La Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla conmemora hoy el vigésimo quinto aniversario de su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), una efeméride que pone en valor la relevancia histórica, artística y patrimonial de uno de los templos más significativos de la ciudad.
El reconocimiento como Bien de Interés Cultural —que puso el broche de oro a un prolongado proceso administrativo iniciado en 1983— no solo supuso la inclusión de la iglesia en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, sino también la consolidación de una conciencia colectiva en torno a la necesidad de preservar un edificio que, durante siglos, ha sido eje espiritual, social y urbano de Montilla.
Tal y como recoge la investigadora María Araceli Calvo Serrano en su tesis doctoral titulada El Patrimonio Monumental de Montilla. Caso de la Parroquia de Santiago Apóstol, el templo de La Escuchuela forma parte del conjunto de bienes inmuebles del municipio que cuentan con un nivel de protección integral que garantiza la conservación de sus valores esenciales.
Además, este reconocimiento se inscribe dentro de un marco normativo amplio que define el patrimonio cultural como un bien de interés público. De este modo, la autora subraya que la declaración de Bien de Interés Cultural constituye “una figura jurídica de especial protección del patrimonio”, destinada a salvaguardar aquellos inmuebles que destacan por su interés histórico, artístico, científico o social. En ese sentido, la Parroquia de Santiago Apóstol no solo es un edificio religioso, sino también un testimonio material de la evolución histórica de la ciudad.
En ese contexto, comprender el valor de este templo exige remontarse a los orígenes de Montilla como enclave relevante en el sur del antiguo Reino de Córdoba. La tesis de María Araceli Calvo Serrano sitúa el desarrollo de la parroquia en el marco del auge experimentado por la localidad durante el siglo XVI, cuando la vinculación con la Casa de Aguilar y, posteriormente, con el Marquesado de Priego, impulsó un notable crecimiento económico y cultural del municipio. Este dinamismo favoreció la construcción de edificios religiosos de gran entidad, entre ellos la iglesia de Santiago, que se erigió como uno de los principales símbolos del poder y la religiosidad local.
Con todo, la parroquia no puede entenderse como una obra cerrada en un momento concreto, sino como el resultado de un proceso constructivo prolongado en el tiempo. Desde sus primeras fases en la villa medieval hasta las intervenciones más recientes, el edificio ha experimentado múltiples transformaciones que reflejan las distintas etapas históricas de Montilla.
La propia María Araceli Calvo Serrano plantea su estudio como una aproximación a la evolución del templo “a lo largo de casi siete siglos”, analizando cómo las distintas ampliaciones, reformas y reconstrucciones han configurado su fisonomía actual.
Además, la estructura arquitectónica del templo revela una complejidad notable. La nave principal, las capillas laterales y los distintos espacios litúrgicos responden a una evolución orgánica, marcada tanto por necesidades funcionales como por aportaciones de familias y élites locales.
Así, la construcción de capillas como la Bautismal —donde fue acristianado el patrón de Montilla, san Francisco Solano—, la del Sagrario o las dedicadas a distintas advocaciones evidencian la implicación de la sociedad montillana en la configuración del edificio, convirtiéndolo en un espacio compartido entre lo religioso y lo civil.
Con todo, uno de los elementos más destacados del conjunto es su torre, vinculada a la tradición arquitectónica renacentista y relacionada con la figura de Hernán Ruiz. Esta estructura no solo cumple una función simbólica y litúrgica, sino que también se erige como uno de los hitos visuales más reconocibles del paisaje urbano de Montilla.
Su evolución refleja igualmente los cambios técnicos y estilísticos que han marcado la historia de la arquitectura andaluza, motivados a veces por hechos inesperados. Así, el 1 de noviembre de 1755, el terrible seísmo de Lisboa —uno de los mayores de la historia europea, con una magnitud estimada de entre 8,5 y 9 grados— dejó sentir su furia en el templo que corona el skyline de Montilla.
