El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha recordado hoy a Eduardo López Moreno, agente de la Policía Nacional natural de Montilla, que falleció el 19 de abril de 1995 tras la explosión de una bomba colocada por la banda terrorista ETA en el antiguo cuartel de Endarlaza, en un atentado que aún permanece sin esclarecer.
El colectivo que preside Consuelo Ordoñez ha puesto de relieve la memoria de este agente montillano, casado y padre de tres hijos, cuya vida se truncó de manera repentina cuando se encontraba en un cuartel abandonado de la Guardia Civil con la intención de localizar material reutilizable.
Según la información detallada entonces por El Diario Vasco, López Moreno reparó en una bolsa de plástico en el interior del cuartel y, al manipularla, se activó el artefacto explosivo oculto en su interior, provocando una detonación de gran potencia que le causó la muerte de forma instantánea.
La detonación, que tuvo lugar en torno a las 15:30 de la tarde en el antiguo acuartelamiento, abandonado desde 1993, generó una columna de humo visible desde los alrededores y obligó a cortar durante varias horas la carretera entre Irún y Pamplona por motivos de seguridad.
En un primer momento, la confusión marcó las primeras informaciones, llegándose a barajar incluso que la víctima pudiera ser un miembro de la propia banda terrorista. Sin embargo, la investigación confirmó rápidamente que se trataba de un agente del Cuerpo Nacional de Policía destinado en el puesto fronterizo de Etxalar, donde residía desde hacía catorce años.
Lamentablemente, el estado en que quedó el cuerpo tras la explosión dificultó enormemente su identificación, que finalmente fue posible gracias al hallazgo de un anillo que portaba la víctima, reconocido posteriormente por su familia. La escena que encontraron los primeros efectivos desplazados al lugar fue descrita como especialmente dura, con el edificio gravemente dañado por la onda expansiva.
El atentado se enmarcó en una serie de acciones atribuidas al denominado comando Ibarla, al que se responsabilizó de la colocación de artefactos explosivos en distintos puntos de la zona. De hecho, meses antes del suceso, en enero de 1995, una llamada en nombre de ETA había alertado de la colocación de bombas en los cuarteles de Endarlaza y Vera de Bidasoa, sin que llegaran a localizarse en aquel momento. Precisamente, el artefacto que acabó con la vida de Eduardo López Moreno era, según se supo después, uno de esos explosivos.
El funeral por el eterno descanso de Eduardo López Moreno se celebró en el cuartel de la Policía de Beloso, antes de que sus restos fueran trasladados a Montilla, donde recibió sepultura. Su muerte causó una profunda conmoción tanto en el ámbito policial como en las localidades vinculadas a su vida personal y profesional.
En ese contexto, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, presidido por Consuelo Ordoñez —hermana de Gregorio Ordoñez, concejal del Partido Popular en San Sebastián y parlamentario vasco asesinado por ETA el 23 de enero de 1995— ha querido recordar hoy a este agente montillano que murió en acto de servicio a manos de la banda terrorista ETA.
El colectivo que preside Consuelo Ordoñez ha puesto de relieve la memoria de este agente montillano, casado y padre de tres hijos, cuya vida se truncó de manera repentina cuando se encontraba en un cuartel abandonado de la Guardia Civil con la intención de localizar material reutilizable.
Según la información detallada entonces por El Diario Vasco, López Moreno reparó en una bolsa de plástico en el interior del cuartel y, al manipularla, se activó el artefacto explosivo oculto en su interior, provocando una detonación de gran potencia que le causó la muerte de forma instantánea.
La detonación, que tuvo lugar en torno a las 15:30 de la tarde en el antiguo acuartelamiento, abandonado desde 1993, generó una columna de humo visible desde los alrededores y obligó a cortar durante varias horas la carretera entre Irún y Pamplona por motivos de seguridad.
En un primer momento, la confusión marcó las primeras informaciones, llegándose a barajar incluso que la víctima pudiera ser un miembro de la propia banda terrorista. Sin embargo, la investigación confirmó rápidamente que se trataba de un agente del Cuerpo Nacional de Policía destinado en el puesto fronterizo de Etxalar, donde residía desde hacía catorce años.
Lamentablemente, el estado en que quedó el cuerpo tras la explosión dificultó enormemente su identificación, que finalmente fue posible gracias al hallazgo de un anillo que portaba la víctima, reconocido posteriormente por su familia. La escena que encontraron los primeros efectivos desplazados al lugar fue descrita como especialmente dura, con el edificio gravemente dañado por la onda expansiva.
El atentado se enmarcó en una serie de acciones atribuidas al denominado comando Ibarla, al que se responsabilizó de la colocación de artefactos explosivos en distintos puntos de la zona. De hecho, meses antes del suceso, en enero de 1995, una llamada en nombre de ETA había alertado de la colocación de bombas en los cuarteles de Endarlaza y Vera de Bidasoa, sin que llegaran a localizarse en aquel momento. Precisamente, el artefacto que acabó con la vida de Eduardo López Moreno era, según se supo después, uno de esos explosivos.
El funeral por el eterno descanso de Eduardo López Moreno se celebró en el cuartel de la Policía de Beloso, antes de que sus restos fueran trasladados a Montilla, donde recibió sepultura. Su muerte causó una profunda conmoción tanto en el ámbito policial como en las localidades vinculadas a su vida personal y profesional.
En ese contexto, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, presidido por Consuelo Ordoñez —hermana de Gregorio Ordoñez, concejal del Partido Popular en San Sebastián y parlamentario vasco asesinado por ETA el 23 de enero de 1995— ha querido recordar hoy a este agente montillano que murió en acto de servicio a manos de la banda terrorista ETA.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: COVITE
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