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Diego de Alvear y Escalera: el origen de un linaje decisivo en la historia de Montilla

Montilla recuerda hoy la figura de Diego de Alvear y Escalera con motivo del 250.º aniversario de su fallecimiento, una efeméride que devuelve a la actualidad la vida de quien fue el primer miembro de esta familia en establecerse en la ciudad y cuyo legado ha marcado su historia económica, social y religiosa durante casi tres siglos.


Su apellido, además, resuena hoy con una proyección internacional sin precedentes, en buena medida motivada por el episodio naval de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, una tragedia que tuvo como protagonista a su nieto, el marino Diego de Alvear y Ponce de León, quien hubo de soportar la pérdida de casi toda su familia, el fruto de su trabajo y su fortuna.

Pero antes de aquel episodio, el origen de esta importante saga se remonta a la figura de Diego de Alvear y Escalera, nacido en Fuente Obejuna en 1697. Procedente de una familia con profundas raíces en la administración y la nobleza, era hijo de Juan García de Alvear y Garnica, natural de Nájera, en la comarca de La Rioja Alta. Funcionario de la Hacienda Real en Córdoba, estaba casado con Francisca de Rajadel y Castillejo, hija del secretario del Santo Oficio de la Inquisición en el antiguo reino cordobés.

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“Escribir de la familia Alvear es escribir de la historia de Montilla”, asegura el investigador montillano Antonio Luis Jiménez Barranco, quien ha dedicado algunos de sus estudios, publicados en su blog Perfiles montillanos, a analizar la trayectoria de este primer Alvear establecido en la ciudad.

Tras contraer matrimonio en Córdoba con María Margarita de Morales y Navarro en 1719, el matrimonio se trasladó posteriormente a Montilla, donde su vida tomaría un rumbo decisivo. A partir de 1729, Diego de Alvear se estableció definitivamente en la localidad como gentilhombre de cámara del duque de Medinaceli y tesorero general de Rentas del Marquesado de Priego, integrándose pronto en la sociedad montillana.

Ese mismo año, además, Diego de Alvear y Escalera impulsó la construcción de la bodega que llevaría su apellido. Aquella pequeña bodega, ubicada en el entramado urbano de Montilla, marcó el inicio de una tradición vinícola que ha perdurado hasta nuestros días.

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Fundada en 1729, Bodegas Alvear es hoy la segunda bodega más antigua de España y la más antigua de Andalucía. Desde la compañía subrayan que se trata de “ocho generaciones de amor al vino y dedicación exclusiva al campo que perviven con entusiasmo, una trayectoria que demuestra el compromiso y el respeto que la familia tiene a la tierra y a la vid, a las cuales se han dedicado con rigor y pasión”.

Con el paso de los años, Diego de Alvear adquirió extensas propiedades agrícolas y desarrolló una intensa actividad económica vinculada al vino y al aceite. Documentos notariales de 1745 revelan operaciones comerciales relacionadas con grandes cantidades de vino almacenado en sus bodegas, reflejo de su creciente protagonismo en el sector.

Como heredero de importantes vínculos familiares, también invirtió en propiedades agrícolas en Montilla, donde transformó una hacienda en el pago del Prado de la Villa, plantó olivos, reformó el caserío y construyó un molino de aceite, consolidando su posición como uno de los hacendados más destacados de la ciudad.

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Sin embargo, su papel trascendió el ámbito económico. En una época en la que el duque de Medinaceli ejercía un férreo control sobre la economía local, monopolizando molinos, hornos, mesones y buena parte de los impuestos, Diego de Alvear se situó al frente de la defensa de los intereses de sus vecinos.

Antonio Luis Jiménez Barranco detalla que los vecinos, hartos de esta situación, iniciaron un largo proceso judicial y que todos estos procesos judiciales fueron encabezados, en nombre de los vecinos, por Diego de Alvear y Escalera, quien se ganó la confianza y el reconocimiento de la población.

Su posición económica le permitió sostener este enfrentamiento con el poder feudal durante años. Aunque finalmente el vecindario obtuvo la razón, Diego de Alvear no llegó a conocer el desenlace, pues falleció antes de que concluyera el pleito.


Gran devoto del Cristo de Zacatecas


Su vida también estuvo marcada por una profunda religiosidad. Desde su llegada a Montilla, se vinculó estrechamente con la Cofradía de la Vera Cruz, en la que ejerció como hermano mayor y mayordomo del Santo Cristo de Zacatecas, actualmente ubicado en la Parroquia de Santiago Apóstol y construido con una mezcla de fibras vegetales de caña de maíz y encolados.

La imagen, que cuenta con una altura de 210 centímetros, fue donada a la Cofradía de la Santa Vera Cruz por el montillano Andrés de Mesa en 1576 y en ese momento pasó a presidir el altar mayor de la desaparecida Ermita de la Vera Cruz, uno de los templos más antiguos de Montilla, ubicado en la cumbre de la hoy conocida como Cuesta del Silencio..

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Según Antonio Luis Jiménez, la devoción de Diego de Alvear y Escalera quedó reflejada en su testamento, donde dejó parte de sus bienes a esta imagen. En concreto, dispuso 150 reales de vellón "para ayuda al retablo o repisa o cualquiera otra obra de adorno que se dispusiere para el culto de dicha Santísima Imagen".

Este vínculo espiritual no fue efímero. Sus descendientes mantuvieron durante generaciones la relación con la cofradía y con el Cristo de Zacatecas, consolidando una tradición familiar profundamente arraigada en la vida religiosa de Montilla.

Diego de Alvear y Escalera falleció el 19 de febrero de 1776, hace justo 250 años. En su testamento dejó instrucciones precisas sobre su entierro, solicitando "humildad y sencillez", y ordenando que su cuerpo fuera amortajado con el hábito franciscano y sepultado en el convento de San Agustín.

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Su legado, sin embargo, no terminó con su muerte. Su hijo Santiago impulsó la expansión de la bodega familiar, logrando exportar vino a Inglaterra a finales del siglo XVIII. Posteriormente, su nieto, Diego de Alvear y Ponce de León, alcanzó notoriedad internacional como capitán de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Además, su valentía y entrega en la defensa de Cádiz inspiraron al escritor José de Espronceda, que le dedicó el poema A Don Diego de Alvear, convirtiéndolo en todo un símbolo de la resistencia española contra los invasores franceses.

Hoy, casi tres siglos después de la fundación de la bodega y dos siglos y medio después de su fallecimiento, la huella de Diego de Alvear y Escalera sigue presente en Montilla. La empresa familiar continúa en manos de la octava generación, distribuye sus vinos en más de veinticinco países y mantiene vivo un legado que nació entre las calles de la ciudad.


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