Aquel día, entre las 9.45 y las 10.00 de la mañana, la tierra tembló durante varios minutos, según los cronistas de entonces. En Montilla, se contabilizaron, al menos, 52 viviendas inhabitables, y los principales templos y conventos quedaron seriamente dañados. De hecho, la torre de la Parroquia de Santiago Apóstol se resquebrajó hasta el punto de tener que ser derribada y sustituida por la actual, diseñada por el maestro José Vela y terminada en 1789.
Por otro lado, el interior del templo alberga un patrimonio artístico de gran riqueza. La investigación pone de relieve la presencia de obras escultóricas y pictóricas que abarcan distintos periodos y estilos, desde piezas barrocas hasta aportaciones de artistas vinculados al ámbito local, como José Santiago Garnelo y Alda, con El Milagro de San Francisco Solano en el barrio de Tenerías o su Apostolado. Este conjunto artístico no solo enriquece el valor del templo, sino que también ofrece una lectura de las influencias culturales que han atravesado la historia de Montilla.
De igual modo, la parroquia ha sido testigo de episodios históricos que han dejado huella en su configuración. La tesis de María Araceli Calvo Serrano recoge cómo acontecimientos como el terremoto de Lisboa de 1755 afectaron al templo, obligando a realizar intervenciones que modificaron su estructura. Asimismo, las reformas acometidas en los siglos XIX y XX, motivadas en ocasiones por situaciones de deterioro o riesgo de ruina, evidencian la continua adaptación del edificio a las circunstancias de cada época.
Y es que, como señala la autora, el estudio del patrimonio montillano adquiere especial relevancia al analizarse desde una perspectiva multidisciplinar, que integra aspectos históricos, arquitectónicos y artísticos. Esta mirada permite comprender no solo la evolución del edificio, sino también su papel en la configuración de la identidad local. En palabras de la propia investigación, la parroquia constituye el “edificio por excelencia” de Montilla, un espacio donde se celebran las principales solemnidades y que articula la vida social y religiosa de la población.
Sin duda, su reconocimiento como Bien de Interés Cultural hace ahora veinticinco años supuso un paso decisivo para garantizar la conservación de este legado. El expediente, iniciado en 1983 y culminado con la declaración oficial mediante decreto el 30 de abril de 2001, refleja un proceso de valoración institucional que reconoce la singularidad del monumento. A partir de ese momento, la parroquia quedó sujeta a un régimen de protección que regula cualquier intervención sobre el edificio, asegurando el respeto a sus valores históricos y artísticos.
En ese sentido, la efeméride que hoy se conmemora invita también a reflexionar sobre el valor de la iglesia de Santiago Apóstol no solo como espacio arquitectónico o artístico, sino también como lugar cargado de significado para generaciones de montillanos. A lo largo de los siglos, ha sido escenario de celebraciones, acontecimientos y vivencias que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. Esta dimensión intangible, difícil de cuantificar pero esencial, refuerza el valor del edificio como patrimonio vivo.
De igual modo, el análisis de Calvo Serrano pone de manifiesto la influencia de distintos factores en la evolución del templo, desde la intervención de órdenes religiosas hasta la aportación de familias destacadas de la localidad. La presencia de criptas, capillas funerarias y elementos conmemorativos evidencia la relación entre el edificio y las élites locales, así como su función como espacio de representación social.
En definitiva, la conmemoración del 25.º aniversario de la declaración como Bien de Interés Cultural de la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla trasciende la mera celebración institucional. Se trata de una oportunidad para reconocer la trayectoria de un edificio que ha acompañado la historia de la ciudad durante siglos, adaptándose a los cambios y conservando, al mismo tiempo, su esencia.
Así, la parroquia se presenta hoy como un testimonio material de la evolución histórica, artística y social de Montilla, un espacio en el que convergen arquitectura, arte, espiritualidad y memoria. Veinticinco años después de su reconocimiento oficial, su valor permanece intacto, reafirmando su condición como uno de los principales referentes patrimoniales de Montilla.
