El Ayuntamiento de Montilla recibió ayer al obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, en una recepción institucional celebrada en el Consistorio con motivo de la festividad de San Juan de Ávila, una de las citas religiosas más destacadas del calendario diocesano y local, que reunió en la ciudad al clero cordobés en torno a la figura del Maestro de santos y patrón del clero secular español.
El acto estuvo presidido por el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, junto a miembros de la Corporación municipal, en la que supuso la primera visita oficial del prelado al Ayuntamiento desde su llegada a la Diócesis de Córdoba. La recepción sirvió, además, para reforzar los lazos de colaboración entre ambas instituciones y abordar futuras líneas de trabajo conjuntas vinculadas a la promoción cultural, patrimonial y turística de la ciudad en torno a la figura de San Juan de Ávila.
Durante su intervención, el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, dio la bienvenida al obispo y destacó el simbolismo de esta visita en el contexto de la celebración avilista. “Para Montilla es muy importante recibir a nuestro obispo en este contexto, en torno a la figura de San Juan de Ávila, que forma parte esencial de nuestra identidad como ciudad”, señaló el regidor.
Además, el primer edil subrayó el papel de Montilla como enclave estrechamente vinculado al legado del santo y recordó algunos de los proyectos impulsados por el Ayuntamiento relacionados con el turismo religioso y la puesta en valor del patrimonio avilista. En ese sentido, afirmó que “personajes como San Juan de Ávila nos sitúan en el ámbito mundial, pero también representan unos valores que queremos seguir proyectando como ciudad”.
Por su parte, el obispo de Córdoba agradeció la acogida institucional recibida en el Consistorio y mostró su satisfacción por visitar Montilla en una jornada marcada por la celebración del patrón del clero secular español. “Me siento muy feliz de acudir a esta ciudad con tanta historia y con una importante tradición de santidad”, expresó monseñor Jesús Fernández.
De igual modo, el prelado puso en valor la figura de San Juan de Ávila, al que definió como “un punto fundamental en la historia de la espiritualidad sacerdotal y un modelo no solo para los sacerdotes, sino para toda la sociedad”. Asimismo, recordó la dimensión misionera, cultural y social del santo, destacando su atención a las personas más necesitadas y su papel como referente espiritual.
El obispo también agradeció “la cercanía y el apoyo que siempre ha mostrado esta ciudad hacia la Iglesia y sus sacerdotes”, resaltando la colaboración mantenida entre el Ayuntamiento de Montilla y la Diócesis de Córdoba a lo largo de los años.
Tras la recepción oficial en el Ayuntamiento, monseñor Jesús Fernández continuó con la agenda prevista en la localidad participando en los actos conmemorativos celebrados en honor a San Juan de Ávila en la Basílica que custodia sus restos mortales. La festividad, que este año se adelantó tres días, reunió ayer jueves al clero cordobés en Montilla para honrar al Maestro de santos en una celebración marcada, además, por el 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.
Durante la eucaristía, el obispo centró su homilía en las imágenes evangélicas de “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”, tomadas del Evangelio de San Mateo, para reflexionar sobre la misión sacerdotal y el compromiso de los presbíteros con la sociedad.
“El sacerdote está llamado a salir de sí mismo y entregarse a los demás para transmitir el sabor de Dios, del Evangelio y de la santidad”, defendió el pastor de la Diócesis, quien recordó que “ser sal solo es posible al que participa de la santidad de Dios a través de la oración, la contemplación, los sacramentos”.
Y es que el prelado insistió en la necesidad de que el sacerdote viva unido a Cristo mediante la oración y el servicio, evitando caer en la “mundanidad” o en una fe superficial. “El sacerdote ha de ser santo y la santidad exige cumplir la ley de Dios”, dijo durante una homilía pronunciada ante un templo repleto de presbíteros.
Asimismo, monseñor Jesús Fernández animó a los sacerdotes cordobeses a vivir su ministerio “con amor y por amor” y recordó que “por el sacramento del orden participamos del sacerdocio de Jesucristo y también de su misión”. En ese sentido, destacó que “como nos recuerda nuestro patrono San Juan de Ávila, Jesucristo se hace presente a través de nuestras palabras, gestos y acciones, y esto requiere gran santidad”.
Por otro lado, el obispo aludió también a las palabras del papa Francisco sobre la importancia de una Iglesia “herida” y pidió a los sacerdotes “acompañar y sanar” las heridas del mundo actual. “Debemos ser sal y luz en el mundo, pero nadie puede ser luz si no se deja contagiar por Jesucristo”, proclamó durante la celebración.
