ruta de ocio por las islas cercanas. La vida estaba perfectamente definida frente a sus ojos: unos salían al mar para ganársela; otros, para celebrarla.

LAGAR LA PRIMILLA - SIERRA DE MONTILLA - VINOS ARTESANOS Y ACEITE DE OLIVA

No pudo evitar pensar que su amado paisaje daba al mismo tiempo que quitaba. En su imaginación de ciudad, aquella inmensa cantidad de agua era una especie de dios caprichoso que disponía de todo cuanto estuviera a su alcance para pasar el tiempo.

En ocasiones, enfadado, provocaba temporales y naufragios, esas tormentas que tantas vidas habían segado desde que el ser humano desarrollara el noble arte de la pesca. Sin embargo, también se permitía días felices: reflejaba la luz del sol e invitaba a quienes tenían la oportunidad de sumergirse en su interior a entregarse a un liberador chapuzón.

Tantos poemas escritos en su nombre no podían estar equivocados. Quizá el verano fuera su estación de mayor gloria, pero tampoco podían olvidarse las reflexiones y añoranzas que llegaban en invierno al contemplar su líquida figura. Todo era belleza, en su justa medida.

GRUPO CAMPIÑA SUR CORDOBESA — AYUDAS ESTRATEGIA DE DESARROLLO LOCAL LEADER 2023-2027

Era inevitable: si venía a colación el concepto de belleza, no podía dejar de pensar en Sonia. En su memoria quedaba aquel viaje que realizó siendo estudiante. Tumbados en las rocas, ella se mostró como una persona con la que podía hablarse de cualquier tema.

Su sentido del humor era la mejor carta de presentación de su inteligencia y no perdía ocasión de recordarle que se le notaba demasiado que era de ciudad. Es cierto: ella era la mejor embajadora de aquel pueblo costero. Su sonrisa era cautivadora y en sus ojos podía verse reflejado el mismo tono azul de aquel cielo que vigilaba sus movimientos.

Le habría gustado ver su cara cuando lo felicitó, mediante un audio de WhatsApp, por la publicación de su última novela; saber si imaginaba que, en parte, aquellas conversaciones habían sido el motor secreto que necesitaba para sentarse a escribir. En otras palabras, ella era su novela. O quizá la novela siempre había sido ella.

COOPERATIVA AGRÍCOLA LA UNIÓN (MONTILLA) — VÍBELO — BLANCO PEDRO XIMÉNEZ FRIZZANTE

Sin moverse de su asiento, apagó el ordenador y comenzó a llenar de frases inconexas las hojas de la libreta que compró en la tienda de recuerdos de la estación. No podía ser de otra manera: la portada del cuaderno estaba llena de motivos marineros. El faro y un par de gaviotas eran los absolutos protagonistas.

No tenía un objetivo claro cuando comenzó a llenar sus páginas, pero sí una meta precisa: plasmar la misma tranquilidad que estaba viviendo entre aquel conjunto de piedras antiguas, sal y color blanco presente en las casas bajas que formaban el paseo marítimo.

Llevaría aproximadamente cuatro folios cuando un gato callejero empezó a reclamar su atención desesperadamente. Era la hora de comer, y pensó que aquella compañía no era peor que la de muchas personas. En honor a su compañero de calle, pidió un plato de pescado. Compartió con el felino los restos y un poco de pan, que el animal comió con gusto, feliz de que le hubiera salido bien la apuesta de pedir comida a la primera oportunidad.

EUSA - GRADOS UNIVERSITARIOS OFICIALES EN SEVILLA

Cuando pidió el café, el felino rondaba ya el resto de las mesas del pequeño local. Poco a poco fueron llegando otros compañeros gatunos, igual de adorables e igual de hambrientos. Pensó que era triste no poder dejarse una nómina en pedir una buena mariscada para aquel conjunto de bigotes y maullidos.

Era la hora de volver a casa y echarse la siesta antes de un buen paseo nocturno que lo llevaría al faro y a una nueva sesión de manchar páginas del cuaderno. Su editora no esperaba a nadie y los correos pidiendo adelantos del libro eran cada vez más frecuentes. Al levantarse de la mesa y dejar la propina, dejó atrás a los pescadores y su faena, al mar chocando contra las rocas y a la orquesta peluda pidiendo pescado.

La cama del hotel lo transportó a un sueño profundo y, antes de caer por completo en las garras de Morfeo, se prometió a sí mismo que, si algún día tenía la suerte de tener algo de dinero, compraría una casa frente al mar e impediría que los gatos del puerto pasaran hambre.


AGUAS DE MONTILLA

TEBEREÉ DISCO PUB MONTILLA


Quiénes somos
© 2020 Montilla Digital
C/ Fuente Álamo, 34
E-14550 Montilla (Córdoba) · ESPAÑA
montilladigital@gmail.com
ISSN: 3101-0377
ROMDA: VZ1I5LUCNM

Designed by Open Themes & Nahuatl.mx.