El reconocimiento como Bien de Interés Cultural —que puso el broche de oro a un prolongado proceso administrativo iniciado en 1983— no solo supuso la inclusión de la iglesia en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, sino también la consolidación de una conciencia colectiva en torno a la necesidad de preservar un edificio que, durante siglos, ha sido eje espiritual, social y urbano de Montilla.
Tal y como recoge la investigadora María Araceli Calvo Serrano en su tesis doctoral titulada El Patrimonio Monumental de Montilla. Caso de la Parroquia de Santiago Apóstol, el templo de La Escuchuela forma parte del conjunto de bienes inmuebles del municipio que cuentan con un nivel de protección integral que garantiza la conservación de sus valores esenciales.
Además, este reconocimiento se inscribe dentro de un marco normativo amplio que define el patrimonio cultural como un bien de interés público. De este modo, la autora subraya que la declaración de Bien de Interés Cultural constituye “una figura jurídica de especial protección del patrimonio”, destinada a salvaguardar aquellos inmuebles que destacan por su interés histórico, artístico, científico o social. En ese sentido, la Parroquia de Santiago Apóstol no solo es un edificio religioso, sino también un testimonio material de la evolución histórica de la ciudad.
En ese contexto, comprender el valor de este templo exige remontarse a los orígenes de Montilla como enclave relevante en el sur del antiguo Reino de Córdoba. La tesis de María Araceli Calvo Serrano sitúa el desarrollo de la parroquia en el marco del auge experimentado por la localidad durante el siglo XVI, cuando la vinculación con la Casa de Aguilar y, posteriormente, con el Marquesado de Priego, impulsó un notable crecimiento económico y cultural del municipio. Este dinamismo favoreció la construcción de edificios religiosos de gran entidad, entre ellos la iglesia de Santiago, que se erigió como uno de los principales símbolos del poder y la religiosidad local.
Con todo, la parroquia no puede entenderse como una obra cerrada en un momento concreto, sino como el resultado de un proceso constructivo prolongado en el tiempo. Desde sus primeras fases en la villa medieval hasta las intervenciones más recientes, el edificio ha experimentado múltiples transformaciones que reflejan las distintas etapas históricas de Montilla.
La propia María Araceli Calvo Serrano plantea su estudio como una aproximación a la evolución del templo “a lo largo de casi siete siglos”, analizando cómo las distintas ampliaciones, reformas y reconstrucciones han configurado su fisonomía actual.
Además, la estructura arquitectónica del templo revela una complejidad notable. La nave principal, las capillas laterales y los distintos espacios litúrgicos responden a una evolución orgánica, marcada tanto por necesidades funcionales como por aportaciones de familias y élites locales.
Así, la construcción de capillas como la Bautismal —donde fue acristianado el patrón de Montilla, san Francisco Solano—, la del Sagrario o las dedicadas a distintas advocaciones evidencian la implicación de la sociedad montillana en la configuración del edificio, convirtiéndolo en un espacio compartido entre lo religioso y lo civil.
Con todo, uno de los elementos más destacados del conjunto es su torre, vinculada a la tradición arquitectónica renacentista y relacionada con la figura de Hernán Ruiz. Esta estructura no solo cumple una función simbólica y litúrgica, sino que también se erige como uno de los hitos visuales más reconocibles del paisaje urbano de Montilla.
Su evolución refleja igualmente los cambios técnicos y estilísticos que han marcado la historia de la arquitectura andaluza, motivados a veces por hechos inesperados. Así, el 1 de noviembre de 1755, el terrible seísmo de Lisboa —uno de los mayores de la historia europea, con una magnitud estimada de entre 8,5 y 9 grados— dejó sentir su furia en el templo que corona el skyline de Montilla.
Aquel día, entre las 9.45 y las 10.00 de la mañana, la tierra tembló durante varios minutos, según los cronistas de entonces. En Montilla, se contabilizaron, al menos, 52 viviendas inhabitables, y los principales templos y conventos quedaron seriamente dañados. De hecho, la torre de la Parroquia de Santiago Apóstol se resquebrajó hasta el punto de tener que ser derribada y sustituida por la actual, diseñada por el maestro José Vela y terminada en 1789.