La homilía incluyó igualmente una reflexión sobre la situación actual de la Iglesia en la sociedad española y la necesidad de recuperar la credibilidad “desde la fidelidad a la misión que el Señor ha encomendado”, tomando como ejemplo el celo evangelizador de San Juan de Ávila.
Antes de la celebración eucarística, los seminaristas y formadores del Seminario “San Pelagio” participaron desde primera hora de la mañana en un tiempo de oración y recogimiento en la casa de San Juan de Ávila, recuperando la tradición impulsada por don Gaspar Bustos durante su etapa como director espiritual del Seminario. Posteriormente, participaron en el coro de la misa principal del clero cordobés.
La jornada concluyó en el Teatro Garnelo, donde monseñor Jesús Fernández ofreció una ponencia dirigida a los sacerdotes centrada en la dimensión pastoral de la vida del presbítero. Durante el encuentro, el obispo felicitó también a los sacerdotes que este año celebran sus Bodas de Oro y de Plata sacerdotales.
La figura de San Juan de Ávila mantiene una profunda vinculación histórica y espiritual con Montilla. Nacido en Almodóvar del Campo el 6 de enero de 1500, el santo desarrolló una intensa labor evangelizadora y educativa a lo largo de Andalucía y otras regiones del país. Fundó centros de Teología y Humanidades, impulsó la creación de colegios y mantuvo relación con figuras como san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Francisco de Borja o fray Luis de Granada.
En 1535 llegó a Córdoba y desde allí organizó predicaciones por numerosos pueblos andaluces. Su influencia fue decisiva en la renovación espiritual del siglo XVI y también dejó huella en el ámbito intelectual y teológico, participando en la elaboración de memoriales para los concilios de Trento y Toledo.
San Juan de Ávila falleció en Montilla el 10 de mayo de 1569 y fue enterrado en la Iglesia de la Encarnación, hoy Basílica Menor Pontificia de San Juan de Ávila, donde reposan sus reliquias. El 7 de octubre de 2012 fue proclamado doctor de la Iglesia Universal por el papa Benedicto XVI, mientras que el 6 de abril de 2019 fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad de Montilla.
El acto estuvo presidido por el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, junto a miembros de la Corporación municipal, en la que supuso la primera visita oficial del prelado al Ayuntamiento desde su llegada a la Diócesis de Córdoba. La recepción sirvió, además, para reforzar los lazos de colaboración entre ambas instituciones y abordar futuras líneas de trabajo conjuntas vinculadas a la promoción cultural, patrimonial y turística de la ciudad en torno a la figura de San Juan de Ávila.
Durante su intervención, el alcalde de Montilla, Rafael Llamas, dio la bienvenida al obispo y destacó el simbolismo de esta visita en el contexto de la celebración avilista. “Para Montilla es muy importante recibir a nuestro obispo en este contexto, en torno a la figura de San Juan de Ávila, que forma parte esencial de nuestra identidad como ciudad”, señaló el regidor.
Además, el primer edil subrayó el papel de Montilla como enclave estrechamente vinculado al legado del santo y recordó algunos de los proyectos impulsados por el Ayuntamiento relacionados con el turismo religioso y la puesta en valor del patrimonio avilista. En ese sentido, afirmó que “personajes como San Juan de Ávila nos sitúan en el ámbito mundial, pero también representan unos valores que queremos seguir proyectando como ciudad”.
Por su parte, el obispo de Córdoba agradeció la acogida institucional recibida en el Consistorio y mostró su satisfacción por visitar Montilla en una jornada marcada por la celebración del patrón del clero secular español. “Me siento muy feliz de acudir a esta ciudad con tanta historia y con una importante tradición de santidad”, expresó monseñor Jesús Fernández.
De igual modo, el prelado puso en valor la figura de San Juan de Ávila, al que definió como “un punto fundamental en la historia de la espiritualidad sacerdotal y un modelo no solo para los sacerdotes, sino para toda la sociedad”. Asimismo, recordó la dimensión misionera, cultural y social del santo, destacando su atención a las personas más necesitadas y su papel como referente espiritual.
El obispo también agradeció “la cercanía y el apoyo que siempre ha mostrado esta ciudad hacia la Iglesia y sus sacerdotes”, resaltando la colaboración mantenida entre el Ayuntamiento de Montilla y la Diócesis de Córdoba a lo largo de los años.