Por otro lado, el interior del templo alberga un patrimonio artístico de gran riqueza. La investigación pone de relieve la presencia de obras escultóricas y pictóricas que abarcan distintos periodos y estilos, desde piezas barrocas hasta aportaciones de artistas vinculados al ámbito local, como José Santiago Garnelo y Alda, con El Milagro de San Francisco Solano en el barrio de Tenerías o su Apostolado. Este conjunto artístico no solo enriquece el valor del templo, sino que también ofrece una lectura de las influencias culturales que han atravesado la historia de Montilla.
De igual modo, la parroquia ha sido testigo de episodios históricos que han dejado huella en su configuración. La tesis de María Araceli Calvo Serrano recoge cómo acontecimientos como el terremoto de Lisboa de 1755 afectaron al templo, obligando a realizar intervenciones que modificaron su estructura. Asimismo, las reformas acometidas en los siglos XIX y XX, motivadas en ocasiones por situaciones de deterioro o riesgo de ruina, evidencian la continua adaptación del edificio a las circunstancias de cada época.
Y es que, como señala la autora, el estudio del patrimonio montillano adquiere especial relevancia al analizarse desde una perspectiva multidisciplinar, que integra aspectos históricos, arquitectónicos y artísticos. Esta mirada permite comprender no solo la evolución del edificio, sino también su papel en la configuración de la identidad local. En palabras de la propia investigación, la parroquia constituye el “edificio por excelencia” de Montilla, un espacio donde se celebran las principales solemnidades y que articula la vida social y religiosa de la población.
Sin duda, su reconocimiento como Bien de Interés Cultural hace ahora veinticinco años supuso un paso decisivo para garantizar la conservación de este legado. El expediente, iniciado en 1983 y culminado con la declaración oficial mediante decreto el 30 de abril de 2001, refleja un proceso de valoración institucional que reconoce la singularidad del monumento. A partir de ese momento, la parroquia quedó sujeta a un régimen de protección que regula cualquier intervención sobre el edificio, asegurando el respeto a sus valores históricos y artísticos.
En ese sentido, la efeméride que hoy se conmemora invita también a reflexionar sobre el valor de la iglesia de Santiago Apóstol no solo como espacio arquitectónico o artístico, sino también como lugar cargado de significado para generaciones de montillanos. A lo largo de los siglos, ha sido escenario de celebraciones, acontecimientos y vivencias que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. Esta dimensión intangible, difícil de cuantificar pero esencial, refuerza el valor del edificio como patrimonio vivo.
De igual modo, el análisis de Calvo Serrano pone de manifiesto la influencia de distintos factores en la evolución del templo, desde la intervención de órdenes religiosas hasta la aportación de familias destacadas de la localidad. La presencia de criptas, capillas funerarias y elementos conmemorativos evidencia la relación entre el edificio y las élites locales, así como su función como espacio de representación social.
En definitiva, la conmemoración del 25.º aniversario de la declaración como Bien de Interés Cultural de la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla trasciende la mera celebración institucional. Se trata de una oportunidad para reconocer la trayectoria de un edificio que ha acompañado la historia de la ciudad durante siglos, adaptándose a los cambios y conservando, al mismo tiempo, su esencia.
Así, la parroquia se presenta hoy como un testimonio material de la evolución histórica, artística y social de Montilla, un espacio en el que convergen arquitectura, arte, espiritualidad y memoria. Veinticinco años después de su reconocimiento oficial, su valor permanece intacto, reafirmando su condición como uno de los principales referentes patrimoniales de Montilla.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO / JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JUAN PABLO BELLIDO / JOSÉ ANTONIO AGUILAR




















