Tras la recepción oficial en el Ayuntamiento, monseñor Jesús Fernández continuó con la agenda prevista en la localidad participando en los actos conmemorativos celebrados en honor a San Juan de Ávila en la Basílica que custodia sus restos mortales. La festividad, que este año se adelantó tres días, reunió ayer jueves al clero cordobés en Montilla para honrar al Maestro de santos en una celebración marcada, además, por el 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.
Durante la eucaristía, el obispo centró su homilía en las imágenes evangélicas de “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”, tomadas del Evangelio de San Mateo, para reflexionar sobre la misión sacerdotal y el compromiso de los presbíteros con la sociedad.
“El sacerdote está llamado a salir de sí mismo y entregarse a los demás para transmitir el sabor de Dios, del Evangelio y de la santidad”, defendió el pastor de la Diócesis, quien recordó que “ser sal solo es posible al que participa de la santidad de Dios a través de la oración, la contemplación, los sacramentos”.
Y es que el prelado insistió en la necesidad de que el sacerdote viva unido a Cristo mediante la oración y el servicio, evitando caer en la “mundanidad” o en una fe superficial. “El sacerdote ha de ser santo y la santidad exige cumplir la ley de Dios”, dijo durante una homilía pronunciada ante un templo repleto de presbíteros.
Asimismo, monseñor Jesús Fernández animó a los sacerdotes cordobeses a vivir su ministerio “con amor y por amor” y recordó que “por el sacramento del orden participamos del sacerdocio de Jesucristo y también de su misión”. En ese sentido, destacó que “como nos recuerda nuestro patrono San Juan de Ávila, Jesucristo se hace presente a través de nuestras palabras, gestos y acciones, y esto requiere gran santidad”.
Por otro lado, el obispo aludió también a las palabras del papa Francisco sobre la importancia de una Iglesia “herida” y pidió a los sacerdotes “acompañar y sanar” las heridas del mundo actual. “Debemos ser sal y luz en el mundo, pero nadie puede ser luz si no se deja contagiar por Jesucristo”, proclamó durante la celebración.
La homilía incluyó igualmente una reflexión sobre la situación actual de la Iglesia en la sociedad española y la necesidad de recuperar la credibilidad “desde la fidelidad a la misión que el Señor ha encomendado”, tomando como ejemplo el celo evangelizador de San Juan de Ávila.
Antes de la celebración eucarística, los seminaristas y formadores del Seminario “San Pelagio” participaron desde primera hora de la mañana en un tiempo de oración y recogimiento en la casa de San Juan de Ávila, recuperando la tradición impulsada por don Gaspar Bustos durante su etapa como director espiritual del Seminario. Posteriormente, participaron en el coro de la misa principal del clero cordobés.
La jornada concluyó en el Teatro Garnelo, donde monseñor Jesús Fernández ofreció una ponencia dirigida a los sacerdotes centrada en la dimensión pastoral de la vida del presbítero. Durante el encuentro, el obispo felicitó también a los sacerdotes que este año celebran sus Bodas de Oro y de Plata sacerdotales.
Maestro de santos
La figura de San Juan de Ávila mantiene una profunda vinculación histórica y espiritual con Montilla. Nacido en Almodóvar del Campo el 6 de enero de 1500, el santo desarrolló una intensa labor evangelizadora y educativa a lo largo de Andalucía y otras regiones del país. Fundó centros de Teología y Humanidades, impulsó la creación de colegios y mantuvo relación con figuras como san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Francisco de Borja o fray Luis de Granada.
En 1535 llegó a Córdoba y desde allí organizó predicaciones por numerosos pueblos andaluces. Su influencia fue decisiva en la renovación espiritual del siglo XVI y también dejó huella en el ámbito intelectual y teológico, participando en la elaboración de memoriales para los concilios de Trento y Toledo.
San Juan de Ávila falleció en Montilla el 10 de mayo de 1569 y fue enterrado en la Iglesia de la Encarnación, hoy Basílica Menor Pontificia de San Juan de Ávila, donde reposan sus reliquias. El 7 de octubre de 2012 fue proclamado doctor de la Iglesia Universal por el papa Benedicto XVI, mientras que el 6 de abril de 2019 fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad de Montilla.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA / DIÓCESIS DE CÓRDOBA
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA / DIÓCESIS DE CÓRDOBA




















































